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Tema: Testigos narran los crímenes (1936) de Sebastián F. Macarro (alias: MARCOS ANA)

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    Testigos narran los crímenes (1936) de Sebastián F. Macarro (alias: MARCOS ANA)

    Este individuo falleció hace pocos años, con el nombre cambiado, fama de corderito y aureola de "poeta" (¿?), cobijado bajo el marxismo;
    en otros tiempos era famoso (con su nombre verdadero) por sus crímenes durante la Guerra Civil.

    En las wikipedias aparece limpio de polvo y paja y sus "supuestos" crímenes (de mencionarse algo, es como "rumor", acusación falsa...), no habrían sido sino infundios de la "dictadura franquista", en definitiva, el corderito fue víctima injusta y héroe de la "dictadura", merecedor de culto, homenaje y reparación:

    Revista FUERZA NUEVA, nº 486, 1-May-1976

    Del recuerdo que conservan los testigos de los crímenes de Sebastián Fernando Macarro (“Marcos Ana”)

    Recuerdo que hoy conservan los testigos de los crímenes cometidos en Alcalá de Henares (Madrid) por Sebastián Fernando Macarro, más conocido por el pseudónimo de “Marcos Ana”, en los primeros días de la Guerra de España (tarde del 23 de julio y días sucesivos). Hay que resaltar que Sebastián Fernando Macarro, en aquel entonces, pertenecía a la UGT, al Partido Socialista Obrero Español y a las juventudes del mismo.

    Fue condenado a muerte en Madrid, en 1943, conmutada dicha pena por la de 30 años de prisión. Tras indultos sucesivos consiguió la libertad en 1962. Más tarde vivió en Francia y hace aproximadamente un mes, la prensa nacional publicó su estancia en Madrid. Hay que destacar que “Marcos Ana” se ha distinguido en las campañas de agitación contra Franco y el Régimen español y contra el Rey y las Fuerzas Armadas…

    Sebastián Fernando Macarro era un joven que sólo había cursado estudios primarios. Vivió primero con sus padres en Ventosa del Río Almar (Salamanca), donde su padre era cochero, Fernando Gómez Llano. Aún de corta edad llegó a Alcalá de Henares con su familia, y se colocó poco después como dependiente de comercio. Durante la dominación marxista vivió con sus padres y hermana en una casa “requisada” por el Comité Rojo, propiedad de don Máximo de Francisco, sita en la Plaza Mayor, esquina a la calle de Pedro Muriel.

    En el pueblo de Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, cercano a Madrid, se ha dialogado con algunas personas que aún recuerdan horrorizadas aquellos luctuosos días de 1936.

    Una de ellas es doña Victoria Fraguas Salgado, nacida en Cogolludo (Guadalajara), el 11-12-1907. Dijo así:
    Estaba con mi tía doña Felisa Delgado –ya fallecida- en su casa de la calle de Marqués de Ibarra 17, antes Paseo de la Estación. Escondido en un lugar apartado, por temor a ser detenido y muerto, se encontraba en dicho domicilio mi primo, el sacerdote don MARCIAL PLAZA DELGADO. Eran las ocho de la tarde del día 23 de julio de 1936, y unas llamadas ruidosas sonaron en la puerta de la calle. Nos asomamos y vimos a varios milicianos rojos capitaneados por Sebastián Fernando Macarro del Castillo, el mismo que ahora se conoce como Poeta Marcos Ana. La conversación entre mi tía y Macarro se desarrolló aproximadamente así:
    MACARRO.- ¿Está su hijo el cura?
    DOÑA FELISA.- No se encuentra en Alcalá de Henares.
    MACARRO.- No mienta usted. Sabemos que se encuentra en la casa. Será mejor que salga. Además no deben preocuparse, pues solo tiene que ir a ver un momento al alcalde y luego volverá en seguida.
    Don Marcial Plaza, que estaba oyendo la conversación, temiendo que por su culpa ocurriera algo a su madre, y ante las seguridades de Macarro, salió en aquel momento y dijo a los milicianos:
    DON MARCIAL.- Esperen un momento, que ya bajo.
    Salimos todos y nos fuimos al bar Seisdedos, hoy La Oficina. Las disculpas de Macarro se sucedían, así como las seguridades a la madre y al hijo. Recuerdo que dijo textualmente a mi tía:
    MACARRO.- ¡Señora, que no es para tanto!
    Mi tía se quedó en la calle, y la comitiva se puso en marcha. Yo iba detrás de ellos, pero, a los pocos pasos, los milicianos que acompañaban a Macarro me apartaron violentamente. Mi primo don Marcial iba delante con Macarro. De pronto, sin mediar una sola palabra, sacó Macarro su pistola y apoyándola en la nuca de mi primo disparó. Todo ocurrió a poca distancia de donde estaba mi tía, que llegó corriendo, arrodillándose junto a su hijo, que exhalaba el último suspiro. Yo fui por una almohada al domicilio próximo y la coloqué para apoyar la cabeza de mi primo el sacerdote. Un chicuelo, como de unos diez años, pasó en aquel momento y dijo:
    -¡Ahí va, un muerto aquí y otro un poco más debajo de la calle!
    Los milicianos, capitaneados por Macarro, se habían ido ya, una vez consumado su propósito. Nosotras, mi tía y yo -continúa doña Victoria Fraguas-, tuvimos las dos el mismo impulso y después de comprobar que mi primo había expirado, corrimos hacia donde decía el chicuelo. Allí se encontraba, aún caliente, el cadáver de mi tío don José Plaza Torres, esposo de mi tía y padre del sacerdote. Ambos habían sido víctimas del asesino SEBASTIÁN FERNANDO MACARRO DEL CASTILLO (a) Poeta Marcos Ana.
    Pasó entonces por allí un tal Llorente, y al vernos tan desconsoladas buscó un coche y nos llevó a mi tía y a mí a casa de unos parientes, que vivían en la calle de Cerrajeros, número 18. Los milicianos, al saber que tanto mi tía como yo estábamos llorando a gritos, llegaron a aquel lugar y para atemorizarnos dispararon un tiro al aire.
    Los cadáveres, según supimos después, quedaron tirados varias horas en la calle, y luego, en un carro de basura, fueron llevados al cementerio. Y aquella misma noche del 23 de julio de 1936, Macarro y otros milicianos desvalijaron la casa de mis tíos, en marqués de Ibarra, número 17”.

    Por otros conductos fidedignos se ha sabido que el reloj que llevaba siempre don José Plaza pasó a propiedad de Macarro, el cual se jactaba ante otros detenidos diciendo a quién había pertenecido.

    Casos como el que ha relatado doña Victoria Fraguas abundan en la actuación de Sebastián Fernando Macarro.

    ***
    Doña Mercedes Cabezudo, madre del cartero don AMADEO MARTÍN ACUÑA, otra de las víctimas de este asesino, dijo:
    El 30 de julio de 1936, Macarro y otros milicianos practicaron en mi casa un registro de dos horas, llevándose detenido a mi hijo, el que fue asesinado a las siete de aquella tarde. Macarro –añade doña Mercedes- jaleaba en público su asesinato y daba detalles de sus circunstancias. Amadeo Martín –decía- se puso de rodillas al morir y dijo que nos perdonaba a todos y que pedía perdón por nosotros. Al contar esto –termina doña Mercedes-, Macarro se reía y hacía gestos de burla“.

    Otro testimonio, el de don Luis Gallo Ortega, funcionario del Estado, con destino en Guadalajara, indica que Macarro, capitaneando a varios milicianos, “fue a nuestra fábrica de gaseosas en los primeros días del Movimiento, deteniendo a mi padre, don BRAULIO GALLO, y a mí. Mi padre falleció el 18 de abril de 1937 en la Prisión del Partido; bajo la obligación de presentarme diariamente en el local del Partido Comunista, fui puesto en libertad; el fallecimiento de mi padre fue debido a los horrores padecidos”.

    Don Alfonso Rivilla López, estudiante de medicina en 1936 y hoy prestigioso industrial de Alcalá, manifiesta:
    En los primeros días de la dominación roja fui perseguido en dicha ciudad por Sebastián Fernando Macarro, el cual me obligó a trabajar en las faenas de siega. Le supongo el autor de la denuncia que me tuvo encarcelado dieciocho meses”.

    Doña María Rosado Fernández, ya fallecida, declaró en su día, y hoy lo confirma otro familiar, testigo del hecho, su sobrina Alejandra García Coracho, con domicilio entonces en Diego Torres, número 6, el siguiente relato:
    Sobre las cinco de la tarde del día 31 de julio de 1936, se presentó en mi casa (Diego Torres, 6), un tal Macarro, seguido de unos diez milicianos, llevándose detenido a mi hermano AUGUSTO ROSADO FERNÁNDEZ, con el pretexto de que sólo era para una simple declaración, y que después volvería a casa. Pero aquella misma noche fue asesinado por Macarro en el lugar conocido por la “Tierra de los Ahorcados”, donde se alza ahora la fábrica ROCA.

    Dos días más tarde, volvió Macarro a mi domicilio y, con palabras suaves primero y amenazadoras después, nos obligó a sacar del lugar en que estaban escondidas, para no ser expoliadas por la barbarie roja, dos coronas y un cetro de plata con perlas de la Virgen del Val, un rostro del Niño Jesús, repujado en perlas, y prendas valiosas de ambas imágenes, llevándose todo como botín”.

    ***
    Cuantas personas han sido consultadas coinciden en decir que Macarro era un asesino frío, que mataba por placer. Se le considera también responsable de las muertes de don FRANCISCO MARON, de don FAUSTINO PLAZA y de muchos más, a quienes detuvo, pues casi siempre ambos actos eran correlativos: persona que detenía era asesinada en el acto, o poco después aparecía su cadáver ensangrentado en el cementerio o en sus inmediaciones.

    Las opiniones recogidas entre personas de diferentes matices políticos indican extrañeza ante el crédito que se le presta internacionalmente a este criminal, y se pone de relieve, sin reparos, viva indignación contra quienes en el extranjero prestan apoyo a individuos como éste, que, aunque se ampare en túnicas literarias o en el entredicho de las típicas “persecuciones franquistas”, no es otra cosa que el autor material de múltiples asesinatos.
    Última edición por ALACRAN; 27/12/2019 a las 19:36
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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