Respetando los fueros: Aliados araucanos
Publicado el 26 noviembre, 2020 por laamericaespanyola
Durante las guerras civiles hispanoamericanas o de independencia, los aliados araucanosfueron los más leales y tenaces defensores de la Monarquía hispánica.
Durante veinte años lucharon codo con codo para mantener las tierras que los españoles les habían respetado y garantizado, manteniendo la lucha aún después del derrumbe de los ejércitos del Rey.
Los españoles los denominaron araucanos y este nombre se popularizó en el poema de La Araucana, del poeta Alonso de Ercilla y Zúñiga. Habitaban antes de la llegada de los conquistadores un territorio desde los valles al norte de lo que hoy es la capital de Chile, Santiago, hasta el canal del Chacao donde comienzan las islas del Sur, el Archipiélago de Chiloé. Hoy, también conocidos como “mapuches”, habitan en comunidades rurales en el centro sur de Chile y en menor medida en el sur de Argentina.
Bajo la denominación de araucanos, se engloban varios grupos étnicos que comparten o compartieron una lengua y cultura comunes. Según la clasificación de Alejandro Saavedra (2002) en orden geográfico de norte a sur dentro del territorio chileno tenemos: los picunches en la región centro norte, los mapuches en el centro sur, los huilliches en el sur y los cuno en la costa de la zona sur. Hoy el territorio de Chile se extiende en una franja de norte a sur de 4.300 km de longitud.
Otros grupos como los pehuenches, que también se encontraban en el centro, pero más cerca de las nieves en la cordillera, tenían unorigen étnico distinto de los araucanos, pero fueron asimilando su lengua y sus costumbres desde el siglo XVII.
Los diferentes grupos compartían rasgos culturales comunes, pero su distinta situación geográfica fue un factor determinante en la forma de como enfrentaron el encuentro con los conquistadores españoles. Su población total rondaba los 900.000 de habitantes, siendo el grupo mayoritario el mapuche instalado entre los ríos Itata y Tolten con casi 450.000 habitantes. Los picunches se calculan en 220.000 personas y los huilliches y cunos podrían alcanzar las 280.000 personas.
Si bien los araucanos, ochenta años antes ya se habían enfrentado y resistido con éxito a los incas, no estaban preparados para resistir al poderío militar del imperio español. El límite sur del Imperio inca había llegado hasta el río Maule y llamaban a las poblaciones que noestaban sometidas a su Imperio aucas o purun aucas que, en la lengua del inca, el quechua, significa enemigo, rebelde o salvaje.
Es el grupo picunche en la zona centro norte de Chile, el que se enfrentó primero a los españoles, pero después de ser derrotado, fue integrado en la sociedad hispana y luego fueron sus principales aliados. En cambio los grupos mapuche, huilliche y cuno, establecidos al sur de la frontera natural del río Biobío, no serían totalmente conquistados y mantendrían su autonomía hasta finales del siglo XIX.
La política de poblamiento hispana se basaba en la fundación de ciudades, de modo que en el avance hacia el sur desde Santiago, entre 1550 y 1558, los españoles fundaron las villas de Concepción (1550), La Imperial (1551), Villarrica (1552), Valdivia (1552), Los Confines de Angol (1553), Cañete (1558), Osorno (1558), Castro (1567) y los fuertes de Arauco (1552), Tucapel (1552) y Purén (1553). Deberían situarse una de la otra a una jornada de caballo, ya que su objetivo era mantener expedita la vía de comunicación con Santiago.
Aunque las tropas españolas consiguieron vencer la resistencia de las tribus indígenas y llegar hasta la Isla Grande de Chiloé, no lograron afianzar el dominio de estas tierras.
Estas tribus que habitaban la región, apenas dieron tregua y durante 50 años hostigaron y guerrearon a los españoles, en un territorio de aproximadamente 100.000 km², definido por una franja rectangular de menos de 500 km en su lado norte-sur y de menos de 200 km en su lado este oeste, entre el Océano Pacífico y la cordillera de los Andes. Limitaba al norte con el río Biobío y al sur con el río Toltén.
La situación se hizo dramática cuando el 22 de diciembre de 1598 ocurrió un levantamiento indígena que destruyó todas las ciudades y fuertes españoles al sur del río Biobío a excepción de Valdivia y Castro, y su gobernador murió emboscado en Curalaba. Esta rebelión se extendería por toda la región hasta el año de 1604.
El país, totalmente cubierto de bosques y surcado de ríos caudalosos, lagos y ciénagas, era muy difícil de franquear, “cada cosa de éstas por si sola se defiende”, dice Alonso González de Nájera en su obra: “Desengaño y reparo de la guerra del reino de Chile”.
La historia de guerras y batallas desde los primeros encontronazos es interminable. Si a ello sumamos epidemias y desplazamientos de población, se produjo una crisis demográfica quedando reducida la población nativa en menos de cincuenta años, a un cuarto del total. Las pérdidas por el lado español tampoco fueron pocas. A pesar de ello, hubo muchos intentos de acordar la paz mediante reuniones que se llamaron parlamentos y que con el tiempo se convirtieron en una tradición de negociación y consenso.
Parlamento de Quilín 1641, de Alonso de Ovalle.
Pero no fue hasta pasado un siglo desde la primera conquista de Pedro de Valdivia, cuando el nuevo gobernador Francisco López de Zúñiga cabalgó hasta los llanos de Quilín en 1641, y se firmó una paz que se pensó iba a ser definitiva. El Rey de España por ese tratado, reconocía los límites y respetaba la vida independiente de la sociedad indígena.
Francisco López de Zúñiga estableció una política de parlamento, que tenía como meta establecer la paz sobre nuevas bases. Fue entonces cuando, se reconocerá al río Biobío como línea de demarcación entre dos mundos: el indígena al sur y el español al norte. Los indígenas por su parte se reconocían como nuevos vasallos del rey con el derecho a disfrutar libremente de sus tierras en la medida en que, aceptaban ser y comportarse como súbditos. Esto conllevaba una serie de obligaciones y suponía el cumplimiento de un cierto número de compromisos por parte de las comunidades que habían aceptado los términos del tratado.
Pero ello no impidió la gran rebelión de 1655 que fue el último estallido generalizado de violencia en la frontera. Desde entonces las relaciones entre españoles y araucanos se fueron desarrollando de manera más o menos cordial, alternando largos periodos de paz con otros de ataques de ámbito local a ciudades, fuertes o caravanas de españoles, por parte de caciques que desconocían los pactos establecidos `por otros líderes tribales. Esta inestabilidad bélica en la región debida principalmente a la fragmentación política de los araucanos dificultaba a las autoridades españolas un acuerdo de paz estable.
En consecuencia, mientras en la región de la Araucanía habitada por los mapuches, entre el Biobío y el Toltén, se mantenía con notable vigor la vigencia de las costumbres tradicionales, tolerando apenas las penetraciones hispanas, los del sur del Toltén en la zona de Valdivia, grupos menores en número y poco cohesionados, admitieron la instalación de enclaves militares y misionales a partir de la segunda mitad del siglo XVII, configurando otro esquema sociocultural, similar al existente al norte del Biobío, que se caracterizaba por la creación de vías y medios de contacto entre el indígena y el español.
Los fuertes de las fronteras y las misiones jesuitas y franciscanas adyacentes permitían el desarrollo de una variada gama de relaciones económicas y de cooperación bélica. Los caciques de los grupos cercanos a estos establecimientos eran nombrados funcionarios oficiales de la corona, recibían bastón de mando en su calidad de gobernadores y cooperaban con los españoles en la guerra contra las tribus rebeldes, al tiempo que eran protegidos de las incursiones y “malones” de estos últimos. Eran denominados “indios amigos” y formaban tropas comandadas por capitanes.
Aparte de la región mapuche reconocida por los españoles, al otro lado de la cordillera de los Andes en lo que hoy es la Argentina, desde el año 1600 las tribus patagónicas (Tehuelches) mediante el uso del caballo habían ido ocupando gran parte del ámbito de la Pampa y Neuquén, y ello también coincide con el comienzo de la araucanización de casi todos estos pueblos.
Después de más de un siglo de lucha encarnizada, la Corona de España había optado por la firma de tratados de paz, mediante los cuales concedía a la población indígena un territorio autónomo.
En este siglo XVII se celebraron muchos parlamentos, y en 1692, el que tuvo lugar en Yumbel, constituyó otra importante etapa en la instauración de este nuevo diagrama civilizador-asimilador.
A pesar de la violencia que caracterizó el enfrentamiento inicial entre hispanos y araucanos, las relaciones entre ambos pueblos pronto derivó en una serie de flujos de intercambio comercial y contrabando, que caracterizaron la vida fronteriza en el Biobío.
El parlamento se convierte en una institución central de esta nueva política de regulación y obligación de una norma jurídico-política común. En todos ellos participa por la parte española la máxima autoridad del Reino de Chile,
su gobernador o capitán general. En total tuvieron lugar 46 parlamentos generales siendo los más importantes los de Quillín en 1641, Yumbel en 1692, Negrete en 1726, Tapihue en 1738 y 1774, Negrete en 1793, Las Canoas en 1793, Negrete en 1803 y Quillín en 1814.
Así, en los parlamentos de Negrete (1726) y Tapihue (1738) se intenta regular y vigilar las relaciones económicas hispano-indígenas.
Un parlamento importante tuvo lugar en 1774 en Tapihue cerca de Yumbel, cuando las autoridades de la Monarquía lograron un acuerdo de paz definitivo con los cacicazgos mas poderosos y representativos del mundo araucano durante el resto del periodo español. El rey de España les reconocía la soberanía compartida entre los ríos Biobío y Tolten.
El gobernador español Ambrosio O’Higgins (1788-1796), gran conocedor de la frontera y de los asuntos indígenas era partidario de abrir los espacios, y las vías de comunicación y dejar libre y no restringir y vigilar el comercio hispano-indígena.
Ambrosio de O´Higgins
Durante el solemne parlamento de Negrete de 1793 negoció con los pehuenches de la cordillera el tránsito regular y masivo de caravanas españolas por los pasos de Antuco y Villacura en busca de la sal ultracordillerana y conversó con los caciques de la zona de Valdivia sobre la reconstrucción de la ciudad de Osorno.
Respecto al punto central de la soberanía y posesión de la tierra, el parlamento acordaba a imitación de lo anteriormente pactado, que el soberano nominal de la nación mapuche era el rey de España, pero se aclaraba que la posesión de la tierra era conservada por los habitantes nativos del territorio de la Araucanía.
La política de Ambrosio de O’Higgins tenía como meta la total homogeneización del espacio sociopolítico de la Araucanía. El aspecto más interesante y novedoso de sus gestiones en los asuntos indígenas y fronterizos es el énfasis que pone en la noción de libertad y su convicción de que la civilización de los indios será la consecuencia lógica de la eliminación de las trabas que obstaculizaban la comunicación entre ambos pueblos.
Parlamento de Negrete 1793.
La paz con la Corona española trajo enormes transformaciones en la sociedad indígena. De ser una sociedad de horticultores y agricultores se transformó en una sociedad ganadera.
Los indios asimilaron el uso del caballo y la cría de ganado bovino y ovino, llegando a convertirse en los principales proveedores de carne del mercado chileno. A cambio recibían artículos metálicos elaborados, aperos de montar, herramientas de trabajo, plata, harina, tabaco y alcohol.
En las Pampas del lado atlántico de la Cordillera de los Andes, se había multiplicado una masa gigantesca de animales vacunos y caballares en estado salvaje, cuyo tránsito los transformó en comerciantes. Arreaban miles de animales hasta las ferias que se habían establecido en la frontera del Biobío. Estos animales convertidos en carne seca, “charqui”, eran embarcados para abastecer los mercados del Pacífico y luego a la reciente California, la Polinesia francesa, Australia y el resto del Océano Pacífico. De este período “mercantil globalizado”, es la enorme y hermosa “platería araucana”, expresión de la riqueza que alcanzó esta sociedad indígena.
Hasta el momento en que surge el proceso de guerras civiles hispanoamericanas, la relación de los indígenas con la Corona española era frecuente a través de los funcionarios de la intendencia de Concepción. Hacia fines del siglo XVIII, el aumento de las relaciones mercantiles, con salvoconducto de autoridades y beneplácito de caciques, había promovido una serie de relaciones nuevas en el espacio fronterizo, con transporte de mercaderías de todos los tipos.
De los medios de intercambio más importantes estaban los animales y cargas de mantas, los adornos de plata y coligues para lanzas que eran intercambiados con sus similares araucanos de las pampas argentinas por animales y sal. Los caciques estaban predispuestos a favor de los españoles y no hacían grandes distinciones entre españoles peninsulares o sus descendientes chilenos.
La paz obtenida en losparlamentos significó un período muy largo de autonomía de los araucanos o mapuches.
Hasta varias décadas mas tarde, vivirán sin estar dominados a gobierno externo y se regirán por sus propias normas y leyes. Desde el siglo XVIII su territorio se había consolidado desde el río Biobío por el norte, hasta el río Tolten por el sur, cruzando la Cordillera por las pampas argentinas de forma mas irregular.
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