Re: El fracaso pro vida
Cuando alguien quiere dejar de fumar, o lo deja radicalmente o no tiene nada que hacer, ni con ayuditas psicológicas, ni con chicles, ni con zarandaja alguna. Sólo hay un modo: la voluntad.
Del mismo modo, frente al aborto sólo hay un método: no abortar. Cuenten lo que cuenten, digan lo que digan, si la gestante y el padre tienen verdadera conciencia de que el ser que se está formando es la misma persona en esa etapa que cuando sea nonagenario, no abortarán porque sabrán que hacerlo es un crimen. Y fomentar, preconizar, aconsejar, practicar el aborto es un "crimen de lesa humanidad", lo quiera negar quien quiera, lo justifique cualquier normativa. Un Estado no es más justo por tener más leyes, eso es una "nomocracia", lo es por la justicia que contenga su normativa y si los legisladores fueron verdaderamente conscientes de cuales son los límites de la conciencia humana. Los abortistas son jueces y verdugos y no mejores moralmente que los de la Alemania nazi.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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