Fray Justo Pérez Santiago, conocido con posterioridad como Fray Justo Pérez de Úrbel (1895-1979), nació en Pedrosa del Río Úrbel (Burgos).
Ingresó en la Orden benedictina en 1907 en el Monasterio de Santo Domingo de Silos; profesó en 1912, y fue ordenado sacerdote en 1918.
Desde los 25 años se propuso desentrañar pacientemente cuanto estaba oculto sobre el monacato español, escribiendo sobre Historia, Biografía, Liturgia y Arte, especialmente en lo relativo al medievo castellano. Animado por Andrés Azcárate, prior de San Benito de Buenos Aires, y aprovechando el mucho material que ya ha ido avanzando, publica en 1925 las Semblanzas Benedictinas. La obra ha sido muy leída y sus ediciones siempre se han agotado; está organizada en tres volúmenes: Santos, Monjes ilustres y Grandes abadías.
En 1928 premian su obra San Eulogio de Córdoba, que tendrá una segunda edición y su traducción al inglés. Estudiando los monasterios antiguos pudo publicar en 1933 su interesantísimo libro Los Monjes españoles en la Edad Media.
El nombre de fray Justo Pérez adquiere renombre y comienza el Año Cristiano, su gran obra hagiográfica que ve la luz los años 1933-1935. En la Revista Eclesiástica van apareciendo artículos suyos sobre patrología, liturgia, eclesiología, historia, filosofía, espiritualidad. Traduce del inglés y del alemán. Es en 1920 cuando, al enviar varios artículos a la misma Revista Eclesiástica, para no dar la impresión de que todos los trabajos son de la misma persona, a su firma habitual de fr. Justo Pérez, le añade de Úrbel, toponímico de su tierra que quedará definitivamente unido a su nombre.
Desde su primera colaboración en el Boletín de Silos en 1913, a sus 18 años, son muchos los artículos que escribe. Y muchas las recensiones de libros que hace. Con ello se mantiene al día en un amplio abanico del saber científico y le proporciona una valiosa correspondencia de gratitud y consejos mutuos de las plumas más eminentes de su tiempo. Los libros recibidos en la biblioteca de Silos marcan un valioso trazado intelectual de los monjes que la usaban y son un testimonio de gratitud de los autores que envían sus obras pidiendo una valoración de las mismas. La correspondencia del P. Justo, hoy en el archivo de la abadía de Santa Cruz del Valle de los Caídos, es el reflejo valioso de las corrientes culturales y colaboraciones científicas que durante toda su vida le mantuvieron despierto y activo.
Y, casi cada año, seguían apareciendo libros suyos de divulgación científica como El Claustro de Silos, biografías de santos y poesía como In terra pax. Colabora en el Boletín de la Real Academia de la Historia, en El Debate, en La Época, en la enciclopedia Espasa Calpe, en la gran Historia de España dirigida por Menéndez Pidal, en el Dictionnaire d’Histoire et de Géographie Ecclesiastique…
La Acción Católica Española.
Los diversos organismos de la Acción Católica Española, piden la colaboración del P. Justo. Todos agradecen el entusiasmo con que escribe y la brillantez de su estilo. Ya en 1930 le piden unas conferencias sobre temas litúrgicos en Madrid. En 1933 colabora escribiendo sobre temas litúrgicos en la revista La Flecha. Ese mismo año Don Ángel Herrera le encomienda la cátedra de liturgia en los cursos de verano de Santander. Y, como sus conferencias gustan tanto, las pide por escrito para publicarlas. Y le embarca en el proyecto que organiza El Debate y que titulan Pro Ecclesia et Patria. Y le envía el anteproyecto, pidiendo su consejo, de la creación de una universidad católica. Sus conferencias en las semanas que por toda España organiza la Acción Católica se multiplican.
En los años 1933 al 1935 publica sus cinco volúmenes del Año Cristiano, una de sus obras de mayor difusión. Fue un trabajo intenso, absorbente, en el que cada santo cobraba vida. El P. Félix García felicitará con gran entusiasmo una obra salida de las manos de tal miniaturista, erudito, arqueólogo y poeta como es fr. Justo. El 25 de enero de 1936 da una conferencia sobre San Pablo en el colegio El Pilar de Madrid para los jóvenes de Acción Católica. Y, cuando ya tiene su curso preparado para el verano de Santander, la guerra lo paraliza todo. Aun así desde Burgos le siguen pidiendo su colaboración para la revista Signo.
La Sección Femenina
En 1938, en plena guerra civil, empieza la colaboración de fr. Justo con la Sección Femenina de la Falange Española. Fue una colaboración religiosa. El 17 de mayo, desde Burgos y aconsejada por D. Agustín Aznar, Pilar Primo de Rivera escribe al P. Justo pidiéndole se ocupe de la formación religiosa de la escuela de jefes de la Sección Femenina, que piensan abrir en Málaga. Y adelanta las materias que debe tratar: liturgia, antiguo y nuevo testamento, canto gregoriano, oficio de la Virgen, etc. y también sobre el embellecimiento de las iglesias. Fray Justo envía un temario, Pilar pide permiso al P. abad Serrano y fr. Justo da su curso en Málaga. Y siguieron otros cursos. De esta labor se hace eco D. Cornelio Ursatum hablando del movimiento litúrgico en España: “Los monjes de Silos además de la copiosa literatura litúrgica que vienen produciendo, están haciendo una labor admirable con las muchachas de España al orientarlas tan magistralmente hacia las fuentes genuinas de la piedad cristiana, enseñándolas a orar como ora la Iglesia”.
Esa colaboración duró 39 años. Pilar Primo de Rivera reconoció y agradeció el importante lugar ocupado por Fr. Justo en su carta del 7 de julio de 1977, cuando le comunica su cese por quedar suprimida la Secretaría General del Movimiento y desaparecer la Sección Femenina. Tras la muerte de fr. Justo en 1979, Pilar evocará de nuevo ese encuentro, colaboración, estima e inmenso agradecimiento a la valiosa colaboración de fr. Justo que “nos hizo entrar en un mundo nuevo que nos llevaba hacia Dios... Fr. Justo fue el asesor religioso, el profesor, ordenador de nuestros programas, no sólo de religión sino en muchos casos de historia, por su eximio magisterio en esta materia; fue el consejero general y particular de los casos difíciles, el que nos acercó de manera definitiva a la Orden Benedictina, cuya influencia a través de la Sección Femenina ha transcendido a millones de personas que han pasado por las escuelas, colegios mayores o menores, albergues, cátedras ambulantes, servicio social de la mujer y cursos de toda índole. Todo esto y para siempre se lo deberá España a fray Justo”.
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Aconsejado por el Cardenal Gomá, el 21 de julio de 1938, el ministro de Educación D. Pedro Sainz Rodríguez incluye al P. Justo en la pequeña comisión que se ocupe de elaborar los planes y manuales de estudio de formación religiosa. Algunos de esos manuales, la Historia Sagrada, 1º, 2º y 3º grado, son obra suya. También publica La Iglesia de Jesucristo, su historia y su liturgia y la Vida del apóstol Santiago; San Pablo, apóstol de las gentes: San Isidoro de Sevilla; Itinerario litúrgico y un abundante número de artículos, reseñas, prólogos y algunas traducciones.
Al día siguiente del desfile de la Victoria, el 20 de mayo de 1939, en la ofrenda realizada por Franco de su espada a los pies del Santo Cristo de Lepanto que presidía el altar mayor de la iglesia de Santa Bárbara de Madrid, Pérez de Úrbel dirigió el coro mixto de benedictinos y dominicos que entonaron unas antífonas en latín del siglo X, seguidas de las Orationes de regressu Ducis de proelio (Oraciones de la vuelta del Caudillo después de la guerra), según el Liber Ordinum del siglo VII.
En Madrid
En 1942, fray Justo es destinado al priorato Montserrat que Silos tiene en la calle de San Bernardo de Madrid. Son años en los que publica importantes trabajos que ya traía muy elaborados de su estancia en Silos. Sólo podemos citar las más conocidas: Historia del Condado de Castilla, obra galardonada con el premio Francisco Franco y felicitada con los más entusiastas elogios de la crítica; la Vida de Cristo, Historia de la Orden Benedictina; El monasterio en la vida española de la Edad Media; San Basilio el Grande; Fernán González; Misal Devocionario y Ritual. En Madrid se multiplican sus artículos y sus conferencias. Prevalecen los temas históricos y, sobre todo, litúrgicos.
En 1941 se le otorgó la placa de Comendador de la Orden de Isabel la Católica. Fue nombrado suplente de la cátedra de historia de las universidades de Granada y Murcia, adscrito al gabinete de Información técnica del Ministerio se Asuntos Exteriores, vocal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
En 1945 se le concedió la medalla de plata del Milenario de Castilla. Es en 1946, a sus 50 años, cuando obtiene la licenciatura en Historia y en 1950 el título de doctor. Ese mismo año se le adjudica la cátedra de Historia Medieval en la Universidad Complutense de Madrid. Una nueva ocupación que atenderá con fidelidad y competencia y que terminará por hacer difícil su compatibilidad con la vida de comunidad en el monasterio.
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Abad del Valle de los Caídos.
En 1955, el Generalísimo Franco, pensando en los benedictinos y a través de D. Luis Carrero Blanco, ministro de la presidencia, le encargó a fr. Justo que se ocupara de buscar una comunidad para el Valle de los Caídos. Fr. Justo se lo comunicó a los abades de Santo Domingo de Silos y de Montserrat. El 21 de noviembre de 1956 se hace la petición formal a la comunidad de Silos para que asuma el Valle de los Caídos. La comunidad de Silos aprobó el proyecto el 7 de febrero de 1957.
El 23 de agosto de 1957 el Generalísimo Franco creó la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. El 27 de mayo de 1958, con el Breve Stat Crux, Pio XII erigió la abadía. El 16 de julio de 1958 el abad de Silos Dom Isaac María Toribios, acompañado por 20 monjes de Silos, tomó posesión de la abadía, bendijo los locales y celebraron al día siguiente la solemnidad de El Triunfo de la Santa Cruz. El abad de Silos nombró los monjes que formarán la nueva comunidad y en la persona de fr. Justo, con la aprobación de la Santa Sede, les nombra su primer abad.
La bendición abacial de fr. Justo tuvo lugar el 23 de octubre, en la capilla del Palacio real de Madrid y su padrino fue el mismo jefe del estado, D. Francisco Franco. La investidura prosiguió con la colocación de los capisayos y pectorales, y del solideo y birrete, tras lo que pronunció unas palabras de agradecimiento hacia el Santo Padre, los superiores de su Orden y al Caudillo Francisco Franco.
Tenemos a fr. Justo en su cargo de abad del Valle de los Caídos con todas las ocupaciones de representación que tiene el lugar, sobre todo en los primeros años de su erección. Simultáneamente siguió atendiendo sus clases en la Universidad Complutense, su lugar en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la dirección espiritual de la Sección Femenina de la Falange Española; asimismo, fue consejero nacional del Movimiento y procurador en Cortes.
La comunidad del Valle de los Caídos conoció unos años de florecimiento vocacional. De los 20 monjes iniciales pasaron a 47 tres años después. En 1965 eran 51 monjes. Se crea el Centro de Estudios Sociales; se educa una Escolanía, se atiende al culto en la basílica, se administra una gran hospedería.
Las publicaciones de fr. Justo disminuyen considerablemente. Pero siguen apareciendo trabajos que ya tenía muy avanzados. Publica Sancho el Mayor de Navarra. Sin embargo, desde el primer día se comprendió que la carga asumida por el P. Justo era excesiva. Ocho años duró como abad, manifestando con frecuencia su deseo de dejar el cargo.
En septiembre de 1966, durante el Congreso de abades benedictinos celebrado en San Anselmo de Roma, el P. Justo presentó su renuncia por motivos de salud.
El 15 de noviembre de 1967 formó parte del X Consejo Nacional de FET y de las JONS. Intervino en la Corona de Sonetos en Honor de José Antonio Primo de Rivera, con el poema Su muerte es vida.
En 1975, con motivo de su 80 cumpleaños, la abadía de Silos le dedicó un amplio homenaje. La publicación del mismo, un año después, en dos gruesos volúmenes de Studia Silensia, permite conocer su amplia producción literaria y la estima de las muchas firmas que colaboran en él.
En 1977 la ciudad de Burgos dio su nombre a una de las plazas de la ciudad, junto a la avenida de Castilla y León. (NOMBRE HOY ERRADICADO)
Fray Justo falleció el 29 de junio de 1979, siendo sepultado en el Valle de los Caídos al día siguiente, en el cementerio de la Comunidad.
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Honores y distinciones:
Premio Francisco Franco por su estudio sobre la Historia del Condado de Castilla (1944).
Capitán-Capellán honorífico del Cuerpo Eclesiástico del Ejército (Orden de 29 de enero de 1946).
Gran Cruz de la orden civil Alfonso X el Sabio (Decreto de 18 de julio de 1951).
Miembro de la Orden de Cisneros con la categoría de Encomienda con placa (Orden 10 de julio de 1952) y Gran Cruz de la Orden de Cisneros (Decreto 1 de abril de 1964).
Encomienda de Isabel la Católica y Placa del Mérito Civil.
Homenajeado por la abadía de Silos en 1976.
Consejero de Honor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
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