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Honores6Víctor
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Tema: ¡Vivan las cadenas!

  1. #1
    Avatar de Hyeronimus
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    ¡Vivan las cadenas!

    ¡Vivan las cadenas!

    Se explica un grito popular de la época de Femando VII

    Dieron las turbas, en días de Fernando VII, un grito, que las crónicas de la época recogieron y la Historia trasladó a sus páginas, equivocadamente interpretado y acribillado con comentarios injustos.

    Los forjadores de la leyenda negra lo explotan a sus anchas, denunciándolo a los tribunales de la critica como el acabóse de la barbarie española. Hasta historiadores de recto ánimo y claro juicio hablan de él sin haberse tomado la molestia de examinarlo previamente; dejándose llevar de lo que suena sin pensar en lo que significa.

    El grito se profirió por vez primera, a lo que parece, en Sevilla o su provincia; y como la tierra andaluza, sea la que fuere, la considero mía en el orden de los afectos regionales, cada vez que oigo hablar de aquel grito, un legítimo y vehemente deseo de vindicación me sugiere el propósito de explicarlo; propósito que las circunstancias se encargan luego de aplazar hasta que se olvida. Pero no ha de pasar de esta vez.

    Ciertamente, aquel grito popular, tal como suena, es estridente: «¡Vivan las cadenas!»

    Algún historiador le añade por modo de hemistiquio una segunda parte que aún suena peor en nuestros oídos: «¡Vivan las cadenas y muera la nación!» Sea así.

    Nótese que el amor a la libertad es tan natural al hombre como la libertad misma. Aún más: la libertad, en cuanto es exención de obstáculos para la propia actividad del ser, es apetecida por todos los seres, naturalmente; de modo que los seres todos, desde el átomo hasta el hombre, naturalmente apetecen su libertad; y cuando el hombre no la amara racionalmente o por instinto de conservación, la apetecería mecánicamente como los vegetales y como las piedras. Ningún ser apetece ni ama las cadenas en cuanto significan violencia, opresión, destrucción de la actividad de su ser: ello sería amar en propia destrucción lo que es contra naturam.

    Nótese, además, que aquel pueblo que profirió el grito de «vivan las cadenas y muera la nación», era el pueblo que acababa de ahogar en su propia sangre, heroicamente vertida por la independencia y la libertad de su Patria, a los ejércitos invasores de Napoleón.

    Contienda de Valdepeñas, en la que el pueblo llano detuvo al ejército francés.

    Con ambas advertencias tiene de sombra la crítica razonable para dudar, por lo menos, de que aquel grito haya de entenderse como suena. Algo hay, efectivamente, debajo de lo que suena, más conforme con la naturaleza de las cosas y con la índole del pueblo que lo profería, mártir de su sagrada independencia y de su patria libertad.

    Había por aquellas calendas, idus y nonas en España, una turbamulta de masones afrancesados y otra de masones no afrancesados, que en vez de tomar el fusil y salir a las guerrillas, como el pueblo todo, a defender la independencia y la libertad de la Patria contra la invasión francesa, se dedicaban a facilitar con traiciones increíbles el triunfo de los ejércitos invasores o el triunfo de las doctrinas revolucionarias que traían cubiertas de bandas y mandiles los generales de las tropas napoleónicas. Entrambos elementos, juntamente con otras turbamultas de europeos y americanos, atentos a provocar de todas maneras la revolución en España y la pérdida de su imperio colonial; más otros de desleales, de tontos, de descontentos, de fracasados de todas las profesiones, de escorias de todas las clases sociales, de gente perdida, ejemplares, en fin, de todos aquellos tipos que Alvarado describe coincidiendo con los que describe Cretineau Joly en la revolución francesa, andaban vociferando en logias, tabernas, folletos y periódicos, soflamas de libertad y llamando cadenas a los derechos de la tradicional monarquía; cadenas a los derechos de las constituciones españolas con todos sus fueros y libertades y toda su auténtica y genuina democracia, desconocida en gran parte de las demás naciones, que durante el periodo feudal, cuando aquí llegaba a su apogeo, ellas ni la concebían; cadenas a los derechos de la Iglesia, creadora de España, como lo fue de Francia, de Alemania, de Inglaterra...

    Y no solamente llamaban cadenas a todo esto, y apodaban de serviles a los que todo esto defendían, sino aún se adelantaban a presentarse como si ellos fueran la nación, proclamando que la nación eran ellos.

    Sírvase el lector dar un vistazo a los párrafos siguientes que con un historiador comenta el célebre Manifiesto, de Lardizábal, individuo de la Regencia durante la ausencia de Fernando VII, llevado a Bayona y desde Bayona internado en el territorio francés:

    «El primer acto de las Cortes de Cádiz fue un perjurio, una perfidia y una grosera ingratitud. Ya la noche del 2.3 de septiembre [de 1810] exigieron a la Regencia algunos diputados que en el juramento de las Cortes no se hablase de fa casa de Borbón; por consiguiente, el día antes de reunirse las Corles, ya se meditaba la expulsión de la dinastía.
    La Regencia, incluso los generales Castaños y Escaño, lo llevó a mal; los diputados juraron al día siguiente en manos del presidente de la Regencia, y sin dificultad ni restricción, reconocer como Rey y soberano a Fernando VII; pero una vez prestado este juramento lo primero que hicieron fue fallar a él escandalosamente, asentando que la soberanía residía en la nación. Declarándose ellos como nación, y, por consiguiente, como soberanos, su primer acto fue avasallar a la Regencia. (La disolvieron)... Triunfaban aquel día la revolución y la democracia, y en nombre suyo la masonería y los flamantes diputados perjuros. Las galerías estaban llenas de los agentes de las logias de Cádiz.»
    Tolere el lector que alarguemos un poco la cita:

    «La francmasonería de Cádiz principió a seguir los pasos de la afrancesada, resultando así regida España en los dos campos por dos poderes rivales, pero idénticos, pues en el fondo tenían iguales principios, los mismos fines y se valían de los mismos medios, discrepando únicamente en las cuestiones personales y los intereses particulares, porque la masonería española de Cádiz hacía y quería lo mismo que la afrancesada de Madrid; pero no quería que lo hiciese la de Madrid, ni que los provechos fuesen para ella. Mas siempre resultaba que la española iba a remolque de la francesa.
    Los afrancesados, acaudillados por Urquijo, Azanza, Llorente, Ceballos y otros que ya de antes eran reputados por masones, formaron el llamado Congreso de Bayona, cuyo principal encargo fue redactar una Constitución para España. El Congreso masónico de Cádiz se decidió a lo mismo, haciendo otra Constitución por el estilo.»
    Hasta aquí el historiador.

    Ya el lector sabe, si antes no lo sabía, lo que era nación y lo que eran cadenas en la jerga política de aquel tiempo, que es todavía la jerga de la política de partidos.

    Pues bien: después de la traición de Riego, que con el ejército que iba a sofocar la revolución en América armó la revolución en España, la revolución ocupó el Poder. Los gobernantes revolucionarios o liberales que en unas notas diplomáticas desafiaron a Europa —y son las notas más quijotescas que registran los anales de la Diplomacia—, creídos en que, siendo ellos la nación, el pueblo por defenderlos repetiría los heroísmos del 2 de mayo y de toda la Independencia contra cualquier intervencióin armada de cualquier nación extranjera, cuando vio que asomaban por los Pirineos los Cien mil hijos de San Luis y que no había síntomas de 2 de mayo en ninguna parte, huyeron a Sevilla, a donde trasladaron a Fernando VII contra su voluntad.

    Los Cien Mil Hijos de San Luis en el Bidasoa
    Imagen tomada de la web del Museo Zumalacárregui

    Mucho más se acobardaron, no obstante sus Riegos y demos napoleones de motín y barricada, cuando vieron que las ciudades, sin hacer caso de la nación, pero atentos a la defensa de la Patria contra sus opresores, abrían sus puertas a los Cien mil hijos de San Luis, que en paseo militar se internaban en España, y a más andar se acercaban a Sevilla. De Sevilla salieron también huyendo con rumbo a Cádiz, después de tomar posesión de sus carteras los nuevos gobernantes: Pando, Yandiola, Campuzano y Calatrava.

    Quisieron que el Rey se trasladase a Cádiz; pero el Rey excusó el traslado; insistieron en el traslado los gobernantes, la nación, e insistió el Rey en sus excusas. Entonces la nación, los gobernantes, aprobando la proposición de Alcalá Galiano, orador de la Fontana de Oro, declararon cesante en el trono al Rey por loco, y se formó la Regencia de Valdés, Siscar y Vigodet. El Rey se decidió a trasladarse, y pocos días después llegó a la Isla de León.

    El pueblo de Sevilla no pudo aguantar más; se echó a la calle, entró a saco en el salón del Congreso, se lanzó contra las casas de los liberales, hizo risa en el caté del Turco, donde se congregaba la «sociedad patriótica», y el alboroto cundió por toda la provincia.

    Entonces, en las arremetidas contra los que llamaban cadenas a los derechos de las constituciones españolas, de camino que a sí mismos se llamaban la nación, fue el grito de «vivan las cadenas y muera la nación», cuyo verdadero sentido es lástima que se oculte a historiadores juiciosos, que ni siquiera se acuerdan de que semejantes trágalas e ironías se ven a cada página en las Cortes de Alvarado, de tanto influjo en aquel pueblo, amantísimo como el que más de su libertad y de la libertad de su Patria.

    FABIO

    El Siglo Futuro (30/11/1927)

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  2. #2
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    Re: ¡Vivan las cadenas!

    No conocía este artículo, pero confirma lo que yo siempre había sospechado.

  3. #3
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    Re: ¡Vivan las cadenas!

    Que magnífico texto de los años 20, que leído hoy es perfectamente actual en su denuncia de la falsa libertad y la perversión del lenguaje.

  4. #4
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    Re: ¡Vivan las cadenas!

    Excelente labor de recuperación de material valioso.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  5. #5
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    Re: ¡Vivan las cadenas!

    Buenísima la labor de recuperación que realiza el blog del Reino de Granada. En las hemerotecas se encuentran artículos que ayudan a entender muchos aspectos del presente. El Reino de Granada nos ayuda a cribar esa hemeroteca seleccionando los artículos que tienen valor.

    Lo de "vivan las cadenas" tenía todas las trazas de ser una ironía. Yo lo había entendido así: los liberales estaban todo el día denigrando al Antiguo Régimen, al que caracterizaban como un régimen opresor que ponía "cadenas" sobre el hombre, mientras que ellos prometían el paraíso de la libertad, pero cuando estos liberales accedieron al poder su gobierno resultó tan desastroso que algún carlista les espetó: "si esto es lo que nos proponíais los liberales, entonces que vivan las cadenas".

    La leyenda asociada a ese grito ha calado muy hondo, por lo que creo que para desmontarla haría falta más evidencia documental. Lo ideal sería encontrar alguna crónica de la época en la que se registrase que alguien lanzó ese grito en sentido irónico. O un artículo del siglo XIX donde se recoja ese sentido irónico del grito.
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

  6. #6
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    Re: ¡Vivan las cadenas!

    Cita Iniciado por Kontrapoder Ver mensaje
    Buenísima la labor de recuperación que realiza el blog del Reino de Granada. En las hemerotecas se encuentran artículos que ayudan a entender muchos aspectos del presente. El Reino de Granada nos ayuda a cribar esa hemeroteca seleccionando los artículos que tienen valor.

    Lo de "vivan las cadenas" tenía todas las trazas de ser una ironía. Yo lo había entendido así: los liberales estaban todo el día denigrando al Antiguo Régimen, al que caracterizaban como un régimen opresor que ponía "cadenas" sobre el hombre, mientras que ellos prometían el paraíso de la libertad, pero cuando estos liberales accedieron al poder su gobierno resultó tan desastroso que algún carlista les espetó: "si esto es lo que nos proponíais los liberales, entonces que vivan las cadenas".

    La leyenda asociada a ese grito ha calado muy hondo, por lo que creo que para desmontarla haría falta más evidencia documental. Lo ideal sería encontrar alguna crónica de la época en la que se registrase que alguien lanzó ese grito en sentido irónico. O un artículo del siglo XIX donde se recoja ese sentido irónico del grito.
    En este artículo de 1823 de la gaceta realista El Restaurador se habla de lo que los liberales entienden por cadenas:

    Pero no es esto lo que pretendéis. En el diccionario del siglo se llama cadenas á las leyes emanadas de un Monarca; tiranía el ejercicio legítimo de su poder; despotismo su exención de las leyes,juicio y superioridad del pueblo soberano; y por consiguiente libertad civil el sacudimiento de estos pretendidos lazos, la potestad de dar la ley y mandar á los monarcas. ¿Y queréis que un Rey jure respetar estos errores ? ¿Le hacéis jurar este respeto? Bien: jure ; pero sabed que es nulo lo que jura, por ser injusto y criminal.
    He estado mirando por encima todas las menciones que hace de la palabra cadenas y no parece que recoja el grito. Curiosamente, muchas veces habla de otras cadenas, las que tenía el rey D. Fernando antes de ser liberado por los franceses.

    Otra gaceta anterior, durante el Trienio, El Procurador General del Rey, habla también de esas otras "cadenas liberales" y de las libertades del Antiguo Régimen (véase aquí):

    No hay libertad sin justicia, y no puede reinar la justicia en donde proclaman á los vagos, necios, botarates, relajados, tramposos, estafadores y asesinos para quienes se inventaron las cadenas en los pueblos libres.
    Me ha resultado interesante también el manifiesto que dirige el general realista Quesada a los soldados liberales en otro número de la misma gaceta (la censura liberal consistía en poner réplicas numeradas a cada frase impresa con insultos y burlas a los que llaman "serviles", curiosa forma de entender la "libertad de prensa" tenían):

    EL CENERAL REALISTA QUESADA AL EJERCITO CONSTITUCIONAL DE ESPAÑA.

    SOLDADOS que aun servís bajo el yugo de esa monstruosa (1) Constitución , despertad de vuestro letargo(2), sacudid las cadenas ignominiosas (3) con que os tienen sujetos esos impíos (4) y ambiciosos, que se han valido de vuestros brazos para destruir la Santa Religión de vuestros padres (5), y para esclavizar á nuestro Soberano (6). Si no basta para desengañaros la esperiencia de tres años de asesinatos (7) , robos y anarquía, si la sangre que circula en vuestras venas no os llama otra vez al camino del honor (8) , mirad todas las provincias de España sublevadas (9) contra ese gobierno violento y usurpador (10), mirad como miles de brazos fieles (11) se arman todos los dias en favor del Rey cautivo (12); mirad en fin á cien mil franceses prontos á entrar en nuestro suelo (13) para desarraigar las plantas ponzoñosas de la traición y la perfidia(14) , y no dudéis en abandonar las banderas (15)de la rebelión. Y vosotros , milicianos provinciales, arrancados de vuestros hogares y de vuestra vida pacífica(16) para defender una soñada libertad (17) que para vosotros no ha sido mas que esclavitud y muerte¿aun vacilareis? No : todos sois españoles, todos lavareis un dia la mancha con que arrastrados por la seducción(18) habéis afrentado á la milicia de nuestra patria(19) que en todos tiempos fue modelo de lealtad.

    Venid á incorporaros en mis filas (20), en ellas hallareis hermanos y amigos (21), y juntos todos restituiremos la libertad (22) á nuestro soberano, y la felicidad á la España. Si sordos todavia á este último llamamiento os obstináis en una resistencia inútil, ah! temblad el castigo que os espera en breves dias (23).

    San Juan de Luz á 10 de marzo de 1823.—VICENTE DE QUESADA.
    Es evidente que el grito se trataba de una ironía porque tanto liberales como realistas decían luchar por la libertad y acusaban de cadenas y esclavitud al sistema político del adversario.

    Para comprender esta época también puede resultar interesante la Biblioteca de Religión, o sea Colección de obras contra la incredulidad y errores de estos últimos tiempos, publicada durante la restauración fernandina, entre 1826-1829. Es fundamentalmente de temas religiosos pero también políticos. Sus tomos digitalizados están enlazados en la Biblioteca Católica del blog Reinodegranada. Lo mismo puede decirse de la revista La Voz de la Religión (Madrid, 1837-1941).
    Última edición por Rodrigo; 22/10/2015 a las 05:13
    Kontrapoder dio el Víctor.
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  7. #7
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    Re: ¡Vivan las cadenas!

    Excelente trabajo, Rodrigo.

    ¿Podría ser que el grito no hubiese existido nunca y fuese un invento de los liberales para calumniar a los realistas? Ayer estuve mirando en las hemerotecas y la prensa liberal cada vez lo recoge de forma distinta (p. ej., a veces meten en el grito a la Inquisición) o lo atribuye a diferentes poblaciones (Sevilla, Madrid). Mas nunca se encuentra la fuente original. Desde luego tiene todos los ingredientes de un bulo como los que ahora circulan por Internet sobre diversas materias. A lo mejor un periódico liberal se lo inventó, o a lo mejor lo gritó alguien de manera aislada y no tiene por qué representar la opinión de la masa realista. Por otra parte, las muchedumbres, por su misma naturaleza, a veces se comportan de manera estúpida (sean liberales o realistas), por lo que tampoco habría por qué extender al realismo lo que griten unos cuantos exaltados que a lo mejor dos días antes estaban dando vítores a los liberales.
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

  8. #8
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    Re: ¡Vivan las cadenas!

    Es posible; desde luego, el hecho de contar sólo con fuentes liberales hace dudar de su veracidad histórica. O, de ser cierto, podría haber sido el caso aislado de unos pocos graciosos, quizá sevillanos, que la prensa liberal recogió como una consigna general de los realistas. Es normal que quedase grabada en la memoria de los liberales a lo largo de la mal llamada década ominosa, y que trataran de explotarla después, pues era una burla fácil que representaba como tontos fanáticos a los realistas/carlistas. Podría compararse a los descalificativos que dan hoy los izquierdistas y progres a todo el que no lo es con el objetivo de evitar cualquier confrontación intelectual de ideas en la que puedan salir desfavorecidos.

    Lo que es indudable es que hay mucho mito por medio. No me creo que, como se dice, se pronunciara por primera vez en 1814 para recibir a Fernando VII, cuando el pueblo se acababa de liberar del pesado yugo francés y no habría tenido ni pizca de gracia. De pronunciarse, fue en 1823 y no antes. La primera mención que he encontrado en la prensa es de julio de 1823 (véase aquí).
    Kontrapoder dio el Víctor.
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  9. #9
    Avatar de Rodrigo
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    Re: ¡Vivan las cadenas!

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Investigando un poco más he encontrado nuevas menciones en un libro escrito en Londres en 1824 por liberales exiliados, titulado Ocios de españoles emigrados:

    A las lindas composiciones en que se desahogaba antes el patriotismo, han sucedido otras brutales, v.g.

    Vivan las cadenas,
    Viva la opresion:
    Viva el Rey Fernando,
    Muera la Nacion.
    También aparece en un libelo republicano de 1826, titulado Vida de Fernando Septimo, Rey de España, obra de un yankee llamado Charles Le Brun que no sé como se enteraría de todo eso desde Filadelfia:

    Qué pueblos los que gritan todavia por las calles en su fanatico y brutal frenesí: Vivan las cadenas, como ha sucedido en Granada, viva el Rey y muera la nacion, como hizo el de Xerez e la Frontera, y los que como el de Sevilla prorumpen en Vivas al Rey, pero absoluto, aunque nos mate!.. ¿Son estos pueblos o piaras?
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