Calvario será esa evangelización del interior del Continente, con nulas o escasas vías de comunicación por las selvas, ríos infranqueables, con misiones y capillas por construir, y por las enfermedades y defunciones de misioneros que no cesan.
Calvario será tener que facilitar para la evangelización de tribus tan diferentes, catecismos, devocionarios, gramáticas y diccionarios, a sus misioneros, a quienes exige muy apostólicamente el aprendizaje de las lenguas nativas.
Calvario será, sobre todo, la relación con las autoridades que representan a la Metrópoli en esos territorios de la colonia. Relación a veces muy cordial y disponible, pero muy difícil y poco colaboradora por parte de otros gobernadores de turno, alguno “masón empedernido... tirano perseguidor”, a quien en Madrid le han advertido: “No me toque a los Misioneros; si no le reviento.”
Calvario será para el P. Armengol su responsabilidad pastoral sobre la lejana isla de Annobón, con lengua propia, el fadambú, incomunicada casi todo el año con la capital, Santa Isabel, por incuria de la autoridad española, de manera que cuando, casi por milagro, encuentra medio para visitarla, lleva siempre consigo un misionero “de recambio”, por si ha muerto alguno de allí.
Calvarios no le faltarán a lo largo de su vida misionera al buenísimo P. Armengol, a quien todos quieren, fuera de aquellos para quienes el mensaje evangélico de los misioneros es una denuncia de sus vidas nada ejemplares para los nativos recién bautizados.
Pero también tiene sus Tabores y consolaciones misioneras.
Tabor es para el prefecto apostólico el poblado de Batete, una comunidad cristiana ejemplar, formada de bubis solamente, sin ningún europeo, fuera del misionero. Uno de estos misioneros, el P. León García, escribe: “Esta Misión es la más floreciente de toda la Prefectura. Sólo en esta Misión se reúnen todos los días festivos en nuestra iglesia más de 400 fieles”.
En ese Tabor, el P. Armengol Coll establece un colegio-internado para niñas que dirigirán las Misioneras Concepcionistas. Para aquellos años era un gran avance social y cultural.
Tabor es también la misión de Basilé, en las alturas, camino del Pico, y con una panorámica maravillosa. Pero, sobre todo, con una comunidad de Misioneras Concepcionistas y un internado de niñas blancas y morenas que conviven y fraternizan ejemplarmente. Es para el P. Armengol un descanso subir hasta allí y hablar con ellas.
Tabores son también para el prefecto apostólico las misiones de Musola y Concepción, que funda en el este y en el oeste de la parte sur de la isla de Fernando Poo, para que la evangelización pueda penetrar entre las tribus bubis de ese sur inaccesible de la isla. Pronto llegan ya sus misioneros hasta Ureka: una hazaña misionera.
Tabor es también la capital, Santa Isabel, donde la comunidad cristiana va creciendo notablemente y ha de pensar en un templo capaz de acogerla para celebrar los cultos. Ya se habla de una catedral. Y la habrá el 23 de enero de 1916, edificada en vida del P. Armengol, y