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Tema: Las dos Castillas y León. Teoría de una nación. (Antonio Hernández Pérez)

  1. #1
    Avatar de Paco
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    Las dos Castillas y León. Teoría de una nación. (Antonio Hernández Pérez)





    Las dos Castillas y León. Teoría de una nación

    Antonio Hernández Pérez.

    Editorial Riodelaire . Guadalajara 1982.

    En el último número de la revista Pueblo y Tierra ha aparecido una apartado publicitario de este libro, cuyos últimos ejemplares facilita la agrupación nacionalsocialista probablemente conocida por sus tendencias de aquellos que en algún momento se hayan interesados por temas castellanos. Digamos que se trata de una pequeña publicación que contiene una serie de opiniones, elucubraciones y suposiciones difícilmente conciliables con la información histórica disponible sobre el pasado de Castilla, a menos que se hagan verdaderas contorsiones mentales, que es justamente lo que hace el autor desde la primera a la última página.
    Intenta el autor fundamentar la tesis pancastellanista - expuesta pero pésimamente argumentada- hoy extendida en pequeños grupúsculos de que Castilla es una nación formada por Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y León, curiosa nación donde el todo coincide con una de las partes. Como es habitual en los partidarios de esta tesis León su cultura, su lengua histórica y otras muchas cosas son negadas y reducidas a un mero apéndice de Castilla. En lo referente al Reino de Toledo, jamás mencionado con ese nombre, sino con la denominación geográfica de La Mancha o de manera más extensa como Castilla la Nueva, sus argumentes y la exposición de motivos es aún mucho más menesterosa y carente de convicción, sin duda el autor, zamorano de nacimiento aunque autoproclamándose castellano, vive muy lejos de allí.



    El autor del panfleto pretende argumentar en la línea de una comunidad culturalmente homogénea y etnológicamente idéntica, con explicaciones más bien contradictorias acerca de lo que entiende por homogeneidad e identidad, términos por otra parte bastante difíciles de definir. No escasean las apelaciones de tipo cuartelario al deber de marchar unificados, algo así como los exabruptos de un sargento a los reclutas para que marchen a su voz.

    Maneja el autor un concepto de nación basado en principio biológico y racial, que apoco de profundizar un poco quizá se hubiera retrotraído al estelo darwinista a las hordas de simios; Castilla resultado de la evolución chimpancé. Como gran cosa avanza unas extrañas logomaquias acerca de una contextura temporal y psicológica que no explicita en absoluto. Intenta eso si hacer una clasificación jerárquica hacer una clasificación de un totum revolutum de genotipo, fenotipo, raza, lengua, tradiciones, religión, instituciones, temperamento, territorio, voluntad y conciencia de singularidad y otra serie expresiones, donde hace primar la raza – a veces púdicamente llamada origen-, y la lengua y según él las tradiciones históricas; en segundo lugar pone instituciones , religión , territorio y un misterioso etc.; clasificación jerárquica tanto más chocante cuanto que lo que considera secundario puede en principio encajar en lo que denomina tradiciones históricas que considera dentro de las características primarias o esenciales; o sea un discurso de titiritero circense.

    No obstante lo insólito del librejo es la predominancia de los argumentos racistas; también en Castilla hay racistas, de todo hay en la viña del Señor. En breves palabras desbarra el autor en el sentido de afirmar que la componente humana básica de lo que el dice ser Castilla –que desborda ampliamente lo que con mínimos conocimientos históricos fue Castilla en sentido estricto- es la componente germánica visigoda. Y digo que desbarra porque semejante ocurrencia no merece siquiera el nombre de tesis. Los datos que se poseen sobre los invasores godos son escasísimos y bordean más bien la conjetura que la documentación histórica. El número de invasores visigodos probablemente no llegó al cinco por ciento de la población hispanorromana, se carece de cualquier documento escrito en lengua gótica, ni siquiera se sabe la medida efectiva en que usaban esa lengua después de su secular periplo por Escandinavia, Báltico, estepas ruso-asiáticas, Imperio Romano e Hispania, eso no obsta para que el autor elucubre acerca de las diferencias lingüísticas entre los visigodos de Tierra de Campos y los de Toledo; poco le falta para asegurar que el castellano es básicamente una lengua de origen gótico.

    Otrosí aplica la moderna noción de clase social a los visigodos, sociedad trifuncional - como el resto de las sociedades indoeuropeas- a la que conviene más el nombre de estamento o de casta que no la de clase; sociedades por otra parte jerárquicas en donde no es posible considerar la separación estamental sin que desaparezca la organización social. Eso no obsta para que confunda la monarquía neogótica leonesa con el condado y luego reino de Castilla; según el autor la clase alta visigoda fue a León y la clase baja a Castilla, así se despacha tan ricamente y todos visigodos, arios y rubios, vamos que ni Hitler soñó tal paraíso ario.

    Entre los recuentos de investigación racista no falta la investigación de nombres de origen gótico, lo que le lleva a conclusiones gozosas de arianidad. Algo así como si hoy día se hiciera una investigación de nombre de origen anglosajón en iberoamérica; en base a tales resultados se concluiría la enorme proporción de población blanca, sajona y protestante, donde efectivamente no hay sino, cholos, mestizos,mulatos, cuarterones, indios y negros.

    Como buen racista no deja de abordar el tema de la complexión corporal visigótica, que supone, como no, blanca, grande, rubia de ojos azules y otros tópicos bien conocidos. El problema surge cuando se compara con los tamaños efectivos comprobados en las necrópolis y sepulturas visigodas o supuestas tales, que no responde al tipo previsto; pero todo admite una explicación; nuestro autor afirma que los visigodos perdieron estatura debido al duro clima de la meseta. Según ese razonamiento a su paso por las estepas ruso-asiáticas, de clima mucho más duro y extremado que la meseta ibérica les debió de haber encogido hasta el extremo de acabar siendo liliputienses a pesar de su origen germánico.
    Luego se toca el tema de las costumbres de carácter penal como la venganza, la satisfacción del honor mancillado y otras, que supone rápidamente de origen visigodo, pero que los tratadistas de primera línea de derecho medieval, como Galo Sánchez, pone en tela de juicio, en el sentido de que tales prácticas son verosímilmente muy anteriores a la llegada de los godos y tienen un origen no tanto ario como reciamente indígena. Claro que incluso esto no sería totalmente desfavorables a las fantasías del autor, cuando afirma explícitamente que los iberos son de origen nórdico.

    Como el panfleto toca todo, no falta una alusión al folklore, concretamente a las danzas guerreras, ampliamente extendidas por toda la península, que, como no, solo pueden tener su origen en el pueblo ario y guerrero visigodo, los demás pueblos de la vieja piel de toro eran pueblos pacifistas e indolentes a los que se las daba un ardite inflarse a bofetadas; aunque sabemos que había hispanos en las legiones imperiales romanas. Muy al revés de lo que supone el autor, de todas las tribus bárbaras de la época de las grandes invasiones la más romanizada de todas eran precisamente la de los visigodos; habían pasado por el Imperio de Oriente, por Italia, por la Galia, y luego por Hispania, durante tres siglos apenas combatieron, eso si los cascaron a base de bien los francos, y luego los sarracenos, y en vista de eso nos cuenta el autor salmodias acerca de su ardor guerrero vibra en nuestras almas. La explicación es clara como el agua, los genes visigodos portaban en si una virtualidad guerrera que los hizo protagonistas de la reconquista, a pesar de su temporal sopor de tres siglos de romanización, epicureísmo hispanorromano, cierto mariconismo soterrado y calma relativa.
    De acuerdo a esta explicación genética y racial fueron los visigodos y sus descendientes los héroes de la lucha contra la morisma, los repobladores de las tierras reconquistadas y misioneros de la arianidad. Como la ignorancia es muy atrevida no duda en afirmar que en pleno siglo VIII, época bien conocida por sus estadísticas demográficas, la población cristiana de Cantabria era en un 75% de visigodos, pero no unos visigodos cualesquiera, sino visigodos “puros”, y en Asturias rebaja la cifra al 30 %, al fin y al cabo como dice el autor la raza es una realidad insoslayable; probablemente se refiere a la raza visigoda. Posteriormente nos cuenta el autor que solamente los visigodos tenían empuje para ser repobladores, independientemente de las presuras, las cartas pueblas, las exenciones jurisdiccionales o el botín puro y duro. Lo que no deja de sorprender como un escaso cinco por ciento de la población visigoda que llegó a la península dio para tanto – al menos en la fantasía del autor- guerreros numerosos , repobladores sin límites, que misterios encierran los genes arios.

    Si acaso conviene notar que el autor propugna para España un pacto federal, es curioso notar como la ideología liberal de pacto de Rousseau, se da la mano con la ideología racista. Ambas, aunque parezca sorprendente a primera vista, son consecuencias de la Ilustración descreída y racional.

    Las restantes suposiciones y cábalas son del mismo o parecido tenor aunque estas son ya confusiones compartidas por otros no necesariamente raceros, así:
    * La institución castellana por excelencia: la comunidad de villa y tierra, no coincide con el municipio leonés.
    * El Fuero Juzgo visigótico aplicado en el reino de León no era la ley consuetudinaria de Castilla
    * Aunque la ignorancia o la indocumentación del autor lo desconozcan, existe una lengua leonesa, minoritariamente hablada hoy día.
    * Lo que denomínale autor reino de Castilla y León, es en realidad un conjunto de reinos los que ostentaba su corona un solo monarca : Rey de Castilla, de León, de Aragón, de Granada, de Toledo, de Galicia, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, de las Islas Canarias, Señor de Vizcaya.., de una manera genérica y abreviada conocido como corona de Castilla, a no confundir con el reino de Castilla.
    * Fernando III el Santo llega a ser rey de Castilla y de León, lo que no supuso que hubiera ninguna fusión de pueblos, León siguió durante siglos con sus cortes propias, sus leyes, su moneda, su lengua etc.
    * El reino de Toledo lo conquista y forma parte de él en sus comienzos el reino de León. El reino de Toledo tenía como legua propia el mozárabe, que como nos recuerda Manuel Criado del Val, influyó decisivamente en la factura del castellano moderno, que tiene enormes diferencias con el castellano original del norte.
    * El reino de Toledo, Andalucía y Murcia fueron reconquistados al estilo leonés. Incluso las iniciales y poco duraderas comunidades toledanas eran distintas en aspectos esenciales de las comunidades de villa y tierra castellanas.
    * Una lengua castellana cada vez más modernizada –que algunos denominan español- desplazó al leonés en León y al genuino castellano de los orígenes en Castilla.
    * Zamora jamás perteneció al reino de Castilla, otra cosa es que perteneciera a la corona de Castilla. Si de una manera muy genérica, lata y desvaída se denomina castellano a lo perteneciente a la corona de Castilla , se podría decir que un zamorano es tan castellano, como un almeriense o un pontevedrés.
    * La Castilla total, unificada, racialmente homogénea de 19 o 38 provincias –según los gustos- tiene un sabor de imposición ordenancista y prusiano muy poco simpático..
    Solo queda decir que el libro aquí comentado es –no por casualidad- uno de los libros de cabecera de una organización de ideología nazi
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  2. #2
    Antonio Hernández Pé está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Las dos Castillas y León. Teoría de una nación. (Antonio Hernández Pérez)

    Apreciado compatriota Paco:
    Acabo de leer, con mucho retraso, tu acertada y acerada crítica al libro en cuestión. No sin cierta vergüenza tengo que decirte que soy yo el autor del mismo. Solo puedo añadir en mi descargo que el volúmen fue escrito hace más de veinticinco años, cuando este autor yacía en una supina ignorancia de la Historia real de España, de León y de Castilla y estaba además sujeto a las directrices políticas de los que financiaron el libro, que no eran precisamente "nazis" sino liberales de derecha y "comuneros" de izquierda. Curiosa mezcla de la que salió el engendro. Otra cosa es que a ciertos sectores -no todos- del nacionalsocialismo español les gustara el nudo argumental de la obra, por aquello de la conocida "germanofilia" de los mismos.
    En fin, pasado el tiempo y profundizando en mis estudios he llegado a la misma conclusión que tu respecto a lo que es Castilla, lo que es León y lo que es Toledo (y lo que son Las Españas) y por ello es mi deber, -si tengo que ser honesto ¡ y debo y quiero serlo !- retractarme de mis errores y reconocerlo públicamenre, cosa que hago ahora y aquí. Lamentablemente el libro todavía circula por ahí con gran alborozo de "Tierra Cagalera" y demás adláteres de uno u otro signo. Esto no lo puedo evitar pues no tengo derecho de propiedad sobre su edición (afortunadmante solo una y que espero se agote pronto)
    Sintiendo mucho, pues, el haber colaborado en la ceremonia de la confusión, he creido cuestión de honor hacer llegar a los hispanistas mi retractación, aprovechando el noble lance de tu crítica que acepto y recibo con agradecimiento.
    Mis mejores y más sinceros saludos.

  3. #3
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Las dos Castillas y León. Teoría de una nación. (Antonio Hernández Pérez)

    Cita Iniciado por Paco Ver mensaje
    * Lo que denomínale autor reino de Castilla y León, es en realidad un conjunto de reinos los que ostentaba su corona un solo monarca : Rey de Castilla, de León, de Aragón, de Granada, de Toledo, de Galicia, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, de las Islas Canarias, Señor de Vizcaya.., de una manera genérica y abreviada conocido como corona de Castilla, a no confundir con el reino de Castilla.
    Si se está dando a entender que el reino de Castilla y León fue una especie de “confederación de reinos presididos por un Monarca”, tal cosa es absolutamente falsa.
    Desde 1230, un mismo Monarca rigió a la vez los reinos de León y de Castilla unidos en la unidad de un solo Estado.
    Los Monarcas medievales eran reyes de las tierras y de sus naturales, que estaban sometidos a su potestad. En tal sentido, los territorios integrados en el Estado medieval castellano-leonés conservaban su carácter de territorio diferenciado con el título de reino, como era el caso de Galicia en el Reino de León o el de la mayor parte de los Reinos musulmanes de Taifas conquistadas militarmente (p. ej. Reino moro de Toledo, o más tarde, los de Sevilla, Jaén, Murcia etc.).
    Dichos nombres aludían a la autoridad real en la principal ciudad de cada territorio no a la personalidad política de tales “reinos”.

    Prueba de ello es que el Monarca nombraba Merinos mayores o adelantados al frente de cada “Reino”, para su gobierno y administración, como si se tratara de simples provincias.

    La unidad política, conllevó la existencia de unas solas Cortes para todo el Reino castellano-leonés, con participación de algunas villas o ciudades (pero no de los “reinos”) desde la segunda mitad del siglo XIV.
    También en el siglo XIV se creó un único Consejo Real y una única Audiencia o Chancillería para todo el Reino.

    Tras la unión de los Reinos de León y de Castilla en 1230 (“Corona de Castilla”), lo que se seguirá denominando específicamente como “Reino” de Castilla” (tal como sucederá en el “Reino” de León) viene a ser una mera circunscripción territorial (que viene a coincidir con la región de Castilla la Vieja, con cabeza en Burgos) al frente de la cual, desde Fernando III, los reyes pondrán al frente un Merino Mayor o un Adelantado mayor, cargo que a fines de la Edad Media suele recaer hereditariamente en ciertos linajes nobles.

    * Fernando III el Santo llega a ser rey de Castilla y de León, lo que no supuso que hubiera ninguna fusión de pueblos, León siguió durante siglos con sus cortes propias, sus leyes, su moneda, su lengua etc.

    No “durante siglos”; más bien un siglo o poco más.
    Los respectivos “pueblos” se acabaron mezclando y fusionando con el paso de los siete siglos transcurridos (comercio, comunicaciones, Universidad, cortesanos, linajes nobiliarios, ...)
    Las cortes leonesas desaparecieron desde mediados del siglo XIV; las leyes fueron comunes con Castilla desde el siglo XIV (salvo el carácter residual del Fuero Juzgo) y alguna peculiaridad foral en Castilla; de la “lengua” o dialecto leonés, no existen propiamente textos escritos ni literatura, y sólo se conservó en zonas rurales montañosas y atrasadas.

    * El reino de Toledo lo conquista y forma parte de él en sus comienzos el reino de León. El reino de Toledo tenía como legua propia el mozárabe, que como nos recuerda Manuel Criado del Val, influyó decisivamente en la factura del castellano moderno, que tiene enormes diferencias con el castellano original del norte.

    Falso. Eso no lo llega a decir ni Carretero, que escribe sólo (y por supuesto equivocadamente) que se aplicó en Toledo el "régimen feudal leonés".
    El reino moro de Toledo no lo conquistó “el reino de León”, sino que lo conquistó Alfonso VI, que reunía los títulos de rey de León y de Castilla.

    En el reino de Toledo siempre reinó el mismo monarca que en Castilla: de hecho Alfonso VII cuando repartió los reinos en el año 1155, a Sancho III le dejó Castilla (con Toledo incluido). Pero si a Toledo lo hubiera conquistado León, le habría sido devuelto entonces al reino de León ¿no?

    Además Toledo incrementó su población con castellanos, con su respectivo fuero; y en la ciudad convivieron mozárabes, mudéjares, francos y castellanos; cada uno con su respectiva ley. No se conoce que llegaran “leoneses”.

    Si la afirmación en cuestión está basada en el Fuero Juzgo, común a Toledo y a León, la razón de tenerlo Toledo no es debido a una “conquista leonesa” sino a que los mozárabes conservaban de 400 años antes la misma ley visigótica que el reino de León, y por eso el rey castellano les siguió concediendo el “Liber Iudiciorum” también vigente en León. De ahí el equívoco.

    Por cierto Manuel Criado del Val, en ese libro que Vd nos recordaba ”Teoría de Castilla la Nueva” (lo tengo en mi biblioteca), escribe repetidamente que Toledo fue conquistado por Castilla y sólo hace referencia a castellanos, nunca a León ni a leoneses; consulte las páginas 80 a 96.

    * El reino de Toledo, Andalucía y Murcia fueron reconquistados al estilo leonés. Incluso las iniciales y poco duraderas comunidades toledanas eran distintas en aspectos esenciales de las comunidades de villa y tierra castellanas.

    Ya he dicho que en el caso de Toledo los mozárabes conservaban desde 400 años antes la misma ley visigótica que el reino de León, pero eso no fue “reconquistar al estilo leonés”, sino mantenerles su ley visigótica que les había regido durante siglos.

    El caso de los “ex-reinos moros” de Andalucía consistió en que Fernando III concedió el Liber Iudiciorum (traducido al castellano como “Fuero Juzgo”) como ley local a los recién conquistados reinos moros de Sevilla y Córdoba dentro de su política de unificación del variopinto y caótico derecho de sus territorios (la, hasta entonces, concesión caprichosa de fueros distintos a poblaciones cercanas), que completó su hijo Alfonso X. Posteriormente Alfonso X el Sabio concedió el Fuero Juzgo como ley local al reino de Murcia.

    Realmente no deja de ser irónico creer que un Alfonso X, que no pretendió otra cosa sino unificar el desquiciado ordenamiento juridico de sus territorios incluso elaborando otros textos nuevos, como el Espéculo o Las Partidas (y que lo intentó varias veces -no puedo detenerme a explicarlo-) tuviera ni el más mínimo interés en una antigualla (ya en su época) llamada Fuero Juzgo.
    (Es interesante el tema, me gustaría tratarlo aparte)

    En fin; Alfonso X no pudo llevar a cabo su plan, pero bajo el rey Alfonso XI a partir del Ordenamiento de Alcalá de Henares, del año 1348, acabará entrando el Fuero Juzgo, en cuanto fuero local, y supletorio de la legislación real, en fase de extinción.

    * Una lengua castellana cada vez más modernizada –que algunos denominan español- desplazó al leonés en León y al genuino castellano de los orígenes en Castilla.

    Ahora nos enteramos que Alfonso X el Sabio (las Partidas y sus otras innumerables obras), don Juan Manuel, el Arcipreste de Hita, el Marqués de Santillana, Juan de Mena, Enrique de Villena, Jorge Manrique etc. y otros literatos del siglo XIII al XV, escribieron en “español”, no en castellano genuino ¡¡y eso que aun no existían ni “España” ni la Monarquía Hispánica!!

    * Zamora jamás perteneció al reino de Castilla, otra cosa es que perteneciera a la corona de Castilla. Si de una manera muy genérica, lata y desvaída se denomina castellano a lo perteneciente a la corona de Castilla , se podría decir que un zamorano es tan castellano, como un almeriense o un pontevedrés.

    La ciudad de Zamora como villa bajo-medieval tuvo política propia, y decidió y participó en nombre propio, (al igual que las ciudades de León, de Salamanca, de Valladolid, de Palencia, Segovia, Burgos, Toledo, Sevilla, Toro y otras pocas más ciudades de todo el Reino) junto a nobleza y prelados en las Cortes de la Corona de Castilla que presidía el Monarca, (a donde no iban entonces ni almerienses ni pontevedreses, por supuesto).
    Y eso vale más para algunos, y tiene mayor entidad, que haber pertenecido al Reino de León o haberse hablado allí leonés, en los tiempos de maricastaña.
    Y es en ese sentido -y por hablar todos en lengua castellana, además- por lo que se puede decir que Zamora o los zamoranos se puede sentir castellanos (si así lo desean).

    Por otra parte, se puede decir, sin temor a equivocarse, que todo zamorano (como casi todo español) lleva, (tras unas treintena más o menos de generaciones desde el siglo XIII) una mezcla confusa de antepasados zamoranos, leoneses, mozárabes, castellanos, gallegos y del resto de España, mezclados libremente entre sí durante siglos.

    Independientemente de eso, los zamoranos (como todo español) son muy libres de sentirse zamoranos, castellanos, leoneses, castellanoleoneses, españoles, o lo que les venga en gana, y sin pedir permiso a nadie.
    Última edición por Gothico; 04/03/2008 a las 22:56

  4. #4
    Antonio Hernández Pé está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Las dos Castillas y León. Teoría de una nación. (Antonio Hernández Pérez)

    Sr. Gothico:
    Me gustaría saber a donde quiere ir Vd. a parar, es decir, que agradecería nos explicara, si lo tiene a bien, cual es su concepto de España. ¿Son los territorios de los antiguos reinos "meras circunscripciones administrativas"?
    ¿No existen en España pueblos claramente diferenciados? Y si existen ¿cuales serían estos, según su opinión?
    Agradezco de antemano su colaboración en este sentido para contribuir al esclarecimiento de tan complejo asunto.
    Un cordial saludo.

  5. #5
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Las dos Castillas y León. Teoría de una nación. (Antonio Hernández Pérez)

    Sr. Hernández:

    Vd sabrá que, hasta hace algunas décadas, era innecesario profundizar en los entresijos históricos de la conformación política de España como unidad, porque tal realidad se daba como supuesta y acatada por todos, sin mayor contradicción: se creía en la verdad de que si España existía, es que hubo de haber pasos racionales y lógicos hacia tal existencia. Y así como España era aceptada por todos, también eran aceptados por todos los hechos que se dieron para lograr su unidad.
    Quienes querían profundizar en la Historia hallaban la confirmación de tal proceso en las innumerable historiografía publicada, desde la antigüedad hasta entonces, por académicos y especialistas (y que por supuesto, siguen siendo la única referencia válida).

    Pero desde que la misma existencia de España ha pasado a cuestionarse, en base a modernos e interesados postulados separatistas (anti-históricos), todo el edificio hace aguas, para el común de la gente, y comienzan las dudas y las teorías de vertebraciones y desvertebraciones de España, y tal es el maremágnum en que se nos zarandea desde hace un par de décadas.

    El problema de fondo radica en que las teorías separatistas de la periferia (o las pseudo-separatistas del interior) parten del postulado de la previa existencia de unos “pueblos” hispánicos anteriores y prioritarios a la existencia de España (España no pasaría de ser para ellos sino una especie de “superestructura” artificial -y prescindible por tanto); los substratos “antropológico-étnico-lingüisticos” de cada pueblo son considerados por ellos prioritarios y más importantes que la Historia (tradicional) de España.
    Y da la lamentable casualidad que ese antropologismo barato frente a las “superestructuras opresoras”, coincidente con los postulados marxistoides, es aprovechado y rentabilizado por éstos para sus particulares movidas “anti-opresoras y de liberación”, para redundar, todo junto, en el oscurecimiento de la idea tradicional de España.

    Lo grave es que esas teorías, propias hasta hace poco de gente de Cataluña y el País Vasco, y minoritarias, se han ido extendiendo a Galicia, Andalucía... y por último, en el colmo de la debacle y el esperpento, a León (leonesistas) Castilla, Asturias, “Cantabria”..., y sólo para no ser menos que las “nacionalidades históricas” y sirviendo ya no sólo para la justificación del actual “Estado de las Autonomías” sino incluso para intentar deshacerlo.

    A partir de ahí, se generan reinterpretaciones del pasado de Castilla, de León, etc, realmente delirantes, inimaginables incluso hace sólo un par de décadas, y concebidas en términos, por supuesto, victimistas: o bien un Reino de Castilla “opresor” del “pueblo leonés”: o bien un Reino de León “opresor” del “pueblo castellano”.
    Esta última venía a ser, concretamente, la tesis de Anselmo Carretero. Para que se capte bien el enfoque distorsionador de su teoría, basada en ese marco de “pueblos hispánicos” (contrario a la Historia Tradicional de España), traigo un ejempo, publicado en este mismo Foro:
    http://hispanismo.org/showthread.php...elmo+carretero

    Cuando en 1230 Fernando III reunió en su persona las coronas de León y de Castilla cada una de ellas había alcanzado ya su plena extensión geográfica: la de León comprendía el País Leonés propiamente dicho, Asturias, Galicia y Extremadura; la Castilla incluía el País Vasco (Álava, Vizcaya y Guipúzcoa) y el nuevo reino de Toledo; cada uno de estos países con sus límites históricos
    ¡¡Maravilloso!! Los “países” tenían “límites históricos”... ¡¡antes incluso de que hubiera monarquía!! ¡¡Pero si los “límites históricos” los iban fijando los monarcas con su particular reconquista del suelo a los moros…!! ¡¡Y hablar de ¿¿“países”?? refiriéndose al siglo XIII!!

    No fue aquella la unión de Castilla con León, de los castellanos con los leoneses, corno erróneamente su entenderse, sino de la corona de Castilla con la corona de León, cada una de las cuales incluía varios países, de tal manera que las que quedaron unidas no fueron dos sino siete de las regiones históricas de España.

    sobre todos los países de estas coronas, después sobre España entera, y finalmente sobre el vasto Imperio español

    Castilla quedó definitivamente englobada en un gran conjunto de Países peninsulares

    el reinado de Fernando III no fue la bilateral del País Leonés con Castilla, sino la mucho más plural de todos los países de la corona de León con todos los de la de Castilla
    Es obvio que tal “historia” de Castilla (o de León) está concebida en términos anacrónicos, antihistóricos, y contrarios a la conformación histórica de España.
    Tal discurso pretende reconstruir ficticiamente la historia de España en base a unos supuestos ¡¡países preexistentes a los reinos y a las Coronas!!, donde los Reinos quedan subordinados a los “países”.
    Cosa inaudita que haría inexplicable la formación de España.

    Vamos a ver: ¿Quién habría conformado esos “países”, si no hubiera habido previamente Monarquías vertebradoras donde se incardinaran las gentes (o los “países”)?
    ¿Habrían existido los “leoneses” sin el Reino de Asturias y el posterior de León? ¿Y los “extremeños” sin el Reino de León? ¿Y los “castellanos” sin el Reino de León y el Condado de Castilla? ¿Y los “andaluces” sin San Fernando? ¿Y los “castellanomanchegos” sin el Reino de Castilla y el Reino de Toledo de Alfonso VI? ¿o los gallegos sin la Gallaecia del Bajo Imperio Romano, y el posterior Reino de Galicia?

    Por todo ello, presuponer p.ej. que habría habido extremeños aun sin Reino de León es todo un delirio. ¡¡Pero tal apelación a “pueblos” y “países” previamente a los Reinos presupone precisamente eso!!
    Sin un Reino previo, las gentes no forman “países” sino propiamente tribus y no existen para la Historia sino más bien para la etnografía (p.ej. los salvajes del Amazonas y de Africa, o más cercanamente, los vascos anteriores al siglo XII, o los astures anteriores al Reino de Asturias).

    ****
    Y aquí llegamos a la verdadera clave del problema: el opuesto sentido de la palabra “reino” en la antigüedad y en la actualidad; en los textos antiguos y en el significado moderno. Una diferencia abismal y contradictoria.

    Modernamente, al recalcarse constantemente que todo poder procede del “pueblo”, se logra que sobreentendamos que ya antiguamente incluso eso también fue así (o debió haber sido así) y que los “pueblos”(o los “países”), como tales, estaban ya constituidos “democráticamente” antes que las monarquías que tuvieron (cosa, como digo, falsísima).

    La palabra “reino” antiguamente, en la Edad Media, sólo se consideraba desde la perspectiva del Rey, de la amplitud de su poder y de los territorios a los que se extendía y era Señor (cuantos más,mejor) para denotar su grandeza y poderío.

    Ahora bien, modernamente, como digo, sucede lo contrario: que la palabra “reino” se considera no desde la perspectiva de tal territorio dominado por un Rey, sino del “pueblo de tal territorio” que “consiente” en ser gobernado por tal Rey. Y por tanto, se sobreentiende, falsísimamente, que tal “reino” fue gobernado por tal Rey porque existía previamente allí un “país” (organizado democráticamente…) que pactaría con el monarca para que éste le gobernara.
    Y que una vez hecho tal pacto, dicho “país” pasaría a convertirse en “reino”...

    Y de ahí que los títulos de un Fernado III, de un Alfonso X, de un Enrique II etc, como reyes de... Toledo, de León, de Galicia, de Castilla, de Sevilla, etc. generan modernamente la convicción de que esos “reinos”... debieron consentir en ser gobernados por tal monarca, y que por ello deberían tener cortes propias y respectivas en cada reino. Cosa falsísima, como digo, en la Corona de Castilla (menos falsa en la Corona de Aragón).

    En realidad, las Cortes de entonces (únicas para todos los “reinos” de la Corona), las formaban, junto a la nobleza y los prelados, representantes de algunas ciudades (no reinos) de la Corona de Castilla, pero que no representaban en absoluto al pueblo llano ni al “país”, sino a su ciudad : o sea, sus propios intereses y los de su linaje o los de la clase burguesa local.

    Y más aun: en aquel tiempo, entre el rey y sus súbditos se encontraba además la clase nobiliaria de dichas zonas, infinitamente más protagonista en materia política que el “pueblo” o que el “país”.

    Hay, en el fondo de todas esas falsa teorías, además, una rabiosa modernidad, considerándose veladamente (y anacrónicamente) a cada uno de esos falsos “países”, como una especie de “buen salvaje”: demócrata (por supuesto), respetuoso, educado, confederado, anti-opresor, solidario, culto, etc.
    Y por supuesto, desconfianza hacia las Coronas y los Monarcas, sospechosos siempre de ser, veladamente, fascistas, incultos, antidemócratas, tiránicos...

    Eso es de lo que yo intento avisar: traduciendo al lenguaje moderno lo que nunca antiguamente había necesidad de aclarar, porque siempre se sobreentendía en su sentido tradicional.

    Y por cierto: ¿cuántos “países” o “pueblos” hay, o hubo, en la Corona de Castilla? ¿Y en España?
    Premio para el que lo acierte... ¡¡y coincida con otro!!


    Un saludo.
    Última edición por Gothico; 06/03/2008 a las 22:50

  6. #6
    Antonio Hernández Pé está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Las dos Castillas y León. Teoría de una nación. (Antonio Hernández Pérez)

    Muchísimas gracias por sus sabias palabras (sin ironía alguna por supuesto). Coincido con Vd. en todo lo expuesto aunque a mi parecer, la España actual es el resultado de la Reconquista (con todos los precedentes indígenas, romanos y góticos) y por lo tanto un conjunto de "entes" jurídicos, llamados Reinos, que, desde el siglo XVI, una vez colmada la gran gesta citada, han ido tomando, unos más, otros menos,conciencia de "pueblo", sin que esto menoscabe el hecho de la unidad llevada a cabo por los avatares de la historia. El problema comienza, cuando, como Vd. bien dice, tales pueblos pretenden ser anteriores a los hechos de los que ellos mismos son consecuencia.
    Creo que le he entendido y que podremos seguir entendiéndonos.
    Cordialmente.

  7. #7
    Avatar de Rodrigo
    Rodrigo está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Las dos Castillas y León. Teoría de una nación. (Antonio Hernández Pérez)

    Cita Iniciado por Antonio Hernández Pé Ver mensaje
    ¿No existen en España pueblos claramente diferenciados? Y si existen ¿cuales serían estos, según su opinión?
    Existen exactamente 8.111 pueblos en España, según censo del INE de 2007. Espero haber satisfecho tu pregunta.

  8. #8
    Antonio Hernández Pé está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Las dos Castillas y León. Teoría de una nación. (Antonio Hernández Pérez)

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Capto la ironía, Sr. Rodrigo. De todas formas, muchas gracias.


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