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Tema: Observaciones sobre la Misa en tiempo de pandemia

  1. #1
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    Observaciones sobre la Misa en tiempo de pandemia

    Observaciones sobre la Misa en tiempo de pandemia

    Por
    Bruno de la Inmaculada -

    20/05/2020
    «Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos acordándonos de Sion» (Sal.137,1).
    «Como anhela la cierva las corrientes de las aguas, así te anhela mi alma, ¡oh Dios! Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo iré y veré la faz de mi Dios? Mis lágrimas son día y noche mi pan cuando me dicen cada día: “¿Dónde está tu Dios?” Lo recuerdo, y mi alma se expansiona, pues atravesaba yo por medio de los nobles hacia la casa de Dios entre los gritos de alegría y alabanza en festiva algazara» (Sal.42).

    ¡Con qué fidelidad expresan estas palabras del salmista el sentir de tantos católicos que nos vemos privados de asistir a la Santa Misa en estos días en que se nos tiene sometidos a un desmesurado arresto domiciliario!
    El sacrificio perpetuo (Mal.1,11) ha quedado interrumpido en prácticamente todo el mundo salvo por los sacerdotes que rezan la Misa en privado, y se ha dejado de haber acceso a los sacramentos; no hay adoración, no hay confesión, no hay Eucaristía. Ni siquiera se ha podido cumplir el precepto de confesar y comulgar en Pascua de Resurrección. Y en muchos sitios se corre peligro de no poder volver a comulgar en la boca y de rodillas, cuando no se ha prohibido ya. Vivimos tiempos sin duda apocalípticos.

    No basta con las misas televisadas o transmitidas por internet. Cuando yo era niño recuerdo que los domingos ya se emitía por televisión laSanta Misa para enfermos e impedidos, como se llamaba entonces, lo cual estaba muy bien y es mejor que nada para quien no tenga otra alternativa. De hecho, a partir de Pío XII ya se emitía en Italia la Misa por radio y TV. Pero aunque es una ayuda para quienes no pueden asistir por motivos de salud, no es lo mismo, porque no hay verdadera presencia. No es lo mismo una foto que la presencia de la persona que se muestra en ella. El Señor está en la Hostia pero no en una foto o una imagen filmada o televisada de la misma; en estos casos no hay presencia real sino virtual. Una foto de la Sagrada Forma en una custodia o en manos de un sacerdote tiene su belleza como la tiene una noche estrellada o una puesta de sol, pero carece de ese magnetismo que se percibe al contemplarla en persona. Igualmente, el sacramento de la penitencia tiene que ser presencial; no es válido confesar por teléfono ni por correo electrónico. Como ha dicho el cardenal Sarah, «la lógica de la Encarnación, y por tanto de los sacramentos, no puede prescindir de la presencia física. Ninguna transmisión virtual reemplazará la presencia sacramental. A largo plazo, incluso podría ser perjudicial para la salud espiritual del sacerdote que, en lugar de mirar a Dios, mira y habla a un ídolo: a una cámara, alejándose de Dios, que nos amó hasta el punto de entregar a su único Hijo en una cruz para que tengamos vida». La Santa Misa no es un espectáculo ni es imprescindible celebrarla en presencia de personas, aunque los fieles tienen el derecho y el deber de asistir a ella y la Iglesia no les puede ni debe negar dicho derecho. Aquí, aquí y aquí encontraremos artículos del imprescindible doctor Kwasniewski con más razones y argumentos que refuerzan la superioridad de la asistencia presencial a la Santa Misa sobre la Misa virtual.

    Lo peor es que han sido los propios obispos y no tanto los gobiernos los que en la mayoría de los casos han cerrado los templos y suprimido los sacramentos, justo cuando más falta hacen. Cobardes, asalariados, mercenarios que han huido al ver venir al lobo, abandonando las ovejas precisamente cuando éstas tienen más necesidad de los sacramentos y de los consuelos del sacerdote. La Iglesia jamás ha hecho esto. Tomando las debidas precauciones, nunca privó de los Sacramentos a los fieles, así estuvieran apestados o leprosos.

    Como dice monseñor Schneider, es posible que tengamos que volver a las catacumbas.

    Y ahora que por fin se empieza a permitir que se abran los templos, se imponen unos aforos excesivamente reducidos con lo que la mayoría se queda sin poder entrar. Peor aún: supuestamente para evitar el contagio, se obliga a los fieles a recibir la Comunión en la mano, previamente revestida con guantes. El resultado es que, por no querer diseminar el virus, ¡se diseminan partículas de la Hostia consagrada que luego se tiran a la basura junto con los guantes desechables! Porque los fieles se van a su casa con los guantes puestos, sin purificarlos (¿y cómo harían para purificarlos?), y después de asirse a la barra del autobús o del metro, sacar dinero para comprar y sabe Dios que más harán con los guantes puestos, desperdigando más todavía las partículas en toda clase de ambientes, llegan a casa y los echan a la basura, los arrojan entre desperdicios. Hará un par de años tuvo mucha difusión una ilustración gráfica, hecha con una hostia sin consagrar y un guante negro para mayor visibilidad, de cómo se desprenden inevitablemente minúsculas partículas de la oblea al comulgar en la mano. Esto se hizo con un guante de cuero; los guantes desechables de látex, por sus propiedades electrostáticas, hacen que se adhieran con mucha más facilidad fragmentos diminutos de la Hostia.

    Con esto del aforo limitado, la Misa ha llegado a burocratizarse hasta el extremo de que en la archidiócesis de Milán es preciso pedir cita previa como quien va al dentista. En la puerta del templo, un policía pide el documento de identidad a los fieles para comprobar si su nombre figura en la lista. Resulta igualmente esperpéntico ver al sacerdote administrar la Comunión con el rostro tapado por una mascarilla de cirujano (en Italia ya se venden bolsas de mascarillas para los sacerdotes, una de cada color litúrgico). Y para completar el surrealismo, en la catedral de Florencia le ponen el cascabel al gato: al entrar te ponen un collar especial que vibra para alertar cuando se está a menos de dos metros de otra persona.

    El pandemónium causado por la pandemia ha caído sobre la Iglesia y sobre el mundo como un castigo, porque Dios, como buen Padre amoroso que es, castiga a sus hijos para que se corrijan y enmienden. Como dice San Pablo a los hebreos, nos corrige porque somos hijos legítimos y no bastardos (cf. He.12,8). Pero la jerarquía y la mayoría de los curas no reconocen el castigo, como los hombres del Apocalipsis que aun siendo castigados con las plagas de las trompetas y las copas no se arrepentían. La Iglesia no ha pedido perdón por los abusos litúrgicos, por los sacrilegios y profanaciones, por la idolatría cometida en el Sínodo para la Amazonia, por unirse en yunta desigual con los infieles (2.Cor.6,14) en actividades ecuménicas, por la amplia aceptación en algunos sectores de la Iglesia de la ideología LGTB, por ocuparse más de los cuerpos que de las almas, por amar más al mundo que a Dios. La cizaña ya está enraizada en la Iglesia, entremezclada con el trigo, y cada vez está más extendida. Pero los hombres no reconocen el castigo ni se arrepienten de su mal camino. Persisten y se empecinan en el mal. Roguemos porque se arrepientan y termine pronto este destierro de Babilonia, y ofrezcamos el sacrificio de tener que renunciar a la Comunión o a la propia Misa en desagravio por los sacrilegios que se cometen y para que tengamos buenos pastores que guíen bien a la grey de Dios.




    https://adelantelafe.com/observacion...o-de-pandemia/





    ALACRAN dio el Víctor.

  2. #2
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    Re: Observaciones sobre la Misa en tiempo de pandemia



    Por qué ya no transmitimos «la misa por internet»

    mayo 25, 2020

    Luego de dos meses ininterrumpidos de transmitir la Santa Misa por internet, con tantos buenos frutos, hemos decidido, por el momento y hasta que todo vuelta a una relativa «normalidad», dejar de transmitir nuestras misas.

    Las razones las encontrarán en el sermón que publicamos aquí abajo; como complemento, venga este sesudo artículo del Dr. Mario Caponnetto, enviado a nuestro sitio para su publicación.

    Que no te la cuenten…P. Javier Olivera Ravasi, SE








    Misa a distancia, ¿sobrevivirá a la pandemia?
    Por el Dr. Mario Caponnetto
    Para Que no te la cuenten…

    A partir de la decisión y las entendibles razones del P. Javier Olivera Ravasi, SE, de no continuar con la transmisión de sus misas por internet compartimos estas líneas pensando en que, a estas alturas, no son pocos los que se preguntan si muchas de las medidas extraordinarias adoptadas por los gobiernos para hacer frente a la pandemia no permanecerán una vez pasada la peste y se volverán cuestiones ordinarias.
    Preocupan, sobre todo, aquellas medidas que restringen gravemente la libertad y la privacidad de millones de seres humanos. Y estos temores no carecen de fundamento.

    Pero tampoco son infundados los temores de muchos católicos respecto de qué pasará con nuestra participación en la Santa Misa en el mundo post pandemia, un mundo que algunos se encargan de configurar en términos bastante preocupantes por decir lo menos.

    ¿Se hará algo habitual y ordinario asistir a Misa por internet? ¿Se equipararán ambas formas de asistencia, la presencial y la virtual? No son estos, repetimos, temores carentes de fundamento.

    Hace ya algunos años, el sacerdote jesuita Antonio Spadaro, Director de la otrora prestigiosa Revista Civiltá Cattolica, publicó un libro que tuvo suceso mundial. Su título, Ciberteología. Pensar el cristianismo en tiempos de la red (versión española, Herder, 2014). En esa obra aparece este novedoso concepto de “ciberteología” que, de acuerdo con el autor, consiste en una “comprensión de la fe, intellectus fidei, en tiempos de la red”, “una reflexión sobre la pensabilidad de la fe a la luz de la lógica dela red”. Y no es el único lugar.

    Es curioso que alguien suponga que la fe pueda ser entendida o pensada a partir de un mero recurso técnico que, por importante que sea y lo es sin duda, no deja de ser algo instrumental, esto es, algo que afecta tan sólo la esfera de la racionalidad técnica. Ciertamente, el uso de la técnica plantea problemas de carácter moral y aún suscita la reflexión filosófica y teológica. Pero, en todo caso, antes que comprender la fe en tiempos de red lo que se impone es comprender estos tiempos de red a la luz de la fe; y para esto no hace falta inventar una nueva teología, la ciberteología: basta con la que ya conocemos.

    Pero dejando estas consideraciones para mejor ocasión, nos interesa destacar ahora que según Spadaro, dado que la esfera digital no es un área separada sino un contexto que afecta a todas las áreas de la experiencia humana, su influencia se extiende ineludiblemente hasta la fe y la teología y hasta el modo mismo de asumir y vivir la fe: “cada vez más internet contribuye a construir la identidad religiosa de las personas”. De aquí a suponer que en un futuro la misma vida litúrgica y sacramental se torne virtual no hay sino un sequitur inevitable.

    Se hace preciso, por tanto, insistir una y otra vez que las “misas virtuales” no son sino un recurso piadoso, un modo (y no el único) de cumplir el tercer mandamiento para aquellas personas que por fuerza mayor no puedan acudir presencialmente a misa. Insistir en que pasada la pandemia todo ha de volver, cuanto antes, a la “normalidad”. Y que va siendo hora de reabrir nuestros templos con cuantos recaudos sanitarios sean menester.

    La Misa no es un espectáculo: es un acontecimiento del que no somos espectadores sino protagonistas. Es, además, el encuentro amoroso del alma con el Esposo Divino por lo que el alma, privada de ese encuentro, experimenta la dolencia del amor. Y ya lo dijo, admirablemente, San Juan de la Cruz: Mira que la dolencia de amor sólo se cura con la presencia y la figura.


    Para Que no te la cuenten…
    Dr. Mario Caponnetto




    Por qué ya no transmitimos "la misa por internet"


  3. #3
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    Re: Observaciones sobre la Misa en tiempo de pandemia

    No perdamos de vista lo decisivo: que la misa del Novus Ordo (la que retransmite la TV, la misa hoy "normal") es esencialmente modernista y heterodoxa; no tanto debería preocupar si no se está presente en ella, sino a qué tipo de heterodoxias litúrgicas se está asistiendo, aunque esto ya parece ser lo de menos viendo la deriva catastrófica en que estamos instalados desde hace décadas sin viso de solución. Sobre esto ya se ha hablado en el foro muchísimo en otras épocas, con muchos hilos abiertos.

    La misa del Novus Ordo es una misa fabricada en los años 60 para ser "visualizada" y oída plenamente, para ello dieron la vuelta al cura para ponerlo de frente al público y pusieron micrófono y altavoces, para que el feligrés le oyera y comprendiera, algo normal hoy, pero que en su día era escandaloso y suscitó la rabia de un Rafael Gambra.

    Las disquisiciones y denuncias sobre abusos de la TV, normalizando la retransmisión de misas, nunca pueden ser árboles que impidan tapar el bosque de la heterodoxia del Novus Ordo. Y que estos abusos pasan por lo mismo que pasaron aquellos, porque todo el mundo tragó, traga y tragará lo que los jefes manden, so pena de salirse del rebaño.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  4. #4
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    Re: Observaciones sobre la Misa en tiempo de pandemia

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    Sacerdotes, ¿es que vais a “desinfectar” a Cristo? Por Milenko Bernadic 28 mayo 2020


    ¡Por fin podemos ir a misa!, Exclamaron tantos fieles después de la reapertura de las iglesias en muchos países. Pero, ¿ha ocurrido algo mientras tanto? ¿Hay algún elemento nuevo? ¿Existen nuevas normas litúrgicas?Por desgracia, existen, y todavía peores que las anteriores. Se han dado las indicaciones de determinadas conferencias episcopales, de Italia por ejemplo como las que más, y que no son otra cosa que catastróficas. Más que eso: sacrílegas. El vaticanista Edward Pentin también ha puesto el dedo en la llaga:

    [Las imágenes de la distribución de la comunión hoy (18 de mayo) en Roma y a lo largo de Italia. Debido al decreto firmado por el gobierno y los obispos, los sacerdotes deben utilizar la mascarilla y los guantes para dar la comunión]Aparte de todo esto – como también está ocurriendo en España – se deben utilizar geles desinfectantes para que los sacerdotes puedan desinfectar las manos - ¿de Jesucristo? – antes y después de dar la comunión. Pero enseguida surge la pregunta: ¿qué está ocurriendo con las partículas del Cuerpo de Cristo que quedan adheridos en los guantes o las manos? ¿Se están desinfectando como si fueran veneno - ¡libranos Señor! – mientras que los guantes con las partículas del Corpus se tiran a la basura? Está ocurriendo precisamente eso; de eso se trata y no soy el único que se está dando cuenta de esta dimensión blasfema de las nuevas rúbricas.

    Un buen sacerdote italiano, Leonardo Ricotta de la parroquia de San Águeda en Sicilia, ha condenado en su homilía del 18 de mayo las medidas de la Conferencia Episcopal Italiana como “blasfemas”, llamando esas misas – con toda razón – “carnicería eucarística”. “Antes no daré la comunión en absoluto, que cometer un sacrilegio”, comunicó a los fieles. Resultado: el sacerdote suspendido. A esos obispos les importa más que alguien se rebele contra sus medidas, que dar a Dios debido culto y honor. ¿Qué habrá pensado el obispo? ¿Esto?: “¡Por fin! ¡Me ha venido de perla esta declaración de este elemento que no soporto más! ¡Por fin puedo librarme de este “anticuado!”


    Por desgracia, no está mucho mejor – si podemos usar este término – ni en España, Portugal o Croacia por ejemplo. No hablemos de Alemania y algún que otro país más. “Es imprescindible la desinfección de las manos de los que distribuyan la comunión – comentario: porque se presupone que dan por hecho que no solamente los curas la dan – antes del mismo acto de la distribución,…”. ¿Es que Cristo no sigue adherido en las manos? ¿Es que Cristo es veneno? ¿Es que no veis qué maldición estáis invocando sobre vosotros mismos y todo el pueblo? ¿Cómo que no tenéis miedo de Dios? Pues, deberíais.

    A lo largo del mundo está pasando algo parecido, algo por lo que un fiel debe implorar a Dios lleno de aflicción: “Oh Dios, vinieron los gentiles a tu heredad; el templo de tu santidad han contaminado;” (Sal 79,1). Dejaron a Dios de lado, y empezaron a adorar a la criatura, colocando al hombre y su supuesta salud corporal en el primer lugar. ¿Pero cómo puede irle bien al hombre, si ofendéis a Dios? Tienen miedo de Cristo:Autoservicio”, las mujeres distribuyendo la comunión con mascarillas esas de plástico transparente como si estuviéramos en un módulo de guerra biológica, y un largo etc.

    Etc, hasta el infinito. O mejor dicho, hasta algún círculo infernal de Dante. ¿Pero de dónde viene todo esto? ¿Es que con esto se empezó ayer, o hay algo que no empezó nada más que desde ayer?

    Volvamos a la segunda mitad de los sesenta del siglo pasado, cuando yo y mi generación teníamos la gracia de recibir el Cuerpo de Cristo. En aquellos años no disponíamos de fotos ni de tantos aparatos, pero más o menos eso ha sido como aquí abajo, que gracias a Dios todavía se puede encontrar si se busca:
    Nos daban fotos piadosas llenas de devoción y recogimiento, con el Señor dando la comunión a los niños y niñas puestos de rodillas en un reclinatorio, con un ángel al lado de ellos. Luego, prestemos atención: las mujeres iban siempre con la cabeza cubierta, porque ya el Papa y mártir Lino, el primer sucesor de San Pedro, determinó canónicamente – antes de él lo dejó en sus cartas San Pablo, algo que formó parte del Nuevo Testamento – que las mujeres deben llevar el velo en las iglesias, por razones de culto, no culturales como ahora lo están diciendo. Esa disposición perdura hasta la reforma litúrgica posconciliar del 1970 (formalmente promulgada), que supuestamente tenía que traernos tantos bienes. Tanto nos hablaron de eso, mientras nos escondían la auténtica fe católica que ellos pervirtieron.

    Si no me creéis, mirad los frutos por doquier. España en concreto no dejó de ser católica porque la gente dejó de ir a la misa, sino porque se degradó la liturgia por los que tuvieron que cuidarla; porque molestaba el tomismo y el Trento en los seminarios; porque en algunos otros se formaron CC.OO. en vez de enseñar la fe; porque... Los fieles no pidieron nada de eso. El enemigo se infiltró dentro, eso es lo que ha pasado. El enemigo ocupó altas sillas y puestos, y los buenos fueron perseguidos. Eso es lo que hicieron los herederos de Judas. Así nos enseñaban como si las únicas disposiciones de la Iglesia fueron los de los años sesenta y posteriores; como si se hubiese una nueva religión de alguna manera. Novus Ordo Missae para el Novus Ordo Seclorom.

    Las rúbricas litúrgicas anteriores a la reforma conciliar (inmediatamente posterior al Segundo Concilio Vaticano) han sido llenas de cuidado extremo para con el Señor en la Hostia y el Cáliz. Después de la consagración, el sacerdote ya no separaba el pulgar y el dedo índice con los que había sujetado el Cuerpo de Cristo, sino incluso tendría el cáliz cogido con los tres dedos restantes para no separar aquellos dos dedos. Para que no se desprenda ninguna partícula del Cuerpo de Cristo, por si acaso. Después de la comunión, el sacerdote se lavaría los dedos con un poco de vino que no se había utilizado en la consagración, para beber luego del cáliz después de enjuagarlo por dentro de esta forma. Después, haría lo mismo con un poco de agua. Solamente esto último quedó en la reforma conciliar. Lo que es inimaginable es que los restos de Cuerpo de Cristo se “laven” sin más, “desinfecten”, o incluso se tiren a la basura.

    Entonces también hacía el calor, pero todo el mundo iba a misa con las mangas largas. Las mujeres no iban a la iglesia llevando pantalones, ni siquiera fuera de la iglesia. Así hasta la revolución sexual del 68. La que de alguna manera entró dentro entre nosotros, hasta en las filas eclesiales y mentalidades. No hace falta ni recordar que todos recibíamos la comunión de rodillas, y en la boca por supuesto, en el primer escalón justo enfrente del altar, con toda la devoción. Hasta un lelo podía ver y percibir que allí se recibía algo grande y sagrado. La forma de recibir la comunión era una catequesis más, de las más importantes. No pudo ser de otra forma. Cualquiera que recibía la comunión percibía con todos los sentidos que está inmerso en algo majestuoso. Gran temor de Dios, recogimiento, devoción y dignidad sobrecogía a todos, a los grandes y pequeños. Ir a la iglesia significaba ir a un lugar santo y divino. Esa percepción entraba en el alma por medio de los ojos y oídos, por medio de todo que pudiste ver, oír y vivir.

    Pero el giro sustancial tuvo lugar con la protestantización del culto católico, realizado con la mencionada reforma litúrgica del Novus Ordo. Reflejada en un millón de cosas, pero de modo muy plástico mediante la comunión en la mano. De pronto llega la costumbre de Alemania, Holanda, etc. – y también muy especialmente con los neocatecumentales – de comulgar en la mano, costumbre que prácticamente se impone durante décadas. Nos decían que supuestamente los primeros cristianos recibían la comunión de esa manera, pues nosotros también debemos hacerlo. Pero aquellas costumbres del primer siglo que no nos encajan, pues esas como que no si no coinciden con lo que nos place hacer ahora. En el fondo, lo que importa son sus planteamientos, a los que sujetan todo lo demás a su capricho.

    Por supuesto que también en la primera Iglesia enseguida se implantó la costumbre de recibir a Cristo de rodillas y en la boca - ¿cómo de otra forma recibir a Dios por aquellos que no tienen las manos ungidas para el sacerdocio? – pero a ellos eso no les interesa. Ellos cogerán de lo antiguo solamente aquello que puedan aprovechar para su visión modernista. En el fondo, engañan a los no instruidos e ingenuos. Junto con eso, colocaron algo que posiblemente era lo primero
    para ellos: “las razones higiénicas”. Para que no se contagie alguien. De pronto, ahora esa es la preocupación. Cuando más detergentes hay en casas, ahora es el problema el contagio. Después de veinte siglos esa cuestión llega a plantearse. Porque se quedaron sin fe. De modo que de aquellas “razones higiénicas” de hace unas cuatro décadas especialmente, hasta la comunión del coronarégimen, faltaba solamente un paso.

    Y así, allí está el resultado, lo tenéis ante vuestros ojos: ofendéis a Cristo Dios, y por estos sacrilegios os espera – junto con todo el mundo – un duro castigo. Porque, podemos hablar de la política lo que queramos, pero esta cuestión es la principal. De la situación en la Iglesia depende la situación en el mundo entero. Mirad el caso de derrumbe moral y espiritual en España de las últimas décadas: ha sido por eso, porque la sal dejó de ser la sal, y no tiene con qué salar. Si a Dios no se da el culto “en espíritu y verdad”, ay a todos nosotros. La mano de la justicia divina caerá sobre todos nosotros. De nada os servirán vuestras medidas de precaución con las que cuidáis vuestro cuerpo por encima del alma.
    Y si no dais el giro del 180º, así nos será a todos.

    https://elcorreodeespana.com/opinion/920984366/Sacerdotes-es-que-vais-a-desinfectar-a-Cristo-Por-Milenko-Bernadic.htm
    Última edición por ALACRAN; Hace 4 días a las 18:41
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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