FRANCISCO FERRER GUARDIA, AL SERVICIO DE LAFRANCMASONERÍA
(por Eduardo Comín Colomer)
Viene de aquí: La Semana Trágica de Barcelona (1909); relación de templos arrasados
I PRIMERAS ANDANZAS DEL “HERMANO CERO”
II EL ATENTADO CONTRA LOS REYES
III LA ‘ESCUELA MODERNA’
IV GLORIFICACIÓN MASÓNICA DE FERRER
V LA PROTESTA DE UN GRAN ESPAÑOL
VI BIBLIOGRAFÍA
I PRIMERAS ANDANZAS DEL “HERMANO CERO”
Francisco Ferrer Guardia nació en Alella (Barcelona) el 10 de enero de 1859. Contaba catorce años cuando un tío suyo lo llevó a Barcelona para ingresarle en una casa de comercio y convertirle en hombre de negocios. Colocado en un establecimiento de bebidas de la rambla de Canaletas, en él verificó sus primeros contactos con el anarquismo, siendo su iniciador Rafael Farga Pellicer, que, junto con Francisco Viñas y otros jóvenes, manifestaban tendencias revolucionarias que no tardarían en derivar hacia el colectivismo libertario.
En relación con otros elementos avanzados de Madrid, al arribar a la capital de España los italianos José Fanelli y Carlos Caffiero, para constituir, en cumplimiento de las órdenes de Bakunin, el grupo de la Asociación Internacional de Trabajadores, Farga Pellicer, Viñas y Ferrer crearon la sección catalana de tal organismo mundial.
Poco tiempo después, Ferrer dejó su empleo en el almacén de bebidas, ingresando en la Compañía de los Ferrocarriles de Barcelona a Francia en concepto de revisor. El hecho de llegar a la frontera, con ocasión de su servicio, le hizo entrar en comunicación con algunos revolucionarios emigrados en Francia que conspiraban a las órdenes de Ruiz Zorrilla, aceptando el cometido de enlace por transportar la correspondencia que entre los agitadores de dentro y fuera de la nación se cursaba.
En el proceso instruido con motivo de la bomba arrojada por Mateo Morral al paso de los reyes en 1906, donde Ferrer figuró como encartado, existe un interesante informe policíaco en el que se asegura que la baja del doctrinario anarquista en su empleo ferroviario se debió a que en el tren donde prestaba sus servicios y, en el trayecto de Tarragona a Cerbère, murió asesinado vilmente un sacerdote español, expoliado seguidamente por los criminales. No hubo pruebas concluyentes, y de ahí que Ferrer lograra salir absuelto, aunque perdiendo el empleo. Un anarquista retractado que trabajó a las órdenes de Ferrer en concepto de secretario, no solamente recoge esta acción como cierta, sino que añade que la esposa legítima del que fue su jefe le narró los hechos con todo detalle, asegurando que con parte del botín –los autores fueron varios- pudieron ellos establecerse en París.
Sin embargo, y procurando dar a este trabajo máxima objetividad, creemos importante recoger otra versión circulada acerca de la baja en el ferrocarril, y por la que se asegura que la Compañía, al retirarle de sus viajes a la frontera, advertida por el Gobierno de lo que el revolucionario hacía, se vio sorprendida por el abandono del servicio. Dícese que entonces Ferrer marchó a Francia, y hasta trató de justificar su actitud basándose en supuestas desavenencias conyugales, si bien lo cierto es que su esposa, Teresa Sanmartí, a la que raptó para casarse, no tardó en reunirse con él, circunstancia ésta que echa por tierra la coartada referida.
Además, Francisco Ferrer Guardia, desde 1883, figuraba afiliado a la Francmasonería. Realizó su ingreso en la logia ‘La Verdad’, de Barcelona, justificándose su nombre simbólico de ‘Cero’ en el hecho de que figurando en el complot del general Villacampa, fracasado en septiembre del año 1886, como quiera que los conjurados eran todos elementos militares y se distinguía por la numeración correlativa, a partir del uno; Ferrer, hombre civil, optó por clasificarse con el número cero, para distinguir así su carácter paisano.
De su matrimonio tuvo tres hijos: Paz, Trinidad y Sol, y para ganarse la vida, el agitador daba lecciones de español en dos entidades de fuerte significación. Una, el ‘Círculo Popular de Enseñanza Laica’, y la otra en el Grande Oriente de Francia, donde consiguió la afiliación y reconocimiento del grado tercero que poseía en España, siendo dato de gran curiosidad que en siete años de militancia masónica en el vecino país llegó a obtener el grado 31, cuya denominación es ‘Gran Inspector Inquisidor Comendador’.
De sus clases en el Círculo citado sacó la amistad con Ernestina Meunier, a la que consiguió despojar de su fortuna, pues a su muerte, bastante inesperada y tenebrosa, todos sus bienes pasaron a Ferrer, produciéndose un regular escándalo, del que se ocupó la prensa parisiense, arrojando sospechas contra el heredero.
Y no es que pretendamos acusar sistemáticamente al fundador de la Escuela Moderna, sino servir a la verdad. Por ello estimamos de interés referir que el secretario de Ferrer –“Constant Leroy”-, hallándose en París, hizo intimidad, a pretexto de darle lecciones de español, con una señora francesa, dueña de inmensa fortuna. Reunido en cierta ocasión en el café parisiense ‘Zimmer’ con los anarquistas Carlos Malato y Lorenzo Portet, conocieron éstos la buena predisposición de aquella mujer hacia las ideas ácratas. Entonces Portet le recomendó que tratara de interesarla lo más posible, y después ya se buscaría la forma de “suprimirla”, a lo que Malato replicó que no era conveniente apelar a procedimientos extremos, por lo "difícil que fue arreglar el asunto" de Ferrer, quien, por cierto, era muy amigo del médico de cabecera de la señora Meunier.
* * *
La amistad con la francesa llevó a Ferrer a abandonar a su esposa legítima, Teresa Sanmartí, arrebatándole las tres hijas, una de ellas casi recién nacida. La desdichada mujer trató a toda costa de que las criaturas le fueran devueltas, y al no conseguirlo se avistó con su marido, sobre el que disparó varios tiros. En su declaración ante los jueces contó la tragedia de su vida y el repugnante proceder de Ferrer, siendo muy levemente condenada.
Pero el agitador anarquista no terminó con esto su escarnio al hogar. Muerta la Meunier, celebró su matrimonio masónico en uno de los ‘templos’ del Grande Oriente de Francia con Leopoldina Bonnard, de la que tuvo un hijo, bautizado laicamente con el nombre de Riego. Regresados a Barcelona, Leopoldina comenzó a dar clases de francés en la Escuela Moderna, hasta que la asistencia de Soledad Villafranca a tal centro distrajo a Ferrer, que recluyó a la Bonnard en la finca ‘Mas Germinal’, de Mongat, para encontrarse en plena libertad de acción. Esta nueva mujer, modista de oficio, fue elevada profesora de la Escuela en la sección de párvulos. Su belleza sirvió posteriormente a Ferrer como instrumento para algunas acciones criminales.
II EL ATENTADO CONTRA LOS REYES
El día 31 de mayo de 1906 se verificó en Madrid la boda de Don Alfonso XIII, rey de España, con la princesa Victoria Eugenia de Battenberg, y cuando regresaban de la ceremonia religiosa, llevada a cabo en la iglesia de los Jerónimos, desde la casa número 88 de la calle Mayor, piso cuarto, Mateo Morral arrojó un ramo de flores, dentro del que se contenía el infernal artefacto, que, al explotar, produjo numerosas víctimas.
La idea del regicidio tuvo su origen en París y se estipulaba que tendría carácter de “acto propagandístico”, aceptándose la ocasión de las bodas reales por considerar que, siendo muchas las personalidades extranjeras invitadas, mayor sería la resonancia.
En la última reunión que los conjurados celebraron para aprobar en todas sus partes el plan concebido por Francisco Ferrer, éste prometió hacer las necesarias gestiones para encontrar el hombre. La solución, sin embargo, partió de Soledad Villafranca, amante del agitador, que dijo: “No hay que buscarlo, pues lo tengo yo. Pensad vosotros en lo demás, porque yo tengo juventud suficiente para enloquecer a quien necesitemos.”
Y es que Mateo Morral estaba enamorado de Soledad Villafranca, y Ferrer, sabiéndole inofensivo, fomentaba esa inclinación, con la esperanza de contar algún día con instrumento seguro para cualquier acción. El ramo que cubría la bomba arrojada por Morral al paso de la real carroza estaba formada por rosas blancas, flores preferidas de la Villafranca.
Tan claras aparecieron las cosas, que el Juzgado decretó la prisión de Francisco Ferrer, José Nakens y otros muchísimos significados elementos de la Acracia, que pudieron salir airosos por la intervención de tenebrosos poderes. Soledad Villafranca acudió a declarar en la vista del proceso y dijo públicamente: “No creo en Dios y amo a Ferrer”. Por su parte, Leopoldina Bonard marchó a Francia, haciendo una gran campaña, apoyada en la masonería, a la que ella también perteneció, para lograr la libertad de su amante. Muy distinto a este proceder fue el que observó Ferrer con ella, pues al repudiarla y desheredar al hijo de ambos, Riego, se establecieron en Londres. A raíz del fusilamiento, la Bonnard denunció ante el procurador de la República Francesa uno de los acostumbrados hechos de Ferrer:
“Yo había confiado a mi amigo –dice en la denuncia- la administración de mi pequeña fortuna, consistente en ciento cinco mil francos, en valores mobiliarios depositados en el Crédit Lyonnais. En 1906 pregunté a ese establecimiento sobre el estado de mis créditos, y entonces supe que Ferrer había retirado ya dichos valores.”
Sin embargo, la participación de Ferrer Guardia en otros asuntos políticos de envergadura venía de mucho antes. Y en todos se preció de intervenir como instigador y como financiero. Por cierto que pocos días antes de empezar la ‘Semana Trágica’, consta que realizó distintas operaciones de bolsa con suerte favorable. No se olvide que muchos acontecimientos políticos mundiales tuvieron reflejo en los mercados de valores antes que en realizaciones efectivas.
III LA "ESCUELA MODERNA"
Francisco Ferrer, antes de ser fusilado, otorgó testamento nombrando heredero universal a su hermano José, y principal legatario a Lorenzo Portet, ante quien se presentaron las reclamaciones de Leopoldina Bonnard, que dejó sin atender, pese a la intervención de Pedro Kropotkine, Fernando Tárrida del Mármol y otros anarquistas, a los que replicó diciendo que habiéndole sido confiada la continuación de la obra revolucionaria emprendida por la Escuela Moderna, necesitaba para ello todos los medios. Anselmo Lorenzo hubo de cumplir la parte secreta del testamento, que no escribió el agitador: la fundación de una organización sindical de carácter anarquista. Así pudo transformarse la antigua Solidaridad Obrera en la C.N.T. que conocimos en nuestros tiempos.
En otro de los hechos de gran altura en que apareció complicado Ferrer fue en el atentado de la calle Rohan, de París, contra Don Alfonso XIII, a quien acompañaba el Presidente de la República Francesa, M.Loubet; y con anterioridad, en el que costó la vida del jefe del Gobierno español don Antonio Cánovas del Castillo.
* * *
Después de la muerte de Ferrer, ‘La Gaceta de Colonia’, periódico alemán, publicó una carta del citado, dirigida a uno de sus correligionarios, que contenía el siguiente párrafo:
“Para no asustar a las gentes y no dar al Gobierno español pretexto alguno de cerrar mi establecimiento de enseñanza, lo llamo Escuela Moderna, y no escuela de anarquistas, porque el fin de mi propaganda es, lo confieso francamente, formar en mis escuelas anarquistas convencidos. Por el momento debemos contentarnos con implantar en el cerebro de la juventud la idea de violentas agitaciones. Debe llegar a saber que contra la autoridad y la Iglesia no existe más que un solo remedio: la bomba o el veneno.”
En carta que dirigiera a Leopoldina Bonnard, en mayo de 1905, le decía:
“Para las polémicas te puedo dar un argumento en contra de los que nos piden escuelas con grandes ventajas: enseñanza integral, trabajos manuales, oficios, asignaturas múltiples, etc.; nosotros no podemos ocuparnos más que de hacer reflexiones a los niños sobre las instituciones, sobre las mentiras religiosas, gubernamentales, patrióticas, de justicia, de política y de militarismo, para preparar cerebros aptos para una revolución social. No nos interesa hoy hacer buenos obreros, buenos empleados, buenos comerciantes: queremos destruir la sociedad desde sus fundamentos. Hoy nos contentamos con introducir ideas de revolución en los cerebros. Después, ya veremos.”
La Escuela Moderna de Barcelona se inauguró el 8 de septiembre de 1901, y en el mes de octubre comenzó la publicación del titulado‘ Boletín de la Escuela Moderna’, que Ferrer se apresuró a circular entre cuantos delegados de grupos anarquistas españoles eran conocidos de la central barcelonesa. Para muchos de aquéllos, la cosa pareció netamente racionalista, por cuanto en el periódico referido, como en la correspondencia mantenida, había especial cuidado en no cometer indiscreciones que hubieran dado al traste con los propósitos. Así, puede decirse que el lenguaje utilizado era simbólico, pero fácil de desentrañar. Por ejemplo, en el segundo número del ‘Boletín’ justificaba la coeducación de los niños y el sistema seguido por el párrafo que transcribimos:
“Pero la Escuela Moderna obra sobre niños, a quienes por la educación y la instrucción prepara a ser hombres, y no anticipa amores ni odios, adhesiones ni rebeldías que son deberes y sentimientos propios de los adultos; en otros términos: no quiere coger el fruto antes de haberlo producido por el cultivo, ni quiere atribuir una responsabilidad sin haber dotado a la conciencia de las condiciones que han de constituir su fundamento. Aprendan los niños a ser hombres y, cuando lo sean, declárense en buena hora, en rebeldía.”
Bajo estos postulados puede suponerse cuál era el funcionamiento de la Escuela Moderna. Al principio tuvo una dirección técnica, encomendada a Clemencia Jacquinet, profesora a quien clausuró la liberal y tolerante Inglaterra una escuela por las enseñanzas anárquicas que daba a sus discípulos. Cuando Ferrer le confió la citada misión, Clemencia reanudó, en la “intransigente España”, lo que en Sakha (Egipto) no le permitían los británicos. Después la sustituyó José Casasola, encargado de la enseñanza superior, y Soledad y Ángeles Villafranca, de las de carácter elemental y párvulos. Como refuerzo, daban conferencias los doctores Martínez Vargas y Odón de Buen, éste significado miembro de la Institución Libre de Enseñanza.
En marcha la Escuela Moderna, encontróse Ferrer Guardia con la dificultad de hallar textos lo suficientemente racionalistas que apetecía; y como su fortuna personal era importante, gracias a los expolios cometidos y a otras misteriosas ayudas, proyectó la publicación de una ‘Biblioteca’, encargando los originales a la flor y nata del anarquismo nacional y extranjero. Los primeros firmantes de libros fueron: Anselmo Lorenzo, autor de una ‘Cartilla Filológica’, que, por carecer de sentido pedagógico, hubo de ser sustituida por el abecedario de Celso Gomis; Jean Grave aportó ‘Aventuras de Nono’, de tan recia significación ácrata como el autor; ‘Patriotismo y Colonización’ y ‘Cuaderno manuscrito’, como libros de lectura, eran recopilaciones de pensamientos antimilitaristas y de diatribas contra la Patria, la familia, la sociedad, etc., producidos por los doctrinarios de la acracia. Odón de Buen hizo la ‘Geografía’; Nicolás Estévanez, un ‘Resumen de la Historia de España’, donde a los sectarios juicios del autor se unía la falacia de las notas editoriales, y Clemencia Jacquinet dio a luz el ‘Compendio de Historia Universal’, verdadero cúmulo de falsedades. De ahí en adelante puede pensar el lector sobre la catadura de los demás textos.
(continúa)
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