Con el permiso del foro adjunto un pequeño escrito que nuestro jefe nacional de Juventudes Tradicionalistas ha publicado en el programa de fiestas de Higueruela, que es su pueblo paterno. Creo que en el mismo ha definido muy bien y con precisión nuestra cosmovisión de la Tradición.
Veneración por nuestro pueblo
Sus fuentes, sus plazas, sus parajes... forman parte de la geografía sentimental insita en nuestro interior. Para los que vivimos en la distancia el recuerdo y el anhelo recurrente a esos lugares que nos vieron nacer y crecer son un modo muy adecuado de recobrar nuestra propia memoria en medio de una sociedad que impone sus ritmos tan frenéticos y en la que se ha perdido la concepción de lo propio. Somos lo que somos no por nosotros mismos. No somos una generación espontánea, sino que estamos arraigados a una tierra y a una familia, que en nuestros pueblos alcanzan toda la dimensión de lo verdaderamente humano que las grandes ciudades oscurecen.
En la conversación con sus gentes, en sus detalles sutiles, encuentro más sabiduría que en determinadas tribunas, así como el orgullo de sentirme parte de un todo que podría escribir su propia historia con unos versos que desde niño me repetía y hoy un poco mayor aún me repite mi querido abuelo Víctor:
"Con la tinta del sudor
y la pluma del arado
va escribiendo el labrador
una canción al trabajo.
Anda que andarán los surcos,
surco arriba, surco abajo,
tras de la yunta sumiso,
tras de la yunta a su paso".
Mayo en Higueruela, sol radiante, aromas deliciosos de primavera, el campo
saca sus colores de gala para saludar a Santa Quiteria, comida familiar en
amplia mesa, larga tertulia, reencuentro con aquellos con los que crecimos,
animosa distracción por la noche hasta la mañana siguiente. Alegría, ¡son
nuestras fiestas!.
Gracias Higueruela porque en ti me reencuentro.
Víctor Javier Ibáñez Mancebo
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