Respuesta: El Arte en la pintura.
Miguel Angel
Escritores, Artistas y Filósofos. Miguel Ángel. Parte II.
En 1505 Miguel Ángel se instala en unas habitaciones del Hospital de los Tintoreros de San Onofre, donde finalmente comienza a pintar los cartones para la Sala de los Quinientos del Palacio de la Signoria de Florencia. Como en otras ocasiones impide que nadie los vea mientras trabaja. Cuando finalmente los cartones fueron terminados, fueron expuestos en el Salón de los Quinientos, donde suscitaron la maravilla de todos los que pudieron admirarlos, y fueron admirados por famosos artistas como SanGallo, Ridolfo Ghirlandaio, Rafael Sanzio, Francisco Granacci, Baccio Bandinelli, Alfonso Berruguete, Andrea del Santo, Sansovino, il Rosso... Todos los artistas quedaron influenciados por los cartones de Miguel Ángel, pese a tratarse de simples bocetos realizados con diversas técnicas.
Después de ser expuestos en el Salón de los Quinientos, en el muro que debía ocupar el fresco, los cartones de la Batalla de Cascina, realizado por Miguel Ángel fueron expuestos en la sala del Papa en el convento de Santa Maria Novella. Sorprendentemente su ubicación final fue una estancia en el palacio de los Médici, en Vía Larga. Parece ser que por petición expresa de Julián de Médici, duque de Nemours, que era un gran admirador de Miguel Ángel. Allí de nuevo fueron estudiados por todos los artistas.Sucedió que, mientras los cartones de la Batalla de Cascina pintados por Miguel Ángel para la Señoría de Florencia estuvieron expuestos en el palacio Médici un artista no tuvo suficiente con estudiarlos cuando estaba permitido. Por eso, quizás más hábil que el resto, Baccio Bandinelli (Florencia, 1488- Florencia, 1560) se hizo con una copia de la llave de la estancia donde se encontraban los cartones, para poder así, disponer de más tiempo para estudiarlos y copiarlos. Eso que durante toda su vida rivalizó con Miguel Ángel, al que nunca igualó.
Cuentan que el pintor Pietro Vannucci, llamado el Perugino (Cittá della Pieve, c. 1448-Fontignano, 1523) fue, como otros muchos artistas florentinos a ver los cartones de la Batalla de Cascina pintados por Miguel Ángel. Tras ver los cartones parece ser que escandalizado por los desnudos que allí vio no pudo reprimir su crítica. Miguel Ángel ofendido por ello parece ser que le insulto, por lo que ambos terminaron delante del Consejo de los Ocho que, finalmente dio la razón a Miguel Ángel.
Parece ser que, durante los tumultos ocurridos en Florencia en 1512, con ocasión de la deposición de gonfaloniero Pier Soderini, el artista Baccio Bandinelli dividió en más partes los cartones de la Batalla de Cascina pintados por Miguel Ángel, y los hizo desaparecer. Las hipótesis sobre las causas de robo fueron múltiples. Unos dicen que para quedárselos él, evitando así que otros artistas los estudiaran; otros que para hacerle un favor a Leonardo da Vinci, a quien los cartones de Miguel Ángel habían restado fama. Pero la hipótesis más creíble es que probablemente lo hizo por envidia.
Al parecer, después de que Baccio Bandinelli hiciera desaparecer los cartones de la Batalla de Cascina pintados por Miguel Ángel, algunos de los fragmentos de los cartones reaparecieron, y fueron conservados en la casa de Uberto Strozzi, en Mantua. Años después, el 18 de noviembre de 1575 Guillermo Sangalletti, embajador de Francisco I de Médici, escribía en relación a un eventual intento de adquirirlos para que volvieran a Florencia. Todo fue inútil.Miguel Ángel no llegó nunca a pintar la Batalla de Cascina en el palacio de la Señoría de Florencia porque, en marzo de 1505 recibiendo 100 ducados para el viaje es llamado a Roma por el Papa Julio II, quizá aconsejado por Sangallo. Julio II le encarga su tumba, que debía ser grandiosa, una pirámide exenta de cuatro caras, con más de cuarenta figuras, para ser colocada en el centro de la nueva basílica de San Pedro, bajo la cúpula proyectada por Bramante. Miguel Ángel escribirá a Sangallo: “Si debo hacerla, debe ser la más bella del mundo”. En Abril de 1505, tras realizar los primeros bosquejos, Miguel Ángel retorna a Florencia.
En Florencia Miguel Ángel recibió del florentino Alamanno Salviati el anticipo de 1000 escudos enviados por el Papa para que comience a trabajar. Así, Miguel Ángel, con dos aprendices va a Carrara, donde está durante ocho meses eligiendo los mármoles. Cuentan que, mientras elegía los mármoles esculpió algunas esculturas, tentado al verse rodeado de tanto mármol. Terminada la elección, los bloques fueron embarcados para su transporte a Roma, donde ocuparon la mitad de la plaza de San Pedro. Alrededor de Santa Catalina y entre la iglesia y el corredor que va al Castillo de Sant´Angelo, fue donde Miguel Ángel había arreglado un local para realizar las esculturas de la tumba de Julio II.
En 1506 Miguel Ángel se encuentra de nuevo en Roma para trabajar en la tumba de Julio II. El Papa se había hecho construir un puente levadizo para poder seguir regularmente el avance del trabajo y, haciendo esto, trabó cierta amistad con Miguel Ángel, por lo que el artista se ganó nuevos enemigos, envidiosos de su proximidad al Papa. Para escapar del aire malsano de Roma, Miguel Ángel ordenó que algunos de los bloques de mármol fuera llevado a Florencia, donde se desplazaría para trabajar mejor. Además de alejarse de las envidias de Roma.
El 14 de enero de 1506 es encontrado en una viña de Roma el Laoconte. La viña, perteneciente a Felice di Freddis se encontraba cerca de las ruinas de las termas de Tito. Entre los primeros en acudir estuvieron Miguel Ángel y Giuliano Sangallo. El Laoconte fue llevado al Vaticano y alojado en un nicho hecho por Bramante. El Laocoonte, descrito por Plinio, había sido esculpido por el escultor rodio Agesandro y sus hijos Polidoro y Atenodoro. Curiosamente el informe del grupo escultórico fue hecho por Miguel Ángel y por Juan Cristoforo Romano, un protegido de Bramante. Resultó que, contrariamente a lo que afirmaba Plinio, el grupo estaba compuesto por más de una pieza, y Miguel Ángel encontró los cuatro ensamblajes muy bien disimulados. La restauración también fue realizada por Miguel Ángel pese a la oposición de Bramante.Cuentan las crónicas que el 17 de abril de 1506 Miguel Ángel se enfada con el Papa Julio II por que en aquellos días no había querido o podido recibirle. Además Miguel Ángel, estaba ya enfadado porque había tenido que pagar de su bolsillo el transporte de los mármoles desde Carrara a Roma. Así, Miguel Ángel, irritado por el enésimo rechazo de los palafreneros que no le permiten entrar a ver al Papa para exigirle la suma debida monta a caballo y parte para Florencia, dejando el encargo a sus aprendices de vender todos sus enseres y muebles y de encontrarse con él en Florencia.
Tras huir de Roma, y en su viaje hacia Florencia, Miguel ángel se detiene en Poggibonsi, territorio florentino, donde es alcanzado por los cinco mensajeros enviados por el Papa Julio II para intentar convencerlo de que regrese. Parece ser que estos mensajeros utilizaron todos los medios para convencerlo de regresar a Roma; pero Miguel Ángel solo consintió en escribir dos líneas anunciándole al Papa que no regresaría a Roma, ya que consideraba que no se merecía el trato recibido. Posteriormente, Miguel Ángel en su biografía llegará a decir que corrió incluso el riesgo de ser asesinado, aunque no se sabe por quien o por que.
El 8 de julio de 1506, el Papa Julio II envió un mensaje a Pier Soderini para conseguir el regreso de Miguel Ángel a Roma, pero este todavía tiene miedo. Soderini escribe al Papa que tiene que tener paciencia, ya que ante tanta presión se corría el riesgo de que Miguel Ángel se fuera también de Florencia. En efecto, parece ser que Miguel Ángel estaba meditando el marcharse a Constantinopla para construir el puente sobre el Bósforo, como le requería insistentemente Bayaceto II, hijo de Mehmet II el Conquistador. Finalmente Miguel Ángel se decide a trasladarse a Orvieto para encontrarse con el Papa, pero se lo piensa mejor y regresa a Florencia.
Cuentan las crónicas que el 26 de noviembre de 1506 Miguel Ángel se encontró finalmente en Bolonia con Julio II. No tuvo ni siquiera tiempo de cambiarse las botas, fue conducido a presencia de Julio II, ante quien se arrodilló. El Papa lo reprendió: “En lugar de venir tu a mi encuentro, has esperado a que sea yo quien te encuentre a ti”. Miguel Ángel pidió perdón con voz firme, por no haber podido soportar ser expulsado. Un cardenal del séquito papal intervino, pidiendo al Papa que le perdonara, porque la gente como el era ignorante en cualquier cosa que no fuera su arte. El Papa se enfadó, golpeando al cardenal con una maza, le dijo: “Ignorante eres tú que le tratas de villano, cuando no lo trato ni yo”, y acto seguido lo hizo expulsar a empujones por los palafreneros. Habiendo así desfogado su cólera sobre el cardenal, perdonó a Miguel Ángel, y le hizo regalos, encargándole una estatua con su imagen en bronce, de cinco brazos de altura.
El proyecto de la tumba de Julio II sufrió cinco modificaciones a lo largo del tiempo. Tanto que la idea de Miguel Ángel de considerar la tumba de Julio II como la gran obra de su vida se vio tantas veces truncada que se convirtió en una tortura, hasta el punto de calificarla como “la tragedia de la tumba”. Cuando finalmente fue instalada la tumba en 1542, se colocó no en la basílica de San Pedro, sino en la de San Pietro in Vincoli. Y donde además tan sólo se instalaron siete estatuas, cuando habían sido proyectadas más de cuarenta.Dos de las grandiosas estatuas que Miguel Ángel talló para la tumba del Papa Julio I, las dos denominadas el esclavo Moribundo y el esclavo Rebelde, no se encuentra en su ubicación original, sino que han terminado en el famoso museo del Louvre de París. Como en otras esculturas suyas Miguel Ángel, dejó en estas dos, las formas inacabadas. Las teorías por la razón de este inacabado son abundantes. Algunos opinan que era así como estaban proyectadas; otros en cambio opinan que era hasta donde Miguel Ángel había llegado antes de abandonar el proyecto.
Cuentan que el 22 de enero de 1507, el Papa Julio II fue personalmente hasta la casa de Miguel Ángel para ver como se moldeaba en arcilla el modelo para la estatua que había de colocarse en la fachada de San Petronio. Acabado el modelo en arcilla, Miguel Ángel le preguntó al Papa si había de poner un libro en la mano izquierda. Julio II le contestó: "Pon una espada, que yo no sé letras"; y le dejó 1.000 escudos en depósito en el banco de Antonmaria de Lignano.
Cuando en abril de 1507 el modelo final en arcilla de la estatua del Papa Julio II está terminada, Miguel Ángel gran artista, pero no experto en el vaciado en bronce decide llamar a expertos fundidores. Dichos expertos demostraron no serlo, ya que el bronce se enfrió antes de completar el proceso, por lo que un enfadadísimo Miguel Ángel hubo de repetir el proceso, demostrando que podía ser el mejor hasta en los oficios que no eran su especialidad.El 21 de febrero de 1508 es descubierta sobre la fachada de San Petronio la estatua en bronce de Julio II hecha por Miguel Ángel. El descubrimiento de la estatua fue realizado a las tres de la tarde, como habían prescrito los astrólogos. Hubo mucha música y fuegos en plaza, pero los boloñeses lo único que supieron apreciar era que la figura de Julio II aparece sentado como un juez, con el manto y la tiara; en una mano tenía las llaves, pero lo otra se erguía, quizás bendiciendo, pero más probablemente amenazando.
Cuenta una anécdota que cuando se descubrió la estatua del Papa Julio II en la iglesia de San Petronio en Bolonia junto a Miguel Ángel se encontraba el también pintor Francesco Raibolini (Bolonia, 1460-Bolonia, 1517), llamado el Francia. Al parecer el Francia, admirando la estatua, se expreso mal, pareciendo que apreciaba más el bronce que la obra. Miguel Ángel, bastante susceptible se dirigió al hijo del Francia y le dijo: "Tu padre es más bueno haciendo figuras vivas qué pintadas".
Los boloñeses no apreciaron nunca la estatua del Papa Julio II colocada en la fachada de la iglesia de San Petronio de su ciudad. Consideraban que la actitud de la estatua del Papa era demasiado amenazadora; más en actitud de maldecir que de bendecir. Cuentan que Miguel Ángel oyendo esos comentarios contestó riendo: “Y por la maldición está hecha”. Pese a la escasa acogida de la estatua Miguel Ángel recibe de una satisfecho Julio II otros trescientos escudos.
En febrero de 1508 muere el tío paterno de Miguel Ángel que, no deja nada más que deudas, lo que obliga al padre de Miguel Ángel a renunciar a la herencia. Esto hace que su familia desee el regreso de Miguel Ángel a Florencia, y sobre todo de sus ingresos. Pero Miguel Ángel debe regresar a Roma, pese a que Pier Soderini le ha hecho el encargo de esculpir a Hércules y Caco, para colocarlos junto al David. Miguel Ángel si llegó a realizar el modelo, que con una altura de 41 cm. está en la Casa Buonarroti.Tras ser requerido con urgencia en 1505 por el Papa Julio II, que quería que Miguel Ángel le construyera su tumba, Miguel Ángel tuvo que soportar la vacilante actitud del mismo, que pospuso ese proyecto. En cambio en 1508 le hizo un encargo pictórico, la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina. Pese a la inicial resistencia de Miguel Ángel, que aducía que él no era pintor, hubo de aceptar. Miguel Ángel comenzó a pintar la bóveda de la Capilla Sixtina el 10 de mayo de 1508 y la terminó el 31 de octubre de 1512, cuatro años después. Ésta obra le valió el sobrenombre de “el Divino”.
Según cuentan las crónicas de la época, hacía unos años que el Papa Julio II tenía en mente ordenar la decoración de la Capilla Sixtina. Pero fue Bramante, superintendente general de todas las construcciones papales, quien convenció al Papa para que se lo encargara a Migue Ángel. Según parece, Bramante tenía interés en distraer a Miguel Ángel de las esculturas de la tumba de Julio II y aventurarlo en el fresco, especialidad en la que no tenía experiencia, para posiblemente hacerlo fracasar.
La capilla Sixtina media en planta treinta y seis metros de longitud por trece de anchura; más de quinientos metros cuadrados. Giuliano da Sangallo estimó el coste de la obra en unos 15.000 ducados. Miguel Ángel comenzó a pintar la bóveda haciendo caso omiso al proyecto del Papa Julio II, quien quería que pintara a los doce apóstoles. Miguel Ángel prefirió las historias del Génesis: Separación de la luz y las tinieblas, la creación de Adán y Eva, el Pecado original y la Expulsión del Paraíso... es decir, todos los acontecimientos que hicieron posible y necesaria la llegada de Cristo. Pocos artistas han sido capaces de concentrar, sin repetirse, tal cantidad de figuras, ya que son más de trescientas; además de realizar todo el trabajo en solitario, sin ayuda.Parece ser que Bramante fue el encargado de preparar en la capilla Sixtina los andamiajes para que Miguel Ángel pintara su bóveda. Dichos andamiajes fueron suspendidos, por medio de cuerdas, al techo, que debió ser perforado repetidamente. Miguel Ángel preguntó como serían, posteriormente, tapados los agujeros de la bóveda. La respuesta de Bramante fue ni más ni menos que un escueto: "Lo pensaremos luego". Esto puede hacer pensar que o Bramante valía poco, o tal vez tuviera mala fe. Miguel Ángel logró obtener del Papa, en presencia de Bramante el permiso para construir los andamiajes a su gusto. Diseñó como tenían que ser construidos, desde el suelo, y sin tocar el muro ni la bóveda, de tal manera que este modelo ha sido copiado desde entonces por otros constructores y pintores, incluido Bramante.
Cuenta la crónica no oficial de la época que, al leñador al que Miguel Ángel había hecho el encargo de construir los andamiajes proyectados por él para pintar al fresco la bóveda de la capilla Sixtina le hizo Miguel Ángel un gran regalo, además de pagarle sus honorarios. Le dejó, ni más ni menos, todas las cuerdas usadas. No debieron ser pocas, ya que según parece le bastaron para pagar la dote de su hija que se desposaba por esas fechas.
Parece ser que Miguel ángel, que no pintaba con la técnica del fresco desde su juventud, cuando estaba en el taller de Ghirlandaio, decidió llamar de Florencia a Granacci, Giuliano Bugiardini, Jacopo de Sandro, Indaco el Viejo, Agnolo de Domenico y Aristotile y los puso a trabajar en la decoración de la capilla Sixtina. A los pocos días. aprendidos de ellos los secretos de la pintura al fresco, pero no satisfecho de la calidad de las pinturas hechas, Miguel Ángel decidió deshacer todo lo que los colaboradores habían hecho, y se encerró en la capilla dejando fuera a sus amigos. Pero Miguel Ángel no sólo dejó a sus amigos fuera de la capilla, sino también de su casa, tanto que ellos, dolidos, volvieron a Florencia.
Cuentan las biografías de Miguel Ángel como un día el artista se percató de que en las partes pintadas de la bóveda de la capilla Sixtina estaban apareciendo mohos. Muy enfadado, debido a su fuerte carácter, llegó incluso a pensar en abandonar la obra ya que no le encontraba al suceso ni explicación ni solución. Cuando le comunicaba al Papa Julio II el problema y su idea de abandonar el proyecto este mandó inmediatamente llamar a Giuliano da Sangallo, que le enseñó el método para eliminar los mohos. Al parecer los mohos se debían a la cal, que en Roma era hecha con el travertino, que no seca rápidamente, y con la puzolana, que es una roca de color ocre, muy oscura y líquida, y con tendencia a florecer durante el secado.
Como en otras ocasiones, también durante la ejecución de las pinturas de la capilla Sixtina, Miguel Ángel tuvo disputas con el Papa Julio II, que quería ir constantemente a ver el fresco, todo pese a la oposición de Miguel Ángel, que como en otras obras lo realizaba todo en el más absoluto secreto. Miguel Ángel llegó incluso a fingir un viaje fuera de Roma, pero en realidad se escondió dentro de la capilla, y cuando el Papa entró en ella, dejó caer algunas tablas de lo alto, con el riesgo de golpearlo. Enterado el Papa de la treta Miguel Ángel tuvo que huir de Roma, y sólo gracias a los buenos oficios de Bramante tuvo el coraje de volver a Roma y al trabajo.
Como en otras ocasiones a los largo de su larga vida el ingenio de Miguel Ángel fue clave para llevar a buen termino un encargo. Como es obvio pintar un techo es complicado, pero pintar la bóveda de la capilla Sixtina debió serlo aún más debido a la altura de la estancia. Quizá por eso Miguel Ángel decidió además de levantar unos andamios muy altos, pintar en una extraña posición, acostado de espaldas al suelo. Pese a la extraña postura, Miguel Ángel consiguió quizás las más bellas imágenes de la historia del arte. No nos extraña así que Goethe llegara a decir: "Quien no haya visto los frescos de la capilla Sixtina, no tiene ni idea de lo que el ser humano puede llegar a realizar”.
En 1508 Miguel Ángel le escribe a su padre para que le encuentre en Florencia un niño y según sus propias palabras: "hijo de buenas personas y pobre, hecho a las privaciones, que estuviera dispuesto a ir y permanecer en Roma para hacer todas las cosas de casa, ir a comprar y donde fuera necesario y con el tiempo aprender el oficio”. Después de un año Miguel Ángel se queja del muchacho, que quiere aprender el arte y no hacer otra cosa. No nos extraña así que Miguel Ángel tuviera a lo largo de su vida muchos ayudantes, y que ellos quisieran ser más sus alumnos que sus sirvientes. Entre otros ayudantes tuvo a: Pedro, un paisano, Antonio Mini, Ascanio Condividi, Daniele de Volterra y Tiberio Calcagni, Niccolo de Pescia, Jacopo, Antonio de Castel Durante, Antonio, Riccardo Franzese, Silvio Falconi de Magliano, Gabriello, Pier Luigi Gaeta y otros. El único que le sirvió fielmente durante veinticinco años y pese a su carácter fue Francesco Amadori de Castel Durante, desde 1530 hasta su muerte en 1555.
Cuenta la historia que en diciembre de 1508, el gonfaloniero de Florencia, Pier Soderini, llegó al extremo de rogar al Papa Julio II que permitiera a Miguel Ángel trabajar en una estatua de Hércules para el palacio Viejo de Florencia. Según parece, esta estatua de Hércules fue vendida, poco después, en 1509 por Filippo II Strozzi (1489-1538) a Giovan Battista della Palla, agente del rey de Francia Francisco I. Al parecer fue colocada en el Jardín de Estaing, pero se perdió con el tiempo, quizá robada por algún coleccionista.
Según parece, en enero del año 1509, Miguel Ángel escribió a su padre quejándose de que en Roma estaba haciendo un trabajo que no era el suyo. Se refería al encargo del Papa Julio II de pintar la bóveda de la capilla Sixtina. Miguel Ángel le comentaba además a su padre, que hacía un año que no recibía dinero del Papa, pero que tampoco se lo pedía porque consideraba que su trabajo no avanzaba como debía, principalmente porque Miguel Ángel consideraba que él era mejor escultor que pintor.Según cuentan algunas biografías de Miguel Ángel Buonarroti, a éste no le quedó más remedio en el año 1511 que ir a Bolonia, cerca de Mirándola, donde se encontraba acampado el Papa Julio II para requerirle dinero. El pobre Miguel Ángel se encontraba en las últimas, ya que no recibía dinero del Papa desde que en el año 1508 le había encargado pintar la bóveda de la capilla Sixtina, habiendo tenido él que pagar todos los materiales gastados hasta ese momento de su bolsillo.
Según todos sus coetáneos el Papa Julio II fue una persona muy impaciente. Quizá por eso no hacia más que apremiar a Miguel Ángel para que le permitiera ver como avanzaban los trabajos de la decoración de la bóveda de la capilla Sixtina, eso a pesar de que no le había proporcionado a Miguel Ángel ningún tipo de ayuda monetaria desde que le hizo el encargo. Así, ni las negativas de Miguel Ángel impidieron que en agosto de 1511, un impaciente Julio II hiciera descubrir la primera mitad de la bóveda de la Capilla Sixtina. Los detractores de Miguel Ángel, deseosos de ver el trabajo, no dudaron en criticar las pinturas y en proponer a Rafael Sanzio para terminarla; aunque según otros fue el mismo Rafael el que se ofreció a hacerlo.El 30 de diciembre de 1511 Giovanni Bentivoglio, soberano de Bolonia, regresó a la ciudad. La estatua de bronce de Julio II, hecha por Miguel Ángel y colocada en la fachada de la iglesia de San Petronio fue hecha trozos. Según cuenta la tradición, con el bronce, el duque Alfonso de Este mandó hacer una culebrina, cañón largo de poco calibre, a la que dieron el nombre de Julia, por desprecio hacía el Papa. Lo único que se salvó de la estatua de Julio II fue la cabeza, posteriormente perdida.
Todo el mundo conoce la faceta de gran artista del Renacimiento de Miguel Ángel. Lo que muchos desconocen es que además Miguel Ángel, con el paso de los años, se convirtió en un pequeño terrateniente. Hay así constancia de que, a partir del año 1512 Miguel Ángel compró varios terreno: uno en La Loggia y otro en El Stradello, en el pueblo de San Stefano in Pane, a Rifredi; varias parcelas en Santa Maria a Settignano. En 1518 Miguel Ángel compró al Cabildo de Santa Maria del Fiore, en Florencia, un terreno en la calle Mozza, adyacente a otro que ya poseía, para construirse una casa. Y en 1519 compro un terreno en el pueblo de San Miguel Ángel a Rovezzano, en un lugar llamado el Fattoio...
En el año 1512 el escultor Baccio Bandinelli (Florencia, 1488- Florencia, 1560), rival de Miguel Ángel, por la envidia que le tenía, rasgó los cartones de la Batalla de Cascina pintados por Miguel Ángel. No satisfecho con lo innoble de su acto, le pidió a los Médicis el mármol que Pier Soderini le había dado a Miguel Ángel para hacer una estatua que debía ser colocada junto al David en la plaza de la Señoría. Consiguiendo el encargo, comienza a esbozar el grupo de Hércules y Caco, intentado imitar la grandeza de David. El resultado ahí está, junto al David de Miguel Ángel, en la misma plaza de la Señoría.
Durante toda su vida el gran artista del Renacimiento Miguel Ángel hubo de soportar los requerimientos de sus familiares, tanto de su padre como de su hermano y sobrinos. Así en el año 1512 un enojado Miguel Ángel escribe a su casa comunicando que no tiene ni una lira, y que no le agobien más, porque él, desde los doce años está trabajando aquí y allá para mantenerlos sin ninguna ayuda.
Según recogen sus biografías, en octubre de 1512, el Papa Julio II, amenazó a Miguel Ángel con tirarlo de los andamios si no terminaba de pintar la bóveda de la capilla Sixtina. Al parecer, Miguel Ángel, agobiado por el Papa y ante uno de sus requerimientos le había contestado que la obra estaría acabada “cuando fuera satisfactoria para él y para el arte”. A lo que el Papa contestó: “nosotros queremos que nos satisfagas en el deseo que tenemos de hacerlo rápido”, amenazándole en ese momento con tirarlo de los andamiso.
En 1512 el pintor veneciano Sebastiano Luciani (Venecia, 1485-Roma, 1547), llamado Sebastiano del Piombo se traslada a Roma, al servicio de Agostino Chigi para trabajar en la decoración de la villa Farnesina junto a Rafael. Según parece, del Piombo, no consiguió trabar amistad con Rafael, por lo que con esa común antipatía, trabará amistad con Miguel Ángel. Según cuentan las malas lenguas Miguel Ángel le pasaba los dibujos a Sebastiano, quien aunque era bueno en el color no lo era en el diseño; además era, según parece, amante de la buena vida y trabajaba poco. Todo esto lo hizo Miguel Ángel en un intento de fastidiar a Rafael, contraponiéndolo con Sebastiano. Quizá por esto se dice de Sebastiano del Piombo se acercó al estilo de Miguel Ángel, con obras de carácter monumental y una gran fuerza dramática.
Durante los años que Miguel Ángel tardó en pintar la bóveda de la capilla Sixtina, aprendió también, como los arrebatos del Papa Julio II, al final, siempre se solucionaban en su favor. Según cuentan, en cierta ocasión, Miguel Ángel pidió al Papa un poco de dinero y permiso para ir a Florencia. El Papa en cambio le preguntó que cuando estaría terminada la capilla. “Cuando pueda, Padre Santo”, contestó Miguel Ángel. El Papa, que al parecer tenía una maza en la mano, le golpeó exclamando: "Cuando pueda, cuando pueda, yo te la haré terminar". Pero después, Julio II, temeroso de que Miguel ángel no volviera de Florencia, le mandó enseguida a casa a uno de sus siervos con 500 escudos.
Finalmente, la mañana de Todos los Santos del año 1512 la capilla Sixtina fue abierta al público, todo ello con el pesar de Miguel Ángel, que no tuvo tiempo de dar los retoques en seco que hubiera querido; especialmente en los pliegues y ropajes, y en el cielo ultramarino. Miguel Ángel terminó la bóveda, que necesitó veinte meses de trabajo en solitario, trabajo que incluyó también la molienda de los colores. Lo peor fue que era continuamente apremiado por las insistencias del Papa Julio II, no sólo para ver como avanzaba el trabajo, sino también para que la terminara.
Según cuentan las crónicas, después de terminar la capilla Sixtina, el Papa Julio II le decía a menudo a Miguel Ángel que la capilla debía enriquecerse con colores y oro, que era pobre para ser la capilla del Sumo Pontífice. A lo que Miguel Ángel le contestaba: “Padre Santo, en aquel tiempo los hombres no llevaban encima oro, y aquellos que son representados no fueron nunca muy ricos, sino hombres santos porque ellos despreciaron las riquezas”.
Cuando la bóveda de la capilla Sixtina fue definitivamente descubierta, tan grande fue la maravilla, que el Papa Julio II demostró con generosidad y favores que apreciaba el arte de Miguel Ángel. Así, Miguel Ángel, recibió con posterioridad a la terminación de la bóveda de la capilla Sixtina tres mil escudos. Quizá no fue suficiente, porque al parecer Miguel Ángel sufrió mucho al haber tenido que pintar en una posición incómoda. Por eso, y como cuentan sus biografías, durante muchos meses solamente conseguía leer si tenía el libro por encima de la cabeza.
Tras el fallecimiento del Papa Julio II el 20 de febrero de 1513, sus herederos reducen el proyecto de sepulcro que el Papa había encargado a Miguel Ángel. Esa no fue la única vez que el proyecto original se vio reducido, hasta en dos ocasiones más, hubo de reunirse con los herederos de Julio II para reducirlo aun más. Esto supuso un importante varapalo para el maestro quien, hace continuos viajes a Carrara, único lugar donde se sentía tranquilo y sosegado, rodeado de mármoles y junto a la familia de la mujer que le crió.
Según cuenta algunas de sus biografías, en agosto del año 1513, Miguel Ángel, sentado en el huerto de su casa de Roma, divisó en el oscuro cielo una extraña estrella de tres colas. Intrigado e interesado por el fenómeno, Miguel Ángel no dudo en dibujar lo que el consideró una estrella; y lo que posiblemente fuera un cometa.
En el año 1513 sube al solio Papal, con el nombre de Leo X, Juan de Médicis (Florencia, 1475-Roma, 1521), hijo de Lorenzo el Magnifico. Aunque Miguel Ángel se había relacionado con él durante su estancia en el palacio Medici de Vía Larga, León X tardó mucho en decidirse a encargar alguna obra a Miguel Ángel, a quien al parecer consideraba demasiado terrible y mundano. Además siempre prefirió a Rafael, al que adoraba y por quien lloró mucho tras su muerte.
Según parece, en el año 1515, Miguel Ángel conoce a Domenico de Terranova Bracciolini, apodado Menighella. Considerado un pintor mediocre, Miguel Ángel apiadado de él lo empleará durante muchos años como cobrador, ya que él, y como la experiencia le había demostrado, no era capaz de cobrarle a sus clientes, que se demoraban incluso años. Parece ser además que en agradecimiento por sus servicios le regaló muchos de sus dibujos.
Como en el caso de otros muchos artistas, no todas las obras de Miguel Ángel han llegado hasta la actualidad. También, como en otros casos, algunas de las obras de Miguel Ángel son desconocidas. Según algunos documentos, en junio de 1515 Miguel Ángel compró nada menos que 1400 ducados de cobre, según parece para fundir unas estatuas encargadas por el Papa León X. Lo que ocurre es que nunca se ha sabido ni cual pudo ser el tema de las estatuas ni su destino; ni siquiera si llegó a realizarlas.
Aunque para el proyecto de la tumba de Julio II Miguel Ángel había realizado una planificación arquitectónica, el trabajo de Miguel Ángel como arquitecto no comenzó hasta 1519, cuando diseñó la fachada de la iglesia de San Lorenzo en Florencia, encargo del Papa León X, pero que jamás se realizó. Lo curioso es que antes de llamar a Miguel Ángel, León X había encargado proyectos a artistas como: Rafael, Jacopo y Andrea Sansovino, Giuliano da Sangallo y Baccio de Agnolo. Sólo un año después de que el Papa expresara el deseo de hacer la fachada para San Lorenzo, en 1516, llamo a Miguel Ángel, que se encontraba en Carrara adquiriendo mármoles para la inconclusa tumba de Julio II.
Pese a que mientras trabajaba para Julio II, Miguel Ángel se había comprometido en no aceptar otros trabajos, en 1513 Miguel Ángel aceptó tallar para Metello Vari, un Cristo al natural con una cruz en la mano, para hacerlo en cuatro años y por 200 ducados. Unos años después, Metello Vari escribió a Miguel Ángel recordándole que tenía que entregar el Cristo para Santa Maria de la Minerva en 4 año, pero que han pasado 4 años y 7 meses. Miguel Ángel ni siquiera contesta. En realidad Miguel Ángel ya había hecho el Cristo, pero a mitad de trabajo tuvo que abandonarlo por un defecto en el interior del mármol. Rehará el trabajo después de mucho tiempo y al parecer de mala gana. Finalmente, en 1521, Miguel Ángel manda a Roma, a través de Piero Urbano, la estatua del Cristo para la iglesia de Santa Maria de la Minerva.
Según parece Piero Urbano tenía el encargo de pulir y colocar la estatua del Cristo, tallada por Miguel Ángel, en la iglesia de Santa María de la Minerva, en Roma. Pero pocos meses después de enviarla a Roma, Miguel Ángel recibió una carta de Sebastiano del Piombo, comentándole que Piero Urbano no estaba cumpliendo con el encargo; hecho que otras personas le confirman. Finalmente Miguel Ángel despide a Piero Urbano acusándole de gastar el dinero en ropa, tabernas y mujeres. Además le acusa de estropear la escultura del Cristo, ya que al pulirla le ha reducido el pie derecho, acortándole los dedos; y los dedos de la mano derecha, la que tiene la cruz. Además rompió un orificio de la nariz y estropeó la barba.Finalmente, en octubre de 1521, el Cristo hecho por Miguel Ángel es colocado en la iglesia de Santa Maria de la Minerva. Ha pasado casi siete años desde que se hizo el encargo. El trabajo de pulir la estatua fue confiado por Miguel Ángel a Federico Frizzi, quien además tenía que remediar los daños hechos por Piero Urbano. De Frizzi no se sabe casi nada, pero de las cartas de Miguel Ángel se desprende que gozó de su estima y que no quiso cobrar nada por los arreglos del Cristo. Pese a ello, Miguel Ángel le mandó 4 escudos; además le encargó hacer el tabernáculo donde tenía que ser colocado el Cristo.
Finalmente el 19 de enero de 1518, el Papa León X, tras elegir su modelo, le encargó a Miguel Ángel la realización de la fachada de la iglesia de San Lorenzo de Florencia. Según cuentan algunas crónicas de la época, esto provocó el enfado de otro artista florentino, Leonardo da Vinci (Vinci, 1452-castillo de Cloux, 1519), a quien ni siquiera el Papa había pedido que realizara un proyecto. Esto provocó además su partida hacia Francia, aceptando así la invitación del rey Francisco I.
Cuentan que tras recibir del Papa León X el encargo de realizar la fachada de la iglesia de San Lorenzo de Florencia, Miguel Ángel se dedicó por completo a su planificación. Incluso cuentan que estaba tan entusiasmado con el proyecto que rechazó la invitación del mercader florentino, Tommaso de Nolfo, de ir a Turquía; todo pese a la promesa de recibir mucho dinero por sus obras.Según cuentan las crónicas, tras recibir el encargo de realizar la fachada de la iglesia de San Lorenzo de Florencia, Miguel Ángel estaba empeñado en acabarla en tan solo 8 años y por 40.000 ducados de oro. Miguel Ángel gastó muchísimo tiempo en Carrara extrayendo los mármoles, para luego ser obligado por León X a extraer los bloques de Pietrasanta, sobre el monte Altissimo, cantera propiedad de Florencia. Esto hizo que de nuevo perdiera mucho tiempo, sobre todo por la falta de caminos y por el boicot de los señores de Carrara. No es de extrañar que tan sólo lograra llevar a Florencia cuatro mármoles.
Miguel Ángel ha pasado a la historia por ser un genio, un artista. Pero muchos desconocen que también escribía poesía. Así, en 1518, el compositor italiano de gran éxito, Bartolomeo Tromboncino (Verona, 1470-Venecia, 1535) le puso música a un madrigal que Miguel Ángel había escrito, y que fue impreso en Nápoles. Comenzaba así:Com'aro' dunque ardireSanza vo' ma', mio ben, tenermi in vita,S' io non posso al patir chiedervi aita?...
Recoge la historia de la ciudad de Florencia que el 20 de octubre de 1518, veinte florentinos, entre ellos: Miguel Ángel, Jacopo Nardi y Luigi Alamanni suplicaron al Papa León X que permitiera el regreso a Florencia de los restos de poeta florentino Dante Alighieri (Florencia, 1265- Ravena, 1321) muerto tras ser desterrado de Florencia. Miguel Ángel escribe personalmente: “Yo Miguel Ángel, Escultor, a Su Santidad suplico oferente, que al Divino Poeta le sea concedida la sepultura en un lugar honorable de esta Ciudad”.
El 20 de marzo de 1520 y con un breve pontificio, el Papa León X desobliga a Miguel Ángel de la ejecución de la fachada de la iglesia de San Lorenzo de Florencia. Según cuentan algunas crónicas fue, el también artista florentino Baccio Bandinelli (Florencia, 1488- Florencia, 1560), envidioso de la fama y el talento de Miguel Ángel a malmeter para hacer que el Papa León X le retirara el encargo hecho a Miguel Ángel dos años antes. La fachada de la iglesia nunca fue terminada.Según sus biografías, Miguel Ángel se consideraba un noble descendiente de los duques de Canossa. Quizá esta creencia se basaba en la carta recibida en octubre de 1520, en la que el conde Alessandro de Canossa le contaba a Miguel Ángel a propósito de un presunto parentesco. Le contaba como había localizado a un tal Simón de Canossa que en el año 1250 fue Podestá de Florencia, fundador del linaje de los Simoni, después Buonarroti. Evidentemente se ha demostrado que los datos no son ciertos, pero probablemente Miguel Ángel si lo creyó.
Al igual que otros famosos e importantes personajes de la Historia, el artista del Renacimiento Miguel Ángel Buonarroti se contagió en el año 1521 de lo que en aquellos momentos se denominaba en Italia, el mal francés; más de Nápoles para los franceses. Ni más ni menos que la sífilis. Sólo hay algunos documentos que hacen referencia a su enfermedad, pero sin indicar la causa o cuanto duró la convalecencia de Miguel Ángel.
La capilla funeraria de los Médicis en la iglesia de San Lorenzo, y la Biblioteca anexa a la iglesia fueron los últimos encargos que Miguel Ángel realizó en Florencia. Hechos por el Papa Clemente VII, perteneciente a la familia Médicis, Miguel Ángel estructuró la sacristía sin modificar el planteamiento de la base que Brunelleschi había ideado para la sacristía vieja, pero fue muy innovador en las cornisas, en los capiteles y en todos los demás ornamentos. Aunque los trabajos en las tumbas de los Médicis continuaron tras el regreso de Miguel Ángel a Roma en 1534, el artista nunca más volvió a ver su amada Florencia.
En 1521 murió el Papa León X, no es elegido, como todo el mundo esperaba Julián de Médicis, sino el flamenco, Adrián Floriszoon (Utrecht, 1459-Roma, 1523) antiguo preceptor de Carlos V quien apoyó su candidatura. Es elevado al solio pontificio con el nombre de Adriano VI. Cuentan que su carácter austero y sus intentos de moralizar la vida de la Curia le granjearon la enemistad de una jerarquía eclesiástica acostumbrada al lujo renacentista. Además, nada más llegar a Roma quiso destruir los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina, según él un amontonamiento de desnudos. Pero su repentina muerte, por la malaria, impidió que de la orden de destruir los frescos pintados por Miguel Ángel.Tras la nueva expulsión de la familia Médicis en 1527, Miguel Ángel es nombrado magistrado de la Milicia de los Nueve. Además estos años trabajará para el gobierno de la República de Florencia como ingeniero militar. Así, en 1529, es nombrado Gobernador General de las fortificaciones, lo que le llevará a visitar ciudades como Pisa, Livorno y Ferrara para comprobar el estado de sus murallas. Y a ciudades como San Miniato para proyectar nuevas fortificaciones.
"QUE IMPORTA EL PASADO, SI EL PRESENTE DE ARREPENTIMIENTO, FORJA UN FUTURO DE ORGULLO"
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