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Tema: Inventores que España olvidó

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  1. #1
    Avatar de Mexispano
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    Re: Inventores que España olvidó

    Gregorio López.

    Autor desconocido. Siglo XVIII

    #ColeccionesDelVirreinato #ContigoEnLaDistancia

    El personaje de este cuadro aportó valiosos conocimientos medicinales que han entrelazado la tradición europea y la prehispánica, mediante su libro Tesoro de medicinas para todas enfermedades. En su época, el manuscrito se distribuyó sin estar impreso y fue de gran ayuda para atender los problemas de salud más comunes, como la mordedura de perro rabioso, los ojos salidos afuera, la orina que se detiene, la orina podrida o materia en el caño, o las piedras en la vejiga o riñones, entre muchas otras dolencias.
    Gregorio López, “Venerable Varón” o el “Siervo de Dios”, como era conocido por su condición de ermitaño, no obtuvo un título médico, sino que sus conocimientos fueron resultado del empirismo adquirido mientras vivió en lugares remotos donde no había ni cirujanos ni boticas. Nacido en España en 1542, llegó a Veracruz a los veinte años. Vivió siete años al lado de los chichimecas en Zacatecas; posteriormente, en el Hospital de Santa Cruz de Oaxtepec, donde se cultivaban plantas medicinales, tuvo oportunidad de reflexionar sobre los remedios basados en la herbolaria. Pasó sus últimos años en el pueblo de Santa Fe en Tacubaya, cerca de la ciudad de México. Su obra permite acercarnos a las prácticas populares de la medicina en el siglo XVI.

    Texto: Alejandra Cortés, investigadora del MNV.







    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/virreinato/...type=3&theater
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  2. #2
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    Re: Inventores que España olvidó

    ¿Atraso científico en España?





    https://www.youtube.com/watch?v=O7Pmg2TauZE

  3. #3
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    Re: Inventores que España olvidó


    Castillo de Coruña del Conde y avión conmemorativo del pionero de la aviación española Diego Marín Aguilera

    Un visionario llamado Diego Marín de Aguilera


    Un hombre que figura en las páginas de oro de la aviación española


    Last Updated: 31 marzo 2022


    Pues… la verdad es que sí. Lo voy a decir una vez más porque parece que nunca termina de calar: España ha sido cuna de pioneros, patria de una creación inigualable que ha basculado en un prisma multidisciplinar difícilmente igualable.

    Hombres y mujeres de ciencia cuyo legado está mucho más presente en nuestros días de lo que, a priori, podríamos pensar. ¿Y de qué va esto?, ¿a qué cacharro doméstico vas a hacer referencia? Porque suponemos que esto que cuentas va en la línea de “gracias a la inventiva de la II Guerra Mundial hoy tenemos microondas en nuestras casas y tal”. Hummm.. no. De lo que vengo a hablar es de algo mucho más sustancial. Y además íntimamente ligado con uno de los sueños primigenios del ser humano: volar.


    Monumento conmemorativo del vuelo de Diego Marín Aguilera en 1793.

    Iluminemos pues, un marco histórico para contar la historia de un visionario llamado Diego Marín de Aguilera. Estamos en un pequeño pueblo de la Ribera del Duero, en el corazón castellanoleonés y en fechas postrimeras del siglo XVIII. La villa, burgalesa para mejor situación, es Coruña del Conde; un lugar que, en plena proyección ultramarina del Imperio, vio nacer al que sería Obispo de Popayán: Agustín Gormaz Velasco.

    Pues allí vivía don Diego, el mayor de siete hermanos, tipo humilde,sumido en sus quehaceres del pastoreo y, desde muy pequeño, gran observador. Y aquí radicaba la clave… el fuerte de nuestro protagonista: en la contemplación y su consecuente análisis. Le obsesionaba el vuelo de las aves. Examinó todo lo que pudo y más la estructura corpórea de buitres, águilas, milanos, gavilanes y otras aves del lugar cazándolas y diseccionando como el mejor de los cirujanos la mecánica de sus alas. Estudiando su peso, la distribución o la química de la materia.

    Así pasó Diego no pocos años de su vida, creando un gabinete donde ir documentando todo lo que iba aprendiendo sobre la marcha hasta que, un buen día, decidió que con los datos recabados bien podría lanzarse a construir un artefacto con el que poder sentirse pájaro. Y por supuesto, dicho y hecho, el bueno de Aguilar se puso manos a la obra con todo su conocimiento, maestría artesana y la inestimable ayuda de un vecino y buen amigo forjador.

    Seis años duró la fabricación. Una vez terminado su invento, Diego disponía de un artefacto de considerables dimensiones, con un cuerpo o bastidor de más de cuatro metros y unas alas dependientes de unas varillas de forja de ocho metros por lado recubiertas por diferentes tipos de telas y plumas naturales que se abrían en forma de abanico. A esto había que sumar un sistema de estribos y cigüeñales, digamos que lo más parecido a una cabina o panel de control. En principio, la cosa pintaba bien; el aparato en cuestión lucía acorde a los sistemas y estética que durante tanto tiempo Aguilera había estudiado.

    Decidido a probar su invento, a las puertas del verano de 1793, Diego subió con su aparato a lo más alto del pueblo, una peña allá donde se erige el castillo que domina el paisaje. Y desde allí, ante el estupor y la atónita mirada de amigos, curiosos y, en general, vecinos de toda condición, se lanzó inserto en el fuselaje de su rapaz mecánica al vacío. Y sí amigos, voló. Aguilera lo hizo y vaya si voló.



    Tras precipitarse al vacío, se mantuvo cinco metros sobre el suelo e inició un planeo en dirección al Burgo de Osma de 360 metros de longitud hasta que una de las alas cedió y propició un accidente del que nuestro protagonista, eso sí, salió prácticamente ileso. Y lo que es aún más importante: eufórico.

    Claro, no os vayáis a pensar con lo aquí descrito que todo era jauja para el bueno de Marín porque ¡sí ,amigos, somos Humanos! y uno de nuestros pecados capitales es, como bien es sabido, la envidia. Ya sea esta explícita o encubierta. Así las cosas, pocos días después, el mágico artilugio de Diego apareció destrozado. Un grupo de vecinos receló de la gesta y decidió que, por aquello de “quita… quita. Aquí no queremos líos”, acabar categóricamente con un prodigio.

    Cuando Diego se enteró quedó consumido en la rabia y afectado por una ulterior depresión. No le quedó gana alguna de repetir su hazaña y ahí se clausuró su sueño. De lo que este genio autodidacta quizá no fue consciente, es que hoy, no sólo figura en las páginas de oro de la aviación española, sino de la mundial porque se adelantó en ¡cien años! a las prácticas del alemán Otto Lilienthal volando con un aparato más pesado que el aire. O lo que es igual, desafiando las limitaciones físicas impuestas en aquel tiempo.

    Fabio Castaño



    https://elretohistorico.com/un-visio...n-de-aguilera/








  4. #4
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    Re: Inventores que España olvidó

    30 CIENTÍFICOS E INVENTORES ESPAÑOLES QUE CAMBIARON EL MUNDO Y FUERON BORRADOS POR LA LEYENDA NEGRA



    La leyenda negra y el imperio español

    La Leyenda Negra establece para la historia del Imperio español un esquema basado en la idea de la ruina perpetua, donde el país se hizo con el cetro mundial a espadazos, violaciones y fanatismo tras hallar por casualidad un continente que sufragó todos sus excesos; y luego se pasó hasta 1898 pagando por sus pecados, sus deudas, su atraso crónico y por haberse enfrascado en una empresa por encima de sus posibilidades. Según esta idea extendida, la prepotencia y la ceguera de España evitaron que pudiera coger el tren del progreso a tiempo, dando la espalda sistemáticamente a sus élites más preparadas: los judíos, los reformistas extranjeros como Esquilache o los afrancesados de José I.

    La realidad, sin embargo, es que ningún imperio se forma por casualidad ni se se mantiene cinco siglos cayendo, salvo que lo haga a una velocidad de caída imperceptible al ojo humano. La cifra de los sefardíes que llegaron a salir del país puede que no pasara de las 20.000 personas, según las investigaciones del hispanista Henry Kamen, y «no cabe la menor duda de que los judíos no constituían ya una fuente de riqueza relevante [en Castilla y en Aragón], ni como banqueros ni como arrendatarios de rentas ni como mercaderes que desarrollasen negocios a nivel internacional», en opinión de Joseph Pérez recogida en su libro «Historia de una tragedia: la expulsión de los judíos de España» (Barcelona, Crítica).

    El 1 de febrero de 1792 se inauguró en el Alcázar de Segovia el que fue considerado el mejor laboratorio de química de Europa.

    Sobre las reformas procedentes del extranjero y los afrancesados, cabe recordar que una de las primeras cosas que destruyeron las tropas napoleónicas fue el segundo telescopio más grande del mundo, que estaba en Madrid. Porque, así lo demuestras las cifras, la España previa a la invasión napoleónica no estaba lejos tecnológica y económicamente de Inglaterra o Francia, y superaba en muchos campos a otras potencias como Prusia, Austria y Rusia. Así ocurría en química, medicina o botánica. El 1 de febrero de 1792 se inauguró en el Alcázar de Segovia el que fue considerado el mejor laboratorio de química de Europa. Además, España, sola o asociada a otras Cortes europeas, realizó 63 expediciones durante la Ilustración, más que ninguna otra nación en el mundo, lo que le valió el siguiente elogio del viajero y científico Alexander von Humboldt:

    «Ningún gobierno ha invertido sumas mayores para adelantar los conocimientos de las plantas que el gobierno español. Tres expediciones botánicas, las del Perú, Nueva Granada y Nueva España […] han costado al Estado unos dos millones de francos […] Toda esta investigación, realizada durante veinte años en las regiones más fértiles del nuevo continente, no solo ha enriquecido los dominios de la ciencia con más de cuatro mil nuevas especies de plantas; ha contribuido también grandemente a la difusión del gusto por la Historia natural entre los habitantes del país».

    Portugal y España no hubieran podido explorar mares, cientos de islas y todo un continente en solitario durante el siglo XVI. Ni hubiera podido Elcano completar la primera circunnavegación a la tierra sin un bagaje naútico y tecnología a la vanguardia. La Casa de la Contratación de Sevilla no fue sino uno de los principales centros de ciencia aplicada del mundo. Y desde luego no se pueden controlar los campos de batalla sin artilleros y constructores de fortalezas de calidad, esto es, matemáticos e ingenieros.

    El interés por la ciencia de Felipe II fue proverbial, aunque la Leyenda Negra (¡Otra vez, la dichosa leyenda!) quiera presentarle como un fanático religioso con interés en ciencias ocultas como la alquimia. El Rey Prudente fundó la primera Academia de Ciencias y Matemáticas (1582) de Europa y uno de los primeros museos de ciencia en la historia con sede en Valladolid, así como promotor de un conjunto de academias matemáticas por todo el imperio.

    Que la España que él y otros reyes crearon no fue el desierto científico que la Leyenda Negra ha contado, y los españoles han creído, se puede comprobar con esta lista de especialistas de múltiples campos que, a su manera, cambiaron el mundo a mejor.

    1.º Primer centro psiquiátrico

    El mito del país de los fanáticos que dominaron los Reyes Católicos se desmonta con un único dato: España tenía la red más amplia de hospitales psiquiátricos de ese periodo. A iniciativa del padre mercedario Juan Gilabert Jofré se había fundado en el sigo XV en Valencia el primer centro psiquiátrico del mundo con una organización terapéutica.

    Al parecer tomó esta decisión tras presenciar el maltrato que se le daba a un loco en una ciudad española. Por eso creó un hospicio para enfermos mentales denominado de los Santos Mártires Inocentes que recogía a los pobres dementes y expósitos, proyecto aprobada por el Papa Benedicto XIII y el Rey Martín I de Aragón.

    2.º Turriano, un canal hasta Toledo

    Juanelo Turriano es conocido como el relojero italiano que acompañó a Carlos V en Cuacos de Yuste, pero fue mucho más que eso. Nacido en Cremona hacia 1500, vino a España para construir efectivamente dos famosos relojes astronómicos, el Mocrocosmo y el Cristalino, capaz de indicar la posición de los astros en cada momento. Sin embargo, el número de ingenios que desarrolló en el país tenían como único límite su imaginación, incluido un autómata con grandes prestaciones.

    El más famoso fue un artificio para elevar el agua desde el río Tajo hasta el Alcázar de Toledo, situado a unos cien metros de altura. La España imperial captó a muchos talentos internos y externos como el suyo para su empresa mundial.

    3.º Domingo de Soto, precursor de Galileo

    Domingo de Soto era un dominico conocido por sus contribuciones en Teología en Derecho dentro de la llamada Escuela de Salamanca, pero menos por su importante aportación a la Filosofía Natural (la Física). Sus trabajos sobre Mecánica, que expuso en su libro «Quaestiones», en 1551, sirvieron de base a los estudios de Galileo.
    Entre otras cosas propuso que la caída de los elementos pesados obedecía a un patrón de movimiento uniformemente acelerado en el tiempo, esto es, que la velocidad de caída de un objeto es directamente proporcional al tiempo. Otro español, Diego Diest, planteó cuarenta años antes el mismo planteamiento, aunque en su caso supuso de forma errónea que la velocidad de caída era directamente proporcional al espacio recorrido en vez de al tiempo. Error en el que también cayó al principio Galileo, antes de corregirlo como Domingo de Soto había apuntado.

    4.º Alonso de Santa Cruz y la variación magnética

    De forma excepcional la Universidad de Salamanca incluyó en sus estatutos de 1561 que en la cátedra de Astronomía podía leerse a Copérnico, cuyo gran valedor fue Juan de Aguilera, profesor de astrología en este centro de 1550 a 1560. En 1594, la lectura se declaró obligatoria y el propio Felipe II costeo personalmente, entre otros, los trabajos de Alonso de Santa Cruz, que fue el primero en describir la variación magnética, y de Juan López Velasco, que describió los eclipses lunares entre 1577 y 1578.

    La teoría heliocéntrica gozó así en España de gran vigencia, mientras Calvino se dedicaba a atacar a Copérnico por osar colocarse por encima del Espíritu Santo y, en 1551, Kaspar Peucer, yerno de Melanchton y profesor como él de la protestante Universidad de Wittemberg, pidió que se prohibiera sus enseñanzas.

    5.º Herrera, el gran arquitecto del siglo XVI

    Juan de Herrera fue un matemático de primer nivel del siglo XVI, cuyos trabajos para Felipe II se materializaron en puentes, presas, canales y, por supuesto, el Real Monasterio de El Escorial, una de las construcciones de mayor envergadura de su tiempo, para la cual empleó unas grúas especiales y técnicas que jamás se habían aplicado a ese nivel. Herrera, además, creó las esclusas que permitieron la navegación por los canales de Aranjuez. En «Su Discurso sobre la figura cúbica» plasmó sus conocimientos de geometría y matemáticas, mientras que su participación en algunas de las campañas militares de Carlos V demostraron que no le importaba mancharse las manos de barro.

    6.º Miguel Servet, un aragonés en Ginebra

    Filósofo, teólogo, filólogo, geógrafo, astrónomo, fisiólogo y médico. Miguel Servet es un personaje central del siglo XVI, cuyo descubrimiento sobre la circulación sanguínea sería años después fundamental para toda la ciencia médica. Sin embargo, el aragonés es hoy recordado casi en exclusiva por su enfrentamiento con el reformistas Calvino, que ordenó que quemaran a Servet extramuros de Ginebra, en una zona llamada Champel, el día 27 de octubre de 1553. La muerte fue especialmente agónica debido a que los maderos de la hoguera estaban húmedos y tardaron en arder.

    Antes de su muerte, incluyó en una obra de carácter teológico la primera descripción de todo Occidente de la circulación menor, aquella que ocurre entre el corazón y los pulmones para oxigenar la sangre, si bien no tuvo impacto en la comunidad científica de su tiempo por ser un autor bastante desconocido. En vida solo fue conocido por un escrito sobre jarabes que alcanzó seis ediciones.

    7.º Lastanosa, «maquinario» e inventor

    El oscense Pedro Juan de Lastanosa fue un ingeniero de máquinas, inventor y tratadista de obras de hidráulica del siglo XVI. Ayudante del cosmógrafo e ingeniero de Carlos V Jerónimo Girava, colaboró con él en la traducción de la «Geometría Práctica» de Fineo y en diversas obras de ingeniería hidráulica. En 1563 pasó al servicio de Felipe II como «maquinario» y «maestro mayor de fortificaciones», en cuyo puesto intervino en diversas obras de ingeniería, como la Acequia Imperial de Aragón, los riegos de Murcia, las fortificaciones de los Alfaques o las mediciones topográficas para hacer un mapa de España junto a Esquivel. Inventó varias máquinas inéditas como un molino de pesas.

    8.º Nicolás Monardes, pionero en botánica

    Nicolás Monardes fue uno de los autores más importantes del Siglo de Oro de la ciencia española, cuya obra fue ampliamente difundida en toda Europa por las descripciones botánicas de especies americanas, totalmente desconocidas en Europa, como el tomate, la patata o el tabaco. En poco más de cien años sus obras alcanzaron cuarenta y dos ediciones en seis idiomas. Fue, además, el primer autor conocido en informar y describir el fenómeno de la Fluorescencia (un tipo particular de luminiscencia), en su libro «Historia Medicinal» (Sevilla, 1565), donde describe el extraño comportamiento de ciertas infusiones de Lignum nephriticum.

    9.º Los 50 inventos de Ayanz y Beaumont

    El navarro Jerónimo de Ayanz y Beaumont fue un inventor, ingeniero, científico, administrador de minas, comendador, regidor, gobernador, militar, pintor, cantante y compositor de música del siglo XVI que patentó medio centenar de inventos. Entre sus innovaciones figuran métodos metalúrgicos, balanzas de precisión, equipos para bucear, hornos, destiladores, sifones, instrumentos para medidas de rendimiento en máquinas, molinos hidráulicos y eólicos, molienda por rodillos metálicos, presas de arco y bóvedas, bombas hidráulicas de husillo y para achique de barcos, eyectores y máquinas de vapor. Muchas de estas invenciones se adelantaron un siglo a las que se desarrollarían en Inglaterra durante la Revolución Industrial.

    10.º Hugo de Omarique y el elogio de Newton

    Antonio Hugo de Omerique fue un matemático gaditano completamente olvidado que nació en el siglo XVII. Se sabe que escribió un tratado de aritmética y dos de geometría que no llegaron a publicarse y que se perdieron. No así su «Analysis geométrico», muy difundido en Europa y que Isaac Newton elogió en los mejores términos. Omerique presentó en esta obra un nuevo método para la resolución de problemas geométricos, usando y desarrollando las proporcionales, algo revolucionario para la época. Que su obra llegara hasta Inglaterra da fe de que la España de la época estaba totalmente conectada a Europa.

    11.º Celestino Mutis: la corteza jesuita

    José Celestino Mutis y Bosio consagró su vida a la medicina, a la geografía, a la difusión de las ciencias útiles, a la Ilustración y al estudio de la flora y la fauna de Nueva Granada. La mayor aportación a la ciencia terapéutica de este sacerdote se centró en el estudio de los aspectos botánicos, agrícolas, comerciales y médicos de la exótica droga llamada «quina» o «cascarilla». Este «oro verde», que se extraía de la corteza de una especie de árbol originario de América del Sur en la selva lluviosa de Amazonia, fue introducido en Europa por los jesuitas ya en el siglo XVII como poderoso febrífugo, del que se dijo que «fue para la medicina lo que la pólvora para la guerra».

    El empleo de la quina para combatir el paludismo, fiebres tercianas y otras enfermedades similares puso en cuestión las teorías medievales de que las enfermedades frías había que combatirlas con sustancias calientes, y viceversa. Gracias a los usos hallados por Mutis, la Real Botica española se convirtió en el centro receptor de estas corachas de esta planta (considerada demoníaca por el mundo protestante) y, con ello, llegó a convertirse en uno de los templos científicos más importantes de Europa. El Colegio de Cirugía que desarrolló, en base a un plan de estudios de la medicina moderna, se copió en el extranjero y se exportó por todo el mundo.

    12.º Jorge Juan: el hombre que midió la tierra

    El militar y científico Jorge Juan fue el primero en medir la longitud del meridiano terrestre en una expedición naval realizada entre 1736 y 1744. Protegido por el Marqués de Ensenada, que le envió como espía Inglaterra a conocer las técnicas de construcción naval de este país, Jorge Juan fue recompensado por esta tarea con el nombramiento en 1752 de Director de la Academia de Guardias Marinas de Cádiz. Allí experimentó él mismo en la construcción naval con resultados, basados en cálculos matemáticos, que impresionaron a los ingleses.
    Desgraciadamente, con la caída de Ensenada las técnicas de Jorge Juan serían desechadas en favor del tipo de construcción naval francesa, más atrasado pero defendida por los sustitutos de Ensenada. El conocido como «el Sabio español» en el extranjero elaboró en sus últimos años de vida un plan para una expedición que calculara el paralaje del Sol, es decir, la medición exacta de su distancia a la Tierra.

    13.º Antonio de Ulloa: el descubridor del platino

    El marino Antonio de Ulloa fue quien dio a conocer a Europa el platino, un elemento químico de número atómico 78, que halló en Esmeraldas (Ecuador), aunque técnicamente quien figura como su descubridor es un autor británico que estudió sus propiedades. Ulloa, que en cualquier caso le dio el nombre y la publicidad al elemento, participó en múltiples tareas científicas y contribuyó a que la Armada fuera un cuerpo ilustrado bajo la protección también de Ensenada.

    14.º Félix de Azara, fundamental para Darwin

    Félix de Azara fue un militar, cartógrafo y científico español enviado a Paraguay por Carlos III a trazar las fronteras del Imperio español. Aburrido por su tarea militar, Azara se dedicó a catalogar hasta 448 especies (preferentemente pájaros), corrigiendo por el camino la identificación y descripción de muchas especies sudamericanas que el famoso francés Conde de Buffon había anotado mal. Su trabajo facilitó que Charles Darwin desarrollara su teoría sobre «El Origen de las Especies», como el propio británico reconoció. El naturalista inglés que desarrolló la idea de la evolución biológica a través de la selección natural cita a Félix de Azara una quincena de veces en su «Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo», dos en «El origen de las especies» y una «El origen del hombre».

    15.º El descubridor español del vanadio

    Si bien España no figura como descubridor del platino, si lo hace en otros dos elementos químicos. Uno de ellos el vanadio, injustamente atribuido de forma conjunta a un sueco y un español. Y es que en 1801, al examinar muestras minerales procedentes de Zimapán en el actual Estado de Hidalgo en México, el madrileño Andrés Manuel del Río llegó a la conclusión de que había encontrado un nuevo elemento metálico. Un año después entregó muestras de su hallazgo a Alexander von Humboldt, quién los envió a Hippolyte Victor Collet-Descotils en París para su análisis.

    Del Río se retractó de su afirmación, pero treinta años después el elemento fue redescubierto en 1831 mientras el químico sueco Nils Gabriel Sefström trabajaba en un óxido obtenido de minerales de hierro
    Collet-Descotils analizó las muestras e informó de forma equivocada de que contenía solo cromo, por lo que von Humboldt, a su vez, rechazó la pretensión de Del Río sobre un nuevo elemento. Del Río rectificó públicamente, pero treinta años después el elemento volvió a ser descubierto, en 1831, mientras el sueco Nils Gabriel Sefström trabajaba en un óxido obtenido de minerales de hierro. Sefström lo llamó vanadio en honor a la diosa escandinava Vanadis, nombre que oficialmente mantiene hoy.

    16.º Descubridor de la «thenardita»

    El catedrático de Química del Real Conservatorio de Artes José Luis Casaseca y Silván también tiene difícil que se vincule su nombre con su descubrimiento, aunque en su caso se debe a su humildad. En 1826, logró dar con el mineral de la «Thenardita», pero él mismo pidió que el nombre se le diera al francés L. J. Thenard, quien había sido su profesor durante tres años en París. Su generosidad jugó en contra de su fama.

    17.º El wolframio, un metal escaso

    Únicamente el wolframio o tungsteno figura como elemento químico aislado en exclusiva en territorio español, en su caso por los hermanos Fausto y Juan José Elhuyar hacia 1783. Este metal escaso y muy valioso fue el primer elemento químico descubierto sin ser extraído directamente de la naturaleza, ya que no existía en forma libre, sin combinar químicamente.

    18.º Una expedición que cambió el mundo

    El médico Javier Balmis y Berenguer es más conocido por su aportación a las causas humanitarias que por gloria de la ciencia, si bien ambas cosas están íntimamente relacionadas. Este militar que llegó a ser el médico personal de Carlos IV convenció a este Rey y sus ministros para promover una expedición que esparciera, de forma altruista, la vacuna de la viruela a lo largo del globo. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna contra la Viruela (1803-1814) recorrió La Coruña, Puerto Rico, Venezuela, Cuba, México, Texas, Colombia, Chile, Filipinas e incluso hicieron varias incursiones en territorio chino. Aquello salvó una cantidad indeterminada de vidas de una enfermedad que, ricos o pobres, padecía todo el mundo a lo largo de su vida.

    19.º El ingenio que planificó San Petersburgo

    Agustín de Betancourt fue uno de los científicos europeos más influyentes de su tiempo. Este ingeniero civil y militar, arquitecto, ensayista, precursor de la radio, telegrafía y la termodinámica trabajó para el Reino de España y el Imperio Ruso en diversos proyectos. Por encargo del Zar Alejandro I diseñó y planificó el desarrollo urbanístico de varias ciudades rusas, entre ellas San Petersburgo. Asimismo, diseñó la primera máquina a vapor continental y varios globos aerostáticos. Para España fundó la primera Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales en 1802.

    20.º La contribución a la lucha contra el cólera

    Jaume Ferrán i Clua, médico y bacteriólogo de finales del siglo XIX, elaboró una vacuna contra el cólera, con gran éxito en su uso en una epidemia en Valencia, y descubrió curas también contra el tifus y la tuberculosis.

    21.º Una calculadora revolucionaria

    Ramón Silvestre Verea (1833-1899), creó la calculadora más avanzada de su tiempo, capaz de realizar multiplicaciones de forma directa, una innovación que dejó obsoletas a las calculadoras de la época que solo realizaban sumas básicas.

    El aparato del español comenzó a gestarse en Nueva York, en donde trabajaba como periodista. Él mismo se formó por su cuenta en ingeniería y mecánica, estudios que culminó en 1878 con la creación de esta calculadora formada por un cilindro metálico de diez lados, cada uno de los cuales tenía una columna de agujeros con otros diez diámetros diferentes. Con un solo movimiento de manija, se conseguían realizar sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. Verea, de procedencia pontevedresa, nunca se interesó lo suficiente en comercializar la calculadora.

    Su innovador sistema de cilindros le sirvieron para aparecer en la revista Scientific American y para ganar una medalla en la Exposición Mundial de Inventos de Cuba en 1878.

    22.º Pagés Miravé, el inventor de la epidural

    Fidel Pagés Miravé fue un médico militar del siglo XIX que trabajó en Melilla durante la Guerra del Rif, donde pudo ensayar un método experimental para anestesiar a los heridos del conflicto, que no eran pocos. En junio de 1921, Fidel Pagés publicó en una revista fundada por él su método, que llamaba Anestesia Metamérica, lo que hoy se conoce como epidural, lo que apenas tuvo eco en la comunidad internacional. Achilles Dogliotti, un médico italiano, se arrogó en 1932 el mérito de haber descubierto la anestesia epidural tras probablemente leer el artículo de Pagés, que falleció una década antes. La comunidad internacional aplaudió la aportación de la medicina italiana al acervo universal.

    23.º El mejor dirigible de su tiempo era español

    Leonardo Torres Quevedo fue un ingeniero de caminos cántabro que dirigió de forma sobresaliente el Laboratorio de Mecánica Aplicada y desarrolló el primer dirigible español, muy por encima del resto de modelos europeos. La empresa francesa Astra tomó buena nota de ello y le compró la patente. Incansable, el cántabro también es conocido por diseñar el primer teleférico mecánico y la primera máquina calculadora.

    24.º El drama del submarino de Peral

    Isaac Peral no inventó el submarino como tal, pero este científico, marino y militar de Cartagena, teniente de navío de la Armada, desarrolló el primer submarino torpedero que se propulsaba por medio de la energía eléctrica. Su nave superó las pruebas técnicas, pero las autoridades desecharon el invento de Peral, que tras retirarse de la Marina se dedicó a restablecer su prestigio dañado.

    25.º El primer libro electrónico

    La maestra de escuela Ángela Ruiz Robles inventó en los años cuarenta del pasado siglo «el libro mecánico», considerado un precedente directo del libro electrónico. El ingenio desplegaba temas del saber y los interconectaba a través de un sistema de resortes y aire comprimido que incluía luces y circuitos electrónicos. Todo ello comprimido en el espacio que ocupa un estuche escolar. Alberto G. Ibáñez recuerda en su libro «La Leyenda Negra: Historia del odio a España» (Almuzara) que esta mujer viuda con tres hijas, además, patentó en 1962 otro prototipo de libro que «se recargaba con carretes donde se incluían las lecciones que debían estudiarse; desde el inglés, la lengua o las matemáticas». Su invento nunca fue comercializado.

    26.º El inventor del petróleo sintético

    El aragonés Rafael Suñén inventó el petróleo sintético a partir del carbón vegetal, fórmula que era mucho más barata. Como también explica Alberto G. Ibáñez en «La Leyenda Negra: Historia del odio a España» (Almuzara), su innovación atrajo el interés de los gobiernos francés y británico, pero él se negó, «empeñado en que se explotara en España. Cuando se inició la Guerra Civil fue arrestado por el Gobierno republicanos en Madrid e ingresa en la cárcel Modelo, de donde “desaparecería” como otros tantos de la época».

    27.º Herrera Linares: el primer traje espacial

    El ingeniero militar Emilio Herrera Linares diseñó en los años treinta del pasado siglo un aerostato de 24.000 metros cúbicos, 36 metros de diámetro y 1.740 kilos de peso, con el objeto de superar los 20.000 metros de altura. Para alcanzar esa altura, Herrera entendió que necesitaba un traje adecuado, con un revestimiento de tres capas: «Como resultado de estos estudios y ensayos consiguientes, quedó construida la primera escafandra del espacio que haya existido y se haya ensayado en el mundo», anotó el granadino.

    Debido al estallido de la Guerra Civil, Emilio Herrera no pudo probar su traje, que fue destruido y la tela del globo con el que pensaba ascender hasta la estratosfera fue utilizada por los soldados republicanos para hacer abrigos. Aunque su invento acabó llegando a oídos de la NASA, rechazó una oferta para trabajar con ellos y, aunque monárquico, conservador y liberal, permaneció en el exilio, donde ejerció de presidente del gobierno republicano en el exilio entre 1960 y 1962. Su escafandra está considerada una de las mayores aportaciones europeas a la conquista del espacio.

    28.º Primer aparato de rayos X portátil

    Mónico Sánchez fue un ingenio cluniense que inventó en 1907 un aparato de rayos X portátil, aproximadamente de diez kilogramos, utilizado en numerosos hospitales europeos y americanos. Su invento salvó muchas vidas y le colocó entre los científicos más demandados de EE.UU., donde llegó a trabajar como ingeniero. Fue también un pionero de la telefonía sin hilos.

    29.º Inventor del autogiro

    El murciano Juan de la Cierva, ingeniero de caminos, canales y puertos, fue el inventor del girocóptero y un pionero del aire a nivel mundial. La empresa The Cierva Autogiro Company LTD, con sede en Londres, suministró estos aparatos por todo el mundo y le convirtió en una figura mediática. En su aterrizaje en EE.UU. se dio el lujo de llegar a los mandos de su autogiro al jardín de la Casa Blanca, donde fue agasajado por el presidente H. C. Hoover. El 18 de septiembre de 1928 aumentó su fama mundial tras conseguir atravesar el Canal de la Mancha por primera vez con su ingenio.

    30.º Cirugía pionera del oído

    Antolí Candela, cirujano del siglo XX, fue todo un pionero en operaciones de estapedectomía y en devolver el oído a los sordos. El valenciano aportó las primeras actuaciones de cirugía plástica bajo una asepsia y anestesia endonasal, incluyendo novedosos tratamientos de decorticación en el rinofima. Practicó también la faringología.

    Una lección de historia para combatir el mito

    A principios de este año, el catedrático de la Universidad de Granada José Ramón Jiménez Cuesta impartió la conferencia «El mito del atraso científico español durante la Revolución Científica» en el Centro Artístico Literario y Científico de Granada. Un trabajo que se puede consultar vía online y sirve para desmitificar la corriente de opinión que sostiene que, coincidiendo con el inicio de la Revolución Científica, se produjo un atraso en España que condicionó su desarrollo científico hasta hoy. «España estuvo al día de los conocimientos científicos más relevantes en el siglo XVI y comienzos del siglo XVII y hubo personas que hicieron contribuciones decisivas que, por desgracia, han pasado desapercibidas o han sido intencionalmente olvidadas», defiende este catedrático como punto de partida de su ponencia.

    Entre los campos cultivados en ese Siglo de Oro español, Jiménez Cuesta reivindica el valor científico de la Casa de la Contratación de Sevilla, fundada para formar a profesionales en astronomía, cosmografía, diseño de instrumentos de navegación y demás conocimientos necesarios para mantener abierta la travesía entre América y España. En palabras de este catedrático, esta institución del saber se «convirtió con el tiempo en una especie de Cabo Cañaveral de la Astronomía y el Arte de Navegar y un centro absolutamente receptivo a todas las ideas y conocimientos que llegaban de todas partes del mundo».

    «Con el paso del tiempo, la hegemonía científica de Francia (país católico) o Inglaterra (anglicano) tiene que ver más con cuestiones económicas que religiosas»

    Otro mito que este catedrático intenta desmontar en su trabajo es la idea de que España no entró en la Revolución Científica debido a su condición de país católico. «Este es un tópico sin fundamento. Lo único que podemos decir es que hay una correlación temporal entre la Revolución Científica y la Reforma Protestante. La reforma, se considera que comienza en 1517, prácticamente la misma fecha en la que Copérnico publica el “Comentarioulus”. Hubo grandes científicos católicos, Copérnico, Galileo, Pascal y grandes científicos protestantes o anglicanos como Kepler y Newton. Había científicos católicos en cortes protestantes y a la inversa. Con el paso del tiempo, la hegemonía científica de Francia (país católico) o Inglaterra (anglicano) tiene que ver más con cuestiones económicas que religiosas».


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    Re: Inventores que España olvidó

    El hidropedal, ese invento español que nos divierte y nos condena

    Ramón Barea, de origen vasco, lo patentó en 1893 y lo presentó en la playa de La Concha


    Luis Ybarra

    17/07/2022 a las 11:22h.



    «Artefacto flotante», así lo catalogan algunos papeles en materia de propiedad y seguros. Y qué bien le queda el título a esta embarcación que apenas navega. Que está, en el imaginario colectivo de los vivos, en cualquier playa española desde tiempos inmemoriales, con una presencia especialmente notoria en las zonas más turísticas del litoral. Su invención, sin embargo, sí tiene una fecha concreta. Y también autoría: de un español.

    Ramón Barea, así se llamó el donostiarra que el 3 de junio de 1893 patentó el hidropedal. Fuera de estas fronteras lo reconocieron. Así, mereció la Medalla de Oro y un diploma de la Academia de las Ciencias de Francia. En la Exposición Universal de París de 1900, presentó esa creación que no ha evolucionado demasiado y que todavía hoy nos divierte y nos condena con sus rumbos difusos, bamboleos febriles entre las olas y mañanas de batalla familiar cuando entre los tuyos habita un escaqueado que finge grandes esfuerzos limitándose a posar sus pies en los pedales.

    Las imágenes de Ramón Barea echándose a los mares que bañan La Concha, en San Sebastián, han pasado desapercibidas hasta nuestros días. Aquello fue un bautizo. La carta de presentación al mundo de un tipo que confiaba en su artilugio. A danzar por la superficie del agua se marchó con la boina calada, gafas, poblado bigote y botas negras. Con el semblante orgulloso, propio de quien pedalea agarrado al manillar que han originado sus manos. Sabía que funcionaba. Más que testado estaba.











    Como las sombrillas, los bañadores y los cuerpos, desde hace décadas tiñen la arena de mil colores. Han variado sus materiales, y la mayoría se fabrican en fibra: rojas, verdes, azules. Con toboganes y sin ellos. En Málaga y Huelva. Por Cádiz, Valencia y Perth, ya en Australia. Yo he visto siniestros cementerios de pédalos, como también los llaman, con aspecto de decadencia circense al sufrir el abandono. En uno de los embalses de la Reserva Natural del Castillo de las Guardas, por ejemplo, yacen quietos mirándose unos a otros; tienen cabeza de cisne.

    Alquilarlos, entre amigos, supone transformarlos en verdaderas atracciones de feria. Pululan, siempre cerca de la orilla, en la franja habitualmente de mayor oleaje, anunciándose con risas ordinarias y espontáneas. Lo popular navega en patín, otro sinónimo. Y los patines, por eso, nos igualan entre conversaciones de piratas e intentos fallidos de regatas que van cambiando libre albedrío su objetivo.

    Son, asimismo, la resistencia. Se impusieron, dada su fácil manejabilidad, aunque nunca llegue a conseguirse del todo, a la vela ligera entre los navegantes sin titulación. Llegó el windsurf a las costas españolas y ellos siguieron ahí, junto al hombre que bajo la sombrilla los gestiona. En la actualidad, cuando el kitesurfing y ese sinfín de derivados que orbitan a su alrededor se han popularizado entre todos los públicos, permanecen tumbados en desigual hilera, allí donde veranea el pueblo que no se avergüenza de sus tortillas.

    Que el chupa-chups le haya robado protagonismo entre los inventos patrios al hidropedal resulta escandaloso, cuando es más visual y goza de presencia en todo el planeta: de Gales a México y Japón, así que piensen en Ramón, este año, al surcar con risa y torpeza los más leves océanos.





    https://sevilla.abc.es/viajar/hidrop...12224-nts.html

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