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Tema: Feliz día de la Hispanidad

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  1. #1
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Última edición por hispanoamericano; 12/10/2011 a las 20:25
    !Viva España e Hispanoamérica!


  2. #2
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

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  3. #3
    Avatar de juan vergara
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Cita Iniciado por hispanoamericano Ver mensaje
    Desde Argentina -mirando la Cruz del Sur- e invocándola, adhiero fervorosamente al día de la Hispanidad.
    Que Nuestra Señora de Pilar, nos de la Gracia, Fortaleza, Coraje, Estilo Vertical, Milicia, para no aflojar en nuestro combate diario, por mantener los principios y valores Hispánicos, aunque hoy día estén en las catacumbas.
    Recordemos que somos herederos de una estirpe de héroes.
    De una caballería andante.
    Que ganaron batallas después de muertos y vencieron a gigantes.
    No pongamos en duda que el brazo más fecundo de la Cristiandad es la Hispanidad.
    Unamos nuestros corazones en la común-unión y en la hermandad Hispánica.
    ARRIBA LOS VALORES HISPÁNICOS!!!
    NO PARAR HASTA RECONQUISTAR!!!
    Un fuerte abrazo para todos los foreros!

  4. #4
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    El Tercio de Lima dio el Víctor.

  5. #5
    Avatar de El Tercio de Lima
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    ¡Arriba y viva la Hispanidad!

    La Hispanidad no se funda en una raza, en un territorio o en una constitución firmada por unos cuantos políticos, sino en una verdad del hombre y de su sociedad única capaz de hacerlos grandes.
    “España”, que llevas en latín el nombre que te dio el esplendor y te hizo grande y universal. “Hispania”, que comenzaste a brillar antes de la llegada de Cristo con esas hermosas líneas de pensamiento que plasmó con tinta y pergamino el cordobés Lucio Anneo Séneca. “España”, que después fuiste elegida para recibir la verdad del Salvador en boca de Santiago Apóstol, quien con la compañía de nuestra Madre Reina y Señora María, convertida en Virgen del Pilar, iluminó el espíritu de nuestras gentes. “Hispania”, que consolidaste la tradición greco-romana alumbrada por el mensaje de Nuestro Señor Jesucristo en la figura de los dos mayores Reyes que jamás ha tenido la humanidad, Doña Isabel I de Castilla y Don Fernando II de Aragón, que tanto monta, monta tanto, eran una auténtica unicidad bajo el nombre de los Reyes Católicos.
    Fundada sobre sólidas rocas, con la “Cruz de Santiago” como espada y el “Águila de San Juan” como escudo, fuiste tú y tus nobles gentes las que acabaron con el terror islamista que asolaba Europa en las bajas edades de la historia, fuiste tú y tus nobles gentes las que mostraron al mundo que la tierra era redonda y que más allá de Finisterre (Fin de la tierra) no se acababa todo, y fuiste tú y tus nobles gentes las que atacaron el determinismo protestante y llevaron el evangelio y los verdaderos derechos humanos a la conciencias de todo el mundo.
    Fue Don Pelayo en “Covadonga” quien enseñó a los moros de qué lado estaba la justicia divina, fue Don Cristóbal Colón quien dio a conocer al orbe la existencia de nuevas tierras y nuevas gentes, y fue Don Francisco de Vitoria quien ilustró a las mentes confusas, que éstas eran humanas y tenían dignidad.
    Toda tu historia, toda la historia de “nosotros, tus hijos”, ha dejado imborrables huellas que por mucho que los enemigos se empeñen, nunca serán eliminadas.
    Fue un Rey tuyo,Don Alfonso IX, el primero que convocó Cortes democráticas en Europa. Lo hizo en la ciudad de León en el año 1188. Y fue otra de tus ilustres mentes, Don Antonio de Nebrija, la que realizó el primer manual de gramática. Fue publicado en la ciudad de Salamanca en el año 1492.
    Asimismo, en economía, se debe a Don Martín de Azpilcueta la formulación de la teoría cuantitativa de la moneda y a Don Diego de Covarrubias y Leyva la teoría subjetiva del valor. ¿Y qué decir de Don Miguel de Cervantes Saavedra? Otro de tus retoños, que dominaba tan bien la pluma como la espada, y que manco en Lepanto sirviendo a la noble causa de tu bandera, y autor del Quijote, fue expresión máxima de la fuerza de la guerra y la sagacidad de la sabiduría.
    “Hispania”, que nos dejaste una Edad de Oro más brillante que las penumbras de la mal llamada Ilustración francesa, y que después de Trento coronaste la cima con un sistema político, económico, social y religioso que fue la envidia de los que después confabularían para destruirte.
    Pasaste con éxito las pruebas de Lutero y Calvino gracias a tu potencia jesuítica, pero quedaste gravemente herida con la venida del liberalismo que despojó al hombre su arraigo en la religión católica y en la tradición aristotélico-tomista afirmando su falso y perverso absolutismo individualista, y después, a punto de perecer con el socialismo que le devolvió su raigambre con una religión civil y una tradición racionalista y constructivista que fundó un nuevo dios: El Estado.
    No obstante, siempre concebiste en tu seno nuevos luchadores que dieron continuidad al destino en lo universal que estabas llamada a tener desde que naciste. Así, Don Juan Donoso Cortés dio buena cuenta de los errores de los enemigos modernos antes mencionados, Don Fernando de Zevallos combatió el ateísmo destructivo que se cernía sobre la civilización occidental, y Don Jaime Balmes enseñó buenas pautas para enfrentarse a los problemas de la realidad. El “Ensayo sobre Catolicismo, el Liberalismo y Socialismo”, el libro de “La Falsa filosofía ó el ateísmo, deísmo, materialismo y demás nuevas sectas” y “El Criterio”, forman un trinomio memorable.
    Tú nunca te rendiste y tu pueblo tuvo a Don Marcelino Menéndez Pelayo para hacer memoria de tu grandeza en las noches de oscuridad. El mismo que dejó bien claro en pocas líneas en lo que consistía tu esplendor:
    “España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad: no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, “España” volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectones, o de los reyes de taifas”
    ¿Quizás ha llegado ese momento? ¿Quizás debemos firmar tu fecha de defunción? Si hiciéramos tal locura estaríamos matando al hombre, pues la “Hispanidad” no se funda en una raza, en un territorio o en una constitución firmada por unos cuantos políticos, sino en una verdad del hombre y de su sociedad única capaz de hacerlos grandes.
    Decía Don Ramiro de Maeztu que:
    “Desde que “España” dejó de creer en sí, en su misión histórica, no ha dado al mundo de las ideas generales más pensamientos valederos que los que han tendido a hacerla recuperar su propio ser. Ni su Salmerón, ni su Pi Margall, ni su Giner, ni su Pablo Iglesias, han aportado a la filosofía política del mundo un solo pensamiento nuevo que el mundo estime válido. La tradición española puede mostrar modestamente, pero como valores positivos y universales, un Balmes, un Donoso, un Menéndez Pelayo, un González Arintero. No hay un liberal español que haya enriquecido la literatura del liberalismo con una idea cuyo valor reconozcan los liberales extranjeros, ni un socialista la del socialismo, ni un anarquista la del anarquismo, ni un revolucionario la de la revolución.
    Ello es porque en otros países han surgido el liberalismo y la revolución para remedio de sus faltas, o para castigo de sus pecados. En España eran innecesarios. Lo que nos hacía falta era desarrollar, adaptar y aplicar los principios morales de nuestros teólogos juristas a las mudanzas de los tiempos
    750px-Banner_of_arms_crown_of_Castille_Habsbourg_style.svg.png1385123_407780289344250_1604380779_n.jpgPueblos_hispanos.jpgahispanidad.jpg



    ¡Que así sea! ¡Arriba y viva la Hispanidad!



    Saludos en Xto Rex et Maria Regina
    Pro Deo Patria et Rex
    No se ama lo que no se conoce

    Fuente: Punto Critico por Daniel Marín

    Intereconomía
    Última edición por El Tercio de Lima; 14/10/2013 a las 21:46
    jasarhez dio el Víctor.

  6. #6
    Avatar de Irmão de Cá
    Irmão de Cá está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Cita Iniciado por El Tercio de Lima Ver mensaje
    Fue un Rey tuyo,Don Alfonso IX, el primero que convocó Cortes democráticas en Europa. Lo hizo en la ciudad de León en el año 1188.
    Cortes inclusivas (porque en ella han participado todos los estados sociales) y cortes libres (donde todos los estados han expresado sus posiciones); pero democráticas no. La libertad en la legalidad y la participación social en el proceso legislativo no empezaron con la democracia ni en ella se agotan. La monarquía, la legitimista y al mismo tiempo orgánica monarquía hispana no admite lecciones de libertad de la democracia - por lo menos de ninguna que haya existido realmente.

    Esto dicho, me sumo a las felicitaciones mutuas de los foreros, desde mi condición de portugués y, como tal, de hispano:


    Viva a Nossa Senhora do Pilar de Saragoça!
    Viva a Nossa Senhora da Conceição Aparecida, Padroeira do Brasil!
    Viva a HISPANIDADE!!!
    res eodem modo conservatur quo generantur
    SAGRADA HISPÂNIA
    HISPANIS OMNIS SVMVS

  7. #7
    Avatar de Mexispano
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Dos mundos bajo un mismo señor y bajo un mismo Dios. El destino nos separo, pero seguimos siendo hermanos. Llevamos la misma sangre. ¡¡ Vivan las Españas! !!

    ¡Ya las gaviotas anuncian tierra, Almirante!

    Concluyamos admirando la grandeza divina, que se dignó crear ser tan extraordinario como Don Cristóbal Colón.

    Aclamemos también la memoria de Sus Majestades Católicas la Reina Doña Isabel I de Castilla y León y de Don Fernando II de Aragón l, eficaces protectores del glorioso ...viaje al encuentro de un nuevo continente, sin olvidarnos de Fray Juan Pérez y del gran Don Pablo Toscanelli.

    Recordemos, en fin, solemnemente a Génova y a los Gloriosos Reinos de Castilla y León y de Aragón; a la primera, porque es digna de haber dado a luz aquel hijo, grande entre todos los grandes, y a los segundos, porque mediante sus augustos Soberanos, no sólo supieron proteger al mayor de los genios, titán de las empresas inauditas, sino que logró inundar los Reinos Castellanos de las Indias Occidentales hoy América por centenas de años, en glorias. Suyas, que la historia se ha encargado de trasmitirnos, como ejemplo de supremo grado de valor, de abnegación y de constancia humanas. Su fecundo germen, que, inoculado, corre en nuestras ..Venas, nos constituye dignos hijos de tan heroica como gloriosa progenitora.

    Hemos tomado algunas palabras emotivas del señor Dr. D. Francisco Andrade Marín ministro de estado de la hispanica república del Ecuador en 1892, durante la magna celebración por el 400 aniversario del descubrimiento de las Indias Occidentales hoy América.






    ________________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/64875908180...type=3&theater
    Última edición por Mexispano; 12/10/2015 a las 17:04
    DOBLE AGUILA y Vainilla dieron el Víctor.

  8. #8
    Avatar de Mexispano
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Pepe Muñoz Azpiri

    Ante el advenimiento con el Día del Descubrimiento, del coro fúnebre del "saqueo de la conquista y su correlato de genocidio" por parte de una runfla ignorantes, pícaros, buscas, mediocres y demás excrecencias de los bajos fondos de la condición humana, conviene recordar los conceptos de uno de los tantos excelentes intelectuales que la Argentina supo engendrar. Claro, los muchachos del indigenismo de mercado y las banderitas colorinches, no deben tener la menor idea de quién se trata.


    "Nuestra raza"

    Por Ernesto Quesada

    El siguiente discurso fue pronunciado en el Teatro Odeón, el 12 de octubre de 1900. En tiempos donde arreciaba desde los EE.UU. la política "panamericanista". Quesada marca las diferencias que entre el legado de España en América existe respecto de la política y la mentalidad anglosajonas, sosteniendo además sagazmente el complejo de inferioridad que se nos imponía respecto de lo propio. (Andrés Barazategui).



    Señoras:

    Señores:

    El memorable aniversario del descubrimiento de América nos congrega nuevamente, a españoles y americanos, para celebrar unidos fecha tan gloriosa.

    ¿No es natural, entonces, que, inspirándonos en el recuerdo de aquel hecho y de sus trascendentales consecuencias, nos ocupemos con criterio sereno de la hora presente, crítica en sumo grado para los destinos de nuestra raza, que realizó la hazaña sin igual del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo?

    El momento es quizá auspicioso para examen semejante: fenece un siglo; y se dibujan ya, en los contornos indecisos de la alborada de los tiempos que vienen, las pretensiones arrogantes de otras razas, enriquecidas y ensoberbecidas, con sus garras clavadas en los rincones más apartados del globo, sin más fe que en el éxito y el dinero...

    España, al descubrir la América, nacía precisamente a la vida de las grandes potencias con un vigor tan estupendo, que, antes de un siglo, llegó al pináculo de la grandeza, del imperio y de la fama, extendiendo sus dominios por todas partes del orbe. Hoy, cuatro siglos después, acaba de desprenderse hasta de la última pulgada de tierra en el hemisferio que descubrió y pobló; concentrada dentro de sus fronteras peninsulares, ha renunciado a intervenir siquiera en la marcha de la política general, que otrora gobernara su gran Carlos con una simple mueca desdeñosa; y pública, y aun oficialmente, hombres dirigentes de otra raza han creído expresar el consenso universal al proclamar terminada la misión histórica de la gente hispana, vaticinando su fatal transformación en nuevas entidades que respondan a la época venidera, mientras que aquella parece ensimismada en la contemplación de acontecimientos que pasaron y de ideales que desaparecieron.

    Los pueblos sajones, de suyo emprendedores y poseídos de lo que llaman su "destino manifiesto", están persuadidos de la exactitud de aquel fallo: para ellos nuestra casta, tanto en la península como en el continente americano, va lentamente a su ocaso; es, pues, presa segura, cuyos despojos se preparan tranquilamente a repartirse. En la vida diaria nos tratan individualmente, es cierto, con toda la consideración o la simpatía que las personas puedan inspirar; pero, del punto de vista colectivo, nos miran con un desdén profundo y sincero... No hay por qué ocultar lo que es un hecho fuera de discusión, tanto más cuanto que cabalmente es esa convicción, franca y clara, lo que explica la razón de ser de su política respecto de nuestra raza. Ahora bien, ¿es acaso fundada pretensión tamaña? ¿Qué grado de verdad encierra? He ahí, señores, preguntas sencillas que no es tan fácil contestar en los breves instantes concedidos á una alocución; si bien no es quizá imposible trazar las grandes líneas del conjunto: vosotros llenaréis el resto sin esfuerzo.

    Por de pronto, paréceme que no hay jactancia en suscribir el juicio que los pensadores de todas las razas han emitido acerca de la nuestra: España renovó, en la época moderna, la homérica empresa que en los tiempos antiguos realizara Roma, cuando dominó ésta el universo conocido, personificó su civilización, y llevó por doquier su lengua y su religión.

    El Tu regere imperio populos, Romane, memento del poeta clásico, lo tuvo tan presente la España de Carlos V, como la Roma de Augusto. Y dejó aquélla muy atrás la fama del ilustre precedente, añadiendo al orbe conocido otro nuevo, lleno de riquezas, poblado por gentes no sospechadas, y el cual, abriendo un campo inconmensurable a la actividad humana, ha desviado el curso de la historia.

    Roma no hizo tanto: ni antes ni después nación alguna ha podido repetir hazaña igual; y puede honestamente afirmarse, sin temor a ser desmentido por el porvenir, que jamás por jamás otra nación podrá alcanzar lo que España... Ya no existen ni pueden existir hemisferios ignotos en el globo terráqueo —cruzado en todas direcciones por la avidez del sabio y la avaricia del mercader— de modo que desaparece la más remota posibilidad de poder imitar el fenómeno único del descubrimiento de un mundo nuevo. Y no fue eso sino el preludio de la hazaña misma, porque nada hay en la historia de los tiempos viejos ni coetáneos que pueda igualar la epopeya admirable de la conquista, el coraje singular de aquellos hombres esforzados que se lanzaron, en grupos diminutos, a conquistar pueblos organizados, ricos y llenos de ejércitos aguerridos.

    Nuestros abuelos dieron entonces a la humanidad entera un ejemplo sin par: fiados en su fe religiosa y persuadidos de la superioridad de su ralea, no repararon en la disparidad del número, sino que acometieron con denuedo y con sublime audacia: todo lo arrollaron, todo lo conquistaron, lo poseyeron todo. Tan sólo un siglo duró aquella titánica contienda: la raza indígena no discutió siquiera la supremacía de la conquistadora, y se entregó resignada a la fatalidad de su destino.

    Nobilísima mostróse entonces la madre patria: acogió como hijos propios a los que de tal guisa se sometieron, y los protegió por medio de una de las legislaciones más sabias, y que fue, sin asomo de duda, la más adelantada de su época. Esas “leyes de Indias” son tanto más admirables cuanto que representan un esfuerzo sin precedente: imbuida Europa en las máximas romanas, que consideraban ingenuamente como bárbaros —y fuera, por lo tanto, del derecho común— a todos los pueblos que escapaban a la civilización latina, nada era más natural que considerar así a los indígenas de América, y hacer con ellos lo mismísimo que hiciera Roma con los germanos y sajones de su tiempo: sus esclavos ó sus siervos. La sublime revolución moral del cristianismo no había logrado todavía, ni con mucho, extirpar aquel concepto, que se imponía con la fuerza irresistible que da la tradición de veinte siglos.

    Pues bien: es gloria inmarcesible de la monarquía española haber reaccionado contra tal prejuicio; y si á las veces, en algunas regiones apartadas de América, se cometieron abusos por hombres sin piedad, convirtiendo el yanaconazgo, la mita y la encomienda, en verdaderas servidumbres de la gleba, no es menos cierto que jamás fue ello tolerado o dejado sin castigo, y que se hizo cuanto fue posible por atraer a la civilización cristiana a las innumerables tribus indígenas. No han obrado así quienes se precian de superiores: en otras partes se ha preferido sencillamente exterminar a los indios, por las armas ó por el triste veneno del alcohol.


    Tres siglos estuvo España en posesión indiscutible de este continente: lo pobló, lo organizó y lo gobernó, con arreglo al criterio de la época, por y para la metrópoli. Ha sido tema socorrido criticar el régimen colonial de la América española: nada más fácil, aplicando el criterio del siglo XIX; pero coloquémonos dentro de las ideas de los siglos XVI, XVII y XVIII, y desafío al detractor más malévolo a que demuestre discordancias, en las líneas generales, entre aquella legislación ultramarina y la que tenían las demás naciones.

    Más todavía: gloria es de la dinastía borbónica haberse adelantado á su época, con las iniciativas fecundas del reinado de Carlos III.

    Llegó el momento de la emancipación: los hijos núbiles se desprendieron del regazo de la madre, antes soberbia, entonces desmedrada por las debilidades de un Carlos IV o los desvaríos de un Fernando VII.

    Principió para España vía crucis que le ha tocado en suerte en el siglo XIX, con la invasión brutal e injustificada de los invencibles batallones napoleónicos: el pueblo español reaccionó con un vigor admirable, que prometía una era nueva de gloria, pero que fue desgraciadamente obscurecida por las cruentas guerras civiles. Tenemos todos demasiado presente esa dolorosísima página de historia contemporánea, para que sea necesario recapitularla nuevamente... Y cosa análoga pasó en las nuevas naciones hispanoamericanas: el esfuerzo épico de la guerra de la independencia fue casi neutralizado por revoluciones constantes o por tiranías menguadas. Durante este siglo, americanos y españoles hemos estado, por lo general, alejados unos de otros con perjuicio recíproco: sólo hemos rivalizado en dar al mundo el ejemplo peligroso de ser díscolos y cuasi ingobernables.

    Y ello no ha contribuido poco a formar la convicción sajona respecto de la inferioridad de nuestra raza. La guerra hispano-yanqui no ha obedecido á otro criterio, y sus resultados han servido sólo para dar mayor autoridad a creencia semejante. La acción lenta, pero eficaz, de los Estados Unidos en las naciones iberoamericanas es ya visible: la doctrina monroísta no es sino la tutela disfrazada de los que se consideran superiores por la energía, la riqueza y la conciencia de su propio valer. Si en parte alguna de Sud América puede hablarse con altivez de estas cosas, es, sin duda, en esta región del Río de la Plata, cuyo desarrollo vigoroso le señala un puesto de vanguardia en el conjunto de naciones de origen español.

    No debemos, con todo, desconocer nuestros defectos: nos corresponde corregirlos. Todo se nos ha enrostrado: pasamos, a los ojos de los estadistas de otras agrupaciones, como gentes corrompidas en lo político y social; atribuyéndose a los gobernantes de nuestra raza ausencia manifiesta de ideales, sensualismo vulgar, y desconfianza absoluta en la virilidad y en el espíritu cívico de estos pueblos. Se arguye, por otra parte, que nos falta moralidad y que carecemos de fe, revelándonos impotentes para administrar e incapaces para prever. Se sostiene, por último, que los pueblos ibéricos no tienen energía para triunfar en la lucha por la vida, dejando que las industrias y el comercio pasen a manos de gente de otra calaña; y que se contentan cuando más con remedar los excesos tumultuosos de la plebe romana y su exigencia de “pan y diversiones”; o las luchas de la sangrienta politiquería de las turbas bizantinas, destrozándose en los circos por los bandos estériles de los azules y los verdes...

    Y bien, señores: tengamos la entereza de confesar que hay algo de verdad en esos cargos, por más exagerados que parezcan. Preciso es reaccionar: es menester levantar en alto los corazones. Tenemos una herencia sagrada que enaltecer: la tradición de nuestros mayores. Y no es en vanas palabras que se debe cimentar la confraternidad de sus descendientes, impuesta por la historia y por la sangre: urge extirpar el cáncer de la frase con el cauterio de la acción.

    Necesitan nuestros pueblos una fuerte sacudida moral. No sólo hay que reformar su educación, sino que despertar sus energías adormecidas y retemplar el carácter. Es indispensable descollar en el comercio y las industrias, pero brillando por la cultura científica; y sin olvidar que debemos disputar anhelosos la primacía en las artes y las letras, manteniendo siempre alta, muy alta, la religión del ideal, que ha caracterizado a nuestro abolengo. Hay, pues, que poner manos a la obra: desarrollemos sin descanso las riquezas naturales y aunemos sus intereses, cuyo intercambio, entre pueblos de linaje castellano, es visiblemente precario. Abrigo la convicción de que nos bastará desear la reacción, para producirla.

    El momento es propicio. La pérdida de sus últimas colonias ha hecho afluir a la madre patria caudales ingentes, antes radicados en las posesiones ultramarinas, y ha regresado a la península una categoría de hombres habituados a soportar con éxito la competencia con los de otros pueblos. ¿No significa esto acaso que está próximo el renacimiento industrial y comercial de España? Podremos entonces estrechar más íntima y proficuamente nuestras relaciones, pues la antigua metrópoli —ahora nuestra hermana, como parte de la familia ibérica cobijada por el panhispanismo— debería convertirse en el mercado donde fueran a venderse los productos sudamericanos, en su mayor parte materias primas que, elaboradas por las fábricas peninsulares, nos retornarían como productos manufacturados. Hoy todo ello se vende en mercados de otras razas, y allí están las fábricas que los utilizan y los capitales que facilitan su circulación: ese sólo hecho ha desviado fatalmente el comercio de América hacia aquellos países, pues es natural que donde se vende, a la vez se compra, y tras las relaciones comerciales e industriales, vienen las intelectuales y sociales, lo que explica el hecho original de que los hispano americanos estén más ligados con cualquier nación europea que con España. El sentimentalismo está de más en esto: es asunto puramente de intereses de los pueblos. Un simple esfuerzo de España bastará sin embargo para hacer desviar la corriente: y pronto desaparecerá el fenómeno incongruente de que, malgrado la lengua común, la inteligencia americana se nutra todavía en libros de toda procedencia, salvo quizá los españoles.

    En poco tiempo más, iniciada que sea esa regeneración, podrán las naciones de origen hispano celebrar con doble orgullo aniversarios como el presente; pues es ensalzar las glorias del pasado, justificando las hazañas del descubrimiento y la conquista, presentarse ante el universo como países prósperos e ilustrados, de probado civismo y sensatamente gobernados, amplios en sus miras y generosos en su conducta.

    Señores:

    Cuando concentro mi recuerdo en las glorias pasadas de nuestra estirpe hidalga, y, ante mis ojos apasionados, se yergue aquélla, dominadora del orbe, con Carlos V; descubridora de un mundo, con Colón y Pinzón: conquistadora de un hemisferio, con Cortés, Pizarro y tantos otros héroes legendarios; regeneradora del arte, con Murillo y Velázquez; renovadora de la cultura literaria, con Cervantes, Calderón y otros incomparables ingenios; cuando leo en las páginas imparciales de la historia que esta progenie extraordinaria ha descollado en las ciencias, como ha brillado en la guerra y ha sido conspicua en el comercio y las industrias; cuando reflexiono que, por momentáneamente fatigada que se encuentre después de tantos siglos de gigantesca labor, hoy, en fuerza misma de los hechos y de su elocuencia brutal pero saludable, ha despertado ya del pasajero sopor: mi espíritu, entonces, no puede admitir ni en hipótesis la duda de que nuestra egregia raza ha de levantarse airada y majestuosa, rebosantes de ardor las propias venas, fuerte con la tradición hermosa que le corresponde honrar, y rejuvenecida por el con nubio vigoroso con esta tierra virgen del continente americano. Más todavía: estoy íntimamente convencido de que el mismo gloriosísimo pasado ha de servirla sólo para aguijonear su actividad, y que ha de cifrar su orgullo en justificar que fue digna de lo que hizo, haciendo hoy más aun: luchando y venciendo a las demás razas en la brega terrible de estos tiempos novísimos, en los cuales parecen prevalecer más bien los ardides de fenicios y cartagineses, que el noble arrojo de los impróvidos romanos.

    Al renacimiento de la raza hispana, señores; a la gloria futura de la madre patria y de las naciones íbero americanas —que son sangre de su sangre, a pesar de la mezcla generosa de otras procedencias—; a la confraternidad, no sólo de sentimientos, sino de intereses, de los pueblos de nuestro común origen: esos son los votos sinceros que formulo y que estoy seguro compartiréis de corazón


    _______________________________________


    Fuente:

    https://www.facebook.com/Instituto-P...2598/timeline/

  9. #9
    Avatar de Mexispano
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    12 Octubre 1492. Hispanic Heritage Month.

    La Hispanidad se vive en los Estados Unidos de una forma muy especial. Algunos ignorantes llenos de rencor y odio racial hablan que no hay nada que celebrar, pues claro que sí. La Hispanidad es el nexo de unión de todos los pueblos hispanoamericanos o latinoamericanos, sin la hispanidad seguirían siendo pueblos indígenas separados. El 12 de Octubre 1.492 los hispanos realizamos una gesta inigualable en la historia de la humanidad, algo que los anglosajones nunca podrán aceptar.

    Los hispanos en los Estados Unidos (USA) deben de estar unidos, tanto si son peninsulares como americanos. La unión hace la fuerza, solo hay que ver que cuando los hispanos estuvieron unidos dominaron el mundo.





    https://www.youtube.com/watch?v=XP9LHqskmBk

  10. #10
    Avatar de Alejandro Farnesio
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Feliz Día de la Hispanidad y de la Virgen del Pilar a todos.
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!

    "Dulce et decorum est pro patria mori" (Horacio).

    "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el Honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios" (Calderón de la Barca).

  11. #11
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Feliz día!!!

  12. #12
    Avatar de Donoso
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Feliz día a todos, particularmente a los que hayan estado luchando contra las tonterías de todos los 12 de octubre.
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  13. #13
    sjl
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Feliz día hermanos, ayer no pude entrar por aquí.
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  14. #14
    Avatar de Mexispano
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    La hispanidad: rescatemos lo que nos une




    Edwin Austin Abbey - Columbus in the New World.


    Bastó que Keiko Fujimori -excandidata presidencial de derecha- apareciera en un video proyectado durante el festival Viva 21 que organizó Vox en Madrid, arengando por la unidad hispana y por España y el Perú, para que una manada de necios desatara su odio antiespañol, tildándola de fascista y traidora a la Patria, entre otras estupideces propias de esta gente básica y engañada que se odia a sí misma.

    El resentimiento hacia España es una asignación obligatoria en la paupérrima educación latinoamericana. En el Perú, por ejemplo, podemos ser los últimos en la fila en comprensión lectora, lógica y matemáticas, pero nuestros escolares aprenden de memoria que deben odiar a los españoles por “haberse robado el oro” de los incas, y es tan bueno ese adoctrinamiento que lo llevan estampado en sus memorias de por vida.

    Cada 12 de octubre, las redes sociales se convierten en pozos sépticos plagados de publicaciones de odio hacia España y la cultura occidental, en especial contra la religión católica, despotricando -eso sí, en español- el descubrimiento de América por Colón y el arribo de los europeos al continente. Aducen, entre otras ridiculeces, que antes de ellos “vivíamos” en una suerte de paraíso terrenal. Las evidencias sobre sacrificios humanos y canibalismo que practicaban algunas culturas prehispánicas resultan una ficción para los indigenistas.

    En el Perú no hemos tenido -aun, aunque con Castillo en el poder puede darse-, a diferencia de Chile, Ecuador, Bolivia, y sobre todo Estados Unidos, escenas de estatuas manchadas o derribadas por turbas enloquecidas. Isabel la Católica, Cristóbal Colón y muchos conquistadores españoles, se han convertido en señuelos de políticos, activistas y vándalos de diversas ideologías para desviar, una vez más, la ira de quienes buscan a los culpables del fracaso de sus sistemas económicos.

    Como peruano, he tenido que soportar la propaganda disfrazada de historia que nos enseñan en las aulas. Pero, así como critico el fanatismo indigenista y el absurdo del discurso antiespañol, también advierto que una revisión histórica con el propósito de ocultar los excesos de la conquista, los abusos de la encomienda y los fracasos de la política fiscal virreinal, solo ahonda las diferencias con quienes tenemos que construir puentes de enseñanza y cooperación: los pueblos andinos y amazónicos, los descendientes de africanos. Si no lo hacemos, seguirán siendo campo de cultivo de grupos radicales y caudillos desquiciados que salivan por una guerra étnica.

    Vargas Llosa, peruano y español, escribió hace algunos años en El País, que, gracias a España, América “pasó a formar parte de la cultura occidental y a ser heredera de Grecia, Roma, el Renacimiento y el Siglo de Oro”. Esto debería ser motivo de orgullo para muchos hispanoamericanos, pero no nos engañemos: millones, lamentablemente, no tienen idea de que habla el Nobel de literatura. Si los defensores y promotores de la hispanidad continúan con ese discurso, demasiado académico y elitista, jamás llegarán a los estratos populares.

    Pero la hispanidad no debe restringirse a la península ibérica. En su columna de El País, el periodista hispano-colombiano Juan Carlos Iragorri lo deja muy claro: la celebración de la hispanidad debe ser “más incluyente, más realista, más amable”. El Día de la Hispanidad no puede ser solo una fecha de celebración española con evidentes retóricas militaristas, pues caería en el tópico nacionalista y chauvinista. Eso desconecta con Hispanoamérica. Iragorri advierte que ciudades estadounidenses como Miami y Los Ángeles, con importante población hispana, resultan más atractivas para los latinoamericanos que Madrid, que, en lugar de desplegar las banderas de los países hispanos en esta fecha, solo exaltan la rojigualda.

    Debemos ver en la hispanidad, despojada de posturas supremacistas, una idea potencial para reunirnos una vez más como un bloque cultural y comercial frente a las ambiciones desmedidas de las potencias hegemónicas.

    El indigenismo marxista y el liberalismo globalista y apátrida, a pesar de mostrarse como fuerzas antagónicas, operan en simultáneo por destrozar el proyecto de unidad entre los pueblos hispánicos, que, a doscientos años de guerras fratricidas y repúblicas fallidas, enfrentan desunidos la subversión, el saqueo, la alienación y el neocolonialismo anglosajón, ruso y chino. Definitivamente, hay mucho por hacer para conseguir la unidad entre ambos hemisferios y devolvernos a un lugar relevante en la política mundial.


    Rodrigo Saldarriaga





    _______________________________________

    Fuente

    La hispanidad: rescatemos lo que nos une - Mundo Republiqueto

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