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Tema: ¿Son válidos los ritos fabricados en el Concilio Vaticano II?

  1. #1
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    ¿Son válidos los ritos fabricados en el Concilio Vaticano II?

    A continuación expongo una serie de 4 textos del obispo Monseñor Williamson sobre la problemática de los ritos modificados durante el último concilio. Tras leerlos el lector tendrá una idea muy buena del problema y una manera equilibrada y razonable de enfrentarlo, lejos de otras posiciones tan categóricas como indemostrables.
    ------------------------------


    Monseñor Williamson
    Comentario Eleison Nº 121
    31 de Octubre de 2009

    ¿Obispos válidos?


    Una notable confirmación de la posición equilibrada de la FSSPX sobre la validez de los sacramentos de la Nueva Iglesia, apareció la semana pasada en el combatiente boletín galo “Courrier de Tychique”. Según una “fuente confiable” parece que la masonería, antigua enemiga de la Iglesia, previó, en la Revolución Conciliar, invalidar los sacramentos católicos; no por la alteración de sus formas, que los harían inválidos ipso facto, sino más bien por una ambigüedad del rito en su conjunto, socavando a la larga la necesaria intención sacramental del Ministro.


    La “fuente confiable” es un francés que escuchó de boca de un sacerdote anciano y venerable, lo que el cardenal Lienart le confesó en su lecho de muerte. Sin duda, temiendo el infierno, el cardenal pidió al sacerdote que revelara esto al mundo, y así lo liberó del sigilo sacramental de la confesión. El clérigo en adelante actuó discretamente en público, pero en privado era más abierto acerca de lo que el Cardenal le reveló sobre el plan de tres puntos de la Masonería para la destrucción de la Iglesia. Haya entrado o no en la masonería a la edad precoz de 17 años, el cardenal le prestó su máximo servicio cuando sólo dos días después de la apertura del Concilio Vaticano II desvió su rumbo, exigiendo irregularmente que los documentos Tradicionales cuidadosamente preparados se rechazasen por completo.


    Según el cardenal, el primer objetivo de la masonería en el Concilio fue destruir la Santa Misa, alterando el rito de tal manera de debilitar a largo plazo la intención del celebrante de “hacer lo que hace la Iglesia”. Poco a poco el rito iría induciendo a los sacerdotes y laicos a tomar la misa como un “memorial” o una “comida sagrada”, en lugar de un sacrificio propiciatorio. El segundo objetivo era quebrar la sucesión apostólica, a través de un nuevo rito de ordenación que con el tiempo socavaría el poder de los obispos de conferir el Orden Sagrado, en primer lugar, por una nueva forma que no lo invalidaría automáticamente pero que fuera lo suficientemente ambigua como para sembrar la duda, y, sobre todo porque ese nuevo rito en su conjunto —también aquí— acabaría por diluir la intención sacramental del obispo consagrante. Esto tendría la ventaja de fracturar la sucesión apostólica tan suavemente que nadie se enterara. ¿No es esto exactamente lo que temen hoy en día muchos creyentes católicos?


    Lo que sea que ocurra con la “fuente confiable”, en cualquier caso los ritos actuales de la misa y de las consagraciones episcopales en la Nueva Iglesia, se corresponden exactamente con el plan masónico que dio a conocer el Cardenal. Desde que estos ritos se introdujeron a fines de los años 60 y principios de la década del 70, muchos católicos serios se han negado a creer que podrían ser utilizados válidamente. ¡Ay!, no son automáticamente inválidos (¡qué simple resultaría si así fuera!). ¡Son peores! Su forma sacramental es en apariencia suficientemente católica como para persuadir a más de un oficiante que se pueden utilizar válidamente, pero están diseñados en su conjunto para ser tan ambiguos y tan sujetos a una interpretación no católica, como para invalidar con el tiempo el sacramento, corrompiendo la intención de cualquier celebrante demasiado “obediente”, o que vele y rece insuficientemente.


    Tales ritos, suficientemente válidos para que fueran aceptados por casi todos los católicos en el corto plazo, pero lo suficientemente ambiguos como para invalidar los sacramentos en el largo plazo, constituyen una trampa satánica sutil. Para no caer en esa maquinación, los católicos deben, por un lado, evitar todo contacto con estos ritos, pero por otro lado no deben desacreditar sus instintos de tono Católico con exageradas acusaciones teológicas que se apartan de la doctrina Católica. No siempre es un equilibrio fácil de mantener.
    Kyrie eleison.


    Londres, Inglaterra
    Última edición por Donoso; 08/12/2009 a las 21:47
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  2. #2
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    Respuesta: ¿Son válidos los ritos fabricados en el Concilio Vaticano II?

    Monseñor Williamson
    Comentario Eleison Nº 124
    21 de Noviembre de 2009
    Delincuencia sin igual I

    Para destacar una vez más la delincuencia sin igual del Concilio Vaticano II (1962-1965), dos semanas no resultan demasiadas para responder a la objeción razonable de un lector al argumento del “Comentario Eleison” de hace tres semanas (31 de octubre). Dicho argumento sostenía que los ritos sacramentales de la Nueva Iglesia, introducidos como secuela del Concilio, son de tal naturaleza que a largo plazo invalidarán los sacramentos de la Iglesia, debido a que fueron diseñados para que a través de su ambigüedad puedan corroer la intención sacramental del Ministro (sea obispo, sacerdote o laico), sin la cual no puede haber sacramento.


    El lector interpuso su objeción sobre la base de la enseñanza clásica de la Iglesia que dice que las fallas personales del Ministro sacramental, aún su falta de fe, pueden ser compensadas por la Fe de la Iglesia en cuyo nombre él está suministrando el sacramento (cf. Summa Theologiae, 3a, LXIV, 9 ad 1). Así —tomando un ejemplo clásico— un judío que no posee en lo más mínimo la Fe Católica puede, sin embargo, válidamente bautizar a un amigo en su lecho de muerte, siempre y cuando el judío sepa que la Iglesia Católica realiza algo cuando bautiza, y tenga la intención de realizar esa misma cosa que la Iglesia realiza. Esta intención de hacer lo que la Iglesia hace, la demuestra al pronunciar las palabras y al llevar a cabo las acciones establecidas en el rito de la Iglesia para el sacramento del bautismo.


    Por lo tanto, argumentaba nuestro lector, la Nueva Iglesia puede haber corrompido la fe del Ministro Católico, pero la Iglesia Eterna compensará cualquier carencia de su fe, y los sacramentos que él administre seguirán siendo válidos. En esta situación, la primera parte de la respuesta a la objeción es que si los ritos sacramentales de la Iglesia Conciliar atacaran únicamente la fe del Ministro, la objeción sería válida, pero si también socavan su intención sacramental, entonces no habrá sacramento alguno.


    Otro ejemplo clásico debería dejar este asunto muy en claro. Para que el agua fluya a través de una tubería de metal, no importa si el conducto está hecho de oro o de plomo, pero para que el agua corra, la tubería necesita estar conectada a la llave del agua de algún modo. El agua es la gracia sacramental; la llave es la fuente principal de esa gracia, Dios per se. La tubería es la fuente instrumental, llamado el Ministro sacramental, a través de cuyas acciones la gracia del sacramento fluye desde Dios. El oro o el plomo representan la santidad o ruindad del Ministro. Por lo tanto, la validez del sacramento no depende de la fe personal o de la infidelidad del Ministro, pero sí depende de que él se conecte a la fuente principal de la gracia sacramental que es Dios.


    Esta conexión la realiza precisamente por su intención de hacer lo que la Iglesia hace. Por medio de esa intención se pone como instrumento en las manos de Dios para que el Altísimo vierta la gracia sacramental a través de él. Sin esa intención sacramental, él y su fe pueden ser de oro o de plomo, pero estará desconectado de la llave. Queda por demostrar, la semana entrante, cómo el Concilio Vaticano II fue diseñado y es apto para corromper no sólo la fe del Ministro, sino también cualquier intención sacramental que éste pudiera tener.


    Kyrie eleison.
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    Última edición por Donoso; 08/12/2009 a las 22:06
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  3. #3
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    Respuesta: ¿Son válidos los ritos fabricados en el Concilio Vaticano II?

    Monseñor Williamson
    Comentario Eleison Nº 125
    28 de Noviembre de 2009
    Delincuencia sin igual II


    En el “Comentario Eleison” de la semana pasada me comprometí a demostrar que el Vaticano II fue diseñado para invalidar los sacramentos de la Iglesia introduciendo ritos sacramentales cuya deliberada ambigüedad corrompería, en el largo plazo (“después de 50 años”, decía el Cardenal Lienart en su lecho de muerte), la intención sacramental indispensable de los Ministros. Pero el Vaticano II tendrá que esperar hasta la semana próxima. Esta semana necesitamos analizar con detenimiento el mecanismo de la intención humana para poder entender que el Ministro sacramental necesita tener en su cabeza una idea fundamentalmente sana de lo que la Iglesia es y hace.


    Cuando un ser humano tiene la intención de algo, o intenta alcanzar alguna meta, necesita primero tener en su cabeza la idea del objetivo que quiere lograr. De hecho, nadie puede perseguir una meta sin tener en principio la idea de ésta en su cabeza, y se puede perseguir tal objetivo solamente a través de la idea que se tiene del mismo. Pero las ideas dentro de la cabeza de cualquier ser humano, pueden o no corresponder a la realidad que impera fuera de su mente. Si su idea corresponde a la realidad, puede entonces alcanzar su meta. Si no corresponde, puede llevar a cabo su idea pero no alcanzará su objetivo.


    Tomemos por ejemplo un padre de familia que tiene la intención de hacer felices a sus hijos, pero cuya idea de cómo lograr esto consiste en relajar toda clase de disciplina en su casa. ¡Dios mío!, la indisciplina hace a los niños infelices, no felices; así es que cuando el papá relaja la disciplina, logra la relajación pero no la felicidad de los pequeños. Él llevó adelante su idea pero no alcanzó la realidad, porque su idea estaba desconectada de la realidad.


    Ahora bien, para que un sacramento sea válido, el Ministro (obispo, sacerdote o laico) debe tener la intención de “hacer lo que la Iglesia hace”, como expliqué la semana pasada, de modo de lograr poner su acción instrumental bajo la acción primordial de Dios, única fuente de toda gracia sacramental; así es que antes de administrar el sacramento, tiene que tener una idea de lo que “la Iglesia hace”, lo que requiere una idea previa de lo que la Iglesia es. Por lo tanto, si sus ideas de lo que la Iglesia es y lo que la Iglesia hace no se corresponden con las realidades Católicas, ¿cómo puede tener la intención de hacer lo que la Iglesia verdadera hace?, y por lo tanto, ¿cómo puede administrar sacramentos verdaderos? Si por ejemplo este Ministro cree verdaderamente que la Iglesia es una clase de “Club para Creyentes Sentimentalistas”, o que la Misa es el picnic de esa comunidad y el Bautismo el rito de iniciación para pertenecer a ese Club, puede entonces alcanzar su objetivo de concretar el picnic o formalizar la iniciación, pero lo que realizará nunca será una Misa o un Bautismo Católico.


    Ahora bien, uno podría objetar que un ministro de esa clase tiene la intención implícita de “hacer lo que la Iglesia hace y siempre ha hecho”, pero su Intención sacramental no resulta necesariamente válida. Por ejemplo, de acuerdo a la “hermenéutica de la continuidad” que reina hoy dentro de la Nueva Iglesia, no debe interpretarse ninguna ruptura entre la Iglesia Católica y la Nueva Iglesia, ni entre la Santa Misa y el picnic; ¡todo debe ser entendido como un desarrollo armónico! Así es que la voluntad de celebrar la Santa Misa descartando el picnic, o el propósito de disfrutar del picnic excluyendo a la Santa Misa, deben considerarse disposiciones que muestran la misma intención: supuestamente, ¡la de realizar “Misapicnics”! ¡Dicha “hermenéutica” hace posible reconciliar cosas que son, en realidad, irreconciliables! Pero, ¿puede alguien que tenga esta “hermenéutica” en su cabeza, realizar sacramentos en realidad válidos? Como dicen los Yanquis, “¡Vaya uno a saber!” Sólo Dios sabe.


    Esta manera de pensar es la razón por la cual existe una confusión casi sin esperanza en la Iglesia de hoy. ¿Qué se necesitará para que los clérigos católicos vuelvan a ver a los gatos como gatos y no como perros, y a reconocer a los perros como perros y no como gatos? ¡Un cataclismo!

    Kyrie eleison.
    Londres, Inglaterra
    Última edición por Donoso; 08/12/2009 a las 22:08
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

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  4. #4
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    Respuesta: ¿Son válidos los ritos fabricados en el Concilio Vaticano II?

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    Monseñor Williamson
    Comentario Eleison Nº 126
    5 de Diciembre de 2009
    Delincuencia sin igual III

    Para que un sacramento Católico sea administrado válidamente, el Ministro debe tener la Intención "de hacer lo que la Iglesia hace" (EC 124). Dicha Intención requiere de que el Ministro tenga por lo menos una idea en el fondo sana de lo que la Iglesia es y hace (EC 125). Ahora solamente falta por demostrarse que el Vaticano II debilitó dicha Intención corrompiendo esa idea y de una forma como nunca antes fue corrompida en toda la historia de la Iglesia.

    Eso es debido a que el Vaticano II fue la oficialización, o el reconocimiento oficial dentro de la misma Iglesia Católica, del humanismo anti-Católico que retrocedía por lo menos al Renacimiento de los años 1400´s. Por cinco siglos, los sacerdotes Católicos que adoraban al único Dios verdadero se habían resistido fuertemente a sustituirlo por la adoración del hombre del mundo moderno, pero a medida que ese mundo, a través de 500 años se fue haciendo más y más pagano, dichos sacerdotes finalmente se rindieron en los 1960´s, y con el Vaticano II comenzaron a seguir al mundo moderno en lugar de guiarlo. Siempre habían existido dentro de la Iglesia seguidores del mundo, ¡pero nunca antes ese rumbo se había hecho oficial en la Iglesia Universal!

    Sin embargo, los padres del Concilio no querían ni podían dar la espalda a la religión antigua de un solo tajo, en parte porque todavía creían en ella y en parte porque tenían que guardar las apariencias. Esta es la razón por la cual los documentos del Concilio se caracterizan por su ambigüedad, mezclando la religión de Dios en el lugar de Dios con la religión del hombre en el lugar de Dios. Esta ambigüedad significa que los Católicos conservadores bien pueden apoyarse en lo escrito de los textos del Concilio para aseverar que el Vaticano II no excluye la religión antigua, así como los Católicos progresistas pueden apoyarse en el espíritu implícito de estos mismos textos para aseverar que el Concilio estaba promoviendo la nueva religión - y con estos documentos, tanto los conservadores como los progresistas ¡tienen razón! Es así como la religión antigua aún estaba presente en el Vaticano II, pero sus cimientos ya habían sido dañados, y desde entonces ha venido desapareciendo.

    Una ambigüedad similar aqueja a los Ritos sacramentales "renovados" bajo el espíritu del Concilio, quien rendía tributo hacia el exterior a la religión de Dios pero hacia su interior abrazaba ya la religión del hombre. La religión antigua aún puede subsistir ahí debido a que las Formas sacramentales (las palabras que son esenciales para su validez) no son, por regla, automáticamente inválidas, pero al mismo tiempo todos los Ritos que rodean dichas Formas están resbalando hacia la nueva religión. Por lo tanto, debido a la presión suave pero feroz del mundo moderno para ubicar al hombre en el lugar de Dios, y dado que todos los Ministros sacramentales poseen nuestra pobre naturaleza humana que al sentirse bajo presión fácilmente se inclina hacia el camino menos difícil, se tiene como resultado que estos nuevos Ritos son hechos a la medida para debilitar al paso del tiempo la Intención sacramental de los Ministros y, con ello, la validez de los sacramentos.

    Católicos, mientras evitan ustedes los nuevos Ritos, mantengan el equilibrio de la verdad. No digan que estos Ritos son automáticamente inválidos, ni tampoco, pues que pueden ser válidos, que son inofensivos. Aún si son válidos, debilitan la Fe. Con respecto a los sacerdotes que los utilizan, no digan que han perdido la Fe, ni que son inofensivos al usarlos. Estos Ministros pueden bien conservar la Fe, pero pueden correr el riesgo de dañarlos a ustedes si usan Ritos diseñados para debilitar su Fe. Busquen los Ritos antiguos y los sacerdotes que utilizan estos ritos. Al hacerlo estarán ayudando a salvar el honor de Dios, su verdadera Religión y muchas almas que están perdiéndose sin esa religión.


    Kyrie eleison.

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    Última edición por Donoso; 08/12/2009 a las 22:08
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

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