Ayer recibí la visita de un viejo amigo italiano, quien me comentó que habían hecho un sitio de homenaje a Massimo Morsello, cantautor italiano que perteneció a los NAR y que vivió muchos años en el exilio de Londres.

Allí le conocí, y él me prestó su ayuda y amistad cuando yo más la necesitaba. Entre tantos momentos, nunca podré olvidar aquellos días de Navidad que pasaba con Claudia y contigo, cuando estaba lejos de mi hogar y vosotros me ofrecisteis el vuestro.

¿Qué puedo decir de Massimo Morsello? Para mí fue como un hermano mayor, alguien a quien recuerdo con frecuencia, pues lo llevo muy dentro de mi corazón. Una persona generosa y tolerante como pocas he conocido. Su mirada, profunda como nunca había visto otra, la llevo constantemente en mi mente. Una mirada que hablaba, que te contaba una historia, la historia de su vida y la historia de la vida de las personas que habían pasado a su lado.

Estuvieras contento o triste, enfadado o indiferente, al igual que yo llevaba España en mi corazón y en mis ojos se reflejaban los profundos sentimientos de mi corazón, tú llevabas Italia en tu corazón y tus ojos lo reflejaban con una profundidad inusitada.

Massimo, hoy te recuerdo como lo hago muchos otros días y, como en muchas otras ocasiones, con lágrimas en los ojos como cuando escucho tus canciones o veo fotos tuyas. Ahora, al volver a escuchar tu voz, no puedo evitar que las lágrimas corran por mis mejillas.

Por Claudia, tu mujer, que eligió dejar una cómoda vida en Italia acompañarte en tu exilio, y por Fabrizio, tu cuñado a quien quisiste como a un hermano y de quien estabas tan orgulloso, sé de la hija que dejaste, Benedetta. Y por Fabrizio sé que ha heredado la belleza de Claudia y tu inolvidable mirada, y no me cabe duda de que también habrá heredado tu inteligencia.

Podría escribir durante horas sobre ti, pero todas las palabras serían pocas. Massimo, gracias. Te echo de menos.


Massimo Morsello

¡Presente!