Lo que afirmaban el Duque de Wellington y Winston Churchill, lo cierto es que era verdad. Pero no hay que darle mayor importancia y, desde luego, no hacer extensiva tal situación a toda la sociedad británica. Y voy por partes.

La situación de la oficialidad de cualquier ejército no suele tener nada que ver con la soldadesca. Los criterios morales, el honor, el sentido de patria, etc., lo encontramos entre los oficiales y, más excepcionalmente, un tanto por ciento minoritario de los soldados. Para la mayor parte de éstos, esos elementos que mueven a los oficiales no son sino privilegios de clase. Es algo que se ha dado en el pasado, se da, y se dará, mientras la oficialidad (incluye el generalato), sea quien dé las órdenes. Si no se combatía por la patria y el honor, se hacía por la fuerza y la botella. Están excluidos aquellos hombres que en todos los pueblos fueron a la guerra por convicción religiosa. Pero ejemplos de destrucción moral del combatiente lo encontramos en todas partes. Los norteamericanos en Viet-Nam perdieron una generación no sólo a causa de la guerra en si, sino también por el alcoholismo y las drogas. Otra gravísima consecuencia fueron los llamados "hijos del viento", o sea, madre vietnamita y padre americano, que siendo inocentes en sí mismos la mayoría se vio obligada a vivir sin padre y en unas condiciones inhumanas. Otro ejemplo totalmente distinto y en una época ya remota: la expedición de Alejandro Magno hasta la India. La guerra no sólo destruye físicamente a las tropas, deshace moralmente a los hombres y cada uno de ellos responde del modo que puede ante una causa de fuerza irresistible. Por tanto, las quejas del Duque y las del señor Prime Minister, estando fundadas, no estaban bien comprendidas por ellos.

Y eso es algo distinto de lo que se da en las sociedades, particularmente las de hoy. Resulta que los mayores índices de alcoholismo se dan en Rusia y en el País Vasco. En este último en buena medida a causa de la existencia de "la cuadrilla", y por la falsa asociación entre hombría y capacidad de resistir a la borrachera. ¿Y qué se puede decir de la costumbre más reciente de los "viajes discotequeros" Alemania-Ibiza/Ibiza-Alemania en apenas 24 horas? No cabe duda de que cuando en un país como Bélgica hay unas 400 marcas de cerveza es por algo, no porque sea un modo de competir al estilo fallero sólo que con cerveza. Yo resido en un pueblo con 4.000 habitantes censados, pues tiene, que yo haya contado mentalmente, 25 bares. O sea, uno cada 160 habitantes que, si descontamos niños menores de 16 años, ancianos, impedidos, las monjas del convento, el cura, yo mismo que soy abstemio...etc., se podría comprobar que hay muchos menos clientes potenciales. Pero, además, es que si uno se toma la molestia de darse unas vueltas por ellos durante unos cuantos días, podrá comprobarse que la clientela en todos es siempre la misma. Vamos, que está formada por 150 ó 200 individuos además de los que vienen en fin de semana y vacaciones. Y podemos elaborar un exhaustivo listado de situaciones similares, porque cuando en un sólo barrio antiguo de alguna de nuestras ciudades de provincia, o en algunos pueblos, hay más bares que en toda Suecia, es para pensarlo. Por otra parte, este fenómeno no está extendido de un modo homogéneo. Aquí, en Gran Bretaña, en Portugal, ya que Irmao de Ça lo incluye, hay regiones en las que se beberá muy poco, y en otras en las que el ambiente es irrespirable. Y nos olvidamos de las costumbres romanas tan "edificantes" ellas, tanto que la imagen popular me la ofreció un alumno hace ya unos cuantos años al preguntarme: "¡Oiga! ¿esos romanos no eran unos tíos muy raros que siempre estaban borrachos?" (sic), o sea, textual.

O sea, no mezclemos las churras con las merinas, que nada de esto tiene que ver con Gibraltar o con las Malvinas.

Luego, no sé quien inventó "el botellón", pero es algo muy "español" agarrarse una cogorzas monumentales todos los fines de semana porque sí, porque es "divertido" caerse redondo al suelo sin conocimiento. ¿Y en qué han convertido los "sanfermines" en cuanto se termina el encierro de cada día? Y tal "costumbre", se ha ido extendiendo a todos los pueblos y ciudades pequeñas de este país. O sea, el verano entre fiestas locales, los chiringuitos playeros, los pubs y las discotecas de las zonas costeras, han transformado a España en la "gran borrachería de Europa". Eso si, nos podemos consolar con el hecho de que en todos esos ambientes abundan los "guiris". No se puede meter el dedo en el ojo ajeno, cuando los nuestros están inflamados por el alcohol y la falta de sueño.

Pero esto tiene una causa, la completa decadencia moral de nuestras sociedades y la pérdida absoluta de la fe, fenómenos acelerados hoy en día, pero en modo alguno exclusivamente modernos.