Por seguir aclarando un poco traigo unos manifiestos foralistas muy recientes:
MANIFIESTO ISUSQUIZA 2006

Desde Álava, foral y española.
En el lejano mayo del año 1877, Don Mateo Benigno Moraza, Padre de la Provincia, se quejó amargamente de las leyes dictadas por Gobiernos liberales que recortaron drásticamente los fueros alaveses. Unas leyes basadas en el error de pensar suprimir los fueros –también los demás de España- para “castigar” a los carlistas que los defendian.
Las palabras de Moraza fueron éstas, dichas en el Congreso de los Diputados:
“Señores, parecerá una paradoja que se diga que lo que se había hecho para afirmar la unidad nacional haya producido la disgregación moral del País Vascongado, de `las Provincias´, entre estas nuestra Álava foral. De esta forma y manera no se camina a la unidad de los pueblos”.
Recordamos hoy estas palabras de ayer para volver a proclamar que si el pretexto que sirvió de base a las leyes fue injusto, fue también equivocado. Lo que había sido incuestionable durante siglos, desde que nace España como nación, se hizo –y hoy vuelve a hacerse- cuestionable, porque se confundieron –y hoy se confunden otra vez- las formas de ser con las formas de estar en la unidad española, los Fueros, las Instituciones, las Libertades, que eran la esencia de nuestra integración y que al ser abolidos produjo el comienzo de la disgregación moral; una disgregación que en la actualidad ha llegado al colmo.
Por eso, decimos aquí, en Isusquiza: ¡España en su unidad política soberana, en su patrimonio foral y en su moralidad católica, perece víctima de la perfidia de unos políticos sin conciencia! ¡¡Españoles, acudir a salvarla!!
Recogemos, sí, en este Manifiesto del 2006, aquel grito patriótico y, desde esta Álava española y foral, lo hacemos extensivo a toda nuestra Patria. Si durante muchos años abrimos el surco, echamos la semilla y recogimos frutos abundantes predicando la Tradición y tomándola como punto de partida, hoy debemos de nuevo recomenzar la reconquista de la España tradicional en una sociedad –también la nuestra- que parece “pasar” de casi todo: de principios, de valores, de ideales y hasta de futuro. Nos parece estar otra vez en la cuesta arriba, con la Tradición a cuestas, como hace dos siglos. Pero hagamos nuestro aquel llamamiento a la juventud de aquel alavés insigne, Don Ramiro de Maeztu, muerto en 1936 por Dios y por España: “¡Venid, teniendo bien presente que después de la cuesta está el Calvario y en el alto del Calvario están la Cruz y la Victoria!”
Tenemos el deber de recordar lo que se hizo en el pasado, con la verdadera “memoria histórica” , de la cual uno de los muchos testimonios heroicos y victoriosos es el hecho que, año tras año, celebramos aquí. Pero si debemos recordar lo que en el pasado se hizo, recordemos también lo que tuvo de esperanza para volver con fe y con amor. Con amor, sí, que es aun mejor que la esperanza; y cantemos la célebre jota:
El querer con esperanza
es el más firme querer;
yo te quiero y todo espero.
mira que te quiero bien.
Olvidemos a la moza a la que se cantó la jota y traslademos la letra con las palabras “con” (con esperanza, no son esperanza) y “todo” (en vez de nada espero) a los principios de la Tradición, a esos principios por los que vive y vivirá:
A Dios, q quien amamos sobre todas las cosas; en Él y en su Palabra, del que esperamos todo: lo temporal y lo eterno.
A la Patria, a “las Españas”, para la que queremos lo mejor y de la que esperamos fortaleza en su unidad y libertad en su variedad; es decir, en los Fueros –no en los artificiales estatutos- de sus regiones.
A estos Fueros, de los que esperamos revitalicen y “amejoren” el patrimonio espiritual y material de la Patria común.
Y al Rey, a la Monarquía tradicional, social y representativa, católica, que queremos y obedeceremos, con legitimidad de origen y de ejercicio; al Rey, que reine y gobierne según fueros y leyes.
¡Fijaros amigos si no es éste nuestro más firme querer: con esperanza que lo espera todo!
“En el respeto a las cosas antiguas hay algún misterio” (J. Balmes, “Pensamientos”, “Obras Completas” XXIII y XXXIII, 228).
En efecto, ese respeto a lo antiguo, sobre el que se edifican el presente y el futuro –la Tradición es tarea de perfección en su continuidad- no es otra cosa sino la vocación a lo permanente, a los principios que llevamos en nuestros corazones y en nuestras banderas; y en ser leales a esa vocación ha de radicar nuestra esperanza para la continuidad de España.
Tal es la verdad que hará libre nuestra Patria, esclava hoy de una “democracia” demagógica, oligárquica y anticristiana.
Desde Álava, la foral y, por foral española, pedimos a los españoles que os unáis a nuestro grito:
¡VIVA LA UNIDAD DE ESPAÑA!
Isusquiza, 17 de septiembre de 2006.
MANIFIESTO DE ISUSQUIZA DEL AÑO 2002
"La Tradición es tarea de perfección, y su continuidad es la condición necesaria para la identidad de las Comunidades". (Álvaro d'Ors)
¡Tarea de perfección! Tal es, año tras año, la de nuestro Círculo Tradicionalista "San Prudencio", heredero legítimo de la tradición alavesa, al organizar este acto carlista y español de Isusquiza, en recuerdo de los 37 requetés de la 9ª Compañía del Requeté de Álava y de los 44 soldados del Regimiento de San Marcial, que aquí murieron el 8 de octubre de 1936 cerrando el paso de las tierras alavesas a la coalición rojo-separatista, unida, como lo está también ahora, contra aquella Álava foral y española; contra la misma que ahora queremos restaurar y perfeccionar los carlistas tradicionalistas alaveses, conjuntamente con tantos otros españoles.
Restaurar, sí, la personalidad de Álava, dentro de España y no de un "Euzkadi" que nunca existió, y perfeccionar el ser de Álava en su foralismo tradicional, hoy inmerso en un Estatuto ajeno a nuestras libertades.
En 1858 el Diputado General, Padre de la provincia, Ramón Ortiz de Zárate, escribió así:
"Fueron los alaveses independientes y libres en todos los tiempos, y al incorporarse a la corona de Castilla, pactaron que no habían de ser puestos bajo el poder de ninguna otra persona que no fuera su rey y señor natural. Por eso, el señorío, vasallaje y feudalismo, si se ha intentado ejercer en Álava por algunos magnates, ha sido ilegalmente y contra el fuero".
Éste viene a ser el mismo punto de vista que mantenían los procuradores en las Cortes de Valladolid de 1506 cuando afirman que: "Cada provincia abunda en su seso y por esto las leyes y ordenanzas quieren ser conformes a las demás provincias y no pueden ser iguales ni disponer de una forma para toda la tierra".
El Estatuto de Guernica, en la desdichada Transición, que cambió el ser de España, modificó también nuestro tradicional régimen foral alavés y lo integró, como a la propia Álava, en un ente ficticio llamado, sin razón ni sentido, "Euzkadi".
No es el momento de enumerar todos los males que han derivado de confundir la unidad constitucional –mejor diríamos: nacional– con la centralización y concentración del poder político, mejor dicho también, en "los políticos". El proceso autonómico ha vuelto a renovar –¡en el siglo XXI!– lo dispuesto sobre qué sea la verdadera y real Constitución de España; la cual no es otra sino "la configuración de una verdadera unidad política de la nación, en la armonía de sus componentes, así como la restauración de su genuina personalidad en el concierto de los pueblos. España –hay que repetirlo como otros repiten y machacan su separatismo–, España es una nación y no un conjunto de ellas, lo cual no obsta en absoluto a la libertad política y al autogobierno de sus regiones, sin merma, por otra parte, de la unidad política nacional". De la unidad de la Patria, pues, ésta es valor permanente, en tanto que las Constituciones son transitorias.
Por eso, desde el momento en que Álava está bajo un gobierno separatista, que no cesa de reclamar la autodeterminación como medio para quebrar la unidad de España, los alaveses no queremos permanecer bajo un vasallaje y un feudalismo estatutario, cuyo centralismo, aldeano y caciquil, ha dejado pequeño el estatal.
El recrudecimiento de las posturas radicales "euzkadianas" no tiene otra pretensión que la del separatismo y la independencia de "Euzkadi".
Un escritor, tan poco sospechoso de antivasquismo como Miguel de Azaola, subrayaba, ya hace años, cómo el derecho de autodeterminación, lo mismo que cualquier otro derecho, no es un derecho absoluto. Pero, decimos nosotros, es que ni siquiera puede calificarse de derecho, puesto que no cabe tenerlo, ni ejercitarlo en consecuencia, por una comunidad vasca, por una Vasconia que nunca se ha encontrado en una situación colonial sojuzgada por una potencia exterior, y volcada, por ello, a la independencia. Pretender que tal sea el caso de "Euzkadi", cuando su Estatuto se aprobó sin ningún tipo de ocupación ni sometimiento por la fuerza, y cuando, desde siglos atrás, con pleno asentimiento, su historia era la propia historia de España (pues no tiene otra verdadera), es un absurdo antihistórico y antijurídico.
Por otra parte, el artículo 2º de la Constitución actual (que "se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, Patria común e indivisible"), vigente, también conforme al Estatuto de Guernica en la Comunidad Vasca, no permite sin su reforma –que supondría asimismo la del Estado– una autodeterminación llamada a la independencia. Ello exigiría el referéndum de todos los españoles a través –repetimos– de la reforma de la Constitución, y previa disolución de las Cortes.
¿Qué es lo que se pretende con estos planteamientos? ¿Son solamente una forma de presión para imponer criterios en cuestiones relacionadas con la interpretación y aplicación de los Estatutos de Autonomía, o son ya una anticipada declaración de independencia?
Lo cierto es que son los terroristas los favorecidos, pues ven sus tesis apoyadas –también económicamente– por partidos que practican lo contrario de lo que predican y devienen así en traidores a sus propias ideas.
"¡Roma no paga traidores!" y nosotros, alaveses, no queremos pagarlos. "No queremos perder nunca nuestra vinculación con la comunidad histórica y actual que llamamos España. Nunca vamos a renunciar a España, del mismo modo que nunca vamos a renunciar a nuestra vocación vasca". ¡Vasca, no "euzkadiana"!
Si se predica a favor de una autodeterminación absurda, puesto que es propia de los pueblos colonizados y oprimidos, tengan en cuenta esos predicadores que, de llevarla a efecto, nosotros alaveses, seríamos los colonizados y oprimidos; por lo cual, en pura esencia democrática, tendríamos el derecho a una autodeterminación también separatista; pero de un separatismo de signo contrario, que nos llevará a desligarnos de un "Euzkadi" opresor y antiespañol para permanecer, como Comunidad Foral alavesa, unidos a España. Como lo está Navarra, ejemplo para el foralismo alavés y español que deseamos.
Esto es lo que aquí, aquel octubre de 1936, predicaron, "no hablando sino muriendo", con fidelidad heroica, los requetés alaveses y soldados españoles, realizando así esa tarea de perfección en la que consiste la Tradición, condición necesaria para la existencia de las Comunidades y antítesis de la traición que las disuelve.
Por todo ello, hoy aquí:
"Su memoria y heroísmo recordamos
teniendo ahora mismo en nuestra mente
esa España en la que todos amamos
nuestras vidas abiertas para su luz presente" (1)
¡¡Por Álava Foral y por España!!
[I][SIZE=1][CENTER](1)Luis Rosales, "España" (el poema perdido)
("El Boletín Carlista de Madrid", extraordinario 19 de julio 2002)
[SIZE=4]ÁLAVA ESPAÑOLA. Manifiesto de Isusquiza 2001
Los carlistas vascos, reunidos un año más en la sagrada montaña de Isusquiza, en pleno corazón de Vascongadas, han vuelto a apuntar muy directamente a la esencia vasca, invocando lo mejor de su Tradición para que vuelva a ser la vanguardia de las Españas.
En este día en que conmemoramos aquí, en Isusquiza, el sacrificio y el triunfo de requetés y soldados españoles en la defensa de Álava, bastión entonces, y en primera línea de España, amenazada de la unión del marxismo internacional con el separatismo antiespañol y euzkadiano, nosotros, los carlistas alaveses, queremos proclamar ante los demás españoles de las distintas regiones de nuestra Patria común que: ¡Estamos con vosotros! ; ¡somos de España y en España queremos permanecer!
Repetimos el verso de Iparraguirre:
“Ara España, lur oberican
ezda Europa guziyan”
(“He aquí España; mejor tierra
no la hay en toda Europa”)
Un historiador alavés escribió que: “En la medida en que los vascos y los navarros romanizaron y cristianizaron su lengua y su espíritu se hicieron otros –nos hicimos–; salimos de nuestra prehistoria y acabamos por convertirnos en uno de los más valiosos elementos constitutivos de la futura españolidad”. ¡Y de la gran Historia de España!
Álava, nuestra patria chica, Álava y no “Euskadi”, es conocida desde el siglo VII. Con su nombre, derivado del éuscaro “araiiar”, “país entre montañas”, se la cita en el siglo IX como “agrupación” o como “provincia”. La sucesión en el Señorío alavés estaba determinada por la “Cofradía de Arriaga” como su gobernante supremo, desde el Conde Eiglón a don Diego López de Salcedo, se ensalza y entrelaza a través de Fernán González, don Diego López de Haro y el Infante Don Fernando de la Cerda, se enlaza, decimos, con la Castilla del siglo X, y se entrelaza en el s. XI con Navarra y sus reyes; y todo ello no por imposición sino por elección de los propios alaveses que, voluntariamente, en 1332, se incorporan a Castilla mediante el Convenio de Arriaga, conservando sus viejos Fueros y rigiéndose en lo civil por el “Fuero de las Leyes”; es decir por el mismo “Fuero Real”; excepto en la Tierra de Ayala, regida por su propio Fuero. Éste, de origen consuetudinario, puesto por escrito (en romance castellano) en 1373, tiene, como es sabido, muchas analogías con el Fuero de Navarra. En uno y en otro se sigue hoy manteniendo la libertad de testar, esa libertad que, como expresó un gran jurista: “Muchos pueblos tuvieron y pocos han sido dignos de conservar”.
Al servicio de la unidad de España estuvimos los alaveses en todo tiempo, desde los Reyes Católicos a Felipe V. Luego, en la Guerra de la Independencia y en las guerras carlistas Álava defendió el foralismo tradicional en “las Españas”, tal como había defendido antaño sus libertades, desconocidas y holladas por gobernantes extranjeros, en la guerra de las Comunidades. Por esas libertades y por su foralismo, Álava, ya en los siglos XIX y XX se sumó a la causa de Don Carlos V y al Alzamiento Nacional en 1936.
Podemos, pues, resumir, con palabras del Padre de Provincia, don Mateo Benigno de Moraza que: “Los alaveses, junto con los demás pueblos vascongados y navarros, contribuimos desde los primeros tiempos de la Reconquista no sólo a hacer la unidad de España sino a formar la Patria”.
Álava, en toda ocasión, se opuso al odioso centralismo y ha de oponerse también al nefasto centralismo regional actual. Ha de oponerse al llamado “Estado de las Autonomías” basado en un Estado liberal y democrático, central y diversificado a su vez en “estadillos” liberales y democráticos. Debemos también los alaveses oponernos al régimen individualista de partidos políticos, régimen del que decía Vázquez de Mella que “lejos de crear una contención al absolutismo centralista, no hace sino multiplicarlo y acercar su peligrosidad a las víctimas definitivas, que son los individuos y las familias”.
Glosando estas palabras, Rafael Gambra, maestro de la Tradición, subraya como la verdadera “soberanía social”, que debe oponerse al absolutismo de la soberanía política, estaba hecho en un régimen tradicional de costumbres y fueros, de hábitos de autogobierno y libertad, tanto municipales como laborales que los pueblos defendían como su patrimonio intangible y propio. Si todo esto se destruye o se anula el camino está abierto para la expansión del centralismo uniformista, sea regional o estatal.
Pues bien, los hechos confirman las palabras de estos ilustres pensadores carlistas. Hoy, el “Estado de las Autonomías” ha sembrado el centralismo en todas ellas. Un centralismo en todo análogo a aquel del que se partió. Van desapareciendo las libertades y competencias municipales y provinciales que eran la base del autonomismo foral; y en nombre de las “libertades democráticas recuperadas” surgen en las “nuevas autonomías” renovadas centralizaciones, a modo de “estados” pequeñitos “al solo beneficio de los políticos profesionales y de los partidos cuyo clientelismo se ofrece a costa de la libertad y autonomía de los pueblos”.
¿Quién no ve que esto nos está pasando a los alaveses, a nuestra Álava querida? Integrados estatutariamente a un artificial e inventado “Euskadi” hemos perdido, ha perdido Álava, su personalidad, distinta, tradicional y española, nada hemos ganado con una política cuasiestatal, centralista y euskadiana, que además pretende que nuestra provincia, que así se denominó en la historia, sea junto a las otras de Vasconia segregada de España, nuestra Patria grande.
¡Opongámonos a esto, alaveses! Queremos recuperar nuestra condición junto con la personalidad distinta y diferenciada de Álava –hoy desdibujada– con todos sus fueros y libertades municipales amortiguadas y ocupadas por el estatismo euzkadiano, nivelador y absolutista.
Os decimos desde aquí, desde Isusquiza, a todos los españoles, vascos o no; vosotros y nosotros, juntos, con entrega generosa a lo largo de los siglos, hicimos a España y, con ésta, a la Hispanidad, cifra de lo mejor de la historia de todos los pueblos hispánicos y recogedora de aquel alto ideal que –con palabras de Menéndez Pelayo, glosadas por el insigne alavés don Ramiro de Maeztu–: “evangelizó la mitad del orbe, defendió los derechos humanos, predicó la fe en la salvación de todos los hombres, promocionó a todos los pueblos hermanados entre sí. ¡Esta es nuestra grandeza y unidad y no tenemos otra!”.
No hagamos caso de los falsarios de la historia; ésta dice que seremos más alaveses, vascos, navarros, castellanos, gallegos, catalanes, extremeños o andaluces, cuanto más unidos a España nos hallemos; y que España será tanto más fuerte cuanto más auténticas sean sus regiones.
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