Saludos. Me ha resultado de lo más sorprendente el último comentario de Cavaleiro en este foro, en el que nuestro amigo empieza por remontarse a unas nebulosas alturas detectando en mis palabras no sé qué idealismos e historicismos hegelianos y <<rampantes>>, para inmediatamente aclarar que no le interesan tales cuestiones –sean las que sean, yo no lo sé –y apresurarse a <<bajar a tierra>> para acusarme nada menos que de estalinismo. ¡Señor, o soy liberal o soy estalinista, pero decídase pronto, caramba, que me tiene usted en ascuas!
Ahora en serio, ¿de verdad cree Cavaleiro que contradice alguno de los puntos de vista que yo he expuesto en este foro? ¿De verdad Cavaleiro piensa que por llamar <<corrección/castigo>> a lo que yo llamo <<amenaza/coacción>> me contradice en ALGO?
¡También un piojoso terrorista adscrito a la Sumisión (Islam), o un cobarde y sobrealimentado etarra analfabeto funcional, llamarían y llaman <<castigo>> a la <<coacción>> que ejercen ellos!
El hecho de que nuestra moral (católica) sea VERDADERA y las del musulmán o el etarra sean FALSAS no me impide –a mí -llamar coacción a la coacción y terror al terror cuando hablo de Política (así, con mayúsculas). ¿Por qué crees, Cavaleiro, que yo avisé que hablaba estrictamente de Política (así, con mayúsculas? ¿Para idealizar el término? Nunca. Sino para preservar su significante de toda connotación, en este caso connotación moral, que alguien poco atento pudiera asociar a su significado. ¡Querido Cavaleiro, yo he hablado aquí estrictamente de Política, no de moral, y lo avisé! ¿Por qué haces una crítica moral de mi comentario? Lo único que me interesaba era dejar claro que tanto <<Nación>> como <<Patria>> me parecen conceptos política, estratégicamente imprescindibles, independientemente del uso moral o inmoral que desde el Estado pueda hacerse de ellos. Yo no me he metido en cuestiones morales, porque yo ya doy por hecho que nuestra moral (católica) es la única verdadera, y no veo ninguna necesidad de contaminar las reflexiones estrictamente políticas con valoraciones morales, ni, por cierto, contaminar reflexiones morales con consideraciones políticas. Tal cosa se hace en la propaganda, y a mí la propaganda no se me da bien, y además me aburre. Pero nada oye, tú sigue llamando <<coerción/castigo>> a la coacción y al terror ejercidos por los Estados manejados por gobernantes de moral católica que gobiernan sobre pueblos de moral católica, si es que lo contrario te escandaliza. Harás muy bien. Pero déjame a mí que reflexione, en el ámbito de la Política a secas, como lo considere oportuno. Y cuando quieras discutir conmigo de moral, avisa.
Lo cierto es que en el fondo (quizás muy, muy en el fondo) estamos más de acuerdo de lo que crees. Otra cosa es que tu pienses que sobra la claridad conceptual y que lo único que importa es la proclama de tipo moral, y que yo, por mi parte, piense que está demás la proclama moral cuando en ella concordamos ya todos, y urja en cambio la claridad conceptual. Matices a parte, creo que no pensamos tan distinto, te guste o no.
De hecho, leyendo párrafos del mensaje de Cavaleiro comoCita:
Por otra parte, yo no propongo vivir en el mundo de la Abeja Maya. Está claro que toda autoridad debe disponer de ciertos resortes coercitivos o restauradores del orden, pero tambien aqui me decanto por modelos netamente tradicionales, incluyendo al Santo Oficio como piedra angular de ese orden que, por cristiano y orgánico, basado en el temor de Dios, precisa menos de la coerción constante y preemptiva.
; creo que Cavaleiro me da toda la razón. <<Precisa menos>>, tal vez. Pero el caso es que <<precisa>>, y esto que Cavaleiro RECONOCE al precio de acusarme de estalinista, es lo unico que yo mantenía y mantengo. No he ido ni un paso más allá en ninguno de mis comentarios del foro. Por PRIMERA vez en el foro diré, que como liberal que soy, propugno un Estado lo menos controlador posible y lo menos extenso posible en tamaño, sin que este liberalismo mío me impida RECONOCER igual que Cavaleiro que el aparato o “herramienta” política desde el cual se rige un territorio –el Estado –es imprescindible, por que es el único posible. Sólo se puede gobernar desde el Estado, y esto es así desde que el hombre es hombre, cientos demiles de años antes de la revolución francesa y de la invención de la Idea de Nación, aunque el término <<lo stato>> (lo que permanece) no surgiera hasta la prosa de Maquiavelo. Si a Cavaleiro le chirría la terminología maquiaveliana que lo llame <<autoridad>> o que lo llame como mejor le parezca, pero que no condene por inmoral un uso de dicho término que no es, en todo caso, sino estéticamente “chirriante” para su gusto particular. Gusto estético que yo respeto, pero que no comparto.
Otro párrafo de Cavaleiro donde creo que ambos coincidimos bastante es el siguiente:Cita:
El amor a lo que representa la Patria, el temor a Dios, y la obediencia a la autoridad fundamentada en el ejercicio de la Ley Natural, nos llevan a defender a esa Patria de la que depende nuestro modo de vida, nuestras familias, nuestro bienestar, nuestros valores, nuestra tierra, nuestras culturas, nuestra descendencia, nuestro mundo. Nada que no sea esto me llevaría a una guerra.
Bueno, coincido en casi todo. Yo dejaría de lado la última frase, por gratuita, ya que hablar es demasiado fácil. Habríamos de vernos todos en una coyuntura política de inusitado dramatismo –una amenaza biológica o nuclear, o los efectos devastadores del terrorismo a gran escala sobre la moral de la gente –en la que muchos, de pronto, no estuviesen de acuerdo con ir a una guerra, aduciendo, como hace Cavaleiro, elevados argumentos morales para ello; pero siendo en cambio, y a diferencia de nuestro amigo, el único y verdadero motivo una comprensible pero política y estratégicamente inadmisible cobardía.Cita:
De cualquier modo, todo el resto del comentario es impecable: <<amor a la Patria>> (yo lo llamé, además, ideal patriótico) y <<obediencia a la autoridad>> (yo lo llamé obediencia al Estado a través -o no, según -de la lealtad a la Idea de Nación). Lo de el <<temor de Dios>>, siendo en mi opinión hermoso y moralmente digno, resulta más delicado. No necesariamente el <<temor de Dios>> lleva al patriotismo, pues el amor a la Patria, para un católico (no así para un anglicano, por ejemplo) no tiene, en principio, nada que ver con el temor ni el Amor de/a Dios, aunque pueda tenerlo dentro del carisma, de la vocación particular de cada cual, de ahí la fragilidad de esta apelación.
Un tercer párrafo en el que Cavaleiro -¡tal vez sin querer! –da en el clavo y entiendo que apoya mi postura es el siguiente:Qué gran verdad. A partir de la revolución francesa, para bien o para mal –ahora no me importa -, las cosas terminan de cambiar irremisiblemete, empezando por la vanguardia de las guerras: los ejércitos. La carrera militar se desarrollará exclusivamente en función de la antigüedad en el servicio y los méritos de guerra, y ya no de la nobleza familiar (con los únicos antecedentes del New Model Army de Crommwell y, sólo en parte, de los Tercios españoles, italianos y alemanes de los monarcas Habsburgo). El servicio militar obligatorio convertirá la guerra en asunto de todos los ciudadanos, independientemente de que quieran o no ir a luchar. Finalmente, la realidad de la guerra total convertirá a los Estados –o la <<autoridad>> -en los últimos y verdaderos garantes del derecho a la vida de sus súbditos.Cita:
¿Y guerra? Echa una ojeda a la guerra moderna, sobretodo a partir de 1789, a las guerras de atrición y conquista entre estados-nación con "participación" de la población civil, a las las guerras totales, revoluciones y totalitarismos implementados gracias al estado moderno.
¡Entendámonos!, todo esto ya existía en la práctica, ya se venía pergeñando el nuevo estado de cosas por culpa del puro desarrollo tecnológico, pero ahora –en 1789 –se hace imprescindible –por necesidad práctica y extramoral de los Estados para su supervivencia como tales Estados (mantenimiento de la autoridad), la implantación PERMANENTE y general (¡¡y por escrito!!... en las Leyes Fundamentales o Constituciones) de las nuevas medidas: los revolucionarios, genialmente y tal vez malvadamente (este es otro tema, que ahora no me importa) inventan entonces la Idea de Nación, como persona jurídica -¡nada de metafísicos entes autónomos y <<Platónicos>> como acusa Cavaleiro! –depositaria de los nuevos derechos y obligaciones así surgidos. Y tanto el Estado Francés como sus enemigos –entre ellos nosotros –adoptan rápidamente, en tromba, la Idea de Nación. Lo hacen porque la Idea funciona, y funciona porque obliga, arrastra, atemoriza tanto a enemigos como a gobernados, coarta e impele a vencer en las contiendas sin necesidad de convencer a nadie a luchar. Es incríblemente esclarecedor contemplar el hecho histórico de que desde entonces hasta hoy, los Estados reaccionarios serán derrotados siempre por las revoluciones de diverso color, excepto cuando aquellos cuentan con la Idea de Nación junto a los ideales del Patriotismo y la Tradición en sus respectivos “arsenales” ideológicos. Estados tradicionalistas que no han asumido o asumen tibiamente la Idea de Nación como el Imperio Austríaco, el Imperio Ruso, o la Monarquía Española del Carlismo caminarán inexorablemente hacia su extinción frente a la realidad revolucionaria, mientras que aquellos que asumen la Idea sin ambajes, como el Reich Alemán, el Imperio Británico, la España Nacional o el Imperio Yanqui vencen, vencen, VENCEN a la revolución... hasta que se olvidan de la Nación, entonces vacilan y pueden llegar a caer, como le ocurrió a la Alemania de Weimar, y puede, hoy, sucedernos a nosotros.
¿La Idea de Nación es una panacea? ¡Por supuesto que no! No existen las panaceas en Política, y ningún Estado (autoridad política enfrentada a otras análogas) tiene asegurada su eternidad. Pero ¿cómo se puede ser tan osado y frívolo como para despreciar las enseñanzas que los sucesos pasados han puesto en nuestras manos? ¡No en vano dice la Sagrada Biblia que el único destino de las TODAS las naciones (en referencia a toda autoridad temporal) es el fuego...!
Con todo respeto, opino que no soy yo el <<idealista y racionalista rampante>>, sino si acaso Cavaleiro, con su necesidad de íntimas certezas para justificar su patriotismo, como si Dios fuera español... Martín González se siente español por mil poéticas razones, pero es español porque es su obligación legal, y basta.
Opino que no soy yo el <<utópico>>, sino en todo caso Cavaleiro, ¡que aspira a una España en la que personas diferentes sientan todas un mismo patriotismo! Lo cual es imposible, porque no hay dos sentimientos iguales como no hay dos almas iguales, y vale.
Opino que no soy yo el que ha propuesto aquí ningun modelo de Estado, sino literalmente Cavaleiro, y seguramente con toda la razón del mundo. Yo, Martín González, me he limitado a describir como, en mi opinión, funciona de hecho la política real, nos guste o no. Y Cavaleiro no ha contradicho mis opiniones aunque, eso sí, me ha acusado de utópico, de idealista hegeliano, de comunista y de maximalista del Estado, cunado, dicho sea de paso y por SEGUNDA vez en este comentario y en este foro, soy todo lo contrario. Liberal por opinión discutible y discutida, español por amor y obligación, y católico por tradición y por la Gracia de Dios.
<<¡¡Y PUNTO!!>> (Es broma, un abrazo y hasta la próxima.)
PD: todo eso que dices que yo digo, Cavaleiro, sobre el (sic) <<estado-nación>> es inexacto, amigo mío, porque se te olvida que aquí el único que ha hablado de (sic) <<estado-nación>> eres tú, Cavaleiro, no yo.
PD: La Escuela de Salamanca SÍ teorizó sobre el Estado, en particular Luis de Molina y Francisco Suárez. Pues teorizar sobre el Derecho es hacerlo sobre el Estado, el cual es el único garante -gracias al uso legal de la fuerza bruta (ejército y policía) -del cumplimiento de las leyes.
Add.: estoCita:
¿Quieres anarquía, bestialismo y caos? Buscalo en la Modernidad, analiza la historia, sal a la calle.
es pura demagogia. ¿La modernidad? ¿Quién es ahora el idealista montesquiano? No me hagas reír. Ahora va a resultar que Atapuerca era una reunión de sociedad... Por otra parte, basta con plantar en la calle un policía, o cien, o cien mil –la autoridad, el Estado -para acabar con cualquier supuesto <<salvajismo>> callejero. Sólo el Estado acaba con el salvajismo como fenómeno etológico, esta era y sigue siendo mi afirmación.Cita: