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Tema: Guerra de los Cien Años

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  1. #1
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    Re: Guerra de los Cien Años

    Últimas acciones de Enrique V


    Desplazado de este modo de la línea sucesoria el delfín Carlos, hijo de Carlos VI, todos creyeron que Enrique V legaría ambos tronos a su hijo Enrique, que tenía a la sazón unos pocos meses. Pero por una ironía de la historia, Enrique V murió inesperadamente en 1422, antes que Carlos VI. Dos meses más tarde lo siguió a la tumba el rey de Francia. Los hechos se precipitaron entonces. Incumpliendo el Tratado de Troyes, Francia decidió coronar al delfín Carlos en lugar de al niño Enrique VI como estaba pactado.


    Otra vez, la guerra


    La respuesta inglesa fue coronar al bebé como rey de Inglaterra y de Francia. Decidiendo eliminar al rey Carlos VII, al que la teoría inglesa consideraba un usurpador, invadieron nuevamente Francia y pusieron sitio a Orleáns, última ciudad del reino que permanecía fiel al atrapado rey francés. Todo parecía indicar que Carlos VII tendría que ceder a las pretensiones del rey-niño de Inglaterra. Sin embargo, la historia de la Guerra de los Cien años daría aquí (1428) un inesperado giro, de la mano de una ignota muchacha campesina.


    Juana de Arco, la Doncella de Orleans


    Una joven iletrada nacida en Domrémy, llamada Juana de Arco, creía haber sido elegida por Dios para librar a su país de los ingleses. Con 17 años de edad, consiguió reunir un grupo de soldados y librar en 1429 a Orleáns del asedio inglés.


    La victoria de Juana motivó y concienció a soldados y campesinos franceses y les mostró un camino a seguir y un líder a quien imitar. A este triunfo de la Doncella de Orleáns (como se la conoció desde entonces) siguieron otros, como los de Troyes, Châlons y Reims, donde, en presencia de la joven, Carlos VII fue formalmente coronado.


    A partir de este punto, la campaña militar de Juana comenzó a caer en una espiral descendente: fue derrotada en París y Compiègne y finalmente, cayendo en desgracia, fue capturada en 1430 por las tropas de Juan II de Luxemburgo-Ligny que servían al duque de Borgoña, Felipe.


    Los jefes militares franceses, envidiosos del éxito de la joven, habían estado conspirando a sus espaldas. Temían el ascendiente que Juana estaba tomando sobre el rey Carlos y, sobre todo, les aterrorizaba el hecho de que la intervención divina (a través de Juana) estaba convirtiendo la guerra feudal que era la Guerra de los Cien Años en una lucha nacional y popular.


    Fue entregada a los ingleses, juzgada por la Inquisición bajo la acusación de hechicería, condenada a muerte y quemada en la hoguera en Rouen (1431).


    Francia se hace más fuerte


    La situación se volvía complicada. Francia tenía ahora dos reyes. Coronado Carlos VII en Reims, los ingleses entronizaron en París a su propio rey, Enrique VI, apoyado solamente por Felipe de Borgoña. Con inteligencia, los franceses partidarios de Carlos llegaron a un acuerdo con Felipe, remarcando aún más el aislamiento en que se encontraba Enrique. Este episodio sucedió en 1435 y se conoce como Tratado de Arras.


    Inglaterra necesitaba imperiosamente a Borgoña como aliado militar. Falta de él, los carolinos atacaron y ocuparon París al año siguiente.


    Como precaución en caso de que el conflicto se prolongara (medida clarividente, porque el fin de la guerra tardó aún veinte años en llegar), Carlos VII aprendió de los errores de su antecesor y, reestructurando profundamente al ejército francés, logró dotar a su corona de un ejército permanente por primera vez en la historia. Francia lograba así una fuerza militar profesional, entrenada, preparada siempre para entrar en acción y aguerrida, en vez del grupo desorganizado de entusiastas caballeros y campesinos feudales que se reunía de cualquier modo en los momentos más inesperados, y que había favorecido al éxito enemigo en tantas oportunidades.


    Como es lógico, la reforma militar no tendría éxito si no se acompañaba de profundos cambios en la economía, la infraestructura, las finanzas y la propia sociedad. Habiendo reconstruido las finanzas del reino, Carlos mandó construir un impresionante conjunto de fortificaciones militares, canalizaciones hidráulicas, puertos seguros y una mejor y más consistente base de poder para sí mismo.


    Luchas intestinas en Francia



    Los ingleses no eran el único problema de Carlos VII: el hambre y las pestes venían persiguiendo a su dinastía desde el principio mismo. El comienzo del siglo XIV había encontrado a toda Europa sumida en una profunda crisis económica cuyas causas permanecen ocultas incluso para los historiadores del siglo XXI. Esta crisis se había ensañado particularmente con Francia (campo de batalla de largas y furiosas guerras y reyertas) y afectaba en especial la producción agrícola, las fábricas industriales y el comercio, que en el siglo XIII habían significado tanto para Europa.


    Ahora, tras los centenarios saqueos e incendios provocados por los invasores, Francia pasaba hambre una vez más y, como parece lógico, la peste volvió a hacer su aparición. Así, los nobles de la Casa de Anjou, viendo que el monarca pretendía proseguir la guerra hasta las últimas consecuencias, comenzaron a conspirar contra él y convencieron a su hijo Luis (el futuro Luis XI de Francia) de que se plegara a la conjura.


    Carlos consiguió sortear el peligro que amenazaba aislarlo y dejarlo sin poder. Para acrecentarlo, estableció una ventajosa alianza con Suiza y con varios reinos de Alemania. A pesar del respiro que este apoyo le procuró, Carlos sin embargo era consciente de que continuaba gobernando un país inestable, muerto de hambre, que ya casi no producía cereales, cercado por la peste y con la siempre presente espada de Damocles representada por su poderoso vecino inglés que en cualquier momento podía decidir invadirlo y atacar de nuevo.


    Los problemas de Inglaterra


    Su enemigo, sin embargo, no se encontraba en mejor forma: de la soberbia victoria en Agincourt habían pasado a la humillante derrota de París.


    Enrique VI era aún menor de edad, y afrontaba problemas parecidos a los de Carlos: luchas, recelos y rivalidades entre los nobles y príncipes reales de su casa.


    Buscando serenar la situación internacional, el joven rey solicitó y obtuvo la mano de Margarita de Anjou, sobrina de su rival Carlos VII, con la que se casó en 1444. Una vez casados, la posibilidad de una paz de compromiso basada en los lazos familiares se vislumbraba cercana.


    Sin embargo, de las dos facciones en que se habían dividido los ingleses, una estaba en favor de la paz (encabezada por Juan de Beaufort, duque de Somerset). Pero la otra preconizaba la guerra y su prosecución hasta el exterminio. Sus jefes eran Humberto, duque de Gloucester y Ricardo, duque de York.


    Para colmo de desgracias de los ingleses, Enrique VI comenzó a seguir los pasos de Carlos VI, el enemigo de su padre. Poco a poco comenzó a mostrar síntomas de locura, que pronto se convirtieron en una clara, permanente e incapacitante demencia.


    El fin de la guerra y la victoria de Francia






    Las reformas y mejoras realizadas por Carlos VII rindieron sus frutos: lentamente la presión francesa comenzó a hacer retroceder al enemigo y fue poniendo sitio y reconquistando, paso a paso, todas las posesiones inglesas en tierra francesa. Sin el apoyo borgoñón, los ingleses debieron entregar Normandía en 1450 y la preciada Aquitania en 1453. Ese año, que hoy se considera el del final de la guerra, la única posesión que se permitió conservar a los ingleses fue la ciudad costera de Calais.


    Una vez desaparecidos los motivos del conflicto, la guerra terminó silenciosamente. Ni siquiera se firmó un tratado que certificara la paz añorada pero nunca alcanzada durante más de un siglo.


    Las consecuencias


    Enfermo Enrique VI, Inglaterra quedó, tras el fin de la Guerra de los Cien Años, en manos de Somerset y York, enemigos declarados y absolutamente enfrentados ideológicamente (Gloucester estaba en prisión). Guiados por intereses personales, no se preocuparon por consolidar la flamante paz, sino que embarcaron a su país en una sangrienta guerra civil dinástica que se conocería como la Guerra de las Dos Rosas.


    En Francia, por su parte, la monarquía y el absolutismo fueron consolidados por Luis XI, hijo de Carlos VII. Luego de grandes conquistas (Borgoña y Picardía, por ejemplo), la Casa de Valois se extinguió como lo había hecho antes la de los Capetos.


    Estas caídas prefiguraban el fin de los estados feudales y el comienzo de la Europa Moderna que se harían realidad en el siglo siguiente.
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

  2. #2
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    Re: Guerra de los Cien Años

    Principales batallas de la Guerra de los Cien Años


    Batalla de Sluys (victoria inglesa)
    Batalla de Crecy (victoria inglesa decisiva)
    Sitio de Calais (victoria inglesa decisiva)
    Batalla de Saintes (victoria inglesa)
    Batalla de Ardres (victoria francesa)
    Combate de los Treinta (combate correspondiente a la Guerra de Sucesión Bretona, victoria francesa)
    Batalla de Poitiers (victoria inglesa decisiva)
    Batalla de Cocherel (1364) (victoria francesa)
    Batalla de Auray (combate correspondiente a la Guerra de Sucesión Bretona, victoria inglesa)
    Batalla de Nájera (combate correspondiente a la Primera Guerra Civil Castellana, victoria anglocastellana)
    Batalla de Montiel (combate correspondiente a la Primera Guerra Civil Castellana, victoria francocastellana)
    Batalla de Agincourt (victoria inglesa crucial)
    Batalla de los Arenques (victoria inglesa durante el Sitio de Orleans)
    Sitio de Orleans (victoria francesa decisiva)
    Batalla de Jargeau (parte de la campaña del Loira, victoria francesa)
    Batalla de Beaugency (parte de la campaña del Loira, victoria francesa)
    Batalla de Patay (victoria francesa crucial)
    Batalla de Formigny (victoria francesa decisiva)
    Batalla de Castillon (última batalla de la guerra, victoria francesa final)
    Personajes relevantes


    Anteriores a la guerra


    Carlos IV de Francia
    Eduardo I de Inglaterra
    Eduardo II de Inglaterra
    Enrique II de Inglaterra
    Enrique III de Inglaterra
    Felipe II de Francia
    Felipe IV de Francia (el Hermoso)
    Felipe V de Francia (el Largo)
    Felipe VI de Francia (Felipe de Valois)
    Guillermo el Conquistador
    Hugo Capeto
    Jacques de Molay
    Leonor de Aquitania
    Luis VI de Francia
    Luis VII de Francia
    Luis VIII de Francia
    Luis IX de Francia (San Luis)
    Luis X de Francia (el Obstinado)
    Contemporáneos de la guerra


    Arturo, conde de Richemont
    Bertrand du Guesclin
    Carlos V de Francia
    Carlos VI de Francia
    Carlos VII de Francia
    Carlos d´Albret
    Conde de Arundel
    Enrique II de Castilla
    Enrique IV de Inglaterra
    Enrique V de Inglaterra
    Enrique VI de Inglaterra
    Enrique VII de Inglaterra
    Enrique de Beaufort
    Felipede Borgoña
    Gilles de Rais
    Humberto de Gloucester
    Juan II de Francia
    Juan de Gante
    Juana de Arco
    Mariscal Boucicault
    Juan Sin Miedo
    Pedro el Cruel
    El Príncipe Negro
    Ricardo II de Inglaterra
    Ricardo de York
    Sir Juan de Cornwall
    Posteriores a la guerra


    Luis XI de Francia
    Margarita de Anjou
    Ricardo III de Inglaterra
    Otras guerras y campañas satélites de la Guerra de los Cien Años


    Cronología


    Cronología de la Guerra de los Cien Años


    1337: Felipe VI confisca el ducado de Aquitania como represalia a la protección que Eduardo III dispensaba a Roberto de Artois, enemigo del rey francés. Eduardo reclama sus derechos al trono francés y se niega a rendir vasallaje ante Felipe.


    1339: Eduardo III inicia las operaciones terrestres contra Francia.


    1340: los ingleses vencen en la batalla naval de Sluys, lo que descarta la invasión francesa de Inglaterra, y lleva a que la guerra se desarrolle en territorio de Francia. Pero las deudas obligan a Eduardo III a pactar una tregua.


    1346: Eduardo desembarca en Francia con un ejército, que el 26 de agosto consigue la victoria de Crécy, donde mueren o son hechos prisioneros muchos nobles franceses. El botín es inmenso.


    1346: los ingleses vencen a los escoceses, aliados de los franceses. La paz entre Inglaterra y Escocia se establece en el Tratado de Berwick.


    1347: los ingleses toman Calais, que permanecería en su poder hasta 1558.


    1348: se suspenden los enfrentamientos debido a la peste negra.


    1350: Juan II es coronado nuevo rey de Francia. El conde de Armañac, vasallo de Aquitania, proclama su lealtad a Juan.


    1355: el hijo de Eduardo, del mismo nombre que su padre, pero que la Historia conoce como el Príncipe Negro, desvasta Armañac. Avanza hasta el Mediterráneo y regresa arrasando todo a su paso.


    1356: Juan II avanza hasta el Loira. En Poitiers obtiene una gran victoria ante los franceses, a pesar de que su ejército está agotado y en clara desventaja numérica. Juan II es hecho prisionero, junto con muchos nobles.


    1358: Francia padece un levantamiento campesino y una revuelta en París.


    1360: Eduardo III llega a París y se firma la Paz de Brétigny, por la cual se reduce el rescate por Juan, los ingleses pasan a dominar un territorio que comprende desde los Pirineos hasta el Loira y Eduardo renuncia a sus derechos sobre la corona francesa. Sir Ricardo Knolles conduce una expedición que ataca la costa francesa pero es derrotado.


    1363: Juan de Gante intenta triunfar donde fracasó Knolles. Al mando de una gran fuerza expedicionaria inglesa ataca nuevamente la Francia continental y sufre un resonante revés.


    1369: el condestable de Francia, Bertrand du Guesclin, ataca Aquitania evitando una confrontación abierta.


    1375: se firma en Brujas una tregua por dos años. Los ingleses conservaban únicamente Calais y una estrecha franja entre Bayona y Burdeos. Sin embargo, los combates continúan en forma esporádica.


    1396: se firma otra tregua.


    1399: el futuro Enrique V, de doce años, es armado caballero por el rey Ricardo II. Al poco tiempo, el soberano es asesinado por Enrique IV, padre del muchacho.


    1400: el joven príncipe es enviado a luchar contra los irlandeses rebeldes.


    1402: vence a los galeses.


    1403: Hotspur y Percy, generales de Enrique IV, se rebelan contra él y el príncipe Enrique los derrota a ambos.


    1405: Inglaterra invade Francia.


    1407: nueva tregua.


    1410: segunda invasión de Francia.


    1412: tercer intento por invadir Francia. Las tres expediciones terminan con un muy moderado éxito.


    1413: muere Enrique IV y su hijo es coronado con el nombre de Enrique V.


    1415: Enrique V de Inglaterra reafirma sus derechos al trono francés, frente a la política pacifista de su padre, Enrique IV. Desembarca en Normandía con un gran ejército. Aliado con el duque de Borgoña, obtiene la victoria de Agincourt, frente a un ejército muy superior.


    1417: los ingleses toman Caen, donde Enrique V ordena la muerte de todos los varones civiles.


    1420: se firma el Tratado de Troyes, por el que Enrique V de Inglaterra se casa con Catalina de Valois, hija del rey de Francia. Enrique es reconocido además heredero al trono francés, siempre que Francia mantuviera su independencia.


    1422: muere Enrique V antes que el rey francés Carlos VI, con lo que se desencadena la lucha por la sucesión al trono francés.


    1428: una ignota campesina francesa, Juana de Arco, comienza a hacerse cargo de las operaciones militares.


    1429: los ingleses ocupan París y el norte de Francia llegando hasta Orleáns. El 4 de mayo, Juana de Arco, a la cabeza de los caballeros franceses, levanta el asedio. Juana obtiene las victorias de Troyes, Chálons y Reims. Los franceses obtienen también la victoria de Patay y Carlos VII fue coronado rey de Francia en Reims.


    1430: Juana es capturada por los borgoñones, aliados de Inglaterra, y entregada a los ingleses.


    1431: Juana muere en la hoguera, en Rouen. Enrique VI de Inglaterra es coronado rey de Francia en París.


    1435: Paz de Arrás.


    1436: Borgoña se reconcilia con Francia. Los franceses toman París.


    1444: se firma una tregua por cinco años. Enrique VI se casa con la sobrina de su rival.


    1450: Carlos VII ataca Normandía y Gascuña y aniquila al ejército inglés en Fromigny. Los ingleses comienzan a perder sus territorios.


    1453: Carlos VII toma Burdeos y Aquitania, recuperando toda Francia salvo Calais. Fin de la Guerra de los Cien Años.


    http://es.m.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_Cien_Años
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    Antonio Aparisi

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    Batalla de Sluys:



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    Batalla de Agincourt

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    Re: Guerra de los Cien Años

    Batalla de Formigny


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    Re: Guerra de los Cien Años

    Juana de Arco
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    Re: Guerra de los Cien Años

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    Re: Guerra de los Cien Años

    ISABELLA DE FRANCIA, Reina de Inglaterra



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    Isabella de Francia




    Conocida con el sobrenombre de "La Loba de Francia", la reina inglesa Isabella Capeto nació en París probablemente entre mayo y noviembre de 1295. Fue la penúltima de los hijos del rey Felipe IV de Francia, conocido como "el Hermoso", y de la reina Juana I de Navarra. Tres de sus hermanos ocuparon el trono francés: Luis X, Felipe V y Carlos IV. Su madre murió cuando la princesa era todavía muy joven. Isabel se crió en los alrededores del Castillo del Louvre y el Palais de la Cité en París. Fue atendida por Theophania de Saint-Pierre, su nodriza, quien le dio una buena educación y enseñó a leer, desarrollando la princesa amor por los libros.


    Como hija de reyes, la joven tenía su destino marcado desde su nacimiento, que no era otro que servir como peón para los intereses políticos de Francia. Cuando era una niña, su padre concertó su matrimonio con el heredero de la corona inglesa, Eduardo, príncipe de Gales, con la intención de resolver los conflictos entre ambos reinos por los territorios de Gascuña, Anjou, Normandía y Aquitania. Sin embargo, el matrimonio fue retrasado por disputas sobre los términos del contrato matrimonial. El rey inglés, Eduardo I, trató de romper el compromiso varias veces para sacar provecho político y sólo después de su muerte se procederá a la boda.







    Finalmente, la princesa francesa contrajo matrimonio con Eduardo II de Inglaterra en la ciudad de Boulogne-sur-Mer, el 25 de enero de 1308. En este momento la joven novia probablemente tenía doce años. La reina Isabella fue celebrada por su belleza. El cronista Geoffrey de Paris la describió como "la bella entre las bellas ... en el reino sino en toda Europa". Probablemente esta descripción no era simples halagos de un cronista adulador, ya que el padre y los hermanos de Isabel fueron considerados hombres muy guapos por sus contemporáneos, y su marido le regaló el sobrenombre de Isabella the Fair (la bella).


    A pesar de ello, su hermosura no logró atraer lo suficiente a su marido, que prefería la compañía de su favorito de entonces, Piers Gaveston, casado con una sobrina de Eduardo, Margarita de Clare y había sido nombrado conde de Cornualles. La conducta de Gaveston durante la coronación de Isabel como reina de Inglaterra escandalizó a los nobles, puesto que hizo su aparición vestido en púrpura real en lugar de la ropa de oro propia de un conde, acaparando completamente la atención del rey, quién ignoró a su familia y a su hermosa esposa. Después se descubrió que Eduardo II le había regalado todo el oro y las joyas que había recibido como regalos de boda.







    La reina escribió poco después a su padre asegurándole ser “la más desgraciada de las mujeres” pues el esposo que le había tocado en suerte era “un completo extraño en mi cama”. Pese a todo, la pareja pudo engendrar cuatro hijos - se sabe que la reina sufrió, por lo menos, un aborto-, entre ellos el futuro Eduardo III. En una ocasión, Eduardo llegó a abandonarla a su suerte en la peligrosa localidad escocesa de Tynemouth. Milagrosamente, Isabella logró escapar de las huestes de Roberto Bruce y llegar a las costas inglesas.


    Piers Gaveston fue asesinado por dos soldados galeses que le atravesaron con sus espadas antes de decapitarlo. Eduardo II, al tener conocimiento de los hechos, reaccionó con furia en un primer momento, que terminó convirtiéndose en un frío odio y deseo de destruir a los asesinos de Gaveston. Diez años después, vengó su muerte al conseguir que el conde de Lancaster fuera ejecutado.

    Después de la desaparición de Gaveston, Eduardo encontró un nuevo amante Hugo Despenser. Hugo se convirtió en su favorito, dominando la voluntad del rey y ganando un enorme poder en la corte, animado por su ambicioso padre y por su igualmente ambiciosa esposa Leonor de Clare, hermana de la viuda de Piers Gaveston. Hugo era tan vanidoso como Piers y más violento que él, ganándose el odio y el desprecio de la reina Isabella.






    La situación en el país empeoró, puesto que la familia del nuevo amante del rey ejercían el poder de forma autoritaria. En 1321, embarazada de su hijo menor, Isabel le rogó dramáticamente a su esposo que desterrara para siempre del reino a Despenser. El rey exilió a Despenser pero en ese año lo reintegró a la corte. Esto, acabo por volver a la reina totalmente en su contra.


    Isabella ayudó a Roger Mortimer a escapar de la Torre de Londres, donde su marido lo había encarcelado por oponerse a los Despenser en 1323. Los Despenser aprovecharon la creciente tensión diplomática con Francia, a la sazón gobernada por Carlos IV, hermano de Isabel, para acusar a la reina de espía. Parece ser que el propósito de Hugo Despenser, ya fuera por interés, por patriotismo o por amor, era conseguir la anulación papal del matrimonio de Eduardo.






    En 1325, ansiosa por escapar de su marido y de la vigilancia a la que era sometida en la corte por parte del favorito Depenser, Isabella se ofreció a viajar hasta Francia para convencer a su hermano de devolver a Inglaterra las tierras que le había arrebatado y consiguió que dejaran salir del reino a su hijo, el príncipe Eduardo de Gales, con el pretexto de que era conveniente que rindiera homenaje al rey de Francia.

    En Francia se reencontró con Roger Mortimer, convirtiéndose en su amante. Enterado de esto, el rey inglés exigió el retorno de su esposa. Pero el rey Carlos IV se negó a expulsar a su hermana de Francia. Isabel y Roger Mortimer abandonaron la corte francesa en el verano de 1326. Marcharon hacia la corte del conde Guillermo III de Hainault, cuya esposa era prima de Isabella. Hainault les dio la ayuda armada que necesitaban, a cambio del compromiso matrimonial de su hija Felipa con el futuro rey Eduardo III.






    El 21 de septiembre de 1326, Isabella y Mortimer, al mando de su ejército mercenario, arribaron a las costas de Suffolk. Eduardo buscó apoyo tanto en los barones, como en las diferentes ciudades por las que el ejército invasor tendría que pasar, pero ahora la reina gozaba de gran popularidad al ser vista como la insatisfecha esposa de un desviado. Isabella fue capaz de saltar de ciudad en ciudad con un ejército extranjero totalmente equipado y conseguir nuevos adictos a su causa.

    El rey había escapado poco antes hacia el oeste, buscando un apoyo que no encontraría en ninguna parte. Eduardo ofreció mil libras por la cabeza de Mortimer. Isabella respondió aumentando a dos mil la oferta, pero por la cabeza de Hugo Despenser. El otro individuo más buscado por los sublevados, Despenser el Viejo, huyó a Bristol donde se topó con el ejército de Isabella. Murió asesinado.





    Eduardo y Hugo fueron finalmente capturados. Hugo trató de morir de hambre antes de su juicio, sin embargo, no tuvo éxito y fue encontrado culpable de alta traición y fraude. Se le condenó a ser colgado, desollado y descuartizado. Además fueron vaciadas sus entrañas y cortados sus genitales, y éstos quemados por haber separado al rey de la reina. Su cabeza fue puesta en una pica en la Torre de Londres.


    A Eduardo le obligaron a abdicar a favor de su hijo en enero de 1327, pero como todavía era menor de edad, la reina quedó como regente. En la práctica, era el amante de la reina quien tenía el poder, nombrándose “Guardián de Inglaterra”. El ex rey Eduardo fue trasladado del castillo de Kenilworth al castillo de Berkeley, en la frontera con Gales, donde en general se cree que murió el 21 de septiembre de ese año, bien asesinado por un agente de Isabella y Mortimer o por causas naturales.


    La rumorología popular decía que Eduardo II había sido asfixiado o estrangulado, incluso que murió asesinado de una forma extremadamente cruel y sádica, al introducirle por el ano un atizador al rojo vivo. Esta última versión no tiene fuertes fuentes contemporáneas para apoyarla. Algunos historiadores actuales argumentan que el rey escapó de prisión y vivió el resto de su vida en el exilio, pudiendo haber muerto en Italia hacia 1341.


    Isabella y su amante cometieron los mismos errores que tanto habían criticado. Se rodearon de favoritos y cometieron todo tipo de arbitrariedades y excesos, Isabella solo hacía caso a su amor y su relación se hacía cada vez más evidente. Desde entonces, Isabella pasó de ser una pobre reina maltratada por su marido, a ser odiada por el pueblo y por su propio hijo, cansado de su actitud impúdica. Mortimer mandó decapitar al conde Edmundo de Kent, tío del joven rey Eduardo III, desatándose la ira del monarca. Por ello un año más tarde, encabezando a un grupo de fieles, el rey entró en las estancias de su madre apresando a Mortimer. Pese a los ruegos y lágrimas de Isabella por la vida de su amante, Mortimer fue enjuiciado por traición y ejecutado en la horca en 1330.



    La reina fue confinada en el castillo Rising en Norfolk. A pesar de haber estado obligada a entregar la mayor parte de sus tierras después de haber perdido el poder, en 1331 le fue reasignada una renta anual de 3000 libras, que aumentó a 4000 seis años después. Isabella llevó un estilo de vida caro en su corte de Norfolk y recibió a embajadores, emisarios y cortesanos de todo tipo, entre los cuales se encontraban varios de los descendientes legítimos de Roger Mortimer. En 1342 hubo sugerencias de que podría viajar a París para participar en las negociaciones de paz, pero con el tiempo este plan fue anulado. También fue designada para negociar con Francia en 1348 y participó en las negociaciones con Carlos II de Navarra en 1358.


    Cuando David II de Escocia fue hecho prisionero por Eduardo III en 1346, Isabella se reunió con su hija Joan (conocida popularmente como Joan de la Torre, por las visitas que hacía a su esposo), que cuidaría de ella hasta el final. El rey y sus hijos a menudo la visitaban. Ella adoraba a sus nietos, entre ellos Eduardo, el llamado Príncipe Negro y heredero de la Corona. Ella seguía interesada en las leyendas artúricas y en las joyas. En 1358 se presentó en las celebraciones del Día de San Jorge en Windsor con un vestido de seda, plata, 300 rubíes, 1800 perlas y un anillo de oro.


    A medida que se fue haciendo mayor, se mostró más interesada en la religión, visitando varios santuarios. También pudo haber desarrollado un interés en la astrología o la geometría hacia el final de su vida, recibiendo varios regalos relacionados con estas disciplinas. Isabella Capeto murió, después de tomar el hábito de clarisa, el 22 de agosto de 1358 a los 67 años de edad. Fue sepultada en la iglesia franciscana de Newgate. Su hijo desencadenó una guerra contra Francia por los derechos dinásticos que ella representaba, la llamada Guerra de los Cien años.

    MUJERES DE LEYENDA: ISABELLA DE FRANCIA, Reina de Inglaterra
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    Re: Guerra de los Cien Años

    La Guerra de los dos Pedros

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    El primer tramo de la frontera castellano-aragonesa quedó fijado a la muerte de Alfonso I el Batallador, entre 1135 y 1137 [v. mapa 59], correspondiendo con la "extremadura" soriana. A partir de allí, el resto de la línea fronteriza fue pactado [v. mapa 56].


    Cuando Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón se enfrentaron entre 1356 y 1369, no estaban en juego tierras que pudieran afectar a la integridad del reino aragonés. La "guerra de los dos Pedros" constituyó un episodio más de otra de más ancho alcance geográfico y de mayor duración, la "guerra de los Cien Años", dirimida fundamentalmente entre Francia e Inglaterra. Aragón y Castilla formaron parte de ella como aliados de aquéllos, aunque en realidad los motivos para este enfrentamiento peninsular fueron otros.


    A mediados del siglo XIV, Castilla soportaba un profundo enfrentamiento social, cuyos bandos tenían como líderes al rey Pedro I de Castilla y a su hermano bastardo Enrique de Trastámara, pretendiente al trono castellano, respectivamente. Pedro IV de Aragón apoyó a Enrique, que, a su vez, contó con la ayuda francesa, personificada en Beltrán Duguesclin y sus famosas compañías.


    El monarca aragonés tenía dos objetivos en esta lucha: incorporar el reino de Murcia a la Corona de Aragón -aspiración que data de tiempos de Jaime I, en el siglo XIII- y dominar el Mediterráneo occidental frente a Castilla y su aliada, Génova.


    La guerra, muy cruenta, abarca de 1356 a 1365, porque su prolongación, entre 1365 y 1369, fue más bien entre el monarca castellano y su hermano, que acabó por destronarlo (1369). El escenario principal estuvo en las zonas limítrofes de ambos Estados, pero, como puede verse en el mapa, el reino de Aragón soportó la peor parte. Ciudades como Teruel estuvieron varios años en poder castellano. Las alternativas se sucedieron, como la tregua de 1357, la paz de Terrer (1360) y el incumplido tratado de Murviedro (1363) El resultado para Aragón, ineficaz.

    http://ifc.dpz.es/webs/ubieto/fichasubieto/65.html
    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas
    Última edición por Michael; 23/06/2013 a las 03:29
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

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