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Tema: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

  1. #1
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    Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Irradiación del dialecto de Castilla desde los tiempos del Cid (ss. XI y XII)

    Supremacía lingüistica de Castilla: irradiación del castellano por la Península
    Rasgos fonéticos esenciales del castellano; su armonía y sonoridad. El castellano, lengua de la épica y el provenzal, de la lírica. Galicismos primitivos. La lengua escrita. La literatura árabe andaluza.

    Proviene de aquí: Hª lengua española 6: Reinos de Asturias y León; lengua mozárabe.

    Hacia la segunda mitad del siglo XI, el leonés dejó de ser el dialecto preponderante y en su lugar el castellano mantuvo desde entonces la hegemonía lingüistica. Era natural que así sucediese: Navarra y sobre todo, León, perdían su antigua supremacía; los musulmanes se veían privados ya de la unidad que el califato les había dado y se encontraban ahora desunidos bajo el régimen de reinos de Taifas.

    Castilla, en cambio, frente a la general decadencia política de los reinos vecinos, se alzaba para dirigir la gran tarea nacional de reconstrucción y reconquista de la España goda. De condado pasaba a ser un reino, cuyo primer monarca, Fernando I (1035-1065), hijo del rey de Navarra y amigo de Santo Domingo de Silos, anexionaba León a Castilla.
    Su hijo Alfonso VI (1072-1109) ensanchaba sus territorios por la Rioja y conquistaba la gran ciudad musulmana de Toledo (1085).
    El Cid, héroe de Castilla, penetraba hasta Valencia, por él conquistada en 1094. Y un nieto del anterior monarca, Alfonso VII (1125-1157), ya en el siglo XII, época del arte románico, era coronado solemnemente como “Emperador” ante los reinos moros y cristianos, que le rendían vasallaje, y llegaba en sus incursiones por el Sur hasta Almería, Cádiz y Jerez.

    Esta impetuosa energía vital de Castilla en lo político fue unida a la irradiación por León, Navarra y la Rioja y por las tierras de mozárabes, de su propio dialecto, encerrado hasta entonces dentro de aquella pequeña Castilla de los Condes.

    La difusión del castellano, entonces y después, siguió los mismos caminos que la Reconquista y que Castilla, creadora y unificadora con su espada y con su habla de una nueva España medieval. Por eso los dialectos peninsulares fueron, poco a poco, entonces y después, cediendo terreno al castellano, y tan sólo los extremos occidental y oriental de la Península dejaron de recibir la penetración lingüistica castellana. las hablas rezagadas, gallega y levantina, quedaron aisladas desde entonces, una vez deshecho el lazo de unión que el lenguaje mozárabe formaba.
    Las características principales del castellano medieval, por las cuales se distinguía de los demás dialectos, eran y son las siguientes:

    Reducción de ai en e: laicum dio lego; frente a los demás dialectos que vacilaban o conservaban ai o ei: leigo en gallego.

    Diptongación de o tónica y breve en ue: portam dio puerta, pasando antes por puarta y puorta; al contrario de otros dialectos que o pronunciaban los diptongos intermedios ua, uo, o no diptongaban: porta en gallego y catalán.

    Sustitución de f inicial por h aspirada, o pérdida de uno u otro sonido: ferrarium dio herrero (o errero); mientras en catalán ferrer, o en gallego ferreriro, la f se conserva.

    Desaparición de g- inicial: generum dio ierno; mientras en gallego genro y en catalán gendre, la g- se conserva.

    Aparición de j sonora procedente de li- ante vocal, o de c´l o de g´l: filium dio hijo (con j); mientras en gallego dio fillo y en catalán fill (con ll). Oculum dio ojo; mientras en gallego dio olho y en catalán ull. Coagulum dio cuajo; mientras en gallego es coalho y en catalán coall.

    Aparición de ch procedente de ct o de ult: pectus dio pecho; mientras en gallego es peito y en catalán pit. De multum procede mucho; mientras en gallego es muito y en catalán molt.

    Claramente se ve, a través de estas características, cómo en Castilla se formó un dialecto que en su evolución del romance hispanogodo iba mucho más lejos que todos los otros que le rodeaban, pues el leonés, el gallego-portugués, el mozárabe, el aragonés y el catalán eran dialectos arcaizantes, de bastante semejanza entre sí y muy próximos a su origen, el romance visigodo. Todo lo contrario del castellano, dialecto singular por su potencia creadora, pareja de la energía histórica de Castilla.

    Mostraban además las generaciones castellanas un exquisito gusto acústico en la obtención y fijación de los sonidos vocálicos más eufónicos: se oía en otros puntos de la Península, por ejemplo, puarta, puorta; en cambio Castilla decía puerta. Y se oía también Castialla, pero en Amaya o en Burgos decían Castiella y aun Castilla.
    Concedían los castellanos a su dialecto una gran preferencia por las vocales latinas más abiertas y de mayor perceptibilidad: La a –reina de las vocales españolas- era, y es, el más abundante de los sonidos españoles tanto vocálicos como consonánticos; la u –la más débil y oscura vocal- era, y es, la menos frecuente de todas, pues casi toda u latina, los castellanos habíanla convertido en o (taurum, toro), siempre de mayor alcance sonoro. (Escribía en 1793 Vargas Ponce, sobre la u, estas graciosas impresiones: “la u obscura y tristísima es apta para elegías y cantares lúgubres; así hay por ventura más de ellas en sola la canción a la muerte de la Reyna Doña Margarita, de Bartolomé Argensola, que en sus demás poesías juntas; y en la Elegía de Garcilaso a la del Duque de Alva, más que en sus églogas unidas. Sirve para presagiar o referir desastres y desdichas: Herrera en su pérdida “Gigantomachia”: Un profundo murmullo lejos suena”).
    No tenían ni tienen, además sus vocales matiz nasal alguno, siempre eran firmes, claras y sencillas, sin que dentro de cada una se hubieren de marcar intencionadamente diferencias de largas o breves, abiertas o cerradas. Y así resultaba el castellano el más sonoro y armonioso de los dialectos hispánicos y aun luego la más hermosa de las lenguas del mundo.
    A los mozárabes de la España liberada les producía cuando la oían por primera vez la misma impresión que el autor del poema latino del siglo XII sobre la toma de Almería, el cual, al referir la expedición de Alfonso VII, exclamaba a propósito de la lengua de los castellanos: “illorum lingua resonat quasi tympano tuba.”

    Análogo efecto produce hoy a las gentes del norte de Europa: un ilustre filólogo F. Wulff ha definido el castellano como el idioma más sonoro, armonioso, elegante y expresivo entre las lenguas neolatinas. Y un inglés, Borrow, dijo de manera terminante que es el español la lengua más sonora que existe.

  2. #2
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Como lenguaje literario, el castellano no alcanzó todavía (ss. XI y XII) los honores de la lengua escrita, aunque sí, y en alto grado, los de la lengua poética (hablada). Era entonces cuando se cantaban aquellos poemas épicos largos, sobre todo el del Mío Cid, primer monumento de nuestra Literatura, compuesto por un mozárabe de la frontera de Medinaceli, hacia 1140.
    En cambio, para la lírica la lengua predominante era la provenzal, traída a España por juglares de allende el Pirineo que, con su arte, entusiasmaban a la corte y a las gentes del camino de Santiago.
    De entonces, precisamente, datan los primeros galicismos, como: homenaje, vianda, mensaje,... explicables, más que por modas poéticas por la presencia en España de colonos, monjes cluniacenses y caballeros que venían de Francia a la cruzada contra el Islam.

    El latín continuó como lengua escrita de la España cristiana. En el siglo XII, las obras más importantes de la cultura islámica fueron vertidas al latín por la famosa escuela de traductores de Toledo. En cambio, en el mismo Toledo, para los documentos notariales (testamentos, compraventas, donaciones) fue empleado el árabe, no sólo en el siglo XII sino también durante todo el siglo XIII (ver: A. González Palencia, Los mozárabes de Toledo en los ss. XII y XIII, Madrid, 1926-30). La causa de este extraño contraste no era otra que la intensa arabización de los antiguos mozárabes de esta ciudad. En Castilla la Vieja por el contrario, desde los primeros años del siglo XII se redactaron en romance algunos documentos notariales.

    Decaía, pues, el latín como lengua escrita, y todavía no alcanzaba el romance castellano el rango de lengua literaria. En cambio, el árabe andaluz llegaba entonces a su período de mayor esplendor, pues son realmente los siglos XI y XII los que coinciden en la edad de oro de la literatura arábigo-española.
    Eran las diminutas cortes de taifas algo así como los principados italianos del Renacimiento, lujosos viveros de poetas, filósofos, artistas y eruditos. Y, desde luego, ninguno tan brillante como la de Sevilla, con su caballeresco rey poeta Mutámid (destronado en 1091) y su hijo al- Radi, verdadero tipo de humanista a la europea. Aben Zeidún, de Córdoba; Aben Ammar, de Silves, y Aben al-Labbana, de Denia, descuellan entre cientos de maravillosos poetas (Ver E. García Gómez, Poemas arábigo-andaluces, Madrid, Col. Austral. 1940).

    Esta maravillosa y efímera civilización muere a manos de los Almorávides, los bárbaros guerreros africanos que, sin embargo, se rendirán muy pronto al influjo civilizador arábigoandaluz. Es la época de las grandes antologías poéticas como la Dajira de Aben Hassan (de Santarén) y los Collares de Oro del granadino Aben Jaqán; poetas como Aben Jafacha de Alcira, el famoso cantor de los jardines, o como Abencuzmán, de Córdoba, perfeccionador con sus zéjeles y muwasahas del arte poético de Mocádem.

    Es, por último, la época de los Almohades la gran época de las ciencias: Aben Said, de Alcalá la Real, y Aben al-Abbar de Valencia representan las disciplinas literarias; Avempace, de Zaragoza; Aben Tofail, de Guadix (autor de “El filósofo autodidacto”), y Averroes, de Córdoba, la filosofía; Avenzoar de Córdoba, la Medicina; Edrisí, de Ceuta, la Geografía... La Mística culmina en el murciano Aben Arabi, precursor de Dante (ver M. Asín Palacios: La escatología musulmana en la Divina Comedia, Madrid, 1919). Recordemos, en fin, al Secundí (de Secunda, cerca de Córdoba), ilustre apologista del Islam español, quien, frente al elemento invasor africano-beréber, se dedica a elogiar las virtudes hispánicas de Al-Andalus. (E. García Gómez: Elogio del Islam español de Al-Saqundi, Madrid, 1934)

    J. Oliver Asín: Historia de la lengua española

  3. #3
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Escribe D. Ramón Menéndez Pidal (“El idioma español en sus primeros tiempos”):

    “Lucha por la hegemonía castellana: desde 1067 hasta 1140”

    “Castilla, una vez conseguida su independencia en el periodo anterior, aspira inmediatamente a la preponderancia.
    Después de la muerte de Fernando I las luchas fratricidas iniciadas por Sancho II en Castilla representan el comienzo de la hegemonía castellana. El Cid, alférez de Sancho, es el gran inspirador del nacionalismo y de las pretensiones hegemónicas; en estas luchas, León resulta vencido en las batallas de Llantada (1068) y Golpejera (1072), y el rey de León, Alfonso VI, tiene que huir a Toledo. La temprana muerte de Sancho desvía bastante el curso de los sucesos, pues Alfonso, vuelto de Toledo, reina en Castilla y en León desde fines del año 1072.
    La preponderancia castellana, sin embargo, se afirma durante todo el siglo XII, y se manifiesta definitivamente cuando Alfonso VII, al dividir otra vez los reinos en 1157, dio el de Castilla a su primogénito.

    Este periodo de preponderancia castellana (1067-1140) se distingue externamente del anterior, de preponderancia leonesa (920-1067), en que la influencia oriental y mozárabe de León vino a ser substituida por la occidental europea. Esto no ocurrió sin violencia de parte de los reformadores y sin lucha tenaz de los nacionalistas. Al fin triunfó la revolución, que trajo la supresión de la escritura y del rito nacionales (mozárabes), la restauración de los estudios latinos, así como una abundante invasión de cluniacenses y de caballeros y colonos franceses.

    A esta época pertenecen los galicismos más viejos, los que aparecen en el Poema del Cid: mensaje, omenaje, usaje, barnax, palafré, vergel, vianda, derranchar, cosiment, ardiment, xámed; entre los mozárabes se usaban otros galicismos como amilón (almidón), formaje: queso, según testimonio dudoso del zaragozano Ben Buclárix, manjar, empleado por el cordobés Ben Cuzmán. Ya ahora se empieza a hablar de vinagre en vez del antiguo aceto. El latín galicano también introduce algunas voces , como pleito, vocablo aragonés del siglo XI y que ya en el XII se había propagado a Castilla.

    Más radicalmente decisiva es la influencia castellana en León; los diptongos occidentales ei y ou (ob, oc) van cediendo ante la monoptongación que desde antiguo dominaba en Castilla; durante el siglo XII ambos diptongos quedan ya relegados al occidente de León. Por este reino se propaga también por ahora la ch.
    Otras modalidades castellanas, sin embargo, prosperan muy poco; baste recordar que la fijación del diptongo de o breve en ue, aunque en Castilla era general, no se había propagado a las Extremaduras castellanas, pues no se ve acogida todavía en el Poema del Cid ni en otros textos posteriores, como el Auto de los Reyes Magos.
    Otros neologismos castellanos como la f- convertida en h (o perdida), y el sufijo -illo por -iello, que existen desde muy antiguo en tierra de Burgos, no se propagan hasta mucho más tarde, hasta el siglo XIV; sin duda la antigua influencia de León, unida a la influencia cultista, hacían que en Castilla ambos fenómenos de la h y de -illo pertenecieran muy especialmente al habla rústica y fuesen mirados como demasiado rudos.

    En esta época (siglos XI-XII), la más crítica, el mapa lingüistico de España sufre un cambio fundamental. Este cambio del mapa lingüistico es parejo del gran cambio que sufre el mapa político entre 1050 y 1100; no hay otros cincuenta años en la historia de España que presenten tantas mudanzas de Estados (apocamiento del gran reino de Navarra; disminución de León; engrandecimiento de Castilla; evolución y destrucción completa de los reinos de Taifas).
    Estos grandes trastornos políticos influyen decisivamente en los movimientos de expansión de los antiguos dialectos.

    Hasta el siglo XI los dialectos romances de la Península tenían distribución y relaciones muy diversas de las que estamos habituados a considerar como más propias de ellos desde el siglo XIII acá. Los rasgos de los dos extremos dialectales (leonés y gallego al Occidente y del aragonés y catalán al Oriente) que los diferencian del castellano se acercaban más por el Norte, estrechando en medio a los rasgos castellanos, sino que se unían por el Centro y por el Sur mediante el habla mozárabe de Toledo, de Badajoz, de Andalucía y de Valencia. Hasta el siglo XI Castilla no era más que un pequeño rincón donde fermentaba una disidencia lingüistica muy original, pero que apenas ejercía cierta influencia expansiva.

    Todo esto cambia con la hegemonía castellana que progresa desde el último tercio del siglo XI: el gran empuje que Castilla dio a la Reconquista por Toledo y por Andalucía, el gran desarrollo de la literatura y cultura castellana trajeron consigo la propagación del dialecto castellano, antes poco difundido, el cual, al dilatarse por el Sur, desalojando de allí a los empobrecidos y moribundos dialectos mozárabes, rompió el lazo de unión que antes existía entre los dos extremos oriental y occidental peninsulares e hizo cesar la primitiva continuidad geográfica de ciertos rasgos comunes del oriente y occidente peninsulares, que hoy aparecen extrañamente aislados entre sí.

    La constitución de la lengua literaria española depende esencialmente de este fenómeno que tan reiteradas veces hemos observado: la nota diferencial castellana obra como una cuña que, clavada al Norte, rompe la antigua unidad de ciertos caracteres comunes románicos antes extendidos por la Península, y penetra hasta Andalucía, escindiendo alguna originaria uniformidad dialectal, descuajando los primitivos caracteres lingüisticos desde el Duero a Gibraltar, esto es, borrando los dialectos mozárabes y en gran parte también los leoneses y aragoneses, y ensanchando cada vez más su acción de Norte a Sur para implantar la modalidad especial lingüistica nacida en el rincón cántabro.
    La castellanización de la Rioja, antes navarra, o la de Toledo, antes mozárabe, no se intensifican sino en los siglos XII y XIII.

    Además, como en estos siglos XII y XIII la Reconquista se activa semejantemente en los otros reinos, no sólo Castilla sino también León, Portugal y Aragón propagan entonces hacia el Sur sus dialectos respectivos mucho más activamente que en las épocas anteriores, y los propagan en sus formas meridionales ya algo mezcladas por la Reconquista anterior y por las repoblaciones consiguientes.
    Estos dialectos de invasión rápida, propia de los siglos XII y XIII comienzan en León al sur del Duero, mientras en Aragón comienza mucho más arriba, al norte del Ebro a partir de Monzón y de Tamarite para el sur.
    Como consecuencia de esta difusión de los dialectos del Norte, principalmente del castellano en todo el Centro y el Sur, resulta que más de las tres cuartas partes de la Península carecen de un dialectalismo rico en variedades numerosas y primitivas comparables a las de la zona septentrional.”

  4. #4
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Cita Iniciado por Gothico Ver mensaje
    Y así resultaba el castellano el más sonoro y armonioso de los dialectos hispánicos y aun luego la más hermosa de las lenguas del mundo.
    A los mozárabes de la España liberada les producía cuando la oían por primera vez la misma impresión que el autor del poema latino del siglo XII sobre la toma de Almería, el cual, al referir la expedición de Alfonso VII, exclamaba a propósito de la lengua de los castellanos: “illorum lingua resonat quasi tympano tuba.”

    Análogo efecto produce hoy a las gentes del norte de Europa: un ilustre filólogo F. Wulff ha definido el castellano como el idioma más sonoro, armonioso, elegante y expresivo entre las lenguas neolatinas. Y un inglés, Borrow, dijo de manera terminante que es el español la lengua más sonora que existe.
    También decía Miguel de Cervantes:
    "La valenciana, graciosa lengua, con quien sólo la portuguesa puede competir en ser dulce y agradable".

    Jejeje...

    No, ahora en serio, sí es cierto que es el castellano, una lengua muy sonora, armoniosa y elegante.
    "De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"






  5. #5
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    La épica castellana

    El carácter de la escasa literatura de los siglos XI y XII era aun oral, de viva voz, cantada y en verso; no se plasmaba aun mediante la escritura.
    Desde muy antiguo las calles de las ciudades y salas de los castillos se veían animadas por juglares: hombres pintorescamente ataviados que distraían a su auditorio con bailes, canciones o largas narraciones heroicas.
    Estos artistas llevaban vida ambulante y difundían relatos guerreros o composiciones líricas acompañados con el salterio, el laúd, la vihuela, el rabel… Tampoco faltaban las juglaresas.
    Conviene no confundir el nombre de juglar con el de trovador, de condición social más elevada, que no utilizaba sus facultades artísticas como medio de vida, y de poesía menos espontánea y popular.

    El oficio de los juglares, el “mester de juglaría”, tiene el interés histórico de ofrecernos las primeras producciones en lengua vulgar. Mucho antes de que los clérigos se decidiesen a utilizarla con fines literarios, los juglares se servían de ella para sus cantos.

    Los cantares de gesta y su origen.

    Aunque las composiciones líricas entraban en el repertorio de los juglares, los temas épicos tuvieron mayor difusión en Castilla, debido quizá al primitivo temperamento castellano, reacio al intimismo lírico. Es casi seguro que hubo desde el siglo X poemas de carácter heroico: “cantares de gesta”, que consistían en extensas narraciones en las que se cantaban las gestas de los héroes tradicionales.

    El origen de la épica castellana ha sido discutido. Menéndez Pidal defendió su origen juglaresco, no erudito y su procedencia germánica. Castilla, único reino cristiano de España que contó con una amplia producción épica, no habría hecho más que perpetuar la tradición heroica de los visigodos, ampliándola con nuevos temas y adaptándola al carácter nacional: el espíritu de venganza privada que anima a menudo a los protagonistas de los poemas castellanos y germánicos probaría la relación entre ambos.

    A este primitivo fondo germánico vino a añadirse desde finales del siglo XI –época de Alfonso VI- una influencia francesa. Las bodas de princesas castellanas con nobles borgoñones, la venida de monjes cluniacenses y las peregrinaciones a Compostela favorecieron las relaciones entre Francia y Castilla, y junto con el arte románico, la letra carolingia y el rito romano, entraron en España una serie de influencias literarias que, con el tiempo dieron lugar, en la poesía épica a una mayor extensión de los cantares de gesta y a la adopción de determinados asuntos (tema de Roncesvalles) o fórmulas expresivas, como “llorar de los ojos” (francés: “plorer des oilz).

    Caracteres generales de la épica castellana

    Como toda la épica primitiva, la castellana tuvo carácter oral, lo que explica en parte su absoluta desaparición. Si algún poema se fijó por escrito –así el de Mío Cid- fue para uso exclusivo del juglar y no para destinarlo a la lectura general.
    El olvido en que cayeron los nombres de los juglares obedece a que éstos se consideraban como intérpretes del sentir general, no interesándoles destacar su propia personalidad.

    TEMAS HEROICOS: Los temas son todos ellos de tipo heroico. El juglar evoca el recuerdo de personajes gratos a su auditorio castellano. Los asuntos pertenecen a la tradición o a las leyendas de Castilla.

    METRICA: Los juglares utilizan una métrica irregular que contrasta fuertemente con la regularidad de la épica francesa. Predominan los versos de catorce sílabas divididos en dos hemistiquios, agrupados en coplas monorrimas y asonantadas.
    En época tardía se regularizan a base del verso de dieciséis sílabas, que a su vez, dará origen a los romances del siglo XV.

    LENGUAJE SOBRIO: El lenguaje es sobrio, sencillo y al mismo tiempo fuertemente expresivo, de acuerdo con el espíritu aristocrático de la nobleza guerrera y al carácter del pueblo castellano.
    La épica francesa presenta en cambio una forma más retórica y rica en elementos decorativos.

    REALISMO: Los poemas épicos castellanos ofrecen una exactitud histórica de que están desprovistos los franceses. Ello sucede al hecho de que surjan los cantares poco después de los hechos que relatan. Si la Chanson de Roland refiere sucesos ocurridos tres siglos antes, entre la muerte del Cid y la redacción del cantar solo median cuarenta años.
    Este realismo alcanza idénticamente a la localización geográfica de los acontecimientos.

    PERSISTENCIA EN EL TIEMPO: Contrariamente a lo sucedido en Francia, que olvida a sus héroes una vez llegado el Renacimiento, la tradición épica perdura a través de toda la literatura española: primero en las Crónicas, luego en el siglo XV en el Romancero, más tarde en el Teatro (Lope de Vega), hasta llegar a la literatura contemporánea (Zorrilla).

    Fases de la producción épica

    Menéndez Pidal ha señalado cuatro etapas:

    1- Epoca primitiva (hasta mediados del siglo XII y primera del XIII): A ella corresponden poemas breves anteriores a la influencia francesa: el de Don Rodrigo, el de Fernán González, el de los Infantes de Lara, el de la Condesa traidora, el del Infante García y el del Cerco de Zamora. (TODOS ELLOS DESAPARECIDOS HACE SIGLOS)

    2- Epoca de apogeo (segunda mitad siglo XII y primera del XIII): Aumentan en extensión al imitar a los franceses y alcanzan mayor difusión. A esta fase corresponden el Cantar del Cid, el de Roncesvalles y el de Bernardo del Carpio.

    3- Epoca de refundiciones y prosificaciones (segunda mitad del XIII y primera del XIV): Se cultivan los mismos temas con amplitud cada vez mayor, y son prosificados en las Crónicas oficiales.

    4- Epoca de decadencia (segunda mitad del XIV y principios del XV): Admisión de elementos fabulosos en los Cantares de Gesta, cantar de las Mocedades de Rodrigo –último poema épico conservado-, aparición de los primeros romances.

    Cantares de gesta castellanos (todos ellos desaparecidos):

    Toda nuestra primitiva épica desapareció, a excepción del Cantar de Mío Cid, de un fragmento del Roncesvalles y parte del de las Mocedades de Rodrigo.
    No obstante, tenemos noticia de esos poemas perdidos tanto por los romances a que dieron origen como por hallarse prosificados en diversas Crónicas de los siglos XIII y XIV:

    La leyenda de don Rodrigo: según aparece en los romances, constaba de tres partes: 1ª la violación, por el rey, de unas misteriosas arcas de Toledo; 2ª sus relaciones ilícitas con la hija del conde don Julián; 3ª la venganza de éste y la penitencia de don Rodrigo que, después de la derrota de Guadalete, se deja devorar por una serpiente, siguiendo el consejo de un ermitaño.

    El Cantar de Bernardo del Carpio: giraba en torno a la leyenda de este fabuloso héroe leonés, creado por la fantasía nacional para enfrentarlo a Roldán, figura cumbre de la épica francesa. Según una tradición Bernardo del Carpio derrota en Roncesvalles al sobrino de Carlomagno. Otra versión hacía referencia al padre del protagonista, a quien el rey de Asturias, Alfonso II había encarcelado; cuando Bernardo logra su libertad y sale a su encuentro le halla muerto.

    El Cantar de Fernán González: eco de la primitiva rivalidad castellano-leonesa, se refería a las luchas del conde castellano con los reyes de Navarra y León y a la independencia de Castilla, concedida por el rey de León al no poder pagar la deuda contraída con Fernán González por la venta de un azor y un caballo.

    El cantar del Conde Garci Fernández y La Condesa traidora: relataba la huida de doña Argentina con un noble francés y la muerte de ambos a manos del esposo de aquélla, el conde Garci Fernández, ayudado por doña Sancha, hija del francés, con la que luego se casa. Sancha le traicionará e intentará matar a su hijastro Sancho Garcés, pero morirá al beber el veneno que destinaba a éste.

    La Leyenda de los Infantes de Lara: nos contaba como Ruy Velázquez, para vengar una afrenta inferida a su mujer, doña Lambra, en ocasión de sus bodas, envía a Gonzalo Gustioz, padre de aquéllos, a la corte de Almanzor, rogándole en secreto que le decapite, y cómo más tarde abandona en campo de moros a los infantes, sobrinos suyos, dejando que los maten. Sus cabezas son llevadas a presencia de Almanzor, quien las muestra al padre de ellos. Años después, Mudarra, hijo de Gonzalo Gustioz y de la mora que Almanzor había puesto a su servicio, vengará a sus hermanastros, matando a Ruy Velázquez y quemando viva a doña Lambra.

    Es éste uno de los temas épicos que han tenido más amplias derivaciones: Juan de la Cueva (“Tragedia de los siete infantes de Lara”) y Lope de Vega (“El bastardo Mudarra”) lo llevan, entre otros, al teatro, y en el siglo XIX, el duque de Rivas compone sobre el asunto su poema “El moro expósito”.

    El Romanz del Infant García: tenía como tema la muerte del conde de Castilla, Garci Sánchez, asesinado por los hijos del conde don Vela, cuando iba a casarse con doña Sancha de León, y la terrible venganza de ésta.

    El Cantar de Sancho II y Cerco de Zamora: se refería a las luchas entre Sancho y sus hermanos, al no aceptar aquél el testamento de su padre, Fernando I. Alfonso (VI) huye a Toledo y Sancho ataca a Zamora, donde reside doña Urraca, pero es muerto por Bellido Dolfos. Los castellanos acusan a los zamoranos de traición, y se celebra un sangriento torneo, cuya suerte queda indecisa, recurso inventado por el juglar para no ofender susceptibilidades, superando antiguos rencores.
    El cantar debía terminar narrando cómo volviendo Alfonso de Toledo, el Cid, antiguo caballero de don Sancho, le hizo jurar, con gran enojo del nuevo rey, que no había intervenido en la muerte de su hermano. Según versiones, don Alfonso destierra más tarde al Cid para vengarse de él, pero este episodio ya no corresponde al Cantar de Sancho II.

    La literatura posterior ha perpetuado su asunto, con mayor ahínco que en los demás casos, como puede verse en las obras que sobre el tema escribieron Juan de la Cueva, Lope de Vega, Guillén de Castro, Zorrilla y muchos otros.

    (J. García López: Hª de la literatura española, 1980)

  6. #6
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Hace poco se ha difundido que una filóloga valenciana afirma que el Poema del Mio Cid fue obra de un poeta árabe y que sería falso todo lo que se había venido contando tradicionalmente sobre su autoría.
    Una filóloga atribuye ´El Cantar de Mío Cid´ a un poeta árabe - Comunitat Valenciana - Levante-EMV

    Algunas perlas:
    La doctora guipuzcoana asegura que en la Corte del Cid "no había una religión oficial pero sí un respeto al culto islámico", frente al tópico de matamoros que pesa sobre el Cid. Esta imagen, basada en las teorías del filólogo Ramón Menéndez Pidal que el franquismo difundió entre el ejército y la sociedad en su cruzada nacionalsimbólica, choca con la tesis de Dolores Oliver. Según cuenta la filóloga en la entrevista, "El Cid admiraba a los héroes islámicos y, de hecho, muchos de sus rasgos en las batallas se parecen a los de los beduinos. El Cid fue un demócrata porque trataba a todos por igual". Y añade: "No es cierto que cambiara las mezquitas por iglesias".
    El Cid demócrata¡¡Cómo no!! A ver cuando hacen a Franco también, que a este paso va a ser el único no demócrata de la Historia de España.

    Eso sí, que no cunda la alarma porque asegura la información que:
    No es la primera vez que surge una disputa de este estilo entre arabistas y medievalistas, que apoyan la teoría de que el autor de El Cantar de Mío Cid fue un castellano con influencias claras de la literatura épica francés y germánica. En esta ocasión, vuelven a aflorar las diferencias en el círculo académico. Profesores universitarios consultados por Público consideran "insostenible" la teoría defendida por Dolores Oliver entre otras cosas, porque en el Cantar no hay muestras que permitan suponer una traducción del árabe al castellano.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  7. #7
    Antonio Hernández Pé está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Cada vez se queda uno más perplejo de como puede existir tanto majadero, en este caso majadera. Menos mal que ahí están los aportes que nos trae Góthico, con los que estoy aprendiendo más historia que en toda mi vida.

  8. #8
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Antonio: es que hay una cosa que se llama sentido común. Esa teoría jamás fue creible históricamente. El Cid fue un héroe castellano porque así se creyó siempre en Castilla. Si ahora elucubran o inventan teorías da lo mismo, porque nunca en su momento tuvieron consistencia. Las cosas son lo que la historia tradicionalmente ha dicho porque la tradición histórica es constatable documentalmente y además fue vivida y creída como verdadera en su tiempo. Y con eso ya vale.

    Por lo demás, si es que hubo un poeta árabe del Cid muy bien, pues que publiquen la fotocopia del texto árabe y ya veríamos.

  9. #9
    Antonio Hernández Pé está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Cita Iniciado por Gothico Ver mensaje
    Antonio: es que hay una cosa que se llama sentido común. Esa teoría jamás fue creible históricamente. El Cid fue un héroe castellano porque así se creyó siempre en Castilla. Si ahora elucubran o inventan teorías da lo mismo, porque nunca en su momento tuvieron consistencia. Las cosas son lo que la historia tradicionalmente ha dicho porque la tradición histórica es constatable documentalmente y además fue vivida y creída como verdadera en su tiempo. Y con eso ya vale.

    Por lo demás, si es que hubo un poeta árabe del Cid muy bien, pues que publiquen la fotocopia del texto árabe y ya veríamos.
    Así es Góthico, hay que aportar documentos como soporte de las teorías y no simples teorías. En algunas ocasiones, yo mismo he escrito teorías sobre esto o aquello y cuando no tengo prueba documental de ello, humildemente reconozco que lo que digo es solo una opinión subjetiva, una suposición más o menos razonable, posible o sostenible pero nada más. Escribí dos libros y a los dos los titulé "Teoría" porque en algunas ocasiones aporto pruebas documentales y en otras solo meras opiniones basadas más en querencias y gustos que en hechos constrastados. Esto es lícito hacerlo a cualquiera, pero no lo es hacerlo pasar por Historia y mucho menos cuando el presunto "historiador" esté claramente guiado por los dictados de la políticamente correcto o del bien subvencionado interés partidista del momento, cuando no por peores intenciones. No es mi caso este evidentemente, pero como no soy historiador acepto y asumo las críticas a mis teorías, como en el caso de aquel título ya vapuleado en este foro: "Las Castillas y León: Teoría de una nación" y como las que recibiré cuando se publique mi último trabajo "Teoría de Las Españas", de próxima aparición. Tales críticas las doy por bien recibidas porque de ellas se aprende. En cualquier caso mis intenciones siempre las tengo por honestas.
    Saludos cordiales y sigue adelante.

  10. #10
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Continuamos con una sugestiva apreciación de don Ramón M. Pidal:



    La génesis de Castilla paralela a la de la Francia del Norte

    La guerra antiislámica fue el más poderoso fermento de la poesía épica; y tal fermento actuó a un lado y otro de los Pirineos, vigorizando una vieja tradición en los pueblos hermanos; pero no sólo en esto se parecen España y Francia, en general, sino en otros varios rasgos que asemejan muy particularmente entre sí a Castilla y a la Francia del Norte medievales.

    En la Francia del Sur predomina la población galo-romana, a diferencia de la Francia del Norte donde predomina el elemento germánico, la raza franca, que invade esa región pasando el Rin a fines del imperio romano.
    De igual modo en Asturias y León prevalece la población hispano romana, mientras Castilla se distingue por la densa colonización de los godos que atraviesan el Pirineo en el siglo V.

    La Francia del Sur permanece muy apegada al derecho escrito, a la vieja Lex Romana Visigothorum, extracto del Código de Teodosio hecho por Alarico II, mientras en la Francia del Norte predomina el derecho consuetudinario más conforme a las necesidades de la nueva vida del pueblo.
    La misma diferencia entre el reino asturleonés, que continúa observando la Lex Visigothorum de los romanizados reyes de Toledo, en tanto que Castilla se atiene a sus usos y costumbres.

    En el lenguaje, la Francia del Sur altera menos la herencia latina; la Francia del Norte avanza más en la evolución y crea la lengua de toda Francia.
    De la misma manera que el dialecto leonés arcaizante cede el paso a la lengua más evolutiva de Castilla.

    La Francia del Sur desarrolla una literatura principalmente lírica, como el reino de León con su lírica gallega.
    La Francia del Norte crea una literatura más vigorosa que, al par de la lengua, se hizo nacional, y se distinguía especialmente por el intenso cultivo de la poesía heroica, como Castilla; género muy débilmente cultivado en la Francia del Sur, como débilmente fue cultivado en León.

    Surge al Sur de los Pirineos un pueblo nuevo que ofrece estrechas analogías con el de la Francia del Norte, impulsor de la epopeya francesa; un pueblo que se ve envuelto en los azares de la guerra antiislámica más apremiantemente que los otros de España, un pueblo en el que, por eso mismo, se desarrolla con más actividad la literatura épica (…)

    (De R. Menéndez Pidal)
    Última edición por Gothico; 15/12/2009 a las 20:27

  11. #11
    Antonio Hernández Pé está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    En otro hilo de este Foro y aunque fuí amablemente respondido diciéndome que la Historia de Francia no es comparable a la Historia de España, ya sostenía yo que, aunque en efecto la Historia del Reino de Francia no es lo mismo que la del conjunto de Reinos de España, sí es comparable a la de Castilla, porque esta es uno de los reinos hispánicos y Francia es uno de los nuevos estados que surgieron en la Galia romana, bastante diferente de otros territorios de la misma, como el caso del sur (llamada culturalmente Occitania). Me alegra constatar, que en este caso, mi opinión estuviera avalada por la autoridad de Don Ramón, cosa que yo desconocía hasta hoy. A veces las intuiciones de los aficionados a la Historia, como es mi caso, surgidas por la mera observación de los hechos, aciertan en su premisa y luego se ven amparadas por la documentación de los sabios en la materia. Ha sido una satisfacción, gracias a la aportación de Góthico, ver corroborada una de mis "teorías" por una autoridad en la materia como el señor menéndez Pidal.

  12. #12
    sancho está desconectado Miembro graduado
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Cita Iniciado por ALACRAN Ver mensaje
    Hace poco se ha difundido que una filóloga valenciana afirma que el Poema del Mio Cid fue obra de un poeta árabe y que sería falso todo lo que se había venido contando tradicionalmente sobre su autoría.
    Una filóloga atribuye ´El Cantar de Mío Cid´ a un poeta árabe - Comunitat Valenciana - Levante-EMV

    Algunas perlas:
    El Cid demócrata¡¡Cómo no!! A ver cuando hacen a Franco también, que a este paso va a ser el único no demócrata de la Historia de España.

    Eso sí, que no cunda la alarma porque asegura la información que:
    cierto, el cid era un democrata de toda la vida, que ademas votaba al psoe, luego estaba su sobrino que el mismo llamaba cariñosamente Minaya, ( mezclando el romance "mi" con el vasco "anaya") y que votaba al pnv, tambien estaba el cabron de Alfonso VI una especie de Mariano Rajoy.

    Y claro el cantar lo hizo un tio en arabe pues todo el mundo sabe que en Castilla nadie sabia recitar ni escribir.

    TAN IDIOTAS NOS CREEN?

    un texto en prosa puedes traducirlo perfectamente y aunque es posible saber si ha sido traducido, si la traduccion se hace muy bien, es casi practicamente imposible saber si es original o traducido.

    Pero un TEXTO EN VERSO, si traduces una poesia se nota a la legua la traducción, de hecho considero que las poesias no se pueden traducir, asi que solo leo a aquello poetas que puedo entender en su lengua, si no, no lo hago pues creo que pierde casi todo.
    Una traduccion del arabe "cantaria" mas que la Caballé, siendo como es una lengua tan lejana a las nuestras.

    Definitivamente de aqui solo saco las siguientes teorias:

    -hay gente que esta muy mal de la azotea.
    -hay gente muy ignorante.
    -a los saudies les sobra el dinero y hay gente que se venderia por un plato de lentejas.

    Ninguna de las tres descarta a las demas.

  13. #13
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Efectivamente, amigo Antonio, la similitud en los casos francés y castellano altomedievales es patente, y no solo eso sino que la influencia fue incluso real en los temas franceses que engrosaron la épica castellana, muchos de ellos traidos aquí por juglares franceses, (el camino de Santiago, Cluny etc) y que pasaron a formar parte del acervo cultural hispanico, como los personajes de la francesa Canción de Roldán, traspasados luego a nuestra épica y de allí al Romancero con todos los honores: los franceses castellanizados llamados Roldán, Montesinos, Guarinos, el arzobispo Turpín, Reinaldos, Gaiferos etc.

    Todos esos héroes fueron franceses en origen, aunque como nos dice D. Ramón, la Francia cultural bajomedieval y renacentista los olvidó por completo al cambiar allí la moda literaria haciéndose más refinada. España, paradójicamente, como más arcaizante, los retuvo en la poesía popular y en el romancero hasta hace poco.

    Un saludo y a seguir comentando temas que salgan.

  14. #14
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Otra observación:

    Podría notarse cierta contradicción sobre los visigodos, cuando se afirma tradicionalmente que, por una parte Asturias y León, tras la invasión árabe continuaron el visigotismo de Toledo, frente a una Castilla vasconizada y rebelde;
    Pero aquí parecería como si Menéndez Pidal nos dijera lo contrario apelando nada menos que a una "Castilla goda" frente a una Asturias que no lo fuera:
    Cita Iniciado por Gothico Ver mensaje
    La génesis de Castilla paralela a la de la Francia del Norte

    ...De igual modo en Asturias y León prevalece la población hispano romana, mientras Castilla se distingue por la densa colonización de los godos que atraviesan el Pirineo en el siglo V...
    ¿Acaso no habíamos quedado que lo visigodo estaba en Toledo y luego pasó a Asturias y León ...mientras que Castilla era ajena a los godos, Fuero Juzgo etc?
    ¿Cómo entender esta aparente contradicción?

    Mi opinión es que no hay tal contradicción sino que lo visigodo culto, noble, civilizado, latinizado en una palabra, pasó de Toledo a Asturias, mientras que las masas visigodas rurales, rudas, de esencia germánica sin latinizar, de la meseta norte siguieron en su germanismo latente frente al romanogoticismo de Asturias y León.
    A estas masas godo-germánicas, "sin civilizar" del centro norte peninsular (mezcladas con vascones, bárdulos y con derecho germánico etc) se referiría en este caso D. Ramón, contraponiéndolas a las godo-romanas de Asturias y León.

  15. #15
    Antonio Hernández Pé está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Cita Iniciado por Gothico Ver mensaje
    Otra observación:

    Podría notarse cierta contradicción sobre los visigodos, cuando se afirma tradicionalmente que, por una parte Asturias y León, tras la invasión árabe continuaron el visigotismo de Toledo, frente a una Castilla vasconizada y rebelde;
    Pero aquí parecería como si Menéndez Pidal nos dijera lo contrario apelando nada menos que a una "Castilla goda" frente a una Asturias que no lo fuera:


    ¿Acaso no habíamos quedado que lo visigodo estaba en Toledo y luego pasó a Asturias y León ...mientras que Castilla era ajena a los godos, Fuero Juzgo etc?
    ¿Cómo entender esta aparente contradicción?

    Mi opinión es que no hay tal contradicción sino que lo visigodo culto, noble, civilizado, latinizado en una palabra, pasó de Toledo a Asturias, mientras que las masas visigodas rurales, rudas, de esencia germánica sin latinizar, de la meseta norte siguieron en su germanismo latente frente al romanogoticismo de Asturias y León.
    A estas masas godo-germánicas, "sin civilizar" del centro norte peninsular (mezcladas con vascones, bárdulos y con derecho germánico etc) se referiría en este caso D. Ramón, contraponiéndolas a las godo-romanas de Asturias y León.
    Cuanto me alegra comporbar que yo estaba en lo cierto. Esta teoría la sostuve yo en mi primer libro de "Las Castillas y León". Una cosa es el visigotismo culto, aristocrático y legalista de aquel territorio que acabó conviertiéndose en Reino de León y otra es el visigotismo rural y popular que estuvo en los orígenes de Castilla, que no por casualidad empezó siendo un condado fronterizo del Reino leonés, aquel "pequeño rincón" del Poema de Fernán González donde los campesinos y pastores godos de la meseta se refugiaron, mezclánodse con los naturales del país: Cántabros, es decir, los antepasados de los vizcaínos, vascones o antepasados de los navarros, así como bárdulos, caristios y otros.
    No deja de ser gratificante que mi vapuleado texto contenga algunos aciertos.

  16. #16
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Cita Iniciado por Antonio Hernández Pé Ver mensaje
    Cuanto me alegra comporbar que yo estaba en lo cierto. Esta teoría la sostuve yo en mi primer libro de "Las Castillas y León". Una cosa es el visigotismo culto, aristocrático y legalista de aquel territorio que acabó conviertiéndose en Reino de León y otra es el visigotismo rural y popular que estuvo en los orígenes de Castilla, que no por casualidad empezó siendo un condado fronterizo del Reino leonés, aquel "pequeño rincón" del Poema de Fernán González donde los campesinos y pastores godos de la meseta se refugiaron, mezclánodse con los naturales del país: Cántabros, es decir, los antepasados de los vizcaínos, vascones o antepasados de los navarros, así como bárdulos, caristios y otros.
    No deja de ser gratificante que mi vapuleado texto contenga algunos aciertos.
    ¿Has escrito un libro? Podías contar de que editorial es ¡bandarra!, si se vende aun y muy importante, el precio (jajaja)
    "De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"






  17. #17
    Antonio Hernández Pé está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Amigo Reke Ride:
    Ese libro lo firmé en el año 1982 y es de la Editorial Riodelaire. Probablemente dicha empresa editora haya desaparecido hace ya mucho tiempo. De todas formas no tiene mucho interés. De hecho mis opiniones han cambiado mucho y mis conocimientos también (espero que ambos para mejor) Tuvo su origen en un ensayo que presenté a un concurso en la Universidad de Valladolid el año 1978 titulado "Los Visigodos en el Origen de los Reinos de Castilla y León" que fue premiado como un "accesit" y es precisamente este tema casi lo único que mantengo como bueno en ese libro, el cual fue severamente vapuleado en este Foro por nuestro común contertulio Paco.
    Creo que me queda algún ejemplar en algún rincón de mi biblioteca. Si te interesa, dame por privado alguna dirección postal (puede ser solo tu nombre y apellidos y "Lista de Correos" de la ciudad que corresponda) y yo te lo enviaré, naturalmente gratis.
    Mi segundo libro "Teoría de Las Españas" que acaba de salir de la imprenta precisamente hoy, es sin duda mucho más interesante y va a crear polémica, no solo aquí sino en muchos otros sitios. Ya veremos como salgo de esta "batalla" en la que me he metido.
    Saludos cordiales.

  18. #18
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Hª lengua española 7: Irradiación del castellano (ss. XI y XII)

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Dado que en esta época (siglos XI y XII) está en auge la poesía popular épica (que continuará hasta el siglo XV), y que los juglares fueron sus intérpretes, extraigo un resumen de sus tipos y características más relevantes. Lo tomo del libro de Menéndez Pidal "Poesía juglaresca y juglares":

    Definición:
    La voz juglar no solo corresponde a truhán, bufón cantor de coplas por las calles y comediantes sino que también comprende a los poetas, a los que cantaban en las iglesias y palacios de reyes, a los compositores de danzas, juegos, diversiones, tamborileros, trompeteros y demás tañedores de instrumentos, charlatán, acróbata, saltimbanqui; en una palabra: a todos los que causaban alegría; que hacían profesión de divertir a los hombres. El canto juglaresco es lo más deleitoso que el Arcipreste de Hita podía evocar. Luego veremos cómo la palabra propendió a limitar su significado.

    Variedad de apodos:
    Procuraban tomarlo sonoro y significativo: Alegret, se llamaba un juglar provenzal; Saborejo, otro español, otro Pedro Agudo, otro Corazón, una soldadera se llamaba María Sotil, otra danzadera: Graciosa, admirada a principios del XV. Otros derivaban su nombre del instrumento que tocaban: Cítola, Cornamusa…

    Traje:
    Solían llevar trajes vistosos con tintes vivos y abigarrados. A los juglares de Sancho IV se les daba una clase de paño a cada uno: paño tinto, blanqueta, blao, sanguina, santomer…

    Primitivos juglares:
    Los escritores eclesiásticos los designaban con el nombre indecoroso y condenable de mimi, histriones, procedente del teatro romano.
    Desde el siglo VII había aparecido en Europa el nombre de jocularis, como persona que divertía al pueblo: de Arcipreste de Hitaí derivó el nombre de juglar.
    En España las primeras menciones del nuevo nombre aparecen en Nájera y Huesca en 1047 y 1062.

    Tipos afines en otros tiempos y países
    Según P. Rajna y G. Paris el oficio de juglar deriva de los scopas o cantores bárbaros que iban de corte en corte, narrando historias heroicas.
    El poeta árabe era en muchos aspectos semejante al juglar, con influencias recíprocas, ya percibidas en la poesía arábiga española del ciego Mocádem, de Cabra. Eran estimados los juglares sarracenos en la corte del emperador Federico II.
    Todos solían componer sus cantos y poetizaron en lengua vulgar.

    Trovadores
    Surgen en el sur de Francia desde el siglo XI, en lengua de Oc. Tenían superior condición artística derivada de trobar: hallar. En Castilla aparece un tal “Gómez, trobador” en un documento palentino de 1197, y el mismo Berceo se llamaba trobador de la Virgen.
    Fue menos noble el juglar, ganándose la vida con su profesión y también completándola con habilidades de saltimbanqui o similares.
    El trovador no cantaba por oficio y era poeta por afición y de clase culta e instruida. Como afirmaba el Quijote, “los grandes caballeros andantes siempre fueron trovadores”.

    El juglar al servicio del trovador
    En las cortes, el juglar acompañaba al trovador tañendo un instrumento o acompañándole en el canto.
    Solían los juglares pedirles canciones para ganarse la vida: Alfonso el Sabio, el Arcipreste de Hita, Villasandino destinaban sus composiciones a los juglares para cantarlas en fiestas de Iglesia o Corte o para ganarse el pan por las plazas.
    A veces el trovador escarnecía en sus composiciones al juglar, el cual a veces se burlaba de sí mismo. Nadie como los gallego portugueses para darnos el catálogo de vicios del juglar: así un tal Alfonso Eánez era dado a las astrosas rameras, al juego, al vino y a las riñas (Cantigas).
    Los juglares tenían fama de buenos que se esforzaban con arte y los malos que gritaban y rascaban el instrumento.

    Ministriles, segreres
    Andando el tiempo el desprestigio del juglar se hizo mayor, cayendo el propio nombre de juglar como malsonante semejante a bufón, prefiriéndose desde el siglo XIV el nombre francés de menestrel o ministril, desechándose el nombre de jongleur.
    Así el nombre de juglar acabó como sinónimo de chocarrero, truhán y vagabundo.
    El segrer fue una clase media entre el trovador y juglar galaicoportugueses; solía ser un hidalgo que aspiraba al estado caballeresco y que buscaba en la poesía un medio de vivir. Venía a ser un juglar-trovador.

    Zaharrones y zamarrones
    Las Partidas diferenciaban entre juglares y zamarrones, figuras ridículas enmascaradas de las fiestas para espantar a la muchachada; eran juglares disfrazados para diversión del público. La voz zamarrón deriva del árabe çohra hombre ridículo.

    Juglares de cuchillos o Trasechadores. Remedadores.
    Se lee en la Gran Conquista de Ultramar: “andaban juglares en muchas maneras de instrumentos: los unos cantaban e los otros esgremían con cuchillos e con espadas”. Sabemos que en Pamplona en 1396 un juglar de cuchillos recibe dón del rey Carlos el Noble de Navarra; Pedro del Corral (Crónica Sarracina) los pinta en las fiestas que los toledanos hacían a Don Rodrigo.
    Los remedadores se dedicaban a imitar o contrahacer..

    Cazurros, bufones, truhanes
    Los juglares cazurros eran hombres faltos de buen porte, que decían versos disparatados y escabrosos sin argumento, ejerciendo vilmente su repertorio.
    Los bufones (nombre procedente de Lombardía) o locos fingidos, eran más comúnmente llamados truhanes. Riquier caracteriza a los bufones diciendo que no tenían ninguna vergüenza ni deshonor. Fray Iñigo de Mendoza,a finales del s. XV escribía:
    Traen truhanes vestidos
    de brocados y de seda
    llámanlos locos perdidos
    mas quien les da sus vestidos
    por çierto más loco queda.

    Caballeros salvajes
    Aparecen nombrados a fines del siglo XII en los Carmina Burana; después las más frecuentes denominaciones pertenecen al Reino de Aragón (Constituciones de Jaime I ,1135). En las cortes señoriales los caballeros salvajes hacían el oficio de mensajeros como el de los juglares respecto a los trovadores. (En el Tristán de Leonís leemos que: “Dinadán era cavallero salvaje”. Su gracia consistía en exagerar abultadas alabanzas a otros y vanaglorias propias. Se lex veía también entre estudiantes y hacían vida callejera.
    Su empleo cortesano se relaciona con el uso general heráldico de dibujar dos salvajes como tenantes de los escudos de armas señoriales.

    Ciegos
    El Arcipreste de Hita enumera a los ciegos junto a escolares y cantaderas, habiendo escrito cantigas para ellos. Solían ir varios ciegos con un lazarillo. Para Arcipreste de Hita la juglaría del ciego parece haber sido de ínfima clase y de época decadente: ciegos callejeros y mendigos.

    Clérigos ajuglarados, Goliardos, escolares
    La voz goliardo deriva de gula, goloso, tragón influida por el nombre de Goliat como gigante infernal. Aparece esa voz en Europa, aplicada a clérigos ajuglarados.
    En España tuvo ese nombre poquísimo uso. Tampoco parece haber habido aquí literatura goliardesca, del tipo de Carmina Burana. Sin embargo sí existió la figura del clérigo ajuglarado: como un tal Justo, del Bierzo, hábil con la cítara que cantaba en convites lascivos; o como el clérigo burgalés Tello de Castrovido, herido milagrosamente por Dios cuando a la puerta de la iglesia profería torpes ridiculeces según se lee en la vida de Sto. Domingo de Silos.
    El Arcipreste de Hita que sabía todas las juglerías no llegó a ser un clérigo ajuglarado, pues su arciprestazgo se oponía a ello, pero sí fue profundamente goliárdico en espíritu, y escribió muchas composiciones para juglares y escolares.
    Los escolares practicaban la música con más refinamiento que los juglares, y como más ilustrados eran autores de sus producciones.

    Juglaresas, soldaderas, cantaderas y danzaderas
    Muchas de sus artes femeninas derivaban de aquellas puellae gaditanae, que ya deslumbraban con sus bailes y castañuelas a los romanos Marcial y Juvenal. Las cantoras musulmanas también tuvieron mucho que ver.
    La juglaresa venía a ser el tipo de mujer errante que se gana la vida con la paga del público.

    La soldaderas (jornaleras) designaban a la mujer que vendía su canto su baile y también su cuerpo. Eran mencionadas como tipo de meretrices, mujeres de vida alegre. Al lado del juglar, solían ser complemento obligado del espectáculo. Contra su forzada conversión en una de ellas se oponía Tarsiana, la protagonista del Libro de Apolonio. El concilio de Toledo de 1324 execraba a las soldaderas que frecuentaban palacios episcopales y nobiliarios.
    Según el Cancionero de Ajuda, la soldadera tenía gran papel en la ejecución de la lírica gallego-portuguesa.
    Tal como el juglar al trovador, la soldadera solía ser acompañada por una manceba.
    Hacia el 1330 el Arcipreste de Hita ya no nos habla de soldaderas, sino de cantaderas, bailando al son del pandero; escribió el Arcipreste de Hita composiciones para ellas y se mostraba satisfecho de la fama que, así, ellas le procuraban.

    “Las cantaderas contrariaban las tres leyes natural, divinal y humana… quebrantaban los días de fiesta… las dançaderas engañaban a sus prójimos con sus cantares a manera de sirenas… y sin ninguna ley, allá serán sin duda a do non es ninguna ley, mas espanto perdurable” (“Espejo de Legos” de R. de Hoveden)


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