Mitos y realidades sobre el Frente Nacional (o sobre cómo desmontar la farsa Le Pen) (continuación).
Elecciones 2017: sigue el auto-sabotaje
En 2015, Marine Le Pen expulsó a su padre del FN por una nueva serie de sus habituales provocaciones,[1] porque el viejo, que ya chochea, no se había dado cuenta que lo que ayer valía ya no vale hoy. Según subía en resultados electorales y en las encuestas, el FN de Marine Le Pen tenía que dar la apariencia de ser un partido serio que realmente deseaba ganar las elecciones (aunque esto siga sin ser el objetivo). Ya no podía permitirse jugar a la provocación gratuita hablando de homosexuales y cámaras de gas. No obstante, si bien la táctica ha cambiado, la estrategia no ha variado. Y esto se ha podido ver en las últimas elecciones presidenciales.
Invitada durante el periodo de campaña electoral al programa Le Grand Jury (ironía del destino, el mismo programa donde Jean-Marie Le Pen habló del “detalle de la historia” 30 años antes), Marine Le Pen declaró que “Francia no es responsable del Vel d’Hiv”,[2] cosa que, como no podía ser de otra forma, volvió a crear polémica.
Hay que matizar que a la Sra. Le Pen no le falta razón del todo, porque en el pasado la tradición gaullista había mantenido siempre que Francia no era responsable de aquella ignominia, puesto que ocurrió bajo condiciones de ocupación alemana, y la Francia legítima se encontraba refugiada en Londres. Incluso el socialista François Mitterrand se negó siempre a que Francia pidiera disculpas. Este pacto de “reconciliación nacional” fue roto en 1995 por Jacques Chirac, que reconoció la responsabilidad de Francia en aquellos hechos. Sin duda, Chirac había recibido fuertes presiones del lobby pro-israelí, pero creo que su decisión fue correcta y valiente –de hecho, a Chirac se le puede acusar de muchísimas cosas, excepto de ser un sionista– puesto que, aunque es cierto que aquel horror ocurrió bajo condiciones de ocupación alemana, no deja de ser cierto que fueron funcionarios franceses quienes fueron a casas de judíos para detenerlos. Ante el silencio de una “mayoría silenciosa” que se resignaba a vivir bajo ocupación alemana. Una mínima honestidad obligaba a reconocer que Francia tenía su parte de responsabilidad.
Marine Le Pen durante la campaña electoral: “Francia no es responsable de la redada del Velódromo de Invierno”. ¿Otra inadvertencia?
Entonces, la Sra. Le Pen podría haber dicho algo así. Podría haber dicho lo que dijo otro candidato a las presidenciales como el anti-europeísta François Asselineau, que se limitó a afirmar la justeza de ambas visiones de la historia. Si hubiese contestado eso, Marine Le Pen habría quedado como una gran política. Es más, podría haberse negado simplemente a contestar, puesto que ni siquiera fue ella quien sacó el tema, limitándose a decir que se trata de una cuestión que no está a la orden del día, que divide a los franceses, que es una cuestión muy sensible, etc. Pero no hizo eso, ella entró al trapo y dio aquella respuesta, sabiendo perfectamente que iba a ser un escándalo. Me cuesta creer que una señora que afirme estar luchando por la presidencia de Francia pueda cometer tal torpeza.
Después, hay que añadir que Marine Le Pen enfocó su campaña electoral de la misma manera que en 2012. Es decir, con un discurso que en las primeras semanas estaba centrado a partes iguales en los dos grandes ejes del FN –a saber el euro y la UE por un lado, y los problemas de inmigración y seguridad por el otro– para en la recta final de la campaña dedicarse casi exclusivamente a atacar a inmigrantes y musulmanes y hablar de cuestiones de seguridad.
De hecho, para demostrar una vez más que el FN no pide claramente la salida de Francia de la UE y del euro, podemos fijarnos en las dos profesiones de fe que el FN envió a los 47 millones de electores.
La profesión de fe de Marine Le Pen de la primera vuelta de las elecciones se puede consultar en el siguiente enlace:
https://www.marine2017.fr/wp-content...lle_marine.pdf
En este documento, se habla de Europa en dos ocasiones. Una, en un pequeño párrafo en una columna a la izquierda (pág. 2), donde se habla de “recuperar nuestra libertad al devolver al pueblo francés su soberanía (…) Convocar un referéndum sobre nuestra pertenencia a la Unión Europea”. Es decir, el FN no pide la salida de la UE, no invoca el artículo 50 del TUE, lo que pide es la convocatoria de un referéndum. ¿Y qué garantiza que vaya a salir el “sí” a la salida de la UE, si precisamente el candidato supuestamente euro-escéptico no lo ha solicitado? ¿Comprende el lector ahora la gran estafa?
Cartel de campaña de Marine Le Pen durante la primera vuelta de las presidenciales de 2017: “Poner Francia en orden”. Temáticas de extrema derecha las había para dar y regalar, “euroescepticismo” no tanto.
Y para que quede muy claro, a continuación el mismo párrafo dice: “El objetivo es conseguir un proyecto europeo respetuoso de la independencia de Francia, de las soberanías nacionales y que sirva a los intereses de los pueblos”.
Por lo tanto, está muy claro. Allí el FN dice claramente cuál es el objetivo: conseguir “otra Europa”. Es decir, la misma propuesta que defienden tanto Mélenchon como los euro-trotskistas del NPA, Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Marina Albiol, etc.
Y al final (pág. 4), en la carta abierta que Marine Le Pen escribió a los electores franceses, ella decía: “En 2005, vía referéndum, habéis dicho no a la constitución europea, y no os habíais equivocado. Pero al ignorar vuestro voto, vuestros dirigentes os han engañado. Desde entonces la Unión Europea no nos ha traído más que problemas (…) Os llamo hoy a recuperar el poder, al optar por un voto verdaderamente útil.”
Haber votado “no” al proyecto de Constitución Europea en 2005 no significa nada. En contra de la Constitución Europea votaron el socialista Mélenchon, el republicano de izquierdas Chevènement o el neo-gaullista Dupont-Aignant en Francia, al igual que lo hizo IU en España. Pero esto no significa de ninguna manera que apuesten por la salida unilateral de la UE o que cuestionen la construcción europea desde 1957. Todos afirman estar a favor de “renegociar los tratados” o de construir “otra Europa”.
Nótese que contrariamente a 2012, la profesión de fe de Marine Le Pen no menciona la salida del euro ni una sola vez (solamente se limita a hablar en abstracto de “soberanía monetaria”).[3]
En el siguiente enlace se puede consultar la profesión de fe de Marine Le Pen para la segunda vuelta de las elecciones:
http://www.cnccep.fr/les-candidats/lepen.pdf
En este documento se menciona, en un pequeño párrafo de tres líneas (pág. 2), de “renegociar los tratados europeos para recuperar nuestra soberanía y construir una Europa de las naciones”. Lo de siempre: “otra Europa”, cosa que es matemáticamente imposible, porque para renegociar los tratados hace falta el acuerdo de otros 27 estados. Ya ni siquiera se habla del famoso “referéndum” para preguntar sobre la pertenencia de Francia a la UE. Menos aún se habla del euro o de la OTAN. Eso sí, se habla de “inmigración masiva” y “terrorismo islamista”.
El auto-sabotaje definitivo de la campaña de Marine Le Pen ocurrió durante el debate televisivo Le Pen/Macron previo a la segunda vuelta. Todo el mundo se creía que Marine Le Pen iba a machacar a Macron, que es –hay que decirlo– una nulidad total aupada por los medios de comunicación de la oligarquía euro-atlantista. Pero no fue lo que sucedió.
En el debate, Marine Le Pen fue mediocre en extremo, por no decir que en ocasiones su comportamiento fue bochornoso. Apostó por ir directo a la yugular desde el principio, con una actitud prepotente y la agresividad a la que nos tiene acostumbrados, lanzando constantemente golpes bajos en lugar de exponer serenamente su programa y sus análisis (para eso habría hecho falta que los tuviera), y haciendo chascarrillos de los que se reía ella sola de manera estúpida. Debía creer que por el hecho de repetir insistentemente que Macron era un banquero de los Rotschild y un ex-ministro de Hollande iba a ser elegida presidenta.
Gracias a esta actitud, los telespectadores sintieron empatía por Macron, que apareció ante los franceses como un joven gentleman atacado por una choni de 49 años, dispuesto a un debate honesto y que se intentaba defender con la mayor educación, aunque era evidente que mentía como un bellaco.
Cuando a la Sra. Le Pen se le pedía que expusiera sus ideas y su programa, el 80% de sus intervenciones consistía en hablar de lo mal que lo había hecho el gobierno anterior y en decir que Macron es un agente de la banca, llegando incluso a niveles surrealistas, echándole la culpa a Macron de gestiones del gobierno anterior que no tenían nada que ver con su ministerio.
En las intervenciones de la Sra. Le Pen no había ninguna profundidad ideológica, nada basado en ciencia económica alguna, ni el menor atisbo de análisis geopolítico sobre la situación del mundo o la construcción europea. Las pocas veces que ella habló de su programa, ella se atrancaba como siempre, buscando sus palabras, soltando conceptos abstractos sobre el “patriotismo económico”, el “proteccionismo inteligente” (lo cual demuestra que a lo máximo que aspira Le Pen es retocar ligeramente el capitalismo) o “el pueblo”.
Coherente sobre su programa, en ningún momento mencionó la necesidad de salir de la UE, limitándose a hablar del famoso “referéndum” en el que los franceses se pronunciarían en un futuro. En cuanto al euro, su discurso era un auténtico galimatías en el que se hablaba de “convertir al euro en moneda común” (¡ya es una moneda común!) para que las empresas pudiesen elegir entre el franco y el euro para comerciar con otros países. Se veía claramente que no sabía de lo que hablaba y Macron lo aprovechó para ridiculizarla con facilidad.
En lugar de mostrarse como una candidata a presidenta que apueste por la reconciliación nacional, que sea un árbitro por encima de las comunidades étnicas y religiosas, –eso habría sido su gran oportunidad histórica si ella hubiese sido coherente con su tan cacareada estrategia de “des-demonización”–, ella optó por jugar la carta de la islamofobia acusando a Macron de ser apoyado por la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia. De esta manera, le puso en bandeja a Macron la posibilidad de mostrarse como el presidente de todos los franceses. Es muy difícil ser elegida presidenta de la República si le declaras la guerra al islam, habiendo 5 millones de musulmanes en Francia, diciendo además que no hay que tolerar el velo en los edificios públicos.[4] Y esto lo decía sin hacer en ningún momento la distinción entre el musulmán de a pie (sunita, chiita o lo que sea) y el fundamentalismo wahabita financiado por Arabia Saudí y Qatar (una cuestión que, ojo, ella conoce perfectamente).
En definitiva, si una victoria del FN en la segunda vuelta de las elecciones ya era muy difícil de por sí, con su penosa actuación, Marine Le Pen se aseguró de tirar por la borda toda posibilidad de vencer.
"Marine Le Pen, ¿está usted a favor de mantener las 35 horas semanales?
- Macron fumaba hachís en 1º de bachillerato y los franceses deben saberlo"
Al principio de este artículo, dije que me inspiraba de los análisis de François Asselineau sobre el papel real del FN. Confieso que durante mucho tiempo, yo no le creí. La idea de que el FN no aspiraba realmente a conquistar el poder, sino servir al sistema neutralizando a un 20% del electorado y así impedir que surja una alternativa, me resultaba una idea retorcida y “conspiracionista”. Pero ocurrió una cosa que hizo que me diera cuenta de que el análisis de Asselineau era totalmente justo.
La noche de la segunda vuelta de las elecciones, la familia Le Pen había perdido por séptima vez las elecciones presidenciales (y no digo por octava vez, porque en 1981 el FN no consiguió los 500 avales de alcaldes para poder presentarse). Entonces, se habría esperado de Marine Le Pen un comportamiento acorde con la situación: después de un discurso solemne, agradeciendo a la militancia del partido, triste por la derrota pero mostrándose optimista con el futuro, ella se habría ido a casa después de animar a continuar la lucha en las legislativas. A lo sumo, ella habría brindado con champán por los resultados obtenidos y poco más.
Y sin embargo, la vimos en la sede de campaña del FN en Chalet du Lac, en el este de París, bailando totalmente despreocupada con algunos de sus militantes al ritmo de Jean-Jacques Goldman y “I love Rock n’ Roll” de Joan Jett & The Blackhearts. Un espectáculo grotesco. Cuanto menos una falta de respeto hacia sus votantes.[5] Le daba igual haber perdido las elecciones. Total, ¿por qué no? Si no paga Bruselas, pagará el Estado francés, porque después de las legislativas de junio de 2017, ahora será diputada a la Asamblea Nacional.
Marine Le Pen, “hundida” por la séptima derrota electoral de su partido la noche de la segunda vuelta.
Ahora más que nunca, un partido europeísta
En otro artículo, ya tuve la ocasión de explicar que el FN no pretende en absoluto salir de la UE, como tampoco quiere realmente salir del euro (porque para salir del euro es preciso salir de la UE, siendo además la posición del FN sobre el euro extremadamente confusa). Si esto ya era una certeza antes, después de las elecciones presidenciales de 2017 se ha visto confirmado con mayor fuerza.
Justo después de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el masón ex-trotskista y pro-sionista Gilbert Collard, diputado del FN a la Asamblea Nacional desde 2012, dejó clara su posición sobre la UE el euro diciendo que “para nosotros, la cuestión del euro ya es historia, el pueblo hizo su referéndum el domingo pasado. Marine tiene que escuchar este mensaje”.[6]
Recientemente, el alcalde de Béziers Robert Ménard y el vicepresidente del FN Louis Aliot acusaron a la “línea Florian Philippot” de ser responsable del fracaso del FN en las últimas elecciones legislativas, celebradas el pasado mes de junio.[7] Insisto en que Philippot, antiguo partidario de Jean-Pierre Chevènement que ha sido en los últimos años el número dos del FN, podría situarse perfectamente –al menos en lo económico– a la izquierda de Podemos. El discurso de Philippot es el que más atrae al voto obrero y de izquierdas, pues es un discurso contra las privatizaciones, que habla de conquistas sociales, de soberanía monetaria, que defiende un Estado que dirija la economía y que mantenga la propiedad pública sobre los sectores estratégicos, y apuesta por una reconciliación nacional con los franceses de origen inmigrante. Uno hasta se pregunta qué demonios hace en el FN, si no es para contribuir a atraer los votos de los ciudadanos más euroescépticos y seguir llevándoles hacia un callejón sin salida, puesto que, como dirigente del FN, su propuesta consiste en “renegociar los tratados”. Es el único dirigente del FN que he visto hablar del artículo 50 del TUE, pero para decir que podría servir como “método de presión” para renegociar los tratados, cosa que es –hay que decirlo– una afirmación ridícula.
Robert Ménard, el ex-trotskista reconvertido en islamófobo neo-colonialista, declaró lo siguiente refiriéndose a Philippot el pasado 13 de junio en la cadena de radio France Inter: “Cuando uno hace declaraciones económicas sin pies ni cabeza, y se coloca tan lejos de las preocupaciones del mundo de la empresa y los asalariados, artesanos y comerciantes, evidentemente paga el precio de unos malos análisis (...) Hará falta zanjar definitivamente el debate sobre la salida del euro y la línea económica, para girar la página.”[8]
El 12 de junio, Louis Aliot había dicho en el canal de televisión TF1 que la primera vuelta de las legislativas habían sido “un fracaso del FN”, añadiendo que “la problemática de Europa y del euro” habían sido decisiva en este fracaso. “Algunos de mis camaradas se pronunciaron sobre cosas para las cuales habrían hecho mejor en callarse, porque estamos en las elecciones legislativas”, dijo.[9] ¡Esto lo dice la pareja sentimental de Marine Le Pen, que los medios españoles nos presentan como la candidata del “Frexit”!
¿Y cuál ha sido la reacción de Philippot ante la posibilidad de que el FN renuncie a la salida del euro? Amenazar con irse: “No estoy aquí para conservar un cargo a cualquier precio y defender lo contrario de mis convicciones profundas. Siempre lucharé por la independencia de mi país, siempre, sea cual sea el medio.”[10] Hay que ser muy ingenuo –eso en el mejor de los casos– para creer que se puede luchar por la independencia de Francia desde las filas del FN.
Y recientemente, las chispas empezaron a saltar. A principios de mes de julio de 2017, la principal lugarteniente de Philippot en el partido, Sophie Montel, fue destituida de su cargo de presidenta del grupo FN en la región de Borgoña-Franco-Condado, hecho que fue interpretado como el primer acto de una guerra entre clanes dentro del FN. Fuertes internas interpretan que después de su penosa actuación en el debate contra Macron, Marine Le Pen trata de sobrevivir haciendo “saltar el fusible Philippot”. Según la agencia de noticias AFP, los seguidores de Philippot piden que Marine Le Pen dimita por “incompetencia” e “ilegitimidad” (en esto no les falta razón, puesto que la Sra. Le Pen ha heredado la presidencia de su partido). Por lo tanto, la posibilidad de que el FN explote en un corto plazo no es en absoluto descartable.[11]
En cualquier caso, ocurra lo que ocurra en los próximos meses, la pregunta es: ¿Hasta cuándo el pueblo francés seguirá siendo rehén de “Le Pen e hijas S.A.”?
¿Y la izquierda española, cuánto tiempo seguirá cayendo en la trampa del “espantapájaros” de extrema derecha Marine Le Pen? ¿Hasta cuándo seguirá creyéndose lo que dicen los grandes medios de comunicación sobre el FN?
[1] La relación entre Jean-Marie Le Pen y su hija empezó a enfriarse en abril de 2015 cuando, invitado por el canal de radio RMC, se reafirmó en sus declaraciones sobre las cámaras de gas como “detalle” de la historia, afirmando que “lo que dije se corresponde con lo que yo pienso, que las cámaras de gas eran un detalle de la historia de la guerra (…) mantengo estas palabras porque creo que es la verdad, y que esto no debería chocar a nadie”. La gota que colmó el vaso llegó pocos días después, cuando Le Pen declaró al semanario de extrema derecha Rivarol que “jamás consideré que el Mariscal Pétain fuera un traidor (…) creo que se ha sido muy duro con él tras la liberación”. Marine Le Pen no tuvo más remedio que expulsar a su padre del partido.
[2] Bajo el nombre popularmente conocido de “Rafle du Vel d’Hiv” se conoce la mayor redada realizada en Francia contra judíos durante la Segunda guerra Mundial. Entre el 16 y el 17 de julio de 1942, 13.000 personas (de las cuales un tercio eran niños) fueron detenidas y retenidas en el Velódromo de Invierno de París, antes de ser deportadas hacia el Este de Europa.
[3] Y aun así, lo que decía el programa del FN en 2012 era otra estafa, puesto que Francia no puede salir del euro si no sale previamente de la UE.
[4] Con respecto a esta cuestión, Marine Le Pen no se distingue particularmente del resto de responsables políticos del sistema, puesto que comparte con ellos una idea defendida por gran parte del espectro político, desde la extrema derecha hasta la trostkista Nathalie Arthaud del partido Lutte Ouvrière, pasando por la socialdemocracia, la derecha republicana y el llamado “feminismo”, a saber, que el velo no tiene lugar en los institutos, cosa que se afirma en nombre de la “laicidad”. Estos mamarrachos ignoran que la laicidad significa la separación entre el Estado y la religión, ¡no la separación entre la persona y la religión! Así, han llegado a darse casos en que dueños de bares se han negado a servir a mujeres vestidas con el velo “porque estamos en un país laico” e incluso –y esto es el colmo de los colmos– no se ha dejado a mujeres musulmanas votar en las últimas elecciones presidenciales por el mismo motivo, es decir en nombre de la “laicidad”. Estos “laicistas” fanáticos –que muy a su pesar, defienden una religión, la religión “laicista”– llegan a exigir, como yo he podido oírlo y leerlo, que en los institutos se disimulen los crucifijos y las estrellas de David. Pero la laicidad, bien entendida, es la que existe en países como Siria, donde el Estado no se inmiscuye en la religión, pero las muchachas pueden ir a clase con velo o en mini-falda si así lo desean, y sin que venga la feminista de turno a decir que se trata “un objeto de esclavitud”. La laicidad –insisto, si es bien entendida– es una de las invenciones más brillantes de la humanidad, porque es un “pacto de no-agresión” que permite que distintas comunidades religiosas puedan convivir en paz en el seno de una comunidad nacional. En cambio, la “laicidad” tal como la entienden la Sra. Le Pen y el resto de laicos “identitarios” se torna fácilmente en el germen de una guerra civil.
[5] Quien quiera comprobarlo puede verlo en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=7aPaIaznW5o
[6] http://www.bfmtv.com/politique/gilbe...e-1161577.html
[7] http://www.lemonde.fr/elections-legi...1_5076653.html
[8] http://www.lemonde.fr/elections-legi...1_5076653.html
[9] Ibíd.
[10] http://www.lemonde.fr/politique/arti...65_823448.html
[11] http://www.lelibrepenseur.org/explos...n-plein-doute/
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