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Tema: El Día de la Raza y el Gral. Perón.-

  1. #1
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    El Día de la Raza y el Gral. Perón.-

    Buenas tardes, Sres. Coforistas. Desde el otro lado del charco, el lejano cono sud, éste orgulloso hijo de españoles, intenta hacer un breve homenaje al Día de la Raza.-
    Transcribo un discurso del único Presidente electo democráticamente por tres veces, Teniente General Juan Domingo Perón, del año 1.947, pero totalmente intemporal y por lo tanto actual.-
    Dejo constancia que no soy afiliado a partido alguno, ya que ninguno me representa, pero no dejo de reconocer la gran figura histórica del Gral. Perón y su inteligencia.-
    El actual gobierno pseudoperonista sin embargo desde sus comienzos se dedica a demoler, destruir y desaparecer todo indicio hispano-católico, si el General vuelve de la tumba, los corre con una alpargata.-
    En la que antes era Argentina, ahora el 12 de Octubre se festeja el "Día del respeto a la diversidad cultural" a tono con el bolcheindigenismo.-
    Saludos cordiales.-


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    Discurso del presidente Juan Domingo Perón sobre la Conquista y el Día de la Raza.-


    12 de octubre de 1.947.
    Discurso del presidente Juan Domingo Perón en la Academia Argentina de Letras


    El 12 de octubre de 1.947, el entonces presidente pronunció un discurso en el cual exaltó la obra de España en América, denunció la “leyenda negra” sobre la Conquista y reivindicó “el Día de la Raza, instituido por Hipólito Yrigoyen”
    No me consideraría con derecho a levantar mi voz en el solemne día que se festeja la gloria de España, si mis palabras tuvieran que ser tan sólo halago de circunstancias o simple ropaje que vistiera una conveniencia ocasional. Me veo impulsado a expresar mis sentimientos porque tengo la firme convicción de que las corrientes de egoísmo y las encrucijadas de odio que parecen disputarse la hegemonía del orbe, serán sobrepasadas por el triunfo del espíritu que ha sido capaz de dar vida cristiana y sabor de eternidad al Nuevo Mundo.
    No me atrevería a llevar mi voz a los pueblos que, junto con el nuestro, formamos la Comunidad Hispánica, para realizar tan sólo una conmemoración protocolar del Día de la Raza.
    Únicamente puede justificarse el que rompa mi silencio, la exaltación de nuestro espíritu ante la contemplación reflexiva de la influencia que, para sacar al mundo del caos que se debate, puede ejercer el tesoro espiritual que encierra la titánica obra cervantina, suma y compendio apasionado y brillante del inmortal genio de España.
    Espíritu contra utilitarismo
    Al impulso ciego de la fuerza, al impulso frío del dinero, la Argentina, coheredera de la espiritualidad hispánica, opone la supremacía vivificante del espíritu.
    En medio de un mundo en crisis y de una humanidad que vive acongojada por las consecuencias de la última tragedia e inquieta por la hecatombe que presiente; en medio de la confusión de las pasiones que restallan sobre las conciencias, la Argentina, la isla de paz, deliberada y voluntariamente, se hace presente en este día para rendir cumplido homenaje al hombre cuya figura y obra constituyen la expresión más acabada del genio y la grandeza de la raza.
    Y a través de la figura y de la obra de Cervantes va el homenaje argentino a la Patria Madre, fecunda, civilizadora, eterna, y a todos los pueblos que han salido de su maternal regazo.
    Por eso estamos aquí, en esta ceremonia que tiene la jerarquía de símbolo. Porque recordar a Cervantes es reverenciar a la madre España; es sentirse más unidos que nunca a los demás pueblos que descienden legítimamente de tan noble tronco; es afirmar la existencia de una comunidad cultural hispanoamericana de la que somos parte y de una continuidad histórica que tiene en la raza su expresión objetiva más digna, y en el Quijote la manifestación viva y perenne de sus ideales, de sus virtudes y de su cultura; es expresar el convencimiento de que el alto espíritu señoril y cristiano que inspira la Hispanidad iluminará al mundo cuando se disipen las nieblas de los odios y de los egoísmos.
    Por eso rendimos aquí el doble homenaje a Cervantes y a la Raza.
    Homenaje, en primer lugar, al grande hombre que legó a la humanidad una obra inmortal, la más perfecta que en su género haya sido escrita, código del honor y breviario del caballero, pozo de sabiduría y, por los siglos, de los siglos, espejo y paradigma de su raza.
    Destino maravilloso el de Cervantes que, al escribir El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, descubre en el mundo nuevo de su novela, con el gran fondo de la naturaleza filosófica, el encuentro cortés y la unión entrañable de un idealismo que no acaba y de un realismo que se sustenta en la tierra. Y además caridad y amor a la justicia, que entraron en el corazón mismo de América; y son ya los siglos los que muestra, en el laberinto dramático que es esta hora del mundo, que siempre triunfa aquella concepción clara del riesgo por el bien y la ventura de todo afán justiciero. El saber “jugarse entero” de nuestros gauchos es la empresa que ostentan orgullosamente los “quijotes de nuestras pampas”.
    En segundo lugar, sea nuestro homenaje a la raza a que pertenecemos.
    Para nosotros, la raza no es un concepto biológico. Para nosotros es algo puramente espiritual. Constituye una suma de imponderables que hace que nosotros seamos lo que somos y nos impulsa a ser lo que debemos ser, por nuestro origen y nuestro destino. Ella es lo que nos aparta de caer en el remedo de otras comunidades cuyas esencias son extrañas a la nuestra, pero a las que con cristiana caridad aspiramos a comprender y respetamos. Para nosotros, la raza constituye nuestro sello personal, indefinible e inconfundible.
    Para nosotros los latinos, la raza es un estilo. Un estilo de vida que nos enseña a saber vivir practicando el bien y a saber morir con dignidad.
    Nuestro homenaje a la madre España constituye también una adhesión a la cultura occidental. Porque España aportó al occidente la más valiosa de las contribuciones: el descubrimiento y la colonización de un nuevo mundo ganado para la causa de la cultura occidental.
    Su obra civilizadora cumplida en tierras de América no tiene parangón en la Historia. Es única en el mundo. Constituye su más calificado blasón y es la mejor ejecutoria de la raza, porque toda la obra civilizadora es un rosario de heroísmos, de sacrificios y de ejemplares renunciamientos.
    Su empresa tuvo el sino de una auténtica misión. Ella no vino a las Indias ávida de ganancias y dispuesta a volver la espalda y marcharse una vez exprimido y saboreado el fruto. Llegaba para que fuera cumplida y hermosa realidad el mandato póstumo de la Reina Isabel de “atraer a los pueblos de Indias y convertirlos al servicio de Dios“. Traía para ello la buena nueva de la verdad revelada, expresada en el idioma más hermoso de la tierra. Venía para que esos pueblos se organizaran bajo el imperio del derecho y vivieran pacíficamente. No aspiraban a destruir al indio sino a ganarlo para la fe y dignificarlo como ser humano
    Era un puñado de héroes, de soñadores desbordantes de fe. Venían a enfrentar a lo desconocido; ni el desierto, ni la selva con sus mil especies donde la muerte aguardaba el paso del conquistador en el escenario de una tierra inmensa, misteriosa, ignorada y hostil.
    Nada los detuvo en su empresa; ni la sed, ni el hambre, ni las epidemias que asolaban sus huestes; ni el desierto con su monótono desamparo, ni la montaña que les cerraba el paso, ni la selva con sus mil especies de oscuras y desconocidas muertes. A todo se sobrepusieron. Y es ahí, precisamente, en los momentos más difíciles, en los que se los ve más grandes, más serenamente dueños de sí mismos, más conscientes de su destino, porque en ellos parecía haberse hecho alma y figura la verdad irrefutable de que “es el fuerte el que crea los acontecimientos y el débil el que sufre la suerte que le impone el destino”. Pero en los conquistadores pareciera que el destino era trazado por el impulso de su férrea voluntad.
    Como no podía ocurrir de otra manera, su empresa fue desprestigiada por sus enemigos, y su epopeya objeto de escarnio, pasto de la intriga y blanco de la calumnia, juzgándose con criterio de mercaderes lo que había sido una empresa de héroes. Todas las armas fueron probadas: se recurrió a la mentira, se tergiversó cuanto se había hecho, se tejió en torno suyo una leyenda plagada de infundios y se la propaló a los cuatro vientos.
    Y todo, con un propósito avieso. Porque la difusión de la leyenda negra, que ha pulverizado la crítica histórica serie y desapasionado, interesaba doblemente a los aprovechados detractores. Por una parte, les servía para echar un baldón a la cultura heredada por la comunidad de los pueblos hermanos que constituimos Hispanoamérica.
    Por la otra procuraba fomentar así, en nosotros, una inferioridad espiritual propicia a sus fines imperialistas, cuyas asalariados y encumbradísimos voceros repetían, por encargo, el ominoso estribillo cuya remunerada difusión corría por cuenta de los llamados órganos de información nacional. Este estribillo ha sido el de nuestra incapacidad para manejar nuestra economía e intereses, y la conveniencia de que nos dirigieran administradores de otra cultura y de otra raza. Doble agravio se nos infería; aparte de ser una mentira, era una indignidad y una ofensa a nuestro decoro de pueblos soberanos y libres.
    España, nuevo Prometeo, fue así amarrada durante siglos a la roca de la Historia. Pero lo que no se pudo hacer fue silenciar su obra, ni disminuir la magnitud de su empresa que ha quedado como magnífico aporte a la cultura occidental.
    Allí están, como prueba fehaciente, las cúpulas de las iglesias asomando en las ciudades fundadas por ella; allí sus leyes de Indias, modelo de ecuanimidad, sabiduría y justicia; sus universidades; su preocupación por la cultura, porque “conviene –según se lee en la Nueva Recopilación que nuestros vasallos, súbditos y naturales, tengan en los reinos de Indias, universidades y estudios generales donde sean instruidos y graduados en todas ciencias y facultades, y por el mucho amor y voluntad que tenemos de honrar y favorecer a los de nuestras Indias y desterrar de ellas las tinieblas de la ignorancia y del error, se crean Universidades gozando los que fueren graduados en ellas de las libertades y franquezas de que gozan en estos reinos los que se gradúan en Salamanca”.
    Su celo por difundir la verdad revelada porque –como también dice la Recopilación “teniéndonos por más obligados que ningún otro príncipe del mundo a procurar el servicio de Dios y la gloria de su santo nombre y emplear todas las fuerzas y el poder que nos ha dado, en trabajar que sea conocido y adorado en todo el mundo por verdadero Dios como lo es, felizmente hemos conseguido traer al gremio de la Santa Iglesia Católica las innumerables gentes y naciones que habitan las Indias occidentales, isla y tierra firme del mar océano”.
    España levantó, edificó universidades, difundió la cultura, formó hombres, e hizo mucho más; fundió y confundió su sangre con América y signó a sus hijas con un sello que las hace, si bien distintas a la madre en su forma y apariencias, iguales a ella en su esencia y naturaleza. Incorporó a la suya la expresión de un aporte fuerte y desbordante de vida que remozaba a la cultura occidental con el ímpetu de una energía nueva.
    Y si bien hubo yerros, no olvidemos que esa empresa, cuyo cometido la antigüedad clásica hubiera discernido a los dioses, fue aquí cumplida por hombres, por un puñado de hombres que no eran dioses aunque los impulsara, es cierto, el soplo divino de una fe que los hacía creados a la imagen y semejanza de Dios.
    Son hombres y mujeres de esa raza los que en heroica comunión rechazan, en 1806, al extranjero invasor, y el hidalgo jefe que obtenida la victoria amenaza con “pena de la vida al que los insulte”.
    Es gajo de ese tronco el pueblo que en mayo de 1810 asume la revolución recién nacida; esa sangre de esa sangre la que vence gloriosamente en Tucumán y Salta y cae con honor en Vilcapugio y Ayohuma; es la que bulle en el espíritu levantisco e indómito de los caudillos; es la que enciende a los hombres que en 1816 proclaman a la faz del mundo nuestra independencia política; es la que agitada corre por las venas de esa raza de titanes que cruzan las ásperas y desoladas montañas de los Andes, conducidas por un héroe en una marcha que tiene la majestad de un friso griego; es la que ordena a los hombres que forjaron la unidad nacional, y la que aliente a los que organizaron la República; es la que se derramó generosamente cuantas veces fue necesario para defender la soberanía y la dignidad del país; es la misma que moviera al pueblo a reaccionar sin jactancia pero con irreductible firmeza cuando cualquiera osó inmiscuirse en asuntos que no le incumbían y que correspondía solamente a la nación resolverlos; de esa raza es el pueblo que lanzó su anatema a quienes no fueron celosos custodios de su soberanía, y con razón, porque sabe, y la verdad lo asiste, que cuando un Estado no es dueño de sus actos, de sus decisiones, de su futuro y de su destino, la vida no vale la pena de ser allí vivida; de esa raza es ese pueblo, este pueblo nuestro, sangre de nuestra sangre y carne de nuestra carne, heroico y abnegado pueblo, virtuoso y digno, altivo sin alardes y lleno de intuitiva sabiduría, que pacífico y laborioso en su diaria jornada se juega sin alardes la vida con naturalidad de soldado, cuando una causa noble así lo requiere, y lo hace con generosidad de Quijote, ya desde el anónimo y oscuro foso de una trinchera o asumiendo en defensa de sus ideales el papel de primer protagonista en el escena rio turbulento de las calles de una ciudad.
    Señores:
    La historia, la religión y el idioma nos sitúan en el mapa de la cultura occidental y latina, a través de su vertiente hispánica, en la que el heroísmo y la nobleza, el ascetismo y la espiritualidad, alcanzan sus más sublimes proporciones. El Día de la Raza, instituido por el Presidente Yrigoyen, perpetúa en magníficos términos el sentido de esta filiación. “La España descubridora y conquistadora –dice el decreto, volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, las labores de sus menestrales y con la aleación de todos estos factores, obró el milagro de conquistar para la civilización la inmensa heredad en que hoy florecen las naciones a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua, una herencia inmortal que debemos de afirmar y de mantener con jubiloso reconocimiento”.
    Si la América olvidara la tradición que enriquece su alma, rompiera sus vínculos con la latinidad, se evadiera del cuadro humanista que le demarca el catolicismo y negara a España, quedaría instantáneamente baldía de coherencia y sus ideas carecerían de validez. Ya lo dijo Menéndez y Pelayo: “Donde no se conserva piadosamente la herencia de lo pasado, pobre o rica, grande o pequeña, no esperemos que brote un pensamiento original, ni una idea dominadora”. Y situado en las antípodas de su pensamiento, Renán afirmó que “el verdadero hombre de progreso es el que tiene los pies enraizados en el pasado”.
    El sentido misional de la cultura hispánica, que catequistas y guerreros introdujeron en la geografía espiritual del Nuevo Mundo, es valor incorporado y absorbido por nuestra cultura, lo que ha suscitado una comunidad de ideas e ideales, valores y creencias, a la que debemos preservar de cuantos elementos exóticos pretenden mancillarla. Comprender esta imposición del destino, es el primordial deber de aquellos a quienes la voluntad pública o el prestigio de sus labores intelectuales, les habilita para influir en el proceso mental de las muchedumbres. Por mi parte, me he esforzado en resguardar las formas típicas de la cultura a que pertenecemos, trazándome un plan de acción del que pude decir –el 24 de noviembre de 1944 que “tiene, ante todo, a cambiar la concepción materialista de la vida por una exaltación de los valores espirituales”.
    Precisamente esa oposición, esa contraposición entre materialismo y espiritualidad, constituye la ciencia del Quijote. O más propiamente representa la exaltación del idealismo, refrenado por la realidad del sentido común.
    De ahí la universalidad de Cervantes, a quien, sin embargo, es precio identificar como genio auténticamente español, mal que no puede concebirse como no sea en España.
    Esta solemne sesión, que la Academia Argentina de Letras ha querido poner bajo la advocación del genio máximo del idioma en el IV Centenario de su nacimiento, traduce –a mi modo de ver la decidida voluntad argentina de reencontrar las rutas tradicionales en las que la concepción del mundo y de la persona humana, se origina en la honda espiritualidad grecolatina y en la ascética grandeza ibérica y cristiana.
    Para participar en ese acto, he preferido traer, antes que una exposición académica sobre la inmortal figura de Cervantes, palpitación humana, su honda vivencia espiritual y su suprema gracia hispánica. En su vida y en su obra personifica la más alta expresión de las virtudes que nos incumbe resguardar.
    Mientras unos soñaban y otros seguían amodorrados en su incredulidad, fue gestándose la tremenda subversión social que hoy vivimos y se preparó la crisis de las estructuras políticas tradicionales. La revolución social de Eurasia ha ido extendiéndose hacia Occidente, y los cimientos de los países latinos del Oeste europea crujen ante la proximidad de exóticos carros de guerra. Por los Andes asoman su cabeza pretendidos profetas, a sueldo de un mundo que abomina de nuestra civilización, y otra trágica paradoja parece cernirse sobre América al oírse voces que, con la excusa de defender los principios de la Democracia (aunque en el fondo quieren proteger los privilegios del capitalismo), permitan el entronizamiento de una nueva y sangrienta Tiranía.
    Como miembros de la comunidad occidental, no podemos substraernos a un problema que de no resolverlo con acierto, puede derrumbar un patrimonio espiritual acumulado durante siglos. Hoy, más que nunca, debe resucitar Don Quijote y abrirse el sepulcro del Cid Campeador.
    Juan Domingo Perón.-
    juan vergara y Patriota Sevillano dieron el Víctor.

  2. #2
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    Re: El Día de la Raza y el Gral. Perón.-

    Estimado Compatriota, en uno de los hilos dedicados al Peronismo mencione parte de esta disertación del general Perón, me alegro que se transcriba en su totalidad como homenaje al día de la Raza o de la Hispanidad.

  3. #3
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    Re: El Día de la Raza y el Gral. Perón.-

    Encuentro de dos mundos
    Héctor B. Petrocelli
    Conclusiones
    Las falsedades de los modernos cultores de la vieja leyenda negra irán muriendo con los proyectos liberticidas y estatolátricos que meten bulla hoy usando medios de comunicación, cátedras y el oficio de artistas a la violeta. Lo que quedará aquí en la Argentina será el juicio de los auténticos caudillos que han sabido interpretar el sentir popular, casi siempre casado con la verdad. Percepción fina de nuestro pueblo, que a través de la expresión de Hipólito Yrigoyen, manifestó estos conceptos aquel 4 de octubre de 1917 en que se declaraba feriado nacional el 12 de octubre: “la España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, las labores de sus menestrales; y con la aleación de todos estos factores, obró el milagro de conquistar para la civilización la inmensa heredad en que hoy florecen las naciones a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua, una herencia inmortal que debemos afirmar y mantener con jubiloso reconocimiento”. Parecer cabal de nuestra comunidad, que se hizo voz en Juan Domingo Perón cuando afirmó: “La riqueza espiritual que, con la Cruz y la Espada, España nos legó, esta Cruz y esta Espada tan vilipendiadas por nuestros enemigos y tan escarnecidas por los que con su falsa advocación medraron, fue marchitándose hasta convertirse en informe montón irreconocible, hecho presa después del fuego de los odios y de las envidias que había concitado con su legendario esplendor... ¡España, Madre Nuestra, Hija eterna de la inmortal Roma, heredera dilecta de Atenas la grácil y de Esparta la fuerte: somos tus Hijos del claro nombre; somos argentinos, de la tierra con tintineos de plata que poseemos tu corazón de oro. Como bien nacidos hijos salidos de tu seno, te veneramos, te recordamos y vives en nosotros!”497. Y en otra oportunidad: “Recordar a Cervantes es reverenciar a la madre España; es sentirse más unidos que nunca a los demás pueblos que descienden legítimamente de tan noble tronco; es afirmar la existencia de una comunidad cultural hispanoamericana de la que somos parte y de una continuidad histórica que tiene en la raza su expresión objetiva más digna y en el Quijote la manifestación viva y perenne de sus ideales, de sus virtudes y de su cultura; es expresar el convencimiento de que el alto espíritu señorial y cristiano que inspira la Hispanidad iluminará al mundo cuando se disipen las nieblas de los odios y de los egoísmos”. Y más adelante: “Nuestro homenaje a la madre España constituye también una adhesión a la cultura occidental. Porque España aportó al Occidente la más valiosa de las contribuciones: el descubrimiento y la colonización de un nuevo mundo ganado para la causa de la cultura occidental. Su obra civilizadora cumplida en tierras de América no tiene parangón en la Historia. Es única en el mundo. Constituye su más calificado blasón y es la mejor ejecutoria de la raza, porque toda la obra civilizadora es un rosario de heroísmos, de sacrificios y de ejemplares renunciamientos. Su empresa tuvo el signo de una auténtica misión. Ella no vino a las Indias ávida de ganancias y dispuesta a volver la espalda y marcharse una vez exprimido y saboreado el fruto. Llegaba para que fuera cumplida y hermosa realidad el mandato póstumo de la Reina Isabel de “atraer a los pueblos de Indias y convertirlos al servicio de Dios”. Traía, para ellos la buena nueva de la verdad revelada, expresada en el idioma más hermoso de la tierra. Venía para que esos pueblos se organizaran bajo el imperio del derecho y vivieran pacíficamente. No aspiraban a destruir al indio sino a ganarlo para la fe y dignificarlo como ser humano” 498.
    También María Eva Duarte de Perón, con su habitual franqueza y acento ardiente, supo escribir estos conceptos de reconocimiento a la Madre Patria: “Esa raza inmortal, descubridora y conquistadora, encontró en ese mundo nuevo el teatro ideal para el ejercicio de sus virtudes. Dictó leyes de humanidad y fraternidad doscientos años antes que los
    enciclopedistas osaran mencionar los derechos del hombre, dictó la igualdad ante el Creador de todas las criaturas y abonó con la sangre y con el alma de su pueblo los surcos del porvenir. De estas sementeras nacieron las naciones que glorifican hoy el tronco común del que proceden y del que están orgullosas. Porque América es la eternidad de España en el mundo de la civilización. La epopeya del descubrimiento y la conquista es, fundamentalmente, una epopeya popular. No sólo por sus hombres que cortaron horizontes y abrieron a los siglos las puertas gigantescas de un nuevo hemisferio, como Cortés, como Mendoza, como Pizarro y como Balboa, sino por la cruz que venía a la par de la espada. ésta era la herramienta del héroe aislado en el mundo agreste. Aquélla el signo de la paz, de igualdad y de amor entre los fieros defensores de la fe y los conquistadores para el reino de Jesús más que para el reino de Fernando e Isabel. La leyenda negra con que la Reforma se ingenió en denigrar la empresa más grande y más noble que conocen los siglos, como fue el descubrimiento y la conquista, sólo tuvo validez en el mercado de los tontos o de los interesados. A nadie engañó que no quisiera ser engañado. Y cuando cuatro siglos después del descubrimiento los hijos de los conquistadores reivindicaron su mayoría de edad y su derecho a vivir en libertad y al margen de tutelas, las naciones que florecieron del esfuerzo de sus héroes habían recibido de la Madre Patria lo que es privativo de la maternidad: la sangre de más de la mitad de su pueblo que había quedado en América, fructificándola, abonándola, y dándole razón de ser durante el período de la conquista y la colonización. Somos pues, no sólo hijos legítimos de los descubridores y conquistadores, sino herederos directos de su gesta y de la llama de eternidad que ellos transportaron sobre los mares”. 499
    Del cauce conservador, también han brotado expresiones que han buscado en España las raíces de nuestro ser nacional. Nicolás Avellaneda, que fuera presidente en época en que se controvertiera mucho la verdadera tradición cultural argentina, a quien tanto debe la educación, uno de los constructores de la Argentina moderna, expresó en su momento: “El pueblo español tiene en la historia dos títulos tan suyos, que ningún otro puede disputárselos en la presente o en las antiguas civilizaciones. Es el único pueblo que haya descubierto un mundo y que respondiendo al don de Dios con abnegación sin ejemplo, se abriera enseguida sin vacilaciones las venas, agotando sus poblaciones para darle vida” 500, últimamente, el lúcido Ricardo A. Paz, poniendo una cuota de inobjetable cordura ha escrito: “En cuanto a lo que una nación concierne, la esencia de lo conservador yace en el sedimento secular que resume no tan sólo su carácter, sino el sentido de la propia identidad. Para nuestro país esto es lo criollo. No tanto lo hispánico, bien que de España hayamos recibido religión, lengua, cultura y ciertas costumbres, sino el sabor peculiar con que todo ello se ha dado después de su trasplante e hibridación en nuestro suelo. Esta Argentina criolla es la que no ha tenido expresión política conceptual, precisamente porque las fuerzas conservadoras no han sabido dárselas. Leyes, instituciones, ideologías y constituciones, para no hablar sino de la política, son todavía artículos de importación, más o menos adaptados a nuestra idiosincrasia” 501. Concepto con el que coincidimos plenamente, y que Ernesto Palacio lo expresara de esta manera: “Tenemos una manera peculiar de ser españoles que ha cambiado de nombre y se llama ser argentinos” 502.
    De la izquierda que Jorge Ballesteros llama culta y civilizada, se han transcriptos en este trabajo expresiones de Carlos Fuentes y de Juan José Sebreli, por ejemplo. Y Eliseo Diego, que según un editorial del diario “La Capital” de nuestra ciudad de reciente data, reside, siendo cubano, en la tierra de Fidel Castro, y está próximo a éste, por supuesto nada hispanista el hombre, hace unos años pronunció estas palabras: “Los españoles hicieron atrocidades con los indios, pero las hicieron en una época en que lo atroz era la manera natural de actuar. Nadie recuerda hoy que en Inglaterra si se robaba una hogaza de pan se le cortaban las manos al ladrón. Y nadie recuerda hoy que Benito Juárez era un indio que presidió Méjico. ¿Dónde, en qué colonia inglesa o francesa hubo un indio presidente? Los españoles dejaron tras de sí naciones; los ingleses, factorías” 503.
    Juan Pablo II, ese Papa grande, hace referencia a la “comunidad cultural hispanoamericana”, cuando dice en la alocución tantas veces citada: “Un dato consignado por la historia es que la primera evangelización marcó esencialmente la identidad histórico-cultural de América Latina. Prueba de ello es que la fe católica no fue desarraigada del corazón de sus pueblos, a pesar del vacío pastoral creado en el período de la independencia o del hostigamiento y persecuciones posteriores”. Y esa identidad histórico-cultural es la que exige una convocatoria que nos lleve a descubrirla en la historia, a defenderla con nuestra lucha en el presente y a proyectarla para que el futuro de pueblos que hablan la lengua de Cervantes y aún rezan el Padre Nuestro, sea un futuro de grandeza. Unidos en la decisión de ser fieles a nuestra identidad cultural, superaremos la embestida atea y materialista, cosa que ya se vislumbra, como supimos en su momento superar la confabulación jacobina.

    ::: ARGENTINA HISTÓRICA - la historia argentina :::
    Última edición por ReynoDeGranada; Hace 3 semanas a las 14:40
    ALACRAN dio el Víctor.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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  4. #4
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    Re: El Día de la Raza y el Gral. Perón.-

    .
    Última edición por ReynoDeGranada; Hace 3 semanas a las 13:15 Razón: Repetido
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: El Día de la Raza y el Gral. Perón.-

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Lamentablemente el pronostico de Hector B. Petrocelli en lo tocante a que la leyenda negra "iría muriendo", no solo no se ha cumplido, sino que esta más vigente que nunca.
    Por doquier se sigue propagando por todos los medios de difusión, y comunicación, al igual que en los colegios, Universidades, institutos, etc, el horror, el despotismo, la esclavitud, etc, etc, y por supuesto el genocidio de indios, que perpetuaron los españoles en estas tierras.
    Somos muy pocos los que defendemos la Hispanidad, ademas prácticamente nos marginan de todos lados y se nos impone una rigurosa conspiración del silencio.
    Es más ya no se celebra el día de la raza o la hispanidad, sino el de "la diversidad cultural", donde solo se reivindica la "santidad" de los "pueblos originarios", y se destila un notorio resentimiento hacia nuestra Madre Patria.
    Sin duda la "global-invasión" y los "amos del mundo" están cada día más activos en su constante predica de la leyenda negra.
    De todas formas seguiremos dando batalla: No parar hasta Reconquistar!
    ALACRAN dio el Víctor.

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    Por Hyeronimus en el foro Hispanoamérica
    Respuestas: 1
    Último mensaje: 18/10/2011, 02:01
  5. Día de la "Raza" Por: Etsuo Tirado Hamasaki
    Por Mefistofeles en el foro Hispanoamérica
    Respuestas: 3
    Último mensaje: 17/06/2010, 00:59

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