Re: No a la Unión Europea
Europa no es el enemigo, la Unión Europea si es el enemigo. Somos europeos geográfica e históricamente, porque en ella estamos y ya desde la más remota antigüedad nuestras raíces son las mismas que las de los pueblos que nos rodean. Roma nos introdujo en la Europa no bárbara, los visigodos nos trajeron su Derecho que se fusionó con el romano. Ayudamos a construir la Europa cristiana, fuimos su avanzada en el Nuevo Mundo, combatimos las herejías queriendo extirparlas del suelo común... Afirmar que no a Europa, así a secas, es una afirmación nacionalista, es algo similar a decir: "Europa empieza en Los Pirineos, y África en Gibraltar", y eso es nacionalismo, algo que nunca se asoció al Tradicionalismo Carlista.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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