cabría preguntarse qué es lo que alcanzaron a vislumbrar, del ambiente en que les ha tocado vivir, que les hace sentir tanto odio
Estos chavales se sienten alienados en Israel. No son judíos. Como mucho tienen un abuel@ judí@, a veces sólo medio judí@. Sus padres fueron inmigrantes económicos que aprovecharon el origen de alguno de los dos para hacer la aliyá. Muchos de estos jóvenes emigraron cuando tenían cinco años o más. Sufrieron la discriminación de los sabras por no hablar correctamente el hebreo y por su escasa identidad judía (como se ha dicho anteriormente, profesan la fe ortodoxa). Todo ello se ha traducido en un odio visceral hacia los judíos, especialmente los haredí, los más racistas de todos ellos. Esta animadversión unida al aislamiento y sentimiento de grupo de la numerosa comunidad rusa de Israel han propiciado el escenario ideal para que se diesen situaciones de este tipo. Algo que acojona, y mucho, a los judíos.

Nazis rusos, nunca lo he entendido, con el “aprecio” que les tenía el “fuller”, que no podía ver a los eslavos ni en pintura
Es cierto que Hitler en sus discursos no dejaba en muy buen lugar a los eslavos. Pero la realidad es que muchos de ellos combatieron junto a los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, entre ellos eslovacos, croatas y ucranianos. Incluso llegó a haber una división rusa comandada por el General Andrei Vlasov, el ROA (Ejército de Liberación Ruso), que combatió en el río Oder.