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Tema: La Catedral de Burgos

  1. #1
    Avatar de Hyeronimus
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    La Catedral de Burgos

    La Catedral de Burgos es una de las obras cumbres del gótico español y cronológicamente la primera representación de la arquitectura gótica clásica en la corona de Castilla y toda España.
    Cronología de la construcción
    Este templo sustituyó a la iglesia románica de tres naves que la precedió y que fue impulsada por Alfonso VI a finales del siglo XI.
    La iniciativa de construir un nuevo templo más grandioso que el anterior fue del obispo Don Mauricio al que el rey Fernando III mandó recoger a su futura esposa Beatriz de Suabia en 1219. Es así como el obispo Mauricio recorre un largo camino desde el corazón de Castilla hasta las tierras del Sacro Imperio Romano Germánico atravesando toda Francia. Es fácil suponer que en su recorrido observaría la grandeza del gótico que se estaba erigiendo por aquellos años en Francia y, deseoso de imitarlo, influyó en el monarca para un nuevo y ambicioso proyecto.
    En la catedral gótica de Burgos se perciben dos fases claramente identificables: la de estilo gótico clásico (siglos XIII y XIV) que desarrollan los primeros maestros y la segunda de estilo gótico flamígero, protagonizada por la familia Colonia.
    Fase inicial: siglo XIII
    La primera piedra se coloca en 1221. No se conoce la identidad del primer maestro de la catedral, aunque es de suponer que fuera extranjero, posiblemente francés, puesto que trae un modo de construir -el llamado en la actualidad gótico clásico- que es desconocido en la España de comienzos del siglo XIII.
    Hasta hace algún tiempo se especuló con que este maestro fuera Ricardo, vinculado a la actividad que se desarrolla en el monasterio de las Huelgas. Sin embargo, en la actualidad esta posibilidad ha quedado descartada.
    Lo que sí es deducible es que este maestro francés conocía la actividad realizada en la catedral de Bourges, cuya cabecera se asemeja a lo que hoy se considera que era la primitiva cabecera de la catedral de Burgos, ya gótica. Esta cabecera primitiva tenía una girola con una serie de capillas radiales intercaladas entre contrafuertes.
    Hacia 1233-1240 el edificio ha evolucionado con gran rapidez y se ha alcanzado el transepto y se avanza en las naves hacia los pies.
    En una fecha próxima a 1240 se hace cargo de las obras el segundo maestro, del que sí se conoce su identidad. Se trata del Maestro Enrique, que trabajará también en la catedral de León.
    No sabemos la causa de su decisión, pero el caso es que Enrique decide modificar el planteamiento de la anterior cabecera y transformarla radicalmente, disponiendo un profundo presbiterio de tres tramos, rodeado de una amplia girola, a la que se abren cinco amplias capillas poligonales, precedidas por dos capillas rectangulares a cada lado, tal y como se había realizado en Reims. Los refuerzos son con arbotantes.

    Se sabe que ha finales de la sexta década del siglo XIII (1255-1260) se está trabajando ya en el hastial occidental y en sus portadas.
    A partir del siglo XIV se hicieron grandes transformaciones en las capillas de la girola.
    Fase final: Siglos XV y XVI
    La catedral de los siglos XIII y XIV va a recibir un nuevo impulso en el siglo XV, con la aportación de Juan de Colonia y, sobre todo, su hijo Simón.
    Ellos traen el gótico flamígero germánico a Burgos. En este impulso se embellece la fachada occidental construyéndose las famosas agujas que rematan las torres.
    También se levanta el cimborrio, obra del alemán Juan de Colonia a finales del siglo XV, que posee una bóveda estrellada con plementería calada. El cimborrio causa ruina en el XVI, rehaciéndose en ese mismo siglo por Juan de Vallejo en estilo plateresco.


    CATEDRAL BURGOS

  2. #2
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    Re: La Catedral de Burgos

    La arquitectura y escultura de la Catedral de Burgos
    El interior
    El edificio construido en la primera etapa del siglo XIIII tiene tres naves de seis tramos, crucero muy saliente en planta, presbiterio de tres tramos más y ábside poligonal, rodeado por una girola que se abre a capillas semidecagonales.
    Es un edificio abovedado en su totalidad con crucería simple -salvo los tramos contiguos al crucero que tiene crucería estrellada- en tramos rectangulares, con un nervio de ligazón o espinazo en el sentido longitudinal del templo, característico de la escuela de Burgos, que aparecerá en otras construcciones góticas posteriores de la Corona de Castilla.
    A pesar de seguir modelos franceses, (la planta muestra conexiones con la catedral francesa de Coutances y el alzado con Bourges) en Burgos se concibe un alzado mucho más cerrado que el etéreo gótico francés.
    Así, por encima de los arcos formeros de la nave principal corre un hermoso triforio (con bellos arcos trebolados cobijados por arcos escarzanos, cuyo tímpano está perforado por cuadrifolios, como en Bourges) pero cerrado al exterior y las ventanas del tercer cuerpo o claristorio tiene un moderado desarrollo.
    Además de la estructura general ya descrita, hay tres elementos muy destacables: el interior de la Capilla de los Condestables, la espectacular belleza del cimborrio, de estilo plateresco y la Escalera Dorada, obra de Diego de Siloé.
    El interior del templo acumuló durante siglos todo tipo de obras de arte: retablos, pinturas, orfebrería, etc.


    CATEDRAL BURGOS

  3. #3
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    Re: La Catedral de Burgos

    El Exterior
    Salvo las puertas de la fachada principal, reformadas en soso estilo neoclásico en el siglo XVIII, el resto del templo muestra una bella galanura gótica por doquier.
    Los principales grupos escultóricos se concentran, como es habitual en el gótico, en las portadas pero también en la Galería de los Reyes.
    Puerta del Sarmental
    El elemento más destacable del exterior de la Catedral de Burgos es la Puerta del Sarmental, abierta en el muro meridional del transepto. Si la catedral burgalesa se considera pionera de este estilo en España, la Puerta del Sarmental, construida entre los años 1235-1240, también se valora como la primera manifestación escultórica genuinamente gótica, aunque -como veremos- no exenta de arcaísmos iconográficos.
    En el tímpano se presenta a Cristo en Majestad que bendice con su mano derecha y porta el Libro de la Vida en su izquierda. Se encuentra rodeado por el Tetramorfos. Esta iconografía del Apocalipsis de San Juan es propia del románico, no del gótico, de ahí su carácter retardatario. La novedad es la presencia en la parte superior y extremos de los cuatro evangelistas escribiendo sus enseñanza en los Evangelios sobre pupitres.
    Las arquivoltas muestran ángeles, ancianos, y las alegorías de las artes liberales (trivium y quadrivium) puesto que esta puerta se hallaba junto a la prestigiosa Escuela Catedralicia donde se impartían estas enseñanzas.
    En el dintel situado bajo el tímpano se esculpió un Colegio Apostólico, que a pesar de su menor tamaño respecto a otros elementos de la portada, es de excelente calidad.
    En las jambas hay dos grupos de tres estatuas a cada lado, que fueron repuestas en el siglo XVII y representan a Aarón y Moisés a la izquierda y San Pedro y San Pablo a la derecha. Las dos restantes no son identificables.
    No cabe duda que estamos ante una puerta construida por artistas extranjeros, probablemente procedentes de Amiens y de Reims. La solemnidad y elegancia del Pantocrátor recuerdan a lo existente en Amiens, mientras que el movimiento y dinamismo de los apóstoles parece relacionarse con la escultura de Reims.
    En el parteluz aparece una estatua reconstruida, dado el deterioro de la original, de un obispo, cuya identidad nos es desconocida. Bien podría tratarse del obispo Mauricio, por su relevante papel como impulsor de la catedral. Sin embargo para José María Azcárate se trataría de un obispo santo ligado a la historia antigua hispánica. Tal es el caso de otras catedrales franceses donde se representan reyes y obispos de los primeros momentos del mundo franco. Siguiendo esta hipótesis se podría tratar de San Indalecio.

    CATEDRAL BURGOS

  4. #4
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    Re: La Catedral de Burgos

    Puerta de la Coronería o de los Apóstoles
    La Portada de la Coronería corresponde al muro norte del transepto y se abre a la calle Fernán González, por donde llegaban los peregrinos del Camino de Santiago. Dada la inclinación del terreno, esta calle se encuentra sobreelevada respecto al nivel del suelo del templo, por lo que la puerta se encuentra abierta en alto y se ha de comunicar con el interior mediante la famosa Escalera Dorada, obra de Diego de Siloé.
    Esta puerta es una magnífica obra construida aproximadamente en 1245, por tanto algo posterior a la del Sarmental.
    La parte baja de la Puerta de la Coronería fue reformada en el Renacimiento por lo que se perdió el parteluz original del siglo XIII y que probablemente llevaría la estatua de Cristo.
    En el tímpano se representa la escena del Juicio Final, donde aparece Cristo mostrando las heridas de manos y costado flanqueado por la Virgen y San Juan rogando por los hombres. Cuatro ángeles sujetan los distintos elementos de Pasión: cruz, lanza y columna.
    Bajo el tímpano, tenemos el dintel donde se desarrolla el juicio propiamente dicho. En el centro, San Miguel pesa los pecados y virtudes de las almas con la balanza junto a varios demonios. A la izquierda avanzan los bienaventurados y a la derecha los condenados hostigados por otros diablos, condenados a dirigirse al infierno.
    En las jambas, tenemos el Colegio Apostólico, motivo habitual en la iconografía de este tipo de puertas. Su particularidad es que se muestran con sus atributos e instrumentos de sus martirios.
    Por su parte, en las arquivoltas, aparecen numerosos ángeles y en la la más externas se continúa con la representación del Juicio, en que numerosas personas salen de sus sepulcros para ser juzgados.
    Las escenas representadas en la Puerta de la Coronería son ya muy típicas de las catedrales góticas del periodo clásico, alejadas de los arcaísmos iconográficos de la Puerta del Sarmental. En lo estilístico y formal también se aprecia su evolución naturalista y dinámica que proyectará su influencia en la vecina catedral de León.
    Puertas de la fachada occidental
    Es probable que las puertas de la fachada oeste fueran levantadas entre los años 1260 y 1265.
    Lamentablemente, la parte inferior de esta fachada no se ha conservado en su estado primitivo del siglo XIII, al ser destruida y restaurada durante el siglo XVIII.
    Gracias a grabados anteriores a la destrucción y por la descripción de Antonio Pons sabemos que la temática principal de estas puertas era de tipo mariano, donde se desarrollaba el ciclo iconográfico de la Dormición y Coronación de la Virgen.
    Nos podemos hacer una idea de cómo era esta fachada acudiendo a su homóloga catedral de León, puesto que la iconografía en la escultura de la seo leonesa es deudora de lo que se realizó en Burgos.
    Puerta del Claustro
    La puerta que comunica el claustro con el transepto es la más tardía de todas, de finales del siglo XIII.
    Posee una iconografía excepcional en el tímpano: el Bautismo de Cristo, que situado en el centro inmerso de medio cuerpo en las aguas lo recibe de San Juan Bautista. Encima de la cabeza de Jesús aparece una voluminosa paloma en representación del Espíritu Santo.
    En las arquivoltas se colocaron las estatuas de diversos personajes del Antiguo Testamento que forman parte de la genealogía de Cristo.
    En la jambas hay dos grupos de parejas de personajes con filacterias que aclaran su identidad. A la derecha encontramos al rey David (ligado a la genealogía de Cristo) e Isaías (el "Príncipe de los profetas" que en el Libro que lleva su sombre anuncia el nacimiento del redentor). En el otro grupo aparece la otra pareja de estatuas que representa al Arcángel San Gabriel y la Virgen en la escena de la Anunciación.
    Desde el punto de vista estilístico, la escultura de esta puerta manifiesta una enorme evolución en el recorrido de la escultura gótica hacia el naturalismo. Las estatuas se independizan del marco arquitectónico, adquieren volumen y corporeidad. Son figuras monumentales y anchas, no estilizadas. El tratamiento de las telas y los rostros es muy naturalista.
    También destacan por su movimiento. Un ejemplo lo tenemos en la Anunciación donde San Gabriel es representado girando su cuerpo hacia la Virgen, para evitar la frontalidad.
    Galería de los Reyes
    En la fachada principal debemos fijarnos en la "Galería de los Reyes" situada por encima del rosetón. Bajo los arcos agudos de bellas tracerías con cuadrifolios, se dispusieron las estatuas de ocho reyes coronados y de gran finura escultórica.
    Claustro
    El claustro gótico, situado al suroeste del templo entre la girola y el brazo sur del transepto, comenzó a construirse a finales del siglo XIII y fue concluido en los primeros años de la siguiente centuria.
    Tiene dos pisos superpuestos y se articula mediante cuatro galerías con preciosas arquerías agudas con tracerías caladas.
    Las pandas del claustro burgalés cobija un gran número de monumentos funerarios para las altas dignidades del clero.
    CATEDRAL BURGOS

  5. #5
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    Re: La Catedral de Burgos


    La Capilla del Condestable, del siglo XV, constituye uno de los mejores ejemplos del gótico tardío castellano, proyectándose hacia afuera de la planta de la catedral como si se tratara de un monumento aparte y cuyo cimborrio constituye una de las más acusadas y sobresalientes características externas del edificio.

    Catedral de Burgos - Patrimonio de la Humanidad - Canal Viajes

  6. #6
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    Re: La Catedral de Burgos

    CATEDRAL DE BURGOS: PULCHRA ES ET DECORA


    Esta catedral más parece obra de ángeles que de hombres. Felipe II


    4 de marzo de 1539


    -¿Y bien, maestro?


    Catedral de Burgos

    Concentrado en el plano imaginario que va barruntando en su cabeza, Juan de Vallejono escucha la pregunta. A su lado, Juan de Langres también mira a su alrededor, apartando la espesa capa de polvo de cascotes que devora cada esquina de la calle Fernán González, a la altura del hastial del brazo norte del crucero.


    Lo que ha sucedido esta noche es una verdadera desgracia para la ciudad y el arte: ochenta años después de que Juan de Colonia concluyera su construcción, el elegante cimborrio de la catedral, coronado con ocho chapiteles, se ha derrumbado, dejando un inmenso vacío, no solamente en el techo de la casa de Dios, sino en el alma de cada uno de los burgaleses.

    -¿Y bien, maestro?

    La repetición de la pregunta al fin saca al constructor de su ensimismamiento. Entre la neblina de piedra disuelta en el aire frío de la primera luz del día, Vallejo se vuelve al obispo. Juan Álvarez de Toledo tiene ojeras muy marcadas después de una larga noche de insomnio, algo que no le sorprende. Al fin ya la cabo, nadie quiere ser recordado como el hombre bajo cuyo mando se la hundió la que puede ser catedral más bella del orbe católico, tal y como reza leyenda que se alza en una estatua de la Virgen con el Niño.

    -El cimborrio se ha derrumbado al ceder sus pilares de este lado norte, arrastrando consigo varias bóvedas.

    -Santo Dios –dice el obispo mientras se santigua una y otra vez. A su espalda, la catedral permanece bajo un velo de destrucción e inquietante silencio que se extiende por la plaza del Rey Fernando hasta dominar más de media ciudad- ¿Y qué vamos a hacer?

    En ese momento, el maestro siente el peso de la responsabilidad caer sobre sus hombros. Si la traza que le acaba de modelar el francés Juan de Langres, quien sin duda ha heredado el prestigio y la clientela del borgoñón Felipe Bigarny, se lleva a cabo con éxito, el nombre de ambos quedará labrado en la piedra del tiempo y serán recordados por toda la eternidad.

    La idea aportada por De Langres es de una extraordinaria complejidad: una elevada estructura de prisma octogonal dividida en dos cuerpos, cuatro torres adosadas y rematadas por esbeltas agujas que hagan que parezca que la catedral rasque el cielo en busca de Dios. Y en cada uno de sus ocho lados se abrirían grandes ventanales amainelados que permitrán una gran iluminación interior. La suma del renacentista plateresco con el gótico, pináculos y chapiteles que le den un aire de flotar en el cielo.

    -No os preocupéis, mi señor –dice al fin-. Don Juan de Langres y yo haremos la más perfecta obra que ojos humanos hayan visto jamás.

    Suspira el obispo, tranquilizado al escuchar aquellas palabras, hasta que se le cruza un pensamiento que vuelve a erizarlo como un gato.

    –Eso suena bien. Y caro.

    Ahora es Vallejo quien mira a Álvarez de Toledo con un punto de sorna. Hablar de maravedíes, por muchos que sean, nunca le ha parecido elegante.

    –Señor obispo, ¿quién se atreve a poner precio a la casa Dios?

    EL ORIGEN

    El 20 de julio de 1221 se colocó en Burgos la primera piedra del templo que sería dedicado a Nuestra Señora, siendo sus principales impulsores el rey Fernando III de Castilla y el obispo Mauricio, prelado de la diócesis burgalesa desde 1213. Por tal motivo, en 2021 la ciudad celebra los 800 años de su imagen más icónica.

    La catedral románica había sido comenzada a construir en los tiempos de Alfonso VI, en 1075, cuando la diócesis se trasladó de Gamonal a Burgos, terminándose su construcción en 1095. A finales del siglo XII ya se mostraba insuficiente para el auge que había experimentado la ciudad, así que, aprovechando unas casas cedidas por el obispo Marino junto a la iglesia de San Llorente, justo donde comenzaba a empinarse la ladera del cerro presidido por el castillo, se eligió aquel lugar para su construcción.

    Muchos fueron los maestros de obra, entre los que podemos destacar a Johan de Champagne por ser el primero o al maestro Enrique, también de origen francés, quien se inspiró en la catedral de Reims para continuar con las obras. Más tarde vendrían Johan Pérez, Aparicio Pérez, Pedro Sánchez de Molina, Martín Fernández, Juan de Colonia, Juan de Pobes o los anteriormente mencionados Juan Vallejo y Juan de Langres.
    La consagración del templo tuvo lugar en 1260, aunque consta documentalmente que ya se oficiaba misa desde 1230. Es precisamente esta rapidez en su construcción lo que explica su uniformidad en el estilo arquitectónico.

    RAZONES PARA VISITAR LA CATEDRAL

    EXTERIOR. Cuatro son las imponentes portadas por las que podemos acceder al interior: La de Sarmental da a la plaza del Rey Fernando y está dedicada al tema arcaizante de Cristo en Majestad; la de la Coronería se construyó para dar acceso directo a los peregrinos del Camino de Santiago y a las gentes de la parte alta de la ciudad; y la de la Pellejería fue mandada realizar en 1516 por el obispo Fonseca como alternativa al acceso por la Puerta de la Coronería, al que daban un uso no religioso los habitantes de la parte alta de la ciudad para alcanzar la parte baja de manera rápida y resguardada. Por último, la de Santa María está organizada en tres alturas. La primera dispone de una puerta de entrada para cada una de las 3 naves de la catedral: Puerta Real, o del Perdón, la central, y las de la Asunción y la Inmaculada, las laterales. En el cuerpo intermedio hay un gran rosetón y en el tercer piso se abre una galería llamada de los reyes, por estar representados los ocho primeros reyes de Castilla, desde Fernando I a Fernando III, y una preciosa Virgen con el Niño que es un verdadero retablo en piedra a la intemperie, adornada con una inscripción que resume el espíritu de la catedral: pulchra es et decora. A ambos lados están las torres rematadas con agujas realizadas por Juan de Colonia a mediados del siglo XV.

    INTERIOR:

    LA ESCALERA DORADA

    Situada en el crucero, fue proyectada por Diego de Siloé para salvar el desnivel entre el templo y la puerta de Coronería. Está inspirada en diseños arquitectónicos italianos.

    CRUCERO Y CIMBORRIO

    82.061 maravedís por distintas tareas, entre ellas varias actuaciones en las sillas del coro y por presentar un modelo para la ejecución del cimborrio, trabajo valorado en 7.000 maravedís, eso es lo que se sabe que cobró Juan de Langres por planear la reconstrucción de la catedral. Guiado por el francés, Juan Vallejo, responsable de unas obras que duraron desde 1540 a 1568, evitó cometer los errores que llevaron al hundimiento del cimborrio original, impulsado por la familia Colonia, mediante una atrevida propuesta arquitectónica que a día de hoy seguimos disfrutando: apoyada sobre cuatro pilares circulares, la linterna, ricamente decorada con esculturas y escudos nobiliarios, está encumbrado con un bóveda estrellada de doble estructura y filigranas en sus nervios, consiguiendo así aligerar el peso y que la luz cenital se derrame en el interior.

    PAPAMOSCAS

    En los pies de la nave mayor, a unos 15 metros de gran altura, se halla un reloj con una figura articulada que, todas las horas en punto, mueve un brazo con el que da un campanazo y abre al tiempo la boca: se trata de un autómata que puede datar de 1519 y que recibe el nombre de Papamoscas. A su derecha, en un balcón, otro autómata, el Martinillo, se encarga de anunciar los cuartos de hora golpeando las campanas que le flanquean.

    El nombre de Papamoscas se debe al pájaro papamoscas cerrojillo, cuya boca se mantiene abierta a la espera de que las moscas entren.

    CAPILLA DE LOS CONDESTABLES

    Es esta capilla una catedral en miniatura, pues alberga todos los elementos característicos de este tipo de templo: coro, retablo, linterna, espacio funerario… es, en definitiva, una catedral dentro de otra.

    Se levantó a finales del siglo XV sobre la antigua capilla dedicada a San Pedro a instancia del Condestable Pedro Fernández Velasco y su esposa Mencía de Mendoza. Es un espacio funerario cubierto por una bóveda de estrella calada proyectada por Simón de Colonia. El retablo mayor es obra de Diego de Siloé y de Felipe Bigarny y fue realizado entre los años 1523 y 1526 de los mejores ejemplos del gótico flamígero en España.

    SANTÍSIMO CRISTO DE BURGOS.

    Se trata de una imagen milagrera, muy venerada desde antiguo, ya que los mercaderes burgaleses fundaron capillas bajo su advocación en Brujas y Amberes, y los agustinos extendieron su devoción por toda España y el Nuevo Mundo con grabados y láminas, popularizándose su iconografía de largas melenas, cuerpo ensangrentado y, sobre todo, unos faldones que le cubren casi por entero las piernas.

    La imagen data del siglo XIV y es de gran realismo, al estar articulado, contar con cabellera y barba humanas, y estar el cuerpo de madera forrado de piel de vacuno que simula la humana.

    Una leyenda atribuye la autoría a Nicodemo, que lo habría modelado sobre el cuerpo de Jesús al bajarlo de la Cruz. Otra leyenda, escrita por León de Rosmithal de Blatna entre los años 1465 -1467, asegura que el Cristo había sido hallado hace 500 años, cuando unos marineros burgaleses encontraron un galeón vacío donde solo había una caja con ese Cristo y unas tablas que decían que fuese cual fuese la costa a la que llegase pusieran la imagen en un lugar decoroso. De este modo, tomaron la imagen y la llevaron a Burgos.

    EL CID, CAMPEADOR EN VIDA Y EN MUERTE

    Bajo el cimborrio se encuentra la tumba de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, junto a su esposa, doña Jimena, cuyos restos han sufrido casi tantas vicisitudes como las que el Campeador tuvo en vida.

    Tras su muerte en Valencia en 1099, doña Jimena trajo los restos al monasterio de San Pedro de Cardeña. A pesar del sepulcro que ordenó esculpir Alfonso X en 1272, sus huesos fueron dando tumbos por el cenobio y la iglesia hasta que el emperador Carlos I determinó en 1541 que fueran recolocados en el centro de la iglesia para siempre, hasta que en 1735 las osamentas de ambos fueron recolocadas en una capilla de nueva construcción, la de San Sisebuto, más conocida como la Capilla del Cid. La tranquilidad duró poco, pues las tropas de Napoleón profanaron la tumba, llevándose parte de los restos, mientras otro tanto quedaba expuesto en un mausoleo en el paseo del Espolón, en Burgos. No sería hasta 1921 cuando el Cid regresaría al monasterio de San Pedro de Cardeña, siendo emplazado en la actual tumba de la catedral de Burgos, esperemos que esta vez para siempre.

    Aparte de la tumba, también podemos encontrar el llamado cofre de El Cid. Situado dentro de la capilla del Corpus Christi bajo un arcosolio conopial angrelado, reposa un arcón medieval que, según la tradición, fue empleado por el héroe castellano para engañar a los judíos de Burgos. Según cuenta la leyenda, ante la necesidad de liquidez para satisfacer las necesidades de sus mesnadas durante el destierro, El Cid pidió dinero a los judíos Raquel y Vidas, presentando como garantía el cofre, el cual debía ir repleto de monedas, aunque en realidad lo que contenía era arena.

    Refierese que hallándose escaso de fondos para emprender la expedel mism metal, un fuertísimo arcón o de madera, çitte al paredición contra la ciudad de Valencia, a unos judíos una considerable suma y les (lió en prendas unos cofres que les dijo estaban llenos de oro y de pedrería; pero que en realidad sólo lo estaban de guijarros, aunque cubiertos por encima de riquísimas te- las. Los judíos, fiados en la buena fe del Cid hubieron de contentarse con mirar sólo por encima y entregaron la suma que les pedía. la cual fue religiosamente reintegrada tan luego como en la primera batalla contra los moros se apoderó de un riquísimo botín.

    En la refundición del Cantar por las Crónicas del siglo XIII, manda El Cid a Martín Antolinez, el mismo que había negociado el préstamo sobre las arcas de arena, que pague a los judíos, diciéndoles, que les pida perdón por el forzoso engaño «pero loado sea el nombre de Dios por siempre, porque me dejó quitar mi verdad»

    Rodericvs D id aci Campidoctor MXCIX Anno Va lentia Mortvs A todos alcança ondra por el que en buen ora nació. Eximiina Vxor Eivs Didaci Comitis Ovetensis Filia Regali Genere Nata.

    Epitafio en la tumba del Cid escrito por Ramín Menéndez Pidal

    CUENTA LA LEYENDA…

    Como cada día antes de salir el sol, la catedral va recibiendo fieles a rezar Laudes. Uno de los fieles es un joven embozado que, quien lo viera podría pensar que más fuera de incógnito que a purgar pecados, y razón no les faltaría, pues en verdad el mozo no desea ser reconocido, aunque la causa es lícita. Al fin y al cabo, un rey nunca pasa inadvertido.

    -Deus in adiutorium meum intende.

    -Gloria et honor Patri et Filio et Spiritui Sancto, in sæcula sæculorum. Amen.

    No ha ni tres días que la vio por primera vez, justo enfrente de la tumba de Fernán González, que Dios guarde en su gloria, y ya no ha podido olvidar a la joven más bella que jamás haya pisado la faz de la Tierra: ojos serenos, sonrisa capaz de hacer que cualquier hombre pierda la razón, piel de seda, carne turgente…un milagro de Dios hecha de carne. Tan enamorado ha quedado Enrique III que el primer día no dudó en seguirla por las calles de Burgos para saber dónde vivía.

    -Confundantur, et revereantur omnes inimici mei, qui quærunt animam meam…

    Comienza el salmo y allí está, en el mismo sitio y a la misma hora: piadosa y bellísima, casi divina, como si un ángel hubiera escapado de las piedras de la catedral para tomar forma humana.

    Pasa la oración y el rey reza con los labios, pero el corazón anda ocupado en otras tareas. Cuando el sacerdote da la bendición, la joven se santigua y enfila hacia la Puerta del Sarmental, pasando por delante del embozado, a quien le regala una sonrisa como solo saben hacer las mujeres, al tiempo que deja caer un pañuelo a sus pies. Para su azoramiento, el rey descubre que ella sabe de su amor y hasta quizás que el otro día la estuvo siguiendo.

    Loco de amor, el rey recoge el pañuelo, pero el monarca es tímido en extremo y, en lugar de devolverlo a su propietaria, se lo guarda, ofreciéndole a la joven uno propio, gesto que acompaña con la sonrisa más bobalicona que hombre jamás haya perfilado.

    Sintiéndose rechazada, la muchacha rompe en un lloro inconsolable y huye a la carrera, dejando al rey roto de dolor, pues cada lágrima derramada se le clava en el corazón como clavos en un ataúd.
    La noche ha durado lo que tardan las campanas en llamar de nuevo a Laudes. Otro día más, Enrique III, llamado más que nunca el Doliente, regresa de incógnito a rezar, entre otros intereses.

    -Deus in adiutorium meum intende

    Al mirar a la tumba de Fernán González, un ruego desgarrador se dibuja en los labios del rey: Dios mío, ven en mi auxilio, clama al ver que la joven no ha acudido. Señor, date prisa en socorrerme.

    Enrique no aguarda el final de la oración para buscarla por toda la catedral, sin éxito. Roto de dolor, se dispone a rezar, pero le resulta imposible: continuamente gira la cabeza y rastrea con la mirada con la esperanza de volverla a ver. Una, otra y otra vez, hasta que al fin se da por vencido.

    Los días pasan: uno, tres, cinco… y para desesperación de Enrique la joven no ha vuelto a ir a la catedral.
    Incapaz de aguantar más tiempo sin verla, decide ir personalmente a su casa. Gracias a Dios, tuvo la perspicacia de seguirla hasta su morada, y allí mismo la tomará por esposa. Incluso ya sabe qué va a decirle: ni siquiera conozco vuestro nombre, pero ya sé todo lo que he de saber de vos, que seréis la reina de Castilla y la de mi corazón.

    Está en ese pensamiento cuando, tras bajar por la plaza del Rey Fernando hacia la escalinata, se detiene en seco mientras en su rostro se dibuja un rictus de horror: la casa donde vio que la joven entraba ya no es más que un erial de puertas abiertas y ventanas rotas.

    Enrique III no entiende nada. Llevado por la desazón, entra en la casa, no encontrando más que desolación, polvo y soledad. Todo tiene la apariencia de haber estado abandonado durante años, y a así se lo confirma un vecino.

    ––Años ha que los dueños murieron, enfermos de peste.

    Muy abatido, el rey regresa al castillo, dudando si es que ha perdido el juicio. No puede dormir, comer y apenas habla, enajenado por el recuerdo de la muchacha recogiendo su pañuelo, su mirada y aquellas lágrimas, hasta el punto de que su salud se va viendo mermada por un mal de melancolía que los médicos tratan de curar aconsejándole paseos por los alrededores de Burgos.
    Atardecer en Burgos; una tarde fría, oscura, con las estrellas titilando en el cielo, impacientes a que el último rayo de sol se desvanezca. Enrique III camina solo, tan perdido en sus pensamientos que, sin darse cuenta, anda mucho más de lo acostumbrado, perdiéndose en el bosque. Con la noche acechándole, intenta regresar sobre sus pasos, pero es incapaz de recordar el camino y cuando quiere darse cuenta todo se ha vuelto oscuro a su alrededor.

    Entre tinieblas y silencio, solo se escuchan sus pisadas torpes, cuando de repente resuenan ruidos extraños semejantes a resuellos salvajes detrás de unos matorrales cercanos. Preso del pánico, el monarca desenvaina la espada, aunque de inmediato piensa que un cobarde vale para dos batallas, así que sale corriendo, pero la fuga es corta: no ha avanzado ni diez pasos cuando se ve rodeado de seis lobos.

    -¡A mí!

    La pelea es encarnizada: matar o morir. El rey se defiende bien, pero seis es más que uno. El trágico final es cuestión de aritmética y de tiempo.

    Apiádate de mí, Señor. Cuando, exhausto, ya ha decidido dejarse vencer, de repente resuena en el bosque un lamento tan desgarrador, cual lloro íntimo y lastimero, que los lobos huyen despavoridos. Encogido de ánimo, Enrique III apenas tiene fuerzas para levantar la espada ante un nuevo enemigo que aún no se ha dejado ver, y aunque sabe que no puede ganar, desea que al menos que lo maten de pie.

    Entonces la ve: ojos serenos, piel de seda, carne turgente…es ella, su verdadero amor, pero en su cara hay algo diferente, esta vez no transmite alegría, solamente dolor y tristeza y unas lágrimas que gangrenan el alma del rey, el cual, sorbido el seso, solo desea besarla. Con tal intención se acerca, pero la muchacha le aparta delicadamente:

    -Os amo por noble y generoso-dice-, pues sois heredero gallardo y heroico de Fernán González y El Cid, pero no puedo ofreceros ya mi amor…

    Mientras habla, Enrique ve que la joven porta en su mano el pañuelo que días atrás él le dio; lo lleva junto a su corazón. A partir de ese momento ya no vuelven a dirigirse la palabra, conscientes ambos de que su amor solo puede durar hasta que raye el alba, por lo que viven cada minuto como si fuera el último de sus vidas. Cuando arrecia el amanecer, el rey regresa a Burgos sabiendo que en aquel bosque acaba de dejarse parte de su alma.
    Nada más llegar a la ciudad, atormentado su corazón y con el deseo de inmortalizar su amor, acude al taller de un artesano morisco y le da una orden: crear una figura para colocarla encima de un reloj veneciano que, inmortal, permanezca en el interior de la catedral. Además, queriendo eternizar las lágrimas que resuenan continuamente en su interior, pide al artesano que la figura emita un sonido al toque de las horas.
    Cuando a las pocas semanas Enrique regresa al taller, la decepción lo inunda. El artesano no es hombre hábil para esos menesteres y no ha sabido reproducir la belleza de la joven, creando una figura grotesca que, además, en lugar de replicar las lágrimas de su amada emite un grito estridente.

    -Este no es símbolo mi amor- se queja el rey, iracundo-. Esto…esto no es más que un simple papamoscas.
    Y con el dolor como testigo, Enrique III se da cuenta que su corazón nunca más volverá a amar como aquella noche.


    Ricardo Aller Hernández

    BIBLIOGRAFÍA
    Riubu.ubu.es/
    Abc.es/local-castilla-leon/abci-leyenda-papamoscas-catedral-burgos
    Catedraldeburgos.es
    Cervantes virtual/elcofredelCid




    https://espanaenlahistoria.org/episo...-es-et-decora/


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    Re: La Catedral de Burgos

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    LA CATEDRAL DE BURGOS CELEBRA SU VIII CENTENARIO REIVINDICANDO SU PASADO




    Fachada principal de la Catedral de Burgos

    La catedral de Burgos celebra este año el VIII centenario de la colocación de la primera piedra, un 20 de julio de 1221, por parte del obispo Mauricio y el rey Fernando III el Santo. Entre las numerosas actividades programadas con tal motivo, se ha previsto una exposición – gratuita-, hasta el próximo 2 de mayo, en el Consulado del Mar de la capital castellana, conmemorando la que tuvo lugar hace cien años por el VII centenario de la seo.

    En 1921, nuestros antepasados tuvieron oportunidad de contemplar la mayor concentración de arte antiguo de Burgos y una de las más destacadas de la historia reciente de España.

    El Seminario de San José acogió entonces más de 1.200 piezas, desde tapices del siglo XVI, hasta esculturas, pasando por piezas de orfebrería, documentos del siglo XIII o retratos del XVIII. En aquella exposición, hubo obras altomedievales, románicas, góticas, renacentistas o barrocas.

    De ese amplio catálogo de valiosísimas obras, la Fundación VIII Centenario de la Catedral de Burgos 2021 ha seleccionado un total de 26. Entre ellas, sobresalen el tríptico de la Navidad de Santibáñez Zarzaguda (s. XV); el de la Adoración, de Briviesca, y el de la Piedad, de Hormaza.

    Asimismo, destacan el óleo de la Adoración de los Reyes Magos, del Monasterio de Santa Clara de Medina de Pomar; una custodia rococó, de la iglesia de Santa María y San Martín de Briviesca; la talla de la Anunciación, en alabastro, de la iglesia de San Juan de Castrojeriz, y la Virgen de Gómez Manrique, de la ermita del Salvador, de Villatoro.

    Esta exposición forma parte del proyecto “Burgos 1921: cuando la catedral celebró sus 700 años”, en donde se recrea el Burgos de hace cien años. Entonces, la capital burgalesa vivió con regocijo la visita de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, el traslado de los restos del Cid a la sede catedralicia y la llegada de una reliquia de Fernando III el Santo.

    Jesús Caraballo


    https://espanaenlahistoria.org/efeme...ndo-su-pasado/



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