Un relato medieval que quedaría relegado al olvido de no ser porque los habitantes y marineros de las Canarias llevan siglos viendo en la lejanía una isla que aparece, desaparece y cambia de posición.
Una isla a la que los canarios llaman "la inaccesible", "la encantada", "la perdida", o más comúnmente, la Isla de San Borondón. Una isla fantasma que ha sido cartografiada en muchas ocasiones a lo largo de la historia, fotografiada, e incluso visitada.
“Dicen las gentes de este lugar que más allá de las islas, hacia poniente, se encuentran otras islas que no pertenecen a las colonias…sería de gran interés para la Royal Society poder acceder a estas tierras y estudiar su naturaleza”.
En 1863 regresa a Inglaterra. A partir de ese momento un solo pensamiento ocupa la mente del aventurero naturalista: Descubrir las islas de poniente. Tras haber tenido conocimiento de la existencia de estas islas por boca de los canarios comienza un exhaustivo estudio de la zona y encuentra multitud de referencias escritas y cartográficas a la isla de San Borondón. La leyenda empieza a convertirse en algo tangible.
“Las leyendas siempre se basan en algo real, esa isla debe existir. Tantas expediciones han ido en su busca y tantos testimonios hay de su avistamiento. He de ser el primero en encontrar San Borondón”.
Decide entregarse en exclusiva a la misión de preparar una nueva expedición con el objetivo único de encontrar la isla. Comienza una vertiginosa carrera de estudios e investigaciones sobre las islas del Atlántico. Estudia los mapas en los que figuraba la isla, que avalaban la existencia de unos nuevos territorios aún por descubrir. Llega a tanto su obsesión y su dedicación, que no le queda más remedio que abandonar la Royal Society por no poder cumplir con las obligaciones que como trabajador de la misma había contraído.
Harvey llega a Santa Cruz de Tenerife a finales de 1864 y comienza a organizar la expedición que saldría finalmente de Las Canarias en enero de 1865. Tras unos días en el mar, durante los cuales la tripulación se enfrenta a una tormenta que daña el barco y hace que lleguen a temer por sus vidas, se escucha en cubierta al fin el grito de: "¡Tierra! ¡Girad a tierra!"
Queda ahora bajar a tierra firme, reparar el barco e inspeccionar la isla y, como no, tratar de averiguar si habían llegado realmente a San Borondón. Algo de lo que Harvey llegaría a estar seguro en muy pocos días.
Durante los siguientes 7 días que la expedición permaneció en la isla Harvey no descansó un segundo, tratando de recorrer la isla de extremo a extremo y adentrándose en la espesa vegetación tanto como le era posible. Siempre acompañado de su inseparable diario de viaje, su cuaderno de dibujo y de su cámara de fotos procuró que no quedase detalle sin registrar.
De todos aquellas fotos, dibujos y anotaciones que realizó y que aún se conservan son un buen ejemplo los siguientes:
Una leyenda que aunque podamos ver y parezca que casi tocar, ha sido explicada y desmentida por los científicos. Y es que la isla de San Borondón puede ser una formación de nubes bajas posadas sobre el mar o quizás el reflejo del Teide en el horizonte.
En cuanto a las expediciones, es probable que las que tocaron tierra lo hicieran por error en tierras ya conocidas o incluso que no sean más que una farsa para alimentar la leyenda o el ego de aquellos que pretendieron ser los descubridores de la isla perdida a lo largo de los siglos.
Fuentes:
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Mención especial merece la web
laisladescubierta.net donde podemos encontrar las fotografías y el diario de Edward Harvey (en cuyas páginas merece la pena perderse), y cuyo viaje es en realidad una ficción artística sobre el mito, que con poco tiempo de vida forma parte ya de la historia de los viajes a la isla perdida.