Cita Iniciado por Kontrapoder
No se trata de unos cuantos clérigos, sino de que la mayoría de obispos pidió el SI a la Constitución de 1978, encabezados por Tarancón, y con la única resistencia de Guerra Campos y algún otro que estaba disconforme. Así que la realidad, aunque nos joda, es que el falso consenso constitucional se hizo por la Iglesia, no contra la Iglesia. Así que es a ella a quien habría que pedirle cuentas, no a Pío Moa, que bastante hace con contrarrestar las mentiras de los rojos acerca de la Guerra Civil. En efecto, la postura política actual de Pío Moa es bastante repugnante, en la linea del PP, pero creo que a Pío Moa debemos enjuiciarle únicamente por su faceta de historiador.
Estimado Kontrapoder:

Se hizo contra la Iglesia en el sentido de su inspiración profundamente anticatólica. Se hizo contra la Iglesia en su sentido esencial e intemporal, no en su vertiente humana y temporal. Evidentemente hubo una gran traición taranconiana, al igual que "el Guti" traicionó con el Ejército. Pero aún así la resistencia fue más grande de lo que se piensa. No solo Guerra Campos, también Don Marcelo, que era ni más ni menos que el Primado de las Españas. Y junto a ellos otros 8 obispos pidieron claramente el NO. El resto del Episcopado sugirió solo tácitamente el sí. Y es más. La mayor organización sacerdotal, la Hermandad Sacerdotal Española estaba decididamente por el NO. Solo por culpa de Agostino Casaroli, Nuncio del Vaticano en España, que trajo de Roma amenazas de penas canónicas contra los sacerdotes politizados no hubo más oposición. Recuerdo a un sacerdote muy querido y que falleció hace tres años, don José Antonio Arrizurrieta, de Pamplona, cura santo, apostol de obreros y requeté en la Cruzada. En su Iglesia de Pamplona predicó en 1978 por el NO a la constitución. Desde entonces no le volvieron a dejar decir Misa en público. En el fondo lo que late en la Iglesia hispana es una adhesión demasiado incondicional a Roma (que en estos asuntos de política domestica no tiene porque meterse), que impidió una reacción similar a la que hubo en Francia con ocasión del movimiento de Monseñor Marcel Lefebvre.