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Tema: El toro no siente dolor en la fiesta

  1. #1
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    El toro no siente dolor en la fiesta

    El toro no siente dolor en la fiesta

    POLÉMICA / LA ÚLTIMA VISIÓN DE LA LIDIA
    El toro no siente dolor en la fiestaEL CORREO del veterinario que afirma esto tras estudiar 300 reses bravas en Las Ventas se llena de insultos y amenazas. Su tesis: la extraña reacción del animal al infligirle castigo se debería a una actividad hormonal exclusiva del toro bravo. Ahora va a estudiar si también le pasa al toreroGALA DIAZ CURIEL

    No sé cómo han conseguido mi correo, me lo están eventando con insultos y amenazas de muerte». No es juez ni policía ni político. Juan Carlos Illera del Portal es profesor titular y director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, y su pecado, merecedor para algunos de la pena máxima, ha sido el de estudiar las hormonas de los toros para demostrar que el sufrimiento de las reses bravas en la lidia no es tan grande como se podía pensar.

    Nadie hasta ahora se había planteado que un animal que es sometido a la tortura de la puya, las banderillas y el estoque pudiese sentir menos dolor del imaginable. Parecía claro que el toro sufría de forma brutal durante la corrida. Pero Juan Carlos Illera del Portal acaba de hacer pública una investigación con la que pretende demostrar que gracias a la segregación de hormonas el toro siente menos estrés y menos dolor durante la lidia de lo que siempre se ha creído.

    Juan Carlos asegura que el estudio no pretendía ser un manifiesto en defensa de las corridas taurinas. No cree que su investigación vaya a cambiar el eterno debate entre partidarios y detractores de las corridas: «Eso seguirá siendo así».
    Pero sí considera que las conclusiones demuestran que el toro de lidia es un animal con unas reacciones hormonales únicas y que resulta necesaria su protección. «El estudio puede dar fuerza a los defensores de la fiesta, porque ahora podrán decir que tenemos una especie única en el mundo. Pero debemos tener en cuenta, o al menos yo lo tengo claro, que si desaparece la fiesta desaparecerán los toros del campo. Estarán en los zoológicos como una especie en extinción».

    Quienes defienden las corridas creen que el estudio de Illera podría acallar las voces críticas de los antitaurinos. La discusión encendida ha existido siempre. Unos insisten en celebrar corridas como medida para conservar el toro de lidia y otros, sin embargo, ya no saben qué más hacer -además de desnudarse en las calles de Pamplona- para conseguir que la sociedad elimine una práctica que, cuando menos, hace que el animal sufra.

    El estudio de Illera ha caído como un jarro de agua fría en las asociaciones antitaurinas. Tras leer los resultados de la investigación, Alfonso Chillerón es presidente de la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales: «La lidia es el mayor castigo físico y psicológico al que puede ser sometido un animal. Y acabar con las corridas no supondría la extinción de una supuesta raza».
    Para conservar lo que ellos denominan «agrupación bovina» lo adecuado «sería mantenerlos en reservas naturales y no someterlos al espantoso espectáculo de su agonía y su muerte en la plaza». Aunque ahora digan que no duele tanto.
    Para llevar a cabo un estudio que ha necesitado de más de cinco años de trabajo, el equipo de Juan Carlos Illera analizó la respuesta hormonal de 180 toros y 120 novillos de la plaza de Las Ventas de Madrid. Medían en sangre la actividad hormonal de todos los animales que se devolvían a corrales antes y después de ser picados o incluso después de ser sometidos a las banderillas.

    Querían comparar si la glándula adrenal del toro de lidia era igual a la de otras especies de ganado vacuno y concluyeron que el toro tiene una respuesta hormonal distinta a la de cualquier otro animal. Aseguran que los niveles de estrés -medidos a través del cortisol y las catecolaminas- son tres veces mayores durante el traslado que en el ruedo por lo que el sufrimiento del toro sería mayor en el camión que ante el mismísimo torero.

    DOLOR CASI NULO
    Pero, además, pensaron que si los toros tenían un mecanismo hormonal especial para controlar el estrés quizás también lo tuvieran para liberarse del dolor. Descubrieron que durante la lidia el toro libera 10 veces más betaendorfinas - conocidas como hormonas del placer- que un ser humano y siete veces más que durante el transporte. «La betaendorfina -explica Illera- bloquea los receptores del dolor hasta que llega un momento en que el dolor y el placer se equiparan y el sufrimiento puede llegar a ser casi nulo. Lo que queremos decir es que el toro bravo tiene un mecanismo especial para llegar a controlar su dolor. Cierto que lo siente, pero no es lo mismo un organismo que puede controlarlo y contrarrestarlo, hasta casi no sentir sufrimiento, que otro que no puede poner en funcionamiento este mecanismo».

    Las críticas le han llovido de todas partes desde que el pasado 24 de enero la revista taurina 6 toros 6 publicó una extensa entrevista en la que Illera explicaba de forma pormenorizada los hallazgos de la investigación. En sólo unas semanas, su correo electrónico se ha llenado de amenazas de muerte e insultos de todo tipo. Es la ira de algunos sectores de la comunidad antitaurina. Hasta Rosa Montero, escritora e hija del torero Pascual Montero, le dedicaba hace escasos días una de sus columnas en la contraportada del diario El País. Como podrán imaginar, nada de bonito había tampoco en sus palabras.

    Illeras no consigue comprender el tremendo impacto que ha causado la difusión del estudio. Dice que en absoluto se considera defensor de las corridas. Como veterinario, asegura ser un gran amante del toro de lidia por su belleza y por su fortaleza pero no como el simple pelele de un espectáculo violento. «Mi padre era un gran amante de la fiesta de los toros. Era catedrático del Departamento de Fisiología Animal de la Complutense y durante muchos años fue el veterinario de Las Ventas. Pero a mí no me gustan especialmente las corridas. El ambiente sí. Pero no entiendo demasiado bien lo que pasa en el ruedo y no lo disfruto. En mi vida habré ido a seis o siete corridas».
    Amenazas de por medio, Juan Carlos Illera asegura que todavía tiene muchas ganas de seguir trabajando y que en pocos meses retomará la investigación con algunas variaciones. Ahora le tocará a los toreros. «Los cirujanos de una plaza de toros nos comentaron el año pasado que era más que posible que la misma reacción hormonal que tenían los toros ante el dolor la tuviesen los toreros».

    El vídeo con el que los cirujanos trataron de probar esta teoría mostraba cómo un diestro había conseguido acabar la corrida con el puyazo de un toro en el pecho. La cornada había sido tan brutal que cuando le abrieron la chaquetilla en la enfermería, la piel se separó dejando ver el movimiento de los pulmones. Además le cosieron sin ningún tipo de anestesia, porque así lo pidió él, y sin que su cara mostrase el más mínimo signo de dolor».



    http://www.elmundo.es/suplementos/cr...172358004.html

  2. #2
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    Re: El toro no siente dolor en la fiesta

    ENTREVISTA

    Juan Carlos Illera del Portal, veterinario: "El toro disminuye la percepción de dolor con un mecanismo especial"




    Lugar de nacimiento: Madrid.
    Fecha: 24 de noviembre de 1958.
    Cargo: Profesor titular y director de departamento de Fisiología Animal de la facultad de Veterinaria de la universidad Complutense de Madrid.
    Juan Carlos Illera y su equipo han demostrado que el toro siente menos estrés y menos dolor durante la lidia de lo que siempre se ha creído, y eso gracias a un mecanismo especial --a una respuesta hormonal distinta a la de cualquier animal-- que los contrarresta. Illera, que ha recibido críticas, incluso amenazas, de sectores antitaurinos, adelanta en esta entrevista algunas de las claves de su estudio del que hablará mañana en Córdoba, dentro de las jornadas organizadas por la Federación Provincial Taurina.


    --¿Cuál ha sido el objeto de su trabajo?
    --Nuestro trabajo comenzó hace cinco años y lo que queríamos ver han analizado 300 reses en la plaza de Madrid es la capacidad de respuesta del toro de lidia frente al estrés. El trabajo se basa en el estudio endocrino del animal frente al estrés. Es decir, qué hormonas y en qué cantidad se liberan durante una fase de estrés como puede ser la corrida. Entonces, como parte de las hormonas implicadas en el estrés también lo están en el dolor, en intentar paliarlo, abordamos los dos estudios.


    --¿Y qué descubrieron?
    --En cuanto al estrés, lo que hemos visto es que el toro de lidia presenta una glándula adrenal, un sistema endocrino, podríamos decir, diferente a otras especies animales, y que, por tanto, su respuesta es diferente a la de otras especies de ganado vacuno. Un animal frente al estrés libera una cantidad muy grande de hormonas, como puede ser cortisol, para combatirlo. Sin embargo, en el toro de lidia, durante la corrida, por un mecanismo especial que seguimos estudiando, libera hormonas pero no en cantidades como para decir que es una acción antiestrés. Libera menos hormonas durante la lidia que durante el transporte, con lo cual podemos decir que el animal presenta un mecanismo especial de respuesta frente a otras especies, y que el estrés lo sufre más en el traslado en el camión que en el ruedo. Y además, lo que hemos visto también es que se produce una liberación muy grande de betaendorfinas, cuya función es paliar el dolor. Cuantas más endorfinas haya, aumentamos o disminuimos el umbral de dolor. No quiere decir que el animal no tenga dolor, pero sí que así disminuye notablemente la percepción de dolor.


    --Por tanto, decir que el toro no sufre dolor en una corrida, es mucho decir, ¿no?
    --Desde luego yo no puedo asegurar que el toro no sufra, y por una razón: como fisiólogo sí que tengo mecanismos para poder medir el estrés y el dolor, pero para el sufrimiento no tengo ningún mecanismo.

    --Lo que sí es cierto es que frente a la idea generalizada, el toro no sufre tanto...
    --Sí, podríamos decir que no sufre tanto, pero nunca aseverar que no sufre, porque, por supuesto, estoy seguro de que el animal sufre. Lo que tiene este animal es que posee un mecanismo diferente a los demás, que responde rápidamente a ese dolor combatiéndolo, con lo cual el umbral o la sensación de dolor puede ser en un momento, pero posteriormente disminuye notablemente.


    --Pues le desmonta usted los argumentos a los antitaurinos...
    --Eso ya no lo sé. Ahí no me meto (dice sonriendo). Digo eso y mañana estoy recibiendo otra vez correos electrónicos, que algunos hasta amenazaban de muerte. Nosotros no queremos ponernos a favor de unos ni de otros. Yo estoy a favor de la Fiesta, pero no quiere decir que mis estudios vayan encaminados a eso. Nosotros estudiamos el toro por su especialidad, por esa característica especial que tiene de cómo combate el estrés y cómo combate el dolor. Y además estos son estudios preliminares, porque donde se centra la regulación del dolor y el estrés es a nivel cerebral, que es lo que queríamos investigar, pero con las vacas locas , al ser el cerebro un producto MER, no podemos recoger ninguno. Posiblemente, cuando se acabe esta ley empecemos a estudiarlo y veremos qué resultados obtenemos, porque a lo mejor son contrarios. No creo, porque está relacionado con su liberación hormonal. Entonces sí que podríamos asegurar algo más, como que tiene un mecanismo especial a nivel cerebral para regular su propio estrés y su propio dolor, cosa que otros animales no lo tienen.


    --Siempre se ha considerado al toro como un animal único, y a partir de este estudio aún más. ¿Cree que su protección solo es posible con la existencia de la Fiesta?
    --Creo que sí. Si desaparece la Fiesta, esta raza se perdería. Podría existir en algún zoo o en alguna dehesa en la que alguien, por capricho, quisiera tenerlo. Pero vamos, toda la genética y todos los estudios que se están realizando de mejora de este animal..., desaparecería, porque económicamente no tendría ningún sentido. Y a parte de perder el toro perderíamos un montón de otras especies de nuestro hábitat en España, porque gracias al toro de lidia se mantienen cantidad de dehesas donde se conservan muchas especies autóctonas españolas.


    --¿Ahora va a estudiar si los toreros también tienen un mecanismo especial para luchar contra el dolor?
    --Estamos en ello, a ver si los toreros nos dejan poder estudiarles. Más que el dolor, el cómo combaten ellos la situación de estrés de una corrida. Sería analizar la saliva para medir sus niveles hormonales. Parece ser que sí, que ya tenemos algunos toreros dispuestos y posiblemente para finales de año tengamos algún resultado.


    ¿Esperaba usted que tuviera tanta repercusión su estudio?
    --Nunca, estamos asustaditos (dice sonriendo). La verdad es que estamos asustados, aunque ahora ya gracias a Dios no recibimos ningún correo. Cuando salió por primera vez recibí 200 o 300 correos insultando, amenazando, unas cosas que un científico nunca espera leer en esta vida, porque lo que nosotros realmente decimos es que del animal esto es lo que hay. Sirva para una cosa o para otra, eso ya no lo sabemos. Lo que sí podemos decir es que nuestros datos son verdaderos. Yo puedo medio aseverar que el animal tiene un mecanismo especial frente al estrés y el dolor, pero no más. Que haya gente que se lo tome de otra manera para insultarnos, pues tampoco entra dentro de una cabeza razonable.


    http://www.diariocordoba.com/noticia...sp?pkid=308928


  3. #3
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    Re: El toro no siente dolor en la fiesta

    Los correos electrónicos de todo el departamento han sido borrados para impedir la llegada de mensajes amenazantes. ¿Los anónimos constituyen un delito?
    El único científico bueno para los eco-progres-chiruqueros es Galielo. El resto que contradiga sus ideas es un fascista que hay que torturar. Como cambian las cosas.


    PLANIFICACIÓN PARA EL CURSO ACADÉMICO 2005/2006

    Programa: 277, FISIOLOGÍA


    Departamento responsable:
    FISIOLOGÍA (FISIOLOGÍA ANIMAL II)
    FISIOLOGÍA (FISIOLOGÍA ANIMAL)
    FISIOLOGÍA


    El centro encargado de la gestión de este programa es:
    FACULTAD DE CIENCIAS BIOLOGICAS
    FACULTAD DE MEDICINA
    FACULTAD DE FARMACIA
    FACULTAD DE VETERINARIA


    Áreas de conocimiento a las que se adscribe el programa:
    FISIOLOGÍA

    Coordinador principal del programa:
    JESUS ANGEL FERNANDEZ-TRESGUERRES HERNAN (email:guerres@med.ucm.es )

    Demás coordinadores del programa:
    MARIA LUISA PUERTA LOPEZ (email no disponible)
    JUAN CARLOS ILLERA DEL PORTAL (email no disponible)
    LUIS MONGE SANCHEZ (email no disponible)
    Manuel RODRIGUEZ PUYOL (email no disponible)

  4. #4
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    Re: El toro no siente dolor en la fiesta

    Nunca fui aficionado a los toros, pero tampoco me opongo a la fiesta. La tauromaquia es parte integrante de nuestra cultura, e incluso ha impregnado el idioma de expresiones que le dan bastante color. El toreo es arte, valentía, luz y color. Unos lo atacan por un ecologismo de moda que equipara a los animales al hombre cuando no los endiosa, y otros porque es algo muy nuestro y muy hispánico, no solo de España sino de una buena parte de América, de México al Perú.

    Por supuesto, no soy partidario de la crueldad con los animales. Pero el toro de lidia es un animal bravo que disfruta peleando y se crece con el castigo. Se puede decir que muere feliz; luchando, que es lo que le gusta. No es un toro común y corriente. Es un animal bravío y peligroso que ataca porque sí sin previo aviso. Yo mismo he tenido un par de sustos estando en el campo. Gracias a Dios, por ser una zona muy arbolada en vez de en campo abierto pude escabullirme fácilmente. Antes de que el espectáculo degenerara en combates entre hombres, los gladiadores romanos luchaban a veces contra osos, leones o toros ibéricos. El salmista menciona en una ocasión los toros que lo han rodeado, metáfora que sería absurda de si se tratara de un animal inofensivo (al parecer, en tiempos de David, 1000 a.C aproximadamente, los toros bravos estaban más extendidos por el Mediterráneo que hoy en día; ahí están los frescos de Cnosos). Es evidente también que un toro bravo tiene mucha más belleza y elegancia que un toro cualquiera. Y él es el verdadero protagonista de la fiesta.

    Es curioso que la hayan tomado con la tauromaquia y nadie o casi nadie diga nada de algunos verdaderos abusos que se cometen contra algunos animales. Las peleas de gallos, todavía populares en algunos países, son un ejemplo de ello. Se cruzan apuestas para ver cómo dos animales se machacan a picotazos y espolonazos sin riesgo alguno para sus dueños. El torero, en cambio, se juega el tipo cada vez que sale al ruedo. Es un duelo en igualdad de condiciones, y a veces gana el toro.

    Otro ejemplo de crueldad sería el caso de aquellos perros a los que en aras de la estética se les amputa el rabo, por ejemplo los bóxers. No se gana nada porque siguen siendo bastante feos, y se los priva de un medio esencial de expresar su estado de ánimo, ya sea agitando la cola en señal de alegría o escondiéndola entre las patas cuando están asustados (de ahí la expresión "se fue con el rabo entre las piernas" cuando alguien queda humillado o apabullado). Es como si a un sordomudo le amputaran las manos. El llamado mejor amigo del hombre, que le salva la vida, lo defiende de enemigos, guarda sus ganados, lo guía cuando está ciego, ayuda a la policía y le brinda amistad y compañía, jamás le arrancaría un miembro a su amo.

    Chile se jacta de ser el primer país que prohibió las corridas de toros, las que considera bárbaras y salvajes, y aun así tiene como deporte nacional el rodeo, en el que dos jinetes persiguen a un novillo (ojo, aquí no hay toros de lidia, son más mansos que corderitos) y entre los dos caballos lo estrellan contra la barrera de madera en unos cosos que llaman medialunas. Dos contra uno y a caballo, y el animal no se defiende como el toro de lidia. Está asustado, no sabe de qué va la cosa (siempre lo hacen con un novillo nuevo) y termina acorralado y golpeado contra las tablas. Generalmente termina con lesiones internas y va de ahí al matadero.

    Por último, creo que también se podría hablar de los pájaros enjaulados, dado que aunque no sufren por no haber conocido normalmente la libertad, me apena verlos condenados a cadena perpetua sin haber cometido delito alguno, solo para disfrutar de la belleza de su plumaje y de su canto. Y lo terrible es que no se los puede soltar porque no están acostumbrados a la libertad y difícilmente sobrevivirían. Y es curioso que quien tiene pájaros suele tenerlos precisamente porque ama a los pájaros y no se da cuenta de ello.

  5. #5
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    Re: El toro no siente dolor en la fiesta

    ¿Por qué Esquerra Republicana de Cataluña no propugna la supresión de la pesca recreativa?

    por Luis María Anson
    La Razón, domingo, 28 de noviembre de 2004


    Mi buen amigo Daniel J. Santos ha regresado exultante de Suiza. Tiene cuarenta años, bigote aznarizado, cejas de acento circunflejo a lo Zapatero, entradas que anticipan la calvicie total y una curva de la felicidad que le atormenta. Es alto, fuerte, suele disfrazarse de joven y habla con palabras deshuesadas y vivos ademanes de sus manos desdeñosas. Se fue a un río suizo que se estanca a pescar el lucio y consiguió la picada y captura de un pez de 129 centímetros, su récord personal. Utilizó caña Carpmaster Excel, con la que se especializó en ciprínidos en los territorios carperos. Pero asegura que le funcionó muy bien en su última aventura.
    -De madrugada -me dijo- saltó la alarma. Salí como una exhalación de mi saco de dormir. El carrete chirriaba en la caña y el trípode apenas resistía los botes. Tomé el mando y ajusté el freno. El pez huía desgarrado por la potera, el anzuelo triple, como sabes, bien sujeto por una empatadura, anudada a base de kevlar. Me di cuenta enseguida de que la lucha iba a ser larga y dura.
    Daniel Santos había cebado el agua con boilies. La mosca empleada en su caña era de cabeza metálica dorada, la seda de color oliva, la pata, riñonada de pardo aconchado y la brinca, de tinsel fino también dorado. Prescindió de la cucharilla giratoria. Usó como cebo tencas vivas. Se había pertrechado de esmerillones, mosquetones y quitavueltas para evitarse complicaciones.
    -La lucha fue heroica -siguió contándome Daniel, entusiasmado consigo mismo-. Durante no menos de media hora el tira y afloja continuó. En un remolino de las aguas pude ver la cabeza del pez. Era un lucio, sin duda de gran tamaño y grueso perímetro. La emoción me los puso de corbata.
    Prendido bárbaramente del anzuelo de acero, el pez sufría hasta la angustia, herido por tres lugares simultáneamente. El lucio no es un animal bravo que vuelve al castigo y se crece con él. Por el contrario, se trata sólo de un pez aterrorizado, claro está, por el punzante de acero del que no puede desprenderse. El dolor que el anzuelo triple produce en zona tan sensible como el paladar resulta indescriptible. Basta imaginarse a un toro vivo colgado de la boca por un enganche de hierro en una grúa de la construcción. El lucio, en fin, huía despavorido hasta que la sabia mano de Daniel, tras darle caña, tiraba con decisión y reducía la fuga, con atroces desgarros. Y así una y otra vez mientras los minutos transcurrían entre dolores terribles para el pez y euforia deportiva para el pescador.
    -Por fin -se extasía Daniel- levanté al lucio. Era enorme. Apenas podía sujetarlo en el aire mientras coleaba. Pero yo había levantado la malla de la sacadora, para que el lucio no pudiera escapar.
    La terrible agonía del pez entre coletazos y espasmos en el aire se acentuó con la asfixia. Los coletazos se fueron haciendo más débiles, los espasmos menos frecuentes. Los ojos saltones y atónitos se le vidriaban poco a poco. El desgarro en la boca era cada vez más estremecedor.
    -Alargué el brazo -concluyó Daniel- Se había consumado mi gran victoria. Deposité al animal todavía agonizante sobre la moqueta de desenganche y me apresuré a desanzuelarlo, lo que resultó complicado porque la lucha había clavado fuertemente el metal en los labios y el paladar. Gracias al desembuchador pude al fin realizar la operación.
    -Bueno -añadió eufórico-. Y aquí me tienes en esta fotografía con el lucio, que es mi máximo trofeo después de tantos años de pesca. Estoy que no me lo puedo creer.
    Son muchos millones los pescadores que en los países más cultos de Europa, Suiza, Suecia, Noruega, Dinamarca, Francia, Italia, Holanda, Alemania, Inglaterra... dedican sus fines de semana a la pasión, un poco cruel, la verdad, de la pesca recreativa. Se comprende la captura masiva de peces para la alimentación general. Y serán muchos los que acepten, aunque con reparos, la belleza de la pesca deportiva o la recreativa. Pero, tras la conversación con Daniel y el relato de su hazaña, cada vez que un suizo, un sueco, un noruego, un danés critiquen las corridas de toros, espectáculo de arte y valor, de profundas raíces religiosas y populares y en muchos aspectos expresión cultural trascendente, contestaré:
    -Mire usted, mi querido amigo, cuando prohíban en su país la pesca recreativa empezaremos a hablar de las corridas de toros que ustedes quieren que el Parlamento europeo condene.
    Contemplé, en fin, a Daniel todavía emocionado tras su relato, héroe por cierto sin riesgo personal tan diferente al del torero en la plaza que, con sólo un trapo, se enfrenta a las dos furias astadas del toro bravo, y le dije:
    -Me alegro de tu éxito, Daniel. Por cierto, tengo entradas para ver esta tarde en las Ventas al Juli. Es un torero de época. Te invito a que vengas conmigo.
    -¿A los toros? -me contestó- ¿Cómo puede ir a los toros un hombre culto y sensible como tú? La corrida de toros es una salvajada.

  6. #6
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    Re: El toro no siente dolor en la fiesta

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    EL TRIUNFO DE LOS FARISEOS


    EL TRIUNFO DE LOS FARISEOS
    Albert Boadella
    ABC Abril 2004

    Parece lógico que a quien no ha vivido muy de cerca la evolución de la sociedad catalana durante las últimas décadas puedan resultarle algo enigmáticas algunas de sus actitudes recientes. Una comunidad que lleva tanto tiempo asumiendo y rentabilizando el complejo de persecución no es extraño que haya construido un intrincado código de subterfugios para conseguir un día la tierra prometida sin alertar al adversario. Hoy, una gran mayoría de españoles parecen sorprendidos al descubrir esta nueva Cataluña vehemente, cuya exhibición de rasgos secesionistas nada tiene que ver con aquel territorio de gente aparentemente taimada y dialogante del reinado pujolista. Sin embargo, dicha sorpresa revela de nuevo una errónea interpretación de nuestro pasado reciente.

    Precisamente, durante las dos últimas décadas, en las instituciones catalanas se ha venido tejiendo con sutil tenacidad una trama de mensajes subliminales bajo un objetivo muy preciso. Se trataba de transmitir desde cualquier medio público, ya fueran emisoras, colegios, asociaciones o clubes, los maleficios de todo aquello que desprendiera tufo español. Así de sencillo. Lo hemos comprobado a diario en infinidad de tertulias, en los humoristas de la TV3, en el servicio meteorológico, en los libros de texto, en el deporte, en la obstinada cruzada del ejército de filólogos, etc. Los resultados de aquella persistente y sagaz política de intoxicación han empezado a emerger en los últimos tiempos, pero nadie debe rasgarse las vestiduras porque la comedia sólo acaba de levantar el telón. Toda una generación ha sido instruida en estos precarios principios y obviamente tratarán de ponerlos en práctica. Otra cosa es que el espectáculo, por sus tintes de provincianismo castizo, acabe resultando hasta divertido y algunos incluso nos lo tomemos a pitorreo.

    Bajo este prisma, la decisión del Ayuntamiento de Barcelona declarándose ciudad antitaurina no debería sorprender a nadie. Las motivaciones "humanitarias" con relación a los bichos no son más que una cortina de humo. Tampoco es cuestión de entrar en razonamientos y polémicas culturales sobre el arraigo de la tauromaquia o la supuesta alma de los animales. El asunto es de otra naturaleza. Aquí sólo se quiere demostrar al resto de la península que los catalanes no somos unos salvajes practicantes de la tortura y el asesinato a un pobre animal indefenso, mientras nos divertimos al son del pasodoble "Suspiros de España". Por consecuencia, cualquier otra consideración del hecho siempre resultará incoherente y enigmática. De lo contrario, ¿cómo podríamos explicarnos que el concejal de ERC señor Portabella, uno de los paladines de la decisión, sea el presidente del zoo barcelonés? El espacio ciudadano donde se atropella con mayor escarnio público la dignidad de los animales.

    Cuando se quiere imponer una realidad artificial en la que los catalanes representamos los modernos y cívicos, mientras que el resto de España arrastra la herencia salvaje, casposa e intolerante, hay que hacer lo que sea para que cuadre el invento. Naturalmente, se recurre con el mayor cinismo a lo que Arcadi Espada llama la caja B de la moral, y si conviene se afirma que los toros poseen: "...un sistema nervioso de similares características a la especie humana". Todo ello, mientras en la impoluta Cataluña se crían nada menos que diez millones de cerdos en régimen intensivo. Si esta definición les resulta abstracta, me permito informarles que el procedimiento intensivo significa diez millones de cerdos viviendo toda su existencia en apenas dos metros cuadrados, mientras intentan equilibrar constantemente sus patas sobre unas rejas por las que fluyen los excrementos. Su único movimiento posible se reduce a inclinar ligeramente la cabeza para comer pienso, ya que el transporte al matadero se efectúa en idénticas condiciones.

    Cataluña es hoy la pionera en España y Europa para esta clase de tortura a la especie animal. Una tortura, dicho sea de paso, muy rentable. Aunque tampoco debería sorprendernos si encontramos mañana algún pseudo científico, especialista en rasgos diferenciales, argumentando que eso ocurre, porque el cerdo no posee el mismo sistema nervioso del toro, tan parecido al humano. Bajo semejantes ocurrencias, ¿dónde pondremos el límite de la sensibilidad? ¿En las bacterias? ¿En los mosquitos? Cuando las decisiones de los dirigentes públicos se inscriben en la pura virtualidad, fuera de toda noción de un país real, todo es posible. Pero aun puede ser peor si estas decisiones intentan además promover los envites de un resentimiento maquillado bajo grandes conceptos humanísticos. Entonces, eliminada toda referencia real y la hipocresía convertida en lenguaje corriente, el caos está servido.

    No importa que el toro sea el animal salvaje que mejor vive hoy en Europa, porque no creo que el asunto merezca ninguna polémica cultural o científica. En todo caso, el debate es ético, pero no del lado de la tauromaquia. Se trata simplemente del fraude de un notable consistorio que, ante la legítima opinión de algunos ciudadanos contrarios a las corridas, aprovecha la circunstancia para lanzar un mensaje institucional, cuya aparente intención encubre un objetivo muy distinto. En definitiva, se busca un subterfugio filantrópico porque todavía no hay agallas suficientes para declarar "Barcelona ciudad antiespañola". Todo llegará.

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