Revista FUERZA NUEVA, nº 462, 15-Nov-1975
Al contrafuero
Presentado por el señor Ruiz-Giménez y sus satélites de las llamadas Comisiones de Justicia y Paz. En cierta ocasión, el ministro señor Ruiz Jarabo hizo público que todavía era la hora que estaba esperando que Ruiz Giménez y sus secuaces se tomaran las mínimas molestias que señala el dichoso Concordato para la constitución de toda esta pléyade de asociaciones llamadas religiosas o apostólicas. Ruiz-Giménez, que no se anda por las ramas, dijo públicamente que el Papa las había mandado constituir, y ello bastaba.
Esto apareció en una página que se titula alegremente «Religión y Tiempo». Significa que, si no ha cumplido todavía el famosísimo ex ministro de Educación los mínimos trámites señalados, cosa más que probable, porque aquí es Jauja en todo lo referente a la internacional vaticanista, significa, repetimos, que las Comisiones Justicia y Paz son ilegales.
Y he aquí que estas llamadas Comisiones, que se reúnen libremente en Montserrat para decir que no hay derecho de reunión, tienen la ocurrencia de presentar objeciones al Decreto-Ley sobre represión del terrorismo. Posibilidad de contrafuero.
El hecho de que, mientras las comisiones citadas parían esta brillante idea, murieron asesinados otros nueve servidores del orden cristiano, católico (con permiso del paternal caballero) y español, no importa. Aquí de lo que se trata es de salvar pieles asesinas.
Ni justicia, ni paz, ni reconciliación, ni narices.
Si la Administración se pusiera en jarras, y las Leyes Fundamentales, y todas las leyes se cumplieran a rajatabla, no existirían las Comisiones Justicia y Paz, el señor Ruiz-Giménez estaría informando permanentemente en Roma en directo al paternal caballero y dudamos muchísimo que el señor cardenal siguiera en Barcelona.
La perrera se pasa media vida hablando de los que disfrutan de privilegiadas posiciones.
¿Quiénes son, si no, los amparados por la internacional vaticana?
Decíamos el otro día, si es que FUERZA NUEVA ha tenido a bien publicarlo (y vemos que hablamos con cierta oscuridad), que este Régimen puede ser criticado parcialmente por falangistas, tradicionalistas, alfonsinos, republicanos, centristas… porque no ha sido exactamente nada de todo eso. Lo que nos olvidamos de decir es que si hay un estamento que no tiene derecho a abrir la boca, suponiendo que quiera hacerlo con un mínimo de dignidad, es el estamento eclesiástico; desde el paternal caballero al sacerdote guevarista. Esta gente ha hecho lo que le ha dado la gana cuando el Régimen era tan “autoritario”, cuando empezó la apertura, ayer y hoy. Cuatro multas de mala muerte no son sino una risa para ellos, porque dinero lo poseen a calderadas. No los sacerdotes de verdad (y con esto nos entendemos), sino todo el clericalismo bajo, mediano y alto, que disfruta de “pasta” catalana, de asociaciones a barullo, de bendiciones en cadena, de permiso para el remoloneo, la protesta, el separatismo, la subversión oral y escrita (que precede invariablemente a la subversión terrorista) y para todo cuanto se les antoja.
Excepto, repetimos, los sacerdotes de verdad, que viven de puro milagro con la miseria que reciben en ciertas diócesis regidas por ciertos obispos; o arzobispos; o cardenales.
Es bien verdad que Dios escribe recto con renglones torcidos. ¿Ahora contrafueros, don Joaquín?
Ramón Castells Soler
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