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Tema: Fr. Justo Pérez de Urbel: gran historiador, falangista y abad del Valle de los Caídos

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    Fr. Justo Pérez de Urbel: gran historiador, falangista y abad del Valle de los Caídos

    Fray Justo Pérez Santiago, conocido con posterioridad como Fray Justo Pérez de Úrbel (1895-1979), nació en Pedrosa del Río Úrbel (Burgos).



    Ingresó en la Orden benedictina en 1907 en el Monasterio de Santo Domingo de Silos; profesó en 1912, y fue ordenado sacerdote en 1918.

    Desde los 25 años se propuso desentrañar pacientemente cuanto estaba oculto sobre el monacato español, escribiendo sobre Historia, Biografía, Liturgia y Arte, especialmente en lo relativo al medievo castellano. Animado por Andrés Azcárate, prior de San Benito de Buenos Aires, y aprovechando el mucho material que ya ha ido avanzando, publica en 1925 las Semblanzas Benedictinas. La obra ha sido muy leída y sus ediciones siempre se han agotado; está organizada en tres volúmenes: Santos, Monjes ilustres y Grandes abadías.

    En 1928 premian su obra San Eulogio de Córdoba, que tendrá una segunda edición y su traducción al inglés. Estudiando los monasterios antiguos pudo publicar en 1933 su interesantísimo libro Los Monjes españoles en la Edad Media.

    El nombre de fray Justo Pérez adquiere renombre y comienza el Año Cristiano, su gran obra hagiográfica que ve la luz los años 1933-1935. En la Revista Eclesiástica van apareciendo artículos suyos sobre patrología, liturgia, eclesiología, historia, filosofía, espiritualidad. Traduce del inglés y del alemán. Es en 1920 cuando, al enviar varios artículos a la misma Revista Eclesiástica, para no dar la impresión de que todos los trabajos son de la misma persona, a su firma habitual de fr. Justo Pérez, le añade de Úrbel, toponímico de su tierra que quedará definitivamente unido a su nombre.





    Desde su primera colaboración en el Boletín de Silos en 1913, a sus 18 años, son muchos los artículos que escribe. Y muchas las recensiones de libros que hace. Con ello se mantiene al día en un amplio abanico del saber científico y le proporciona una valiosa correspondencia de gratitud y consejos mutuos de las plumas más eminentes de su tiempo. Los libros recibidos en la biblioteca de Silos marcan un valioso trazado intelectual de los monjes que la usaban y son un testimonio de gratitud de los autores que envían sus obras pidiendo una valoración de las mismas. La correspondencia del P. Justo, hoy en el archivo de la abadía de Santa Cruz del Valle de los Caídos, es el reflejo valioso de las corrientes culturales y colaboraciones científicas que durante toda su vida le mantuvieron despierto y activo.

    Y, casi cada año, seguían apareciendo libros suyos de divulgación científica como El Claustro de Silos, biografías de santos y poesía como In terra pax. Colabora en el Boletín de la Real Academia de la Historia, en El Debate, en La Época, en la enciclopedia Espasa Calpe, en la gran Historia de España dirigida por Menéndez Pidal, en el Dictionnaire d’Histoire et de Géographie Ecclesiastique

    La Acción Católica Española.

    Los diversos organismos de la Acción Católica Española, piden la colaboración del P. Justo. Todos agradecen el entusiasmo con que escribe y la brillantez de su estilo. Ya en 1930 le piden unas conferencias sobre temas litúrgicos en Madrid. En 1933 colabora escribiendo sobre temas litúrgicos en la revista La Flecha. Ese mismo año Don Ángel Herrera le encomienda la cátedra de liturgia en los cursos de verano de Santander. Y, como sus conferencias gustan tanto, las pide por escrito para publicarlas. Y le embarca en el proyecto que organiza El Debate y que titulan Pro Ecclesia et Patria. Y le envía el anteproyecto, pidiendo su consejo, de la creación de una universidad católica. Sus conferencias en las semanas que por toda España organiza la Acción Católica se multiplican.

    En los años 1933 al 1935 publica sus cinco volúmenes del o Cristiano, una de sus obras de mayor difusión. Fue un trabajo intenso, absorbente, en el que cada santo cobraba vida. El P. Félix García felicitará con gran entusiasmo una obra salida de las manos de tal miniaturista, erudito, arqueólogo y poeta como es fr. Justo. El 25 de enero de 1936 da una conferencia sobre San Pablo en el colegio El Pilar de Madrid para los jóvenes de Acción Católica. Y, cuando ya tiene su curso preparado para el verano de Santander, la guerra lo paraliza todo. Aun así desde Burgos le siguen pidiendo su colaboración para la revista Signo.

    La Sección Femenina

    En 1938, en plena guerra civil, empieza la colaboración de fr. Justo con la Sección Femenina de la Falange Española. Fue una colaboración religiosa. El 17 de mayo, desde Burgos y aconsejada por D. Agustín Aznar, Pilar Primo de Rivera escribe al P. Justo pidiéndole se ocupe de la formación religiosa de la escuela de jefes de la Sección Femenina, que piensan abrir en Málaga. Y adelanta las materias que debe tratar: liturgia, antiguo y nuevo testamento, canto gregoriano, oficio de la Virgen, etc. y también sobre el embellecimiento de las iglesias. Fray Justo envía un temario, Pilar pide permiso al P. abad Serrano y fr. Justo da su curso en Málaga. Y siguieron otros cursos. De esta labor se hace eco D. Cornelio Ursatum hablando del movimiento litúrgico en España: “Los monjes de Silos además de la copiosa literatura litúrgica que vienen produciendo, están haciendo una labor admirable con las muchachas de España al orientarlas tan magistralmente hacia las fuentes genuinas de la piedad cristiana, enseñándolas a orar como ora la Iglesia”.

    Esa colaboración duró 39 años. Pilar Primo de Rivera reconoció y agradeció el importante lugar ocupado por Fr. Justo en su carta del 7 de julio de 1977, cuando le comunica su cese por quedar suprimida la Secretaría General del Movimiento y desaparecer la Sección Femenina. Tras la muerte de fr. Justo en 1979, Pilar evocará de nuevo ese encuentro, colaboración, estima e inmenso agradecimiento a la valiosa colaboración de fr. Justo que “nos hizo entrar en un mundo nuevo que nos llevaba hacia Dios... Fr. Justo fue el asesor religioso, el profesor, ordenador de nuestros programas, no sólo de religión sino en muchos casos de historia, por su eximio magisterio en esta materia; fue el consejero general y particular de los casos difíciles, el que nos acercó de manera definitiva a la Orden Benedictina, cuya influencia a través de la Sección Femenina ha transcendido a millones de personas que han pasado por las escuelas, colegios mayores o menores, albergues, cátedras ambulantes, servicio social de la mujer y cursos de toda índole. Todo esto y para siempre se lo deberá España a fray Justo”.

    ***
    Aconsejado por el Cardenal Gomá, el 21 de julio de 1938, el ministro de Educación D. Pedro Sainz Rodríguez incluye al P. Justo en la pequeña comisión que se ocupe de elaborar los planes y manuales de estudio de formación religiosa. Algunos de esos manuales, la Historia Sagrada, 1º, 2º y 3º grado, son obra suya. También publica La Iglesia de Jesucristo, su historia y su liturgia y la Vida del apóstol Santiago; San Pablo, apóstol de las gentes: San Isidoro de Sevilla; Itinerario litúrgico y un abundante número de artículos, reseñas, prólogos y algunas traducciones.

    Al día siguiente del desfile de la Victoria, el 20 de mayo de 1939, en la ofrenda realizada por Franco de su espada a los pies del Santo Cristo de Lepanto que presidía el altar mayor de la iglesia de Santa Bárbara de Madrid, Pérez de Úrbel dirigió el coro mixto de benedictinos y dominicos que entonaron unas antífonas en latín del siglo X, seguidas de las Orationes de regressu Ducis de proelio (Oraciones de la vuelta del Caudillo después de la guerra), según el Liber Ordinum del siglo VII.


    En Madrid

    En 1942, fray Justo es destinado al priorato Montserrat que Silos tiene en la calle de San Bernardo de Madrid. Son años en los que publica importantes trabajos que ya traía muy elaborados de su estancia en Silos. Sólo podemos citar las más conocidas: Historia del Condado de Castilla, obra galardonada con el premio Francisco Franco y felicitada con los más entusiastas elogios de la crítica; la Vida de Cristo, Historia de la Orden Benedictina; El monasterio en la vida española de la Edad Media; San Basilio el Grande; Fernán González; Misal Devocionario y Ritual. En Madrid se multiplican sus artículos y sus conferencias. Prevalecen los temas históricos y, sobre todo, litúrgicos.

    En 1941 se le otorgó la placa de Comendador de la Orden de Isabel la Católica. Fue nombrado suplente de la cátedra de historia de las universidades de Granada y Murcia, adscrito al gabinete de Información técnica del Ministerio se Asuntos Exteriores, vocal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

    En 1945 se le concedió la medalla de plata del Milenario de Castilla. Es en 1946, a sus 50 años, cuando obtiene la licenciatura en Historia y en 1950 el título de doctor. Ese mismo año se le adjudica la cátedra de Historia Medieval en la Universidad Complutense de Madrid. Una nueva ocupación que atenderá con fidelidad y competencia y que terminará por hacer difícil su compatibilidad con la vida de comunidad en el monasterio.

    ***

    Abad del Valle de los Caídos.

    En 1955, el Generalísimo Franco, pensando en los benedictinos y a través de D. Luis Carrero Blanco, ministro de la presidencia, le encargó a fr. Justo que se ocupara de buscar una comunidad para el Valle de los Caídos. Fr. Justo se lo comunicó a los abades de Santo Domingo de Silos y de Montserrat. El 21 de noviembre de 1956 se hace la petición formal a la comunidad de Silos para que asuma el Valle de los Caídos. La comunidad de Silos aprobó el proyecto el 7 de febrero de 1957.

    El 23 de agosto de 1957 el Generalísimo Franco creó la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. El 27 de mayo de 1958, con el Breve Stat Crux, Pio XII erigió la abadía. El 16 de julio de 1958 el abad de Silos Dom Isaac María Toribios, acompañado por 20 monjes de Silos, tomó posesión de la abadía, bendijo los locales y celebraron al día siguiente la solemnidad de El Triunfo de la Santa Cruz. El abad de Silos nombró los monjes que formarán la nueva comunidad y en la persona de fr. Justo, con la aprobación de la Santa Sede, les nombra su primer abad.

    La bendición abacial de fr. Justo tuvo lugar el 23 de octubre, en la capilla del Palacio real de Madrid y su padrino fue el mismo jefe del estado, D. Francisco Franco. La investidura prosiguió con la colocación de los capisayos y pectorales, y del solideo y birrete, tras lo que pronunció unas palabras de agradecimiento hacia el Santo Padre, los superiores de su Orden y al Caudillo Francisco Franco.


    Tenemos a fr. Justo en su cargo de abad del Valle de los Caídos con todas las ocupaciones de representación que tiene el lugar, sobre todo en los primeros años de su erección. Simultáneamente siguió atendiendo sus clases en la Universidad Complutense, su lugar en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la dirección espiritual de la Sección Femenina de la Falange Española; asimismo, fue consejero nacional del Movimiento y procurador en Cortes.

    La comunidad del Valle de los Caídos conoció unos años de florecimiento vocacional. De los 20 monjes iniciales pasaron a 47 tres años después. En 1965 eran 51 monjes. Se crea el Centro de Estudios Sociales; se educa una Escolanía, se atiende al culto en la basílica, se administra una gran hospedería.

    Las publicaciones de fr. Justo disminuyen considerablemente. Pero siguen apareciendo trabajos que ya tenía muy avanzados. Publica Sancho el Mayor de Navarra. Sin embargo, desde el primer día se comprendió que la carga asumida por el P. Justo era excesiva. Ocho años duró como abad, manifestando con frecuencia su deseo de dejar el cargo.

    En septiembre de 1966, durante el Congreso de abades benedictinos celebrado en San Anselmo de Roma, el P. Justo presentó su renuncia por motivos de salud.

    El 15 de noviembre de 1967 formó parte del X Consejo Nacional de FET y de las JONS. Intervino en la Corona de Sonetos en Honor de José Antonio Primo de Rivera, con el poema Su muerte es vida.

    En 1975, con motivo de su 80 cumpleaños, la abadía de Silos le dedicó un amplio homenaje. La publicación del mismo, un año después, en dos gruesos volúmenes de Studia Silensia, permite conocer su amplia producción literaria y la estima de las muchas firmas que colaboran en él.

    En 1977 la ciudad de Burgos dio su nombre a una de las plazas de la ciudad, junto a la avenida de Castilla y León. (NOMBRE HOY ERRADICADO)

    Fray Justo falleció el 29 de junio de 1979, siendo sepultado en el Valle de los Caídos al día siguiente, en el cementerio de la Comunidad.

    ****

    Honores y distinciones:

    Premio Francisco Franco por su estudio sobre la Historia del Condado de Castilla (1944).

    Capitán-Capellán honorífico del Cuerpo Eclesiástico del Ejército (Orden de 29 de enero de 1946).

    Gran Cruz de la orden civil Alfonso X el Sabio (Decreto de 18 de julio de 1951).

    Miembro de la Orden de Cisneros con la categoría de Encomienda con placa (Orden 10 de julio de 1952) y Gran Cruz de la Orden de Cisneros (Decreto 1 de abril de 1964).

    Encomienda de Isabel la Católica y Placa del Mérito Civil.

    Homenajeado por la abadía de Silos en 1976.

    Consejero de Honor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 13:55
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Fr. Justo Pérez de Urbel: gran historiador, falangista y abad del Valle de los Ca

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    FRAY JUSTO PÉREZ DE URBEL, MEDIEVALISTA

    Santiago CANTERA MONTENEGRO, O.S.B.

    Artículo publicado en Abadía Santa Cruz, Revista Benedictina de Estudios e Información, nº 78 (abril-junio de 1995), págs. 14-28; para su elaboración fue esencial la colaboración de Enrique Cantera Montenegro.

    https://1library.co/document/qvlw6pnr-fray-justo-p%C3%A9rez-de-urbel-medievalista.html

    No cabe ninguna duda de que una de las facetas que mejor definen la excelsa figura de fray Justo Pérez de Urbel es su condición de medievalista, es decir de haber sido una persona dedicada al estudio y la investigación de nuestro pasado medieval. Su decidida vocación medievalista tiene su mejor expresión en la dilatada trayectoria docente que desarrolló en la Universidad de Madrid, en la cátedra de Historia de España en la Edad Media, desde 1948 hasta su jubilación, así como en su amplísima producción historiográfica a lo largo de varios decenios.

    Su interés por la historia medieval se manifiesta desde muy joven, a través de los diferentes trabajos que publica en la Revista Eclesiástica y en el Boletín de Silos, editados ambos por la abadía benedictina de Santo Domingo de Silos. Se trata, con mucha frecuencia, de breves estudios de contenido hagiográfico y patrístico, así como sobre distintas abadías y monasterios benedictinos españoles. Entre la larga lista de trabajos que podrían ser clasificados en este apartado, deben ser citados los dedicados a “El Venerable Beda” (en Boletín de Silos, 21 (1919), págs. 248-253), a “San Bonifacio” (en Boletín de Silos, 21 (1919), págs. 288-294) o a San Pirminio, como el titulado “La patria de San Pirminio, patrón de los Alamanos” (en Boletín de la Real Academia de la Historia, XCIII (1928), págs. 314-317), en el que pone de manifiesto el origen hispano del apóstol de los alamanes.

    Pero la obra que consagra auténticamente a fray Justo como historiador es su San Eulogio de Córdoba (Madrid, 1928; 2a ed.: San Eulogio de Córdoba o la vida andaluza en el siglo IX. Este trabajo obtuvo, por unanimidad del jurado, el premio instituido por la Editorial Voluntad para el mejor estudio sobre la vida de un santo español. Junto con los trabajos de Francisco J. SIMONET, Historia de los Mozárabes de España (Madrid, 1897-1903), Isidro de las CAGIGAS, Los mozárabes (Madrid, 1947-1948) y Carleton M. SAGE, Paul Albar of Córdoba; studies on his life and writings (Washington, 1943), el estudio de fray Justo sobre San Eulogio constituye una de las obras consideradas como clásicas acerca del movimiento de los mártires voluntarios. Haciendo uso de muy diferentes fuentes documentales, continuamente da muestras de un profundo conocimiento del tema, utilizando el estilo fluido y espontáneo que caracteriza toda la obra de fray Justo.

    ***

    En la producción medievalista del padre Pérez de Urbel se dibujan desde muy pronto unas líneas de investigación que pueden considerarse prioritarias, y que atraerán su atención a lo largo de toda su dilatada trayectoria.

    Una de estas líneas es la relativa a la historia de los orígenes del Condado de Castilla, con la que rinde homenaje a la tierra castellana que le vio nacer y por la que siempre sintió un cariño muy especial. Se trata de una línea de investigación permanente en la publicística de fray Justo, desde que publicó su magna Historia del condado de Castilla (Madrid, 1944-1945, 3 vols.), por la que obtuvo el premio Francisco Franco, máxima distinción otorgada a un trabajo de investigación.

    En tres gruesos volúmenes, el padre Pérez de Urbel presenta un cuadro muy completo sobre los orígenes y desarrollo inicial del condado de Castilla, desde fines del siglo VIII hasta su transformación en reino. Esta obra supone un avance muy considerable en relación con la del padre Luciano SERRANO, también benedictino de Silos, El obispado de Burgos y la Castilla primitiva desde el siglo V al XIII (Madrid, 1935, 3 vols.), que hasta entonces constituía el estudio más completo acerca de la historia de la primitiva Castilla. Pese a que el medio siglo transcurrido desde la primera edición de la Historia del condado de Castilla ha dado lugar a la superación de algunos de los planteamientos de fray Justo, en la actualidad sigue siendo punto de partida obligado para cualquier investigación sobre la historia castellana.

    La crítica del momento reconoció unánimemente el extraordinario valor de esta obra. Como mejor ejemplo de ello puede citarse el amplio comentario que le dedicó D. Claudio Sánchez Albornoz algún tiempo después de su aparición (“Observaciones a la Historia de Castilla de Pérez de Urbel”, en Cuadernos de Historia de España, IX (1949), págs. 139-152). En esta reseña D. Claudio resalta la utilización exhaustiva de las fuentes narrativas y diplomáticas cristianas, lo que permite al autor abordar con éxito numerosos problemas críticos y ofrecer multitud de estampas del periodo histórico estudiado, así como las genealogías de los principales personajes que contribuyeron a la conformación del condado de Castilla entre los siglos IX al XI.

    La línea argumental de la Historia del condado de Castilla es la explicación del afán autonomista castellano en función de los peculiares y teóricos sentimientos o idiosincrasia castellana. Las peculiaridades castellanas frente al reino de León son atribuidas a la situación fronteriza del condado, lo que daría lugar a la aparición de una “mentalidad de frontera”, que conduciría a la conformación de un “nacionalismo castellano”, al que frecuentemente invoca el padre Pérez de Urbel.

    Pese a lo atractivo de esta tesis, parece una explicación mas emocional que real, que tendría su origen en la trasposición a tiempos medievales de conceptos propios de la actualidad. En general, se considera que el afán autonomista castellano obedece más a las diferencias sustanciales de carácter político y social que existían entre los territorios castellano y leonés, que a la situación fronteriza de Castilla.

    El indudable “castellanismo” que destila esta obra motivó la reacción de algunos “leonesistas” quienes, como Filemón de la CUESTA en sus Reyes Leoneses (León, 1958), acusan al padre Pérez de Urbel de exagerar la importancia de Castilla en relación con la de León.

    El estudio de la historia de los orígenes del condado de Castilla obligó a fray Justo a plantearse el siempre apasionante, aun cuando difícil, tema de la repoblación del territorio castellano. En una línea menos apasionada que la de Sánchez Albornoz, el padre Pérez de Urbel considera también un hecho incuestionable la radical despoblación, tras la invasión musulmana, de las tierras sobre las que se formaría la Castilla condal, como consecuencia de la huida hacia las montañas del norte de la Península de la mayor parte de la población que aquí residía. Al subrayar la gesta de los primeros repobladores, fray Justo da por supuesto el abandono en el que se encontraba el territorio castellano, prácticamente deshabitado y expuesto a las continuas aceifas musulmanas procedentes del valle del Ebro, lo que hacía aun más encomiable la tarea colonizadora.

    Esta tesis la expone extensamente en la ponencia que presentó en los cursos de verano de Jaca del año 1947, titulada “Reconquista y repoblación en Castilla y León durante los siglos IX y X”, que fue publicada, con las demás ponencias, en el volumen La Reconquista española y la repoblación del país (Zaragoza, 1951, págs. 127-162).

    Algunos autores discrepan de la tesis de Sánchez Albornoz y de fray Justo Pérez de Urbel, en relación con el supuesto despoblamiento del solar de la Castilla condal. Es el caso, entre otros autores, de R. MENÉNDEZ PIDAL, escéptico en cuanto a una despoblación total del valle del Duero, o de W. REINHARDT, quien en su trabajo “La tradición visigoda y el nacimiento de Castilla” (en Estudios dedicados a Menéndez Pidal, I, Madrid, 1950) defiende la teoría de la coincidencia del ámbito de la instalación territorial de los visigodos con el del condado de Castilla y la supervivencia de algunos grupos de origen godo. Por el contrario Pérez de Urbel insiste, con mejores argumentos, en el entronque del condado castellano con la expansión vascongada, tesis que ratifica en su trabajo titulado Los vascos en el nacimiento de Castilla (Bilbao, 1946).

    (…) El tema de los orígenes de Castilla y de los protagonistas que lo hicieron posible es muy recurrente en la historiografía del P. Pérez de Urbel, quien dedicó varios trabajos a la figura del conde Fernán González, polemizando con Menéndez Pidal en torno a los orígenes del artífice de la independencia castellana. Entre otros, hay que destacar los trabajos titulados “El milagro del nacimiento de Castilla” (en Arbor, 3 (1945), págs. 465-503), Fernán González, el héroe que hizo a Castilla (Madrid-Buenos Aires, 1952), y “Fernán González. Su juventud y su linaje” (en Homenaje a Johannes Vincke, Madrid, 1962-1963, vol. I, págs. 47 -72). (…)

    ***
    Otra de las grandes líneas de investigación del P. Pérez de Urbel fue la de la historia monástica, campo este en el que su producción es también extraordinariamente fecunda. Tras sus primeros trabajos publicados en el Boletín de Silos y en la Revista Eclesiástica, el primer gran trabajo de investigación de fray Justo sobre tema monástico es el titulado “Los monjes españoles en los tres primeros siglos de la Reconquista” (en Boletín de la Real Academia de la Historia, 101 (1932), págs. 21-113). Partiendo de los monjes mozárabes, de los que se ofrece una panorámica general, centra su atención en el monacato de los territorios hispano-cristianos, haciendo hincapié especialmente en las primeras fundaciones benedictinas y en el régimen de vida material y espiritual de los monjes castellano-leoneses.

    Este trabajo es la base para su célebre estudio Los monjes españoles en la Edad Media (Madrid, 1933-1934), publicado en dos volúmenes. Se trata de una obra que ha alcanzado la categoría de “clásica” en los estudios sobre el monacato medieval español y que, pese a los años transcurridos desde su aparición, sigue siendo fundamental para cualquier estudioso e investigador de la vida monástica en la España de la Edad Media. Especialmente brillante resulta la síntesis relativa a la época visigoda.

    Unos años después, y con una finalidad muy diferente, publicó el libro El monasterio en la vida española de la Edad Media (Madrid, 1942). Consiste en un trabajo de carácter divulgativo, en el que fray Justo trata de explicar al gran público, no especializado, los aspectos más externos de la vida monástica: organización y jerarquía, y la tarea colonizadora, agrícola, benéfica, artística y literaria de los monjes españoles en la Edad Media. La vida interna de las comunidades monásticas sólo le interesa en este libro por lo que se refiere a su influencia sobre la sociedad. Como no podía ser de otro modo, fray Justo se sintió muy especialmente atraído en sus estudios monásticos por el benedictinismo, manifestando siempre un profundo conocimiento y un amor intenso por la Orden en la que había profesado.

    Con una finalidad eminentemente divulgativa escribió en tres volúmenes las Semblanzas benedictinas: 1. Santos (Madrid, 1925); 2. Monjes ilustres (Madrid, 1926); y 3. Las grandes abadías (Madrid, 1928). Con parecida finalidad publicó unos años más tarde la Historia de la Orden Benedictina (Madrid, 1941) donde, en cuarenta capítulos, describe las grandes líneas de la historia de la Orden de San Benito a lo largo de sus catorce siglos de existencia. (…)

    En otros diversos trabajos el P. Pérez de Urbel se ha interesado por la observancia reglar. Así, interviene de forma activa en la interesante polémica en torno a la prioridad de la Regula Magistri o de la Regula Monachorum de San Benito, intentando demostrar que la primera no es otra que la que, según San Isidoro de Sevilla, escribió el ilustre historiador Juan de Biclara, “Biclarense”, obispo de Gerona. Esta es la tesis que defiende en su trabajo “El Maestro, San Benito y Juan Biclarense” (en Hispania, I (1940), págs. 7-42, y II (1941), págs. 3-52), contra la que puso algunas objeciones el padre Mateo del ÁLAMO en su articulo “Nouveaux eclaircissements sur le Maitre et Saint Benoit” (en Revue d ́Histoire Ecclesiastique, XXXVIII (1942), págs.. 332-360).

    ***
    La liturgia constituye otra de las líneas de investigación que más atrajeron el espíritu inquieto de fray Justo, quien dedicó diversos estudios al rito mozárabe. Inicialmente se interesó por los himnos mozárabes, publicando varios artículos en el Bulletin Hispanique, que posteriormente recopiló en el librito titulado Origen de los himnos mozárabes (Bordeaux, 1926), de muy útil consulta. También estudió la misa del rito mozárabe en su trabajo “La misa mozárabe” (en Revista Eclesiástica, 61 (1928), págs. 99-104 y 147-155), así como otros distintos aspectos relativos a la antigua liturgia hispana. La tenaz resistencia a la abolición del rito mozárabe en algunos rincones de la Península Ibérica es abordada en su trabajo “El último defensor de la liturgia mozárabe” (en Miscelánea litúrgica in honorem L. Cuniberti Mohlberq, II, Roma, 1949, págs. 189-197; reproducido en Liturgia, 12 (1957), págs. 22-28).

    Pero su más valiosa contribución en este terreno fue, sin duda alguna, la edición critica del Liber Commicus (Madrid, C.S.I.C., 1950-1955, 2 vols. “Monumenta Hispaniae Sacra”, Serie Litúrgica, n° 2 y 3), en colaboración con Atilano González Ruiz Zorrilla. Este estudio, que mereció a sus autores el premio Antonio de Nebrija, supone una excelente actualización de la edición que había llevado a cabo en 1896 dom G. Morin. Mediante la utilización de diversos códices, leccionarios y textos complementarios, manuscritos e impresos, en su mayor parte procedentes de León y Toledo, se presenta un cuadro muy completo sobre las distintas perícopas bíblicas que se leían en la misa mozárabe.

    En relación con el culto de Santiago publicó otro interesante articulo sobre los “Orígenes del culto de Santiago en España” (en Hispania Sacra, 5 (1952), págs. 1-31), en el que atribuye la autoría del himno “O Dei verbum” a Beato de Liébana, resaltando su importante papel en la configuración del patronazgo de España de Santiago el Mayor. Más adelante, dedicó incluso una monografía al asunto, Santiago y Compostela en la Historia (con amor y con verdad) (Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas - C.S.I.C., Instituto Salazar y Castro, 1977).

    Otro capítulo al que fray Justo dedicó su atención como estudioso e investigador del pasado medieval hispano es el de la cultura. Su gran interés por el periodo visigodo, expresado en los diversos estudios sobre el monasticismo hispano-visigodo, le llevó a interesarse muy pronto por la figura de San Isidoro, a quien dedicó su San Isidoro de Sevilla. Su vida, su obra y su tiempo (Barcelona, 1936), que consiste en un estudio de conjunto sobre la vida y la obra del santo sevillano. Sería traducido al alemán. Unos años después, y con la finalidad de dar a conocer la obra isidoriana, publicó un nuevo libro titulado San Isidoro de Sevilla. Antología (Madrid, 1940).

    Asimismo es obligado reseñar el excelente estudio que dedicó a “Las letras en la época visigoda”, dentro de la Historia de España dirigida por Ramón Menéndez Pidal (Madrid, Espasa Calpe, 1940, vol. III, págs. 377-431). Dentro de este capítulo, fray Justo se interesó muy especialmente por la historiografía altomedieval y más en particular por la figura de Sampiro. En su trabajo titulado Sampiro. Su crónica y la monarquía leonesa en el siglo X (Madrid, C.S.I.C., 1952), además de la edición crítica de la Crónica de Sampiro, la más importante fuente narrativa hispana del siglo X, fray Justo aborda extensamente el estudio del autor y de su obra. Asimismo es de interés su artículo “Sampiro, notario, cronista y obispo” (en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 58 (1952), págs. 203-270).

    ***
    En las postrimerías del siglo XX, la figura de fray Justo Pérez de Urbel aparece como la de uno de los más señalados medievalistas españoles de la presente centuria y su nombre viene a unirse a los de otros célebres historiadores, como D. Claudio Sánchez Albornoz, D. Emilio Sáez Sánchez, D. Salvador de Moxó y Ortiz de Villajos o D. Antonio Ubieto Arteta, quienes no sólo han contribuido al mejor conocimiento de nuestra historia medieval sino que, lo que es mucho más importante, han sentado las bases para la moderna historiografía medievalista española.
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    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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