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Tema: Crónicas del Gran Capitan. Campos de Batalla de Italia, Garellano, Mola, Gaeta

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    Nok
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    Crónicas del Gran Capitan. Campos de Batalla de Italia, Garellano, Mola, Gaeta

    CAMPOS DE BATALLA DE ITALIA[1]
    GARELLANO, MOLA, GAETA
    Luego, á la mañana siguiente, el ejército español se movió de los casares de Castelforte y comenzó á caminar la vía del Garellano, adonde tenían su real los franceses, llevando la vanguardia Bartolomé de Alviano con aquellos capitanes y gente que dicho ha la historia. Los franceses aquella noche que el ejército español estaba en los casares de Castelforte fueron avisados cómo habían los españoles pasado el río, y cómo venían de voluntad de se juntar con ellos en batalla, y asimismo cómo habían recibido algunos lugares en su devoción de los que se mostraban por Francia, tomando algunos de ellos á fuerza de armas, de que muy gran pesar recibieron. Por esta razón el Marqués de Mantua y el Marqués de Saluces y monsiur de Alegre, con todos los otros caballeros y capitanes franceses, á muy gran prisa mandaron alzar su real de aquel lugar y irse camino de Gaeta, temiéndose que los españoles los acometieran aquella noche que durmieron en los casares de Castelforte. Y con este temor luego aquella noche á la media noche se levantaron del Garellano haciendo meter en barcas todo el artillería gruesa para que la llevasen el Garellano abajo á la marina. Y hecho esto así, á muy prisa comenzaron á caminar la vía de Gaeta. En esto Bartolomé de Alviano y los otros capitanes y gente que llevaban en la vanguardia, no sabiendo que los franceses eran levantados del lugar donde estaban, se estuvieron quedos en un llano que está á dos millas de Trayeto, y queriéndose mover de allí para dar en los franceses, viniéronles nueva cómo los franceses se habían levantado del Garellano y de cómo se iban á gran prisa camino de Gaeta y que se habían partido aquella noche á la media noche. Bartolomé de Alviano, que estaba para se mover en seguimiento de los franceses, allegó el Gran Capitán con trescientos caballos y con dos mil alemanes, y como fué sabedor del levantamiento de los franceses y la prisa que llevaban para se meter en Gaeta, hubo de ello gran pesar. Por lo cual sin ningún detenimiento dió prisa en el caminar de su gente en seguimiento de ellos por el mismo camino que los franceses llevaban, y envió adelante á Bartolomé de Alviano y á Próspero Colona con doscientos caballos para detener á los franceses, en tanto que él llegaba con la otra gente del ejército. Pues como el Gran Capitán llegó al asiento donde habían tenido el real los franceses, junto á la puente halló que las barcas que llevaban el artillería, por la gran fortuna del tiempo, no habían podido caminar el río abajo, por lo cual convino al Gran Capitán detenerse allí un rato por las tomar. Y así fué que el Gran Capitán tomó toda la artillería francesa, sin que se salvase cosa ninguna de ella, y luego á muy gran prisa, dejando gente en la guardia de ella, y asimismo personas que tuviesen cargo de la llevar la vía de Gaeta por donde ellos iban, el Gran Capitán se movió de allí en pos de los franceses. Bartolomé de Alviano y Próspero Colona, que, según dicho es, se habían adelantado con doscientos caballos ligeros en seguimiento de los franceses, allegaron á un paso de una puente de piedra que está cuatro millas de Mola, y como los franceses que iban a más andar la vía de Gaeta vieron venir aquellos caballos ligeros españoles, tornaron sobre ellos hasta cien hombres de armas creyendo que no había más gente de la que parecía, y dieron tan de recio en los franceses y los franceses en ellos, que sin hacer muestra de resistencia volvieron las espaldas, aunque los capitanes Bartolomé de Alviano y Próspero Colona trabajaron mucho por los detener. Pero al fin no los pudieron tener, convino a Bartolomé Alviano y á Próspero Colona con solos veinte caballos españoles detener en el paso de la puente, entre los cuales quedaban Carlos de Paz y Escalada, varones de muy gran virtud y ánimo; y así hicieron tanto estos españoles, que aunque eran pocos, aquel día juntamente con Próspero Colona y Bartolomé de Alviano defendiendo a los franceses que no pasasen la puente, adonde ya habían acudido mas de doscientos hombres de armas que fueron dignos de memoria. En esto el Gran Capitán, que venía detrás, obra de tres tiros de ballesta, allegó con la infantería que Diego García de Paredes y el capitán Pedro Navarro traía y con muy grandísimo ímpetu dieron en los franceses que con aquellos veinte caballos españoles peleaban en el puente. Pero los franceses como vieron venir la infantería, luego conocieron que era allí todo el ejército español, y por esta razón todos a muy gran prisa dejaron la puente y volvieron las espaldas á se juntar con su campo, que iba adelante la vía de Mola. En esto el Gran Capitán, esforzando a los suyos, que muy cansados venían del camino, según que habían caminado aquel día bien tempestuoso de aguas que había hecho y hacía, aunque con gran trabajo, viendo la victoria en las manos, crecieron en fuerzas y corazón y con muy gran prisa fueron en pos de los franceses, donde mataron muchos de ellos que ya los habían alcanzado. En este seguimiento de los franceses, el Gran Capitán, con la mucha prisa que llevaba en el alcance, y como la tierra estaba llena de resbaladeros, de los lodos que las grandes aguas de aquel año habían causado, cayó con el caballo en el suelo; el cual levantándose con mucha diligencia sin recibir ningún daño, vio cómo muchos de los suyos habían acudido á le cobrar y ver lo que había recrecido de la caída que el Gran Capitán había dado, y tornado á cabalgar muy ligeramente, dijo a su gente con alegre rostro: «Ea, amigo, que pues la tierra nos abraza, bien nos quiere». Ciertamente se puede creer que aquel gran dictador de Roma, Julio Cesar á este Gran Capitán no hizo ventaja así en fuerzas como en corazón, prudencia y consejo, porque de él se lee que yendo á conquistar á África, allegando en un puerto con su flota cerca de Alejandría, mandó a toda su gente salir á tierra, y en saltando él de la barca á tierra, dio una gran caída y dijo estas palabras:
    «Aquí tengo á África», como dando á entender que no se le podía ir de su poder, tomando de aquella caída favorable pronóstico en los hechos que emprendía.

    Pues tornando á nuestro propósito, el Gran Capitán, que ya había cabalgado, comenzó á seguir el alcance de los franceses. A esta hora era casi el sol puesto, y los franceses, quedando muertos muchos en el campo, con gran temor se recogieron en Mola, no osando en aquella noche pasar á Gaeta, y haciéndose fuertes comenzaron á defender la entrada de los españoles en aquella ciudad. A esta sazón llegó el Gran Capitán á Mola con trescientos hombres de caballo y con dos mil infantes españoles y alemanes; y como vio que los franceses no habían pasado adelante de Mola, antes se habían hecho fuertes, mandó á Diego García de Paredes y á Pedro Navarro que con aquellos dos mil infantes tomasen la batalla y que acometiesen a los franceses por la parte de la montaña, y él se puso á pie con los alemanes y se puso en lo bajo á la puerta de la ciudad para acometer á los franceses por aquel lugar. Diego García de Paredes y el capitán Pedro Navarro, con la gente y orden que el Gran Capitán les dio, comenzaron á dar en los franceses por lo alto de la montaña y pelearon con ellos un gran rato, en el cual mataron é hirieron muchos de ellos. En el mismo tiempo el Gran Capitán, que se había quedado en la parte de lo bajo de la ciudad, asimismo acometió á los franceses con los alemanes, y luego tras él los caballeros y gente de armas comenzaron á combatir. El capitán Fabricio Colona y Próspero Colona y el Duque de Termoli y Bartolomé de Alviano y el Prior de Mecina, de tal manera cargaron sobre los franceses, los unos por la una parte, los otros por la otra, que en muy breve tiempo los pusieron en muy gran estrecho; los cuales asimismo eran combatidos y no con menor fuerza de Diego García de Paredes y de Pedro Navarro, que, como es dicho, tenían el combate de la parte de la montaña. Finalmente, los franceses se sintieron tan aquejados por los españoles, que no lo pudiendo más sufrir les convino desamparar á Mola y ponerse en huida la vía de Gaeta, que está cuatro millas de Mola, pensando de se poder salvar en aquella ciudad por ser más fuerte, creyendo que los españoles no les seguirían más, por aquel día, por razón que la noche era muy cercana. Pero el Gran Capitán, que bien sabía usar de la victoria y buena ventura que Dios le daba, salió de Mola tras los franceses, y matando é hiriendo siempre en ellos los fue siguiendo hasta los meter por las puertas de Gaeta, donde perdieron aquel día los franceses la guarnición de Monte, que es en aquella ciudad de Mola la fortaleza y castillo de ella y de otras. Muchos de los franceses, dejando la ciudad con temor que así se tomaría Gaeta como Mola, se recogieron á las naves y galeras que estaban en el puerto, adonde cargó tanta gente que por se meter en las galeras se anegaron en la mar muchos de ellos entre los cuales señaladamente se ahogó Pedro de Médicis, que según la historia ha contado tenía la parte de los franceses y tenía la villa y castillo y Abadía de Guellerma por ellos. fue este Pedro de Médicis aquel que fue con la embajada de parte de la señoría de Florencia al Rey Carlos octavo, predecesor de este D. Luis doceno, que dio mala cuenta de sí y fue á esta causa desterrado de Florencia y sus bienes confiscados y publicados como en el principio de esta historia se dijo asaz largamente. De esta manera, pues, haciendo los españoles muy gran daño en los franceses, vino la noche que los despartió y fue causa que aquel día no viniese la ciudad de Gaeta a su poder, por donde les convino partirse de allí y tornarse aquella noche á Castellón. Murieron en este alcance más de tres mil franceses,
    Gran trabajo pasó en aquel día el Gran Capitán con su gente, y verdaderamente se puede decir y debe creer que capitán ni gente del mundo padecieron tanto trabajo cuanto padecieron aquel día los españoles, por razón que todo aquel día y la noche que sobrevino nunca cesó de llover con muy gran tempestad de agua, y con toda aquella adversidad de tiempo habían andado con las armas a cuestas más de diez y siete millas sin comer ni descansar y andando a la mayor prisa que pudieron los infantes, que nunca dejaron los caballos en todo el camino, antes con muy gran orden los fueron siguiendo; y verdaderamente bien mostró allí la gente española ser para mayores trabajos que otra ninguna nación del mundo, según lo que aquel día pasaron y por sus personas hicieron.

    [1] Crónicas del Gran Capitán. Public. por Antonio Rodríguez Villa. Madrid, 1908, «Nueva Bib. Aut. Españoles”. Madrid, 1908, tomo X, libro IT, cap. CX, págs. 219-221.
    Pious dio el Víctor.
    El hombre que sólo tiene en consideración a su generación, ha nacido para unos pocos,
    después de el habrán miles y miles de personas, tenlo en cuenta.
    Si la virtud trae consigo la fama, nuestra reputación sobrevivirá,
    la posteridad juzgará sin malicia y honrará nuestra memoria.

    Lucius Annæus Seneca (Córdoba, 4 a. C.- Roma, 65)

  2. #2
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    Re: Crónicas del Gran Capitan. Campos de Batalla de Italia, Garellano, Mola, Gaeta

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    El Gran Capitan,ese genio militar español,el creador del embrión de lo que serian los Tercios que durante siglo y medio mantendrían acojonados a media Europa y digo media por que la otra media era nuestra.Lástima que el Gran Capitan y Fernando el Católico se llevaran mal y esa muestra lo demostrá la carta que mandó el Gran Capitan a Fernando ya que este le pidió una lista para saber el gasto que había costado la campaña de Italia y esta fue así:
    "170000 ducados en poner y renovar campanas,destruidas con el uso continuo de repicar todos los días por nuevas victorias,10000 ducados en guantes perfumados para preservar las tropas del mal olor de los cadáveres de los enemigos". El final de las cuentas terminan así:"100 millones por mi paciencia en escuchar que el rey pedía cuentas a quien le ha regalado un reino".

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