¿Cuántas veces, en nuestras universidades, oímos decir que el nazismo y el comunismo son sistemas opuestos?
Curiosamente, siempre que se dice esto, existe una simpatía - unas veces declarada, otras no - por el comunismo.
A los incautos les puede parecer que el nazi-fascismo y el socialismo son diametralmente opuestos en sus teorías, pues los defensores de la izquierda crean un mito que distancia infinitamente aquellas doctrinas, contrariando la irrefutable realidad de los datos que prueban la existencia de una estrechísima vinculación entre las mismas.
De entre las innumerables semejanzas que identifican al nazi-fascismo con el socialismo podemos destacar algunas, tales como el mismo origen ideológico, y por ende, la doctrina atea, dialéctica, socialista y totalitaria de ambas.
A pesar del mito creado por los socialistas, no podemos dejar escapar a nuestro entendimiento que los ideólogos del fascismo, del mismo modo que Marx, remontaron a Hegel la elaboración de su teoría, adoptando la dialéctica extraída de aquel pensador.
En efecto, no sería exagerado afirmar que el nazi-fascismo y el socialismo tienen a la dialéctica relativista de Hegel como génesis y fulcro. Hegel, por su parte, adoptó todas las proposiciones de Heráclito [540 a 480 A.C.], famoso defensor de la tesis de que la realidad plena e inmutable no existe.
Tal concepción destruye todas las nociones de verdad; nada subsiste de absoluto ni de definitivo, y menos de sagrado.
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