Claro, pero lo que está mal no es mirar a una mujer guapa, sino mirarla con mirada sucia o con malos deseos. Ya dijo el Señor que todo el que mira a una mujer deseándola adultera con ella en su corazón. Pero mirar a una mujer no supone en sí necesariamente el deseo de poseerla, todo depende de la intención. Se puede apreciar la belleza de su rostro, su sonrisa, su simpatía, sus buenas cualidades y estar a gusto en su presencia sin desearla como un objeto con el que satisfacer el propio placer. Es lo mismo que cuando admiramos la belleza de la casa de un amigo; no quiere decir que codiciemos esa casa y deseemos quitársela. Me refiero naturalmente al trato normal de cada día con personas del otro sexo, no a las ubicuas imágenes que utilizan a la mujer con fines comerciales, claro.