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Tema: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

  1. #341
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    El 19 de abril de 1810 en horas de la mañana, un grupo de la aristocracia caraqueña desconoció al Capitán General Vicente Emparan. Estos le solicitaban una respuesta definitiva ante la invasión de Napoleón a España. ¿Seríamos leales a Fernando VII, o al nuevo Rey, José Bonaparte? El Padre Madariaga, en representación del clero, le aconseja que se asome al balcón del Ayuntamiento, y que sea la misma muchedumbre reunida en la Plaza Mayor la que tome la decisión. Emparan hizo lo dicho, y les preguntó a los reunidos si querían que él siguiera como Gobernador. Madariaga, quien había seguido al Capitán General, detrás de éste, hizo señas negativas con la mano, a lo cual la multitud respondió "No, no lo queremos". Al oír esta exclamación, Emparan dijo "Si no me queréis, pues yo tampoco quiero mando" y presentó la renuncia de su investidura.

    Acto seguido se constituyó un nuevo gobierno que tomó el nombre de “Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII”, la cual daría origen a la Sociedad Patriótica. Cabe destacar, que a pesar de que este evento fue el inicio de nuestro proceso de independencia, en realidad se defendía al Rey Español, quién fue depuesto por Napoleón. Este es un Hecho Criollo.





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  2. #342
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    La historia de Manuel Piar es la historia de una traición, los bolivarianos alegan que fue él quien traicionó, pero la historia, sus acciones, sus logros, indican otra cosa. Mientras el Libertador caía en continuas derrotas, el Gigante de Guayana ganaba todas sus batallas, solo Boves pudo vencerle, pero esto no impidió que volviera con más fuerza. Piar era mulato, aunque tenía más apariencia de blanco de clase que el mismo Libertador, existe una leyenda, en la cual, Tavera Acosta nos indica que es posible que Piar hubiese tenido parentesco con el príncipe de Braganza.

    Quién conoce la historia de Manuel Piar, conoce la historia de una tragedia, desde nacimiento condenado a ser tratado como un mulato, aunque aparentara ser más que ello. Herrera Luque narra en su novela que "No se sentía como los negros, pero tampoco como los mantuanos". El gran general que logró amontonar uno de los ejércitos más grandes de la independencia, fue fusilado, tras un complot realizado por sus hermanos de armas.

    Se dice que al morir, Bolívar exclamó "He derramado mi propia sangre", razón por la cual, se cree la posibilidad de que existiera un parentesco entre ellos, por los Aristeguieta, o por el mismo padre del Libertador.





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  3. #343
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    San Martin no venía a liberar Chile, sino que a invadir





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  4. #344
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    ¿Qué pasó con el virrey Cisneros luego de la Revolución de Mayo?




    Don Baltasar Hidalgo de Cisneros Fuente: Archivo

    Daniel Balmaceda


    29 de mayo de 2018 • 01:31


    Don Baltasar Hidalgo de Cisneros y la Torre Cejas y Jofre vivió en el fuerte de Buenos Aires hasta el 24 de mayo, junto con su espléndida mujer, doña Inés Gaztambide y Ponce. Pero en cuanto fue desplazado, alquiló una casa en la actual calle Bolívar 553, entre Venezuela y México. Tenía con qué pagarlo, ya que continuó cobrando sus haberes, de acuerdo con lo resuelto por la Junta. Pero su estadía en la Buenos Aires revolucionaria iba a ser corta.

    Cerró mucho su núcleo de amistades. Solía reunirse con Antonio Caspe, Francisco Anzoátegui, Manuel Villota, Manuel de Reyes y Manuel de Velazco, integrantes de la Real Audiencia, el más alto Tribunal de Justicia de Buenos Aires. Esta situación planteó cierta tirantez con el gobierno que recién había asumido. Entre el 7 y el 9 de junio tomó estado público un cruce de notas entre la Real Audiencia y la Primera Junta. Los magistrados le hacían ligeros planteos a la Junta que encendieron la chispa. Las repercusiones por esas notas fueron inmediatas.

    Cerca de la medianoche del 10 de junio, cinco hombres con sus rostros cubiertos con pañuelos, protegidos a la distancia por un pelotón de cuatro soldados y un oficial, destrozaron los ventanales del hogar del fiscal del crimen Antonio Caspe, cuando el hombre se regresaba a su casa. Le dispararon y lo golpearon con sables, ocasionándole tres heridas en la cabeza. El fiscal quedó tendido en el piso. Su familia pensó que había muerto. Pero vivía. Según expresó en un informe la víctima, su mujer se desmayó del susto.

    A sólo tres semanas de asumir la Primera Junta, ya se topaba con una acción que ponía en juego la capacidad de controlar los hechos y las personas.

    A pesar de que se dijo que la agresión estuvo relacionada con el cruce de notas entre la Audiencia y la Junta, algunos atribuyeron la brutalidad a otro hecho. El lunes 28 de mayo, Caspe se había presentado en el fuerte para jurar obediencia al nuevo gobierno, junto con el resto de los integrantes de la Real Audiencia, del Consulado, del Cabildo y de otros organismos. El fiscal llamó la atención por haber acudido al acto con un escarbadientes en la boca. No fue el único imprudente. Otro de los tribunos, Manuel de Reyes, "hizo ostentación de limpieza de uñas durante la ceremonia", según un informe que publicó el nuevo gobierno.

    Nadie demostró mucho ánimo de investigar el atentado del 10 de junio. Sobre todo porque Caspe prefirió no hacer la denuncia. de todos modos, no pasó desapercibido el hecho de que a los violentos los había cubierto un piquete de soldados amparados en la negra noche. Fuera de los ámbitos oficiales, se señaló a Feliciano Chiclana (futuro triunviro) como el oficial que cubría a los embozados. El damnificado y sus compañeros de tribunal mencionaron a Domingo French y Antonio Beruti como partícipes. Entre los enemigos de la revolución, el violento episodio se denominó "solfa Berutina".

    En el gobierno existía preocupación porque este tipo de acciones se le iba de las manos y los desprestigiaba. Saavedra, Paso, Moreno y compañía se reunieron para debatir qué hacer. Apelaron a la Gaceta (el diario oficial) para dar su visión de los hechos. Pero eso no fue todo.

    El 22 de junio de 1810 por la noche, dos soldados llegaron hasta la casa de Cisneros y le pidieron que se dirigiera al fuerte porque los integrantes de la Junta de Gobierno querían tratar asuntos referidos a la situación en España. El ex virrey comunicó que en breve asistiría. Le respondieron que lo aguardarían para acompañarlo. Con uno de sus mejores trajes se presentó ante las nuevas autoridades. Lo mismo ocurrió con los ministros de la Real Audiencia, cuyo peso institucional es equiparable al de nuestra Corte Suprema de Justicia.

    Una vez que estuvieron todos en una sala del fuerte, aparecieron Matheu y Castelli. El último, sin preámbulos no palabras suaves, les dijo que estaban todos detenidos. Mientras le informaba al grupo su condición de reo por intriga y su extradición a las islas Canarias, un piquete de soldados comandados por Juan Ramón Balcarce ingresó a apresarlos. Los subieron a dos carruajes rodeados de húsares. Balcarce viajó en el estribo del coche en el que viajaba Cisneros. Se dirigieron al muelle, donde los embarcaron. Caspe llevaba vendas en su cabeza. Las heridas aún estaban abiertas.

    Inés Gaztambide de Cisneros se enteró por un criado de que a su marido lo habían embarcado. Al día siguiente le escribió una esquela a Saavedra en la que le decía: "La precipitación con que se llevaron anoche a mi marido no dio lugar a que le pusiese en el baúl más que tres o cuatro camisas. Si es que hay aún oportunidad para remitirle un baúl con lo preciso, he de merecerle a Vuestra Excelencia me lo avise y me franquee proporción para remitírselo. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Buenos Aires, 22 de junio de 1810. Inés Gaztambide de Cisneros".

    No recibió respuesta -al menos oficial- y vivió días de zozobra porque no le informaban con claridad qué había ocurrido con su marido ni adónde estaban llevándolo. Oyó, como todos, la clásica salva de quince cañonazos que solía despedir al barco en donde viajaba un virrey que partía.

    La última virreina del Río de la Plata no tardaría en abandonar Buenos Aires. El único mueble que cargó fue la cama matrimonial. El resto lo dejó en manos de José Santos de Inchaurregui, amigo de la familia, para que los vendiera.

    ¿Qué dejó Cisneros al partir? Un coche grande que le había regalado el Cabildo de Buenos Aires cuando se hizo cargo del virreinato, y otro más pequeño. Cuatro docenas de sillas (eran de tres juegos distintos). Un costoso sillón con espaldar, dos sofás, dos mesas de sala, un ropero, un armario de comedor de caoba (al que le faltaban las llaves), fuentes de loza para baño, dos catres de cuero, dos esteras, varios cueros de alpaca, zorro y zorrino, seis globos de cristal para velas (dos estaban deteriorados), un farol roto, más el pardo Mariano, esclavo del virrey, que compró por trescientos pesos Pedro Antonio Cerviño.

    Los Hidalgo de Cisneros se reencontraron en Cádiz. Sus años finales los pasaron en Cartagena, la ciudad natal del exiliado. Allí murió don Baltasar en junio de 1826, cuando se apagaban los últimos fuegos de las Guerras por la Independencia en América del Sur.


    Por: Daniel Balmaceda




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.lanacion.com.ar/2138309-...PZBLiwdE9reuAk
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  5. #345
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    «Simón Bolívar era un aristócrata rancio y esclavista»

    josé miguel l. romero 16.06.2017 | 14:44




    Michael Zeuske es un especialista en el esclavismo en el siglo XIX. j. a. riera

    Michael Zeuske es un especialista en el esclavismo en el siglo XIX.


    Los chavistas venezolanos se la tienen jurada desde que escribió un libro «muy crítico con el mito de Simón Bolívar», al que dedicó su tesis. En 2006 dio una conferencia en Venezuela al respecto: «Desde entonces solo me invitan los colegas de la Universidad católica, que no son muy amigos de Chávez ni Maduro», se ríe. El historiador alemán niega que, como se suele afirmar, Bolívar acabara con la esclavitud: «No lo hizo. Escribió los textos en los que decía que se liberaría a los esclavos que se alistaran en su Ejército. Lo hizo en 1816, pero casi ninguno se sumó al Ejército porque Bolívar era un gran esclavista, le tenían miedo: contaba con 2.000 esclavos, un decena de haciendas€ Era un aristócrata rancio y rico» que solo liberó «con papeles, a seis de sus esclavos».




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.diariodeibiza.es/pitiuse...ta/922983.HTML

  6. #346
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    LIBRO: “BOLÍVAR. LIBERTADOR Y ENEMIGO NÚMERO 1 DEL PERÚ”






    Título: “Bolívar. Libertador y Enemigo Número 1 del Perú”.
    Autor: Herbert Morote
    Año de Publicación: 2007 (de la primera edición)
    Editorial: Jaime Campodónico


    SINOPSIS:


    Antes de ingresar a Perú, Simón Bolívar ofrece a Maxwell Hyslop (un importante empresario inglés), entregar al Imperio Británico los territorios de Panamá y Nicaragua a cambio de ayuda económica y armamento militar.


    Invadido el Perú por Bolívar y sus tropas, demostró con afán ambicioso la pronta creación de la república peruana sin importarle cercenarle tanto territorio fuera posible. Dedicó sus peores insultos a los peruanos. Sus expediciones militares para destruir el Virreinato del Perú estuvieron marcadas por el saqueo de puertos, haciendas, iglesias, cobro de cupos a pobladores, expropiaba y embargaba inmuebles del estado y de privados para costear los gastos de su ejército, compuesto mayoritariamente de colombianos y venezolanos.


    Luego de la Batalla de Ayacucho, Bolívar se quedó 21 meses en el Perú, y se convirtió en un cruel dictador.

    Durante su estancia en tierras peruanas, se valió de la represión, fusilamiento, expatriación, encarcelamiento, y se deshizo de todo aquel peruano que se oponía a sus designios antidemocráticos y antiperuanos.


    Entregó minas de oro y plata a compañías inglesas, así también entregó en forma de pago a los ingleses, bienes raíces confiscados al Estado peruano, entregándolos a precio de saldo. Arrebató al Perú los territorios de Guayaquil y el Alto Perú. Pretendió anexar Jaén y Maynas a Colombia, y quiso dividir en dos lo que quedaba del Perú, sin éxito.


    La presencia de Simón Bolívar sólo trajo desgracias no solamente a Perú sino también a las nuevas repúblicas sudamericanas. Bolívar y todos aquellos mal llamados “libertadores” cumplieron el objetivo de crear una república peruana desmembrada y militarmente débil. Para estos “emancipadores” era necesario destruir un Virreinato que era un reino económicamente próspero y que durante siglos tuvo el liderazgo político y económico en América del Sur.


    Con la creación de las repúblicas sudamericanas también se entregan sus intereses económicos al Imperio Británico del siglo XIX. Y es allí donde nace la deuda externa de los países sudamericanos.



    https://somatemps.me/2019/02/11/libro-bolivar-libertador-y-enemigo-numero-1-del-peru/

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  7. #347
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    Tiempo y Espacio

    versión impresa ISSN 1315-9496

    Tiempo y Espacio v.21 n.56 Caracas dic. 2011

    El fidelismo de los indios caquetíos de Coro durante la independencia de Venezuela

    Elina Lovera Reyes

    Instituto Pedagógico de Caracas. Centro de Investigaciones Históricas “Mario Briceño Iragorry” elovera19@gmail.com



    RESUMEN

    La participación de los indios en la independencia de Venezuela es un tema poco estudiado en la historiografía nacional. La mayoría de las investigaciones han estado orientadas a destacar la actuación de los blancos criollos o mantuanos como grupo que controla y dirige el proceso. De lo que se trata es de estudiar todos los actores involucrados en el movimiento independentista a partir de sus diferencias, motivaciones, actitudes, enfrentamientos y conflictos en las distintas regiones del país, que permita una visión más amplia y completa del proceso. En esta ponencia se presentan los resultados de una investigación referida a la actitud de fidelidad al Rey asumida por los indios caquetíos de Coro durante la independencia. En Coro todos eran realistas, todos compartían una actitud favorable más o menos común hacia la monarquía y se oponían a la independencia. Pero esta lealtad generalizada, se manifiesta de manera diferente entre los de la élite o mantuanos criollos y los indios caquetíos que eran los grupos más entusiastas en la defensa del Rey y de la corona española. Se trata de responder los siguientes interrogantes: ¿Porque los caquetíos fueron tan leales al Rey? ¿Cuáles son las razones que los llevaron a tener esa actitud realista? ¿Cómo se explica la fidelidad de los caquetíos?


    Palabras clave: indios caquetíos de Coro, actitud realista, fidelidad y lealtad al rey.


    The fidelismo of the indians caquetíos in Chorus during the Venezuelan war of independence
    ABSTRACT

    The involvement of Indians in the independence of Venezuela is a topic little studied in the national historiography. The majority of investigations have been oriented to highlight the performance of white Creoles or mantuanos as a group that controls and directs the process. What is study of all actors involved in the independence movement from their differences, motivations, attitudes, confrontations and conflicts in different regions of the country, allowing a vision, more comprehensive and complete the process. This paper presents the results of an investigation concerning the attitude of loyalty to the King assumed by the choir caquetíos Indians during independence. In choir they were realistic, all shared a more or less common favourable attitude towards the monarchy and opposed independence. But this widespread loyalty, manifests itself differently between the elite or mantuanos Creoles and Indians caquetíos were the groups most enthusiastic in the defence of the King and of the Spanish Crown. It is to answer the following questions: is it because the caquetíos were so loyal to the King? What are the reasons that led to this realistic attitude? How can we explain the caquetíos loyalty?


    Keywords: Indians caquetíos of choir, realistic attitude, fidelity and loyalty to the King.



    Recibido 14/04/2011 Aprobado 06/10/2011

    A manera de introducción

    La participación de los indios en la independencia de Venezuela es un tema poco estudiado en la historiografía nacional. La mayoría de las investigaciones han estado orientadas a destacar la actuación de los blancos criollos o mantuanos como grupo que controla y dirige el proceso. Sin embargo, una lectura plural e integrada de este acontecimiento histórico supone estudiar todos los actores involucrados en el movimiento independentista. Analizar sus diferencias, motivaciones, actitudes, enfrentamientos y conflictos en las distintas regiones del país, permite una visión más amplia y completa del proceso, a la vez que ayuda a comprender esa visión plural que lo caracteriza.

    Tradicionalmente se ha estudiado la independencia como el enfrentamiento entre “patriotas y realistas”, como diría Carrera Damas entre los buenos y los malos; “los primeros tenían ideales y los últimos cuando más intereses”. Planteamientos que consideramos deben ser superados dado que los llamados “malos” también tuvieron ideales y actuaron en función de principios. Coincidimos con Carrera cuando señala que el problema ha sido que la historiografía venezolana fundada en los valores de la “historia patria, quiere que los venezolanos no hayamos sido monárquicos” 1.

    En esta ponencia se presentan los resultados de una investigación referida a la actitud de fidelidad al Rey asumida por los indios caquetíos de Coro durante la independencia. Trabajo que forma parte de uno más amplio que está referido al proceso de independencia en Coro y su participación en la formación de la nación venezolana. En Coro todos eran realistas, todos eran monárquicos. Sin embargo, es necesario distinguir entre leales corianos y fieles corianos, entre lealtad y fidelidad. Aunque en un sentido estricto ambos términos tienen igual significado y hasta son sinónimos, en cuanto a su uso en Coro, tuvo mucho que ver con cierta diferenciación social.

    Los indígenas eran fieles y leales, pero la fidelidad parece ser una vivencia más afectiva que racional, hasta el punto de considerar que alguien es capaz de dar hasta la vida por una persona. Según Guerra, F (1999, p.88), en los “imaginarios de estos actores antiguos” valores, como la fidelidad, la lealtad, el honor, son elementos “que contribuyen a conservar en el tiempo la identidad y la cohesión del grupo, pues es el grupo, sea cual sea su estructura, el que ocupa el lugar central en las sociedades tradicionales. El grupo precede a los individuos que lo componen en un momento dado de su historia”.

    Como antes señalamos, en Coro todos eran realistas, todos compartían una actitud favorable más o menos común hacia la monarquía y se oponían a la independencia. Pero esta lealtad generalizada, se manifiesta aunque de manera diferente, tanto entre los de la élite o mantuanos criollos como entre los indios caquetíos. Los indios caquetíos eran los grupos más entusiastas en la defensa del Rey y de la corona española. Por tanto, los caquetíos revelan una actitud más conciliadora con los españoles que los indígenas de otras regiones del país. Ante este hecho cabe preguntarse: ¿Porque los caquetíos fueron tan leales al Rey? ¿Cuáles son las razones que los llevaron a tener esa actitud realista? ¿Cómo se explica la fidelidad de los caquetíos?

    Antes de entrar en materia conviene establecer la precisión conceptual de los términos fidelidad y lealtad, con el propósito de facilitar la comprensión de este análisis. Según el Diccionario de la Lengua Española de 1803, lealtad es el “cumplimiento de lo que exigen las leyes de fidelidad y las del honor y hombría de bien”. Una persona leal es aquella que “guarda a personas o cosas la debida fidelidad” y se aplica igualmente “a las acciones propias de una persona fiel”. Fidelidad, por su parte es algo inmanente, “y observancia de la fe que uno debe a otro”, y por “antonomasia el cristiano que vive en la debida sujeción a la iglesia católica romana”. La lealtad entonces, sería “como sentimiento humano (que) nace de la capacidad de trascendencia que lleva al hombre a relacionarse y comprometerse con algo fuera de sí mismo, como puede ser un grupo, una institución, una causa, unos ideales... la lealtad es más que la adhesión fugaz momentánea, fundamentalmente emotiva”

    La transferencia de estos conceptos para el estudio del momento independentista vivenciado en Coro puede ofrecer elementos de análisis para comprender la actitud de los indios caquetíos respecto al Rey y a su Cacique Manaure. En tal sentido, La lealtad en la práctica, implicó la existencia de un pacto voluntario, una decisión personal y una toma de conciencia que explica esa actitud pensada y asumida que se manifiesta en un acto de honor muy típico de esa época. Los leales eran los de una condición social, un estrato superior y de más igualdad al Rey, eran los que correspondían a la nobleza. Entre ellos mismos se planteaba y se practicaba la lealtad entre los iguales. En cambio con los otros grupos que consideraban inferiores o subordinados no era la lealtad en ese sentido, lo que caracterizaba las acciones personales y colectivas sino la fidelidad, sin ese acento religioso, sino de cierta subordinación personal, diferenciación social e inferioridad. Estos conceptos permitirían inferir entonces, que el comportamiento de los indios caquetíos respecto a su cacique Manaure y respecto al Rey, fue una vivencia mas asociada con la fidelidad que la lealtad. Es decir, una suerte de observancia de fe, de credibilidad y sumisión, nacida de un sentimiento profundo que dejaba al descubierto la dimensión de trascendencia presente en todo ser humano.

    El sentimiento de lealtad signó muchas de sus acciones desde los inicios coloniales, y favoreció el otorgamiento de privilegios por parte de la corona y de los funcionarios reales de la provincia. Según Arcaya, PM. (1974, p.14) “el elogio de esa antigua lealtad de su raza nunca se le escatimó por las autoridades coloniales, como estímulo para que siempre se mantuviera viva; la exención de tributo y algunos otros favores que se les concedieron se les presentaba como grandes privilegios. Por eso fue en los Pueblos caquetíos donde más arraigados estuvieron los sentimientos realistas”.

    Uno de los problemas que confrontamos cuando abordamos estudios referidos a los indios de Venezuela, es la inexistencia de documentos escritos por ellos mismos, donde hayan dado su opinión, dejado su parecer o su manera de ver las cosas. Vovelle, M. (1985, p.319) se refiere a estas masas anónimas como…”las que no han podido pagarse el lujo de una expresión individual, por poco que fuera, literaria”. Por eso para el estudio de la fidelidad de los indios caquetíos se hace necesario consultar las obras de los primeros cronistas: Fray Pedro Aguado, Fray Pedro Simón, Oviedo y Baño, José Gumilla, Juan de Castellanos y otros, quienes nos ofrecen información importante sobre los primeros momentos de la conquista. Igualmente documentos oficiales como las cartas y visitas de los Gobernadores y los Obispos, informes de los protectores de los indios, y otros documentos emitidos por funcionarios públicos y personas del común de la época colonial. Las obras del Dr. Pedro Manuel Arcaya son de consulta obligatoria, especialmente la que está referida a la guerra de independencia en Coro y Paraguaná, publicada en 1974. En ella el autor anexa las memorias del Sr. Juan José García, descendiente caquetío, quien había nacido en el pueblo de Moruy, por los años de 1811-1814.


    Fidelidad caquetía

    El sentimiento de fidelidad de los caquetíos al Rey se fue conformando, al igual que en los otros grupos indígenas de las distintas regiones venezolanas, desde los inicios de la conquista y evangelización durante el siglo XVI, así como durante el proceso de colonización de los siglos XVII y XVIII. Esta actitud de fidelidad, que no de simple lealtad, se fue configurando especialmente, por el fuerte vínculo de respeto, agradecimiento y sentimiento de afecto hacia la figura del Rey. Las características de los pueblos aborígenes, y la manera cómo se dieron los procesos en cada uno de ellos, explica el comportamiento o la actitud de lealtad o fidelidad a la monarquía española. Este comportamiento generalizado se fortalece aún más durante la época de la independencia. Época de grandes cambios y de transición, dado el proceso de sustitución del sistema monárquico por el republicano.

    Las diferencias del comportamiento de los indígenas de la región de Venezuela ante la posibilidad de independencia van a estar determinadas por el carácter del conquistador de cada lugar y su relación con los centros de poder, pero especialmente por las características y el nivel cultural de los pueblos indígenas para el momento de la llegada de los españoles. En el territorio que hoy ocupa la República de Venezuela, la conquista y colonización tuvo matices diferentes. En la zona oriental, la aplicación de leyes de esclavización del indio Caribe, provocó enfrentamientos violentos de tal manera, que afectó la consolidación de proyectos pacíficos como el del fraile dominico Bartolomé de Las Casas en 1520, el cual constituyó un rotundo fracaso. Diferente, por su carácter pacífico, fue el proceso que se inició en el occidente, a partir de la fundación de la ciudad de Coro por Juan de Ampíes en 1527.

    Señalamos anteriormente que la fidelidad de los caquetíos al Rey durante la independencia, se inicia desde la conquista, especialmente por el carácter tan peculiar que adquirió este proceso y la evangelización en Coro. Contexto donde adquiere fundamental importancia el “pacto de mamparo” al que llegaron los caquetíos con Juan de Ampíes y los españoles para poblar conjuntamente la región coriana. ¿En qué consistió este pacto? Las dos partes involucradas, españoles e indios, estaban muy claras en lograr un asentamiento de manera pacífica. En este sentido, la participación del cacique Manaure es relevante para el encuentro que se realizaría entre él y el conquistador español en 1527. El cacique ya en los tempranos años de 1523, por propia decisión envía emisarios a la isla de Curazao y Aruba para invitar a Juan de Ampíes para que lo visitara en el pueblo de Todariquiba, en la costa de tierra firme donde tenía su residencia, como gran cacique de un extenso territorio, que comprendía también las islas que habían sido concedidas a este conquistador. Le solicitó, además, que lo cristianizara a él y a su pueblo2.

    Ampíes ante la solicitud del cacique Manaure y las continuas negativas del Consejo de Indias y del Rey, a sus reiteradas peticiones para que le otorgaran título para fundar una ciudad en tierra firme, se apoya en las recomendaciones del Padre Las Casas, el Juez Visitador Rodrigo de Figueroa y en los fundamentos de la real cédula de la Coruña del 18 de mayo de 1520. En tal documento estaba previsto, comenzar por llevar algunos principales a la Isla La Española, con los cuales se trataría de promover el poblamiento estabilizador de los indígenas. Se trataba pues, de que los indios se concentraran en pueblos y que se “avecinden en ellos algunos españoles que sean buenas personas… especialmente algunos labradores que les enseñasen [por simple convivencia] a labrar e criar ganados e hacer granjerías”. (Ibídem). Luego de solventar una cantidad de inconvenientes, Ampíes envía en 1527 a su hijo con la expedición, y fundó un pueblo mixto. Un pueblo indio, donde se establecerían también aquellos pocos españoles que habían de habituarles a las granjerías y cría de ganado, previstos. Esta es la singularidad histórica de la fundación de la ciudad de Coro, al decir del historiador español Demetrio Ramos Pérez. Pero también es la concreción de una relación pacífica entre los indios de esta parte de tierra firme y un conquistador español.


    El “Diao” Manaure

    A la llegada de Ampíes a Coro, el cacique Manaure era un jefe político y religioso con poderes excepcionales y divinos, reconocido por todos los pueblos caquetíos sujetos a su dominio como el “Diao”, vocablo que para algunos historiadores significa “hechicero”. Las fuentes de la época reseñan las características excepcionales de este personaje. Según Ampíes, dicho cacique “por ser tan gran señor se hace adorar como Dios, dando a entender a los indios que él da los temporales” (Citado por Ramos, D. Ibídem). Para Fray Pedro de Aguado, el principal de los caquetíos, le había hecho creer a sus indios, “que él era el autor y hacedor de muchas cosas que la tierra y elementos naturalmente producen por la ordenación divina, como son: las lluvias, granizos, truenos, relámpagos, heladas y sequías…aquellos naturales temían con muy amedrentados ánimos el poder de este principal, y así casi lo tenían por Dios, acatándolo y reverenciándolo con extremo grado”. Juan de Castellanos en sus Elegías, resalta las virtudes y la respetabilidad de Manaure, a quien presenta con una personalidad avasallante, conducta intachable y poder desmedido dice: “Fue Manaure varón de gran momento, de claro y de sagaz entendimiento. Tuvo con Españoles obras blandas, palabras bien medidas y ordenadas, en todas sus conquistas y demandas temblaban del las gentes alteradas;… Nunca vido virtud que no loase ni pecado que no lo corrigiese, jamás palabra dio que la quebrase ni cosa prometió que no cumpliese”… (Citado por Manuel Vicente Magallanes. 1977, p.254).

    Los caquetíos habían conformado una cultura que pudiéramos ubicar según la clasificación que hace Julien Ries (1995, p.18), en su Tratado de antropología de lo sagrado como una “hierofanía”3 De acuerdo con los planteamientos de este autor, se puede considerar que el caquetío como todo hombre religioso arcaico, al revestir de sacralidad al cacique Manaure como mediador en la irrupción de lo divino, lo separa de lo profano, lo hace digno de respeto, mediante lo cual alude a Dios y a su culto divino, lo que hace que este ser como divino, sea venerable.

    El Bautismo cristiano del cacique Manaure, con su familia y todo su pueblo por manifiesta voluntad, es símbolo de esa cultura religiosa donde el gran jefe concebido como la personificación de la divinidad y como persona sagrada, tiene el don de decidir sobre el porvenir de todos sus fieles o creyentes. Este acto, se asocia también como símbolo en los inicios de la construcción de la nueva cultura religiosa cristiana.

    En este contexto, la solicitud de “mamparo” o protección que el cacique hace al conquistador Ampíes, fue una decisión importante para la obtención de inmediatos y futuros beneficios, tanto por parte del conquistador, como por parte del rey. Uno de los primeros logros fue la de preservar a su pueblo del gran negocio esclavista de las armadas del Caribe, que azotaban continuamente sus dominios. Por eso, el acto de fundación de la “muy noble y leal” ciudad de Coro, se realiza conjuntamente con la entrega al cacique de una de sus hijas, su yerno, sus nietos y otros caquetíos que habían sido esclavizados por estos negociantes, a quienes Ampíes compró y pagó rescate por ellos.


    Si bien es cierto Ampíes logró una alianza con los caquetíos, a partir de 1528, y hasta 1546, la administración de los Welsares generó un importante despoblamiento indígena en esa zona. Quienes no respetaron el pacto de Ampíes ni consideraron a los caquetíos como aliados.


    Indios de Real Corona

    Durante todo el tiempo colonial los caquetíos fueron beneficiados con reales cédulas que normaron su quehacer diario. Sin lugar a dudas, la más importante es la que ordenaba su condición como personas libres. Según Real Cédula de 1539, por petición del primer Obispo de Coro; Don Rodrigo de Bastidas, los caquetíos fueron considerados libres”. Y “al igual que los aztecas de la Nueva España”, no podían ser encomendados y/o esclavizados. Fueron exonerados además, del pago de tributos y se les denominó pueblos de “Real Corona”, durante toda la colonia. 4

    A partir de esta real cédula la población caquetía logró recuperar la confianza en los colonizadores, facilitando su reducción en los pueblos de Santa Ana, Moruy y Cumarebo, fundados por el Obispo Rodrigo de Bastidas entre 1535 y 1539. Posteriormente, en 1598 fueron fundados, según Oviedo y Baños, por el Gobernador Don Diego de Osorio los pueblos de Capatárida, Zazárida, Borojó y Mitare, ubicados en la parte nor- occidental de la ciudad de Coro. Los otros dos pueblos de caquetíos: Guaybacoa y El Carrizal se fundan por orden del Obispo Escalona y Calatayud en 1723. Guaybacoa, un poco al Sur de la costa en donde se inicia la sierra, organizado con indios traídos de lugares cercanos para la “congregación” y El Carrizal, fundado con indios provenientes de la isla de Aruba que habían venido buscando la cristianización. Este último como los anteriores pueblos de caquetíos se ubicó en la costa para la defensa de la ciudad, desde donde distaba sólo cinco minutos.

    Razones estratégicas privaron en la organización de estos “resguardos indígenas” en la costa coriana. El hecho de ser pueblos de indios caquetíos garantizaba una vigilancia constante a la ciudad que no escapó en los siglos XVII y XVIII a la piratería francesa e inglesa. Pero a la vez, su cercanía a la ciudad permitía tenerlos vigilados y mantenerlos congregados en pueblo.

    Numerosos documentos de los siglos XVII Y XVIII nos informan sobre decisiones por parte de Obispos y funcionarios reales en defensa de las tierras de los pueblos caquetíos y de su condición de trabajadores libres. En 1678 el Obispo González Acuña, dictó autos con severas sanciones para los usurpadores de las tierras de los indios de Real Corona, donde pide guardar las "constituciones", y cédulas en defensa de las tierras y agravios recibidos por estos indios5.

    A pesar de su condición de indios de “Real Corona” y trabajadores asalariados, los caquetíos no escaparon de una servil explotación por parte de los grandes terratenientes vecinos, que los concertaban, pero luego no les cancelaban pago alguno por el trabajo realizado como arrieros6.

    Desde el punto de vista social, a los caquetíos se les reconoció como grupos de indígenas principales con algunos privilegios. En todo caso, es necesario distinguir entre la “nobleza” caquetía, la” pequeña nobleza” de jefes locales o caciques, y el común de los caquetíos. El primer grupo se hispaniza rápidamente, se acomoda y funciona como clase principal de la ciudad, introduciendo un distanciamiento con los otros grupos de su clase y más aún con los otros indígenas. El segundo grupo, conserva su antiguo papel y mantiene el cacicazgo sobre el resto de los caquetíos que le siguen sometidos, pero convertida en una institución hispanizada. El cacique caquetío era otro funcionario colonial más, entre cuyas funciones estaba la de recabar en el pueblo para el pago del Cura Doctrinero, además de seguir exigiendo su correspondiente tributo como jefe indígena.

    Sin embargo, durante el siglo XVIII, a pesar de que el cacicazgo se había adaptado a la estructura colonial y estaba normado por el estado español, fue perdiendo cada vez más legitimidad tradicional, por lo que continuamente debían recurrir a las autoridades coloniales para legitimar su posición. Entre 1701 y 1778, ejercieron el cacicazgo en su jurisdicción, como legítimos herederos: Domingo Martínez Manaure, Juan Martínez Manaure y Juan Santiago Martínez Manaure.

    Lo peculiar de funcionar con gobierno entre iguales, o de la misma raza o familia, no reportó posible ventajas a los caquetíos que se convirtieron en trabajadores libres con salarios bajos inadecuados para sustentarse. Asimismo, su condición privilegiada no le evitó ser víctimas de extorsiones, injusticias y abusos, como lo demostramos en la parte referida a los problemas que enfrentan con las tierras de sus comunidades indígenas.

    Durante la colonia los pueblos de caquetíos cumplieron una encomiable función de defensa y vigilancia del territorio coriano. Ubicados en sitios estratégicos a lo largo de la costa, en estos pueblos descansó la vela y resguardo de la ciudad. Las fuentes nos informan de grupos de indios a manera de milicias constituidas por caquetíos de los pueblos de El Carrizal, Guaybacoa, Cumarebo y a veces hasta los de Santa Ana y Moruy, que se alternaban en horarios diurnos y nocturnos en la vigilia del puerto de la Vela de la ciudad. Los caquetíos de Capatárida, Borojó, Zazárida y Mitare, igualmente realizaron la vigilancia de las costas cercanas a sus pueblos, recibiendo sus caciques el pago correspondiente por los comisos realizados a las denuncias de contrabando7. A los de Santa Ana y Moruy se les confió la vigilancia y defensa de las salinas de Paraguaná, labor realizada con gran celo por las frecuentes arribadas en esta zona de barcos extranjeros que se proveían de sal, a la fuerza.


    Fidelidad al Rey

    La fidelidad de los caquetíos al rey fue demostrada a través de todo el período colonial. Desde su pueblos originarios, custodiaban las costas del territorio ocupado por ellos desde antes de la llegada de los españoles, organizados por su propios Alcaldes o Caciques. Considerados los más fieles y consecuentes al Rey siempre estuvieron dispuestos a salir en su defensa. Así ocurrió en las continuas arribadas de piratas ingleses y franceses a las costas de Coro en los siglos XVI Y XVII; en 1795, durante la sublevación de los negros de la sierra de Coro; en 1806, con la llegada de la expedición libertaria de Francisco de Miranda. Pero más que una respuesta a las gracias recibidas, fue una manera de vivir, de conducirse como fieles cristianos, porque como señala Chartier, R. (1995, p.127) al concebir en el orden político a la Monarquía como institución divina, y al rey como símbolo “sagrado”, éste era visto como un padre bondadoso, “protector y justiciero”, “atento y dispuesto a socorrer a los más débiles de sus hijos”.

    Arcaya, señala a nuestro modo de ver muy acertadamente, que los mantuanos o criollos y los indios caquetíos, fueron los elementos fundamentales que hicieron de Coro “el más ardiente foco del realismo” durante la lucha independentista en Venezuela. Los primeros enfrentados a sus pares caraqueños en defensa de la autonomía regional por “la enconada rivalidad que había con Caracas, iniciadora de la revolución”, y los segundos con manifiesta demostración de fidelidad a la corona española, por “el sentimiento religioso profundamente arraigado en las masas populares enseñadas a considerar el rey como Ministro de la justicia de Dios en la tierra” (Ibid, p.42) . Este fenómeno se observa también por parte de grupos de mestizos, pardos, mulatos y blancos criollos. Estas posiciones acerca de la actitud con el Rey no son privativas de Coro, sino que es característico de toda Hispanoamérica, con algunas diferencias regionales, como señalamos anteriormente, producto de la manera cómo asumió la conquista, evangelización y colonización el estado español. Sería interesante hacer una evaluación o establecer relaciones entre la población indígena y la población mestiza y parda que, en Venezuela, hasta 1812, no se había incorporado a la independencia.

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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    Independencia, Lealtad y Fidelidad

    Arcaya, P.M. (Ob. Cit., p.47) señala que la valentía y lealtad de estos pueblos era un “asunto de honor para ellos. El régimen colonial había llevado a los caquetíos al profundo convencimiento que Rey e Iglesia eran sus protectores” Es así cómo:

    Los primeros años de la independencia vieron una casi unanimidad de opinión en Coro a favor del Rey; en Coro pelearon caquetíos en la batalla en el que el Marqués del Toro perdería el primer ejército de la Junta Suprema de Caracas. Voluntarios caquetíos acompañarían a Monteverde, Torrellas y Reyes Vargas en la marcha que destruyó la Primera República. Caquetíos lucharían contra Bolívar bajo Boves, Morales y Morillo.

    Apoyándonos en el planteamiento de Arcaya, trataremos de dar respuesta a los siguientes interrogantes: ¿Cuál fue la participación de estos grupos indígenas durante la independencia? ¿Qué motivó la actitud de los caquetíos a favor de la monarquía española? Luego de los acontecimientos de Caracas el 19 de abril de 1810, el Cabildo de Coro, desacata a la Junta Suprema de Caracas y reconoce al Consejo de Regencia de España como representante del Rey Fernando VII. Mientras que en Caracas se declara el 5 de Julio de 1811 la independencia y se establece la República, la sociedad coriana asumió una posición de adhesión a la monarquía Española. Desde allí se organiza la contrarrevolución realista para conquistar y restablecer el gobierno español.

    Coro, como ciudad leal participa de las reformas hispanas. Fue hasta 1821, el más fiel baluarte realista. En ese mismo año se organiza efectivamente la resistencia realista, en cuanto a organización de las milicias y acciones militares en defensa de la Provincia como bastión realista. En el mes de febrero y septiembre respectivamente, se crearon los dos batallones más representativos: la columna de Volante de Fieles Corianos y el Batallón Ligero de Leales Corianos. Estos ejércitos realistas se organizaron con corianos, lo que garantizaba al movimiento la preservación, conservación y defensa de la Provincia a la causa realista. Así como se propicia una importante arremetida de la resistencia realista, se inicia a la vez la formación del partido independentista, con grupos criollos desertores de estos ejércitos realistas. Quienes dirigidos por Josefa Camejo, declaran la independencia en Pueblo Nuevo de Paraguaná el 3 de mayo de 1821, acción ésta que fue trascendental porque el pronunciamiento de Coro por la independencia, a escasos días de la Batalla de Carabobo, era promisorio del triunfo de esta acción militar que fue decisiva para la emancipación de Venezuela. La nota más resaltante en Coro fue precisamente que la conspiración en contra del orden colonial no se inició ni fue liderizado, ni dirigida por el grupo criollo del cabildo del gobierno local, sino que fue una conspiración dirigida por una extraordinaria mujer: Josefa Camejo.

    El grupo de la elite que defendía el realismo en Coro se desmantela. Las tropas independentistas tomaron la ciudad, iniciándose el tiempo de la guerra que se extendió hasta 1823, período donde tienen papel protagónico estos ejércitos regionales, los cuales estaban organizados por compañías de blancos criollos y compañías de pardos. En este sentido es conveniente señalar la situación en la que se encontraban los indios caquetíos de Santa Ana y Moruy para decidir no participar en las tropas realistas, cuando habían sido y seguían siendo los más fervientes y fieles defensores del Rey y de la corona española. ¿Por qué los caquetíos no se incorporaron a los ejércitos realistas? ¿No fueron tomados en cuenta por la dirección del grupo o fue exclusión por parte de ellos? Este hecho indica el grado de desmoralización a la que habían llegado y la inexistencia de un plan efectivo del movimiento realista en Coro, y explica así el triste final de su sacrificio. Como lo confirman los relatos que hace el Sr. Juan José García8 en sus “memorias” sobre “la heroica defensa de la perdida causa realista por parte de los indios caquetíos, defensa que tuvo su mayor auge luego de la batalla de Carabobo”. Para Arcaya el relato del Sr. García bien podría titularse: “el suicidio de los caquetíos”.

    Pasamos a comentar su relato: Luego de la declaración de la independencia de la Provincia de Coro en 1821, la reacción de los caquetíos fue unánime “al mando de sus caciques hereditarios, López y Núñez, se reunieron en la Plaza de Santa Ana, se confesaron, comulgaron y juraron resistir la revolución y defender la causa del Rey… Después de la Batalla de Carabobo, los caquetíos fueron derrotados en San Francisco, pero cuando volvieron a sus pueblos, unos a otros se echaron la culpa de su común desgracia”. La muerte del cacique de Moruy Martín López de la Chica y la decisión del cacique de Santa Ana Juan Alberto Núñez de emigrar a Cabure antes de “verse menospreciado”; luego que los indios, viéndose libres de todo freno se desbordaban en “impetuoso torrente en la feroz anarquía”. El autor explica que a diferencia de algunos caquetíos como los de Buenavista, los de Santa Ana y Moruy siguieron sosteniendo la causa del Rey a través de un movimiento de guerrillas hasta después de la capitulación de Morales en Maracaibo, el 3 de agosto de 1823.

    Ni la expedición que D. Miguel de La Torre9, Jefe del Ejército Expedicionario de Tierra Firme organizó a Paraguaná, con un plan de reconquista de Venezuela, buscando el “levantamiento en masa de la Provincia de Coro a favor del Rey”, ante la fidelidad demostrada a toda prueba por los indios caquetíos, logró incorporarlos a sus órdenes de mando. Ningún incentivo los hizo desistir de esa actitud, que les llevaría, en 1823, al fatal desenlace de la inmolación masiva, cuando fueron ajusticiados en el sitio denominado Justicia cercano a los pueblos de Santa Ana y Moruy.

    Juan José García (Ibíd, p.62), en su relato explica el final de la guerra, así como las adversidades que experimentaron los pueblos caquetíos, porque:

    Después que la guerra terminó, Paraguaná quedó asolado, pues a tantas desgracias, saqueos y calamidades de toda especie les siguió una gran escasez de lluvia dejando la tierra esterilizada y sin recurso alguno. Muchísimos murieron de hambre, y aquellos que sobrevivieron emigraron a otras provincias, donde los más de ellos no volvieron a ver sus hogares.

    De Santa Ana y Moruy, reseña además, la disminución de la población:

    Los dos pueblos de indios que antes de la guerra pasaban de ocho mil almas, después de ella no llegaban a un mil ochocientas. Las guerras, el hambre y las emigración habían acabado con ellos” (Ibidem).


    La existencia de la República de Colombia desde 1819, la proclamación de la independencia en Coro en 1821, el triunfo de la Batalla de Carabobo en Junio de ese año y los cambios ocurridos en España durante el trienio liberal entre 1820-1823; período donde toma forma la nación española, en la cual no tenían cabida en condición de ciudadanos todos los súbditos americanos, son hechos que favorecen la finalización de la contrarrevolución realista y el triunfo de la guerra de independencia.


    Conclusión

    La lealtad del coriano realista fue una actitud asumida tanto por los mantuanos como por los indígenas caquetíos. Estos más fieles que leales, ya que la actitud de ellos es de una fidelidad ciega, por encima de todo eran fieles, hasta el último momento. Arcaya (Ibíb. p. 137), explica como en los pueblos indios fue unánime hasta lo último y verdaderamente heroica la fidelidad al Rey, conducta que se explica por la fuerza de las ideas religiosas y la leyenda de la “alianza de su antecesor Manaure con los conquistadores españoles”. Este grado de convicción sobre la lealtad que los indios caquetíos tenían con el Rey y con su Cacique Manaure, era de tal intensidad que bien pudiera asociarse con la inmolación de centenares de caquetíos en 1823, en el sitio denominado “justicia” vecindario cercano a Moruy, ante su persistencia de continuar defendiendo al Rey, causa que creían justa. Este es el testimonio fiel de una manera de vivir y de morir por lo que se Cree.

    Los interrogantes que nos planteamos en esta ponencia nos llevó a reflexionar sobre los sentimientos de lealtad y fidelidad expresada por los indios caquetíos, que explica tal vez, su comportamiento y compromiso con un ideal, con una creencia, tan internalizada que generó que hacia el rey se configurara una particular adhesión de fidelidad anclada más en el sentimiento que en la razón. Estos sentimientos de solidaridad y lealtad personalizaron el quehacer histórico de los corianos constituyéndose en símbolo de su idiosincrasia. Historiadores venezolanos han dedicado especial atención a este carácter del coriano. Ramón J. Velásquez (1982, p.3) lo concibe como “…réplica del cacicazgo (que)… alzaba en Coro… el gran Manaure… Ya en estas gentes indias encontramos talladas algunas de las condiciones que individualizaran al coriano en el futuro”. Carlos Siso (1982, Tomo II p.195), cuando explica la formación del carácter venezolano, destaca el instinto gregario de los pueblos caquetíos corianos, dice:

    Con una influencia saludable contrarresta en el carácter nacional el individualismo heredado, el admirable instinto gregario de las poblaciones del Estado Falcón, descendientes de la nación caquetía, cuyo espíritu de solidaridad es tan firme, que en nuestras crisis políticas han contribuido a compactar la República, a mantener la cédula social y a salvar el imperio de las Instituciones. Aprovechando el instinto gregario de la ascendencia indígena, en casi todas nuestras revoluciones, el gobierno ha recurrido a las poblaciones del Estado Falcón para crear ejércitos, cuyo espíritu de disciplina es garantía de orden y de seguridad social.

    Por eso no sólo concebimos la lealtad del coriano en un momento de su devenir histórico, por su postura a la Monarquía española -ya sea por motivos religiosos o por la palabra empeñada del Cacique Manaure en el pacto con Ampíes- sino que ésta signó posteriores actitudes. De allí que entendemos también que lealtad fue la de Coro a la República, al calibrar su vida republicana.


    Notas

    1 Este autor utiliza el término disputa (dice) como lo utilizara Bolívar en “un momento de particular agudización de la guerra en junio de 1814, para referirse al enfrentamiento entre quienes luchaban por romper el nexo colonial y quienes lo hacían por mantenerlo, y en aquel momento la apreció como una situación en la cual ambos contendores podrían resultar perdedores. Germán Carrera Damas, La disputa por la independencia (p. 49).

    2 En su Memorial, Ampíes describe el momento: “el indio mensajero de Manaure, con el cacique Don Juan de Baracuyra o Baracoyca”, quien residía en las islas y era pariente de los de tierra firme, embarcaron a Santo Domingo con Gonzalo de Sevilla, con el fin de rogarle que los recibiera “como a los otros”, en este caso se refiere a los caquetíos de las islas de los Gigantes que tenía bajo su protección, para que los mantenga al igual que éstos, bajo su gobernación y su “mamparo”.( Citado por Demetrio Ramos Pérez. La fundación de Coro Venezuela. Una singularidad histórica. p. 165).

    3 Este autor afirma que el hombre (“homo religiosus”) en un momento de su devenir histórico, “toma conciencia de una realidad trascendente que da al mundo su verdadera dimensión de perfección”, lo cual no es otra cosa que la irrupción o descubrimiento de lo sagrado desde la experiencia religiosa vivida, expresada a su vez, como un poder diferente al natural, y algo distinto a sí mismo”.

    4 Véase: Monseñor Francisco Maldonado. Los seis primeros Obispos de Venezuela. ANH.

    5 El Obispo Gonzales Acuña en el Auto, Señala: "Ordenamos y mandamos al cura doctrinero que al presente y adelante fuere tenga en su poder los testimonios de las Reales Cédulas y Provisiones que son despachadas a favor de los naturales de la Real Corona de esta provincia de Paraguaná, Casicure, Río del Tocuyo, Cumarebo, y todas las veces que los dichos naturales fueren agraviados; así en ocuparles las tierras que les pertenecen para ser labores y crianzas como en sacarlos de sus pueblos y naturaleza para la ciudad de Coro donde han sido detenidos por largos tiempos y despachados por arrieros a otras partes de la provincia, de que se han seguido graves inconvenientes apartándolos de sus mujeres e hijos y despoblarle los pueblos. Como de la visita que hemos hecho consta, y parece el dicho cura los defienda. Intime y presente las dichas Reales Cédulas y Provisiones ante las justicias de la ciudad de Coro y pido requiera con ellas se les dé su entero cumplimiento, y se declaren por incursos en las penas impuestas, a los transgresores de ellas;..." ) A.P.A. de Ca. Episcopales. 1678. Carpeta 13 y 16. Desde el siglo XVII, encontramos documentos donde los caquetíos enfrentan despojos de sus tierras, tal fue el caso de la denuncia y los autos que a favor de estos indígenas dictó el Obispo González de Acuña en 1678. A.P.A. de Ca. Episcopales. 1678. Carpeta 13 y 16.

    6 Estos reclamos fueron frecuentes finalizando el siglo XVIII, entre 1790 y 1799 encontramos en el Registro Principal de Ca. Documentos sobre reclamos de tierras de los pueblos caquetíos de Sta. Ana en 1789 y 1792. En el Archivo General de la Nación, de los pueblos de Moruy y Mitare en 1790- 1793.

    7 “Cargo en depósito y abono a la caja de 54 pesos siete reales valor de un comiso hecho por Don Santiago Martínez cacique de los indios caquetíos de la Real Corona en los partidos de Capatárida… 1785”. En A.G.N. Real Hacienda. Entrada y Salida de Caudales. Nº 1630.

    8 El Sr. Juan José García “nació en Moruy por los años de 1811 a 1814... conocía todos los incidentes del alzamiento de dichos dos pueblos por las referencias de sus padres y muchas personas que lo habían presenciado”. Así lo presenta el Dr. Pedro Manuel Arcaya en la transcripción que se hace de sus memorias en el libro: (1974. PP. 45-47).

    9 Informe de La Torre a la Gobernación de Ultramar el 11 de Enero de 1821. Archivo Nacional de Madrid. (Estado.8735-134).


    REFERENCIAS

    1. Archivo Arzobispal de Caracas. Sección: Episcopales [ Links ]

    2. Archivo General de la Nación. La Colonia. Sección: Diversos. [ Links ]

    3. Registro Principal de Caracas. Sección: Tierras [ Links ]

    4. Archivo Nacional de Madrid. Sección: Estado [ Links ]

    5. Academia Nacional de la Historia (1973) Monseñor Francisco Armando Maldonado. Seis Primeros Obispos de la Iglesia venezolana en la Época Hispánica. 1532-1600. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Vol. 117. Caracas. [ Links ]

    6. Arcaya, Pedro Manuel (1974). La Guerra de Independência en Coro y Paraguaná. Cromotip, Caracas. [ Links ]

    7. Carrera Damas, Germán (1996). La disputa por la Independencia. Editorial Melvin. Caracas-Venezuela. [ Links ]

    8. Chartier, Roger (1995). Espacio público, crítica y desacralización en el Siglo XVIII. (Los Orígenes culturales de La Revolución francesa) Editorial gedisa. Barcelona - España. [ Links ]

    9. Diccionario de la Lengua Española (1803). Compuesto por la R.A. Española. Impresora de la Real Academia. Madrid. Pág. 1237 y 405. [ Links ]

    10. Guerra, Francisco Xavier (1992). Modernidad e Independencia. Editorial MAPFRE. Madrid – España. [ Links ]

    11. Lovera Reyes, Elina (2007). De leales monárquicos a ciudadanos republicanos. Coro 1810-1858. ANH. Colección: Fuentes para la Historia Republicana de Venezuela.Vol. Nº 87. Caracas. [ Links ]

    12. Magallanes, Manuel Vicente (1977). ”La Provincia de Coro em las elegias de Juan de Castellanos”. La Fundación de Coro y sus correlatos. 450 años de La fundación de Coro. Centro de Historia del Estado Falcón. Tipografia de Miguel a. García e hijo, pp. 227-262. [ Links ]

    13. Ramos, Demetrio (1978). La Fundación de Venezuela. Ampíes y Coro. Una singularidad histórica. Gráficas 66. Valladolid-Coro. [ Links ]

    14. Reis, Julián (1995). Tratado de Antropología de lo sagrado. Editorial Trotta, S.A. Madrid. [ Links ]

    15. Siso, Carlos (1982). La formación del pueblo venezolano. Tomo II. 6ª. Edición, publicado por el “Escritorio Siso” Editorial. Madrid--España. [ Links ]

    16. Vovelle, Michel (1985). Ideologías y mentalidades. Editorial Ariel, S.A. Barcelona. [ Links ]

    17. Velásquez, Ramón José. (1962). Coro, Raíz de Venezuela. Coro- Estado Falcón. [ Links ]


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    Arcaya, P.M. (Ob. Cit., p.47) señala que la valentía y lealtad de estos pueblos era un “asunto de honor para ellos. El régimen colonial había llevado a los caquetíos al profundo convencimiento que Rey e Iglesia eran sus protectores” Es así cómo:

    Los primeros años de la independencia vieron una casi unanimidad de opinión en Coro a favor del Rey; en Coro pelearon caquetíos en la batalla en el que el Marqués del Toro perdería el primer ejército de la Junta Suprema de Caracas. Voluntarios caquetíos acompañarían a Monteverde, Torrellas y Reyes Vargas en la marcha que destruyó la Primera República. Caquetíos lucharían contra Bolívar bajo Boves, Morales y Morillo.

    Apoyándonos en el planteamiento de Arcaya, trataremos de dar respuesta a los siguientes interrogantes: ¿Cuál fue la participación de estos grupos indígenas durante la independencia? ¿Qué motivó la actitud de los caquetíos a favor de la monarquía española? Luego de los acontecimientos de Caracas el 19 de abril de 1810, el Cabildo de Coro, desacata a la Junta Suprema de Caracas y reconoce al Consejo de Regencia de España como representante del Rey Fernando VII. Mientras que en Caracas se declara el 5 de Julio de 1811 la independencia y se establece la República, la sociedad coriana asumió una posición de adhesión a la monarquía Española. Desde allí se organiza la contrarrevolución realista para conquistar y restablecer el gobierno español.

    Coro, como ciudad leal participa de las reformas hispanas. Fue hasta 1821, el más fiel baluarte realista. En ese mismo año se organiza efectivamente la resistencia realista, en cuanto a organización de las milicias y acciones militares en defensa de la Provincia como bastión realista. En el mes de febrero y septiembre respectivamente, se crearon los dos batallones más representativos: la columna de Volante de Fieles Corianos y el Batallón Ligero de Leales Corianos. Estos ejércitos realistas se organizaron con corianos, lo que garantizaba al movimiento la preservación, conservación y defensa de la Provincia a la causa realista. Así como se propicia una importante arremetida de la resistencia realista, se inicia a la vez la formación del partido independentista, con grupos criollos desertores de estos ejércitos realistas. Quienes dirigidos por Josefa Camejo, declaran la independencia en Pueblo Nuevo de Paraguaná el 3 de mayo de 1821, acción ésta que fue trascendental porque el pronunciamiento de Coro por la independencia, a escasos días de la Batalla de Carabobo, era promisorio del triunfo de esta acción militar que fue decisiva para la emancipación de Venezuela. La nota más resaltante en Coro fue precisamente que la conspiración en contra del orden colonial no se inició ni fue liderizado, ni dirigida por el grupo criollo del cabildo del gobierno local, sino que fue una conspiración dirigida por una extraordinaria mujer: Josefa Camejo.

    El grupo de la elite que defendía el realismo en Coro se desmantela. Las tropas independentistas tomaron la ciudad, iniciándose el tiempo de la guerra que se extendió hasta 1823, período donde tienen papel protagónico estos ejércitos regionales, los cuales estaban organizados por compañías de blancos criollos y compañías de pardos. En este sentido es conveniente señalar la situación en la que se encontraban los indios caquetíos de Santa Ana y Moruy para decidir no participar en las tropas realistas, cuando habían sido y seguían siendo los más fervientes y fieles defensores del Rey y de la corona española. ¿Por qué los caquetíos no se incorporaron a los ejércitos realistas? ¿No fueron tomados en cuenta por la dirección del grupo o fue exclusión por parte de ellos? Este hecho indica el grado de desmoralización a la que habían llegado y la inexistencia de un plan efectivo del movimiento realista en Coro, y explica así el triste final de su sacrificio. Como lo confirman los relatos que hace el Sr. Juan José García8 en sus “memorias” sobre “la heroica defensa de la perdida causa realista por parte de los indios caquetíos, defensa que tuvo su mayor auge luego de la batalla de Carabobo”. Para Arcaya el relato del Sr. García bien podría titularse: “el suicidio de los caquetíos”.

    Pasamos a comentar su relato: Luego de la declaración de la independencia de la Provincia de Coro en 1821, la reacción de los caquetíos fue unánime “al mando de sus caciques hereditarios, López y Núñez, se reunieron en la Plaza de Santa Ana, se confesaron, comulgaron y juraron resistir la revolución y defender la causa del Rey… Después de la Batalla de Carabobo, los caquetíos fueron derrotados en San Francisco, pero cuando volvieron a sus pueblos, unos a otros se echaron la culpa de su común desgracia”. La muerte del cacique de Moruy Martín López de la Chica y la decisión del cacique de Santa Ana Juan Alberto Núñez de emigrar a Cabure antes de “verse menospreciado”; luego que los indios, viéndose libres de todo freno se desbordaban en “impetuoso torrente en la feroz anarquía”. El autor explica que a diferencia de algunos caquetíos como los de Buenavista, los de Santa Ana y Moruy siguieron sosteniendo la causa del Rey a través de un movimiento de guerrillas hasta después de la capitulación de Morales en Maracaibo, el 3 de agosto de 1823.

    Ni la expedición que D. Miguel de La Torre9, Jefe del Ejército Expedicionario de Tierra Firme organizó a Paraguaná, con un plan de reconquista de Venezuela, buscando el “levantamiento en masa de la Provincia de Coro a favor del Rey”, ante la fidelidad demostrada a toda prueba por los indios caquetíos, logró incorporarlos a sus órdenes de mando. Ningún incentivo los hizo desistir de esa actitud, que les llevaría, en 1823, al fatal desenlace de la inmolación masiva, cuando fueron ajusticiados en el sitio denominado Justicia cercano a los pueblos de Santa Ana y Moruy.

    Juan José García (Ibíd, p.62), en su relato explica el final de la guerra, así como las adversidades que experimentaron los pueblos caquetíos, porque:

    Después que la guerra terminó, Paraguaná quedó asolado, pues a tantas desgracias, saqueos y calamidades de toda especie les siguió una gran escasez de lluvia dejando la tierra esterilizada y sin recurso alguno. Muchísimos murieron de hambre, y aquellos que sobrevivieron emigraron a otras provincias, donde los más de ellos no volvieron a ver sus hogares.

    De Santa Ana y Moruy, reseña además, la disminución de la población:

    Los dos pueblos de indios que antes de la guerra pasaban de ocho mil almas, después de ella no llegaban a un mil ochocientas. Las guerras, el hambre y las emigración habían acabado con ellos” (Ibidem).


    La existencia de la República de Colombia desde 1819, la proclamación de la independencia en Coro en 1821, el triunfo de la Batalla de Carabobo en Junio de ese año y los cambios ocurridos en España durante el trienio liberal entre 1820-1823; período donde toma forma la nación española, en la cual no tenían cabida en condición de ciudadanos todos los súbditos americanos, son hechos que favorecen la finalización de la contrarrevolución realista y el triunfo de la guerra de independencia.


    Conclusión

    La lealtad del coriano realista fue una actitud asumida tanto por los mantuanos como por los indígenas caquetíos. Estos más fieles que leales, ya que la actitud de ellos es de una fidelidad ciega, por encima de todo eran fieles, hasta el último momento. Arcaya (Ibíb. p. 137), explica como en los pueblos indios fue unánime hasta lo último y verdaderamente heroica la fidelidad al Rey, conducta que se explica por la fuerza de las ideas religiosas y la leyenda de la “alianza de su antecesor Manaure con los conquistadores españoles”. Este grado de convicción sobre la lealtad que los indios caquetíos tenían con el Rey y con su Cacique Manaure, era de tal intensidad que bien pudiera asociarse con la inmolación de centenares de caquetíos en 1823, en el sitio denominado “justicia” vecindario cercano a Moruy, ante su persistencia de continuar defendiendo al Rey, causa que creían justa. Este es el testimonio fiel de una manera de vivir y de morir por lo que se Cree.

    Los interrogantes que nos planteamos en esta ponencia nos llevó a reflexionar sobre los sentimientos de lealtad y fidelidad expresada por los indios caquetíos, que explica tal vez, su comportamiento y compromiso con un ideal, con una creencia, tan internalizada que generó que hacia el rey se configurara una particular adhesión de fidelidad anclada más en el sentimiento que en la razón. Estos sentimientos de solidaridad y lealtad personalizaron el quehacer histórico de los corianos constituyéndose en símbolo de su idiosincrasia. Historiadores venezolanos han dedicado especial atención a este carácter del coriano. Ramón J. Velásquez (1982, p.3) lo concibe como “…réplica del cacicazgo (que)… alzaba en Coro… el gran Manaure… Ya en estas gentes indias encontramos talladas algunas de las condiciones que individualizaran al coriano en el futuro”. Carlos Siso (1982, Tomo II p.195), cuando explica la formación del carácter venezolano, destaca el instinto gregario de los pueblos caquetíos corianos, dice:

    Con una influencia saludable contrarresta en el carácter nacional el individualismo heredado, el admirable instinto gregario de las poblaciones del Estado Falcón, descendientes de la nación caquetía, cuyo espíritu de solidaridad es tan firme, que en nuestras crisis políticas han contribuido a compactar la República, a mantener la cédula social y a salvar el imperio de las Instituciones. Aprovechando el instinto gregario de la ascendencia indígena, en casi todas nuestras revoluciones, el gobierno ha recurrido a las poblaciones del Estado Falcón para crear ejércitos, cuyo espíritu de disciplina es garantía de orden y de seguridad social.

    Por eso no sólo concebimos la lealtad del coriano en un momento de su devenir histórico, por su postura a la Monarquía española -ya sea por motivos religiosos o por la palabra empeñada del Cacique Manaure en el pacto con Ampíes- sino que ésta signó posteriores actitudes. De allí que entendemos también que lealtad fue la de Coro a la República, al calibrar su vida republicana.


    Notas

    1 Este autor utiliza el término disputa (dice) como lo utilizara Bolívar en “un momento de particular agudización de la guerra en junio de 1814, para referirse al enfrentamiento entre quienes luchaban por romper el nexo colonial y quienes lo hacían por mantenerlo, y en aquel momento la apreció como una situación en la cual ambos contendores podrían resultar perdedores. Germán Carrera Damas, La disputa por la independencia (p. 49).

    2 En su Memorial, Ampíes describe el momento: “el indio mensajero de Manaure, con el cacique Don Juan de Baracuyra o Baracoyca”, quien residía en las islas y era pariente de los de tierra firme, embarcaron a Santo Domingo con Gonzalo de Sevilla, con el fin de rogarle que los recibiera “como a los otros”, en este caso se refiere a los caquetíos de las islas de los Gigantes que tenía bajo su protección, para que los mantenga al igual que éstos, bajo su gobernación y su “mamparo”.( Citado por Demetrio Ramos Pérez. La fundación de Coro Venezuela. Una singularidad histórica. p. 165).

    3 Este autor afirma que el hombre (“homo religiosus”) en un momento de su devenir histórico, “toma conciencia de una realidad trascendente que da al mundo su verdadera dimensión de perfección”, lo cual no es otra cosa que la irrupción o descubrimiento de lo sagrado desde la experiencia religiosa vivida, expresada a su vez, como un poder diferente al natural, y algo distinto a sí mismo”.

    4 Véase: Monseñor Francisco Maldonado. Los seis primeros Obispos de Venezuela. ANH.

    5 El Obispo Gonzales Acuña en el Auto, Señala: "Ordenamos y mandamos al cura doctrinero que al presente y adelante fuere tenga en su poder los testimonios de las Reales Cédulas y Provisiones que son despachadas a favor de los naturales de la Real Corona de esta provincia de Paraguaná, Casicure, Río del Tocuyo, Cumarebo, y todas las veces que los dichos naturales fueren agraviados; así en ocuparles las tierras que les pertenecen para ser labores y crianzas como en sacarlos de sus pueblos y naturaleza para la ciudad de Coro donde han sido detenidos por largos tiempos y despachados por arrieros a otras partes de la provincia, de que se han seguido graves inconvenientes apartándolos de sus mujeres e hijos y despoblarle los pueblos. Como de la visita que hemos hecho consta, y parece el dicho cura los defienda. Intime y presente las dichas Reales Cédulas y Provisiones ante las justicias de la ciudad de Coro y pido requiera con ellas se les dé su entero cumplimiento, y se declaren por incursos en las penas impuestas, a los transgresores de ellas;..." ) A.P.A. de Ca. Episcopales. 1678. Carpeta 13 y 16. Desde el siglo XVII, encontramos documentos donde los caquetíos enfrentan despojos de sus tierras, tal fue el caso de la denuncia y los autos que a favor de estos indígenas dictó el Obispo González de Acuña en 1678. A.P.A. de Ca. Episcopales. 1678. Carpeta 13 y 16.

    6 Estos reclamos fueron frecuentes finalizando el siglo XVIII, entre 1790 y 1799 encontramos en el Registro Principal de Ca. Documentos sobre reclamos de tierras de los pueblos caquetíos de Sta. Ana en 1789 y 1792. En el Archivo General de la Nación, de los pueblos de Moruy y Mitare en 1790- 1793.

    7 “Cargo en depósito y abono a la caja de 54 pesos siete reales valor de un comiso hecho por Don Santiago Martínez cacique de los indios caquetíos de la Real Corona en los partidos de Capatárida… 1785”. En A.G.N. Real Hacienda. Entrada y Salida de Caudales. Nº 1630.

    8 El Sr. Juan José García “nació en Moruy por los años de 1811 a 1814... conocía todos los incidentes del alzamiento de dichos dos pueblos por las referencias de sus padres y muchas personas que lo habían presenciado”. Así lo presenta el Dr. Pedro Manuel Arcaya en la transcripción que se hace de sus memorias en el libro: (1974. PP. 45-47).

    9 Informe de La Torre a la Gobernación de Ultramar el 11 de Enero de 1821. Archivo Nacional de Madrid. (Estado.8735-134).


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