Re: Vino
Sobre el artículo publicado por La Vanguardia tengo que decir que discrepo directamente hasta del titular. Que un arqueólogo afirme que la "la cultura" y el "buen vino" nos llegaron juntos por "Empúries" (en catalán), al tiempo que afirma de si mismo que es ateo sin venir a cuento, pues ya dice bastante.
Primero, ¿qué es cultura? ¿a qué se llama cultura?, y es que después de 25 siglos sociólogos, antropólogos, historiadores, biólogos, psicólogos sociales, etc., siguen sin ponerse de acuerdo en el significado no ya del término, sino del concepto y siguen sin dar una definición más o menos unitaria. Resulta muy recomendable la consulta de un clásico del tema: Revisión crítica de conceptos y definiciones (de cultura), A.L. KROEBER/ C. KLUCKHOHN, que ya cité no hace mucho en otro hilo y donde analizan 164 definiciones de cultura. Sólo para el concepto, KLUCKHOHN emplea 27 páginas. Todas ellas se pueden condensar en 5 grupos: Descriptivas. Normativas. Históricas. Psicológicas. Genéticas. Y esta muestra es de dos antropólogos solamente. El número de tratadistas desde los diferentes posibles enfoques, no se puede contar.
Segundo, habla del "buen vino", ya ¿y cómo es que desde casi el comienzo reconoce que los arqueólogos no pueden conocer las músicas ni paladear los vinos? Por tanto, ¿cómo saber si los vinos que se tomaban, por ejemplo, en Tartessos no eran mejores? En cualquier caso, es sabido que se han reproducido los métodos de crianza de aquellos caldos y al parecer los resultados no han sido los esperados. Porque no es igual criar un vino en un ánfora que en una barrica de roble. Y es que unos vinos que se rebajaban con "agua de mar", caso de los grandes crudos de Cos, Clazomenas o de Rodas, no creo que fuesen del agrado de los paladares actuales. Aunque hoy en día se puedan tomar vinos resinados, como el "retsina", cuyo origen se remonta a más de 2000 años, y debido a que las ánforas las sellaban con resina de pino, el caldo acababa aromatizado con diversas intensidades al parecer siempre fuertes.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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