EL DIÁLOGO, EL RESPETO Y LA NO VIOLENCIA
Anda la cosa política revuelta últimamente a costa del asunto de la mal llamada independencia de Cataluña. Esta vez nos han metido el rebaño de borregos cogiditos de la mano hasta en la sopa, cubierto por una televisión pública sometida al servicio del nacionalismo, o lo que es lo mismo, al de la mentira, el adoctrinamiento y la fractura social. Pero sin entrar al tema meramente argumental hay que prestar atención a cómo trabaja el nacionalismo, porque puede que sean malos, pero tontos no son. Por una parte se vende desde las instituciones nacionalistas y medios a su servicio que existe un conflicto entre Cataluña y España. Nos presentan dos bandos claramente definidos y enfrentados, y además como un duelo entre iguales, nación contra nación. Tamaña falsedad no se sostiene, pero han machacado tanto el asunto que incluso ha calado su lenguaje entre instituciones y medios que defienden una postura contraria. Para resolver este conflicto artificial creado a su conveniencia apelan continuamente al diálogo. Ah, el tan manido diálogo. Unos golfos que hacen campañas difamando a Madrid, difamando a España, que dicen que harán la “consulta” sí o sí, que no acatan sentencias firmes de tribunales, que cumplen las leyes sólo cuando les conviene. Éstos son los que reclaman diálogo. Siempre dispuestos a hablar si les das lo que quieren. En cuanto no se lo das, ay, amigo, entonces se acabó el diálogo y empieza la descalificación. ¿Y por qué una cadena humana? ¿Por qué no un enfrentamiento abierto contra ese ogro opresor llamado España, que tan malo y tan perverso es? ¿Por qué no hacer lo que les dé la gana por las bravas? Pues mayormente por dos cosas: La primera es que son unos cobardes y la segunda es que son buenos estrategas y buenos publicistas. En estos tiempos de progres medio “jipis” queda mucho mejor presentarse al mundo como una víctima, como una nación oprimida por una panda de fachas que los tiene esclavizados, y además, piensan, “somos tan buenos que nos rebelamos pacíficamente”. La verdad no les importa. Sólo les importa lo que puedan hacer creer a los demás. Pero, ¿realmente legitima a una causa el hecho de que no se defienda con violencia? Pues no, por supuesto que no. La mentira sigue siendo mentira, la traición sigue siendo traición, Cataluña sigue siendo España. Se debe tener en cuenta también que en Cataluña sí se dan casos de acoso y de violencia contra personas que defienden la unidad nacional, que aunque no sean generalizados también existen y no son más que la consecuencia de las políticas de la Generalitat y de la tensión generada. ¿Y qué me dicen del respeto? Si el asunto no fuera grave sería para mearse de risa. “Madrid ens roba”. “Espanya ens roba”. “L’Espanya subsidiada viu a costa de la Catalunya productiva”. Campañas electorales con un caco con la bandera de España robando la cartera a un catalán. Multas a negocios que rotulan en castellano. Quema de banderas nacionales, ayuntamientos que se pasan por el forro la normativa de símbolos. Los ejemplos son múltiples. El ejercicio de cinismo es tan grande que tendrían que ponerse colorados cuando hablan de respeto. Además, ¿por qué hay que respetar a los traidores? ¿Por qué a los mentirosos, a los manipuladores? ¿Por qué respetar al nacionalismo, que genera odio y divide la sociedad? Lo malo, lo falso y lo injusto no merecen respeto.
VISCA CATALUNYA LLIURE DE NACIONALISME!
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