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Tema: Una buena: la herencia de Tompkins.

  1. #1
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    Una buena: la herencia de Tompkins.

    Entre tantas pálidas, como decimos por estos pagos. Me acuerdo que de Tompkins dijeron de todo, pueden ver el reportaje a la viuda al final del artículo.

    Video en la nota.


    CHILE

    Chile recibe la mayor donación de tierras privadas para parques naturales del planeta

    La viuda de Tompkins, fundador de North Face y filántropo, entrega a Bachelet fincas para proteger 4,5 millones de hectáreas


    El Amarillo (Patagonia chilena) 17 MAR 2017 - 03:46 CET
    Hace 25 años, cuando vendió su empresa de ropa, Esprit —antes había fundado y vendido The North Face— y se fue a vivir a la Patagonia chilena, nadie le creyó. Douglas Tompkins gastó 380 millones de dólares, buena parte de su fortuna, en comprar enormes estancias en Chile y Argentina. Ya entonces decía que solo quería protegerlas y después donarlas al Estado. Pensaron de todo; que quería crear un estado judío, quedarse con el agua, hacer minas, poner un cementerio nuclear. Nadie pensó ni por un momento que iba en serio. Pero 25 años después, su viuda, Kris —él falleció en 2015 en un accidente de kayak en estas tierras a las que dedicó su vida—, entregó emocionada a Michelle Bachelet 400.000 hectáreas (una superficie similar a la de la comunidad española de La Rioja, Cabo Verde o el estado de Rhode Island). Y gran parte de esas tierras están dentro del Parque Pumalín, un enclave de gran riqueza ambiental donde donde están los alerces de Chile —árboles protegidos que superan los 3.000 años—, y donde se encuentran pumas y otro tipo de flora y fauna autóctona.

    Ese territorio, sumado a lo ya donado en los últimos años y a lo que aportará el Estado chileno como contrapartida, conformará un nuevo espacio protegido de 4,5 millones de hectáreas; una superficie similar al de la comunidad autónoma española de Aragón o Dinamarca. Es la mayor donación de tierras de un privado al Estado de la historia de la humanidad; y con la única condición de que sean parques nacionales.


    “Lo habíamos soñado mucho tiempo. Hace 25 años Doug tuvo una idea audaz y ahora se cumple su sueño. Es un acontecimiento histórico a nivel mundial. Es su legado”, clamó emocionada y llorosa su viuda, que dejó una vida de lujo en California —era CEO de Patagonia, otra marca de ropa de alta montaña— para acompañarle en la aventura patagónica. “Es un gran día para Chile. Está en manos de la humanidad detener la destrucción del planeta. Honraremos la generosidad de Tompkins, un visionario que se armó para hacer frente a las críticas”, le contestaba Bachelet, que con esta decisión al final de su mandato deja un legado eterno: bajo su Gobierno se habrá doblado la superficie protegida.
    El país austral pasará a tener el 20% de su territorio bajo este régimen, un ejemplo mundial. Y La presidenta confía en que otros países y otros millonarios sigan este ejemplo. “Esperemos que esto sea contagioso, es muy importante, hace años nadie creía que esto fuera posible, Chile es ahora un modelo para el mundo en conservación”, explicaba a EL PAÍS tras el acto de entrega en un paraje único de bosques y glaciares. La idea final, soñada también por el magnate californiano, es la de rematar una ruta turística que a lo largo de 2.500 kilómetros recorre 17 parques nacionales del país, un atractivo que puede ser definitivo para un país ya famoso por su belleza.
    “El presidente argentino tiene que estar muy celoso con esto, a ver si ellos siguen el camino”, se reía Yvon Chouinard, aventurero, amigo de Tompkins y millonario como él gracias a Patagonia, la compañía que fundó, mientras admiraba el paisaje del parque Pumalín, el más grande de los que creó el filántropo, el lugar en el que empezó su proyecto. Ambos eran deportistas extremos, escaladores, que inventaron ropa y materiales para su pasión —Tompkins fue el primero en diseñar la tienda igloo— y se hicieron muy ricos. Ambos estaban juntos en otra de sus aventuras, a sus 72 años, cuando el kayak de Tompkins volcó y murió congelado en diciembre de 2015. “Fue una fatal combinación de vientos”, recuerda Chouinard.



    Cris Tompkins entrega a la presidenta de Chile, Michele Bachelet, 400.000 hectáreas de tierras de la Fundación Tompkins. X. NAVARRO EFE

    Pero curiosamente, su muerte aceleró su gran proyecto: la entrega al Estado chileno y argentino de sus parques, a cambio de que ellos sumen también tierras públicas para hacer otros parques y amplíen la protección de las reservas naturales. Una vez fallecido, la política aceleró los tiempos. “Su muerte fue el gran catalizador. Se acabaron las dudas, las suspicacias. Hace 25 años, lo que decía Doug sobre el cambio climático chocaba, ahora está aceptado. Entonces nadie creía que compraba para donar. Y para los empresarios chilenos también fue muy disruptivo. Ellos nunca hicieron algo así. Al principio no le gustó a nadie, ahora todos aplauden”, asegura Hernán Mladinic, director ejecutivo de Pumalín.
    En Argentina también está avanzada la donación de las tierras en los esteros del Iberá, otro paraíso que los Tompkins ayudaron a salvar y en el que están reintroduciendo el jaguareté. En esta ola conservacionista, Mauricio Macri acaba de prometer que doblará la superficie protegida, menos de la mitad que la chilena en proporción. “Doug y yo éramos muy pesimistas sobre el futuro del planeta, las cosas están muy mal, y más ahora con Trump en EE UU, pero bueno, al menos están estos proyectos en Sudamérica. Es importante”, remata Chouinard.
    “Estamos recibiendo otras donaciones para comprar más terrenos en Argentina que acabarán como parque nacional y se unirán al que hay en Chile para hacer uno binacional. Doug inició una rueda imparable, esto empuja a muchos millonarios a plantearse qué hacer con su dinero”, se emociona Sofía Heinonen, responsable de la fundación en Argentina.



    Red de parques nacioales de la Patagonia chilena.



    A todos, también los trabajadores, más de 200, que dedicaron su vida al proyecto, les daba pena que “el jefe” no estuviera para verlo. Pero Chouinard, que le conocía bien, asegura que él nunca habría parado, que ni siquiera esta entrega sería el final, seguiría comprando fincas hasta el fin de sus días para protegerlas. En el corazón del Parque Pumalín, en medio de un paraíso de bosques y ríos perfectamente conservados gracias a la pasión del californiano, muchos de sus amigos y de quienes se entregaron a su idea se preguntaban si no habrá otros, millonarios que quieran dedicar una mínima parte de su fortuna a conservar el planeta.
    Dago Guzmán, ahora administrador del Parque Patagonia, otro de los que entra en la donación, trabajó desde el principio con el magnate. “Él tenía la angustia de que por edad no podría ver terminada su obra. Al final fue por un accidente. Pero se hizo. Algunos le hemos dedicado media vida, nuestros hijos crecieron aquí. Nos dijeron que queríamos esconder extraterrestres, robar el agua, de todo. Parecía increíble, pero era verdad. Siempre supimos que acabaría en manos del Estado porque es el único que puede garantizar que va a perdurar en el tiempo. Ahora esto es para siempre. Y ese era el plan”.


    KRIS TOMPKINS: “DIJERON QUE ÍBAMOS A TRAER RESIDUOS NUCLEARES, PERO QUERÍAMOS DONARLO PARA QUE QUEDE POR GENERACIONES”

    C.E.C.
    Pregunta: ¿Se imaginó todo esto hace 25 años cuando vino a vivir a este lugar?
    Respuesta: Es un logro de todos los que trabajaron acá. Me impacta el tamaño del proyecto. Y que hay un Gobierno que está trabajando a full para hacer esto con nosotros. Es único. Doug empezó en el 92 con la compra de un campo, yo vine en el 93. No teníamos un gran plan pensado, fue un proceso. Poco a poco empezamos a comprar hábitats importantes. Nos dimos cuenta de que podíamos crear parques nacionales, donarlos.
    P. ¿Cómo se toma una decisión de dejar el mundo de los negocios en California y venir a conservar tierras a Chile y Argentina?
    R. Yo era más la que hacía las cosas. Fue un cambio de vida grande, yo dedicaba mi vida a la empresa, Patagonia. Era la que hacía las cosas, mientras Yvon Chouinard (dueño de Patagonia) y Doug siempre fueron los visionarios. Lo dejé un viernes y el domingo estaba en Chile con proyectos de recuperación. Éramos unos saltamontes, Chile, Argentina, Europa.
    P. ¿Qué le diría a los millonarios que no se deciden a gastar su dinero en esto?
    R. Lo importante no es cuánto dinero tienes sino qué haces con el dinero que tienes. Esa es la verdad. Un amigo suizo dice “tu última camisa no tiene bolsillos”. Cuando éramos más jóvenes no entendíamos qué estaba pasando con el medio ambiente, el cambio climático. A los 20 años yo no tenía ni idea. Cuando lo conoces, tienes que actuar.
    P. ¿Puede haber más Tompkins en el mundo?
    R. Hay algunos, no muchos. Doug siempre intentó convencer a muchos, no siempre lo logró. A Yvon siempre le decía que vendiera Patagonia y se viniera acá. Por suerte no le hizo caso, porque Patagonia es un modelo empresarial mundial. Y eso también es un valor indispensable.
    P. ¿Por qué nunca les creyeron que iban a donarlo todo?
    R. Dijeron muchas cosas, que queríamos hacer el basurero nuclear de EEUU, que íbamos a hacer un estado judío nuevo, aunque crecimos como anglicanos. Esto siempre pasa cuando hay cosas nuevas. Cuando no se entiende algo como esto, hay que fabricar realidades.
    P. ¿Hablaron muchas veces de este día?
    R. Cientos de veces. Él estaría sorprendido de que llegara. Era uno de sus sueños. Crear cinco parques nacionales de golpe es extraordinario. Es la donación más grande de la historia. Doug gastó 300 millones de dólares en esto, pero hay fortunas mucho más grandes. Espero que los que las tienen piensen que es necesario proteger la tierra, deben usar sus bienes para todos, no solo para uno. . Hagan algo útil con su dinero.
    P. ¿Valió la pena dejarlo todo por esto?
    R. Sí claro, por supuesto. Fue un cambio grande, pero valió la pena. La idea es que esto quede para generaciones. Nosotros creemos en la figura de los parques nacionales. Es para siempre. Mucho mejor que en manos de una fundación.







    Imperium Hispaniae

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  2. #2
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    Re: Una buena: la herencia de Tompkins.

    Argentina convierte a los Esteros del Iberá en avanzada del ecoturismo

    Uno de los mayores humedales del mundo enfrenta el desafío de abrirse a los visitantes en forma sustentable





    Pesca deportiva en los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes, Argentina. MINISTERIO DE TURISMO


    Iberá es una voz guaraní que significa aguas brillantes. Sobre una canoa, cuando el sol de la tarde ilumina rasante y el aire se detiene, los destellos que cubren los Esteros del Iberá encandilan. Las “aguas brillantes” de los Esteros del Iberáinvitan a caminar sobre ellas, a perderse en el silencio y la brisa suave. Visitar ese sitio cargado de magia es posible en un viaje que se potencia por el encanto que supone vencer un camino lleno de dificultades y una infraestructura turística apenas en ciernes. Pero todo eso pronto podría cambiar, y en que ese desarrollo sea sustentable está el desafío que se han autoimpuesto los pueblos que rodean los esteros, la provincia que los aloja, Corrientes, y el gobierno nacional.


    Un yacaré avistado desde una canoa de turismo en Iberá.MINISTERIO DE TURISMO

    Los 1,3 millones de hectáreas de los esteros del Iberá conforman uno de los humedales más grandes del mundo. La zona está conformada por lagunas, bañados, embalsados (islas flotantes de vegetación) y laberínticos canales de agua que sirven de refugio a una de las comunidades de flora y fauna más importante de Argentina. Su fauna autóctona está llena de ejemplares en peligro más o menos grave de extinción: el ciervo de los pantanos, el aguará-guazú, además de carpinchos, monos, lobitos de río, yacarés y otras 110 especies. El humedal aloja también al 35% de todas las aves que habitan en Argentina, con la yetapá de collar como emblema, una especie prácticamente extinguida que en los esteros se descubre a simple vista entre los pastizales.



    Recorrido en kayak por el arroyo Carambola, en los Esteros del Iberá.MINISTERIO DE TURISMO

    De la superficie total de los esteros, 533 mil hectáreas pertenecen alParque Provincial Iberá y 150 mil son propiedad de la fundaciónConservation Land Trust, en manos de los herederos del empresario estadounidense Douglas Tompkins. Fue el deseo del millonario que las tierras fuesen donadas al Estado argentino para la creación de un Parque Nacional. Para ingresar a la zona el viajero debe acercarse a alguno de los cinco portales de acceso, pequeños pueblos ubicados alrededor de la reserva hasta ahora dedicados al agro y en proceso de adaptación al turismo. Uno de ellos es Concepción Yaguareté Corá, en el extremo suroeste y a 200 kilómetros de Corrientes capital. Concepción fue posta de descanso en 1810 de las tropas de Manuel Belgrano durante la guerra de la independencia de España y mantiene intacta la estructura clásica de los pueblos del interior argentino: una plaza central rodeada de las edificios públicos más importantes, además del bar, la heladería y, desde hace 4 años, un hotel. La llegada de turistas es incipiente, pero en Concepción confían en que el Plan Maestro de Desarrollo del Iberá, anunciado días atrás por los gobiernos nacional y provincial, facilitará el despegue definitivo.


    Una hembra de ciervo de los pantanos.MINISTERIO DE TURISMO


    El plan prevé mejorar las vías de acceso, habilitar la navegabilidad de los canales, mejorar la infraestructura hotelera y coordinar con los municipios lindantes el desarrollo de un turismo que no altere el medio ambiente, principal valor de la reserva. Hoy acceder al estero desde Concepción exige internase en un todoterreno por un camino rural de 30 kilómetros que atraviesa campos privados, abrir tres tranqueras con candado y pasar por la casona de El Tránsito, uno de los campos comprados por Tompkins. Desde allí se sigue por una senda hasta el Puerto Carambolita, un muelle en construcción que permite subir a las canoas en las que se recorrerá el arroyo Carambola, principal vía de agua de los esteros. Allí es donde comienza la experiencia más intensa, con los yacarés calentando su sangre fría al sol a metros del visitante y los pájaros sobrevolando el atardecer.



    Un ejemplar adulto de carpincho.MINISTERIO DE TURISMO

    Gustavo Vera, miembro de la Asociación de Guías de Sitio Iberá Porá, tiene a su cargo recibir al turista, explicarle lo que ve y, sobre todo, controlar que cumpla con las reglas de cuidado. “La idea no es ofrecer cantidad, sino calidad en los servicios”, dice. Con algo de tiempo extra se puede pernoctar en alguna isla, hacer caminatas nocturnas o participar de una experiencia de canoa trineo, una práctica habitual de los lugareños para transportar mercadería: la canoa se sujeta a un caballo que tira de ella desde la costa. El director de Turismo de Concepción, Gastón Ramírez, es consciente del reto que supone convertir al pueblo en un polo turístico. Pero sabe también que la creación de un Parque Nacional, que se sumará al provincial, acercará recursos económicos extraordinarios de deben aprovechar. “Este pueblo es centenario y vive del agro, pero necesitamos que el turismo de nuevas oportunidades a la gente”, dice Ramírez, que no duda en recibir en persona al visitante.


    Un ejemplar de mono carayáMINISTERIO DE TURISMO


    El ministro de Turismo de la Nación, Gustavo Santos, ha prometido inversiones por unos 1.250 millones de pesos (833 millones de dólares) para infraestructura en la zona de los esteros, una iniciativa que aspira a generar 20.000 puestos de trabajo, equivalentes al 10% de la población total de los pueblos de la región. “Nos proponemos que, en los próximos cinco años, lleguen al Iberá unos 300.000 turistas y visitantes anuales, que la estadía promedio se eleve de tres a cinco noches, que el gasto promedio trepe a los 200 dólares diarios. Otro objetivo clave es asegurar un flujo de visitantes todo el año, rompiendo la estacionalidad del turismo en la provincia”, dijo Santos. Los esteros, vírgenes, esperan ahora a los turistas. El tiempo dirá si el proyecto oficial cumple con el objetivo de garantizar que no pierdan su esencia.

    NOTA



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    Re: Una buena: la herencia de Tompkins.

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    FUERA DE RUTA
    La última región salvaje de Argentina

    Visita a El Impenetrable, una zona perdida al norte del país, fue propiedad privada y ahora está a punto de convertirse en parque nacional



    Espátulas rosadas en El Impenetrable, en el norte de Argentina.


    CARLOS E. CUÉ





    8 MAR 2017 - 00:00 CET

    La historia del parque nacional El Impenetrable es difícil de imaginar fuera de Latinoamérica. Una narración que habla de una guerra por la conquista de una tierra indómita, a la que no en vano los españoles le pusieron ese nombre que evoca lo que se ve desde el aire cuando volamos en dirección a Castelli, el único lugar de la zona con una pista de tierra para aviones pequeños: un interminable bosque tupido cruzado por un solo río. No hay carreteras ni restos de presencia humana. Al bajar aún se entiende mejor: debajo de los árboles hay cactus y zarzas por todas partes. Todo corta. Una tierra dura que solo los indígenas wichis o qom lograban atravesar. Los conquistadores quedaban atrapados persiguiéndolos, morían al no encontrar agua. Por eso lo llamaron así. Un paraíso para osos hormigueros, yacarés, pumas, carpinchos (capibaras), ocelotes, tatú carreta (un armadillo de 1,5 metros), monos, zorros, guazunchos (un pequeño cérvido). El último lugar totalmente salvaje de Argentina.


    JAVIER BELLOSO


    En la historia están todos los elementos del continente: naturaleza indómita, batalla descarnada por el territorio entre indígenas y blancos, un terrateniente dueño de todo y un misterioso asesinato. Buena parte de El Impenetrable, en el corazón del Chaco, una de las provincias más pobres e indígenas de Argentina, cerca de Paraguay, estaba en manos de una sola persona, como es habitual en Latinoamérica. Se llamaba Manuel Roseo. Tenía 75 años cuando fue torturado y asesinado vilmente por tres sicarios en 2011 junto a su cuñada, Nélida Bartolomé, probablemente porque se negaban a vender las tierras. Era el único propietario de La Fidelidad, una fastuosa finca de 250.000 metros cuadrados. Y no hacía nada con ella. En todo ese territorio solo tenía una pequeña estancia a la que iba de vez en cuando desde Castelli, donde vivía de forma humilde. Pero precisamente esa dejadez es la que ha convertido a El Impenetrable en una joya para la conservación de la naturaleza.


    Roseo permitió, con su decisión de no explotar masivamente la finca para madera o cualquier otra industria, que se creara una reserva natural para todo tipo de animales. Cuando murió asesinado, la provincia del Chaco, apoyada por el Estado argentino, expropió La Fidelidad, que un día fue propiedad de Jorge Born, uno de los hombres más ricos de Argentina. “Mi padre la recorrió varias veces a caballo, durante días. Era tierra de indios. Su propósito era saber si había tierras cultivables. Pero descubrió que era prácticamente imposible combatir el vinal, una plaga arbórea. La zona era impenetrable por falta de caminos. Los caballos se hacían salvajes, por eso la vendió por un dólar la hectárea a los hermanos Roseo”, cuenta su hijo, Jorge Born II, que ahora tiene 80 años.
    La provincia del Chaco ha convertido por ley La Fidelidad en un parque natural con el que pretenden recuperar, gracias a los turistas, la débil economía del Chaco y dar trabajo a la gente de la zona, entre ellos un grupo de wichis que malviven al borde del parque. Los herederos de Roseo pleitean para lograr más dinero por la expropiación, pero las sentencias caen del lado del Estado y el parque está a punto de ser una realidad y abrir sus puertas.


    Vista aérea de El Impenetrable, eVista aérea de El Impenetrable, en Argentina, zona que está a punto de convertirse en parque nacional.
    n Argentina, zona que está a punto

    Adrián Contreras, responsable del plan general de El Impenetrable, que la provincia lleva adelante para recuperar esta zona y dar trabajo a sus habitantes, se entusiasma con las posibilidades de La Fidelidad mientras contempla su inmensidad desde el avión. “Está espectacular, completamente virgen. Roseo dejaba que entrara a pastar el ganado de los vecinos y ellos le hicieron de alambrado humano, protegieron la finca. Ya se pagaron 64 millones de pesos [4 millones de dólares] por la expropiación. Los herederos piden 1.000 [62 millones de dólares]. La decisión política es firme. El parque es una realidad, ya está declarado”, explica. “Se puede hacer avistamiento de animales en una navegación desde el río Bermejo. Vamos a hacer ocho postas, ya diseñadas, y un centro de interpretación”, cuenta.
    Un mono carayá

    Un paseo por la zona da idea de las posibilidades de este paraíso. Enseguida aparece en lo alto de los árboles un mono carayá con cuatro hembras. Acostumbrado a la soledad, muestra a los extraños que este es su territorio: defeca y orina desde las copas de los árboles para recordar quién manda ahí y expulsar a los intrusos. En el camino, una enorme anaconda amarilla o curiyú atraviesa la carretera y se hincha amenazante cuando se acercan los turistas. En una rama, un urutaú, también llamado pájaro fantasma, que imita los colores del árbol para camuflarse, aguarda completamente inmóvil la llegada de la noche.


    Un oso hormiguero en El Impenetrable (Argentina).
    Un oso hormiguero en El Impenetrable (Argentina).


    Al borde de la entrada del parque vive Luciano Cango, pagado por la empresa Conservation Land Trust (CLT), del millonario dueño de North Face, Douglas Tompkins, fallecido en 2015 y propietario de enormes fincas en Argentina y Chile que compró para conservar la naturaleza. Luciano trabaja 22 días seguidos y descansa 8. Vive en una humilde tienda de campaña y solo tiene una misión: proteger esta tierra, evitar que los herederos o los furtivos vengan a cazar, a destruir esas 250.000 hectáreas. La empresa de Tompkins le paga para que vigile, para ocupar el territorio.


    Felipe Segundo, un indígena qom, tiene un trabajo similar. Pero él es guardaparque, depende del Estado, no de una empresa privada. Ahora cuida las tierras de sus ancestros, que poco a poco fueron desplazados por los blancos y acabaron encerrados en sus poblados sin nada que hacer. “Los nuestros viven ahora de los planes sociales, ya nadie quiere cazar ni nada parecido como antes. Algunos podemos salir a estudiar con la obligación de volver. Yo lo hice y estuve tres años en el pueblo. Ahora soy guardaparque y me gusta mi trabajo”, asegura.
    Su jefe, Guillermo Lier, se entusiasma con el parque. “Es el último reducto del tatú carreta, un paraíso del tapir, del oso hormiguero”. Y cuenta que lo que más sorprende es saber que Roseo tenía ese enorme patrimonio y vivía como un peón, probablemente por miedo a que lo extorsionaran y por las deudas que acumulaba. “En el pueblo no sabían que era el dueño. El mecánico me contó que le regalaban las gomas [las ruedas de recambio] porque pensaban que era pobre”. La finca ahora expropiada pudo valer en su momento unos 250 millones de dólares, pero él se negó a vender.


    Niños en una escuela en las cercanías de El Impenetrable, al norte de Argentina.


    Todos están entusiasmados con la llegada del parque. En estas tierras áridas y pobres el turismo es un maná. Raúl Palavecino, de Nueva Población, un pequeño pueblo al borde de la reserva, se ilusiona mientras habla bajo un enorme algarrobo: “Aquí no hay trabajo. El turismo puede resolverlo todo. El año pasado ya tuvimos 80 turistas. Con el parque serán muchos más”. Palavecino y su familia tiene varios kayaks preparados para que los viajeros puedan recorrer el río Bermejo y zonas acondicionadas para pasar un par de días en medio de la nada.
    A las afueras del pueblo hay una comunidad wichi que vive en condiciones de pobreza. El Impenetrable, que ocupa parte del Chaco y Formosa, otra provincia muy pobre que limita con Paraguay, es el lugar donde con más frecuencia aparecen casos de muerte por desnutrición en Argentina. Casi siempre son indígenas. Eran nómadas, cazadores, se movían con libertad en estas tierras. Nunca se adaptaron al sedentarismo. Para ellos también el parque parece la última esperanza.


    Una travesía en kayak por el río Bermejo, en El Impenetrable (Argentina).EMILIANO LASALVIA



    Atención turística

    Julio Palacio, uno de los pocos wichis de este poblado que habla castellano, cree que es la única oportunidad. “Está bueno el parque. A ver si vienen más turistas porque aquí no hay trabajo. No tenemos vacas ni nada, somos wichis”, dice para explicar que su pueblo nunca se dedicará a la ganadería. “Las casas nos las da el Gobierno, pero no hay para todos. Muy pocos estudian porque somos wichis”, insiste. Desde la provincia les dan cursos de capacitación, a ellos y a otros vecinos de la zona, para que aprendan a atender a los turistas. Todo está listo para que la justicia conceda la autorización definitiva.
    El parque nacional El Impenetrable, la gran joya argentina, el último reducto inexplorado, espera la llegada de turistas que buscan una experiencia difícil de imaginar en otras tierras más explotadas. Serán de momento 130.000 hectáreas de reserva —la otra parte de la finca está en Formosa, en manos desde 1995 del gobernador peronista Gildo Insfrán, que no tiene intención de hacer ningún parque—. El plan general, que pretende recuperar una de las zonas más pobres y aisladas del país, cambiará la historia de esta zona. Pero ya nunca dejará de ser impenetrable.

    GUÍA

    Información
    El futuro parque nacional El Impenetrable se encuentra al noroeste de la provincia argentina del Chaco. La Armonía y Nueva Población son dos de los puntos de acceso principales.
    Oficina de turismo del Chaco.










    El Viajero



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