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Tema: Guerra de los Cien Años

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    Guerra de los Cien Años

    Guerra de los Cien Años



    image.jpg




    Fecha 1337–1453
    Lugar Francia, Países Bajos y España
    Resultado Victoria de Francia y sus aliados
    Beligerantes
    Reino de Inglaterra
    Borgoña
    Reino de Portugal
    Ducado de Bretaña
    Normandía

    Reino de Francia
    Corona de Castilla
    Ducado de Bretaña
    Reino de Escocia
    Génova
    Corona de Aragón
    Reino de Mallorca
    Reino de Bohemia
    Reino de Navarra



    Fuerzas en combate


    145.000 hombres 200.000 hombres

    Bajas


    59.000 muertos y heridos(bando inglés) 53.000 muertos y heridos( bando francés)

    Guerra de los Cien Años

    Guerra de los Cien Años (1337-1360) – Guerra de Sucesión Bretona – Primera Guerra Civil Castellana – Guerra de los Dos Pedros – Guerra de los Cien Años (1369-1389) – Guerra de los Cien Años (1415-1429)



    La Guerra de los Cien Años (en francés: Guerre de Cent Ans; en inglés: Hundred Years' War) fue un conflicto armado que duró en realidad 116 años (1337-1453) entre los reinos de Francia e Inglaterra. Esta guerra fue de raíz feudal, pues su propósito no era otro que dirimir quién controlaría las enormes posesiones de los monarcas ingleses en territorios franceses desde 1154, debido al ascenso de Enrique II Plantagenet, conde de Anjou y casado con Leonor de Aquitania, al trono inglés. Tuvo implicaciones internacionales y finalmente, después de numerosos avatares, se saldó con la retirada inglesa de tierras francesas.


    Orígenes del conflicto


    La rivalidad entre Francia e Inglaterra provenía de los tiempos de la batalla de Hastings (1066), cuando la victoria del duque Guillermo de Normandía le permitió adueñarse de Inglaterra. Ahora los normandos eran reyes de una gran nación y exigirían al rey francés ser tratados como tales, pero el punto de vista de Francia no era el mismo: el Ducado de Normandía siempre había sido vasallo, y el hecho de que los normandos hubiesen ascendido al trono de Inglaterra no tenía por qué cambiar la sumisión tradicional del ducado a la corona de París.


    Primeras escaramuzas




    Enrique II Plantagenet
    A mediados del siglo XII, los duques normandos fueron reemplazados por la dinastía Anjou, condes poderosos que poseían grandes territorios en el oeste y sudoeste de Francia. El rey angevino inglés Enrique II era de hecho más poderoso que su supuesto señor, el rey de Francia, porque gobernaba un imperio mucho más rico y productivo. En su lucha por limitar el poder de los soberanos ingleses, el rey de Francia Felipe Augusto apoyó la rebelión de uno de los hijos de Enrique II, Ricardo Corazón de León, que lo sucedió en el trono en 1189.


    El Tratado de París


    Artículo principal: Tratado de París (1259).
    Enrique III (1207-1272), heredó el trono siendo muy pequeño, trajo consigo un período de zozobras y temores, que desembocó en el desfavorable Tratado de París en 1259. Enrique renunciaba formalmente a todas las posesiones de sus antepasados normandos y a todos los derechos que pudieran corresponderle. Esto incluía la pérdida de Normandía, Anjou y todas sus demás posesiones salvo Gascuña y Aquitania, que había heredado por vía materna. Estas dos regiones quedaban sometidas al homenaje, una especie de pago, renta o tributo que Enrique otorgaría al rey francés para conservarlas.


    Eduardo I


    Artículo principal: Eduardo I de Inglaterra.
    Eduardo, hijo de Enrique III, no se conformó con esta situación de sometimiento: construyó una base de poder militar y económico muy superior a la de su padre y quiso colocar de nuevo a su corona en una posición de fuerza en el continente. Inició hostilidades contra Francia (que duraron cuatro años: de 1294 a 1298) pero, más dedicado a consolidar su poder en el interior de la propia Inglaterra, no hizo nada más respecto de Francia. Cuando falleció, otro lapso de convulsiones azotó a Inglaterra. Una Escocia fuerte, motivada y organizada, líderada por Robert the Bruce, derrotó a los ingleses en varias ocasiones, matando al sucesor de Eduardo, Eduardo II, y logrando la ansiada independencia.


    La Guerra de San Sardos y Eduardo III


    Entre 1324 y 1325 se produjo una nueva guerra entre Inglaterra y Francia, conocida por los historiadores como Guerra de San Sardos por el poblado donde tuvieron lugar las principales acciones. La corona inglesa pasó pronto a manos de Eduardo III, que era sólo un niño, pero a pesar de todo no estaba dispuesto a dejarse vencer con tanta facilidad. El rey de Francia, Carlos IV murió, como sus antecesores, sin dejar heredero varón.


    La maldición de los Capetos




    Luis IX de Francia (San Luis)
    La muerte de Carlos IV era el fin de la poderosa y prolongada dinastía de los Capetos. Había sido fundada por Hugo Capeto en 987, y había dado una larga serie de poderosos monarcas que incluía a Luis VI, Luis VII y Luis VIII, todos ellos comandantes en las Cruzadas.


    Tras la muerte del rey siguiente, San Luis, orientador y capitán de la cruzada contra los cátaros, la dinastía Capeto tuvo aún otro poderoso rey: Felipe el Hermoso. Con él comenzó la decadencia: Felipe destruyó a la antigua y noble Orden del Temple, llevando al juicio y a la hoguera a muchos de sus dirigentes, en especial a su último Gran Maestre Jacques de Molay.


    La tradición cuenta que De Molay, de pie sobre las llamas que lo consumirían, maldijo a Felipe el Hermoso, al Papa y a la familia Capeto, profetizando su pronta extinción y olvido.


    En efecto, Felipe IV murió en 1314, en el curso del mismo año de la ejecución de los templarios. Tenía tres hijos. El mayor, Luis X el Obstinado, fue coronado en agosto de 1315 y murió a los pocos meses, mientras su esposa estaba embarazada. El niño recién nacido iba a ser coronado con el nombre de Juan I mas, en razón de su corta edad, recibió como regente al hermano mediano de su padre, Felipe. El pequeño murió siendo un bebé, por lo que se lo conoce como Juan el Póstumo. Así, su tío Felipe debió ser coronado de inmediato bajo el nombre de Felipe V el Largo. Este rey, aunque enérgico e inteligente, era débil de salud y falleció sólo cinco años después, dejando cuatro hijas que no podían heredar en virtud de la Ley Sálica que él mismo invocó para poder suceder a su sobrino. Le sucedió entonces el tercer hijo de Felipe el Hermoso (y por tanto hermano pequeño de Luis X y Felipe V): Carlos Capeto, que reinó bajo el nombre de Carlos IV.


    La supuesta maldición de los templarios terminó de cumplirse el 1º de febrero de 1328 al fallecer este rey dejando sólo dos hijas (una póstuma) y ningún varón para heredar. En apenas 14 años, y luego de cuatro breves reinados, la dinastía de los Capetos se había extinguido.


    La guerra


    Entre los hijos de Felipe el Hermoso estaba Isabel (llamada la "Loba de Francia"), que era la madre de Eduardo III de Inglaterra. El joven rey, de tan solo dieciséis años, pretendió reclamar su derecho al trono de Francia apelando a esta circunstancia. Muertos sus tres tíos sin herederos, y muerto su primo siendo un niño, consideró que la corona francesa debía pasar a su madre y, a través de ella, a su propia testa. Aun así, si la tesis inglesa tuviese acogida, las hijas de Luis X, Felipe V y Carlos IV tendrían mayor derecho de transmitir la corona, por sobre su tía Isabel de Francia.
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

  2. #2
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    Re: Guerra de los Cien Años

    Por supuesto, Francia no estaba de acuerdo, por tanto invocaron la Ley Sálica, que impedía la transmisión de la corona a través de la línea femenina, y por ello decidieron que la corona recién abandonada por los Capetos pasara al hermano menor de Felipe el Hermoso (y tío de Luis X, Felipe V y Carlos IV): Carlos de Valois. Pero corría 1328, y Carlos había muerto tres años antes. De ese modo, correspondió según la teoría francesa coronar al hijo de éste, Felipe de Valois, bajo el nombre real de Felipe VI. Este fue el primer monarca de la dinastía Valois, que reinó en Francia sin que Eduardo III pudiese hacer nada para evitarlo.


    Ahora, correspondía que Eduardo rindiera (y pagase) homenaje al orgulloso Felipe por sus exiguas posesiones, las pocas que aún conservaba en Francia.


    Homenajes y refugiados


    A Eduardo III no le parecía lógico pagar a Felipe un homenaje por tierras que habían pertenecido a sus antepasados desde hacía siglos y que él mismo tenía el derecho de su parte para ser soberano de Francia. Se veía como un Rey derrocado en Francia al que se obligaba además a pagar tributo al usurpador por el uso de sus propios territorios. La situación no podía durar.


    Encontró por fin el modo de dañar a Felipe: uno de los parientes del rey francés, Roberto de Artois, se había rebelado, y Eduardo lo acogió como a un hermano en su corte inglesa. La reacción de Felipe VI fue inmediata: en un golpe de mano rápido y perfecto, invadió y se anexionó la región de Gascuña, propiedad de Eduardo. Eduardo respondió reclamando, por enésima vez, su derecho a ocupar el trono de París.


    La guerra interminable




    Miniatura de la batalla de Sluys, en las Crónicas de Jean Froissart.
    Una vez iniciadas las hostilidades (ya en toda regla, no como simples escaramuzas), la suerte de ambos bandos fue fluctuante y pendular.


    Al principio, los ingleses de Eduardo efectuaron unas muy importantes operaciones terrestres en 1339 y 1340, y obtuvieron además una gran victoria naval en Sluys.


    Eduardo utilizaba una táctica copiada de sus enemigos (la chevauchée). Atacaba la campiña desprotegida en sitios donde las tropas francesas eran débiles o estaban ausentes, y se adueñaba de ella. Mataban salvaje y cruelmente de manera indiscrininada a hombres y mujeres, adultos y niños, laicos y seglares, violaban a mujeres y niñas, incendiaban, saqueaban y robaban las posesiones de los campesinos. Al ser estos parte de una sociedad de tipo feudal, se sobreentendía que era responsabilidad y obligación de Felipe de Francia protegerlos contra estos salvajes ejércitos extranjeros. De este modo, además de hacerse con tierras, suministros y prisioneros, Eduardo socavaba la autoridad de Felipe ante los ojos de su pueblo campesino.


    En 1346 los franceses entablaron batalla con Eduardo en Crecy y en 1356 con su hijo el Príncipe Negro en Poitiers. Ambos combates concluyeron con sendas y resonantes victorias inglesas, en la segunda de las cuales los ingleses se garantizaron una mejor posición de fuerza en las negociaciones posteriores al sorprender y capturar al rey Juan II de Francia (que había sucedido a su padre Felipe en 1350), y a un gran número de nobles y caballeros. Prisionero el monarca, los franceses se vieron obligados a ceder y firmar el Tratado de Brétigny (1360), que devolvía a Eduardo III todas sus posesiones originales salvo Normandía.


    El contraataque


    Tras la victoria inglesa en la batalla de Sluys Francia decidió aplicar las mismas tácticas navales. Comenzaron entonces, a partir de 1360, a hacer rápidas y devastadoras incursiones contra la costa meridional de Inglaterra, que culminaron en el saqueo e incendio de Winchelsea. Pronto se aficionaron a este tipo de operaciones, y los ataques anfibios se convertirían en la pesadilla de las guarniciones y población civil inglesas costeras por lo menos hasta 1401. Descubrieron además que Eduardo comenzaba a hacer regresar sus tropas para defender sus islas, por lo que los campesinos franceses empezaban a ver disminuir las espantosas chevauchées británicas.


    Así, los pocos ingleses que aún recorrían la campiña francesa se vieron obligados a retroceder progresivamente en medio de las tierras secas y arrasadas que los franceses dejaban a sus espaldas. Muchos murieron de hambre y enfermedades (principalmente disentería y escorbuto), y nunca se volvieron lo suficientemente fuertes como para plantar cara a los defensores de Francia.


    A pesar de la victoria en su propio país, Francia pagó muy cara la expulsión del invasor en esta etapa de la guerra. Mandaba las acciones el delfín Carlos (más tarde coronado como Carlos V). Su condestable, el ambicioso e inteligente Bertrand du Guesclin, le aconsejó no enfrentarse, sino recurrir a una política de hostigamiento de las columnas inglesas en retroceso, dejando ante ellas solamente tierra arrasada. Esta prefiguración de la táctica de von Clausewitz implicó, entonces, que los campesinos y civiles franceses vieran sus tierras, antes quemadas por los invasores, nuevamente arrasadas y destruidas, esta vez por sus propios protectores, con el afán de "salvarlas".


    La guerra alcanza su mayor extensión en esta época, al rebasar por primera vez los límites de Francia. Así, en 1367, los ingleses del Príncipe Negro auxilian a Pedro I de Castilla en la Batalla de Nájera, mientras que su hermanastro Enrique recibe la ayuda de caballeros franceses dirigidos por el propio Bertrand Du Guesclin. La victoria final de Enrique en la guerra civil castellana brindará a Francia un poderoso aliado en el plano naval (cuya hegemonía había correspondido hasta entonces a Inglaterra de forma indiscutida) que destruye la escuadra inglesa en La Rochelle y saquea o incendia numerosos puertos ingleses (Rye, Rotingdean, Lewes, Folkestone, Plymouth, Portsmouth, Wight, Hastings) entre 1377 y 1380, año en que el almirante castellano Fernando Sánchez de Tovar llega incluso a amenazar Londres. De forma paralela, Du Guesclin protagoniza varias incursiones en Bretaña, cuyo rey se había aliado con Inglaterra.


    La suerte cambia de bando


    Inglaterra quiso, entre 1360 y 1375, retomar la voz cantante y la iniciativa de una guerra que la estaba devorando, pero la suerte había cambiado de bando y favorecía ahora a los franceses.


    Los estrategas ingleses Sir Robert Knolles, en 1360, y Juan de Gante en 1363 formaron cuerpos expedicionarios que atacaron el continente, pero fueron masacrados por los defensores franceses.


    El rey Eduardo había muerto, y su sucesor, Ricardo II de Inglaterra, volvió a sufrir la maldición que había perseguido a todos los reyes niños: tensiones políticas, convulsión social, una fiera lucha por la sucesión o al menos la regencia, todo ello envuelto en el espantoso caos de una guerra internacional que amenazaba con extenderse a Europa entera.


    Depuesto Ricardo por iniciativa de su primo Enrique de Lancaster en 1399, los vientos de guerra rotaron 180º una vez más. Hacía una generación entera que Inglaterra sólo sufría derrotas frente a Francia, pero de pronto los desembarcos en las islas comenzaron a ser rechazados y los ingleses invadieron Francia con moderado éxito en tres oportunidades: en 1405, 1410 y 1412.


    Enrique de Lancaster fue coronado como Enrique IV de Inglaterra luego del derrocamiento de Ricardo II, y su hijo, Enrique V, sería el encargado de llevar la guerra nuevamente al corazón de Francia.


    Enrique V




    Enrique V de Inglaterra
    Artículo principal: Enrique V de Inglaterra.
    Nombrado caballero dos veces, Enrique se mostró desde muy joven como un jefe confiable, decidido, experto en táctica y organización logística y muy frío y racional. Si se considera que los estrategas franceses estaban mandados por un rey inestable, Carlos VI, de escasa personalidad, enfermo, desorganizado y propenso a frecuentes ataques de demencia, es fácil comprender las ventajas de que gozaron las tropas de Enrique.


    Los nobles franceses se habían dividido en dos facciones que disputaban entre sí y acorralaban a Carlos: los partidarios de la casa de Armagnac contra los de la casa de Borgoña. Las virtudes de Enrique como general y gobernante así como esta división interna de los franceses llevarían a estos últimos al desastre de 1415. A la edad de 12 años (en 1399), el futuro Enrique V fue nombrado caballero por primera vez en un campo de batalla irlandés por Ricardo II, que lo había tomado como rehén para garantizar el buen comportamiento del padre de Enrique. El solo hecho de que un rey rival de su familia, que sería asesinado por su padre, lo armase caballero en un campo de batalla y con sólo doce años, demuestra a las claras el coraje y la bravura que el joven Enrique demostró desde muy niño.


    Más tarde, muerto Ricardo y un día antes de la coronación de Enrique IV, el nuevo monarca llamó a su hijo, que al día siguiente se convertiría en Príncipe de Gales, y lo nombró caballero por segunda vez. Este brillante joven conduciría la guerra en Francia.


    Enrique contra Escocia y Gales


    Ya en vida de su padre, Enrique debió hacerse cargo de difíciles operaciones militares. En 1400 prestó servicio contra los escoceses y algunos meses después se le ordenó reducir la rebelión de Owain Glyndwr, un noble galés que se atribuía el derecho a ser Príncipe de Gales.


    Fue estudiando a los enemigos galeses (en 1402) y Enrique aprendió a utilizar las tácticas guerrilleras que tan rendidos servicios le prestarían más tarde. Estaba, además, bajo la supervisión de sus dos maestros de estrategia, genios militares ambos: Harry Hotspur y Thomas Percy, conde de Worcester, parientes entre sí. Durante ese mismo año y el siguiente Enrique se vería forzado a enfrentarse a los dos en combate, y se demostraría capaz de vencerlos. En 1403 los dos maestros traicionaron al Joven Enrique y a su real padre y se aliaron con Glyndwr. En una épica marcha forzada, Enrique consiguió evitar que Hotspur y Percy unieran sus tropas con las del galés y los derrotó en Shrewsbury. El príncipe en persona mandó el ala izquierda de su ataque en aquella oportunidad. Shrewsbury fue su verdadero bautismo de fuego (donde murió su mentor Hotspur) y también su bautismo de sangre, ya que Enrique recibió una flecha en pleno rostro. Sin embargo, siguió luchando hasta el fin del combate con el astil sobresaliéndole de la cara.


    La guerra contra Gales duró todavía cinco años más, pero el joven no participaría en ninguna otra batalla. Los combates campales no eran comunes en esos tiempos, y las guerras se desarrollaban principalmente en base a sitios de ciudades, asedios de castillos y saqueos de zonas productivas habitadas solo por la población civil.


    Enrique V, coronado


    Enrique IV falleció en 1414, dejando el trono a su muy capaz primogénito. Así llegó al trono un Enrique V con 26 años, veterano de dos campañas internas, herido en acción, experto en táctica, alumno de los mejores maestros e inteligente a grado extremo.


    El nuevo rey comprendió de inmediato que, derrotados los enemigos Escocia y Gales, tenía que volver su atención hacia Francia de inmediato, o Inglaterra sería aplastada. Rodeándose de hombres adictos y capaces, se dispuso entonces a hacer la guerra en territorio del rey francés.


    Apenas coronado, Enrique intentó, pese a todo, evitar la guerra con Carlos VI. Le ofreció casarse con la hija de aquél y tratar de resolver el problema de las posesiones inglesas en Francia sin derramamiento de sangre. Mientras negociaban, ambos monarcas armaban grandes ejércitos en previsión de una traición o rotura de las conversaciones que condujera a un conflicto bélico. Las tentativas de paz se rompieron por fin en la primavera de 1415 y Enrique decidió ejecutar su plan: una invasión en toda regla del reino francés.


    Su ejército estaba compuesto de 8.000 caballeros, 2.500 soldados de otras categorías, 200 artilleros especialistas, 1.000 hombres de servicios y apoyo y 10.000 caballos. Para cruzar el Canal de la Mancha se necesitó una gran flota de 1.500 buques (aunque algunos autores mencionan sólo 300), que Enrique había mandado construir, confiscar o comprar.


    Los ingleses salieron de Southampton el 11 de julio y desembarcaron en el estuario del Sena dos días más tarde.


    Luego de poner sitio y conquistar Harfleur, Enrique marchó hacia Calais, partiendo de la primera ciudad el 8 de octubre, con su ejército debilitado por una grave epidemia de disentería.


    Pero los franceses no estaban ociosos: el anciano mariscal francés Duque de Berry, recibió la orden de interceptar a Enrique, mientras las tropas de Carlos VI se establecían en Saint-Denis y las del mariscal Boucicault se preparaban en Caudebec, 48 km al este de Harfleur. Por el otro lado, el condestable Carlos d´Albret vigilaba el estuario del Sena.


    Los ingleses, que deseaban cruzar el Somme, descubrieron con horror que estaban quedándose sin vituallas, por lo que Enrique decidió dirigirse hacia Pont St. Remy y hacer noche frente a Amiens.


    El día 21 de octubre los ingleses se pusieron en marcha hacia la pequeña aldea de Agincourt, donde se enfrentaron con el grueso del ejército francés en la madrugada del 25 de octubre de 1415.






    La batalla, trascendental para la Guerra de los Cien Años, se desarrolló en tres fases:


    Fase I
    Los ingleses avanzan, atravesando la tierra de nadie de 1 km que los separa de los franceses. Los arqueros ingleses lanzan una lluvia de flechas sobre las posiciones francesas.
    Los ballesteros franceses responden al ataque. La caballería ataca por ambos flancos, pero muchos caballeros no llegan a tiempo de ocupar sus posiciones. Las monturas chocan contra las estacas que los arqueros ingleses han colocado para protegerse, arrojando al suelo a sus jinetes, que son masacrados.
    Fase II
    Derrotada su caballería, la infantería de Carlos intenta asaltar el centro inglés.
    Los arqueros ingleses reaccionan «canalizando» al enemigo hacia donde se encuentran las unidades más fuertes de la infantería propia; los franceses caen en la trampa.
    En la melée de infantería, los arqueros ingleses matan a muchísimos franceses, disparándoles a corta distancia.
    En medio del intenso combate, Enrique V recibe un golpe de maza en el casco, que abolla el acero y le arranca los adornos. De no haberlo llevado colocado, hubiese perdido la vida.
    Los infantes y caballeros ingleses (ahora a pie) se mueven con mayor rapidez que los franceses, impedidos por sus pesadas armaduras. Los franceses se convierten en víctimas fáciles y son obligados a retroceder.
    Fase III
    Luego de escasa media hora de combate, la victoria inglesa es total. Los de Enrique poseen ahora incontables prisioneros, y calculan anhelantes los suculentos rescates que recibirán.
    A primera hora de la tarde, sin embargo, Enrique toma una decisión que ha sido cuestionada por todos los historiadores posteriores. Al recibir noticias de que su campamento había sido atacado, ordena la matanza de todos los prisioneros, que son atacados con hachas por sus guardianes y asesinados en escasos minutos.


    Un éxito inútil


    La increíble victoria de Enrique contra un enemigo que lo duplicaba en número no pudo, sin embargo, ser aprovechada por el rey inglés. Enrique no poseía alimentos ni pertrechos para continuar la campaña inmediatamente, por lo que retrocedió hasta Calais para embarcarse hacia Inglaterra. Las tropas desembarcaron en Dover el 16 de noviembre. De haber podido continuar hasta París y autocoronarse rey, es probable que la Guerra de los Cien Años hubiese terminado antes del fin del invierno. Sin embargo, continuaría por otros 38 años.


    En 1420, el vencido Carlos VI se vio obligado a aceptar el Tratado de Troyes, que deshacía los términos del Tratado de París, casaba a Enrique V con la hija de Carlos y reconocía al monarca inglés como heredero al trono francés tras la muerte del rey.
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

  3. #3
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    Re: Guerra de los Cien Años

    Últimas acciones de Enrique V


    Desplazado de este modo de la línea sucesoria el delfín Carlos, hijo de Carlos VI, todos creyeron que Enrique V legaría ambos tronos a su hijo Enrique, que tenía a la sazón unos pocos meses. Pero por una ironía de la historia, Enrique V murió inesperadamente en 1422, antes que Carlos VI. Dos meses más tarde lo siguió a la tumba el rey de Francia. Los hechos se precipitaron entonces. Incumpliendo el Tratado de Troyes, Francia decidió coronar al delfín Carlos en lugar de al niño Enrique VI como estaba pactado.


    Otra vez, la guerra


    La respuesta inglesa fue coronar al bebé como rey de Inglaterra y de Francia. Decidiendo eliminar al rey Carlos VII, al que la teoría inglesa consideraba un usurpador, invadieron nuevamente Francia y pusieron sitio a Orleáns, última ciudad del reino que permanecía fiel al atrapado rey francés. Todo parecía indicar que Carlos VII tendría que ceder a las pretensiones del rey-niño de Inglaterra. Sin embargo, la historia de la Guerra de los Cien años daría aquí (1428) un inesperado giro, de la mano de una ignota muchacha campesina.


    Juana de Arco, la Doncella de Orleans


    Una joven iletrada nacida en Domrémy, llamada Juana de Arco, creía haber sido elegida por Dios para librar a su país de los ingleses. Con 17 años de edad, consiguió reunir un grupo de soldados y librar en 1429 a Orleáns del asedio inglés.


    La victoria de Juana motivó y concienció a soldados y campesinos franceses y les mostró un camino a seguir y un líder a quien imitar. A este triunfo de la Doncella de Orleáns (como se la conoció desde entonces) siguieron otros, como los de Troyes, Châlons y Reims, donde, en presencia de la joven, Carlos VII fue formalmente coronado.


    A partir de este punto, la campaña militar de Juana comenzó a caer en una espiral descendente: fue derrotada en París y Compiègne y finalmente, cayendo en desgracia, fue capturada en 1430 por las tropas de Juan II de Luxemburgo-Ligny que servían al duque de Borgoña, Felipe.


    Los jefes militares franceses, envidiosos del éxito de la joven, habían estado conspirando a sus espaldas. Temían el ascendiente que Juana estaba tomando sobre el rey Carlos y, sobre todo, les aterrorizaba el hecho de que la intervención divina (a través de Juana) estaba convirtiendo la guerra feudal que era la Guerra de los Cien Años en una lucha nacional y popular.


    Fue entregada a los ingleses, juzgada por la Inquisición bajo la acusación de hechicería, condenada a muerte y quemada en la hoguera en Rouen (1431).


    Francia se hace más fuerte


    La situación se volvía complicada. Francia tenía ahora dos reyes. Coronado Carlos VII en Reims, los ingleses entronizaron en París a su propio rey, Enrique VI, apoyado solamente por Felipe de Borgoña. Con inteligencia, los franceses partidarios de Carlos llegaron a un acuerdo con Felipe, remarcando aún más el aislamiento en que se encontraba Enrique. Este episodio sucedió en 1435 y se conoce como Tratado de Arras.


    Inglaterra necesitaba imperiosamente a Borgoña como aliado militar. Falta de él, los carolinos atacaron y ocuparon París al año siguiente.


    Como precaución en caso de que el conflicto se prolongara (medida clarividente, porque el fin de la guerra tardó aún veinte años en llegar), Carlos VII aprendió de los errores de su antecesor y, reestructurando profundamente al ejército francés, logró dotar a su corona de un ejército permanente por primera vez en la historia. Francia lograba así una fuerza militar profesional, entrenada, preparada siempre para entrar en acción y aguerrida, en vez del grupo desorganizado de entusiastas caballeros y campesinos feudales que se reunía de cualquier modo en los momentos más inesperados, y que había favorecido al éxito enemigo en tantas oportunidades.


    Como es lógico, la reforma militar no tendría éxito si no se acompañaba de profundos cambios en la economía, la infraestructura, las finanzas y la propia sociedad. Habiendo reconstruido las finanzas del reino, Carlos mandó construir un impresionante conjunto de fortificaciones militares, canalizaciones hidráulicas, puertos seguros y una mejor y más consistente base de poder para sí mismo.


    Luchas intestinas en Francia



    Los ingleses no eran el único problema de Carlos VII: el hambre y las pestes venían persiguiendo a su dinastía desde el principio mismo. El comienzo del siglo XIV había encontrado a toda Europa sumida en una profunda crisis económica cuyas causas permanecen ocultas incluso para los historiadores del siglo XXI. Esta crisis se había ensañado particularmente con Francia (campo de batalla de largas y furiosas guerras y reyertas) y afectaba en especial la producción agrícola, las fábricas industriales y el comercio, que en el siglo XIII habían significado tanto para Europa.


    Ahora, tras los centenarios saqueos e incendios provocados por los invasores, Francia pasaba hambre una vez más y, como parece lógico, la peste volvió a hacer su aparición. Así, los nobles de la Casa de Anjou, viendo que el monarca pretendía proseguir la guerra hasta las últimas consecuencias, comenzaron a conspirar contra él y convencieron a su hijo Luis (el futuro Luis XI de Francia) de que se plegara a la conjura.


    Carlos consiguió sortear el peligro que amenazaba aislarlo y dejarlo sin poder. Para acrecentarlo, estableció una ventajosa alianza con Suiza y con varios reinos de Alemania. A pesar del respiro que este apoyo le procuró, Carlos sin embargo era consciente de que continuaba gobernando un país inestable, muerto de hambre, que ya casi no producía cereales, cercado por la peste y con la siempre presente espada de Damocles representada por su poderoso vecino inglés que en cualquier momento podía decidir invadirlo y atacar de nuevo.


    Los problemas de Inglaterra


    Su enemigo, sin embargo, no se encontraba en mejor forma: de la soberbia victoria en Agincourt habían pasado a la humillante derrota de París.


    Enrique VI era aún menor de edad, y afrontaba problemas parecidos a los de Carlos: luchas, recelos y rivalidades entre los nobles y príncipes reales de su casa.


    Buscando serenar la situación internacional, el joven rey solicitó y obtuvo la mano de Margarita de Anjou, sobrina de su rival Carlos VII, con la que se casó en 1444. Una vez casados, la posibilidad de una paz de compromiso basada en los lazos familiares se vislumbraba cercana.


    Sin embargo, de las dos facciones en que se habían dividido los ingleses, una estaba en favor de la paz (encabezada por Juan de Beaufort, duque de Somerset). Pero la otra preconizaba la guerra y su prosecución hasta el exterminio. Sus jefes eran Humberto, duque de Gloucester y Ricardo, duque de York.


    Para colmo de desgracias de los ingleses, Enrique VI comenzó a seguir los pasos de Carlos VI, el enemigo de su padre. Poco a poco comenzó a mostrar síntomas de locura, que pronto se convirtieron en una clara, permanente e incapacitante demencia.


    El fin de la guerra y la victoria de Francia






    Las reformas y mejoras realizadas por Carlos VII rindieron sus frutos: lentamente la presión francesa comenzó a hacer retroceder al enemigo y fue poniendo sitio y reconquistando, paso a paso, todas las posesiones inglesas en tierra francesa. Sin el apoyo borgoñón, los ingleses debieron entregar Normandía en 1450 y la preciada Aquitania en 1453. Ese año, que hoy se considera el del final de la guerra, la única posesión que se permitió conservar a los ingleses fue la ciudad costera de Calais.


    Una vez desaparecidos los motivos del conflicto, la guerra terminó silenciosamente. Ni siquiera se firmó un tratado que certificara la paz añorada pero nunca alcanzada durante más de un siglo.


    Las consecuencias


    Enfermo Enrique VI, Inglaterra quedó, tras el fin de la Guerra de los Cien Años, en manos de Somerset y York, enemigos declarados y absolutamente enfrentados ideológicamente (Gloucester estaba en prisión). Guiados por intereses personales, no se preocuparon por consolidar la flamante paz, sino que embarcaron a su país en una sangrienta guerra civil dinástica que se conocería como la Guerra de las Dos Rosas.


    En Francia, por su parte, la monarquía y el absolutismo fueron consolidados por Luis XI, hijo de Carlos VII. Luego de grandes conquistas (Borgoña y Picardía, por ejemplo), la Casa de Valois se extinguió como lo había hecho antes la de los Capetos.


    Estas caídas prefiguraban el fin de los estados feudales y el comienzo de la Europa Moderna que se harían realidad en el siglo siguiente.
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    Antonio Aparisi

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    Re: Guerra de los Cien Años

    Principales batallas de la Guerra de los Cien Años


    Batalla de Sluys (victoria inglesa)
    Batalla de Crecy (victoria inglesa decisiva)
    Sitio de Calais (victoria inglesa decisiva)
    Batalla de Saintes (victoria inglesa)
    Batalla de Ardres (victoria francesa)
    Combate de los Treinta (combate correspondiente a la Guerra de Sucesión Bretona, victoria francesa)
    Batalla de Poitiers (victoria inglesa decisiva)
    Batalla de Cocherel (1364) (victoria francesa)
    Batalla de Auray (combate correspondiente a la Guerra de Sucesión Bretona, victoria inglesa)
    Batalla de Nájera (combate correspondiente a la Primera Guerra Civil Castellana, victoria anglocastellana)
    Batalla de Montiel (combate correspondiente a la Primera Guerra Civil Castellana, victoria francocastellana)
    Batalla de Agincourt (victoria inglesa crucial)
    Batalla de los Arenques (victoria inglesa durante el Sitio de Orleans)
    Sitio de Orleans (victoria francesa decisiva)
    Batalla de Jargeau (parte de la campaña del Loira, victoria francesa)
    Batalla de Beaugency (parte de la campaña del Loira, victoria francesa)
    Batalla de Patay (victoria francesa crucial)
    Batalla de Formigny (victoria francesa decisiva)
    Batalla de Castillon (última batalla de la guerra, victoria francesa final)
    Personajes relevantes


    Anteriores a la guerra


    Carlos IV de Francia
    Eduardo I de Inglaterra
    Eduardo II de Inglaterra
    Enrique II de Inglaterra
    Enrique III de Inglaterra
    Felipe II de Francia
    Felipe IV de Francia (el Hermoso)
    Felipe V de Francia (el Largo)
    Felipe VI de Francia (Felipe de Valois)
    Guillermo el Conquistador
    Hugo Capeto
    Jacques de Molay
    Leonor de Aquitania
    Luis VI de Francia
    Luis VII de Francia
    Luis VIII de Francia
    Luis IX de Francia (San Luis)
    Luis X de Francia (el Obstinado)
    Contemporáneos de la guerra


    Arturo, conde de Richemont
    Bertrand du Guesclin
    Carlos V de Francia
    Carlos VI de Francia
    Carlos VII de Francia
    Carlos d´Albret
    Conde de Arundel
    Enrique II de Castilla
    Enrique IV de Inglaterra
    Enrique V de Inglaterra
    Enrique VI de Inglaterra
    Enrique VII de Inglaterra
    Enrique de Beaufort
    Felipede Borgoña
    Gilles de Rais
    Humberto de Gloucester
    Juan II de Francia
    Juan de Gante
    Juana de Arco
    Mariscal Boucicault
    Juan Sin Miedo
    Pedro el Cruel
    El Príncipe Negro
    Ricardo II de Inglaterra
    Ricardo de York
    Sir Juan de Cornwall
    Posteriores a la guerra


    Luis XI de Francia
    Margarita de Anjou
    Ricardo III de Inglaterra
    Otras guerras y campañas satélites de la Guerra de los Cien Años


    Cronología


    Cronología de la Guerra de los Cien Años


    1337: Felipe VI confisca el ducado de Aquitania como represalia a la protección que Eduardo III dispensaba a Roberto de Artois, enemigo del rey francés. Eduardo reclama sus derechos al trono francés y se niega a rendir vasallaje ante Felipe.


    1339: Eduardo III inicia las operaciones terrestres contra Francia.


    1340: los ingleses vencen en la batalla naval de Sluys, lo que descarta la invasión francesa de Inglaterra, y lleva a que la guerra se desarrolle en territorio de Francia. Pero las deudas obligan a Eduardo III a pactar una tregua.


    1346: Eduardo desembarca en Francia con un ejército, que el 26 de agosto consigue la victoria de Crécy, donde mueren o son hechos prisioneros muchos nobles franceses. El botín es inmenso.


    1346: los ingleses vencen a los escoceses, aliados de los franceses. La paz entre Inglaterra y Escocia se establece en el Tratado de Berwick.


    1347: los ingleses toman Calais, que permanecería en su poder hasta 1558.


    1348: se suspenden los enfrentamientos debido a la peste negra.


    1350: Juan II es coronado nuevo rey de Francia. El conde de Armañac, vasallo de Aquitania, proclama su lealtad a Juan.


    1355: el hijo de Eduardo, del mismo nombre que su padre, pero que la Historia conoce como el Príncipe Negro, desvasta Armañac. Avanza hasta el Mediterráneo y regresa arrasando todo a su paso.


    1356: Juan II avanza hasta el Loira. En Poitiers obtiene una gran victoria ante los franceses, a pesar de que su ejército está agotado y en clara desventaja numérica. Juan II es hecho prisionero, junto con muchos nobles.


    1358: Francia padece un levantamiento campesino y una revuelta en París.


    1360: Eduardo III llega a París y se firma la Paz de Brétigny, por la cual se reduce el rescate por Juan, los ingleses pasan a dominar un territorio que comprende desde los Pirineos hasta el Loira y Eduardo renuncia a sus derechos sobre la corona francesa. Sir Ricardo Knolles conduce una expedición que ataca la costa francesa pero es derrotado.


    1363: Juan de Gante intenta triunfar donde fracasó Knolles. Al mando de una gran fuerza expedicionaria inglesa ataca nuevamente la Francia continental y sufre un resonante revés.


    1369: el condestable de Francia, Bertrand du Guesclin, ataca Aquitania evitando una confrontación abierta.


    1375: se firma en Brujas una tregua por dos años. Los ingleses conservaban únicamente Calais y una estrecha franja entre Bayona y Burdeos. Sin embargo, los combates continúan en forma esporádica.


    1396: se firma otra tregua.


    1399: el futuro Enrique V, de doce años, es armado caballero por el rey Ricardo II. Al poco tiempo, el soberano es asesinado por Enrique IV, padre del muchacho.


    1400: el joven príncipe es enviado a luchar contra los irlandeses rebeldes.


    1402: vence a los galeses.


    1403: Hotspur y Percy, generales de Enrique IV, se rebelan contra él y el príncipe Enrique los derrota a ambos.


    1405: Inglaterra invade Francia.


    1407: nueva tregua.


    1410: segunda invasión de Francia.


    1412: tercer intento por invadir Francia. Las tres expediciones terminan con un muy moderado éxito.


    1413: muere Enrique IV y su hijo es coronado con el nombre de Enrique V.


    1415: Enrique V de Inglaterra reafirma sus derechos al trono francés, frente a la política pacifista de su padre, Enrique IV. Desembarca en Normandía con un gran ejército. Aliado con el duque de Borgoña, obtiene la victoria de Agincourt, frente a un ejército muy superior.


    1417: los ingleses toman Caen, donde Enrique V ordena la muerte de todos los varones civiles.


    1420: se firma el Tratado de Troyes, por el que Enrique V de Inglaterra se casa con Catalina de Valois, hija del rey de Francia. Enrique es reconocido además heredero al trono francés, siempre que Francia mantuviera su independencia.


    1422: muere Enrique V antes que el rey francés Carlos VI, con lo que se desencadena la lucha por la sucesión al trono francés.


    1428: una ignota campesina francesa, Juana de Arco, comienza a hacerse cargo de las operaciones militares.


    1429: los ingleses ocupan París y el norte de Francia llegando hasta Orleáns. El 4 de mayo, Juana de Arco, a la cabeza de los caballeros franceses, levanta el asedio. Juana obtiene las victorias de Troyes, Chálons y Reims. Los franceses obtienen también la victoria de Patay y Carlos VII fue coronado rey de Francia en Reims.


    1430: Juana es capturada por los borgoñones, aliados de Inglaterra, y entregada a los ingleses.


    1431: Juana muere en la hoguera, en Rouen. Enrique VI de Inglaterra es coronado rey de Francia en París.


    1435: Paz de Arrás.


    1436: Borgoña se reconcilia con Francia. Los franceses toman París.


    1444: se firma una tregua por cinco años. Enrique VI se casa con la sobrina de su rival.


    1450: Carlos VII ataca Normandía y Gascuña y aniquila al ejército inglés en Fromigny. Los ingleses comienzan a perder sus territorios.


    1453: Carlos VII toma Burdeos y Aquitania, recuperando toda Francia salvo Calais. Fin de la Guerra de los Cien Años.


    http://es.m.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_Cien_Años
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    Re: Guerra de los Cien Años

    Batalla de Sluys:



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    Batalla de Agincourt

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    Re: Guerra de los Cien Años

    Batalla de Formigny


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    Re: Guerra de los Cien Años

    Juana de Arco
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    Re: Guerra de los Cien Años

    ISABELLA DE FRANCIA, Reina de Inglaterra



    image.jpg
    Isabella de Francia




    Conocida con el sobrenombre de "La Loba de Francia", la reina inglesa Isabella Capeto nació en París probablemente entre mayo y noviembre de 1295. Fue la penúltima de los hijos del rey Felipe IV de Francia, conocido como "el Hermoso", y de la reina Juana I de Navarra. Tres de sus hermanos ocuparon el trono francés: Luis X, Felipe V y Carlos IV. Su madre murió cuando la princesa era todavía muy joven. Isabel se crió en los alrededores del Castillo del Louvre y el Palais de la Cité en París. Fue atendida por Theophania de Saint-Pierre, su nodriza, quien le dio una buena educación y enseñó a leer, desarrollando la princesa amor por los libros.


    Como hija de reyes, la joven tenía su destino marcado desde su nacimiento, que no era otro que servir como peón para los intereses políticos de Francia. Cuando era una niña, su padre concertó su matrimonio con el heredero de la corona inglesa, Eduardo, príncipe de Gales, con la intención de resolver los conflictos entre ambos reinos por los territorios de Gascuña, Anjou, Normandía y Aquitania. Sin embargo, el matrimonio fue retrasado por disputas sobre los términos del contrato matrimonial. El rey inglés, Eduardo I, trató de romper el compromiso varias veces para sacar provecho político y sólo después de su muerte se procederá a la boda.







    Finalmente, la princesa francesa contrajo matrimonio con Eduardo II de Inglaterra en la ciudad de Boulogne-sur-Mer, el 25 de enero de 1308. En este momento la joven novia probablemente tenía doce años. La reina Isabella fue celebrada por su belleza. El cronista Geoffrey de Paris la describió como "la bella entre las bellas ... en el reino sino en toda Europa". Probablemente esta descripción no era simples halagos de un cronista adulador, ya que el padre y los hermanos de Isabel fueron considerados hombres muy guapos por sus contemporáneos, y su marido le regaló el sobrenombre de Isabella the Fair (la bella).


    A pesar de ello, su hermosura no logró atraer lo suficiente a su marido, que prefería la compañía de su favorito de entonces, Piers Gaveston, casado con una sobrina de Eduardo, Margarita de Clare y había sido nombrado conde de Cornualles. La conducta de Gaveston durante la coronación de Isabel como reina de Inglaterra escandalizó a los nobles, puesto que hizo su aparición vestido en púrpura real en lugar de la ropa de oro propia de un conde, acaparando completamente la atención del rey, quién ignoró a su familia y a su hermosa esposa. Después se descubrió que Eduardo II le había regalado todo el oro y las joyas que había recibido como regalos de boda.







    La reina escribió poco después a su padre asegurándole ser “la más desgraciada de las mujeres” pues el esposo que le había tocado en suerte era “un completo extraño en mi cama”. Pese a todo, la pareja pudo engendrar cuatro hijos - se sabe que la reina sufrió, por lo menos, un aborto-, entre ellos el futuro Eduardo III. En una ocasión, Eduardo llegó a abandonarla a su suerte en la peligrosa localidad escocesa de Tynemouth. Milagrosamente, Isabella logró escapar de las huestes de Roberto Bruce y llegar a las costas inglesas.


    Piers Gaveston fue asesinado por dos soldados galeses que le atravesaron con sus espadas antes de decapitarlo. Eduardo II, al tener conocimiento de los hechos, reaccionó con furia en un primer momento, que terminó convirtiéndose en un frío odio y deseo de destruir a los asesinos de Gaveston. Diez años después, vengó su muerte al conseguir que el conde de Lancaster fuera ejecutado.

    Después de la desaparición de Gaveston, Eduardo encontró un nuevo amante Hugo Despenser. Hugo se convirtió en su favorito, dominando la voluntad del rey y ganando un enorme poder en la corte, animado por su ambicioso padre y por su igualmente ambiciosa esposa Leonor de Clare, hermana de la viuda de Piers Gaveston. Hugo era tan vanidoso como Piers y más violento que él, ganándose el odio y el desprecio de la reina Isabella.






    La situación en el país empeoró, puesto que la familia del nuevo amante del rey ejercían el poder de forma autoritaria. En 1321, embarazada de su hijo menor, Isabel le rogó dramáticamente a su esposo que desterrara para siempre del reino a Despenser. El rey exilió a Despenser pero en ese año lo reintegró a la corte. Esto, acabo por volver a la reina totalmente en su contra.


    Isabella ayudó a Roger Mortimer a escapar de la Torre de Londres, donde su marido lo había encarcelado por oponerse a los Despenser en 1323. Los Despenser aprovecharon la creciente tensión diplomática con Francia, a la sazón gobernada por Carlos IV, hermano de Isabel, para acusar a la reina de espía. Parece ser que el propósito de Hugo Despenser, ya fuera por interés, por patriotismo o por amor, era conseguir la anulación papal del matrimonio de Eduardo.






    En 1325, ansiosa por escapar de su marido y de la vigilancia a la que era sometida en la corte por parte del favorito Depenser, Isabella se ofreció a viajar hasta Francia para convencer a su hermano de devolver a Inglaterra las tierras que le había arrebatado y consiguió que dejaran salir del reino a su hijo, el príncipe Eduardo de Gales, con el pretexto de que era conveniente que rindiera homenaje al rey de Francia.

    En Francia se reencontró con Roger Mortimer, convirtiéndose en su amante. Enterado de esto, el rey inglés exigió el retorno de su esposa. Pero el rey Carlos IV se negó a expulsar a su hermana de Francia. Isabel y Roger Mortimer abandonaron la corte francesa en el verano de 1326. Marcharon hacia la corte del conde Guillermo III de Hainault, cuya esposa era prima de Isabella. Hainault les dio la ayuda armada que necesitaban, a cambio del compromiso matrimonial de su hija Felipa con el futuro rey Eduardo III.






    El 21 de septiembre de 1326, Isabella y Mortimer, al mando de su ejército mercenario, arribaron a las costas de Suffolk. Eduardo buscó apoyo tanto en los barones, como en las diferentes ciudades por las que el ejército invasor tendría que pasar, pero ahora la reina gozaba de gran popularidad al ser vista como la insatisfecha esposa de un desviado. Isabella fue capaz de saltar de ciudad en ciudad con un ejército extranjero totalmente equipado y conseguir nuevos adictos a su causa.

    El rey había escapado poco antes hacia el oeste, buscando un apoyo que no encontraría en ninguna parte. Eduardo ofreció mil libras por la cabeza de Mortimer. Isabella respondió aumentando a dos mil la oferta, pero por la cabeza de Hugo Despenser. El otro individuo más buscado por los sublevados, Despenser el Viejo, huyó a Bristol donde se topó con el ejército de Isabella. Murió asesinado.





    Eduardo y Hugo fueron finalmente capturados. Hugo trató de morir de hambre antes de su juicio, sin embargo, no tuvo éxito y fue encontrado culpable de alta traición y fraude. Se le condenó a ser colgado, desollado y descuartizado. Además fueron vaciadas sus entrañas y cortados sus genitales, y éstos quemados por haber separado al rey de la reina. Su cabeza fue puesta en una pica en la Torre de Londres.


    A Eduardo le obligaron a abdicar a favor de su hijo en enero de 1327, pero como todavía era menor de edad, la reina quedó como regente. En la práctica, era el amante de la reina quien tenía el poder, nombrándose “Guardián de Inglaterra”. El ex rey Eduardo fue trasladado del castillo de Kenilworth al castillo de Berkeley, en la frontera con Gales, donde en general se cree que murió el 21 de septiembre de ese año, bien asesinado por un agente de Isabella y Mortimer o por causas naturales.


    La rumorología popular decía que Eduardo II había sido asfixiado o estrangulado, incluso que murió asesinado de una forma extremadamente cruel y sádica, al introducirle por el ano un atizador al rojo vivo. Esta última versión no tiene fuertes fuentes contemporáneas para apoyarla. Algunos historiadores actuales argumentan que el rey escapó de prisión y vivió el resto de su vida en el exilio, pudiendo haber muerto en Italia hacia 1341.


    Isabella y su amante cometieron los mismos errores que tanto habían criticado. Se rodearon de favoritos y cometieron todo tipo de arbitrariedades y excesos, Isabella solo hacía caso a su amor y su relación se hacía cada vez más evidente. Desde entonces, Isabella pasó de ser una pobre reina maltratada por su marido, a ser odiada por el pueblo y por su propio hijo, cansado de su actitud impúdica. Mortimer mandó decapitar al conde Edmundo de Kent, tío del joven rey Eduardo III, desatándose la ira del monarca. Por ello un año más tarde, encabezando a un grupo de fieles, el rey entró en las estancias de su madre apresando a Mortimer. Pese a los ruegos y lágrimas de Isabella por la vida de su amante, Mortimer fue enjuiciado por traición y ejecutado en la horca en 1330.



    La reina fue confinada en el castillo Rising en Norfolk. A pesar de haber estado obligada a entregar la mayor parte de sus tierras después de haber perdido el poder, en 1331 le fue reasignada una renta anual de 3000 libras, que aumentó a 4000 seis años después. Isabella llevó un estilo de vida caro en su corte de Norfolk y recibió a embajadores, emisarios y cortesanos de todo tipo, entre los cuales se encontraban varios de los descendientes legítimos de Roger Mortimer. En 1342 hubo sugerencias de que podría viajar a París para participar en las negociaciones de paz, pero con el tiempo este plan fue anulado. También fue designada para negociar con Francia en 1348 y participó en las negociaciones con Carlos II de Navarra en 1358.


    Cuando David II de Escocia fue hecho prisionero por Eduardo III en 1346, Isabella se reunió con su hija Joan (conocida popularmente como Joan de la Torre, por las visitas que hacía a su esposo), que cuidaría de ella hasta el final. El rey y sus hijos a menudo la visitaban. Ella adoraba a sus nietos, entre ellos Eduardo, el llamado Príncipe Negro y heredero de la Corona. Ella seguía interesada en las leyendas artúricas y en las joyas. En 1358 se presentó en las celebraciones del Día de San Jorge en Windsor con un vestido de seda, plata, 300 rubíes, 1800 perlas y un anillo de oro.


    A medida que se fue haciendo mayor, se mostró más interesada en la religión, visitando varios santuarios. También pudo haber desarrollado un interés en la astrología o la geometría hacia el final de su vida, recibiendo varios regalos relacionados con estas disciplinas. Isabella Capeto murió, después de tomar el hábito de clarisa, el 22 de agosto de 1358 a los 67 años de edad. Fue sepultada en la iglesia franciscana de Newgate. Su hijo desencadenó una guerra contra Francia por los derechos dinásticos que ella representaba, la llamada Guerra de los Cien años.

    MUJERES DE LEYENDA: ISABELLA DE FRANCIA, Reina de Inglaterra
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    Antonio Aparisi

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    Re: Guerra de los Cien Años

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    La Guerra de los dos Pedros

    image.jpg

    El primer tramo de la frontera castellano-aragonesa quedó fijado a la muerte de Alfonso I el Batallador, entre 1135 y 1137 [v. mapa 59], correspondiendo con la "extremadura" soriana. A partir de allí, el resto de la línea fronteriza fue pactado [v. mapa 56].


    Cuando Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón se enfrentaron entre 1356 y 1369, no estaban en juego tierras que pudieran afectar a la integridad del reino aragonés. La "guerra de los dos Pedros" constituyó un episodio más de otra de más ancho alcance geográfico y de mayor duración, la "guerra de los Cien Años", dirimida fundamentalmente entre Francia e Inglaterra. Aragón y Castilla formaron parte de ella como aliados de aquéllos, aunque en realidad los motivos para este enfrentamiento peninsular fueron otros.


    A mediados del siglo XIV, Castilla soportaba un profundo enfrentamiento social, cuyos bandos tenían como líderes al rey Pedro I de Castilla y a su hermano bastardo Enrique de Trastámara, pretendiente al trono castellano, respectivamente. Pedro IV de Aragón apoyó a Enrique, que, a su vez, contó con la ayuda francesa, personificada en Beltrán Duguesclin y sus famosas compañías.


    El monarca aragonés tenía dos objetivos en esta lucha: incorporar el reino de Murcia a la Corona de Aragón -aspiración que data de tiempos de Jaime I, en el siglo XIII- y dominar el Mediterráneo occidental frente a Castilla y su aliada, Génova.


    La guerra, muy cruenta, abarca de 1356 a 1365, porque su prolongación, entre 1365 y 1369, fue más bien entre el monarca castellano y su hermano, que acabó por destronarlo (1369). El escenario principal estuvo en las zonas limítrofes de ambos Estados, pero, como puede verse en el mapa, el reino de Aragón soportó la peor parte. Ciudades como Teruel estuvieron varios años en poder castellano. Las alternativas se sucedieron, como la tregua de 1357, la paz de Terrer (1360) y el incumplido tratado de Murviedro (1363) El resultado para Aragón, ineficaz.

    http://ifc.dpz.es/webs/ubieto/fichasubieto/65.html
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    Última edición por Michael; 23/06/2013 a las 04:29
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