• [FARO] X aniversario José Ramón García Llorente, Juan Manuel Muskett



Lignières/Buenos Aires/Madrid, 24 enero 2011. Se cumplen diez años del terrible accidente automovilístico en la Pampa que dejó gravemente herido a S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, y costó la vida a dos leales amigos, el joven Juan Manuel Muskett, caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita, y José Ramón García Llorente, quizá el más entregado servidor del Abanderado de la Tradición.

José Ramón García Llorente, hispanoargentino (es decir, doblemente español), había nacido en Madrid el 21 de marzo de 1936, apenas cuatro meses antes del Alzamiento Nacional. De linaje carlista, con raíces también en tierras de Soria y en Sevilla, se asentó como estanciero en la Pampa, donde fue alma del reverdecer del Carlismo en aquellas tierras, así como infatigable propagador de la devoción al Inmaculado Corazón de María. La cabalgata carlista que todos los años celebra la Hermandad de Nuestra Señora de las Pampas, la primera conmemoración del año de los Mártires de la Tradición, sigue llevando su impronta, así como la ejemplar comunidad familiar de Pichi Mahuida. Allí, alrededor de su viuda, doña María Jesús Gallardo (madrina de honor de las Margaritas carlistas, por disposición de Don Sixto Enrique de Borbón), se encuentran casi todos sus numerosos hijos, entre ellos Celina García Gallardo, fundadora de la Sociedad San Andrés (SAS), y dos de los también distinguidos con la Orden de la Legitimidad Proscrita (de la cual el difunto José Ramón ostenta la Gran Cruz); el tercero de los caballeros de esa orden, sacerdote fiel a la tradición de la Iglesia romana, está misionando por tierras de la Nueva Granada.

En las décadas de mil novecientos ochenta y noventa, en los años que siguieron al fallido intento de acoger en la Comunión Tradicionalista Carlista a aquellos que, sintiéndose o diciéndose carlistas, se habían ido apartando de la disciplina en las décadas anteriores, José Ramón García Llorente, hombre en extremo bondadoso y caballero intachable, en sus frecuentes visitas a la Península y en su correspondencia, trabajó por atraer a los díscolos a la autoridad dinástica, personificada en Don Sixto Enrique de Borbón. No le escucharon, y el daño que hicieron a la organización y al buen nombre del Carlismo es todavía hoy palpable.

La Santa Misa de hoy en la Capilla de Nuestra Señora de Fátima, de Martínez, Buenos Aires, se ha ofrecido por su eterno descanso.




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