La culpa fue del chachachá




La ofensiva de los funcionarios del PRISOE a través de todos los medios de comunicación, amenazando a la Conferencia Episcopal por las opiniones vertidas sobre diversos aspectos de la actualidad política y social española, refleja el nerviosismo de la secta socialista ante el próximo 9-M, que reconoce que ni fichando a Carla Bruni de telonera, los electores podrán ignorar la inflación galopante, el fracaso de la lucha antiterrorista y la precariedad nacional mostrada durante estos cuatro años de talante, que no de talento.

Domesticados los sindicatos, el poder judicial y la prensa, la Iglesia se ha convertido en la única institución en España que con firmeza y coherencia saca los colores a la beautiful people en el poder. Una beautiful people travestida de “gauche divine” que gusta de autoproclamarse progresista, civilizada y civilizadora, pero que es incapaz, por propia torpeza, de articular un programa político que vaya más allá del saqueo sin compasión de las arcas del Estado a través de sus múltiples peonadas-cheque de Zapatero y sus ministros tamagotchi.

Una iglesia y una jerarquía que tras décadas de silencio prudente, se levanta sin complejos ante la ofensiva laicista-costumbrista del gobierno. Una iglesia y una jerarquía que ha decidido, por fin, expresar en voz alta lo que piensa, movilizando con gran éxito a miles de católicos ante unas leyes que atentan contra la dignidad humana y la libertad de conciencia. Una iglesia y una jerarquía que ha decidido no ceder más terreno, porque ya nada les queda por ceder, frente a un gobierno que ignora la realidad social de una nación católica.

Pero como en anteriores ocasiones, los ingenieros de opinión del neoprogesismo mediático han buscado el descrédito del disidente de marras, reclutando a un puñado de tontos útiles que puedan ser presentados como "moderados" ante las posturas firmes y clarificadoras de la Conferencia Episcopal. Como muestra, nuestro querido Abad de Montserrat, Josep María Soler, que calla sistemáticamente ante los miles de asesinatos de niños no nacidos en clínicas catalanas, pero que no pierde ocasión en desmarcarse desde su particular espíritu evangélico, intentando evitar cualquier enfrentamiento con el poder, que sigue tolerando a curas y monjas siempre que no sean incómodos para el régimen. Mientras nuestro abad otorga, miles de fieles contemplan atónitos como toda una sociedad se arroja sin compasión a los barros putrefactos de una cultura cimentada en la ética de la muerte, el hedonismo y la blasfemia subvencionada.

Nuestro estimado abab, que Dios le guarde muchos años, omite por la patilla que su nacionalcatolicismo es, intrínsecamente más lícito que ningún otro, porque de lo que se trata es de construir la patria-terruño, pero no el reino de Dios, pues un cargo de connotaciones tan significadas el imaginario colectivo del simbolismo local, le incapacitan para otros menesteres más espirituales, por no decir auténticamente evangélicos.

Ya a nadie se le escapa que ZP lo que en el fondo busca, es transformar a la Iglesia católica en una especie de patochada progre, una oenegé postmoderna, algo así, como la parroquia de San Carlos Borromeo… ¡que toda ella es puro cachondeo! Es decir, lo mismo que hizo Narciso Serra con el ejército. Que gran derroche de originalidad.



Arnau Jara