DE BOINAS BLANCAS A BOINAS COLORADAS




LOS CHAPELCHURRIS

En una amistosa tertulia, discutíamos recientemente algunos carlistas sobre el origen de nuestra señal de identidad: la boina roja.

Nuestra prenda más distintiva, el tocado del carlismo por excelencia, es la boina. Su uso se estableció ya en la Primera Guerra Carlista, ostentándola con bravura y galanura. Desde el Héroe inmortal Don Tomás de Zumalacárregui hasta el más humilde voluntario. Tardará poco en imponerse el color del paño de esta boina, uniformizándose el color rojo para el Requeté: milicia de voluntarios que conformaron y conforma el ejército carlista.

Sin embargo, los primeros en llevar la boina colorada no fueron nuestros antepasados, sino que las llevaron, en un principio, la milicia de voluntarios liberales que eran denominados por los carlistas bajo el despectivo nombre de "peseteros"; y que, por el color de su boina, también fueron llamados "chapelgorris" (boinas rojas, en vascuence), como fueron los "Voluntarios de Guipúzcoa". Jefe de esos "Chapelgorris" lo fue D. Gaspar de Jáuregui "El Pastor", heroico y valiente guerrillero antinapoleónico bajo cuyas órdenes -durante la Guerra de la Independencia- estuvo el mismo Zumalacárregui.

Una vez expulsado el invasor, el bizarro Don Gaspar cerró filas con el liberalismo. Y así, al estallar la I Guerra Carlista, Jáuregui se puso al frente de los "Voluntarios de Guipúzcoa". Aquellos dos bravos vascos, que hicieron la guerra juntos contra el invasor -Zumalácarregui y Jáuregui- terminaron combatiéndose por antagonismo político.


Gaspar de Jáuregui, superior de los "Txapelgorris"liberales de Guipúzcoa.



Dada la pobreza con que peleaban los voluntarios carlistas, no parece que el color de sus boinas fuese en un principio homogéneo, aunque lo que empezó a distinguirlos en un primer momento fueron las boinas blancas que, posteriormente, se convertirán en el distintivo de las mujeres del carlismo: las Margaritas. El color blanco fue, de entre todos los colores, el más empleado por los carlistas de la primera guerra, de ahí el nombre que recibieron -en vascuence- en toda España: chapelchurris (boina: txapel; blanca: zuri, churri). Tras la batalla de Oriamendi, habida en dicha localidad el 16 de marzo de 1837, las huestes carlistas adoptaron mayoritariamente el rojo como color de sus boinas, pero no en detrimento del color blanco que continuaba empleándose en las filas de la Legitimidad. Cuando la última de las guerras carlistas del siglo XIX, con D. Carlos VII, no eran pocos los requetés que llevaban boinas blancas todavía, así nos lo confirman las memorias del carlista de Castillo de Locubín (Jaén) D. Rufino Peinado Peinado, cuando recordaba la primera de sus salidas al monte con los voluntarios que acaudillaba su padre: "...el único distintivo militar era la boina blanca con borla azul que a todos nos servía de tocado y había preparado clandestinamente Paco, el sastre de nuestro pueblo". Era el año 1872.

Por ejemplo, en un sainete costumbrista del volteriano José Somoza y Muñoz, titulado "Costumbres de lugar. Un Alcalde de este año" -del año 1838-, el autor dice para significar y ridiculizar la tendencia carlista del Alcalde, objeto de la acción cómica:

"De esta manera escarmienta
a todo mal ciudadano
Don Hilarión Picatoste

chapelchurri voluntario."

En un gesto de prepotencia y autoritarismo, tal sería la cosa, Espartero prohibió en el año 1838 llevar boina a toda clase de personas y estados, tanto militares como paisanos. Con el tiempo, las boinas volvieron a campar nuevamente.

Voluntarios portugueses se batieron en España por la Causa de Don Carlos. Estos bravos miguelistas fueron unos 800 y, para distinguirse de los correligionarios españoles, llevaron boina de color verde. En su gran parte el batallón lusitano estaba formado de miguelistas, pero también de desertores de la División Auxiliar Portuguesa (liberal) que intervino en España a favor de los cristinos-isabelinos-liberales.

Para ampliar información léase "La boina y los vascos", artículo de Olga Macías.



Maestro Gelimer

LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS