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Tema: Orden de Alcántara.

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    Orden de Alcántara.


    Organización y vida religiosa en la orden de Alcántara desde sus orígenes hasta su incorporación a la Corona

    Luís CORRAL VAl. ~

    El objetivo de este artículo es presentar una breve síntesis del conocimiento que por ahora tenemos sobre la organización y vida religiosa en la orden de Alcántara desde el tercer cuarto del siglo XII —fecha aproximada de suaparición--, hasta el año1494--cuando renunció a su dignidad el último maestre de Alcántara en favor de los Reyes Católicos—.

    Asimismo queremos exponer con concisión qué aspectos deberían ser estudiados y por donde podría, a nuestro juicio, dirigirse la investigación futura para llenar las enormes lagunas sobre la estructura y vida interna de esta ignorada orden.

    El princípal obstáculo para llevar a cabo un estudio riguroso sobre temas alcantarinos es la pérdida del archivo central de la orden situado en el convento de San Benito de Alcántara, provocada bien por la Guerra de la Independencia de 1808-14, o bien por los conflictos hispano-portugueses de comienzos del siglo XIX.

    Como señala Derek Lomax aunque se han perdido los documentos medievales de la orden, muchos centenares fueron publicados, antes de la desaparición del archivo, en varias obras que indicaremos más adelante.

    Sin embargo, un estudio exhaustivo de la orden exige una «reconstrucción indirecta» de su archivo mediante la recopilación de documentos o registros referentes a la orden dispersos por distintos archivos peninsulares y europeos: Archivo Secreto Vaticano t The British Museum, Archivo de la Torre do Tombo, Archivo Histórico Nacional, Archivo General de Simancas, Biblioteca Nacional de Madrid, Real Academia de la Historia de Madrid, Archivo Capitular de Coria, Archivos de las Catedrales de Badajoz y Sevilla, Archivo de los Duques de Frías, y otros archivos eclesiásticos, nobiliarios y municipales de Extremadura de menor importancia.

    Un ambicioso proyecto que por fortuna ya ha sido iniciado‘~, pero que aún tardará varios años en verse completado dado lo ingentc dc la tarea.

    Por tanto, sólo podremos presentar en este articulo el estado actual de la investigación sobre los temas propuestos, sabiendo que las conclusiones no serán definitivas hasta que el proyecte anterior finalice.

    La investigación sobre la organización y vida interna de estas instituciones religioso-militares es muy necesaria pues nos puede ayudar a comprender una faceta a menudo ignorada.

    Además de su importancia en el aspecto militar, político, económico y social, eran--no lo olvidemos--órdenes religiosas de la Iglesia cuya peculiaridad era la defensa de la Cristiandad frente a los musulmanes, mediante armas físicas portadas por los caballeros en el combate, y armas espirituales (oraciones, ayunos, abstinencias...), ofrecidas por los clérigos de las órdenes militares5.

    La recopilación bibliográfica que vamos a presentar ha sido entresacada en un primer momento, de las listas de obras sobre las distintas órdenes militares publicadas por Derek Lomax6 E. Benito Ruano ~, M. Simón8 C. de Aya- la9 y Fi Novoa lO

    Posteriormente nuestro fichero bibliográfico fue enriquecido gracias a las citas dispersas contenidas en los artículos que se han ocupado de la orden militar de Alcántara.

    1. Organización interna y estatuto jurídico de la orden y de las personas

    A nuestro entender en este apartado hay que investigar cuatro grandes cuestiones: la personalidad jurídica de la orden y sus relaciones con otras instituciones; los miembros, dignidades y funciones; los órganos de gobierno, elección, control y consulta; y por último, la evolución del estatuto jurídico de la orden y las reformas institucionales en la misma.

    Este último aspecto está parcialmente contenido en los tres apartados anteriores, sin embargo creemos que merece un epígrafe independiente para entender convenientemente la evolución cronológica institucional.

    Para este tema, como para los demás, podemos encontrar documentos principalmente en: las colecciones Salazar y Castro y Pellicer de la Real Academia de la Historia; la selección de privilegios de Calderón de Robles II; la primera historia conocida de la orden realizada por Rades 12; la «historia oficial» sobre los alcantarinos de Caro de Torres 13. la voluminosa crónica de Torres y Tapia, mezcla de historia de esta institución y colección documental 14; y el bulario de la orden de Alcántara ~.

    Además se pueden localizar documentos dispersos relativos a la orden en las colecciones diplomáticas y obras de: J. L. Martin Martín 6 Rodríguez Amaya 12 Floriano ~, Ballesteros lO y rectificaciones sobre la cronología de los documentos en las obras dc Julio González 20

    La orden de S. Julián del Pereiro --desde 1218 orden de Alcántara por la cesión de los Calatravos de dicha posesión a los Sanjulianistas— durante la Edad Media fue configurándose como una orden religioso-militar exenta de la jurisdicción diocesana y, por consiguiente, bajo la dependencia directa del Papa.

    La bula de Lucio III de 1183, frente a la decisión de Alejandro III en
    1176, eximió a la orden de 5. Julián del Pereiro de la jurisdicción episcopal estableciendo que «ut praeter Romanum Pontificem, nullus locum ipsum interdicto supponat, vel in fratres in eo commorantes excommunicationis, vel suspensíonís sententiam ferre praesumat21».

    Pronto la orden se afilió al Cister (1190)22 y adoptó sus constituciones.

    Es probable, según O’Callaghan 23 que cuando la orden de Calatrava aceptó las costumbres cistercienses y el derecho de visita del abad de Morimond (1187), los Sanjulianistas aceptaran las costumbres de Calatrava y a su maestre como visitador.

    La tesis doctoral de O’Callaghan 24, la obra de Zapater y López 23 y la recopilación de estatutos cistercienses de Canivez 26 nos pueden dar multitud de pistas para esclarecer las dependencias entre la orden de Alcántara por una parte, y los Calatraveños y la orden de Citeaux por otra.

    ¿Podemos identificar la orden de Trujillo con la de S. Julián del Pereiro?

    A esta pregunta trata de responder O’Callaghan en el artículo citado en la nota 23, cuya opinión resumimos.

    Para este autor la dificultad ocasionada por los dos nombres --Trujillo y S. Julián- -es más aparente que real.

    Las órdenes militares peninsulares recibieron sus nombres de las fortalezas donde estaban sus sedes centrales: la orden de Calatrava también era conocida como orden de Salvatierra, Santiago como orden de Cáceres o Uclés, Montegaudio como Alfambra o Monfrag, Avis como Evora etc.

    Así, según O’Callaghan, cuando los Sanjulianistas establecieron su convento central en Alcántara en 1218, tomaron a su vez el nombre de esta fortaleza.

    Posiblemente Alfonso VIII invitó a Gómez, primer maestre de la leonesa orden de S. Julián del Pereiro, a establecerse en cl castillo de Trujillo y tomar, por consiguiente, el nombre de orden de Trujillo en las tierras castellanas.

    Las relaciones con los templarios fueron bastante tensas durante los siglos XII, XIII y especialmente el XIV (tuvieron su culminación en la lucha abierta de 1308).

    Las pugnas sólo terminaron con la disolución del Temple en el
    Concilio de Vienne de 1311-12. Carlos Estepa28 y C. Barquero Goñi 29 han escrito sobre el incremento de las posesiones alcantarinas a costa de la disolución de los templarios.

    Los conflictos por cuestión de límites con la orden de Santiago están muy poco estudiados: sólo conocemos un trabajo que hace
    mención de ellos.

    Sobre los miembros de la orden, sus dignidades y funciones podemos dar algunos datos generales.

    Torres yTapia,que pudo--al igual que Rades--consultar documentos del archivo central, cita las dignidades más importantes en el capítulo séptimo del tomo primero de su crónica de Alcántara.

    El profesor Merchán Fernández y su alumno Bernal mencionan igualmente los cargos y funciones en la orden, sin embargo sus conclusiones deben ser manejadas con extraordinaria precaución como indicamos y razonamos en la nota número 31. Dentro de la orden podemos distinguir dos grupos fundamentalmente.

    Por una parte los caballeros: maestre, clavero, comendador mayor 32, comendadores, alférez de la orden, caballeros, escuderos, mayordomos..; por otra los clérigos: priores, subpriores, sacristán mayor, sacristanes subordinados, vicarios, arci- prestes, capellanes del maestre, freiles clérigos en general etc.

    También estaban vinculadas a la orden las monjas alcantarinas -—suponemos que dirigidas por una priora- -que poseían dos conventos, uno en Brozas y otro en Alcántara en el siglo XVI; asimismo existían «familiares»--se ligaban a la orden donando sus bienes ~—, bienhechores y servidores de la orden.

    Las funciones y competncias de los distintos cargos fueron cambiando conforme transcurría el tiempo, por lo que sólo nos atrevemos a dar unas brevísimas pinceladas generales míentras no descubramos más fuentes que puedan esclarecer este complicado tema.

    El maestre encabezaba la orden tanto en la guerra como en la paz y reu- nía en su persona todo el poder Los priores de Alcántara y Magacela ejercían, como sacerdotes ordenados, la «potestas clavium» correspondiente (poder sobre todo tipo de asuntos religioso-espirituales) y tenían jurisdicción cuasi- episcopal sobre los territorios y miembros de la orden (hay que señalar que el prior de Magacela estaba sometido al prior de Alcántara, máxima autoridad religiosa alcantarina).

    El comendador mayor era la autoridad superior de los comendadores de cada encomienda, que controlaban a su vez como autoridades máximas el territorio a ellos confiado.

    El clavero era, originariamente, el que se hacía cargo de la custodia de las puertas del convento, pasando después a ser uno de los integrantes del grupo de los Ancianos de la orden y guardián de las llaves del archivo central, amén de otras preeminencias que se fueron añadiendo conforme pasaba el tiempo.

    El sacristán mayor ocupaba igualmente una posición relevante.

    Era, en los primeros tiempos, el máximo responsable —junto con los sacristanes a sus órdenes— de la custodia de los vasos sagrados, ornamentos, sello de la orden y otros tesoros; también desempeñó el cargo de secretario del Capítulo y era uno de los Ancianos de la orden.

    Los freiles alcantarinos al ingresar en la orden militar debían pasar un período de prueba y formación que les daba a conocer la regla de la orden y los votos monásticos: pobreza, obediencia y castidad.

    Este tema no está estudiado.

    Sólo conocemos una magnífica y bien documentada investigación del profesor
    Alan Forey, pero sin referencias a Alcántara, que nos ofrece valiosos datos
    sobre el noviciado en las órdenes militares durante los siglos XII y XIII.

    Tampoco conocemos la procedencia y motivos de entrada de los postulantes al
    ingresar en la caballería de Alcántara, sin embargo suponemos que serían similares a los de otras órdenes militares: motivaciones sinceramente religiosas, decisión familiar, búsqueda de mejora de «status», huida de problemas económicos y de las consecuencias del crimen etc. ~.

    La bibliografía y los pocos documentos conocidos también nos dan escasa información sobre los órganos de gobierno, elección, control y consulta. Se celebraron capítulos de variada naturaleza: provinciales o de cada partido y
    generales.

    De estos últimos tenemos más información, principalmente aportada por Zapater y López en su obra citada y por Torres y Tapia en su larga crónica: hubo capítulos generales en los años 1218 (bajo el maestre Nuño Fernández), 1385 (Martín de la Barbuda), 1411 3X (Capítulo General de Ayllón bajo el infante don Sancho), 1432 (Alcántara, Juan de Sotomayor), 1483 (Plasencia, Juan de Zúñiga), 1488 (Plasencia, Juan de Zúñiga) y 1495 (Burgos, Juan de Zúñiga) ~t

    Otro órgano de control era el grupo de los Ancianos.,formado por las principales dignidades seglares y eclesiásticas.

    Sin embargo no hemos encontrado, hasta ahora, datos dignos de ser citados, salvo las breves noticias que nos da Torres en su crónica 41) y Fi Chamorro en su tesis doctoral (vid, nota 42.).

    Según Chamorro los componentes de este órgano de gobierno eran: el comendador mayor, el clavero, el prior de Alcántara y el de Magacela y los que hubieren sido definidores, visitadores, gobernadores, procuradores, tesoreros, además de las personas del Consejo del maestre que tuviesen el hábito de la orden.

    En el sacro convento de Alcántara también formaban parte de este organismo los ~<sacerdotes de missa», según la costumbre.

    Los visitadores de la orden tenían la función de vigilar el cumplimiento de la vida conventual según las disposiciones del Císter.

    La orden de Alcántara, como señala Cocheril 42, era cisterciense de pleno derecho y su abadía-madre era la de Morimond.

    En su trabajo de investigación Cocheril señala la filiación de las abadías cistercienses en la Península Ibérica y su implantación geográfica con ayuda de diagramas y mapas aclaratorios.

    Este mismo autor publicó otros dos trabajos que aclaran las relaciones entre la abadía francesade Morimond y las órdenes militares cistercienses de la Península Ibérica. Aparte de los visitadores mandados por el abad de Morimond tenemos noticias de visitas de relevantes personajes eclesiásticos: el abad de Poblet y el de Claraval.

    En la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva un informe manuscrito de la visita de 14i 3 realizada por Bartolomé Escuter, monje de Poblet, con el poder de Benedicto XIII, por el que confirma las definiciones de 1411 y da importantísimos datos sobre organización y vida interna ~.
    A la hora de abordar el tema de la evolución del estatuto jurídico de la orden y las reformas en la misma, la precaución del investigador debe ser grande para poder evitar fáciles generalizaciones que simplifiquen la complejidad del asunto.

    Hasta que no tengamos preparada la colección documental de la orden no se podrá precisar mucho. Nuestra institución progresivamente se fue configurando como orden religioso-militar exenta, es decir, sometida directamente al Papa y al margen de la jurisdicción del obispo local.

    Tras las concesiones y protección de Lucio III, el pontífice Inocencio III por las bulas de 1205 y 1207 otorgó a los Sanjulianistas la provisión de iglesias parroquiales. Alejandro IV impidió a los prelados diocesanos la resolución de pleitos civiles y criminales y concedió a la orden la exención de diezmos por sus posesiones.

    Por ello los conflictos con las diócesis circundantes, especialmente con Coria, fueron muy frecuentes pues la orden de Alcántara actuaba dentro de su territorio de la misma forma que lo hacía un obispo dentro de su diócesis.

    Hasta su incorporación a la Corona fue una potente institución político-económico-militar, en el plano temporal, y con un poder cuasi-episcopal, en el plano eclesiástico.

    Hubo numerosos proyec- tos de reforma de la orden. Pensamos que ínerece un estudio especial el propuesto en el Capítulo General de Ayllón de 1411.

    Estos intentos reformistas fueron impulsados desde dentro de la propia orden de Alcántara o desde la orden cisterciense, pero todos fracasaron ~ como se vio durante el siglo xv, cuando los maestres se ínvolucraron en las luchas internas de la nobleza castellana.


    II. Organización territorial

    Sobre este importante tema creemos que se deben investigar dos grandes
    aspectos: la organización específica del territorio de la orden de Alcántara y su Integración en el sistema general de la administración eclesiástica de la
    zona.

    Las principales encomiendas de esta orden de caballería durante la época medieval estaban situadas en lo que hoy es la región extremeña. Durante el trascurso del siglo XIII fueron perfilándose dos áreas o partidos en la orden: el partido de Alcántara y el de La Serena ~.

    Los primeros emplazamientos de los Sanjulianistas, más tarde Alcantarinos, estuvieron en la parte occidental de lo que hoy es la provincia de Cáceres, penetrando un poco en la de Badajoz y en Portugal: El Pereiro, Portezuelo, Salvaleón, Santibáñez, Hernancen- teno, Alcántara, Brozas, Valencia y Herrera de Alcántara, Eljas, Almenara, Moraleja, Milana, Peña de frey Domingo, Benavente, Peñafiel, Los Lucillos, Belvís, Cabezade Esparragal, Asiento de Topete, 5. Pedro, Azagala, Mayorga, Piedrabuena etc. Se extendían desde la septentrional sierra de Gata hasta la tierra de Alburquerque y la sierra de San Pedro. Este era el partido de Alcántara.

    Más tarde, durante el segundo cuarto del siglo XIII, se llegó a dominar el territorio de La Serena y apareció así el otro partido de la orden. Estaba a bastante distancia de Alcántara, en el noreste de lo que hoy es la provincia de Badajoz, limitando al norte con el Guadiana y al sur con las sierras de Hornachos y de Cabeza del Buey.

    Entre las posesiones alcantarinas de este partido destacamos: Castilnovo, Magacela, Lares, Benquerencia, Zalamea, Almorchón, Villanueva de la Serena, Aldehuela, Malpartida, Sancties- píritu, Cabezalbuey, Galizuela... M. F. Ladero Quesada cifra en aproximadamente unos 7.000 kilómetros cuadrados la extensión del señorío de la orden en el momento de incorporarse a la Corona a fines del siglo xv ~.

    Es preciso aclarar cuántas y cuáles eran las encomiendas de los alcantarinos hasta fines del siglo xv, pues la disparidad entre los dos grandes cronistas de la orden —Rades y Torres- -es notoria.

    Son numerosísimas las encomiendas que cita Torres, por lo que creemos que hay que manejar con precaución sus datos, pues puede ser exagerado el número de posesiones que les atribuye dicho cronista.

    La mayoría de los estudios que poseemos sobre castillos y encomiendas alcantarinas que nos pueden ayudar a reconstruir la organización territorial, se refieren a tierras extremeñas.

    Recordemos la obra de conjunto de A. Navareño ~ el articulo del prof. Palacios Martín sobre Alcántara ~, otros estudios dedicados a Capilla ~o,Torre de Don ~ Piedrabuena, Valencia de Alcántara ~, Peñafiel ~ Almorchón Portezuelo, Gata Ñ Ceclavín la encomienda de Calatrava de la orden de Alcántara, Villanueva de la Serena, el priorato de Magacela, Salvaleón, Peñafiel, Eljas (tres monografías
    de Velo y Nieto 62) Brozas.

    Algunos de estos estudios, como señala F. Novoa, han sido realizados por «eruditos locales» y en ocasiones son poco rigurosos.

    También contamos con otras investigaciones más generales que pueden ofrecernos datos valiosos sobre la organización territorial: estudios sobre la repoblación de la Transierra y sus fueros, una obra de síntesis sobre toda la zona extremeña, etc. , investigaciones sobre la sociedad urbana y los concejos dentro del abadengo alcantarino, etc.

    Existieron algunas otras posesiones alcantarinas en la región andaluza: los castillos de Morón y Cote y el lugar del Arahal, donados por Sancho IV y que fueron objeto de trueque en 1461.

    En virtud de este cambio la orden perdía estas posesiones andaluzas y recibía las villas de Salvatierra y Villanueva de Barcarrota y el castillo de Azagala.

    La primera de ellas fue convertida en encomienda para compensar al antiguo comendador de Morón y las dos últimas fueron adscritas a los bienes de la mesa maestral.

    Los Alcantarinos tuvíeron otra encomienda totalmente andaluza: la de Heliche, formada por los donadíos de Heliche y Cantullán, cuya existencia se remonta por lo menos a 1310, aunque es posible que la orden la poseyera ya desde antes de esta fecha, según M. F. Ladero.

    Contamos con un trabajo que trata de valorar la presencia de los Alcantarinos en Andalucía y son destacables también las investigaciones de González Jiménez sobre Morón ~.

    Según hemos indicado anteriormente la orden no estaba bajo la jurisdic- ción diocesana, sino que dependía directamente del Papa.

    Esto hacía que tuviera una posición muy peculiar respecto a las diócesis que compartían territorio con ella.

    Los conflictos fueron inevitables, pues las diócesis y la orden de Alcántara ocupaban espacios territoriales comunes en los que los límites de las respectivas esferas de competencia eran bastante difíciles de deslindar. Las controversias tuvieron siempre una doble raíz: temporal y espiritual.

    Unas veces las dificultades surgían por intereses económicos, como los diezmos.

    Otras veces era la política, que arrastraba a los obispos o a los maestres a militar en bandos opuestos.

    En otras ocasiones era el mismo ejercicio de la jurisdicción ordinaria el que estaba en tela de juicio, consecuencia del doble señorío que se ejercía sobre los mismos súbditos y sobre idéntico territorio.

    Recordemos que al obispo se le reconocía competencia en los asuntos estrictamente eclesiásticos, que no afectasen directamente a la orden, con sus freires, y con sus conventos e iglesias propias, declarados exentos de la jurisdicción diocesana por el Papa.

    Sin embargo una cosa era la orden y otra muy distinta el territorio sobre el que ella ejercía el señorío temporal.

    En este territorio se crearon parroquias, cuyos rectores quedaban bajo la jurisdicción del obispado en lo espiritual, pero dependían de la orden en lo temporal.

    Los litigios mejor conocidos hasta ahora son los de los Alcantarinos con la diócesis de Coria, pues buena parte del territorio de la orden estaba dentro de la circunscripción diocesana cauriense.

    Los conflictos entre los dos organismos los podemos agrupar a comienzos del siglo xiv y a finales del XV. Los del siglo XIV son más globales, pues afectan atoda la orden ante la falta de delimitación de competencias, por lo que motivan la intervención de la reina doña Maria de Molina.

    Los de fines del siglo xv son más particulares porque se basan exclusivamente en la resistencia de algunos comendadores a pagar la sexma de los diezmos que correspondían al obispo.

    A pesar de ello el pleito duró diez años y exigió la intervención de numerosas autoridades —incluso los Reyes Católicos- -para llegar a un acuerdo.

    Podemos estudiar estos conflictos gracias a las obras de eruditos de siglos pasados la colección diplomática de J. L. Martín citada en la nota ‘73, los datos dispersos ofrecidos por las crónicas de Rades y Torres, un excelente artículo de Rubio Merino citado en la nota 72, un capitulo de la tesis doctoral dc F. Chamorro ~ y un breve epígrafe de una tesis de licenciatura inédita

    Pensamos que el tema está todavía superficialmente estudiado: aún quedan por aclarar múltiples cuestiones.

    Creemos que estos mismos problemas pueden estudiarse referidos a las otras diócesis extremeñas.

    Sin embargo parece que, según las crónicas de
    Rades y Torres, la mayoría de los conflictos se produjeron con la diócesis de Coria.

    Asimismo sería interesante investigar la actuación de otras dos entidades eclesiásticas con las que los Alcantarinos tuvieron fricciones: los Templa- rios76 y la orden de Santiago.

    Esta última disputó con la orden de Alcántara las
    posesiones y encomiendas templarias tras el concilio de Vienne de 13 11-12 en el que se disolvió a la orden del Temple (véase la nota 30).

    Aclarar las correspondientes competencias de cada orden militar ayudará a comprender mejor el sistema general de administración eclesiástica de la zona en cada una de las épocas históricas.


    Creemos, finalmente, que es necesario hacer una última advertencia para poder encarar de forma ventajosa el estudio de estos asuntos.

    Por una parte debemos considerarar el ordenamiento jurídico: «la norma»; por otra el ejercicio real de la labor pastoral o de las competencias jurisdiccionales o fiscales: «la práctica».

    Esto debe ser muy tenido en cuenta por el investigador, pues muchas veces la «práctica» no coincidía con la «norma».


    III. La vida religosa en la orden de Alcántara

    No conocemos ningún estudio específico sobre la vida religiosa de esta institución. Las pocas referencias son tangenciales, pues la mayoría de las veces se refieren a la religiosidad de las órdenes militares en general.

    Sí hay referencias documentales sobre las que se puede cimentar un estudio de la vida espiritual de esta orden, sin embargo están muy dispersas.

    Por tanto la labor del historiador en este área de estudio tendrá ínuchas similitudes con el trabajo de reconstrucción detectivesca de un investigador.
    Antes de entrar a estudiar la religiosidad específica de los Alcantarinos creemos necesano que el historiador enmarque sus estudios dentro de la espiritua- lidad común de las órdenes militares.

    A nuestro juicio debería tratarse el fenómeno novedoso de estas órdenes como una nueva forma de vida religiosa en la Edad Media.

    Es imprescindible, asimismo, referirse a la espiritualidad cisterciense, pues la orden de Alcántara pertenecía a esta familia religiosa.

    Por último, es preciso desentrañar el carisma religioso peculiar de las órdenes militares. Los mejores estudios sobre la religiosidad de estas instituciones religioso- militares se los debemos a Antonio Linage Conde.

    Este autor señala cómo a comienzos del siglo XII la vida religiosa en la Iglesia tenía dos grandes cauces: el monacato y la vida común del clero.

    Durante la Plena Edad Media se vivía una hora de expansión y mutación en todos los ámbitos. Dentro de ese eco vital surgirán las órdenes militares como una forma de fusión de la idea de cruzada y de los viejos ideales monásticos.

    Estas corporaciones serán típicamente medievales y estarán desde el principio entroncadas con el alto medievo monástico, a pesar de su esencial apertura a los nuevos tiempos.

    Llegarán a cuajar como una «nueva forma de existencia religiosa en la Iglesia ~ cuya nota típica será la asequibilidad a los seglares, frente a la clericalización del monacato y de la vida común del clero.

    Uno de los aspectos más novedosos de algunas de estas instituciones fue la admisión de hermanos casados ——en la orden de Santiago desde sus orígenes—; algo que no tenía precedentes en la historia del monacato.

    Siempre los monjes habían vivido el voto de castidad absoluta, pero ahora aparece una nueva forma de vivir la continencia sexual en el mundo monacal: el voto de castidad conyugal, que permitía el matrimonio de algunos freires.

    Otros dos trabajos de A. Linage Conde completan su investigación sobre las peculiaridades religiosas de estas corporaciones religioso-militares, especialmente el que se refiere a las órdenes y la tradición benedictina, tema en el que A. Linage es un consumado especialista.

    La orden de Alcántara, junto con Calatrava, Avis, orden de Cristo, Montesa etc., vivían la espiritualidad cisterciense y el espíritu religioso-caballeresco legado por 5.

    Bernardo en su obra «De Laude Novae Militiae» SO. Fue escrita por el santo de Claraval a petición del fundador de los Templarios, Hugo de Payens.

    Con la lectura de esta obrita Sí compuesta por trece preciosos capítulos, se nutrieron espiritualmente los caballeros cistercienses de la milicia de Cristo.

    Un espíritu que, continuando la tradición benedictina, acentuaba la austeridad de vida, la humildad, la pobreza y la abnegación, teniendo una especial devoción por la santísima humanidad de Cristo y por su Madre, cuya humildad y virginidad atraían tanto a 5. Bernardo.

    Los caballeros de las órdenes militares compartieron esta austeridad y pobreza desconocidas por la caballería mundana: «El juego del ajedrez y de los dados se detesta aquí; la caza se rechaza; no se pone el gusto--como en otras partes- -en la caza de las aves.

    Desechan y tienen en horror a los cómicos y a los mágicos, los cuentos de fábulas, las canciones burlescas y toda suerte de espectáculos y de comedias, como unas vanidades y locuras falsas.

    Llevan sus cabellos cortos(...). Jamás se rizan; se bañan muy raras veces; dejan sus cabellos del todo erizados, al aire, cubier- tos de polvo y negros por la cota de malla y por los vehementes ardores del sol82»

    El carisma religioso peculiar de las órdenes militares fue bien expresado —a nuestro modo de ver— por Derek Lomax en una memorable conferencia ~.

    En ella se refería directamente a la orden de Santiago, pero es perfectamente extensible a las demás órdenes militares. Estas instituciones, según Lomax, eran órdenes religiosas de monjes.

    Pero mientras que los miembros de otras órdenes intentaban salvar sus almas por la oración y el sacrificio como los benedictinos— o por la predicación —como las órdenes mendicantes--,los freires militares trataban de servir a Dios peleando contra los enemigos militares y políticos de la Cristiandad: los musulmanes.

    Según Lomax la evolución histórica es nítida. Sajo el Imperio Romano los cristianos eran frecuentemente martirizados por su le.

    Pero cuando Roma se cristianizó esa posibilidad desapareció, y los fieles que sentían la vocación de vivir una exi- gente vida ascética y de sufrir con Cristo como Él había sufrido por ellos, buscaban una sustitución del martirio en los desiertos de Egipto y en las montañas y las islas del oeste bárbaro.

    De esa manera nació el monacato ~ «Y más tarde —señala Lomax en la misma conferencia--,en el siglo xl, cuando tuvo lugar una gran revolución en la Iglesia y algunos reformadores intentaron retrotraer aquel monacato a lo que había sido en sus calendados orígenes en el desierto, apenas puede sorprendernos que otros intentaran remontarse todavía más allá, a la misma arena de los mártires, fundando órdenes en las cuales podía esperarse ser martirizado con visos de probabi- lidad».

    Así las órdenes militares eran corporaciones monásticas formadas por freires que —a la vez que soldados—por su pertenencia consagrada a las mismas hacían religiosa su dedicación profesional a la guerra.

    A simple vista esa conjunción de lo religioso consagrado y de lo castrense es algo paradójico para el hombre contemporáneo.

    Sin embargo, como A. Linage apunta acerta- damente ~ éste es un problema que se nos escapa a los hondones más profundos de la teología, y por lo tanto, no es tarea dc la que deba ocuparse un historiador.

    Las órdenes militares eran, para el benedictino A. de Yepes ~ contemplativo—activas, y por lo tanto las más rigurosas y perfectas entre las órdenes religiosas.

    La primera dimensión (La vocación contemplativa) era ejercida sobre todo por los clérigos (mediante la oración, la mortificación, los ayunos...), y la segunda por los caballeros, que luchaban físicamente contra los musulmanes.


    El investigador, al ocuparse de la espiritualidad específica de la orden de Alcántara, deberá tener en cuenta las estrechas similitudes de esta milicia con la orden de Calatrava.

    Actualmente las fuentes principales para acercarnos a la vida conventual de los Alcantarinos son: las noticias dispersas que nos dan las dos crónicas principales de la orden (Rades, y muy especialmente Torres por la cantidad de datos que nos sumistra); el bulario de la orden; la colección de privilegios de Calderón de Robles; las actas del Capítulo General de Ayllón de 1411-13; un escrito de frey Guillén, abad de Morimond en 1306; dos cartas del Papa Luna a Bartolomé Escuter, monje de Poblet y visitador de los Alcantarinos; y una copia del informe de visita de Escuter en el que confirma las definiciones del capítulo de Ayllón ~.


    Los Alcantarinos observaron en un principio la regla dc San Benito ~ sin incorporarse a ningún «ordo», hasta que se afiliaron al Císter a fines del siglo xíí.

    Podemos distinguir, a grandes rasgos, tres etapas en la vida religiosa: periodo de examen de las condiciones del candidato, el noviciado, y la profesión religiosa.

    Aún no tenemos suficientes datos sobre este tema que aludan directamente a la orden de Alcántara.

    En cambio son mucho más abundantes si nos referimos a la orden de Santiago a fines de la Edad Media

    La mayoría de lo descrito para los Santiaguistas es aplicable a los Alcantarinos.

    El primer período —de duración variable— en la orden de Santiago comprendía un exa- men de las costumbres del candidato y diversos ritos de separación.

    Antes del noviciado el freile era armado caballero pasando a continuación a este período de prueba y fonnación realizado en el convento durante un año.

    Esta segunda etapa culminaba con la profesión religiosa por la cual los candidatos se comprometían a observar la regla y cumplir los votos monásticos.

    Uno de los núcleos de la espiritualidad alcantarina era la práctica de la oración y las celebraciones sacramentales y litúrgicas.

    La orden de Alcántara tenía
    su propio libro de oraciones (no conservado, al igual que ningún otro libro
    litúrgico de época medieval 90) con sus correspondientes horas canónicas.

    El
    rezo del oficio divino era conmutado --para los iletrados y los caballeros en
    campaña— por la recitación de padrenuestros por cada hora canónica.

    No tenemos aún documentación que pueda aclarar estos detalles,sin embargo pensamos que las regulaciones no serian muy distintas a las de las demás órdenes.

    Según Forey en el Temple y la orden Teutónica los hermanos legos debían
    recitar trece padrenuestros por maitines, nueve por vísperas, y siete por cada una de las otras horas, junto con el mismo número para las horas de la gloriosa Virgen María.

    En la orden de Santiago se recitaban seis por cada hora, excepto por maitines y vísperas, en las que se recitaban trece y diez padre- nuestros respectivamente.

    Las prácticas penitenciales —ayunos, abstinencias, mortificaciones varias—de los Alcantarinos, no eran tan estrictas como las de las órdenes monásticas.

    Los ayunos y abstinencias de carne eran especialmente dulcificados para los caballeros que iban a entrar en combate, pues debían tener sus fuerzas intactas para salir victoriosos.

    Podemos aplicar perfectamente a los Alcantarinos las disposiciones vigentes al respecto en la regla de la orden de Santiago.

    En ésta aparecía el combate como una práctica superior al ayuno era mucho más difícil para una persona exponerse a grandes e indescriptibles peligros, que afligir su cuerpo con prolongados ayunos en un ambiente de paz
    y tranquilidad.

    El freire que debilitaba su cuerpo absteniéndose de comer, provocaba su falta de fuerzas para defender a sus hermanos y a la ley de Dios, por ello debería darse cuenta de que estaba haciendo algo reprobable por lo que se le juzgaría 92~

    En todas las órdenes militares era obligatorio el ayuno en cuaresma y adviento, éste último convenido en un tiempo semicuaresmal.

    Durante estos períodos los hermanos tomaban una sola comida al día y se abstenían de algunos manjares, especialmente de la carne de cuadrúpedos.

    Las penitencias más duras —entre las órdenes militares— las sufrían los míembros de las órdenes de filiación cisterciense, como era el caso de Alcántara.

    Sabemos que en la orden de Calatrava —«hermana mayor» durante algún tiempo de los Alcantarinos— además del ayuno durante los dos tiempos litúrgicos citados antes, realizaban ayunos especiales entre el 14 de Sep- tiembre y Pascua ~.

    Igualmente se observaba el silencio en los conventos, preferentemente en el refectorio durante las comidas. Sin embargo esta práctica, tan corriente en el mundo monástico, debió de ser adaptada a las peculiares necesidades de los freires, especialmente de los caballeros.
    También suponemos que habría normativas para regular la clausura y el traslado de un convento a otro de los freires.

    Sobre este último aspecto hay algunos datos dispersos en el bulario de la orden. Ya desde el principio los Papas prohibieron las prácticas de los religiosos giróvagos.

    Lucio III en su bula del 4 de abril de 1183 dirigida a los Sanjulianistas prohibía a cualquier hermano que, tras haber hecho profesión en un lugar, saliera hacia otro convento sin
    la licencia del maestre, a no ser que fuera para abrazar una vida religiosa más estricta94.

    No tenemos ninguna información sobre la práctica de la clausura,
    aunque quizá se pueda encontrar alguna referencia marginal en las crónicas de Torres y Rades. Suponemos que ésta sería guardada de forma rigurosa en los conventos centrales de los dos partidos alcantarinos y que afectada con mayor rigor a los clérigos.

    El hábito y las vestimentas de los freires alcantarinos debieron de ser bastante austeros en los primeros tiempos, la época gloriosa de Alarcos y Las Navas.

    Posteriormente la disciplina se fue relajando. Las regulaciones emana- das del Capítulo General de Ayllón de 1411 nos transmiten datos interesantes de comienzos del siglo XV.

    En ellas hay tres capítulos dedicados al tema, reflejo posiblemente de los abusos bajomedievales: «capto. VII0: que las personas de la orden trayan el ábito descubierto; capto. VIII0: de la honestidad del vestir; capto. 1X0: de las colores de las ropas y que no sean muy cortas nin mucho luengas» ~.

    Con ello el capítulo pretendía poner coto a los desmanes, en cuanto a vestuario, tanto de clérigos como de legos, ambos obligados a vestir el hábito de la orden.

    La vida interna de los conventos alcantarinos no se reducía exclusivamente a las prácticas religiosas.

    Posiblemente los freires, especialmente los cléri- gos, desempeñaron tareas intelectuales o literarias.

    Sin embargo debieron de estar liínitadas a una exigua minoría culta de los conventos, pues las tasas de anal fabetismo entre los freires de los conventos debieron de ser altas. No tenemos ninguna información de este aspecto durante los siglos XII, XIII y XIV.

    Sí hay más datos ——-del siglo xv— sobre la «corte literaria» formada en torno al último maestre de la orden de Alcántara: don Juan de Zúñiga. Sobre este inte- mesante personaje, sobre Nebrija y otros intelectuales del «foco cultural alcantarino nos dan algunas noticias E. Segura Covarsí~ y Rodríguez Monino -

    También podemos conseguir algunos datos dispersos en la crónica de Torres y Tapia igualmente los freires, especialmente los legos, debieron dedicar parte del
    día al trabajo manual cotidiano, recomendado por la regla benedictina en cl capítulo 48 para combatir la ociosidad, enemiga del alma.

    También desempeñaron tareas administrativas de muy diverso tipo y, probablemente, actividades
    caritativas y hospitalarias al igual que sus «hermanos mayores» de la orden de Calatrava.

    No disponemos en estos momentos, dado el precario estado de la investigación sobre nuestra institución, de datos sobre los entrenamientos o ejercicios militares de los freires guerreros.

    Lo que señala Forey para otras órdenes puede ser extensivo a los Alcantarinos: las disposiciones de las reglas o los establecimientos prohibían actividades propias de la caballería secular o mundana ‘1

    La regla de la orden teutónica ordenaba a los hermanos evitar las «collectas militum», posiblemente en referencia a los torneos caballerescos condenados por la Iglesia.

    Asimismo también fueron frecuentes las prohibiciones sobre caza y cetrería, por ejemplo en losTemplarios.

    No podemos olvidar que las órdenes militares no eran sólo instituciones exclusivas para los varones, a pesar de que su propósito primario era la lucha cruenta contra los infieles.

    No era infrecuente que pequeños grupos de mujeres adoptasen una forma determinada de vida religiosa asociándose a los conventos de las órdenes.

    Según Alan Forey 10<>, ya en el siglo xííí, algunas de éstas agrupaban dentio de su seno a conventos de freiras. Con respecto a la orden de Alcántara podeínos afirmar --por ahora— que posiblemente existieron monjas alcantarinas en la época medieval, pero no poseemos noticias sobre su vida conventual y organización interna. Corno señalábamos en la nota 33 es un tema aun sin desbrozar.

    Juan de Zúñiga, el último maestre de la orden de Alcántara, renunció a la adtninistíación y dirección de esta institución en 1494 en favor de los Reyes Católicos, a quienes Alejandro VI nombró administradores perpetuos (1501), concesión ratificada para sus sucesores por Adriano VI (1523).

    La orden perdió su primera razón de ser con el fin dc la reconquista hispana en 1492 y no pudo luchar ni en África ni en América, por lo que pronto pasó a desempeñar otros fines, muy diferentes de los primigenios.

    Tras la incorporación a la Corona, como señala el profesor MF. Ladero Quesada ~>,la orden de Alcántara se fue convirtiendo en una institución donde cobraron mayor relevancia los aspectos religiosos y honoríficos.

    Progresivamente fue pasando a un primer plano la vida religiosa e interna de la orden y, además, los reyes tendieron a utilizar los cargos y las rentas de los Alcantarinos como compensación a los servicios prestados a la Corona.

    Se abría pues una etapa muy distinta en la organización y vida religiosa de la orden de Alcántara.

    http://revistas.ucm.es/index.php/ELE...6110077A/23197
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

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    Re: Orden de Alcántara.

    Mapa del Partido de Valencia de Alcántara:

    image.jpg


    Mapa del Partido de la Serena:


    image.jpg

    Caballeros de la Orden de Alcántara(1721):


    image.jpg


    Emblema de la Orden de Alcántara:
    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas
    Última edición por Michael; 28/05/2013 a las 07:49
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    Re: Orden de Alcántara.

    La Orden Militar y Religiosa de Alcántara:


    La Orden de Alcántara es una orden militar creada en el año 1154 en el Reino de León, y que aún perdura en la actualidad. Es una de las cuatro grandes Órdenes militares españolas, siendo las otras tres las de Santiago, Calatrava y Montesa.
    Nació en las riberas del Río Côa, en la Beira Alta (Portugal) bajo el nombre de Ordem de São Julião do Pereiro (Orden de San Julián del Pereiro), fundada en 1093 por el Conde D. Henrique de Portugal.
    Tras su conquista a los musulmanes, la defensa de la ciudad de Alcántara fue otorgada a la Orden de Calatrava en 1214, pero cuatro años más tarde renunciaron por la lejanía a Calatrava. Entonces Alfonso IX de León encomendó la defensa a la recientemente formada orden de los Caballeros de Julián de Pereiro a cambio de cierta dependencia de filiación con respecto a la orden de Calatrava, de ahí que adoptasen también la regla del Císter. A raíz del establecimiento de su sede central en la villa recibida, el primitivo nombre de orden de San Julián fue desapareciendo paulatinamente, hasta que en 1253 sus maestres se titulaban «maestres de la orden de Alcántara», quedando reducida San Julián Pereiro a ser una simple encomienda de la orden.


    Vestían sus miembros túnica de lana blanca muy larga y capa negra, que sustituían por un manto blanco en las ceremonias solemnes, adoptando como blasón un peral silvestre con las raíces descubiertas y sin hojas sobre campo de oro; modernamente adoptaron como distintivo una cruz flordelisada de sinopIe. En el capitulo XIV de sus definiciones se establecía que ningún caballero fuese osado de recibir los sacramentos sin el manto blanco, que debía también ser su sudario.

    Posesiones:
    Sus primeras posesiones se ubicaban más al norte de lo que luego sería el núcleo principal de asentamiento. Comenzaron a crecer cuando, a la recibida villa de Alcántara, se sumaron Santibáñez y Portezuelo, tras ganar un pleito a la orden del Temple, así como Navasfrías, donada por Alfonso IX, y Valencia de Alcántara, conquistada por los caballeros de la orden en 1220. De esta forma quedó configurado su bloque fundamental de posesiones en el partido de Alcántara, al oeste de la provincia de Cáceres.

    El comienzo de su asentamiento en el este de la provincia de Badajoz, en la comarca de La Serena, que sería el otro gran núcleo del señorío de la orden, tiene lugar en 1231 cuando conquista Magacela, que sería donada definitivamente a la orden tres años después por Fernando III el Santo como compensación por ciertos derechos alegados sobre la villa de Trujillo. Magacela se constituye en encomienda y se crea un priorato con jurisdicción en el territorio vecino. Al mismo tiempo la orden recibe el encargo del rey de repoblar Zalamea, conquistada por esos años.
    Tras la conquista de Córdoba en 1236 por Fernando III, se puede decir que la orden completó en la práctica sus posesiones. Entonces les fueron donadas Benquerencia y Esparragal, esta última conquistada por los templarios. Su señorío, no obstante, no se redondearía hasta comienzos del siglo XIV, cuando consiguió la donación del castillo de Eljás en 1302 y de Villanueva de la Serena un año después. Aunque la orden participó en la conquista de Andalucía, apenas recibió donaciones en esta región, limitadas a los castillos de Morón y Cote y el lugar del Arahal, que le fueron donados por Sancho IV en 1285, pero permutados con Pedro Girón en el siglo XV (1461) a cambio de Salvatierra, Villanueva de la Barcarrota y el castillo de Azagala.

    Siglo XV:
    En 1492 el Rey Católico Fernando II de Aragón consiguió del Papa Alejandro VI la concesión del título de Gran Maestre de la orden con carácter vitalicio. Entonces, los territorios de los alcantarinos abarcaban parte de la actual provincia de Cáceres en su límite con Portugal, las estribaciones de la Sierra de Gata y gran parte de la zona oriental de la provincia de Badajoz (la comarca de La Serena). Una extensión aproximada de 7000 km², sin incluir algunas posesiones aisladas en Andalucía y Castilla.


    En ese siglo la potencia militar de la orden de Alcántara es menor que la de Santiago y la de Calatrava, debido a sus menores posesiones territoriales y, en consecuencia, su menor poder económico.

    Declive de la orden:
    En 1522, Adriano VI fue más allá, al conceder a Carlos I los títulos de Gran Maestre de las tres órdenes militares de España con carácter hereditario.


    http://www.espadasydragones.es/la-or...-de-alcantara/
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    Antonio Aparisi

  4. #4
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    Re: Orden de Alcántara.

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Las Órdenes Militares en España : Alcántara


    Existió hace casi mil años una ermita, en las riberas del Río Côa, en la Beira Alta del actual Portugal, donde vivía un viejo anacoreta, llamado Amando que había sido soldado en Tierra Santa a las órdenes del Conde D. Enrique de Borgoña.


    Dicho ermitaño, que había levantado aquella sencilla ermita, conoció a un tal Suero Fernández Barrientos y otros caballeros que integraban una cofradía religiosa a los que Fernando II de León les habia concedido aquellas tierras con su ermita. Allí mismo se construiría una fortaleza para poder garantizar la seguridad de la fe cristiana en tan remotos parajes.


    Poco después, debido al aumento de sus acólitos y al consejo del anacoreta Amando, decidieron constituirse en Orden Militar, como otras que ya existían, combinando de esta forma lo militar con lo religioso, así, se llamaron en un principio la Ordem de São Julião do Pereiro. Y fueron confirmados por el Papa Alejandro III el 29 de noviembre de 1177 en calidad de orden de caballería.


    Los miembros de la Orden se sometían a los votos de obediencia pobreza y castidad perpetua. Sólo tres días de la semana comían carne, el resto ayunaban. Dormían vestidos, guardaban silencio en la iglesia y refectorio. Cuando por tregua u otra razón, no se empleaban en los menesteres guerreros, permanecían recluidos en el convento.


    Sucedió años después que la ciudad de Alcántara, reconquistada a los musulmanes, era defendida por los caballeros de la Orden de Calatrava, pero con los años el frente se fue desplazando hacia el sur y poco a poco la ciudad de Alcántara quedó muy al norte de los defensores calatravos, por lo que Alfonso IX de León encomendó la defensa de la plaza a la recientemente formada Orden de los Caballeros de Julián de Pereiro.


    Así en 1218 las Órdenes de Calatrava y del Pereiro firmaron una concordia por la cual, la primera cedía a la segunda la villa de Alcántara y todas sus posesiones en el Reino de León para que instalara en ellas su casa magistral y su convento central, a cambio, la Orden del Pereiro comprometía cierta subordinación al Maestre de Calatrava de ahí que adoptasen también la regla del Císter.


    Debido entonces al establecimiento en esta ciudad, la Orden fue llamándose paulatinamente de Alcántara y ya en 1253 sus maestres se titulaban «maestres de la Orden de Alcántara».


    A partir de este primer nucleo, la Orden empezó a crecer y se sumaron las ciudades de Santibáñez, Portezuelo, Navasfrías (donada por Alfonso IX) y Valencia de Alcántara. De esta forma quedó configurado su bloque fundamental de posesiones en el partido de Alcántara, al oeste de la provincia de Cáceres.


    En años posteriores siguió su expansión ya por Badajoz con la conquista de Magacela, reconquistada por el Maestre de la Orden de Alcántara Frey Arias Pérez, ciudad que sería cedida a la Orden por Fernando III el Santo. Al mismo tiempo la Orden recibe el encargo del rey de repoblar Zalamea, conquistada por esos años.


    En 1236 Fernando III conquista la ciudad de Córdoba y a la Orden les fueron donadas Benquerencia y Esparragal (si bien esta última fue conquistada por los Templarios). No terminó aquí la acumulación de posesiones pues en 1302 les es donado el castillo de Eljás y de Villanueva de la Serena un año después. Y como premio a su participación en la reconquista de Andalucía, castillos como el de Morón y Cote y el lugar del Arahal donados por Sancho IV en 1285 y permutados (cambiados) en 1461 a cambio de Salvatierra, Villanueva de la Barcarrota y el castillo de Azagala.


    (El castillo de Villalonso en Zamora, es el mejor conservado de toda la provincia. La construcción es citada ya en una bula del Papa Gregorio IX de 1235, figurando como propiedad de la Orden de Alcántara.)


    En 1492 el Fernando el Católico consiguió del Papa Alejandro VI la concesión del título de Gran Maestre de la Orden de Alcántara con carácter vitalicio. De esta manera logró controlar los más de 7000 km2 que ya tenía la Orden bajo su influencia, y eso que esta no era la poseedora de las mayores extensiones territoriales si la comparamos con las de Santiago y Calatrava.


    Pocos años después, en 1522, el Papa Adriano VI fue más allá, al conceder a Carlos I los títulos de Gran Maestre de las tres órdenes militares de España con carácter hereditario.


    Para ser miembro de esta Orden, eran necesarios una serie de requisitos :


    Debían probar que sus cuatro primeros apellidos tenían nobleza de sangre y no de privilegio, tener escudo de armas acreditado en los cuatro apellidos y que tanto el aspirante como su padre, madre y abuelos eran descendientes de una casa solar (La casa solar es la primera casa donde una persona portó el apellido).


    No debían haber desempeñado jamás oficios viles, mecánicos o industriales ni haber vivido del esfuerzo manual. No tener mezcla de raza con judío, moro, hereje, converso ni villano por muy remoto que fuera el ancestro y que nunca hubiera realizado actos en contra de la Iglesia o la fé Católica. No haber faltado jamás a las leyes del honor o ejecutado un acto impropio de un caballero.

    Curiosidades :


    » Sus miembros generalmente vestían una túnica de lana blanca muy larga y capa negra que se sustituía por un manto también blanco en las ocasiones solemnes.


    » Su último Maestre, Juan de Zúñiga, fue el número 37 y abandonó su autoridad a favor del Rey Católico Fernando, previo consentimiento de la Santa Sede y a cambio de ser nombrado Cardenal Arzobispo de Toledo.


    » Pertenecer a la Orden significaba respetar el voto de castidad, hasta que en 1546 se autorizó el casamiento de los caballeros de la Orden a cambio de defender el dogma de la Inmaculada Concepción.


    » En el siglo XVI había un cuerpo de caballería que tenía como estandarte la Cruz Verde de Alcántara, fue creado en los Paises Bajos Por Don Juan Francisco Nestien para aumentar las fuerzas de caballería que luchaban bajo el reinado de Felipe IV.


    Este regimiento perduró en la historia y protagonizó algunos hechos de armas durante la Guerra de la Independencia Española.

    » La Primera República suprimió la Orden en 1873, pero Don Alfonso XII la restauró en 1875.


    http://espanaeterna.blogspot.com/201...chive.html?m=0
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    Antonio Aparisi

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