A MODO DE COMENTARIO…
Ni una flor hace primavera, ni las manifestaciones del sobrino de un requeté muerto en la Cruzada, –desde el punto de vista que las enfoca y con las consecuencias adhesivas que saca de ellas–, pueden ser la expresión de lo que pensarían su tío y los miles y miles de Carlistas que murieron por España, si todavía viviesen. Como no son la expresión de lo que pensamos los supervivientes de la Cruzada, los de la edad del mencionado sobrino y los más jóvenes, que seguimos en la línea de la auténtica Tradición. Tampoco son, por supuesto, la expresión de lo que piensa la auténtica Falange, que tiene la piel demasiado dura y el espíritu demasiado alerta para dejarse enterrar, con o sin funeral.
¡Hagan juego, señores!, pero con las fichas propias, y no con las ajenas. En torno al tapete verde, que no es precisamente un ambiente ejemplar, ese sistema está severamente condenado y fuera de la ley. Y, a menos que la política sea más inmoral que la ruleta, no sabemos qué pensar de los que juegan el presente y el porvenir de España con fichas sustraídas y trucadas.
Nunca, jamás, el príncipe Juan Carlos podrá ser el rey (¡si llega a serlo, pues eso, solo Dios lo sabe!), de la Monarquía Tradicional. Esta es un depósito sagrado, conservado por una Dinastía y por un pueblo leal, con los que nadie ha contado. Y nadie, ni el mismo Caudillo, puede utilizar la apelación, ni pretender apoyarse en su lema para instaurar esta Monarquía y nombrar un rey de la Tradición, pues no existe, que sepamos, ningún documento, mediante el cual el depositario de la Monarquía Tradicional en la época del Alzamiento (para nosotros, los Carlistas, Rey Alfonso Carlos), designase al Caudillo Franco como Regente de la citada Monarquía, con derecho a nombrar rey, en su día.
Por muy providencial que haya sido el Caudillo (¿pueden calificarse, también, de providenciales las muertes de Sanjurjo y Mola, sin cuya desaparición no hubiese sido Franco el Caudillo?), no puede, sin faltar, precisamente, a los más elemental de la Tradición, que es la continuidad legítima, y no impuesta, sustituirse, por voluntad personal de autócrata, al derecho histórico y popular, que es la auténtica Tradición. La Tradición no se improvisa, ni se designa con el dedo, en un país que, si bien renació el 18 de Julio, había nacido ya mucho antes, y no puede ser tratado como tierra virgen, sin historia, conquistada en una fecha determinada. Históricamente hablando, el procedimiento que se ha seguido se llama Cesarismo, y no tiene precedentes en la Historia de España. Sin embargo, ha sido enaltecido y loado en un acto celebrado en el frontón de Anoeta, el domingo 9 de noviembre [de 1969], en San Sebastián. Inconsciente imprudencia, sin duda, ya que con ello queda patente que se ha prescindido de la Tradición histórica de España, que se pretende representar y servir.
No sabemos cuánto habrá costado a los fondos, con atribución especial, la “espontánea” concentración del frontón de Anoeta (ponemos el entrecomillado, porque el alcalde de Zumaya dijo que obedecía a una llamada), y tampoco sabemos si, entre las trecientas y pico personas, –no más–, que asistieron al acto, no había más residentes en Guipúzcoa, oriundos de otras provincias, que auténticos guipuzcoanos, aparte el elemento oficial. Dicho sea de paso, no deja de sorprender que, entre el centenar bien rebasado de alcaldes que hay en Guipúzcoa, solo aparezcan dos, los de Zumaya y Cegama, de importancia secundaria, con relación a otros núcleos de población, y que sean, casualmente, estos dos los que se atribuyan la representación de los Ayuntamientos guipuzcoanos. ¿Dónde estaban los demás alcaldes? ¿O es que juzgaron más prudente y oportuno no manifestarse?
Lo que sí sabemos, sin lugar a dudas, es que este acto ha sido uno de tantos episodios de la farsa que se viene representando, –desde hace algún tiempo, en la escena nacional. – Se hace indispensable mantener un mito, a costa de lo que sea! Pero resulta escarnio invocar la memoria de los muertos, que dieron su vida por algo más que una nueva mistificación, aunque sea con corona, es vil enunciar lemas que no se representan, y es burla siniestra poner broche final a la mascarada, cantando un himno sagrado, que es un canto a las libertades patrias, hoy canceladas y pisoteadas.
COMENTARIO FINAL.- El Carlismo y la Falange no son alondras alocadas, son carne viva y espíritu de la Patria, y no pueden caer en la trampa del espejuelo que se les pone para que caigan, y se rompan las narices en él. Se está jugando demasiado, y los jugadores, pensando tener todos los triunfos en la mano, se están saliendo de muchos límites! ¡Que tengan cuidado, la paciencia de los pueblos también tiene un límite!
¡¡ EN ESPAÑA SIEMPRE AMANECE!!
[sin firma]
[Añade Doña Pilar Roura la siguiente NOTA]
NOTA.- Lamentamos más que nadie tener que recurrir a los escritos sin firma, que nos reprochan. Pero mientras España no se pueda manifestar libremente, en las tribunas de la prensa, radio y televisión, hoy exclusivamente reservadas a la opinión oficial o teledirigida, no nos queda más remedio que hacer oír la voz, desde las catacumbas, sin dejar ver el rostro, ya que tenemos sumo interés en conservarlo íntegro.
Fuente: ARCHIVO FAMILIA BORBON PARMA
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