Gracias, amigos, por la parte que me toca.
Yo no me encuentro mérito; tuve meningitis a los ocho años y, como ya sabía hablar, mis padres decidieron que aprendise a leer los labios. Por ello mi vida es normal. He presidido asociaciones, he hablado en público en asambleas, he atendido personalmente desde cualquier puesto público.
Lo malo es el teléfono de las narices, que cuando se trata de algo importante, no se admite el SMS del móvil...
Tienes razón, Hyeronimus, no se trata de discapacidad, mira a Tiflo Sorprendido, que es doctor y yo también tengo estudios, aunque no tan altos. Y los hice como todos, siendo una más, sólo con la ayuda de que el profesor se dirigiese a mí para que viese sus labios mientras los demás escuchaban.
Creo que entre los políticos harían falta unos cuantos ciegos, sordos y paraliticos...
¡Venga, Tiflo, adelante!
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