¿Hereje mata a papa?
Son muchos, muchísimos, los comentarios que llegan al blog afirmando que Francisco no es papa porque es hereje. Romario, por ejemplo, escribía recientemente:
Wanderer, es inmoral y corruptor este jueguito de “es papa” pero defiende todo lo contrario a la Fe Católica. La crítica debe llevar a algún lado, o es un mero acto de onanismo intelectual. Veo que acá pasamos de ser un grupo de librepensadores del s.XIX a ser el tribunal de caza de brujas, bastando que alguien sugiera que Bergoglio no fue ni es papa, ni menos aún católico! Si no se lo puede escuchar, ni se lo debe obedecer, entonces mejor no afirmar que es papa.El comentarista, con enrevesada sintaxis, nos advierte que, a fin de que nuestras discusiones sobre los estropicios que Bergoglio está produciendo en la Iglesia no sean inútiles y estériles, debemos concluir que Francisco no es papa legítimo. Y la razón está implícita. No puede existir un papa hereje porque el papa es infalible. Hablar de un papa hereje sería una contradictio in terminis.
El problema es que los papas son infalibles desde el 18 de julio de 1870, cuando se proclamó la infalibilidad pontificia. Antes de esa fecha, los papas eran falibles, y eso es una complicación.
La teología ha estudiado el tema del papa hereje. En Infocaótica fue tratado el caso de Suárez, y puede consultarla aquí. Yo solamente voy a comentar algunos ejemplos históricos.
Y empecemos con una curiosidad. Un catecismo que circulaba ampliamente en el siglo XIX con todos los sellos e imprimatur necesarios, sobre todo en el mundo anglosajón que vivía en continua lucha doctrinal con los protestantes -de hecho, se llama Catecismo controversial-, decía:
“Pregunta: ¿los católicos han de creer en la infalibilidad de la persona del Papa?
Respuesta: Esto es una invención protestante, no es un artículo de fe católica; ninguna decisión del papa puede obligar so pena de herejía, a menos que sea aceptada y reforzada por el cuerpo doctrinal, es decir, los obispos de la Iglesia”.
Curioso ¿no es cierto? Los católicos no debían creer en la infalibilidad pontificia a menos que lo que el pontífice afirmara fuera refrendado por un concilio ecuménico. Ergo, un papa podía ser hereje.
“Si por Iglesia romana hay que entender su cabeza o pontífice, es indiscutible que puede errar, incluso en cuestiones de fe. Puede incurrir en ello cuando enseña herejías según su juicio o por decreto. En puridad, muchos pontífice romanos fueron herejes. El último de ellos fue el papa Juan XXII”.Estas palabras no pertenecen a un enemigo de la Iglesia. Fueron pronunciadas por el papa Adriano VI en 1523, que no tenía la autoestima que poseía que Pío IX ni su misma opinión en cuanto a la infalibilidad de su persona (“Me siento infalible”, decía el papa Mastai Ferretti) y, seguramente, tendría en mente el caso de Honorio, un papa declarado hereje.
Honorio fue papa de 625 a 638. Era un buen hombre y buen gobernante. Es decir, no era un pillo. Pero, a semejanza de algún otro pillo contemporáneo, no le gustaban las controversias teológicas: las consideraba una pérdida de tiempo y un juego dialéctico de teólogos, y él era hombre de acción. Había que hacer cosas y dejarse de perder el tiempo en discusiones teológicas.
El concilio de Calcedonia había fijado que Cristo poseía dos naturalezas, pero no se había planteado la pregunta complementaria: Cristo ¿poseía una o dos voluntades? En una carta que alcanzó gran difusión -en esa época no existía los videos ni Youtube-, el papa Honorio ridiculizaba a “esos filósofos campanudos y despilfarradores de tiempo” que, en sus consideraciones acerca de las dos naturalezas de Cristo, “croan como ranas”. Y en ese documento oficial se opuso a las dos voluntades, afirmando que Nuestro Señor poseía una sola voluntad. Sus palabras se entendieron como contrarias a la fe. Se le acusó de monotelista o univoluntista. Poco tiempo después, Honorio falleció, pero su carta provocó la aparición de una herejía en la Iglesia de Oriente. Los herejes monoteletas invocaban la carta del papa Honorio para proclamar su doctrina errónea.
Cuarenta años después de la muerte de Honorio, y para zanjar la cuestión, fue convocado un concilio general por el emperador y el papa Agatón. Se realizó en Constantinopla desde el 7 de noviembre de 680 al 16 de septiembre de 681. Los monoteletas sostuvieron que el papa Honorio estaba de su parte. El concilio estuvo de acuerdo. Y al condenar al los herejes monoteletas, los padres conciliares también condenaron al papa Honorio.
El decreto, firmado por todos los obispo presentes, fue aprobado por el nuevo pontífice, León II, que escribió: “Honorio pretendió con traicionera violación subvertir la fe inmaculada”. No se trataba de condenar una opinión particular o una sutileza teológica. León condenó a Honorio por socavar públicamente la fe de la Iglesia.
A partir de entonces, en su consagración, todos los sumos pontífices estaban obligados a respaldar dicha decisión conciliar por la que se ratificaba la condena del papa Honorio como hereje. Este uso se mantuvo hasta el siglo XII.
Conclusión 1: Los concilios ecuménicos, hasta el Vaticano I, ratificado por una larga sucesión de papas, testimoniaron que la Iglesia no consideraba a ningún papa como infalible. Por el contrario, cuando se equivocaba trastocando el rumbo de la Iglesia, debía ser condenado, como cualquier otro, por hereje.
Si un papa decía o escribía una herejía, era un hereje, pero a nadie se le ocurría decir que no era papa legítimo. Llegado el caso, se lo condenaría, probablemente se lo depusiera, pero la impureza de doctrina no implicaba ilegitimidad en su cargo.
Concusión 2: ¡Cuánto me gustaría a mi que Bergoglio no fuera papa! Verdad es que se trata de un hecho extraño: es papa viviendo otro papa a pocos metros de su chabola de Santa Marta. Pero yo no puedo afirmar que Bergoglio no es papa, porque no soy quién para juzgar al respecto. Francisco seguirá siendo papa mientras no se demuestre contrario, y que diga herejías no es demostrar lo contrario.
The Wanderer
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