DE BERLÍN A NUEVA YORK, PASANDO POR LAS EMBAJADAS


Portada del libro de Aguirre Lecube
"La última consecuencia del separatismo será la salida sangrienta de la unidad y el regreso tardío a ella, después de haber perdido en el camino el amor, la independencia y el honor".
Juan Vázquez de Mella, año 1918

VICISITUDES DE UN PRÓFUGO CAMUFLADO

EL ENVILECIMIENTO DE UNA LARGA SERVIDUMBRE
No hay tahúr que escape bien cuando se juega a dos barajas y el que quiere engañar, al final resulta engañado. El tramposo siempre piensa que lleva ventaja gracias a sus trucos, pero más tarde o más temprano, el fullero termina siendo el estafado.

Esa es la historia del nacionalismo vasco tras su derrota en el verano de 1937. El Gobierno vasco, presidido por José Antonio Aguirre, no quiso rendirse a las fuerzas nacionales españolas y prefirió entregarse al Ejército italiano. A trueque de serles permitida la evacuación de los mandos políticos y militares nacionalistas, los jefes del PNV se comprometían a dejar entrar a las tropas franquistas en Bilbao sin emplear la táctica de "tierra quemada". Para formalizar esos acuerdos habían dejado en la estacada al gobierno republicano con su ministro de defensa, el socialista Indalecio Prieto, que llegó a describir la autonomía vasca como una "Gibraltar vaticanista", cuando -más que vaticanista- era otra "Gibraltar", pero ésta en busca de dueño.
El Banco de España en Bilbao había entregado seis cajas de monedas de oro a la Junta de Defensa de Vizcaya. Telesforo Monzón y Anton Irala ingresaron este tesoro en la Banca Jules Gomes (cuya titular era una familia -por su apellido salta a la vista que judeoportuguesa- establecida en Bayona). Los gudaris del Batallón Arana Goiri fueron equipados: hasta tres fusiles había por soldado. De poco les sirvió. Pero aquellos buenos negocios que el gobierno vasco había tenido con la banca judía facilitaría a los mandos políticos y militares vasconacionalistas que encontraran la escapatoria en una España en llamas y, más tarde, la evasión de una Europa que se incendiaría en 1939.

Tomamos como ejemplo al "number one" del gobierno vasco, D. José Antonio Aguirre. Aguirre y su esposa doña María Zabala escaparon de Europa en 1941, vía Suecia y rumbo a América, con documentación falsificada, ni que decir tiene. El destino de los exiliados fue América del Sur, donde existía una comunidad vasca bien arraigada. Los nacionalistas vascos habían encontrado una buena acogida entre los vascos de Argentina y Chile, donde florecían de tiempo atrás prósperas colonias vascas.
En 1943 José Antonio Aguirre negocia con EE.UU. y los acuerdos que se establecen entre norteamericanos y vasconacionalistas traerán consigo traspasar la tupida red de espionaje vasconacionalista -en Hispanoamérica y la Península Ibérica- a la CIA. Con Inglaterra también hubo contactos, pero a EE.UU. no le gusta que le pongan los cuernos y por eso EE.UU. exigió al PNV que se decidiera: servir a USA o servir a UK:no se puede servir a dos señores, aunque esto de servir a dos señores a la vez al PNV no parece que nunca le haya importado mucho.
En 1936 el PNV, a pesar de su confesionalidad católica, se alineaba con el Frente Popular. Y hasta hubo un periódico del PNV que se llamaba católico, pero que no tenía empacho alguno en decir: "Con Cristo o con Lenín, no importa, ahora sólo se trata de nuestra independencia". Después, obligados a exiliarse, el gobierno vasco establece contactos con Adolf Hitler y le ofrece sus servicios. Si el PNV todavía hubiera tenido una rotativa podría haber mandado escribir: "Con Cristo o con Hitler, no importa, ahora sólo se trata de nuestra independencia". Pero a Cristo lo traicionaron y... ¿Hitler? Pues Hitler no les hizo ningún caso. Al poco de ocupar Francia, las tropas alemanas capturan los archivos del PNV, entregando tan valiosa información al gobierno franquista. Con esta información cayó toda la red clandestina de separatistas que dentro de España intrigaban contra el Estado Nacional que triunfó en 1939. Y todos al trullo.
Tampoco les lució mucho el pelo a los vasconacionalistas con su servidumbre a sueldo de Washington. Cuando Franco se atrajo las simpatías de Eisenhower, los vasconacionalistas fueron chasqueados en las ilusiones tan halagüeñas que se prometían. Puestas todas sus expectativas en que los aliados invadieran a España, la ocuparan y establecieran un "estado de ocupación" que preludiara una transición a una democracia muy parecida a la que tenemos. Pero, les fallaron los cálculos otra vez. Y la información que los vasconacionalistas pasaban a la CIA, ésta la ponía a disposición del aliado anticomunista español que en ese momento era Francisco Franco. Con esa información no fueron pocas las redes marxistas vascas que cayeron en manos de la policía franquista. Todos otra vez al trullo.
A pesar de la frustración, viendo que EE.UU. los utilizaba ninguneándoles olímpicamente, ellos -los vasconacionalistas- siguieron trabajando para la CIA, creyéndose tener en los EE.UU. a un aliado, cuando lo que tenían era un amo.
AGUIRRE LECUBE, CAMALEÓNICO Y PSICÓLOGO
Hemos salido de Alemania: el ex-lendakari José Antonio Aguirre Lecube, su señora y los dos niños (Aintzane y Joseba) -y yo también, convertido en polizón como lector de "De Guernica a Nueva York, pasando por Berlín". Me he colado de matute y sigo, a prudente distancia, a la familia Aguirre. Cuando Aguirre ha estado solo en las pensiones recomendadas por sus amigos, lo he acompañado más; pero, ahora, con su esposa e hijos no quiero interferir en la reunión familiar.
La estancia en Alemania ha sido para José Antonio Aguirre un rosario de trámites, sus amigos diplomáticos de varios países centroamericanos le han resuelto todas las papeletas. Guardia Jaén, vicecónsul de Panamá, inventó un personaje ficticio -el Doctor Álvarez- bajo cuya máscara ocultar al prófugo: gafas de vidrio y bigote... Y documentación falsificada. El Ministro de Santo Domingo, Doctor Roberto Despradel, se ha convertido en el perfecto cómplice. Trazaron más puentes con otras legaciones diplomáticas, como la argentina con el Embajador Doctor Olivera; pero los argentinos no estaban por la labor. Decididamente los que van a afanarse en sacar de Alemania a Aguirre serán Guardia Jaén y Despradel.

Despradel es un bromista: aunque sirve a Santo Domingo en Alemania es un detractor del régimen nazi y un profundo enemigo de Franco (no descartemos una filiación masónica). A Despradel le hace mucha gracia tener junto a sí a Aguirre de incógnito, para burlarse de los alemanes y de los diplomáticos españoles. Empeñados todos en ponerlo a salvo, removerán Roma con Santiago para que Aguirre (el Doctor Álvarez) salga del III Reich incólume y con su familia que todavía está en Bélgica, a recaudo de la embajada venezolana. Todo un complot, como puede verse, de ciertos personajes de las legaciones satélites de EE.UU.
Aguirre llega a la temeridad de asistir a los Funerales que se celebran en la Catedral católica de Berlín en sufragio por el alma de Alfonso (llamado el XIII); temeridad por constituir ello una gratuita exposición al peligro de ser reconocido por los muchos españoles que, estando en la embajada española en Alemania, se congregan con motivo de esos Funerales. Su asistencia nada tiene que ver con ninguna moción piadosa, más bien ha sido el reto, casi una apuesta, con sus amiguetes diplomáticos: esto es, una machada.

Hay muchas páginas que nos relatan encuentros peligrosos que tiene Aguirre por la capital del Reich: como frecuenta los mejores restaurantes y cafeterías, allí se encuentra con Eugenio Espinosa de los Monteros y Bermejillo, embajador de España en Berlín. Espinosa de los Monteros no lo reconoce, aunque en esa ocasión a Aguirre le temblará el bigote postizo. También se encuentra con algún que otro periodista español -del ABC, por ejemplo; incluso, para solaz de Despradel, habrá una cena en casa del diplomático dominicano a la que es invitado Aguirre y un alto cargo de la legación española en Berlín, el Sr. Méndez. Despradel se permite el lujo de preguntar por Aguirre a Méndez, en presencia de Aguirre. Esta situación la encuentra tan cómica el diplomático americano que, debido a un acceso de risa, tiene que abandonar el comedor para no delatar a su protegido. Así ha transcurrido la estancia en Berlín del perseguidísimo líder del PNV: como si fuese una comedia de enredo.

Los últimos párrafos del capítulo en cuestión -"Diario del Doctor Álvarez en Alemania"- tienen todo el aspecto de un informe desenfadado cursado a los Estados Unidos de Norteamérica, a su gobierno, a la CIA y al pueblo norteamericano por extensión. La tesis de Aguirre puede sintetizarse así: hay que entrar en la guerra y vencer a las potencias del Eje, para barrer a Franco de España.
El juicio que le merece la Gestapo a José Antonio Aguirre es el que sigue:

"...a esta institución como a cualquiera otra de su misma índole, se le puede superar con una disposición de ánimo que en términos vulgares se llama tranquilidad o calma, lo que evita que uno se deje impresionar y hasta alucinar por leyendas que se vienen abajo tan pronto como se las considera serenamente."
Aguirre nos enseña algo y es que

"...es más fácil hacer una caricatura del adversario, que tomar un fusil y combatirlo. Ante la caricatura el adversario se ríe, y si ésta es la de las de dar miedo, además de mofarse se siente orgulloso, porque por ella descubre que se le teme."
El método que Aguirre recomienda a los aliados contra el nazismo es:
"A la fuerza que se crece ante la pusilanimidad de los demás, no hay más remedio que contestar con fuerza duplicada".
BIBLIOGRAFÍA:"De Guernica a Nueva York pasando por Berlín", José Antonio Aguirre Lecube. New York, 1942.

LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS