La historia contradice a Spielberg
Un investigador demuestra que Oskar Schindler organizó la invasión nazi de Polonia y niega que hubiese elaborado una lista para salvar del exterminio a un millar de judíos
A Steven Spielberg le fallaron las fuentes. El hagiográfico perfil de Oskar Schindler filmado por el director judío carece de rigor histórico. Una nueva biografía del empresario alemán que, según la historia oficial hasta ahora, habría evitado el exterminio de un millar de judíos al incluirlos en una lista que los consideraba «trabajadores esenciales» de su factoría, ofrece una perspectiva mucho más oscura del personaje, hasta el punto de convertirlo en el ideólogo de la invasión nazi de Polonia, una acusación que complica el hecho, ya conocido, de que el bueno de Oskar había espiado a los checoslovacos por encargo de Hitler durante los años 30.
La investigación, publicada este otoño en Estados Unidos por el historiador David Crowe y construida a partir de los testimonios de supervivientes del Holocausto y de documentación inédita localizada en una vivienda alemana, niega en primer lugar la existencia misma de la famosa lista. «Schindler casi no tuvo nada que ver con ella. Spielberg es un gran hombre pero La Lista de Schindler es teatro, y no en un sentido históricamente riguroso», sentencia Crowe en The New York Times .
En la cárcel por soborno
La primera contradicción en la que incurre la película tiene que ver con 1944. Según la versión de Spielberg, durante ese año el concienciado empresario -Liam Neeson en la pantalla- le habría facilitado al gerente judío -Ben Kingsley- de su fábrica de armas en Cracovia los nombres de decenas de trabajadores judíos que podían ser trasladados a la relativamente segura Checoslovaquia. Con el gesto los libraba de una muerte segura.
Crowe ha descubierto que, en realidad, Schindler se pasó el año 1944 entre rejas, tras ser condenado por sobornar a Amon Göth, el despiadado comandante de las SS que en la película interpreta Ralph Fiennes. No sólo eso: en aquel momento, Itzhak Stern -Kingsley- no trabajaba para Schindler.
En cuanto a la lista, en realidad fueron nueve. Las cuatro primeras fueron elaboradas, esencialmente, por Marcel Goldberg, un judío corrupto al servicio de un oficial de las SS, a quien Schindler habría sugerido algunos nombres, aunque a la mayoría de los que aparecían en la relación ni siquiera los conocía. Hasta el momento se desconoce la identidad de los autores de las otras cinco listas.
David Crowe sostiene la teoría de que habría sido el propio Schindler el encargado de alimentar la leyenda de la lista, salpicándola de heroísmo con el torticero propósito de conseguir una reparación económica que le compensara las pérdidas sufridas durante la guerra. Para este fin le habría resultado muy útil conseguir el estatus de «gentil justo», una distinción que los judíos conceden a los no judíos y que a Schindler no se le brindó hasta 1993 -forzado por la película- a pesar de que en la película se sugiere que la recibió en 1958, 16 años antes de morir, en 1974.
Crowe contradice igualmente la escena en la que Liam Neesom llora por no haber hecho más por los judíos. El investigador ha conseguido una trascripción en la que el empresario, haciendo uso de su proverbial pragmatismo, recuerda a los judíos todo lo que ha hecho por ellos y les pide que lo protejan de una eventual persecución por crímenes de guerra. Tras la contienda, parece acreditado que Schindler se vino abajo. Malgastó el dinero que consiguió de varias instituciones judías; intentó dedicarse a la cría de nutrias en Argentina y asistió a la quiebra de una fábrica de cemento en Alemania. Murió alcoholizado y mendigando dinero a los judíos.
Noticia obtenida de: La Voz de Galicia
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