Ralph George Hawtrey ocupaba, por entonces, dentro del Departamento del Tesoro en el Reino Unido, el cargo de director del Departamento de Investigaciones Financieras.

El texto original en inglés puede verse aquí.


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El debate de Birmingham

Fuente: The New Age. Nº 2117, NEW SERIES, Vol. LII, Nº. 3, Jueves, 6 de Abril de 1933.


EL DEBATE DE BIRMINGHAM

Debate entre el Sr. R. G. Hawtrey y el Mayor C. H. Douglas acerca del Crédito Social en el Central Hall, Birmingham, el Miércoles, 22 de Marzo de 1933.


I.- Diagramas

Aportados por el Mayor Douglas para ilustrar el alcance y naturaleza del Análisis del Crédito Social


Diagrama debate birmingham.doc



II.- Declaración de apertura y réplica

DECLARACIÓN DEL SR. HAWTREY

Tengo que hacer dos observaciones preliminares. La primera es que es un gran placer para mí tener esta oportunidad de encontrarme con el Grupo del Crédito Social de Birmingham, y particularmente también de poder encontrarme personalmente con el Mayor Douglas. La segunda es que, en tanto que soy un funcionario del Gobierno, tengo la obligación de aclarar que todo lo que tengo que decir esta noche representa mis propias opiniones personales, y no deben ser asociadas de ninguna manera con mi posición de funcionario.

Antes de comenzar la crítica a las doctrinas del Mayor Douglas, me gustaría decir que estoy en ciertas materias en total concordancia con él. Entre éstas me gustaría mencionar especialmente su opinión de que la demanda de mercancías surge a partir de los ingresos y que los ingresos surgen a partir de la producción. Más aún, estoy de acuerdo con él en que los bancos crean dinero, y que la depresión comercial surge a partir de fallos del sistema bancario en el desempeño de esa función vital.

Pero no quiero, en la presente ocasión, tratar sobre estos puntos de concordancia. Por el contrario, me gustaría proceder sin dilación a examinar las cuestiones respectos de las cuales él y yo nos separamos.

El fundamento de la teoría del crédito social del Mayor Douglas radica en su opinión de que en el sistema económico, tal y como funciona al presente, existe una inherente escasez de demanda; de que el total de ingresos necesariamente se queda corto con respecto al total de bienes puestos a la venta, valorados a precios remunerativos.

Esto es así, dice él, porque, para que sean remunerativos, los precios han de incluir otros ítems o partidas además o por encima de los ingresos generados. Puesto que la demanda emana solamente a partir de los ingresos, aquellas otras partidas inevitablemente introducen una diferencia. El exceso de valor de los bienes sobre la demanda ha de ser distribuido mediante otra forma de poder adquisitivo, esto es, mediante crédito.

Los ingresos o “pagos hechos a los individuos” comprendidos en los costes incluyen sueldos, salarios y dividendos. Las otras partidas, o “pagos hechos a otras organizaciones”, incluyen materias primas, devoluciones de préstamos bancarios y otros costes de tipo no personal.

Junto con las materias primas él agrupa a los productos intermediarios bajo el encabezamiento general de productos semimanufacturados. Los productos provenientes de un fabricante pueden ser los materiales de trabajo de otro. Un curtidor compra pieles y vende cuero; un zapatero compra cuero y vende botas, y un minorista compra las botas y las vende a los consumidores. Las pieles y el cuero están comprendidas bajo el encabezamiento de “productos semimanufacturados”. Las pieles son pagadas por el curtidor; y su precio se incluye en el precio que le pagan a él por el cuero. El precio del cuero, que además incluye el valor de las pieles, se incluye a su vez en el precio pagado por el minorista al zapatero por las botas. “Allí donde cualquier pago en dinero aparece dos o más veces en producciones en serie,” explica el Mayor Douglas, “entonces el precio final del producto se incrementa por esa cantidad multiplicada por el número de veces que aparece, sin que exista a su vez ningún incremento equivalente de poder adquisitivo.” Monopoly of Credit, p. 30.

Aquí me encuentro en discordancia con el Mayor Douglas. Aparentemente él dice que el precio de las botas incluye el precio del cuero dos veces, y el precio de las pieles tres veces. Debo decir, por el contrario, que dicho precio de las botas incluye a cada uno sólo una vez.

El minorista recibe el valor de venta al por menor de las botas a partir de sus clientes y paga el valor de venta al por mayor al zapatero, reteniendo la diferencia para cubrir los sueldos y salarios de sus empleados, su renta [1], y su propio beneficio. El zapatero recibe el valor de la venta al por mayor de las botas a partir del minorista, y paga a su vez el valor del cuero al curtidor, reteniendo la diferencia para aplicarla a beneficio y pago de sueldos y salarios. El curtidor, del mismo modo, retiene la diferencia entre el valor del cuero y el de las pieles y otros materiales que usa. De esta forma, el total de la diferencia entre los materiales originales comprados por el curtidor y las botas vendidas por el minorista se cuentan como desembolsos de sueldos, salarios, renta, interés y beneficios, esto es, pagos a los individuos por vía de ingresos.

Pero las pieles, a su vez, son compradas a granjeros, y las sumas recibidas por ellas forman parte de los ingresos de los granjeros, de sus obreros, y de sus terratenientes o arrendadores. Habrá algunos gastos en piensos, etc… pero éstos también se pagarán a otros productores. De hecho, todos los pagos hechos por productos semimanufacturados o materias primas son dedicados, en última instancia, a proveer los ingresos de aquéllos que se dedican a la producción o fabricación de los mismos.

Ahora bien, podría objetarse que este análisis podría ser perfectamente válido si la producción no necesitara tomar tiempo para poder hacerse, pero resulta que, para el momento en que las botas aparecen en el mercado, los ingresos obtenidos por el granjero por la venta de las pieles, por el curtidor por la venta del cuero y por el fabricante de zapatos por la venta de las botas, ya son historia. Toda esta gente no espera hasta que se produzcan las ventas por el minorista para cobrar, sino que se les paga en el momento de la venta (de sus productos semimanufacturados) a través de dinero creado por los bancos, y entonces, cuando la venta final a los consumidores tiene lugar, el dinero adelantado por los bancos ha de ser devuelto. Esa parte de las ganancias procedentes de la venta simplemente es destruida. Pues igual que un préstamo bancario crea dinero, así también la devolución de un préstamo extingue dinero.

Si suponemos que la producción y venta de las botas, en todas sus sucesivas etapas, forman una operación aislada, entonces al principio habría un exceso de poder adquisitivo y nada de bienes para comprar, y al final del proceso habría un exceso de bienes y una escasez de poder adquisitivo. Unos náufragos arrojados a una isla desierta, sin ningún objeto salvado que les pudiera ayudar, se verían confrontados con el mismo tipo de desajuste. En el primer día habrían de subsistir con los productos de la naturaleza bruta, y no recibirían ninguna otra recompensa por su trabajo. Si dedicaran sus esfuerzos a hacer productiva la isla, llegaría un tiempo en que su trabajo preparatorio conllevaría su fruto, y partir de entonces ellos podrían recibir la producción mejorada y aumentada así hecha posible. Si al final fueran rescatados, y dejaran la isla, los productos que entonces estuvieran en curso de producción no encontrarían comprador alguno, y esa parte del fruto de sus anteriores esfuerzos y privaciones quedaría desperdiciada.

Pero la actividad económica de una comunidad civilizada es continua. La acumulación del equipo capital indispensable se remonta al pasado inmemorial, y no puede uno plantearse finalizarlo y liquidarlo. En todo momento, todas las varias etapas de la producción y todas las varias formas de actividad económica se encuentran simultáneamente en plena marcha. Para que los bienes producidos en cualquier intervalo de tiempo puedan ser vendidos, lo que se necesita es que los ingresos que estén ocurriendo en ese mismo intervalo de tiempo sean suficientes para comprar los bienes a precios remunerativos. Los ingresos surgen a partir de la producción; son pagados a la gente a cambio de servicios prestados por ellos mismos o por sus propiedades al proceso productivo, y estos servicios son la fuente del valor de los bienes producidos. Ahora bien, una parte del valor de los bienes producidos durante ese intervalo se deriva de los ingresos que se originaron antes del comienzo de ese intervalo. Pero, por otro lado, una parte del valor que representa los ingresos que se están originando durante ese intervalo está encarnado en bienes que todavía no se han vendido o no se han terminado de fabricar al final de ese intervalo. Los bienes en proceso de fabricación o en stock, en cualquier momento, constituyen el capital circulante de la comunidad y, si no se produce ningún cambio en este capital circulante, no hay necesidad de que se produzca desigualdad ninguna entre los ingresos que están ocurriendo durante ese intervalo y los bienes puestos a la venta.

Esto en cuanto al capital circulante. ¿Qué pasa con el capital fijo? La industria comienza al principio del intervalo con una cierta cantidad de capital fijo, fábricas, herramientas, etc…, y el coste de los bienes producidos con la ayuda de todo este equipo debe contener una contribución dirigida a su mantenimiento y depreciación.

El Mayor Douglas ha puesto especial hincapié sobre la depreciación, considerándolo como una parte integradora del coste que luego no aparece en forma de ingresos. Pero aquí se equivoca. La depreciación es una provisión que el fabricante prudente realiza a partir de su beneficio bruto en consideración al tiempo en que su fábrica tenga que ser reemplazada, ya sea porque se haya deteriorado, ya sea porque pueda asegurarse una mayor eficiencia con una fábrica de tipo mejorado. Si podemos imaginárnoslo acumulando esta provisión durante un intervalo de tiempo en forma de dinero en caja, y si suponemos que no habrá realmente reemplazos de capital fijo de ningún tipo durante ese intervalo, entonces habrá una escasez de demanda. Gran parte de las ganancias procedentes de ventas no reaparecerán en forma de ingreso.

Pero si vemos la industria en su conjunto como un todo, encontramos una vez más que las operaciones económicas son continuas. En cualquier intervalo de tiempo habrá siempre algunas fábricas que tengan que ser reemplazadas en algunas empresas, y la producción de la nueva fábrica generará ingresos exactamente de la misma forma como lo hace la producción de nuevos bienes de consumo.

Más aún, aún si los reemplazos de capital fijo no fueran exactamente a la par con la acumulación de dinero destinado al pago de aquéllos, el dinero acumulado no necesariamente ha de estar en forma de dinero ocioso. Gran parte del mismo, en la medida en que no se necesita por el momento, probablemente sea invertido en las mismas empresas o en valores negociables o de mercado. Esto vale también igualmente para la provisión que el prudente propietario de una mina haga para el caso en que la mina quede totalmente explotada. Aquí el “reemplazo” no es, en sentido estricto, posible de modo alguno. Los minerales que se toman de la mina se han ido para siempre. En efecto, en tanto que el valor de los minerales excede el coste del trabajo, esto puede considerarse como un caso genuino en donde los pagos por los materiales no se aplican o dedican al pago de ingresos. La propiedad del minero se va empobreciendo.

Pero él probablemente no va a mantener esa parte de sus ingresos que representan capital en forma de dinero ocioso. Igual que el fabricante que dispone de un excedente en su cuenta de depreciación, aquél lo invertirá también.

Y de manera ya más general podemos afirmar que cualquier cosa que, considerándose o contándose en manos del vendedor como un activo de capital, sea vendido para ser usado en la producción, es probable que el vendedor invierta los ingresos de esa venta. Y aunque en algún momento aquél podría retenerlo todo o una parte del mismo sin dedicarlo a inversión, también podría en otro momento hacer uso de partidas de su balance o tomar prestado de un banco para una inversión. Todo el dinero proveniente de tales fuentes forma, junto con los ahorros provenientes de los ingresos, el fondo disponible para los desembolsos de capital a través del mercado de inversión.

Y esto me lleva a la cuestión de los desembolsos por capital nuevo, incluyendo, junto con el establecimiento de nuevas empresas, cualquier tipo de extensiones o mejoras que supongan algo más que reemplazar la fábrica que está siendo sustituida. El equipo capital entra dentro de los costes, en forma de mantenimiento, depreciación e interés, en el momento en el que se ha terminado de construir y se comienza a usar. Reconocerlo como una partida dentro del coste también en el momento en que está siendo construido sería considerarlo o contarlo dos veces.

Sin embargo, para los propósitos del Mayor Douglas resulta necesario considerar la cantidad de provisión que originalmente se hizo para aquel capital fijo. En la medida en que el desembolso de capital es satisfecho a partir de los ingresos, esto es, por medio del ahorro, la demanda disponible para mercancías de consumo queda disminuida en la cantidad ahorrada. Pero entonces el dinero gastado en la construcción de nuevo capital, al igual que el que se gasta en la producción de mercancías de consumo, genera ingresos. No hay fallo de equilibrio aquí. Los ingresos son aplicados en parte a consumo y en parte a inversión, y derivan o proceden en parte de la producción de bienes de consumo y en parte de la producción de bienes de capital. Podría haber algunos trastornos a consecuencia de un cambio en la proporción gastada respectivamente en consumo e inversión, pero eso es una cuestión diferente a la de la existencia de una escasez de ingresos, tomados o considerados en su totalidad.

Pero el desembolso para la compra de capital fijo no es financiado siempre necesariamente a partir de ahorros procedentes de los ingresos. El Mayor Douglas incluso va más lejos llegando a decir que, “Resulta dudoso que la financiación por esta vía supere apenas una insignificante proporción del total, proviniendo la mayor parte a partir de nuevos créditos suministrados por los bancos y por las compañías de seguros a cambio de títulos.” Que las compañías de seguros desempeñan un papel muy importante en la inversión es indudablemente cierto. Pero un seguro de vida no es más que un canal para el ahorro, adaptado a las necesidades de aquéllos que son dependientes de unos ingresos. Las primas recibidas son ahorros, que son invertidos por las compañías de seguros hasta que se produce el vencimiento de la póliza.

Y pienso que el Mayor Douglas no ha entendido bien las funciones que tienen los bancos. En todo momento, es cierto, una considerable proporción de los activos de los bancos representan capital fijo. Poseen o mantienen inversiones a largo plazo (principalmente títulos del gobierno) en sus propias cuentas; prestan adelantos, tanto a los corredores del mercado de valores como a otros clientes, permitiéndoles poder comprar y mantener valores y acciones; prestan adelantos a los fabricantes y a los comerciantes para mejoras y ampliaciones de fábrica; y prestan adelantos a clientes privados para la compra de viviendas. Por todas estas vías proporcionan fondos para propósitos de inversión. Pero sus préstamos son, en su mayor parte, devueltos rápidamente. Incluso aquéllos que se hacen para las mejoras de la fábrica o para la compra de viviendas normalmente son reclamados para su devolución en dos o tres años. La verdadera cantidad de recursos suministrados por los bancos para propósitos de inversión durante cualquier intervalo de tiempo no es más que el exceso o excedente de nuevos préstamos sobre devoluciones y cantidades ahorradas.

Pero cuando el Mayor Douglas se refiere a los desembolsos para compra de capital financiados a través de crédito bancario, no pienso que él esté teniendo en mente el uso de un incremento neto del crédito bancario para suplir los ahorros. Su argumento, por el contrario, consiste en que el fabricante incurre en un desembolso para compra de capital, el cual tiene que ser satisfecho, en última instancia, a partir de los beneficios, siendo el préstamo bancario no más que un recurso transitorio, y que el precio del producto tendrá que elevarse para proporcionar suficiente margen para cubrir aquel desembolso, es decir, para devolver el préstamo bancario. Aún cuando el desembolso por la compra de capital nuevo no constituye en sentido estricto una parte del coste de la producción, sin embargo las últimas mejoras o innovaciones en cuestiones de fábrica disponibles para una industria pueden resultar ser tan indispensables que todo productor dentro del mundo de la industria se vea obligado a instalarlas. Son necesarias para los reemplazos ordinarios, y pueden tener un coste bastante más grande en desembolso de capital que la fábrica a la que están sustituyendo. La situación no difiere de la de un comercio en donde los stocks disponibles de productos ya acabados son bajos, y los comerciantes compensan esta escasez cargando un precio más alto al consumidor. El alto precio que se impone para ralentizar las ventas al mismo tiempo produce un beneficio extra a los comerciantes y así suministra los recursos para satisfacer el coste de acumular stocks adicionales. Los stocks adicionales son parte de su capital, y el beneficio extra es parte de sus ingresos, por lo que podría considerarse que proporcionan capital ahorrando de los ingresos. Aunque esto es, en cierta forma, una ficción, pues la necesidad de capital nuevo ha conducido por sí mismo a un incremento del precio y en consecuencia del beneficio para poder pagar aquél.

De esta forma el coste del capital nuevo podría ocasionalmente aparecer como una partida más en el precio de venta. Pero, aún si esto se hace, no se causa ninguna deficiencia de demanda. La producción del capital nuevo mismo, ya sea una fábrica o stocks de mercancías, genera ingresos iguales a sus costes. La producción, durante ese tiempo, excede al consumo, y la diferencia se la apropian los comerciantes en virtud de su beneficio extra. Ese beneficio extra claramente se suma o añade al agregado total de ingresos.

Los ingresos son la fuente de la demanda. Pero no puede asumirse que la cantidad de demanda en cualquier intervalo de tiempo deba ser igual al conjunto agregado de ingresos. El gasto del individuo no es exactamente igual a su ingreso; él puede dejar parte de sus ingresos sin gastar en su cuenta de caja, o puede hacer uso de su dinero de caja (o incluso ponerse en descubierto) para gastar por encima de sus ingresos.

Para referirme al gasto total proveniente de los ingresos, incluyendo gasto en inversión o adquisición de títulos financieros, utilizo la expresión “desembolsos del consumidor”. Cuando la gente, en su condición de consumidores, hace uso de su dinero en caja, esto supone un gasto a partir de ingresos pasados, y cuando se ponen en descubierto yo lo considero como un anticipo de ingresos futuros. En ambos casos los incluyo en los desembolsos del consumidor. Por otro lado, cuando se conceden adelantos o préstamos a un comerciante para satisfacer sus gastos en la compra o producción de mercancías, esto no se hace como adelanto de un gasto a partir de un ingreso y no forma parte de los desembolsos del consumidor.

Debería explicar que uso el término “comerciante” en un sentido amplio, para incluir a cualquiera que incurra en costes en la producción o la compra de bienes o servicios con vistas a la venta. Un comerciante puede dedicarse a la producción, o al transporte o al comercio en bienes o títulos financieros o en cualquier otra actividad económica. Lo que le caracteriza es que incurre en costes y de ahí se sigue que su ingreso toma la forma de beneficio, un exceso de ingresos de la venta por encima de los costes.

Las únicas formas de actividad económica que no se encuentran en manos de los comerciantes son aquéllas en las que no se incurre en coste alguno, esto es, aquéllas en que el productor presta un servicio directamente al consumidor, a cambio de un sueldo, salario o comisión. Los servicios prestados por un criado o criada a cambio de su sueldo constituyen un ejemplo. La totalidad de lo que ella recibe es ingreso, y su ingreso así como el desembolso que el empleador hace en virtud de sus servicios son iguales y simultáneos. El comerciante, por otro lado, es un intermediario, que recibe dinero de la venta de su producto, y que paga dinero a otros comerciantes y a aquéllos a quienes emplea o cuyo capital utiliza. También saca el beneficio que constituye su propio ingreso. Sus ingresos y desembolsos no son necesariamente iguales a los de cualquier otro.

Si tenemos en cuenta a todos los comerciantes de la comunidad como un único grupo, encontramos que este grupo recibe los ingresos de bienes, servicios y títulos vendidos a los consumidores, y paga los ingresos de todos aquéllos que participan, prestando sus servicios o mediante el uso de sus propiedades, en el trabajo de la producción y en cualquier otra actividad económica llevada a cabo por los comerciantes. Los beneficios que constituyen los ingresos de los comerciantes se incluyen en el lado de los pagos, al mismo tiempo que los comerciantes, cuando gastan sus ingresos, son considerados entre los consumidores.

Todos los pagos de un comerciante a otro se cancelan, y no figuran ni en los ingresos ni en los pagos del grupo en absoluto.

El comercio exterior introduce una complicación, pero no modifica materialmente este principio general. Las exportaciones, visibles o invisibles, igual que todas las otras formas de actividad económica, generan ingresos. Algunos comerciantes reciben pagos de afuera, por las mercancías exportadas, mientras que otros hacen pagos al extranjero, por las mercancías importadas, y el resultado es proporcionar bienes, servicios y títulos financieros para satisfacer la demanda correspondiente a los ingresos generados a partir del negocio de exportación.

Ahora bien, los pagos hechos por el grupo de comerciantes con respecto a los servicios prestados para la producción y cualquier otra actividad económica, se incrementarán o disminuirán en función de que los comerciantes aceleren o retarden la producción. Si aceleran la producción, deben pagar más en consideración a la mayor actividad productiva. Esto resultará en un exceso de desembolsos de los comerciantes por encima de sus ingresos, un exceso que puede describirse como una “liberación de dinero”. El dinero liberado va para el pago de ingresos adicionales, y a continuación reaparece como demanda adicional. La demanda adicional suscita una todavía mayor actividad productiva y una consiguiente mayor liberación de dinero.

Cuando los comerciantes retardan la producción, entonces se produce un exceso de sus ingresos por encima de sus desembolsos, o una absorción de dinero. Se produce una contracción de los ingresos, de la demanda, de las ventas, y a su vez una todavía mayor contracción de la producción.

En el caso de una liberación de dinero, la expansión de la demanda no puede ser satisfecha indefinidamente mediante un incremento de la producción. A medida que la producción se aproxima a su máxima capacidad, el efecto se sentirá más y más en una subida de los precios. Ésta es una situación familiar de inflación.

En el caso contrario de una absorción de dinero, la contracción de la demanda se refleja parcialmente en la reducción de precios, pero, en la medida en que los precios resistan esta reducción, se refleja en una declinación de la producción y en un consiguiente paro. Esto es la deflación.

La liberación o la absorción de dinero juega un papel muy importante en la regulación del crédito. Lo que comúnmente se denomina expansión del crédito realmente es un mecanismo para inducir una liberación de dinero, mientras que una contracción del crédito es un mecanismo para inducir una absorción de dinero. La liberación de dinero puede efectuarse o bien con dinero sacado de las cuentas de caja existentes o bien con dinero prestado por los bancos. Igualmente, una absorción de dinero puede significar o bien la acumulación de dinero ocioso o bien la devolución de préstamos bancarios. La mayoría de los comerciantes evitan mantener dinero ocioso, y toman prestado de sus bancos justo lo necesario para sus variadas necesidades de capital circulante de tiempo en tiempo.

Estos comerciantes no pueden incrementar su actividad a menos que puedan tomar prestado. Los bancos, incrementando sus cargos, y posiblemente negando préstamos, pueden desalentar a los comerciantes de liberar dinero y prácticamente impedir un incremento en la actividad. Reduciendo sus cargos y mostrándose a sí mismos dispuestos a prestar, pueden inducir un incremento de las actividades. En este último caso, podrían comenzar un círculo vicioso de inflación, implicando una subida de precios acumulativa; en el primer caso, podrían provocar un círculo vicioso de deflación, implicando una caída de precios acumulativa y una cada vez más creciente carga de desempleo.

Una absorción de dinero puede ser considerada como un paso hacia esa liquidación de la industria, que fue ilustrada con el rescate de los náufragos del ejemplo puesto más arriba. Significa que los comerciantes están buscando vender más de lo que compran o producen. Las varias causas que pueden ocasionar una deficiencia de poder adquisitivo, como la acumulación de ahorros o de fondos de depreciación mantenidos en dinero en lugar de invertidos, o la sustitución de bienes por dinero en el capital circulante, son realmente casos particulares de absorción de dinero. La verdadera significación del poder de los bancos para crear o extinguir dinero radica en que eso les permite llevar a cabo la liberación o absorción del dinero. Si el resultado neto de todas las diferentes causas en juego es una absorción de dinero, entonces habría una deficiencia de poder adquisitivo; si el resultado neto es una liberación de dinero, entonces habrá un exceso de poder adquisitivo.

Este relato acerca de la relación del sistema crediticio con la actividad productiva difiere del que pregona el Mayor Douglas en que de aquél se sigue la conclusión de que una demanda excesiva es tan probable que ocurra como una deficiencia. En cambio, de acuerdo con la teoría del Mayor Douglas, existe siempre una persistente e inherente tendencia a la existencia de una deficiencia de demanda. Él tiene muchas más cosas duras que decir de los banqueros pero, si su teoría es cierta, la deficiencia de demanda no se debe a ninguna culpa de éstos; es inherente al sistema en el que están trabajando. Ellos tratan de impedir esta tendencia de tiempo en tiempo mediante una expansión del crédito pero, según él dice, inevitablemente se volverá a repetir a menos que el sistema crediticio mismo sea reformado radicalmente.

¿Cómo lo reformaría él? Según le tengo entendido, recomienda la provisión de crédito libre de la obligación de devolución que va siempre adjunta al crédito que los bancos crean. La propuesta, en la forma tentativa en que él la discutió con el Comité Macmillan, prevé la provisión de crédito para los compradores de bienes en el puesto de venta en una proporción, digamos, de un cuarto del precio cargado por el minorista o tendero. Así cualquiera que compre un coche por valor de ₤ 100, recibirá un crédito por valor de ₤ 25, que podrá ingresar en su cuenta bancaria. El crédito sería desembolsable por el estado en papel moneda.

Si el dinero gastado en bienes vendidos al por menor asciende a ₤ 150,000,000 por mes, entonces los consumidores deberían ser capaces de comprar un tercio más con el mismo dinero. Si gastaran lo mismo que antes, las ventas se incrementarían en esa proporción y los comerciantes recibirían ₤ 50.000.000 al mes más que antes. Habiéndose vendido bienes procedentes de stocks por ese valor adicional, estos stocks deberían reponerse, y se darían órdenes de compra a los productores por un valor equivalente a un incremento de un tercio de la producción.

Supongamos, en tanto que fuera lo suficientemente posible en las actuales circunstancias, que la producción pudiera ser incrementada en un tercio sin que se sobreesforzara excesivamente la capacidad de producción. El resultado sería un incremento en los ingresos del consumidor en un tercio. Más gente sería empleada, y los beneficios serían mayores. No necesitamos suponer que todos los ingresos adicionales serán inmediatamente gastados o invertidos. Si asumimos que ₤ 20.000.000 al mes son añadidos al dinero de los consumidores, entonces los desembolsos de los consumidores se incrementarán hasta las ₤ 180.000.000 al mes. Esto a su vez será reforzado mediante créditos al consumo por la cantidad de un tercio o ₤ 60.000.000, ascendiendo el total de ventas a ₤ 240.000.000 al mes.

¿Dónde se detiene este proceso? En el momento en que la industria sea empleada hasta el máximo de su capacidad, la demanda adicional no podría por más tiempo ser suministrada mediante producción adicional, y entonces se comenzará a incrementar los precios.

Podría aducirse que bajo las condiciones modernas la capacidad productiva es tan grande y tan elástica que nunca podría, en la práctica, ser alcanzada en su plenitud o límite superior. Pero esto sólo es cierto para una limitada clase de productos, aquéllos a los que se puede aplicar la producción en masa. Cuando la demanda se expanda, una industria tras otra irá alcanzando su capacidad máxima. La existencia de un grupo de industrias de producción en masa, que pueda expandir la producción casi indefinidamente sin ningún incremento en el precio de coste, no podrá impedir la subida de los precios en todas las otras industrias. Y la demanda de productos del primer grupo alcanzaría la saciedad en un tiempo en que todavía estuvieran alzándose los precios de los del segundo grupo.

De hecho, estos créditos al consumidor propuestos son, sin embargo, inflacionarios ya que son aplicados a la reducción de precios. La inflación consiste en una indebida expansión de poder adquisitivo, esto es, de ingresos. La subida de los precios es una consecuencia, que puede ser aliviada mediante subsidios, como el subsidio al pan del periodo de 1919, pero que no rectifica el desequilibrio subyacente.

Esto, por supuesto, no es más que una apelación otra vez de nuevo a la conclusión a la que ya se había llegado, de que no existe, de hecho, la deficiencia crónica de poder adquisitivo en la que el Mayor Douglas cree. Pero ahora podemos verlo desde un punto de vista diferente. Si el nuevo dinero creado a través de créditos al consumidor y pagados a los comerciantes no volviera en forma de ingresos adicionales, ¿que ocurriría entonces con él? Debería retenerse por los comerciantes. No puede ser extinguido, ya que ex hypothesi dicho dinero no es emitido por vía de préstamo, sino por vía de crédito libre.

Pero, ¿por qué iban a retener más dinero ocioso del que ya retenían antes? Quizás el Mayor Douglas diría que el dinero debe aplicarse para el pago de aquellas partes integrantes del coste que no generan, al mismo tiempo, ingresos. Concediendo, como hipótesis, que tales partes integrantes del coste existan, el dinero iría a parar en manos de aquéllos que lo proporcionaron. ¿Retendrán éstos, entonces, ese dinero en estado ocioso? No existe ningún nuevo hecho que afecte su comportamiento. A éstos se les paga por lo que venden, pero es que bajo el sistema crediticio actual también igualmente se les habrá pagado.

De esta forma, aún cuando el Mayor Douglas estuviera en lo cierto, no habría nada que impidiera la circulación del nuevo dinero creado y, por tanto, nada que le impidiera generar nuevos ingresos.

Ahora, en un tiempo como el presente, hay de todo que decir para un mecanismo que genere nuevos ingresos y nuevo poder adquisitivo. El mundo, sin duda, está sufriendo de una deficiencia de poder adquisitivo. El plan del Mayor Douglas puede catalogarse en el mismo rango que el de muchos otros como el de uno que induce o genera inflación. Pero, considerado así, no es más que una medida temporal. Una vez que la industria vuelva a ser una vez más remunerativa y con pleno empleo los créditos al consumidor deberán parar. De lo contrario, habría una ilimitada expansión de ingresos y una subida de precios. Cuando el Mayor Douglas se presentó delante del Comité Macmillan, el Profesor Gregory describió su plan como uno que consiste en “dar a toda la población plenitud de dinero”, y él asintió. Entonces el Profesor Gregory le preguntó: “¿hasta que límite?”, y el Mayor Douglas contestó: “Hasta el límite combinado impuesto por la capacidad del sistema industrial de suministrar bienes y servicios condicionada por la disponibilidad de la gente a trabajar por el tiempo necesario.”

Esto parece implicar un límite impuesto por la capacidad de producción de la fábrica y la oferta de trabajo, y podría inferirse que la deficiencia de demanda, sobre cuya medida Douglas pone excesivo énfasis, es solamente intermitente, y es remediable, y que, una vez que los créditos al consumidor hayan conseguido su objetivo de hacer a la industria remunerativa y con pleno empleo, entonces aquéllos podrán ir disminuyéndose. Pero no pienso que esto pudiera reconciliarse con lo que el Mayor Douglas ha dicho y escrito en otras partes.

En estrecha relación con la teoría del Mayor Douglas de la deficiencia de poder adquisitivo se encuentra su opinión de que el crédito es algo que pertenece a la comunidad. Ésta es la base sobre la que se apoya para defender la concesión de créditos libres en lugar de préstamos bancarios reembolsables. El crédito bancario, se dice, se funda sobre el crédito real, esto es, sobre la capacidad para producir y suministrar bienes y servicios cuando, donde y en la medida en que sean requeridos, y esa capacidad ha sido creada por la comunidad. El esfuerzo individual sólo ha sido fructífero en virtud de su entorno o ambiente.

Este argumento prueba demasiado y prueba bastante poco: prueba demasiado, porque abarca tanto el control privado del capital o beneficio como el control privado del crédito; prueba bastante poco porque, no obstante lo mucho que la comunidad haya podido haber contribuido a crear la base del crédito, la cuestión del control es una cuestión de conveniencia práctica y no de un derecho abstracto.

La cuestión de conveniencia es una cuestión que no me propongo examinar en detalle. Si bien no aceptamos el argumento del Mayor Douglas de que la concesión de créditos libres es indispensable para la rectificación de la deficiencia crónica de demanda, la cuestión de la nacionalización de los bancos empieza a discutirse de manera usual.

Hay otra materia a la cual debo referirme. El Mayor Douglas aboga por la creación de créditos a favor de los consumidores, créditos que él compara con dividendos que se pagan por la comunidad en relación a su riqueza acumulada o capacidad productiva. Los créditos al consumidor no son de ninguna manera algo peculiar o extraño para él, y son, pienso yo, generalmente propugnados, así como calculados, para aumentar la demanda más directamente y más inmediatamente que lo que lo harían los créditos concedidos a los productores. En realidad no existe tal diferencia. Cuando un productor toma prestado de un banco, nunca lo hace con la intención de mantener ese dinero que toma prestado en estado ocioso. Él lo aplica, sin dilación, al pago de los costes de la producción y, haciéndolo así, él lo transforma en ingresos en manos de los consumidores. Los comerciantes toman prestado, es cierto, para pagar el coste que supone la compra de bienes ya existentes de los stocks de otros comerciantes. Pero, en general, cuando ellos hacen esos pagos, los vendedores desembolsan esos créditos en forma de salarios tan rápido como los compradores los obtienen, y así no hay creación neta de crédito en absoluto.

Más aún, cuando los consumidores reciben los créditos y compran bienes de los comerciantes, siempre es posible que los bienes podrían ser suministrados a partir del stock y podrían no ser reemplazados.

No obstante, cuando, tal y como ocurre en el presente, los negocios están tan estancados y el pesimismo es tan predominante que resulta difícil inducir a los comerciantes a que tomen prestado algo, siempre se podrá decir algo en relación a tomar medidas excepcionales para poner poder adquisitivo nuevo en manos de los consumidores. No necesito detenerme a discutir si cualquiera de esas medidas que puedan idearse son realmente practicables y no están abiertas a objeciones que pesen más que sus ventajas. Será suficiente con decir que las medidas de emergencia de este tipo, que ni siquiera son apropiadas para toda depresión comercial, sino más bien sólo para aquéllas de intensidad excepcional, están muy lejos del plan recomendado por el Mayor Douglas.

(Fin de la Declaración de apertura del Sr. Hawtrey)


RÉPLICA DEL MAYOR DOUGLAS

Al replicar el hábil ataque del Sr. Hawtrey sobre ciertos aspectos de mis opiniones, soy consciente de estar en posesión de ciertas ventajas así como de estar sometido a ciertos handicaps. Dentro de las ventajas, pienso que podría justamente figurar el hecho de que las teorías que he presentado consiguen explicar, de hecho, la presente situación, la cual ha venido a ser conocida como la “paradoja económica”: un mundo que está rebosante de riqueza real y que aún así posee grandes cantidades de su población al borde de la pobreza. No solamente es ésta la situación, sino que también las medidas concretas que se toman actualmente, más especialmente las que tienen que ver con los gravámenes fiscales, y que los financieros ortodoxos propugnan a través de sus representantes políticos, están reduciendo todavía más a la mayor parte de la población a una condición de pobreza material e impotencia económica. Los ciudadanos ordinarios no pueden comprar, y los fabricantes no pueden producir, no por razones físicas, sino por razones que, por común consentimiento, son puramente financieras.

Voy más lejos aún: los remedios que han sido presentados desde instancias oficiales y ortodoxas me parecen a mí que son una completa admisión de mi causa. Tanto en este país como en América se considera que el gasto en obras públicas de enormes cantidades de dinero, proveniente de préstamos creados por los bancos, es el único método factible para hacer frente a la situación a la que me acabo de referir. Visto desde un punto de vista financiero, esto simplemente significa la distribución de importantes cantidades de poder adquisitivo a través del sistema de sueldos y salarios, recibidos en relación a la producción de cosas de las que no se espera que vayan a ser compradas por el público (de ningún modo, literalmente), y el poder adquisitivo distribuido de esta forma cubre ese déficit así como la cantidad necesaria para comprar los bienes que son producidos a través de canales de fabricación más ordinarios o corrientes. Esta propuesta me parece a mí que admite implícitamente en seguida que la cantidad de poder adquisitivo distribuido a través de los procesos ordinarios de fabricación no es suficiente para comprar los bienes a la venta, y que este poder adquisitivo debe ser aumentado a partir de otras fuentes que, al mismo tiempo, no pongan nuevos bienes a la venta en el mercado. Debo decir en seguida que mi objeción a esta propuesta radica en que únicamente puede ser implementada mediante la creación de deudas todavía aún más enormes con los bancos, remachando así aún de manera más firme el control del sistema bancario sobre las espaldas de una población que ya está sufriendo severamente por esta misma causa.

El principal handicap bajo el cual sufro a la hora de replicar al Sr. Hawtrey proviene del hecho de que las dificultades de apreciación de los verdaderos hechos de la presente situación no son tanto de tipo intelectual como psicológico. Estoy aquí esta noche no tanto como en el papel de un expositor sino más bien como en el de un deshipnotizador y exorcista. El sistema financiero existente es la encarnación viviente del tipo de fe que los escolares describían como “creencia en algo que no es realmente así”. Es, de hecho, Magia Negra. Todos nosotros utilizamos en nuestras conversaciones diarias todo tipo de pequeñas frases astutamente diseñadas para sugerir interpretaciones ilusorias de lo que realmente está pasando en el sistema financiero, como es, por ejemplo, que el Sr. Jones está haciendo dinero muy rápidamente. Si el Sr. Jones fuera un banquero aquello sería literalmente cierto, pero si el Sr. Jones fuera cualquier otra cosa distinta a un banquero, o bien aquello no podría ser cierto, o bien, si aquello resulta ser cierto, entonces el Sr. Jones se encontraría muy rápidamente él mismo entre rejas acusado de falsificador de dinero. Cuando decimos que el Sr. Brown vale ₤ 100.000 (es decir, posee una propiedad por valor de ₤ 100.000) o que al Sr. Robinson le han dejado en herencia ₤ 200.000 (es decir, una propiedad por valor de ₤ 200.000), lo que sugerimos es que en cualquier momento cualquiera de esos caballeros está en disposición de poder emitir un cheque por aproximadamente el valor de esas sumas. De nuevo, sin la intervención del sistema financiero mismo, y especialmente del banquero, ambas sentencias o declaraciones serían probablemente incorrectas. Lo que queremos decir es que es posible que alguien dé esas sumas por la propiedad dejada en herencia al Sr. Robinson, o por la propiedad en posesión del Sr. Brown. Es altamente posible que el Sr. Brown o el Sr. Robinson puedan estar muy seriamente preocupados de cómo van a poder conseguir diez libras para pagar su factura de hotel de la próxima semana. Todas estas descripciones erróneas intensifican la confusión en la mente del individuo medio entre lo que llamamos “valores en precios” y poder adquisitivo, y es de capital importancia fijar muy claramente en nuestras mentes la diferencia entre poder adquisitivo real y valores en precios.

Para poder enfatizar su diferencia me gustaría que considerasen ustedes, antes de nada, este diagrama, Figura 1. En la parte de arriba vemos el banco, el fabricante de dinero, la única institución que, como tal, realmente fabrica dinero y lo destruye. El Sr. Hawtrey y yo estamos totalmente de acuerdo en esto y, de hecho, yo me suelo referir a la lúcida exposición del Sr. Hawtrey acerca de la técnica de este proceso cuando no quiero explicarlo por mí mismo. En la parte de la izquierda tenemos al fabricante de bienes, cuya función en el sistema financiero, al margen del sistema de producción física, es la de ser un distribuidor del poder adquisitivo creado por los bancos, y la de ser un asignador o registrador de costes que incluye, aunque no constituye el total de los mismos, el dinero distribuido por él. En la parte de abajo tenemos a los ciudadanos en su doble capacidad de ganador y gastador de dinero, y en la parte de la derecha tenemos al minorista o tendero que distribuye bienes y recolecta dinero, y lo devuelve a los bancos, en donde parte otra vez hacia un nuevo ciclo. He mostrado al fabricante y al minorista conectados por una línea para indicar que están bajo una misma única posesión o propiedad, de tal forma que el dinero recolectado por el minorista pueda ser directamente pagado al banco en lugar de tener que ir de nuevo a través de los libros contables del fabricante.

Ahora bien, si asumimos que los depósitos que hay en los bancos permanecen constantes, es decir, no hay inflación ni deflación de dinero, y que el proceso económico es un flujo continuo (punto éste sobre el que ha insistido correctamente el Sr. Hawtrey), deberían estar ocurriendo tres cosas. La primera, que el fabricante debería estar distribuyendo dinero a los ciudadanos a un ritmo constante; la segunda, que los ciudadanos deberían estar gastándolo a un ritmo constante, el cual sería igual a aquél al que el fabricante lo está distribuyendo; y tercera, que el minorista debería estar devolviéndolo al banco a un ritmo constante equivalente al ritmo existente en las dos transacciones previamente mencionadas. Por favor, adviértase particularmente que esto es todo lo que se necesita. No se necesita para este proceso que todos los bienes que fabrica el fabricante tengan que pasar al minorista o al ciudadano. Si el fabricante hiciera 100 unidades de bienes por valor de 100 libras, y el minorista vendiera 50 unidades de bienes por 100 libras, se cumplirían las condiciones del sistema tal y como son mostradas. Antes de ir más lejos, me gustaría enfatizar el hecho de que el cumplimiento o satisfacción del tipo de condición descrita en el diagrama constituye la base o fundamento del actual sistema financiero. Podría describirse como el principio del presupuesto equilibrado, es decir, que todo dinero saliente debe ser equilibrado mediante un ingreso entrante, o bien podría describirse alternativamente como el postulado o axioma de todo fabricante, de que todos sus costes, ya sean distribuidos o ya sean registrados, han de ser recuperados en los precios. Esas dos cosas son lo mismo desde un punto de vista intencional.

Permítasenos ahora volver a la figura del fabricante. Él no tiene poder para hacer dinero en el sentido literal de la palabra, pero sí tiene el poder para asignar o registrar costes. Llegados a este punto, por favor adviértase que su asignación o registro de un coste puede caer dentro de tres títulos o encabezamientos principales en todo momento. En primer lugar, el dinero o poder adquisitivo que él está realmente distribuyendo a los ciudadanos considerados éstos en su capacidad de ganadores de dinero. En segundo lugar, una cifra adicional que representa su idea de lo que constituye su propia remuneración, y que denominamos “beneficio”. Y en tercer lugar, la suma que representa reclamaciones de deuda, incluyendo semimanufacturas. No deseo por el momento entrar dentro de la división exacta de los costes registrados en beneficio y recuperaciones para deudas, o la justificación para estas divisiones. Simplemente me gustaría asentar que todo fabricante puede y, de hecho hace, una distribución de costes en forma de sueldos y salarios y una asignación o registro de costes que no son distribuidos como sueldos y salarios. Estos últimos costes sólo pueden ser distribuidos después de que haya vendido todos sus bienes y de que haya recolectado tanto los costes distribuidos como los registrados, y él no distribuye lo suficiente antes de ser vendidos como para poder comprarlos. Existe sólo una distribución adicional de dinero al público: los dividendos. Obviamente el fabricante tendría que distribuir simultáneamente a través del mecanismo de los dividendos, etc. , la cantidad media de las cargas asignadas o registradas y, dejando a un lado las semimanufacturas, esta media en Gran Bretaña está probablemente entre el 125 y el 150 por ciento, y en los Estados Unidos entre el 250 y el 300 por ciento. Solamente es necesario darse cuenta de que el equilibrio al que el Sr. Hawtrey se refiere requeriría la continua distribución por cada una de las empresas productivas, sin excluir probablemente a las empresas agrícolas, de dividendos a una tasa del 125 por ciento de la facturación o volumen de negocios, o probablemente del 500 por ciento al año, para darse cuenta cuán lejos está su afirmación de representar verdaderamente la situación. Es probable que el dividendo medio en la industria no exceda del 2 por ciento. No está fuera de lugar remarcar que el incremento en los costes indirectos, en relación o proporción a los costes directos, representa una medida directa del progreso industrial. En la Figura 1 los costes distribuidos se muestran con la letra A y los costes asignados o registrados se muestran con la letra B. Cuando un producto es transferido al minorista su precio es A más B, y como se puede ver en el diagrama, el único poder adquisitivo que se ha distribuido es el que aparece representado por A, y puesto que A no puede adquirir A + B, una porción del producto es obviamente invendible.

De esta forma, el sistema financiero es, de manera altamente flagrante, inviable. Sabemos que se le ha hecho funcionar en cierto modo, y debemos buscar, pues, una explicación acerca de aquello que lo ha hecho funcionar. No pienso que esto sea en absoluto difícil de saber. Si ustedes prestan atención al diagrama de la Figura 2, podrán ver que he añadido otra fábrica que funciona exactamente del mismo modo. Los sueldos y salarios distribuidos por esta segunda fábrica también van a los ciudadanos en su consideración de ganadores de dinero y, por supuesto, incrementan su poder adquisitivo. Más dinero fluye a través de las manos del minorista, y más bienes son vendidos, únicamente hasta la cantidad de los pagos A hechos por la fábrica Nº 2. Parte de este dinero va, como antes, para proporcionar sueldos y salarios para un nuevo ciclo de la producción, y parte del mismo se destina para cancelar los costes asignados o registrados de la fábrica Nº 1, y de ahí de vuelta otra vez al banco. Podrá advertirse, por supuesto, que ninguno de los bienes de la fábrica Nº 2 ha sido comprado. Los sueldos y salarios distribuidos por la fábrica Nº 2 simplemente se han ido en la adquisición de los productos previamente invendibles de la fábrica Nº 1. El producto de la fábrica Nº 2 debe, por tanto, ser algo que no sea comprado por el ciudadano; o bien debe ser algo que se exporte y por lo que se pague desde fuera del país, o bien debe ser algo por lo que se pague mediante la agregación aún de otra fábrica en la cadena de producción y cargando su gasto al capital, creando así deuda adicional. Ésta es la explicación de los hechos con los cuales estamos todos familiarizados en cuanto hechos: que el sistema financiero actual funciona, en términos relativos, bien en los periodos de expansión continua o en aquéllos en que el producto se destruye continuamente, como durante una guerra. Pero está por encima de toda duda que cada uno de esos periodos de auge crea una masa de deuda que hace inevitable la llegada de una todavía más seria depresión.

Se podría decir bastante más sobre este asunto, y lo he elaborado considerablemente en mi réplica al Profesor Copland, de Melbourne, y al Profesor Robbins, de la Universidad de Londres. El conjunto de todo el ataque del Sr. Hawtrey sobre mis opiniones descansa, pienso yo, en una negación de la proposición general, que yo hago de la forma más distintiva, de que existe un defecto inherente en el sistema financiero tal y como funciona en la actualidad, el cual persistentemente tiende hacia una deficiencia de demanda efectiva en relación con el total de precios de los bienes producidos. Cuando el Sr. Hawtrey dice que es perfectamente posible tener un exceso de demanda, pienso que lo que quiere decir es que es posible tener un exceso de demanda sobre bienes de consumo, en lo cual estoy de acuerdo con él. Es posible tener esta demanda excesiva haciendo una gran cantidad de bienes que no están pensados para ser vendidos al público y usando el poder adquisitivo distribuido en la formación de esos bienes para comprar los bienes de consumo. Eso ocurre en tiempos de guerra. Yo no lo considero un sistema sano aquél en que antes de poder comprar una col resulta absolutamente necesario hacer o construir una ametralladora, independientemente de que se quiera o no una ametralladora. Debería afirmar aún más que, por razones que serán abiertamente patentes para cualquiera que examine los diagramas a los que me he referido así como a los argumentos que los acompañan, que el defecto inherente es un defecto acumulativo, y que toda rectificación temporal en la misma línea de las que, aparentemente, son las únicas pautas con las que nuestras autoridades financieras estarían de acuerdo, provoca que la consiguiente crisis sea más inevitable, más profunda y más cierta en venir a un intervalo aún cada vez más corto que aquél de la crisis precedente.

Ahora bien, es perfectamente cierto que la solidez del remedio que propongo descansa sobre el hecho, o como quiera llamarse, de esta deficiencia. Si no hubiera escasez de poder adquisitivo en relación a los precios, entonces resultaría bastante cierto que no querríamos o necesitaríamos proporcionar más poder adquisitivo y, por el contrario, si de verdad hubiera una escasez de poder adquisitivo en relación a los precios entonces sí querríamos proporcionar más poder adquisitivo. Mi afirmación es que con la producción normal de equipo capital que se necesita por su propia utilidad, y no como un mero mecanismo para distribuir poder adquisitivo, la cantidad de poder adquisitivo disponible para comprar los bienes de consumo es de lejos inferior al precio adjuntado a esos bienes de consumo por el proceso normal de fabricación. Si se puede decir así, el proceso industrial proporciona bollos por valor de 100 peniques, pero sólo 50 peniques con los que poder comprarlos. El remedio es claro, y ése es vender los 100 bollos por 50 peniques, esto es, medio penique por cada uno en lugar de un penique, y compensar las cargas de capital en el lugar o punto donde son asignadas o registradas mediante la emisión de los otros 50 peniques a favor del asignador o registrador de esas cargas de capital. Ésta es, desde luego, una descripción bastante tosca del proceso, la cual ha sido mucho más elaborada en otro lugar, pero de hecho esto es lo que se da. Decir que esto es inflación es, en mi opinión, ignorar completamente el significado de la palabra “inflación”.

Volviendo ahora a los comentarios específicos del Sr. Hawtrey, él dice (columna 1, página 268) [página 2, columna 2 de más arriba] que supuestamente yo digo que el precio de las botas incluye el precio del cuero dos veces y el precio de las pieles tres veces. Esto está completamente alejado de mi pensamiento. Lo que yo digo es que debido al paso de una unidad de poder adquisitivo a través del sistema de costes repetidamente, pueden crearse varias unidades de valores en precios sin al mismo tiempo crear nuevo poder adquisitivo. La explicación completa de este proceso se encuentra en mi declaración ante el Comité Macmillan, secciones 4498 – 4501. Ya que esto es vital para un entendimiento del asunto, repetiré esas declaraciones aquí.

“Supongamos en primer lugar que yo tengo £1.000, y yo pago esas £1.000 con el propósito de obtener una casa construida. Nos imaginaremos que el total de esas £1.000 no se distribuye más que en salarios (algo que de ninguna manera afecta al argumento), y supondremos también que mediante su trabajo en alguna otra cosa los obreros pudieron vivir y ahorrar todo lo que ganaron por la construcción de la casa. Supongamos que los obreros que construyeron la casa, los cuales colectivamente tendrían mis £1.000, decidieran comprar la casa y yo estuviera de acuerdo en vendérsela por £1.000. Adviértase que no aparece ninguna cuestión de beneficio. Los obreros ahora tienen la casa, y yo obtengo de vuelta mis £1.000. En otras palabras, los obreros han obtenido la casa simplemente mediante su trabajo en ella. Pero estos obreros lo expresarían diciendo que ellos han pagado £1.000 por la casa. Me encuentro yo ahora totalmente fuera de la operación, y vamos a suponer que yo y mi dinero nos vamos a otro planeta, o podemos suponer que yo hago trizas el dinero cuando me es devuelto (que es el equivalente al reembolso de un préstamo bancario). Supongamos ahora que los obreros deciden usar la casa para hacer y vender zapatos. Si conducen el negocio conforme a las líneas de negocio ortodoxas, el coste de los zapatos consistirá en al menos tres partes: (i) Salarios, (ii) materias primas, (iii) renta de la fábrica, esto es, la casa. Supondremos por el momento que ellos obtienen las materias primas por nada, y que la “renta” de la casa no es más que una apropiación de dinero de tal cantidad que cuando la casa eventualmente se derrumbe ellos ya habrán obtenido de vuelta sus £1.000. Técnicamente se denomina “depreciación”. Desde el momento en que el público adquiere los zapatos, claramente tendrán que pagar la “depreciación”. Adviértase, por tanto, que ni interés (es decir, “usura”), ni dividendos, ni monopolio de la tierra se traen a colación en esta cuestión. Pero sin embargo permanece el simple y vital hecho de que los sueldos pagados durante la producción de los zapatos son menores que el precio de los zapatos por una cantidad, grande o pequeña, que es añadida al coste de los zapatos antes de que los zapatos se vendan, y que representa, al menos, la “depreciación”. Esta cantidad que es añadida al coste de los zapatos representa costes indirectos en su más simple forma, y en muchas producciones modernas los costes indirectos son un 200 y 300 por ciento del coste directo del producto. No es beneficio. Supongamos en el ejemplo dado anteriormente que habiendo vendido la casa a los obreros yo hubiera utilizado las £1.000 para construir otra casa, con la cual yo hubiera repetido el mismo proceso. Una vez más yo debería obtener de vuelta las mismas £1.000; una vez más los obreros habrían entrado en posesión de la casa, simplemente trabajando por ella; una vez más ellos habrían generado un coste indirecto de £1.000 sobre cualquier cosa que ellos fabricaran en la casa; y aunque solamente habría £1.000 de dinero en existencia en lo que respecta a la producción de las casas, habrían £2.000 de precios generados con respecto a las dos casas que tendrían que ser recuperadas en el precio de algo que se vendiera al público, y la cantidad de dinero y poder adquisitivo sería exactamente la misma que existía antes de que las casas se construyeran.”

En la col. 1. p. 269, [página 3, columna 1 de más arriba] que comienza con las palabras: “La acumulación del equipo capital indispensable” y que termina con “los bienes puestos a la venta”, me parece a mí que hay ahí una confusión entre valores en precios y poder adquisitivo, la misma confusión a la que yo me referí al principio de mi réplica. Por ejemplo, el Sr. Hawtrey dice que los ingresos surgen a partir de la producción. No es así. Los valores en precios surgen a partir de la producción; los ingresos surgen a partir del poder adquisitivo creado por los bancos. El Sr. Hawtrey emite objeciones a ciertos comentarios míos sobre la depreciación, y pienso que él confunde depreciación con mantenimiento. Mantenimiento, siempre que se lleve a cabo de manera apropiada, significa que no hay depreciación, la cual es aquella situación que se cubre mediante la construcción de la segunda casa del ejemplo antes puesto. Puede haber obsolescencia, a la que él se refiere implícitamente cuando dice que podría tener que ser reemplazada por otra fábrica de mayor eficiencia. Esto quiere decir apreciación, y la diferencia entre obsolescencia neta y apreciación es el incremento neto en valor de capital. Pienso que la misma confusión resulta evidente en los comentarios del Sr. Hawtrey de que cuando una cosa es puesta en uso en la producción, es probable que el vendedor invierta los ingresos de la venta. No hay nada en esto que incremente la cantidad de poder adquisitivo disponible. A continuación él dice que el equipo capital entra dentro del coste en forma de mantenimiento, depreciación e interés cuando ha sido completado y está siendo usado. Reconocer eso como una partida del coste también en el momento en que ha sido construido supone tenerlo en cuenta o contarlo dos veces. Me parece a mí ser algo obvio que si el poder adquisitivo distribuido durante su construcción fue usado en la compra de bienes de consumo, entonces el comprador de los bienes de consumo pagó por el equipo capital en el momento en el que fue construido, como en el caso mostrado en la Figura 2.

En la columna 1, página 271 [página 4, columna 1 de más arriba], el Sr. Hawtrey parece reconocer esto, pero dice que “aún cuando esto es así, sin embargo no se produce ninguna deficiencia de demanda”. “La producción del nuevo capital mismo, ya sea una fábrica o stocks de mercancías, genera ingresos iguales a sus costes.” Esto, por supuesto, no es así, ya que la asignación o registro de los costes que exceden por encima de las sumas distribuidas como poder adquisitivo tienen lugar en las fábricas en donde los bienes de capital son producidos exactamente en la misma forma que en cualquier otra fábrica. En la columna 1, [página 4, columna 2 de más arriba], el Sr. Hawtrey dice que “el comercio exterior introduce una complicación, pero no modifica materialmente el principio general”. Estoy en desacuerdo con el Sr. Hawtrey aquí. Las exportaciones de bienes actuales arrojan esos bienes fuera del mercado doméstico a cambio de tickets de papel, en forma de letras de cambio o de cualquier otro tipo, lo cual aumenta el poder adquisitivo en el país en la misma cantidad en que la riqueza actual ha sido arrojada fuera del país. De esta forma la exportación cuenta por dos a la hora de ajustar el equilibrio entre los precios de los bienes a la venta y el poder adquisitivo. Ésta es la razón por la que el comercio de exportación es tan importante para el sistema financiero tal y como está en la actualidad. Pero el significado físico de la transacción es que los bienes son regalados por nada. Estamos todos familiarizados con la idea de que las exportaciones son pagadas por medio de las importaciones, pero si eso fuera cierto, resulta algo extraordinario que pongamos aranceles para no dejar entrar las importaciones. En la columna 1 de la página 273 [página 4, columna 1 de más arriba] el Sr. Hawtrey hace un comentario que yo considero de primordial importancia. Él dice, “Si su teoría (es decir, la mía) fuera cierta, la deficiencia de demanda no se debería a ninguna culpa de los banqueros sino que sería inherente al sistema que ellos están haciendo funcionar.” Estoy completamente de acuerdo. Es el defecto inherente en el sistema el que hace que el monopolio del crédito, esto es, el poder para crear nuevo poder adquisitivo, sea de una tremenda importancia, y mi principal queja con los banqueros, tal como son, proviene del hecho de que, al mostrar tal determinación por mantener el sistema y ahogar cualquier crítica del público hacia el mismo, ellos asumen la responsabilidad de ese sistema defectuoso. Las críticas finales del artículo del Sr. Hawtrey van dirigidas hacia esas cuestiones más abstractas acerca del verdadero propietario del crédito público, y acerca de la administración de la industria. Estos asuntos son de una importancia fundamental, pero tratar de ellos adecuadamente me parece a mí que se sale fuera del alcance posible del presente debate. Puedo asegurar al Sr. Hawtrey que no hay nada que pudiera darme más placer que debatir estos asuntos con él en profundidad, y si en algún momento él encuentra que sus obligaciones le permiten hacerlo, confío en que me brindará esa oportunidad.

(Fin de la réplica de apertura del Mayor Douglas.)


DECLARACIÓN FINAL DEL SR. HAWTREY

[Aquí se sigue el intervalo para la discusión, al final del cual el Moderador invitó a hablar al Sr. Hawtrey]

MR. HAWTREY: Sr. Moderador, Señoras y Caballeros, me siento muy agradecido en primer lugar al Mayor Douglas y también a los varios oradores por los muy interesantes y minuciosos comentarios acerca de mis palabras de apertura.

Quizás resulten casi demasiados como para intentar contestar a todos, incluso para contestar todo lo dicho en el excelente e interesante artículo del Mayor Douglas, pero trataré con lo que considero los puntos más importantes.

El Mayor Douglas comenzó refiriéndose a la paradoja económica de la pobreza en medio de la abundancia. Éste es un punto en el que pienso que él y yo estaremos de acuerdo en que deberíamos atribuir esa paradoja a una escasez de poder adquisitivo. La diferencia entre nosotros, tal y como apunté en mi artículo de apertura, es que mientras que él considera esa deficiencia de poder adquisitivo como algo inherente y persistente, yo lo considero como algo intermitente. Yo creo que aquélla se alterna con periodos de exceso de poder adquisitivo, y si bien no es del todo correcto decir que ese exceso o deficiencia es en cada caso totalmente causado por el sistema bancario, yo diría, en todo caso, que está dentro del poder del sistema bancario corregir a tiempo tanto el exceso como la deficiencia, y de esta forma evitar una reaparición de la depresión comercial, no sólo de la depresión comercial del tipo que estamos experimentando actualmente, sino también de las depresiones comerciales de tipo más suave, que fueron una característica habitual en el sistema económico del siglo XIX, y de más atrás incluso.

Ahora bien, ustedes recordarán que en mi artículo argumenté que el Mayor Douglas estaba equivocado al declarar la existencia de partidas en los costes que no representan ingresos. Estuve tratando separadamente con la cuestión de las materias primas y las semimanufacturas, por un lado, y con las varias partidas de capital, como mantenimiento, depreciación y ampliaciones, por otro lado.

En relación a las materias primas y las semimanufacturas, el Mayor Douglas dice que yo estaba equivocado en suponer que él quería decir –tomando el ejemplo que yo cité– que las pieles aparecen tres veces y el cuero dos veces en el precio de coste de las botas al consumidor. Él dice que él no quiso decir que aparezcan más de una vez en el precio al consumidor, pero que eso sí ocurre en los valores en precios, que incluyen, pienso yo, el precio que se carga de un comerciante a otro.

MAYOR DOUGLAS: El hecho de una unidad de poder adquisitivo reapareciendo un número de veces a través del sistema de costes produce un valor en precio adicional cada vez que pasa a través de aquél, de manera que uno obtiene un valor en precio adicional.

SR. HAWTREY: Todavía no me queda muy claro si el valor de las pieles aparece tres veces y el valor del cuero dos veces en el precio al que se venden las botas al consumidor. No consigo ver ninguna otra interpretación posible a lo que el Mayor Douglas dice.

MAYOR DOUGLAS: Me gustaría aclarar mejor esto. Existe una diferencia muy real. Puedo apreciar muy fácilmente la dificultad de apreciar esa diferencia.

Yo no digo que el precio de las pieles aparezca dos o tres veces en un solo par de botas. Lo que digo es que uno puede hacer tres o cuatro pares de botas, dentro del sistema actualmente existente, sin distribuir más poder adquisitivo del suficiente para comprar un solo par de botas. Esto no es lo mismo que decir que el precio de las pieles aparece tres o cuatro veces en un solo par de botas. Lo que digo es que uno puede producir tres o cuatro pares de botas, teniendo disponible únicamente poder adquisitivo para comprar un solo par de botas.

SR. HAWTREY: Con todo el respeto, pero me atrevería a decir que esto es exactamente lo mismo, ya sea que el precio de las pieles aparezca tres veces en los precios de cuatro pares de botas, ya sea que aparezca en un solo par de botas. Si es un hecho que las botas han de ser vendidas a un precio tal que cuatro pares de botas incluyan el valor recurrente de las pieles… (Interrupción)

MODERADOR: Señoras y caballero; sería de una gran ayuda para la clarificación de los puntos difíciles en los cuales estamos ocupados si prestaran mayor atención a lo que está ocurriendo en el estrado. Es altamente imposible llevar a cabo una discusión al nivel que pretendemos hacerlo aquí si ustedes no están dispuestos a prestar su más y seria atención. Debo pedirles que ejerciten considerablemente la moderación. Preferiría que se mantuvieran perfectamente en silencio mientras tiene lugar esta discusión y que se imaginaran estar escuchando una discusión radiofónica. ¿Van a permitir, por favor, que la discusión pueda continuar sin ninguna interrupción, ya sea por risas o por comentarios, en la medida en que sea posible?

MAYOR DOUGLAS: El punto, muy sutil punto, que estoy intentando de defender es el siguiente. El conjunto de todas las objeciones al estado o situación actual como yo lo veo radica en que produce inevitablemente más cosas de las que pueden ser compradas. Éste es el punto que me gustaría fijar: que mediante un proceso, con una cantidad dada de pode adquisitivo –que ex hypothesi aparece controlada desde el Banco, en lo que se refiere al sistema en su funcionamiento normal –, existe una constante circulación de poder adquisitivo comenzando en el banco, yendo a través del productor, a través del minorista, y volviendo otra vez. Ahora bien, como hipótesis, (y ésta es, por supuesto, la manera normal de adentrarse en estas cosas), la cuestión radica en que la cantidad de bienes que pueden ser comprados a, digamos, un nivel dado de precios aparece condicionada únicamente por el volumen de esa corriente (diagrama 1); o si prefiere usted que lo diga de manera más correctamente: el área de la corriente pintada con rayas cruzadas, y esa misma área de rayas cruzadas, si uno considera que permanece constante, necesitará automáticamente la producción de un excedente de bienes no vendidos. Ésa es la cuestión.

SR. HAWTREY: Estoy muy agradecido al Mayor Douglas por su ulterior explicación, pero debo confesar que todo esto me parece a mí simplemente un caso de petición de principio, porque mi argumento era que toda partida que aparece en el coste de los bienes vendidos al consumidor puede ser identificada con ingresos pagados. Recuérdese que por el momento estoy discutiendo ahora el punto del Mayor Douglas en relación a las materias primas y semimanufacturas. En lo que se refiere a esas clases de bienes no puede causarse discrepancia alguna entre el valor de venta de los bienes producidos y los ingresos que surgen en el curso de su producción a menos que haya envuelto en este asunto un fenómeno tal como una duplicación del valor de los materiales en el precio del producto final. Si no hay duplicación y si cada partida aparece una sola vez, y sólo una vez, si las pieles aparecen sólo una vez, y el coste de la operación realizada por el curtidor sobre las pieles aparece una sola vez, y las operaciones de fabricación realizadas por el zapatero en el cuero aparecen una sola vez, y así sucesivamente; si, como digo, éste es el caso, entonces no hay ninguna discrepancia que surja de las materias primas ni de las semimanufacturas. Por supuesto, la ilustración del Mayor Douglas y su diagrama se basan en la asunción de que existe una discrepancia como ésa, pero falla completamente a la hora de señalar la fuente de la misma.

Bien, ahora queda el otro lado de mi argumento: aquél relacionado con el mantenimiento, depreciación, renovación y ampliación del capital fijo. Hay un número de observaciones que el Mayor Douglas hizo en relación con esto.

En primer lugar, él dijo que mi argumento se basaba en una confusión entre mantenimiento y depreciación, y continuó explicando que siempre que haya un mantenimiento adecuado no es necesario ningún reemplazo. No pienso que eso sea correcto porque, con independencia de lo perfecto que sea el mantenimiento de la fábrica, existirán obviamente ciertos tipos de fábricas que no durarán para siempre. Siempre llega un tiempo en que el desgaste de partes, o alguna otra forma de deterioro, es tal que el reemplazo cuesta menos que el mantenimiento continuo. Depreciación, en el sentido en que lo he utilizado, es una muy real partida de coste, y toma una forma concreta en la construcción actual de las nuevas fábricas para el reemplazo de aquéllas que han quedado para el desguace. El Mayor Douglas reconoce también que ha de tomarse en cuenta la obsolescencia. Él habló de la obsolescencia como si eso necesariamente condujera a la sustitución de fábricas de menor coste por fábricas de mayor coste. Esto no es necesariamente así. Yo me referí en mi artículo a la circunstancia en que esto puede ser así, pero es altamente posible que uno pueda desguazar una fábrica de coste mayor a favor de una que sea de coste menor, la cual se ha inventado después de que la antigua fábrica se instalara primero. Pienso que quizá la mejor forma en que puedo replicar los argumentos del Mayor Douglas en relación a la depreciación sería refiriéndome a su propio ejemplo de la casa. Él supone que una casa es construida al coste de ₤ 1000 y que pasa a ser propiedad de los obreros que realmente la construyeron. Y él supone que es un edificio que se usa para propósitos industriales y que la depreciación de la casa es cargada en el precio al que los bienes producidos son vendidos al consumidor. Pero él deja al margen el reemplazo de la casa completamente. Él supone que durante el proceso de fabricación, el dinero provisto para la depreciación se acumula en forma de dinero y no se gasta. Ahora bien, éste es un caso al que me referí en mi artículo. Señalé que cuando la depreciación se acumula en forma de dinero, de dinero de caja final, eso causa una deficiencia de poder adquisitivo. Igualmente señalé que cuando los ahorros se acumulan en forma de dinero ocioso, existe una deficiencia. Hay una deficiencia cuando los bienes del capital circulante son vendidos, y los ingresos se mantienen en estado ocioso. Todas éstas son circunstancias que podrían por sí mismas producir una deficiencia de poder adquisitivo. Pero señalé que la cuestión de si, en el equilibrio, existe una deficiencia de poder adquisitivo depende de todas esas partidas agrupadas conjuntamente. Uno no puede decir que un individuo particular que está acumulando dinero ocioso está causando una deficiencia de poder adquisitivo cuando al mismo tiempo su vecino está liberando dinero, de tal forma que la demanda emanada a partir de los dos juntos es exactamente igual a sus ingresos. Como expliqué antes, yo considero las funciones de los banqueros en la regulación del crédito como algo que se dirige fundamentalmente a inducir lo que yo llamo la liberación o absorción de dinero, causando en el primer caso un exceso y, en el segundo, una deficiencia de poder adquisitivo. El Mayor Douglas también se refirió a mi argumento de que, cuando el dinero ahorrado a partir de los ingresos se aplica a la construcción de nuevo capital fijo, se generan ingresos para la construcción de los bienes de capital, y no se causa ningún desequilibrio. Por supuesto, tal y como apunté, si la gente ahorra y mantiene el dinero en estado ocioso, eso, en la medida en que continúe, tiende a causar una deficiencia de poder adquisitivo; pero si en lugar de mantener el dinero en estado ocioso, lo gastaran en la construcción de nuevos bienes de capital de los cuales pasarían a ser sus propietarios (pueden ser propietarios directos o pueden ser accionistas u obligacionistas con derechos de participación en la empresa de capital); en el momento en que gastaran su dinero de esa forma, no habría pérdida del equilibrio ya que su compra de bienes de capital es demanda exactamente del mismo modo y en el mismo sentido en que lo sería su compra de bienes de consumo. Cuando uno compra acciones en una nueva empresa de capital, se está transfiriendo su dinero a los productores de los bienes de capital representados por esas acciones, igual que cuando uno está comprando un sombrero está transfiriendo su dinero al productor del sombrero, de tal forma que en la medida en que ese dinero que se ahorra se invierte en nuevos bienes de capital, no se causa ninguna deficiencia de poder adquisitivo.

El Mayor Douglas sugería que cuando la gente se ocupa en la construcción de bienes de capital y usan los ingresos que obtienen de ese proceso para la compra de bienes de consumo, se produce en cierto sentido una esterilización del poder adquisitivo, pero pienso que él está completamente equivocado. Este proceso por el cual la gente cambia sus servicios, por medio de sus ingresos, a cambio de bienes de capital es exactamente análogo a los que cambian sus servicios, por medio de sus ingresos, a cambio de bienes de consumo. Por tanto, podrá observarse que los diferentes tipos de desembolso que están en conexión con el capital fijo todos ellos generan ingresos justo del mismo modo en que lo hacen los desembolsos en bienes de consumo. De hecho no hay ningún punto en que se pueda hallar una escasez.

Ahora bien, en lo que he estado diciendo hace un momento no he hecho, por supuesto, referencia alguna al elemento temporal, pero esto no invalida de ninguna forma lo que he estado diciendo ya que, como he explicado en mi artículo, la única condición para el equilibrio entre la demanda y la oferta es que los ingresos disponibles para gastarse dentro de un intervalo de tiempo sean cubiertos (o suficientes) para los bienes producidos puestos para la venta dentro del mismo intervalo de tiempo. No importa hasta qué punto esos ingresos estén relacionados con la producción de esos bienes en particular, o con los bienes que están viniendo a la venta en un tiempo ulterior, o hasta qué punto los ingresos que están ocurriendo durante el intervalo se estén aplicando a la compra de bienes producidos antes. Siempre que dentro del intervalo se conste la obtención de un equilibrio entre los bienes y los ingresos, no habrá exceso o deficiencia de poder adquisitivo. Un exceso o deficiencia puede ser causado por la liberación de dinero o la absorción de dinero, y el sistema bancario puede ser responsable de esa liberación de dinero o absorción de dinero. Puedo recordarles que en mi artículo yo uso la expresión “liberación de dinero” para el caso en que los pagos o salidas de dinero hechos por los comerciantes a la gente, cuyos ingresos ellos pagan, exceda a sus entradas de dinero. Por el contrario, la absorción de dinero significa un exceso en las entradas de dinero de los comerciantes por encima de sus desembolsos. Ese exceso de entradas de dinero sobre desembolsos significa que estamos atesorando las entradas de dinero de la venta de los bienes, e impidiendo que todas esas entradas de dinero de las ventas se conviertan en ingresos (para la gente), y ahí es donde obtenemos la deficiencia de poder adquisitivo.

Hay uno o dos puntos de menor importancia que pienso que debería mencionar. Me temo que cuando yo dije que “los ingresos surgen a partir de la producción”, el Mayor Douglas me malinterpretó. Mencioné eso como uno de los puntos en relación a los cuales él y yo estábamos de acuerdo. En ningún momento pretendí dar a entender un desacuerdo con respecto a la afirmación que él hace de que, para que los ingresos puedan generarse por la producción, los bancos, bajo nuestro actual sistema existente, deben suministrar el dinero necesario. Al mismo tiempo que expresaba mi acuerdo con él en el anterior punto, también dije que estaba de acuerdo con él en considerar que los bancos crean dinero. Pienso que él se equivoca al suponer que exista alguna diferencia real entre nosotros en ese punto.

A continuación debo referirme a su afirmación de que la consecución del equilibrio requeriría de dividendos a una tasa del 125 por ciento. Por supuesto, cuando él hace ese cálculo debería decir que él incurre de nuevo en una petición de principio. Si él estuviera en lo cierto con respecto a la existencia de todos esos costes asignados o registrados que no se materializan en ingresos, entonces algunos cálculos de ese tipo vendrían al caso. No se ajusta exactamente con ese 25 por ciento de créditos al consumidor que él propugnaba delante del Comité MacMillan. Por otro lado, recordarán ese 300 por ciento indicado por el Sr. Orage en uno de los primeros libros del Mayor Douglas; de que los créditos al consumidor tendrían que ser tres veces lo que el consumidor pagara de su propio bolsillo. Pero todos estos cálculos, por supuesto, no representan más que el cálculo del teorema A + B, en el supuesto de que éste sea correcto. Al margen del cálculo aritmético para ese caso, me gustaría también referirme a lo que dice el Mayor Douglas en relación a los “dividendos”. Él señala que solamente se originan ciertas partidas, sueldos y salarios, antes de que los bienes se vendan; que todo lo demás, los otros elementos constitutivos del coste, no pasan a estar disponibles hasta entonces. Pienso que cuando él dice eso, está haciendo poca justicia a sus amigos los banqueros.

Su función es hacer disponibles los ingresos en un estadio anterior al de la venta final del producto. Es mediante su intervención que resulta posible pagar los sueldos y salarios antes de la venta. Y, más aún, no en todos los casos han de intervenir los banqueros para ese propósito; en algunos casos los fondos necesarios son proporcionados por el capital permanente de la empresa. Todas las complicaciones que surgen de la sucesión de todas estas partidas del coste en el tiempo son cubiertas por la fórmula general que usé más atrás en relación a la originación de ingresos, y la puesta a la venta de bienes dentro de un intervalo. Me temo que me estoy alargando demasiado, pero me gustaría referirme a una o dos cuestiones que se han presentado, y a ciertas palabras dichas por la masa de la sala.

Primero de todo, está el punto al que varios oradores se han referido en relación a mis comentarios acerca de que el control no sólo de la banca sino también del capital y de los beneficios no era más que una cuestión de conveniencia, en lugar de un derecho abstracto. Me parece a mí que algunos de los oradores no han entendido bien lo que dije. Por ejemplo, el Sr. Hickling preguntó si era conveniente continuar el sistema económico actual cuando 3.000.000 de hombres están en el paro. Pero ciertamente ésa es una cuestión, no de derecho abstracto, sino de conveniencia. La cuestión es si es conveniente que debamos tener todos esos espantosos incidentes propios de la depresión comercial. Es inconveniente. Pero no sirve de nada decir que el remedio para el paro deba decidirse a través de la cuestión de si el equipo capital y la capacidad de ganar beneficios del país son propiedad de los individuos, o son propiedad de la comunidad. Esto podría ser en sí mismo una base para la nacionalización de todas las empresas, pero no arroja luz alguna sobre la cuestión de cómo deshacerse del paro. Me adhiero completamente a lo que digo: que la cuestión del control de todas esas funciones es una cuestión que ha de decidirse por motivos de conveniencia.

Otro orador dijo que producimos para vivir; que producimos con el fin de tener una existencia saludable y satisfactoria. Ésta es una cuestión de conveniencia. Uno puede decir que un hombre tiene un derecho abstracto a una existencia saludable y satisfactoria, pero no puedo ver por qué debería tener ese hombre un derecho tal a menos que se considerara “conveniente” que deba tener una existencia saludable y satisfactoria.

Hubo otro orador que se refirió a los beneficios de la banca, y se inclinó por el sistema bancario escocés como ejemplo de cómo dirigir un negocio de forma correcta. Aparentemente todo el mundo aquí consideraría algo perfectamente monstruoso que los bancos hicieran un 10 por ciento de beneficio. Ahora bien, como una cuestión de hecho, pienso que hay muy poca razón para suponer que los grandes beneficios hechos por los bancos (no sólo el 10 por ciento de beneficios sino también los más grandes beneficios que muchos bancos hacen) sean realmente nada más grandes que los beneficios hechos por muchas empresas industriales y comerciales. En muchos casos no se tienen los medios para calcular cuáles son los beneficios de las empresas industriales y comerciales; y en muchos otros casos, cuando se conocen los beneficios, tampoco se conoce la cantidad en que el capital se ha diluido y no se ha caído en la cuenta. Pienso que es un completo error hacer injurias contra los bancos porque ellos hagan un beneficio que, después de todo, no es exorbitante si se lo compara con el muy substancial número de bancos que se han hundido completamente en el pasado. Puede que haya mucho que decir acerca de la nacionalización de la banca sobre la base, por ejemplo, de que los bancos tienden a convertirse en un cuasi-monopolio. Yo dejé esto a un lado deliberadamente en mi artículo. No quisiera continuar con ese punto.

EL MODERADOR: Señoras y caballeros, llamo ahora al Mayor Douglas para que concluya el debate.


DECLARACIÓN FINAL DEL MAYOR DOUGLAS

MAYOR DOUGLAS: Sr. Moderador, Sr. Hawtrey, Señoras y Caballeros. Si hay alguien que en esta sala haya disfrutado oyendo al Sr. Hawtrey como yo lo he hecho, estoy completamente seguro de que lo habrán disfrutado ustedes muchísimo. Pienso que ha sido altamente interesante e iluminador para todos nosotros. Ahora bien, el primer punto que el Sr. Hawtrey ha elevado fue el de, ¿dónde se encuentra la fuente de esta discrepancia? Trataré de ello en un minuto. Me gustaría tratar primero con el que ha sido prácticamente su último punto, porque eso hace más fácil el tratar el primer punto.

Es perfectamente obvio que el conjunto de toda esta cuestión realmente depende de una cuestión de hecho. Si espaciamos o extendemos esa fábrica (las del diagrama 2) indefinidamente, de manera que representen todas las fábricas de este país, ¿no es un hecho que a todas aquéllas que hacen beneficios en cualquier momento se las puede encontrar teniendo que asignar o registrar cargas que no distribuyen? Es un hecho totalmente incuestionable. Ésa es la forma en que toda fábrica es gestionada. La cuestión acerca de cuál es el porcentaje real de esas cargas registradas que están siendo recolectadas simultáneamente en toda fábrica de tal forma que los valores en precio de los bienes que están siendo producidos en todas esas fábricas exceden, en todo caso de cualquier empresa obtenedora de beneficios, por encima de la suma que está siendo distribuida en sueldos y salarios, es una cuestión de hecho. Éste es el caso en cualquier fábrica. Ahora bien, la cuestión de la cifra es una cuestión de mera opinión, pero pienso que debe ser algo bastante obvio que, cualquiera que sea la cifra, debería estar representada por ese porcentaje de dividendo, ya que no hay otra vía, excluyendo las exportaciones, de distribución de poder adquisitivo del que yo sea consciente, a excepción de los sueldos, salarios y los dividendos. Incluyo dentro de los “dividendos” tales cosas como el interés, y cosas de ese estilo.

La tasa media de distribución sobre facturación o volumen de negocios debería ser igual a las cargas registradas o, de lo contrario, esas cargas registradas no podrán ser satisfechas. Eso me parece a mí que es bastante obvio. La cuestión de las verdaderas cifras en lo que se refiere a si toda fábrica, para poder satisfacer esta condición, debería pagar un 100 por ciento o 125 por ciento no es más que una cuestión de cifras. Existen una gran cantidad de complicaciones que surgen a la hora de calcular esto, y he tenido que lidiar con ellas en muchos sitios; pero en lo concerniente al hecho, me parece a mí que es absolutamente inatacable.

SR. HAWTREY: Pienso que posiblemente podría ayudar si hago una pregunta. Mi pregunta es: ¿Quiénes son los receptores de estas cargas registradas? Y, en segundo lugar, cuando pone usted el dedo sobre los receptores, ¿puede usted estar seguro de que no son intermediarios que transfieren ese dinero en forma de salarios y sueldos?

MAYOR DOUGLAS: No puede haber receptores de las cargas registradas a menos que ellas sean recolectadas del público primero. Éste es todo el asunto. Las cargas registradas simplemente representan un título o reclamación sobre el público, y que sólo puede ser satisfecho o atendido mediante la distribución de poder adquisitivo de alguna fuente que no sean los sueldos o salarios. Si uno tuviera una distribución de poder adquisitivo a partir de fuentes adicionales en una cantidad igual a la de las cargas registradas, entonces los bienes que están representados por esas cargas registradas podrían ser comprados. Las cargas registradas, en tanto que cargas, no son recibidas por nadie; son simplemente tickets que aparecen colgados en los bienes, y para poder comprar estos bienes se debería tener algo que representara, no meramente sueldos y salarios, sino algo que yo solamente puedo describir como dividendos equivalentes a la cantidad de las cargas registradas.

SR. HAWTREY: Estoy muy agradecido al Mayor Douglas, pero no ha atendido lo más mínimo al punto al que yo me refiero. Es un error bastante grande suponer que a todo productor se le exija incluir en sus costes algunas entradas contables que nunca se materializan en absoluto. Si él ha de incluir la provisión por depreciación, por ejemplo, en sus costes es porque él ha de gastar algo en algún momento. Él tiene que reemplazar su fábrica desgastada. La depreciación no es con respecto a lo que él ha gastado, sino con respecto al reemplazo que ha de hacer en el futuro. En lo concerniente a lo que él ha de gastar, lo que tiene que gastar es interés y mantenimiento. Si usted toma el caso de algo cuyo mantenimiento lo hará ser efectivo para siempre de forma que no haga falta hacer ninguna provisión para su reemplazo, por qué entonces no se hace una entrada contable en absoluto que dé cuenta de la depreciación; o si esto se hace, se trata de una entrada nominal y de la cual se sabe que no tiene ninguna otra función que la de ser un ahorro adicional o un pago a reservas para el fortalecimiento financiero del negocio. El único caso en que uno necesitaría hacer una carga cualquiera, en el precio de los bienes que vende, a cuenta de la depreciación, sería un caso en el que uno se encontrara con la perspectiva de tener que gastar en reemplazo de capital, y cuando gasta todo ese dinero que ha puesto en la cuenta de depreciación, éste ha de transferirse en forma de otros ingresos a favor de la gente cuyos servicios ha contribuido a la producción del nuevo capital. Aquí tenemos, pienso yo, lo que constituye la raíz del asunto. El Mayor Douglas cree que éstas son partidas de coste enteramente ficticias. Yo afirmo que no son ficticias. Ellas se materializan, se convierten en costes en la forma habitual. Ellas son ingresos, pagados a cambio de servicios prestados. Ésa es la solución real, y es aplicable a todas las partidas del coste. La complicación que surge proviene de cuando las partidas del coste son distribuidas a través del tiempo. Ya le dediqué a eso una duración considerable, y pienso que es una solución satisfactoria.

MAYOR DOUGLAS: Voy a presentar una cuestión de hecho al Sr. Hawtrey. ¿Puede mostrarme alguna fábrica en donde la suma de los salarios y los sueldos y dividendos repartidos (no nos preocuparemos de si los dividendos son distribuidos al final de año), en donde, como digo, la suma de sueldos, salarios y dividendos sea igual a los valores en precio producidos durante el mismo periodo de tiempo? Es imposible mostrarme algo así. Si uno expande aquéllas fabricas hasta un número cualquiera de fábricas encontrará que cada una de ellas está registrando costes que solamente pueden recobrarse a través del precio, y colectivamente sólo pueden recobrarse a través del precio mediante la previa distribución de la cantidad total de las sumas registradas. Si es verdad –y es verdad ciertamente en un número de casos–, que las cargas registradas son, digamos, el 600 por ciento o algo por el estilo, resulta ser quizá una cifra bastante elevada, como en una fábrica de estampado, pero ocurre así. Si uno va a adquirir ese 600 por ciento del público, se ha de obtener distribuyéndolo antes de nada, pues de lo contrario se convierte en una deuda contra la industria. Llegamos ahora, y pienso que puedo ya hacer mi asunto más claro, a su primer punto, y ésa es la fuente de donde empieza la diferencia o discrepancia.

La fuente de donde empieza la diferencia o discrepancia, se halla en el proceso de inversión. Supongamos que no hubiera esta diferencia en el comienzo, esto es, en caso de que empezáramos de cero, si uno ahorrara una cierta cantidad de dinero que ha sido distribuida a través del proceso de creación de costes, entonces resultaría indudable que los bienes que tuvieran los valores en precio representando la cantidad de dinero ahorrada no podrían ser vendidos a su vez o comprados. Pienso que usted ha admitido esto.

SR. HAWTREY: Siento mucho interrumpirle de nuevo. No, yo digo que si el dinero es ahorrado en un intervalo de tiempo, y no es mantenido en la forma de dinero ocioso, sino que es aplicado a inversión, esto es, a desembolsos para la creación de nuevos bienes de capital, entonces no habría perturbación de equilibrio alguna.

MAYOR DOUGLAS: Ésa esa toda la cuestión. Me gustaría dividir esa afirmación en sucesivas etapas. Digamos que, como un hecho físico, en la ciudad de Birmingham son distribuidos sueldos por valor de ₤ 100 esta semana y que ₤ 50 de ellas son ahorradas. Los bienes que fueron producidos durante esta semana deberían tener en ellos al menos un coste de ₤ 100, sin entrar en absoluto en la cuestión de asignación o registro de costes. Es bastante obvio que, si uno ahorra ₤ 50, entonces bienes por valor de ₤ 50 que están representadas por los ahorros no podrán ser comprados en el momento. Ahora pues, supongamos que uno aplica esas ₤ 50, no en comprar aquéllos bienes de consumo, sino en crear algunos bienes de capital más, y al hacer esos bienes de capital las ₤ 50 indudablemente volverán otra vez dentro del mercado de los consumidores, como usted mismo explicó, y de esta forma los bienes de consumo, los bienes de consumo originales, ahora sí ya pueden ser comprados. La deficiencia ha sido reparada, pero ahora se tienen bienes de capital por la cantidad de ₤ 50 respecto de los cuales no ha habido distribución de poder adquisitivo tal y como se describe en ese proceso (Aplausos).

Ahora bien, esos bienes de capital son considerados por la gente que los posee (y que ha pagado por ellos: han ahorrado el dinero, el poder adquisitivo actual, y han pagado o desembolsado ese poder adquisitivo para la construcción de esos bienes), ellos los consideran como el equivalente de esas ₤ 50, y eventualmente esas ₤ 50 han de ser recuperados del público, ya sea en forma de interés, o de depreciación o de cualquier otra forma. La cuestión que yo digo es que esas ₤ 50 no existen en forma de poder adquisitivo.

SR. HAWTREY: Mi primer comentario sobre esa ilustración es que las ₤ 100 que están siendo pagadas en sueldos incluirían tantos sueldos como los que se estuvieran pagando en ese momento por la construcción de bienes de capital. Puede ser que, en el comienzo (asumámoslo solamente), el total de ₤ 100 se esté gastando en sueldos que provienen de la producción de bienes de consumo. Bajo esta asunción, supongamos que los asalariados comenzaran ahorrando la mitad de sus ganancias, de forma tal que la demanda por bienes de consumo se contraiga a la mitad, y haya una demanda enteramente nueva de bienes de capital por valor de ₤ 50. Ésa es la ilustración, pienso yo.

MAYOR DOUGLAS: ¿Me permite protestar contra el uso de la palabra “contraer”? Los bienes de consumo ya están hechos; de lo contrario el poder adquisitivo no habría llegado a las manos del público, para después ser ahorrado.

SR. HAWTREY: La producción de bienes de consumo está continuando concurrentemente, y llega el momento en particular en el que, aunque la producción de bienes de consumo está procediendo a un ritmo de ₤ 100 por semana, la mitad de la demanda por ellos de repente se desvanece debido al hecho de que los asalariados están comenzando a ahorrar la mitad de sus ingresos. Bien, en ese momento, surge una demanda por bienes de capital por el valor de ₤ 50. Esa demanda ha de cumplirse o realizarse de alguna forma u otra mediante el desvío de energía productiva hacia la producción de bienes de capital. Por supuesto, puede ser que la industria esté subempleada, y que se proporcione nuevo empleo en la producción de bienes de capital y se arroje a parte de los obreros que estén produciendo bienes de consumo al paro, o, alternativamente, podría ser que la industria estuviera a pleno empleo, y que esa gente empleada hasta entonces en hacer bienes de consumo fuera destinada a la producción de bienes de capital. Pero sea lo que sea lo que pase, no hay pérdida de equilibrio entre la demanda y la oferta tomadas en su conjunto. Éste es un caso particular de contingencia o circunstancia a la que me referí en mi artículo, en donde existe un cambio en la proporción de la demanda aplicada a los bienes de consumo y a los bienes de capital, respectivamente, pero no hay escasez o exceso de demanda tomada en su conjunto. Pienso, si he entendido correctamente la ilustración del Mayor Douglas, que esto satisface su cuestión. Se cambia hacia un nuevo estado de equilibrio en donde los bienes de consumo por valor de ₤ 50 y bienes de capital por valor de ₤ 50 están en equilibrio con una demanda igual para cada categoría. Este proceso de cambio indudablemente implica trastornos. Todo el mundo está bien al tanto de que los cambios económicos repentinos de cualquier tipo implican una cierta cantidad de pérdidas y dolores. Ésa no es la cuestión. No hay escasez de demanda tomada en su conjunto.

MAYOR DOUGLAS: Me temo que la única forma en que la gente podría ahorrar ₤ 50 sería por haberlos conseguido ya a través del proceso de producción. Por tanto, deben haber hecho algo de dinero que ellos ahorraran al abstenerse de comprar. Cuando ellos permiten que esas ₤ 50 sean usadas de nuevo para producir otra cosa distinta, las ₤ 50 originales en forma de valores en precio que ellos no compraron todavía permanecen, y a ello se le añaden nuevos valores en precio a consecuencia de la utilización de nuevo de las ₤ 50. Ésa es, me temo, la forma en que queda el asunto. La misma cuestión realmente surge en relación con el segundo punto del Sr. Hawtrey, y ése consistía en que supuestamente yo no había tomado en consideración la depreciación en el ejemplo de la casa. Sin embargo, eso es precisamente lo que hice. Ésa es la razón por la que introduje la segunda casa. Cuando la primera casa fue construida, se recordará que el dinero fue devuelto al proveedor original del mismo, y en la primera ilustración suponíamos que él lo había hecho trizas, de manera que quedaba la casa con el valor de ₤ 1000 pero no dinero. Ahora bien, la gente que utilizaba esa casa para hacer botas y zapatos cargaba, en una forma u otra, esas ₤ 1000 en el precio de los zapatos ya que decían que había pagado ₤ 1000 por ella. Ahora bien, si en lugar de romper esas ₤ 1000 –que, como ya dije, era el equivalente a una devolución al Banco– ellos hubieran construido otra casa por valor de ₤ 1000, y los obreros la hubieran comprado de nuevo en la misma forma, entonces ellos habría llevado a cabo exactamente el mismo proceso que se ocasiona al reemplazar algo que uno está depreciando mediante un proceso financiero, y de esta forma se habrán usado las ₤ 1000 de nuevo para construir una segunda casa que se hizo para reemplazar a la primera casa. Pero eso no quitaría el hecho de que con ₤ 1000 de verdadero poder adquisitivo se han producido dos casas, cada una valorada en ₤ 1000 cada una, y que el valor de ambas casas ha de ser recuperado en el precio al que los bienes son vendidos.

SR. HAWTREY: En la forma en que usted explica ahora su ilustración, está usted suponiendo que los obreros cargan por la depreciación por el uso de la primera casa, pero en el momento en el que se produce la construcción de la segunda casa, la primera casa no necesita ser reemplazada. Por tanto, el fondo de depreciación no tiene por qué ser usado para construir una segunda casa. Solamente es necesario cargar la depreciación en la primera casa en vistas a un reemplazo cuando sea necesario, y la asunción que se supone en el ejemplo es que la casa no es reemplazada. Pero si fuera reemplazada, entonces lo que yo dije más atrás se aplicaría, esto es, que la carga por depreciación representa una carga que se materializa en el pago de ingresos en forma de sueldos, salarios y dividendos, y así sucesivamente, en el momento en que el reemplazo tiene lugar realmente.

MAYOR DOUGLAS: Bueno, pienso que solamente puedo repetir la explicación, para así poder dejar el asunto como es. Yo por mi parte no tengo ninguna duda, y estoy seguro que si el Sr. Hawtrey examina con detenimiento la explicación estará de acuerdo más tarde en que es posible tener una repetida producción de valores en precios mediante el uso del mismo dinero una y otra y otra vez.

Ahora, la cuestión del efecto de los costes indirectos ya los he tratado antes. Estoy enteramente de acuerdo con el Sr. Hawtrey –igual que estoy de acuerdo con él en muchos puntos, y estoy seguro de que finalmente estaremos probablemente de acuerdo en la mayoría de los puntos– en que el conjunto de toda la cuestión es una cuestión acerca de si los ingresos en un periodo dado de tiempo igualan a los valores en precio que son producidos en el mismo intervalo de tiempo. Yo debería decir –sin perjuicio de entrar en los detalles de todos los puntos que ha presentado el Sr. Hawtrey– que en su ilustración de cómo él hace que los ingresos igualen a los valores en precio, él trae un gran número de factores que no ocurren en el mismo intervalo de tiempo, y toda la esencia de ello radica en la cuestión de si realmente ocurren en el mismo intervalo de tiempo. Si no ocurrieran en el mismo intervalo de tiempo, entonces habría de probarse que ocurren, con signo positivo, en un tiempo, y, con signo negativo, en otro tiempo, y eso, en lo que yo sé, es imposible probarlo a partir de los hechos reales de la industria. Ahora, pienso que ésos son los únicos puntos o asuntos presentados por el Sr. Hawtrey.

Una pregunta lanzada por el cuerpo de la sala fue la de si las ideas generales que yo he presentado funcionarían con la industria tal y como está organizada actualmente sobre la titularidad de propiedad privada. ¿Funcionarían bajo esas condiciones? La respuesta es con toda seguridad. No es necesaria ninguna cuestión acerca de un cambio de administración. Estoy enteramente de acuerdo con el Sr. Hawtrey, en el sentido en que él mismo lo doy a entender, en que la administración de la industria, que puede o no implicar una propiedad titular, es enteramente una cuestión de conveniencia y que no tiene nada que ver con la cuestión de la distribución del producto. La cuestión de la administración de la industria es totalmente diferente a la de la distribución del producto, y la distribución del producto está, en mi opinión, totalmente envuelta o relacionada con esta cuestión del crédito. Otro ha preguntado si yo tenía alguna opinión acerca del control de rentas. Eso realmente entra dentro del campo de los esquemas o programas detallados, y el único esquema detallado que he presentado hasta ahora es aquél que se conoce como el esquema para Escocia. Está a disposición de cualquiera que esté interesado, y se podrá ver que un número de asuntos aparecen en él y que no parecen tener nada que ver con esta cuestión del crédito, pero que sí tienen que ver con la cuestión de la propiedad de la tierra y la administración de la tierra. Pero pienso que son demasiado elaborados y que se salen fuera del campo del debate de esta noche como para poder tratarlo ahora, y yo remitiría a ese interrogador particular a ese esquema particular para contestar a esa pregunta. Como una cuestión de hecho, se está publicando esta semana en una revista semanal bien conocida. Ha sido publicado, por supuesto, tiempo atrás. Otro interrogador me pregunta cómo se reflejaría este proceso en el presupuesto estatal. Eso me permite presentar un punto que no ha sido tocado realmente mucho esta noche, y que realmente radica en el corazón real de todo este asunto. Pienso que el Sr. Hawtrey y muchos de los oradores en la sala –no todos ellos– han asumido que el sistema industrial es ahora igual que el que era, digamos, en los tiempos de los bancos escoceses [2]. El mismísimo núcleo de esta situación es que el sistema industrial no se encuentra en esa condición; que más y más el proceso industrial es simplemente un proceso de producción con energía, y esas cargas registradas, de las cuales esta noche hemos oído hablar mucho, son realmente, si prefieren verlas de esa forma, el pago de la máquina, y toda la cuestión de la contabilidad tiene que tener en cuenta que el proceso productivo es en muy gran medida un proceso hecho funcionar con energía. Ahora bien, eso tiene una relación vitalísima con la cuestión de la contabilidad, con ese proceso del crédito con el que hemos estado tratando, en el Presupuesto Nacional. El Presupuesto Nacional procede en base a esta idea. Todos nosotros sabemos perfectamente bien –esto, pienso yo, está por encima de cualquier disputa– que siempre se nos dice que el primer punto vital es equilibrar el Presupuesto. Ése es el proceso, que se muestra ahí (Diagrama 1), de equilibrar el Presupuesto. Ahora bien, mi afirmación es que, en primer lugar, no es necesario ni lo más mínimo equilibrar el Presupuesto y, en segundo lugar, esa acción de equilibrar el Presupuesto no es un reflejo correcto del estado de cosas que están teniendo lugar; que los valores reales de capital en este país, en el sentido literal de la palabra, están incluso actualmente incrementándose continuamente, y que si se eliminaran las restricciones financieras, podrían incrementarse mucho más rápidamente; y que, por tanto, se debería anotar o registrar los valores de capital del país cada año, lo que significa que se debería desembolsar del lado de gastos o salidas del sistema crediticio –con independencia de que se asigne esa tarea al Banco de Inglaterra o a cualquier otro– ; se desembolsaría más de lo que se recogería. Ese desembolso representaría el incremento de la producción de capital, y la recogida de dinero representaría el consumo real. Es, por supuesto, de vital importancia y fundamental a mis opiniones (y para el conjunto de toda la sugerencia de que se debería vender por debajo del coste, por ejemplo) que, mirado desde el verdadero punto de vista, el consumo es siempre mucho menor que la producción. Bajo esas circunstancias se debería poder anotar o registrar los costes de capital por la cantidad de producción, y rebajarlos por la cantidad de depreciación y consumo generales, y ese proceso debería reflejarse en el Presupuesto. Un orador preguntó por qué no me he fijado en, o tenido en cuenta, la velocidad de circulación. La velocidad de circulación del dinero, en el sentido ordinario de la frase, es –si me permiten presentarlo de esa forma– un completo mito. No se crea poder adquisitivo adicional en absoluto por medio de la velocidad de circulación del dinero. El ritmo de transferencias de mano en mano (podríamos llamarlo así) de bienes se incrementa, por supuesto, por el ritmo del gasto, pero no se pueden cancelar más costes por medio de una única unidad de poder adquisitivo más que una unidad de coste. Cada vez que una unidad de poder adquisitivo pasa a través del sistema de costes crea un coste, y cuando vuelve otra vez a través del mismo sistema de costes mediante la compra y transferencia de la unidad de producción al sistema de consumo puede ser cancelada; pero ese proceso es independiente de lo que se denomina velocidad de circulación, por lo que la respuesta categórica es que yo no tengo en cuenta la velocidad del dinero en ese sentido. Esto, pienso, realmente concluye las respuestas a las preguntas. (Aplausos).

EL MODERADOR: Señoras y caballeros; ha sido un placer y un privilegio nuestro haber escuchado un debate de un nivel del que hemos tenido. Estoy seguro que estarán de acuerdo conmigo en que es más de lo que posiblemente hubiéramos podido tener la esperanza de escuchar en un meeting público. Los oradores se han tratado el uno al otro con la franqueza y claridad que pienso yo que podríamos calificar de ejemplar, y son acreedores de nuestro más sincero y cordial agradecimiento. En vuestro nombre, señoras y caballeros, solicito dar al Sr. Hawtrey y al Mayor Douglas el más sincero agradecimiento de todos los aquí presentes por su enormemente interesante, iluminador y esclarecedor debate. Espero que las repercusiones de este debate vayan muy lejos. Sabemos que el Crédito Social se está expandiendo, no sólo en este país, sino también en Canadá, en Australia, en Estados Unidos y en todas partes. Ha traído a muchas personas conscientes una nueva fe y una nueva esperanza de que el poder del hombre finalmente triunfará en penetrar a través de las condiciones caóticas que ahora prevalecen, y llevará orden, paz, buena voluntad y progreso a la vida de los hombres en el futuro. Agradecemos a los oradores por permitirnos ver más claramente en este asunto y de nuevo en vuestro nombre os solicito darles vuestro agradecimiento. (Aplausos).



[1] Nota mía. Se refiere a la renta imputable al local o inmueble en donde desarrolla su actividad comercial.

[2] Nota mía. Se refiere a la época de la fundación de la mayor parte de los bancos escoceses en el siglo XVIII. El Banco de Escocia fue fundado en 1695.


Fuente: SOCIAL CREDIT SECRETARIAT