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Tema: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

  1. #1
    Avatar de Arnau Jara
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    Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Voci per un Dizionario del Pensiero Forte

    Crímenes de guerra de los Aliados en 1945 por Marco Respinti

    1. El escenario

    Desde el hundimiento del frente de Stalingrado, el 2 de febrero de 1943, esto es, desde que la Operación Barbarroja — desencadenada por la Wehrmacht el 22 de junio de 1941 contra la Unión Soviética — comienza a batirse en retirada, preludio de la derrota final del Tercer Reich, cerca de 5.000.000 de ciudadanos soviéticos llegaron a Occidente para huir del totalitarismo comunista o porque, de alguna manera, estaban relacionados con los alemanes. Se trató de unidades militares — que habían aprovechado la guerra alemano-soviética para proseguir su combate patriótico y anticomunista y que se habían integrado en la Wehrmacht como el ROA, Russkaja Osvoboditel’naja Armija, Ejército de Liberación Ruso del general Andrej Andreevic Vlasov (1900-1946), de prisioneros de guerra, de mano de obra esclava encuadrada en los batallones de trabajo que construyeron el Valle Atlántico para frenar el avance de los Aliados, y de prófugos. Los primeros ciudadanos soviéticos fueron capturados por los Aliados en África Septentrional en 1943, luego, en mayor número, en Italia durante el verano de 1944, pero sobre todo, por decenas de miles, después del Día-D, el 6 de junio de 1944, día del desembarco aliado en Normandía. En los campos de prisioneros de Gran Bretaña, al empezar a hablarse de repatriaciones forzadas, se produjeron los primeros suicidios: mejor la muerte que Josif Visarionovic Dzugasvili alias Stalin (1879-1953).

    2. Víctimas de Yalta

    En 1944, el ministro de Asuntos Exteriores británico Sir Robert Anthony Eden (1897-1977) — posteriormente Lord Avon y primer ministro de 1955 a 1957 —, rodeado por un entorno "izquierdista", consigue, tras repetidos esfuerzos, convencer al jefe del gobierno de coalición de la época de la guerra, entre 1940 y 1945, Winston Leonard Spenser Churchill (1874-1965) (más tarde condecorado con el título de Sir y de nuevo primer ministro de 1951 a 1955) de la oportunidad de repatriar a todos los ciudadanos soviéticos instalados en Occidente. A partir del mes de septiembre la política de las repatriaciones se convierte en la línea oficial. En octubre, Churchill, Eden, Stalin y el ministro de Asuntos Exteriores soviético Vyaceslav Mihajlovic Skrjabin alias Molotov (1890-1986) se reúnen en Moscú y llegan a un acuerdo sobre las repatriaciones, incluso forzadas, de los prisioneros mucho antes de la reunión de Yalta, en Crimea, desarrollada entre el 4 y el 11 de febrero de 1945, que resulto ser pues sólo una ratificación de lo que ya se había acordado: serían devueltos cerca de 2.750.000 personas, en gran parte contra su voluntad, a cambio de una vaga promesa de restitución, por parte soviética, de prisioneros de guerra aliados. La última operación de repatriación forzada de ciudadanos soviéticos llevada a cabo por los Aliados (preparada por el traslado de los prisioneros a territorio italiano) fue denominada Eastwind y se inició el 2 de abril de 1947, mientras que con la Operación Highjump fueron devueltos a Josip Broz alias Tito (1892-1980) eslavos meridionales anticomunistas, también prisioneros.

    3. EL holocausto de los cosacos anticomunistas

    En este panorama se encuadran las vicisitudes de los cosacos y de los caucásicos — militares y civiles — que se rindieron en Austria al ejército británico el 9 de mayo de 1945, después de haber estado varios meses en Carnia, habiendo sido mandados allí por los jefes del Tercer Reich para constituir un "territorio cosaco en la Italia septentrional", en el ámbito de un "territorio costero adriático" que comprendía tierras itálicas, austriacas y eslavas. Los combatientes fueron encuadrados principalmente en el 15° Cuerpo de Caballería del general alemán Helmut von Pannwitz (aunque los soviéticos afirmaron falsamente de él que era "oficial de las SS", se trataba de una persona bien poco proclive a la ideología nacionalsocialista) empleado militarmente por la alta jefatura alemana en los territorios eslavos del Sur contra los partisanos titistas, pero nunca sustancialmente en la guerra antisoviética sobre suelo patrio, tal y como habrían deseado. Después de la derrota del Tercer Reich, esperaron por parte aliada una continuación de la guerra en sentido anticomunista. Confiados en la amistad con Londres, que databa de los tiempos de la Guerra Civil rusa, los cosacos se fiaron de los vencedores. Entre ellos había también numerosos miembros de la emigración blanca, o sea, sujetos ajenos al acuerdo de repatriación al no ser ciudadanos soviéticos: viejos combatientes de la Guerra Civil y atamanes famosos como el general Pëtr Nikolaevic Krasnov (1869-1947) de los cosacos del Don, que habían regresado para combatir la gran guerra patriótica. Mientras el 12 de mayo, en Bohemia, los soviéticos capturaron a Vlasov, en Austria, a partir del 1 de junio todos los prisioneros — combatientes, hombres, mujeres, viejos y niños empujados como animales sobre carromatos — fueron entregados a los soviéticos por la fuerza y a través de engaños: fueron decenas los episodios horripilantes en los campos de los alrededores de Lienz, Oberdrauburg, Feldkirchen, Althofen y Neumarkt, y los suicidios colectivos en el agua del río Drava. Los oficiales les precedieron en varios días: el 29 de mayo se les convence de una inexistente conferencia sobre su futuro y son ofrecidos a los soviéticos en la pequeña ciudad austríaca de Judenburg. Quien no fue fusilado o ahorcado fue internado en el GULag, puesto que — según Stalin — el prisionero de guerra es un traidor, peligroso pues "ha visto el Occidente", aunque sólo lo haya visto desde dentro de un lager nacionalsocialista. Entre los oficiales encontrará la muerte también el general von Pannwitz, que quiso compartir el destino de sus hombres y de los otros oficiales superiores cosacos, a pesar de que le hubiera sido fácil escapar a tal suerte declarándose alemán y permaneciendo así con los Aliados, gozando del tratamiento reservado por la Convención de Ginebra a los prisioneros de guerra, que por otra parte, nunca fue firmada por Stalin y no valía para los ciudadanos soviéticos caídos en manos enemigas. Pravda anunció el proceso y la ejecución de los oficiales cosacos el 17 de enero de 1947, año que se asume como el de su muerte.

    Aleksandr I. Solzhenitsyn, en Archipiélago GULag, de 1973, ha definido este acontecimiento como el "último secreto" de la segunda guerra mundial; de aquí ha tomado el título el historiador y europarlamentario conservador inglés Lord Nicholas William Bethell para su libro The Last Secret: Forcible Repatriation to Russia 1944-1947, de 1974.

    4. El destino de los eslavos meridionales anticomunistas

    Siempre entre finales de mayo y principios de junio de 1945 y con la ilusión de una reubicación en territorio seguro, los británicos entregaron a Tito miles de eslavos meridionales anticomunistas, también hombres ajenos a los acuerdos entre Stalin y los Aliados, en su mayoría domobranci, los guardias nacionales eslovenos y croatas, refugiados en Austria. Éstos (la traición por parte británica es paralela a la consumada en perjuicio de los chetniks monárquicos serbios, anticomunistas y contrarios a las potencias del Eje, del general Draza Mihajlovic (1893-1946), sacrificados sobre el altar de la nueva alianza entre Churchill y Tito) fueron masacrados por los partisanos comunistas y sepultados en fosas comunes como la del bosque de Kocevje, en Eslovenia, de donde se han recuperado huesos de cerca de 10.000 víctimas (no fue el único caso, escribe el ex oficial británico del SOE, Special Operations Executive, Michael Lees, en The Rape of Serbia: The British Role in Tito’s Grab for Power 1943-1944, de 1990). Entre cosacos y eslavos meridionales devueltos a sus respectivos déspotas comunistas, la cifra más cauta es de cerca de 70.000 personas, aunque se han avanzado cifras mayores.

    5. El horrendo secreto de MacMillan

    La doble operación se mantuvo en secreto y en Occidente, en esos momentos, sólo era conocida por los ingleses directamente implicados: los americanos, por su parte, no tenían ninguna intención de repatriar a la fuerza a los cosacos y eslavos del Sur de Austria, así como no la tuvo el comandante supremo de los Aliados, establecido en Nápoles, Lord Harold Rupert Leofric George Alexander (1891-1969). La responsabilidad del crimen es, pues, un elemento importante del "último secreto" que hoy empieza a desvelarse. El canje en Alemania de los prisioneros de Austria, ideado por el general estadounidense George Smith Patton (1885-1945) en vista de las escaramuzas armadas con las bandas de Tito para salvar a los prisioneros, fue cerrado con una mentira por el comandante de brigada Toby Low (después Lord Aldington), jefe de estado mayor del 5° Cuerpo de Ejército británico, a las órdenes del teniente general Charles Keightley, comandante en jefe del mismo cuerpo, fallecido en 1974, al cual Maurice Harold MacMillan (1894-1987) — plenipotenciario británico en el Mediterráneo en la época de los hechos, después Lord Stockton y primer ministro de 1957 a 1963 — ordenó efectuar a cualquier precio las repatriaciones forzadas. Según los detalladísimos estudios del historiador anglo-ruso Nikolai Dmitrevic Tolstoy Miloslavsky (recogidos por el descendiente del conocido novelista ruso conde Lev Nikolaevic Tolstoy (1828-1910) en los volúmenes Victims of Yalta, de 1978, y The Minister and the Massacres, de 1986) y según la documentación hasta ahora conocida, Low (recientemente fallecido y que alcanzó la vicepresidencia del Partido Conservador británico), Keightley y MacMillan, a escondidas de la alta jefatura aliada, de los americanos, del Foreign Office y de Churchill, tejieron una trama secreta y sangrienta, cuyas motivaciones específicas se mantienen aún para muchos en la oscuridad, a pesar de que se ha hablado de debilidad, de chantajes y de complicidad ideológica, así como de maquinaciones de tipo masónico. Por otra parte, MacMillan ha rechazado siempre dar cualquier explicación acerca de sus propios actos y tampoco protestó nunca públicamente por la reconstrucción de los hechos ni por las acusaciones lanzadas por Tolstoy. Sólo Low lo hizo, aunque originariamente por vía indirecta, denunciando una octavilla difundida privadamente que, por razones personales, se proponía desacreditar al eminente hombre político británico a partir de los datos del libro The Minister and the Massacres. Se desencadenó un colosal caso judicial con innumerables avatares, rico en golpes de teatro e incorrecciones por parte de los diversos niveles de la justicia inglesa que, en 1989, consideró al historiador anglo-ruso culpable de difamación (sentencia confirmada en primera apelación) y le impuso la mayor multa de la historia jurídica británica: 1,5 millones de libras esterlinas. Con una acción privada e ilegítima de los defensores de Low se obligó después al editor londinense Century Hutchinson a retirar del mercado inglés y galés el estudio (que actualmente está disponible en lengua croata y rusa) y a destruir las copias restantes. En lugar de la importantísima obra de Tolstoy ha sido realizado un informe oficial con conclusiones completamente diferentes redactado por Anthony Cowgill, Lord Thomas Brimelow y Christopher Booker.

    El suceso se acompañó de clamorosos cambios de camisa de ex defensores de Tolstoy (como Booker, por ejemplo, escritor y co-autor del informe oficial) frente al apoyo testimoniado al historiador por la opinión pública, muchos medios de comunicación y personalidades de la política y la cultura, entre ellos el parlamentario conservador inglés Lord Bernard Braine de Wheatley, Hans Adam II de Liechtenstein y Solzenicyn.

    El 13 de julio de 1995, la Corte de Derechos Humanos de Estrasburgo reconoció que la pena pecuniaria inflingida a Tolstoy y las otras medidas restrictivas de que había sido objeto — como la prohibición de hablar públicamente y de escribir acerca de las repatriaciones forzadas de Austria —, violaban la libertad de expresión del historiador y representaban una condena exagerada.
    En Londres, el 6 de marzo 1982, por iniciativa de un comité constituido por parlamentarios y miembros de todos los partidos políticos británicos, fue erigido un monumento en memoria de las víctimas de Yalta, el cual — como ha escrito Lord Bethell — por voluntad de Margaret Thatcher se alzaba "sobre terreno de la Corona". El memento sufrió un atentado con explosivos a manos de desconocidos.


    Para consultar: véase de Pier Arrigo Carnier, L’armata cosacca in Italia. 1944-1945, 2a ed. ampliada, Mursia, Milano 1990; Idem, Lo sterminio mancato. La dominazione nazista nel Veneto orientale 1943-1945, 2a ed., Mursia, Milano 1988; Alessandro Ivanov, Cosacchi perduti. Dal Friuli all’URSS, 1944-45, Aviani, Tricesimo (Udine) s.d. [ma 1997]; Piero Buscaroli, La vista, l’udito, la memoria. Scritti d’arte, di musica, di storia, Fogola, Torino, 1987,pp. 448-477; Roberto de Mattei, Schiavi di Mosca e vittime di Yalta, en Cristianità, año VIII, n. 60, abril 1980, pp. 9-12; y mis Maggio-giugno 1945: il rimpatrio forzato dei cosacchi e altri crimini di guerra "eccellenti", ibid., año XXIII, n. 245, septiembre 1995, pp. 13-20, y Anche gli Alleati deportavano, en La nuova Europa, año V, n. 6 (270), noviembre-diciembre 1996, pp. 86-104.

    http://www.alleanzacattolica.org/idi...ra_aliados.htm
    Última edición por Arnau Jara; 15/05/2006 a las 23:20
    Vita hominis brevis:
    ideo honesta mors est immortalitas

    Que no me abandone la Fe,
    cuando toque a bayoneta,
    que en tres días sitiamos Madrid
    y en otros quince la capital, Lisboa.


    Sic Semper Tyrannis

  2. #2
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    Wink Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Con la de problemas que tiene España e Hispania espero que los esfuerzos no se centren en dar a la luz a tanta manipulación histórica, ya que suficientes problemas tenemos hoy en día como para meternos en más fregaos, aún así para los que estéis interesados en historia recomiendo http://www.ihr.org, parte os sorprenderá, otra os decepcionará, cada cual libre en su conciencia.

  3. #3
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Muy buena pagina, de información veraz, y no la mierda que nos hacen tragar los medios nacionales...

  4. #4
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Cita Iniciado por Templanza
    Con la de problemas que tiene España e Hispania espero que los esfuerzos no se centren en dar a la luz a tanta manipulación histórica, ya que suficientes problemas tenemos hoy en día como para meternos en más fregaos, aún así para los que estéis interesados en historia recomiendo http://www.ihr.org, parte os sorprenderá, otra os decepcionará, cada cual libre en su conciencia.
    Gracias, Templanza, parece un sitio muy interesante; a propósito, ¿alguien tiene información sobre Víctor Koralsky?, era un ingeniero electrónico búlgaro que se encontraba estudiando en Berlín al momento de la caída en manos soviéticas y escribió un libro contando la otra versión de los hechos. Saludos.



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  5. #5
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Winston Churchill, el sonriente rostro de un criminal de guerra

    I. John Cuthbert Ford fue un jesuita conocido en los EE UU y también fuera de su patria. Tal vez lo más destacado de Ford haya sido su dictamen minoritario como miembro de la Comisión de teólogos consultados por Pablo VI que luego incidiría en la Humanae vitae. Décadas antes de esta opinión que le ganaría antipatía y marginación de parte de los jesuitas post-conciliares, Ford aplicó la ciencia moral al estudio de problemas relacionados con la segunda guerra mundial. Siendo norteamericano, y contemporáneo a esa guerra, el apego a su nación no logró torcer su juicio moral sobre acciones intrínsecamente malas perpetradas por los aliados.

    Es así que en 1944 Ford publicó un artículo de cuarenta y nueve páginas en el que pronunciaba un juicio moral sobre los bombardeos masivos llevados a cabo por Inglaterra y los Estados Unidos sobre los alemanes. En estos bombardeos, decía Ford, el blanco no es un objetivo militar bien definido, tal como se lo entendió en el pasado. Se trata del bombardeo estratégico por medios incendiarios y explosivos de centros industriales de población, en los cuales el blanco a destruir no es una fábrica definida, un puente u objeto similar, sino una amplia sección de toda una ciudad, que afecta de uno a dos tercios de toda su zona edificada, e incluye por su diseño las zonas residenciales donde habitan los trabajadores y sus familias. Esta clase de bombardeos implican necesariamente el daño a la vida, salud y bienes de muchos civiles inocentes, pues el blanco no es un objetivo militar bien delimitado.


    La explicación de Ford sobre las características de los bombardeos masivos es amplia y muy rica en datos. En cuanto a la moralidad, el estudio se detiene a considerar profundamente estas acciones a la luz del principio de doble efecto. La conclusión: el bombardeo masivo es un ataque inmoral sobre los derechos de los inocentes. Incluye la intención directa de causarles daño. Y aunque no incluyera esa intención, sería de todas maneras inmoral porque no habría causa proporcionada que justificase el mal causado. Legitimar esta práctica conduciría al mundo a la barbarie de la guerra total.



    P. John C. Ford
    El trabajo del jesuita sobre los bombardeos masivos contiene, además, algunos datos sugerentes sobre Winston Churchill y la pregunta acerca de la licitud de varios bombardeos aliados:

    - El 27 de enero de 1940, Churchill condenó los bombardeos masivos alemanes como una “nueva y odiosa forma de guerra”.

    - El 15 de julio de 1941 expresó la venganza como motivo de los bombardeos masivos: “Castigaremos a los alemanes con la misma o mayor intensidad con la que nos castigaron a nosotros”.

    - Con la designación de Sir Athur T. Harris en cabeza del comando de bombarderos, el 3 de marzo de 1942, la fuerza aérea británica cambió de criterio y comenzó a practicar los bombardeos masivos. Responsable de la nueva estrategia, además de Harris, fue Clarence Eaker, comandante de la fuerza aérea norteamericana. Los líderes en Inglaterra reconocieron el cambio; Churchill dejó de condenar esta “nueva y odiosa forma de guerra” y prometió en el parlamento, el 2 de junio de 1942, que Alemania sería sometida a una “prueba que jamás ha experimentado ningún país”.

    - El 10 de mayo de 1942, en un discurso radial, Churchill precisó que el objetivo de los bombardeos británicos serían “la vida y economía de esa organización totalmente culpable”, en referencia a toda Alemania como “esa organización”. El subterfugio fue considerar a las ciudades alemanas como fábricas militares. La solución sugerida para los miles de alemanes no combatientes: salir de las ciudades durante los bombardeos. Algo imposible.

    - En su discurso radial del 10 de mayo de 1942, dio un nuevo giro a la regla de oro al afirmar que el bombardeo masivo perpetrado serviría para mostrar a una "raza de guerreros que, después de todo, hay algo en la antigua y todavía válida regla de oro”.

    - Cuando Gran Bretaña adoptó por primera vez los bombardeos masivos como estrategia, Churchill los denominó un “experimento” pues no sabía si iban a funcionar. Sin embargo, el 7 de julio de 1943 dejó en claro que “el experimento vale la pena de ser puesto en práctica, siempre que no se excluyan otras medidas”.

    Coherente con su artículo de 1944, en sus “Notes on Moral Theology” de 1945, luego de mencionar las atrocidades cometidas por soviéticos, alemanes y japoneses, el Padre Ford tuvo la honestidad de condenar “la más grande y más extensa atrocidad singular en la historia contemporánea, nuestro bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki”.

    La estrategia de los aliados de involucrar deliberadamente a la población alemana no combatiente en los bombardeos masivos tuvo por fin desmoralizarla y fomentar una especie de golpe interno que acelerara la caída del Tercer Reich. También buscó minar el tejido social alemán, en especial la mano de obra. El resultado fue el asesinato de no menos de 600.000 civiles entre ellos 75.000 niños.


    II. El cura bloguero José A. Fortea decía en una entrada de su bitácora titulada Winston Churchill, el sonriente rostro de la libertad que


    “Churchill representa la libertad. Es la cara del defensor de la democracia. Su rostro optimista, alegre, algo pícaro, rebosaba vitalidad. Su cara no era el rostro de un mero ser humano, era el rostro de una nación que luchaba por los valores de la tradición, del cristianismo, del parlamentarismo, frente a un Nuevo Orden.”

    Cierto que el "demonólogo" no se solidariza con los bombardeos masivos consentidos por el político británico. Pero tampoco hace referencia a la responsabilidad de Churchill por las atrocidades cometidas por los aliados, como las mencionadas por el jesuita norteamericano. Y nada dice del criminal bombardeo de la ciudad de Dresde.


    De acuerdo con la perspectiva moral del P. Ford nos parece que Churchill muestra el rostro de un criminal de guerra. Elogiarlo como paladín de los valores cristianos es una auténtica estupidez.

    infoCaótica: Winston Churchill, el sonriente rostro de un criminal de guerra
    Erasmus y Giuseppe dieron el Víctor.

  6. #6
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    I bombardamenti indiscriminati sulle città in Germania ed in Italia procurarono morti di civili, inutili dal punto di vista strategico, furono fatti al solo scopo di minare la resistenza delle popolazioni. Furono atti criminali e non di guerra combattuta sui fronti per indebolire il potenziale bellico nemico o le industrie che producevano armi. Sono pienamente d'accordo: Churchill fu un criminale e non un eroe.
    MONTECASINO dio el Víctor.

  7. #7
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Pueden consultarse los libros de Bochaca, "Los crimenes de los buenos", Erich Kem, "Documentos silenciados", David Irving "Dresde".

  8. #8
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Cita Iniciado por Erasmus Ver mensaje
    Gracias, Templanza, parece un sitio muy interesante; a propósito, ¿alguien tiene información sobre Víctor Koralsky?, era un ingeniero electrónico búlgaro que se encontraba estudiando en Berlín al momento de la caída en manos soviéticas y escribió un libro contando la otra versión de los hechos. Saludos.
    Era Vatiu, no Víctor.

    Vatiu Koralsky - El Sobreviviente de Alemania en Llamas y del Terror Soviético

    El libro:

    http://vatiukoralsky.com/elsobrevivi...ta-edicion.pdf
    Última edición por Erasmus; 22/08/2012 a las 03:56



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  9. #9
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Crímenes de los “buenos”





    En el pasado dedicamos una entrada al honesto testimonio del sacerdote jesuita John Cuthbert Ford, que siendo norteamericano, pro aliado, y contemporáneo a la segunda guerra mundial, no dudó en condenar duramente acciones intrínsecamente malas perpetradas por los aliados, como los bombardeos masivos. Y lo contrastamos con las tonterías del cura bloguero José A. Fortea sobre la personalidad de Winston Churchill.


    Ya es conocido por muchos el criminal bombardeo de Dresde. Y también se ha escrito bastante sobre las violaciones cometidas por las tropas soviéticas.

    Reproducimos en esta entrada parte un artículo periodístico que relata las 860.000 violaciones que sufrieron las alemanas de parte de los aliados. Una investigación adjudica unas 190.000 a los soldados norteamericanos. Los “buenos” de la Segunda Guerra Mundial, según la novela rosa que para algunos liberal-católicos todavía difunden…


    Las alemanas sufrieron 860.000 violaciones de los aliados



    - Elfriede fue forzada a los 14 años por soldados de EEUU


    - Hay un caso documentado de una niña de 7

    - Se sabía de los abusos de los rusos tras la II GM, pero menos de los de los americanos

    - Una investigación les adjudica 190.000 violaciones. Y recoge testimonios


    "No había agua corriente y mi madre y yo habíamos salido a buscar agua con cubos. Al llegar al puente, los soldados americanos dijeron que mi madre debía pasar, pero que yo tenía que esperar allí. Mamá hizo ademán de volver atrás, pero la empujaron y la obligaron a atravesar el puente. Ella miraba hacia atrás sin perderme de vista, pero no podía hacer nada". Así relata Elfriede Seltenheim el momento en que las tropas de los aliados occidentales, que habían ocupado su pueblo en Ostbrandenburg, la arrancaron del seno de su familia.


    Tenía 14 años en aquel mes de febrero de 1945. Una fotografía tomada unos días antes, a modo de celebración del final de la II Guerra Mundial, la muestra con una tímida sonrisa y dos trenzas doradas que caen sobre sus hombros. Desde allí fue trasladada a un barracón en el que los soldados estadounidenses la violaron innumerables veces, día y noche, durante cuatro semanas.


    "No recuerdo haber gritado ni una sola vez. Estaba aterrada", dice. A sus 84 años, recuerda los hechos mientras limpia sus manos, una y otra vez, en la cobertura que protege el reposabrazos del sillón en el que repasa sus recuerdos. Cuando regresó a casa no se habló jamás del asunto, ni jamás desde entonces se le ha ocurrido reclamar ningún tipo de reconocimiento o indemnización. "Algo quedó muerto en mí", trata de explicar ahora. "Perdí la sonrisa para siempre. Después perdí las lágrimas. Y le voy a decir una cosa: se puede vivir sin sonreír, pero no se puede vivir sin llorar".


    Setenta años después del final de la II Guerra Mundial sigue sin hablarse en voz alta en Alemania sobre las mujeres y niñas violadas por las tropas de ocupación. La familia de Elfriede, como muchas otras, sentía terror a la llegada de las tropas rusas porque entre pueblos y ciudades viajaban rápidamente las historias sobreviolaciones sistemáticas del ejército rojo. Los soldados americanos, sin embargo, fueron recibidos como liberadores y la propaganda ha dejado marcada en el ideario colectivo alemán la imagen del "amigo americano" como un soldado de ocupación que no cometió crímenes de guerra. La investigación de la historiadora alemana Miriam Gebhardt, cambia esa versión de la historia.


    'Es sólo el prinicipio'


    Gebhardt, que por primera vez pone cifras a las violaciones masivas, calcula 860.000 en los meses posteriores al fin de la guerra. Al menos 190.000 de ellas fueron perpetradas por soldados americanos. "Pero estas cifras son sólo la punta del iceberg. La cifra oscura seguramente es muy superior al doble porque muchas mujeres y niñas prefirieron no hablar nunca de ello por vergüenza", explica, al tiempo que señala que la publicación de su libro, Cuando llegaron los soldados, es "sólo el principio".


    "Durante la primavera de 1945 las tropas americanas tomaron uno a uno los pueblos y ciudades de Oberbayern. En la mayor parte de ellosno encontraron resistencia alguna e incluso eran recibidos con banderas americanas en las calles, de forma que se instalaban en el ayuntamiento y después los soldados pasaban casa por casa. Efectuaban un primer registro en busca de combatientes o de armas y, una vez comprobado que estaban a salvo, comenzaban el pillaje. Se apropiaban de relojes, bicicletas, radios, gafas de sol, joyas y cualquier objeto que les gustase como souvenir. Después violaban a mujeres y niñas antes de marcharse". Así lo recuerda Charlotte W., que entonces tenía 18 años y que durante toda su vida ha asegurado que fue escondida a tiempo por sus padres.


    "Esas mujeres han fingido que no ocurrió o han guardado silencio durante décadas por vergüenza. Es un síntoma común en la mayor parte de víctimas", explica Gebhardt, cuyo objetivo con esta investigación es propiciar un reconocimiento para estas mujeres y para su sufrimiento, hasta ahora ignorado por las autoridades alemanas y por su- puesto por los responsables.


    La mayor parte de las violaciones las llevaron a cabo soldados rusos, un aspecto más documentado en la Alemania occidental. Pero nada se sabía hasta el momento de las tropelías cometidas por los americanos. "Yo misma me he sorprendido por la dimensión de estos crímenes", admite la historiadora. Estas violaciones se prolongaron hasta 1955, cuando la región por fin recuperó su soberanía. Durante ese periodo de tiempo, 1.600.000 soldados estadounidenses estuvieron en territorio alemán.


    Ni la administración alemana, inexistente, ni las tropas de ocupación llevaron registro de las violaciones. La mayor parte de las pruebas documentales las ha encontrado, explica, en los informes que realizó la Iglesia. El arzobispo de Múnich y Frisinga, ante lo que estaba ocurriendo en silencio, pidió a los sacerdotes llevar unregistro puntual sobre las actividades de los ejércitos extranjeros en la región y sus efectos sobre las comunidades. A estos registros que se conservan en Múnich pertenecen, por ejemplo, las anotaciones de Michael Merxmüller, párroco del pueblo de Ramsau, que el 20 de julio de 1945 escribió: "Ocho niñas y mujeres violadas, algunas de ellas en presencia de sus padres".


    El 25 de ese mismo mes, el padre Andreas Weingand, de un pueblo al norte de Múnich, escribía: "Lo más triste durante su paso fueron las violaciones de tres mujeres: una casada, una soltera, y una niña virgen de 16 años y medio. Todas cometidas por soldados americanos fuertemente embriagados".


    El padre Alois Schiml de Moosburg escribió el 1 de agosto de 1945: "Por orden del gobierno militar, una lista de todos los residentes y sus edades debe ser clavada en la puerta de cada casa. Como resultado de este decreto, (...) 17 niñas y mujeres (...) han debido ser llevadas al hospital, tras haber sido objeto de abusos sexuales repetidos".


    La víctima más pequeña registrada en estos documentos fue una pequeña de siete años que contrajo una grave enfermedad venérea. La mayor, una mujer de 69 años.


    "A menudo las tropas americanas pedían a las autoridades locales personal femenino, grupos de mujeres de 15 en 15, supuestamente para atender en las tareas de secretariado o cocina. Era un tipo de trabajo forzoso que a menudo encubría violaciones indiscriminadas. Los grupos de mujeres rotaban, eran sustituidas cada 15 días y cuando volvían a casa guardaban silencio incluso con sentimiento de culpa", describe la investigadora.


    Además proliferaban las escapadas nocturnas en busca de mujeres indefensas. "Una noche llamaron a la puerta, eran siete soldados americanos armados. Exigieron que les preparasen comida y después violaron a mi abuela y a mi madre. Mi primo lo vio todo, pero nunca habló de ello. Mi madre y mi abuela tampoco", relata Maximiliane, que creció sin saber que era hija de uno de aquellos desalmados. "Comencé a sospechar cuando, ya universitaria, quise hacer un viaje de estudios a EEUU... A mi madre aquello la desestabilizó por completo y después de varios meses y de mucha tensión, mi primo me contó lo que había detrás de todo aquello".


    Los soldados se vendían información, unos a otros, sobre en qué casas había mujeres y niños indefensos. "Lo que más me ha chocado todos estos años, desde que supe lo ocurrido, es que mi madre aceptó, sencillamente. En su concepción de las cosas, ellapertenecía al bando de los perdedores de la guerra y de alguna forma debía aceptar eso como un castigo. Nunca habló de ello", lamenta Maximiliane

    Fuente:

    Las alemanas sufrieron 860.000 violaciones de los aliados | Crónica | EL MUNDO


    InfoCaótica

  10. #10
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945


    El ejército liberal estadounidense, junto con el comunista soviético violando mujeres y chicos varones


    Anotaciones de Pensamiento y Critica

  11. #11
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  12. #12
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Hay que recordar que en el caso gringo las violaciones no solo se dieron contra las mujeres de Alemania, sino que hasta las de Francia padecieron aquello (y eso que eran sus amigos).

    Ya había puesto un artículo en este hilo:

    Hacia la Segunda Guerra Mundial

    Pongo otro que trata de lo mismo.

    Internacional

    Violaciones, prostitución y asesinatos: la cara oculta del desembarco en Normandía



    Organización Editorial Mexicana

    5 de junio de 2014




    Soldados norteamericanos en la Liberación de Francia. Otra cara de la moneda.





    Carlos Siula / El Sol de México

    Corresponsal



    PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- La celebración del desembarco del 6 de junio de 1944 en Normandía no será una fiesta para todo el mundo: a pesar de que transcurrieron 70 años desde ese momento, algunas francesas recuerdan la llegada de las fuerzas norteamericanas como una pesadilla que no se ha disipado totalmente.

    La cara oscura del desembarco es la enorme cantidad de violaciones, asesinatos y crímenes sexuales perpetrados por los GI's durante la liberación de Francia. Otro aspecto es la enorme prostitución que generó la presencia de 3 millones de soldados presentes en Francia a partir de junio de 1944.

    Esos turbios episodios, poco difundidos u olvidados, fueron revelados por la historiadora Mary Louise Roberts en su libro What soldiers do. Sex and the american GI's in World War II in France (Que hacen los soldados. El sexo y los soldados norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial en Francia). Ese minucioso trabajo de 416 páginas fue publicado en Francia en abril último con un título mucho más explícito: Des GI's et des femmes. Amours, viols et prostitution à la Libération (Los soldados norteamericanos y las mujeres. Amores, violaciones y prostitución en la Liberación).

    Ese asombroso documento precisa algunas de las informaciones casi secretas que circulaban entre los pobladores de Brest, Le Havre, Caen y otras ciudades normandas. Pero Mary Louise Roberts descubrió que en ese periodo turbulento la situación había escapado totalmente al control de las autoridades militares norteamericanas.

    La historiadora obtuvo las mejores pistas para investigar a través de una minuciosa lectura del diario del ejército norteamericano, Stars and Stripes, que relata -por ejemplo- el proceso de 152 soldados por violaciones solo entre los meses de junio y octubre de 1944.

    Ese tipo de informaciones, según Mary Louise Roberts, estaban destinadas a mostrar a los franceses que el comando militar "hacía algo contra las violencias". Lo más asombroso, al observar las cifras, es que las sanciones se aplicaban casi exclusivamente a soldados negros: sobre los 152 acusados, 139 eran negros. Esa relación parece inversamente proporcional a la composición de las fuerzas expedicionarias, en la cual los negros representaban solo 10 por ciento de las tropas en el teatro europeo.

    Entre 1944 y 1945, 29 soldados fueron ejecutados en público por violación. Entre ellos 25 eran negros. Como en Francia solo había la guillotina, la US Army tuvo que hacer venir de Texas un especialista en ahorcamiento.

    La leyenda conserva solo el recuerdo de soldados que llegaban repartiendo chiclets y chocolate y -a cambio- recibían besos y sonrisas de parte de las mujeres francesas. La realidad fue completamente diferente. En el segundo semestre de 1944, el comando norteamericano reconoció que había unos 10 mil GI's desertores que sembraban el terror en la región de Normandía.

    Pierre Voisin, alcalde del puerto de Le Havre, a pocos kilómetros del lugar donde se produjo el desembarco, se quejó oficialmente ante el coronel norteamericano T.J. Weed por las dimensiones que había alcanzado el comportamiento de las tropas en su ciudad. La denuncia precisa que los soldados "copulan en plena calle, incluso delante de los niños". Le Havre fue la principal puerta de entrada de las fuerzas de Estados Unidos que llegaban a Europa. En un año, esa ciudad vio pasar 4 millones de soldados.

    El desenfreno de los GI'S no ocurrió de manera casual, sino que fue el resultado de una campaña organizada por las fuerzas armadas, presentando a París como un "paraíso donde se pueden satisfacer todas las fantasías eróticas". Las autoridades militares vehiculaban esa mitología sin duda para entusiasmar a los jóvenes que iban a enfrentar la metralla y la muerte.

    La célebre revista Life, reprodujo ese mito. En 1945, el reportero de guerra Joe Weston describió a Francia como "un gigantesco burdel en el cual vivían 40 millones de hedonistas que dedican la mayor parte de su tiempo a comer, beber y hacer el amor".

    Ese tsunami de libido masculina generó un fenómeno de prostitución a gran escala, como nunca se había conocido en Francia. Como en el momento de la Liberación muchas de las mujeres eran pobres, dos millones de hombres estaban en los campos alemanes y ellas necesitaban dinero, no vacilaron en dejarse seducir por los liberadores con la esperanza de obtener algunas ventajas materiales.

    En esa época, los burdeles de la región -y más tarde los de París y Ámsterdam- resultaron completamente desbordados por esa afluencia.

    Ante esa "demanda", miles de prostitutas de todo el país afluyeron primero a Le Havre con la complicidad de la policía militar y las fuerzas del orden francesas, que también sacaban su beneficio de esa tolerancia.

    El fenómeno alcanzó tales dimensiones que los alcaldes de Le Havre y Cherburgo escribieron al comando norteamericano para pedir que abrieran lupanares afuera de las ciudades inspeccionados por autoridades sanitarias y adoptaran un sistema de prostitución reglamentado. Pero las autoridades militares rechazaron esa idea por temor a las repercusiones que podía tener dentro de Estados Unidos.

    El historiador norteamericano J. Robert Lilly estimó que por lo menos hubo 3 mil 500 violaciones. Unos 30 de esos casos concluyeron en asesinatos.

    Los franceses suelen explicar que siempre mantuvieron una extrema discreción sobre esos episodios para no aparecer como desagradecidos ante Estados Unidos, que los liberó de cuatro años de yugo nazi. Sin embargo, las mujeres que sufrieron esas vejaciones -de las cuales quedan muy pocas vivas- tienen otra idea de lo que fue la Liberación y del sentido que tiene la palabra Historia.



    Fuente:

    Violaciones, prostitución y asesinatos: la cara oculta del desembarco en Normandía
    Última edición por Mexispano; 11/05/2015 a las 16:06

  14. #14
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    En aquellos llegaron a decir de los yanquis en Europa "They are overpowering, oversexed and over here". Juego de palabras que no se puede traducir muy bien sin que pierda la gracia, pero viene a significar algo así como "son prepotentes, hipersexuados y lo malo es que los tenemos aquí".

  15. #15
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Descubren las crueles torturas que los americanos cometieron contra los nazis en Dachau


    La carta de un médico presente en la liberación del campo ha desvelado la barbarie que se desató contra los miembros de las SS


    AFP
    Los soldados estadounidenses, tras la liberación del campo, supervisan a varios prisioneros mientras éstos cargan cadáveres

    Este 2015 está siendo un año de tristes aniversarios en lo que a campos de concentración se refiere-. No es para menos pues, hace más de siete décadas, los soldados aliados liberaron una ingente cantidad de centros de exterminio donde los crueles soldados de las SS habían sometido a todo tipo de torturas a miles y miles de presos de todo el mundo (entre ellos, españoles).

    No obstante, la llegada de los norteamericanos y soviéticos a estos recintos trajo consigo también una ola de barbarie ya que, traumatizados al ver los montones de cadáveres famélicos que se agolpaban en su interior y las pésimas condiciones de vida de los reos, asesinaron a sangre fría a varios centenares de nazis que no habían huído del lugar.

    Eso, precisamente, fue lo que sucedió en el campo de Dachau (ubicado cerca de Munich) una vez que fue liberado el 30 de abril de 1945 por la 20ª División Blindada y la 45ª de Infantería del VII Ejército de los Estados Unidos. Y es que, en las jornadas posteriores los soldados estadounidenses se tomaron la justicia por su mano y torturaron cruelmente -y de multitud de formas- a los guardias de las SS. Algunas de ellas fueron tan horribles como arrojarles agua helada por encima y obligarles a hacer el saludo nazi durante horas para, finalmente, ejecutarles.
    Estas prácticas aliadas han sido descubiertas, 70 años después, gracias a las cartas perdidas que el capitán del ejército norteamericano David Wilsey (un anestesista de 30 años de edad) envió a su mujer Emily el 8 de mayo de 1945. En ellas, el soldado afirma que vio como sus compañeros maltrataban y acababan con la vida de los germanos que se habían quedado en el campo para controlar a los presos. ¿La razón? En palabras suyas, «porque se merecían ser sacrificados».

    Las misivas, que han salido a la luz gracias al diario «New Republic», han mostrado además lo lejos que puede llegar la venganza y el odio.

    Un anestesista en el ejército

    El capitán Wilsey fue uno de los miles de soldados estadounidenses y británicos que, tras el Desembarco de Normandía, avanzaron hacia Alemania con el objetivo de liberar a Europa del yugo nazi. En ese camino, se forjó un currículum intachable al intervenir en más de 5.000 procedimientos médicos, lo que le llevó a ganar una estrella de bronce.

    Sin embargo, y aunque este combatiente convivía con la muerte y el dolor a diario (en un caso tuvo que salvar la vida a un pequeño que había
    pisado una mina y tenía una buena parte de su cuerpo destrozado), se quedó impactado al entrar en Dachau.

    Y es que, una vez que atravesó la verja del campo de concentración, vio con sus propios ojos decenas de pilas de cadáveres esqueléticos que a los nazis no les había dado tiempo a quemar en los hornos. La barbarie conmocionó de tal forma a sus compañeros que, en las jornadas siguientes, se sucedió una ingente masacre de soldados alemanes (algo que quedó documentado y reconocido por su gobierno posteriormente y que costó a muchos oficiales su expulsión del ejército).

    Sin embargo, hasta ahora no se conocían algunas de las torturas más crueles, las cueles han sido descubiertas gracias a las cartas de Wilsey. «Vi como capturaban a un soldado de las SS que habían torturado [las tropas americanas] y luego le dispararon con frialdad. Dios me perdone, pero lo vi sin que la emoción me perturbara después de saber las acciones que las bestias de las SS habían realizado», determina la misiva.

    Para saber más
    : Veinte formas de vivir y morir en Mauthausen

    En la misma carta, el capitán señala como los americanos obligaron a los miembros de las SS a hacer el saludo nazi con el brazo levantado durante horas e, incluso, les arrojaron agua helada después de desnudarles para luego acabar con ellos a tiros. En otra ocasión, afirma también que los americanos alinearon a 50 soldados alemanes y les ametrallaron sin previo aviso. Todo aquello le trajo consecuencias psicológicas tras la contienda.

    A su vez, el norteamericano explica en los folios que todas aquellas tropelías eran aplaudidas e imitadas por los presos supervivientes, los cuales asesinaron a muchos miembros de las SS que les habían maltratado años atrás. «Una vez, un preso que había intentado escaparse fue atado por un miembro de las SS a un poste y, posteriormente, tres Dóbermans hambrientos fueron lanzados contra él. Le arrancaron la carne de los muslos y las tripas. Cientos de presos los vieron en posición de firmes. Lo primero que hicieron los presos tras la liberación del campo fue disparar a los perros y al adiestrador», señala el miltar en su misiva.



    Presos en Dachau, tras la liberación del campo
    EPA

    Un capítulo aparte merece la mención que hace a los saqueos, pues explica que se generalizaron en todo el campo. Él, de hecho, robó un par de gemelos, así como banderas nazis y joyas que halló en el lugar para llevarlos a su casa como recuerdos. Aunque a día de hoy se desconoce dónde guardaban los alemanes esos utensilios, se supone que se los habían arrebatado a los presos del campo.



    La barbarie contra las tropas alemanas del campo fue tal que algunos soldados americanos tuvieron que detener a sus compañeros para que no se rebajaran al nivel de los nazis. Eso fue lo que le sucedió con un comandante que, tras acabar con cuatro germanos, siguió disparando a sus cuerpos ya fallecidos durante minutos. Su histeria era tan palpable que un coronel tuvo que darle un culatazo para hacerle perder el sentido y que se tranquilizase.

    Segunda Guerra Mundial - Descubren las crueles torturas que los americanos cometieron contra los nazis en Dachau - ABC de Sevilla

  16. #16
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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    LA DESTRUCCIÓN DE DRESDE, UN VERDADERO HOLOCAUSTO

    13 de febrero de 2016

    tags: Historia, Nuevo Orden Mundial, signos de los tiempos


    El 13 de Febrero, recordamos a los ASESINADOS por la Democracia en 1945.

    En menos de 3 horas fueron literalmente freídos más de 300.000 Alemanes en la Ciudad Hospital, Ciudad de Refugiados, Ciudad Abierta, Ciudad INDEFENSA de Dresde, 4.000 TONELADAS de Democracia & Libertad en forma de bombas incendiarias, de fósforo y de alto explosivo fueron las que provocaron la LIMPIEZA ÉTNICA & el HOLOCAUSTO más rápido de la historia.




    Ilya Ehrenburg, jefe de propaganda del ejército soviético


    “Si no pueden matar a un alemán con una bala, mátenlo con la bayoneta. Si hay calma en su parte del frente o esperar la lucha, maten un alemán mientras tanto. Si ustedes dejan a Alemania viva, los alemanes colarán a los rusos y violarán a las rusas. Si matan un alemán maten a otro –no hay nada más divertido para nosotros (los judios) que un puñado de cadáveres alemanes. No cuenten los días ni los kilómetros, cuenten solo el número de alemanes muertos por ustedes. Maten al alemán –esa es la solicitud de sus abuelas ¡maten a los alemanes!- esa es la oración de sus niños. ¡Maten a los alemanes! –su patria les pide. No fallen, no desistan ¡Maten!”

    — Ilya Ehrenburg (judío), Julio 7 de 1943.



    El puñado de cadáveres alemanes luego del terrorista bombardeo a Dresde, el Sr. Ehrenburg debe estar complacido

    Holocausto = olokaustos (ὁλόκαυστος: de ὁλον, ‘completamente’, y καυστος, ‘quemado’), en pocas palabras destrucción por fuego. El holocausto fue ALEMÁN, NO judío.
    Los criminales bombardeos de Dresde también conocidos como la Masacre de Dresde, se llevaron a cabo hacia el final de la Segunda Guerra Mundial por parte de la Real Fuerza Aérea de Gran Bretaña y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Con esos dos nombres se suele hacer referencia a los cuatro ataques aéreos consecutivos que se realizaron entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, apenas doce semanas antes de la capitulación de Alemania.


    BOMBAS INCENDIARIAS

    Durante los mismos, entraron en acción la increíble cifra de más de mil bombarderos pesados, que dejaron caer sobre la “Florencia del Elba” cerca de 4.000 toneladas de bombas altamente explosivas y dispositivos incendiarios, arrasando gran parte de la ciudad y desencadenando una tormenta de fuego que consumió el centro histórico de la misma.

    El segundo ataque, mayormente con bombas incendiarias de termita, se programó para tres horas más tarde de modo tal que los bomberos (que arribarían también de otras ciudades para apagar el fuego) resultasen víctimas del ataque. No hubo ninguna oposición en absoluto. Ningún caza alemán y ningún fuego antiaéreo.

    Antes del alba, se produjo un tercer ataque con casi 150 mil bombas incendiarias y bidones de fósforo, para activar la horrorosa pira. Los cazas escoltas tenían la instrucción de descender al nivel de los tejados y barrer “blancos de oportunidad”. Abrieron fuego sobre masas de gente que atestaban las rutas fuera de Dresden y sobre cualquier cosa visible. Un grupo de niños, del famoso coro de la Iglesia de Kreuzkirche, fue masacrado en la calle del zoológico. Prisioneros de guerra británicos, que habían sido puestos en libertad ya que sus campos de internación estaban ardiendo, fueron ametrallados también.




    CIUDAD ABIERTA


    Dresde (Dresden, en alemán) era una ciudad de Alemania ubicada a 120 km. del frente del Este y albergaba a 800 mil refugiados que huían del avance soviético de Zhukov. Dresden, la hermosa y culta capital de Sajonia, fue declarada durante la Segunda Guerra Mundial, como ciudad abierta, ciudad blanca, ciudad hospital, es decir, no albergaba tropas, ni poseía fábricas de guerra, ni objetivos militares de ninguna clase. No poseía siquiera artillería antiaérea, pues había sido llevada al frente del Oder.

    El número de víctimas varía enormemente en función de la fuente, pero la línea mantenedora de la historia oficial, lo sitúa entre 18.000 y 35.000 muertos. Por su parte, otros sectores, como la revista bimensual The Barnes Review o el historiador revisionista David Irving manejan cifras de hasta por encima de los 200.000 fallecidos.

    El bombardeo de Dresde sigue siendo uno de los episodios más infames de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad ya no hay ninguna duda de que la capital sajona no era un objetivo de interés estratégico tal y como aseguran fuentes militares Aliados. Al contrario, el bombardeo fue una represalia desproporcionada e indiscriminada, o incluso si pudo tratarse de un crimen de guerra.





    TRASFONDO Y FINES DEL ATAQUE AÉREO


    A principios del año 1945, cuando el final de la guerra ya estaba cerca, los aliados acordaron realizar un golpe decisivo en la guerra contra Alemania. Los países occidentales habían alcanzado en noviembre de 1944 el río Rin, el ejército soviético había penetrado a finales de enero en la región del Gran Berlín atravesando el río Óder y por el Sur se disponía a la conquista de Silesia. Desde el Este, millones de refugiados llegaban a Alemania Central. Unidades aisladas del ejército alemán intentaban reagruparse de alguna forma a lo largo del variable frente, mientras el ejército soviético se preparaba en febrero y marzo para lanzar el ataque final sobre Berlín. Por el Oeste el proyecto de los Aliados consistía en llegar a la cuenca del Ruhr.

    Por aquellas fechas la clara superioridad aérea del ejército aliado se utilizaba para preparar un ataque decisivo que permitiera la ocupación de Alemania. Las ofensivas se desarrollaban en todos los frentes, dirigidas a objetivos militares, de comunicación, administrativos y a lugares esenciales de producción, así como a minar la moral de la población. Con este fin, en los últimos meses de la guerra se llevaron a cabo incontables bombardeos sobre las ciudades alemanas, tanto grandes como pequeñas, hasta dejar algunas de ellas convertidas en escombros.
    Durante el verano de 1944, el alto mando aliado ya había barajado la posibilidad de atacar por aire las ciudades del este de Alemania bajo el nombre en clave de Operation Thunderclap, pero el proyecto se había archivado el 16 de agosto. En enero de 1945, la Oficina de Inteligencia británica decidió reabrir la operación, al considerar que el ejército alemán podría cambiar la posición de 42 divisiones en el Frente Oriental. De este modo, la Royal Air Force modificó sus planes y Dresde, junto con Berlín, Chemnitz y Leipzig, se convirtió en un objetivo militar de primer orden.

    En la Conferencia de Yalta, que tuvo lugar del 4 al 11 de febrero de 1945, los aliados, a petición de los soviéticos, acordaron llevar a cabo nuevos ataques aéreos en la zona oriental y por lo tanto sobre Dresde. Tenían que acabar con un nudo de comunicaciones y un centro productivo de primer orden situado en la retaguardia del Frente Oriental para impedir en lo posible la reubicación de tropas y la llegada de refuerzos a la vanguardia. Al mismo tiempo, los bombardeos tenían el propósito de evitar que el Ejército Rojo sufriese contraataques que demorasen su avance.





    BOMBARDEO INÚTIL


    El informe que la RAF distribuyó a sus pilotos la noche del ataque decía lo siguiente:
    “Dresde, la séptima ciudad más grande de Alemania y no mucho menor que Manchester, es también el área urbanizada sin bombardear más extensa que tiene el enemigo. En pleno invierno, con refugiados esplazándose en masa hacia el oeste y tropas que necesitan descanso, los tejados escasean, no sólo para dar cobijo a trabajadores, refugiados y tropas por igual, sino para albergar los servicios administrativos que se han desplazado desde otras zonas. Antaño famosa por sus porcelanas, Dresde se ha convertido en una ciudad industrial de importancia prioritaria. […] Las intenciones del ataque son golpear al enemigo donde más lo sienta, en la retaguardia de un frente a punto de desmoronarse […] y enseñar a los rusos cuando lleguen de lo que es capaz el Comando de Bombarderos de la RAF

    — Ross, Strategic Bombing by the United States in World War II, McFarland 2003, pág. 180.Y Longmate, The Bombers, Hutchins 1983, pág. 333.
    Curiosamente, las principales zonas industriales de la periferia, que tenían una extensión enorme, no fueron bombardeadas. Y si, las zonas centrales repletas de civiles inocentes. De acuerdo con Donald Miller:

    “El trastorno económico habría sido mucho mayor si el Comando de Bombarderos se hubiese fijado como objetivo las áreas del extrarradio donde se concentraba la mayor parte de la capacidad industrial de Dresde”. Otros académicos sostienen que, en cualquier caso, “las plantas industriales de Dresde ya no desempeñaban un papel significativo en la industria militar alemana en esta fase de la guerra”. En la misma línea, el punto de vista revisionista reconoce que gran parte de las industrias estaban alejadas de la zona que fue bombardeada y que no constituía de ningún modo un objetivo “industrial, estratégico o militar de primer orden”.

    — Irving, The Destruction of Dresden (re-edición 2006), p. 73 en adelante.


    SIETE DÍAS

    Dresde ardió durante siete días, de acuerdo al diario de un prisionero de guerra inglés que se hallaba allí. Durante varios días después del ataque, Dresde se mantuvo cubierta por una niebla de humo y hollín. Y una constante lluvia de cenizas, húmedas y negras, cayó sobre la campiña circundante.

    De toda la provincia partieron inmediatamente convoyes transportando provisiones. En la ciudad los esperaban escenas increíblemente macabras. Dos trenes, repletos de niños evacuados, habían recibido impactos directos. Los cuerpos de los pequeños se hallaban apilados, en montículos, en el patio de la estación. Seiscientos refugiados, que habían buscado cobertura en el sótano abovedado de la estación, resultaron muertos. Cien de ellos murieron quemados vivos por las bombas incendiarias y el resto pereció asfixiado por las emanaciones y el humo.

    De los 19 hospitales más importantes de Dresde, 16 resultaron dañados y 3 totalmente destruídos. En la escuela de Vitzhum, que estaba siendo usada como hospital de emergencia, sólo 200 de los 500 pacientes resultaron evacuados a tiempo. Los 300 sin evacuar murieron en sus lechos. En la maternidad de Johannstadt resultaron muertas 200 personas, pero sufrieron tantas y tan horribles mutilaciones que sólo 138 pudieron ser identificadas. Muchas de las víctimas estaban tan achicharradas y carbonizadas que, literalmente, hubo que despegarlas del asfalto derretido y palear sus restos. Muchos cuerpos habían quedado reducidos por el fuego a menos de la mitad de su tamaño normal.

    Desde el fin de la guerra el número de fallecidos en el bombardeo de Dresde ha sido objeto de constante revisión por parte de la comunidad académica. Las cifras exactas son difíciles de determinar. Los cálculos cuentan con la dificultad añadida de que, la ciudad, que en 1939 tenía una población de 642.000 habitantes, estaba en el momento del bombardeo atestada con cerca de 200.000 refugiados y miles de soldados heridos.

    El nacionalismo alemán defiende la cifra del cuarto de millón de muertos, como en el artículo de Thomas Brehl, político y cofundador de la organización Kampfbund Deutscher Sozialisten. Esta es una cantidad superior inclusive a las de otros bombardeos aliados contra ciudades del Eje, como Tokio (100.000 muertos) o el Bombardeo de Hamburgo (Operación Gomorra) de casi 40.000 muertos.

    Es un lugar común, de ámbito y vigencia prácticamente universal, que cuando se alude a grandes desastres sufridos por las poblaciones civiles en el transcurso de la II Guerra Mundial, inmediatamente, en el subconsciente de la gran mayoría de las gentes, se recuerdan los nombres de las dos ciudades japonesas, Hiroshima y Nagasaki, que fueron blancos inocentes, gratuitos y estúpidos de las bombas atómicas que mandó lanzar sobre ellas el presidente americano Harry Salomon Schippe Truman (Ver: Bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki).

    Desgraciadamente, los devastadores efectos de los dos criminales bombardeos sobre aquellas ciudades japonesas fueron superados, de una sola tacada, por uno de los personajes más injustamente prestigiosos de la Historia moderna: el Honorable Sir Winston Churchill, que ordenó el bombardeo de Dresde.

    En aquella hermosa ciudad de Sajonia, antaño denominada “la Florencia del Norte”, el día 13 de febrero de 1945, los aviones Aliados, ingleses y norteamericanos, bombardearon repetidamente la ciudad hasta destruirla por completo. No contentos con ello, el siguiente día, 14 de febrero, los cazas descendieron para ametrallar todo lo que aún se movía; ni los animales del zoológico se libraron de la vesania de los “Cruzados de la Democracia”.

    Según los cálculos del Jefe de la Policía de la ciudad, hubo más de un cuarto de millón de muertos, es decir, casi unos cincuenta mil más que en las dos ciudades japonesas víctimas del bombardeo nuclear. Esa cifra fue confirmada por el escritor inglés F. J. P. Veale. En cualquier caso, se hizo muy difícil evaluar el número de muertos ya que, aparte de los civiles —mujeres, ancianos y niños que residían en la ciudad—, no se podrá calcular nunca con cierta exactitud el número de decesos, pues entre los que murieron calcinados hubieron muchísimos civiles recién llegados de los territorios del Este de Alemania que huían ante el avance del Ejército Rojo que cruzaba en esos días las fronteras del Reich a sangre y fuego (Ver: Expulsión de alemanes tras la Segunda Guerra Mundial). Dresde era una ciudad sin ningún objetivo militar digno de mencionar, ni ninguna industria importante que ni remotamente pudiera utilizarse para fines bélicos. Era, prácticamente, una ciudad-hospital, y —por así decirlo— una base de tránsito para el transporte de prisioneros (de hecho fallecieron en el bombardeo cientos de aviadores británicos y norteamericanos que trabajaban en la ciudad) y de civiles evacuados que buscaban refugio en la ciudad ante el avance de las tropas soviéticas.

    En realidad, el caso de Dresde sólo es único por su magnitud. Hubo centenares, miles de bombardeos que —aunque calificados por la propaganda bélica británica de “strategical bombing” — no tenían otro objetivo que tratar de minar la moral de la población alemana y forzar, de manera particularmente torticera, la rendición del III Reich.

    En el libro que tienes en tus manos, lector amigo, podrás ver, en facsímil, el documento secreto, desclasificado recientemente, dirigido por el General Ismay, de la R.A.F., al Primer Ministro Churchill, desaconsejándole, por inútil, costoso e inhumano, el llamado bombardeo estratégico, que otros ingleses, como el Comodoro del Aire, MacLean y el citado historiador F.J.P. Veale, calificaron de bombardeos “terroristas”.

    Churchill fue desmentido por sus propios subordinados militares. Y lo más grave, es que la excusa de que el bombardeo de Dresde había sido solicitado por los soviéticos para facilitar su progresión en territorio alemán también fue desmentida por los propios servicios del “Viejo Tío Joe”, como llamaban Churchill y su compadre Roosevelt al sanguinario Zar Rojo Stalin.

    — Prólogo de Joaquín Bochaca del libro “La destrucción de Dresde. El verdadero holocausto”, de David Irving

    (Continua aquí)




    Adolf Hitler

    “No es cierto que yo, o alguien más en Alemania, quisiera la guerra en 1939. Fue deseada e instigada exclusivamente por esos hombres de estado quienes han sido judíos o han trabajado para intereses judíos. He hecho muchas ofertas para el control y limitación de armamentos, las cuales no podrán ser olvidadas por la posteridad, para que la responsabilidad del inicio de la guerra sea echada sobre mí…

    También quiero que nadie tenga ninguna duda, que esta vez han logrado que no sólo millones de niños arios en Europa mueran de hambre; hombres jóvenes han sufrido la muerte y no solo cientos de miles de mujeres y niños han sido bombardeados e incinerados hasta morir en las ciudades, sin que los verdaderos criminales hayan expiado su culpa, ni siquiera por medios humanos.
    No puedo abandonar la ciudad que es la capital de este Reich… al permanecer en esta ciudad quiero compartir mi destino con los otros millones de hombres que han decidido hacer lo mismo… Por tanto he decidido permanecer en Berlín y libremente escoger la muerte en el momento que yo crea que la posición del Führer y la propia Cancillería, no pueda ser más defendida…
    Muero con el corazón feliz, consciente de los incalculables legados y logros de nuestros soldados en el frente, de nuestras mujeres en casa, los logros de nuestros campesinos y obreros en su trabajo, y la contribución única en la historia, de las juventudes que llevan mi nombre. A ellos, desde el fondo de mi corazón, les expreso mi gratitud”
    — Testamento Político de Adolf Hitler, Dado en Berlín, el 29 de Abril de 1945 a las 04:00 AM.


    Bernard Lecache (Judio)

    “Alemania es nuestro enemigo público número uno. Es nuestro objetivo el declarar la guerra sin piedad contra ella. Uno puede estar seguro de esto: Vamos a liderar esa guerra”

    – Bernard Lecache, presidente de la “International League Against Racism and Anti-Semitism”, en su periódico “Droit de Vivre” (Derecho a la Vida), 9 de noviembre de 1938.

    Erasmus, DOBLE AGUILA y raolbo dieron el Víctor.

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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945

    Viernes 04 de abril del 2014 - 13:35

    ¿Sabías que así trataron a las odiadas novias de los nazis? (FOTOS)

    Lima. Con la recuperación de la mayoría de las ciudades tomadas por los nazis, las mujeres nazis fueron el blanco de maltratos, golpizas en público y toda clase de humillaciones. Ellas eran rapadas y obligadas a caminar, en el mejor de los casos, semidesnudas por las calles.

    La función de una mujer en la Alemania nazi era servir de “pilar de la raza germana”, para lo cual debía cumplir varios requisitos, según unos documentos encontrados recientemente en el Archivo Federal alemán.

    Para poder casarse con su novio de las filas de las SS o cualquier otro funcionario nazi, una chica estaba obligada a cursar un programa de seis semanas durante las que se le enseñaba a cocinar, coser, limpiar, planchar, decorar la casa y cuidar y educar a los niños.

    También se les proporcionaban nociones sobre cómo comportarse correctamente en eventos sociales y les impartían “conocimientos especiales sobre la genética y la raza”.
    Solo después de estudiar todas estas asignaturas las jóvenes recibían un certificado que les permitía contraer matrimonio en una ceremonia neopagana, ante un altar decorado con los símbolos nazis, en presencia de los miembros del Wehrmacht, las Fuerzas Armadas nazis.

    Fuente: Actualidad RT / kienyke.com













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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945













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    Re: Crímenes de guerra de los Aliados en 1945















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