Sobre las fosas republicanas
Con motivo de la aparición de un nuevo libro sobre la guerra civil española (con minúsculas a propósito pues para el rojerío sólo fue una ocasión para asesinar a "buenas gentes"), y del que ya daremos cuenta en mensajes posteriores, se puede ir abriendo boca con este tema de las fosas que, según ese mismo rojerío zapateril, fueron dejando las "tropas golpistas" a medida que iban dando leña. A mi las fuentes no suelen importarme mucho cuando los datos son ciertos, en parte porque debiendo haber muchas más, si hubiese un mínimo de coherencia y decencia morales, sólo es posible encontrarlas aquí o allá de vez en cuando. Así, la cuestión hoy se traduce en una simple pregunta que cualquiera se puede contestar sin entrar en debate alguno, ¿cuántas fuentes hay acerca de las fosas en las cunetas o al pie de las tapias de iglesias y cementerios fueron dejando los republicanos? ¿a que no hay muchas fuentes? pues eso, cuando se encuentra alguna hay que reproducirla, al menos para que haya más gente que se entere de la verdad, de la gran mentira que se ha montado, y de como se ha ocultado a los españoles más jóvenes la historia de su país. Y para quienes tengan dudas, nada como una buena pista, o unas convenientes orientaciones para saber dónde y qué buscar por cuenta propia.
Los asesinados por los republicanos seguirán en las cunetas
En 2007 el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó la Ley de Memoria Histórica. Con ello conseguía reabrir las heridas de la Guerra Civil que parecían cerradas. Volvió a revivirse el estigma de las dos Españas mientras que unos y otros se volvían a arrojar muertos a la cara. Esta Ley venía con una generosa dotación presupuestaria que acabó consolidándose en seis millones de euros anuales y que se mantuvo de forma directa hasta que el Gobierno de Rajoy la cambió por otra indirecta, como publicó Gaceta.es, a través de una partida opaca a través de Derechos de Gracia y Justicia.
Al amparo de esta ley surgieron decenas de asociaciones que han vivido subvencionadas por arrogándose la representación de las víctimas y sus familias. De las víctimas y las familias de un solo bando, el que representaba al Frente Popular, mientras que los muertos del otro bando quedaban condenados a seguir pudriéndose en fosas comunes anónimas.
Esta interpretación de la recuperación de cuerpos quedó clara desde el principio. Ya en 2008, unas obras realizadas en el acuartelamiento de la Brigada Paracaidista de Alcalá de Henares dejaba al descubierto varios cuerpos –inicialmente se habló de al menos cinco, luego de algo más de una docena-, aunque nunca sabremos el número. La intención de esta ley era vender una idílica Segunda República que se defendió de los malvados militares que asesinaban a la población. Por eso no podían sacarse cadáveres de represaliados por el Frente Popular.
Cuando quedó claro que los cuerpos encontrados en Alcalá de Henares no pertenecían al bando republicano, es decir que eran víctimas de la represión frentepopulista, se decidió volver a tapar los cuerpos y dejarlos enterrados. Todo ello a pesar de que ya había sido encontrada la fosa, que es el paso más difícil en la recuperación de cuerpos. Pero el Gobierno de Zapatero no podía permitirse este error, y los cráneos con orifico de bala y las tibias fracturadas por la tortura y los golpes volvieron a la tierra en la que reposaban desde la Guerra Civil. Estos muertos no se merecían el entierro digno que las asociaciones de la Memoria Histórica exigen para los suyos.
Solamente un año después se vivía otra situación similar. Se buscaban víctimas pertenecientes a las Brigadas Internacionales que habían caído durante la campaña de Aragón. Los equipos forenses estaban en Rubielos de Mora (Huesca) y encontraron varias fosas con cuerpos de brigadistas. Se recuperaron 4 cuerpos en dos fosas, pero al analizarlos se descubrió que habían sido asesinados por sus compañeros en una represión interna. Se tenían localizados un total de 46 cuerpos, pero no había fondos para ellos y los 42 restantes siguen en las anónimas fosas comunes a las que les arrojaron los comunistas.
En 2010 se produjo el mayor hallazgo de una fosa común desde que se aprobó la polémica ley de Zapatero. En el municipio de Camuñas se reabrió una vieja mina abandonada en la que se sabía que los milicianos habían asesinado a cientos de “franquistas” durante la Guerra Civil. Tras retirar más de quince toneladas de escombros con las que habían intentado tapar sus crímenes, empezaron a salir los cuerpos. El cubicaje y encajonamiento de los cuerpos llevó al equipo forense a considerar que había entre 240 y 300 cuerpos. Entre ellos están documentados mujeres y niños. Pero la Ley de Memoria Histórica tampoco tenía dinero para su extracción. Y nuevamente ya se había dado el paso más complicado, el de encontrar la fosa. Una fosa que, por cierto, se conocía desde la Guerra Civil y que jamás fue abierta por el franquismo pese a saber que allí había víctimas de los suyos.
En 2012 se encontraba una nueva fosa común. Esta vez era en Villa Sana de Mena. Nuevamente sus ocupantes habían sido asesinados por comunistas, socialistas y anarquistas. En este caso se calcula que había 50 cuerpos, y nuevamente tenemos que decir que se calcula porque los cuerpos siguen en la fosa, abandonados por la ley sectaria aprobada por socialistas y ensalzada por comunistas.
Y llegamos a 2014 con una nueva fosa común con 72 cuerpos de asesinados por los republicanos. Esta vez en Borriol (Castellón). Se buscaban los restos de dos fusilados por el franquismo, José Valls y Luis Messequer, en su lugar se encontró una fosa común con 72 cuerpos de soldados nacionales, por las características de los restos encontrados posiblemente pertenecían a la denominada “quinta del biberón”. Soldados muy jóvenes que entraron en combate al final de la Guerra Civil. Pero nuevamente se volvió a tapar la fosa y los restos no han sido exhumados, individualizados e identificados.Nuevamente pertenecían al “bando equivocado” según quienes dictaron la Ley de Memoria Histórica que dictaba quienes eran los bueno y quienes los malos en una España que volvía a ser obligada a dividirse.
Los asesinados por los republicanos seguirán en las cunetas | La Gaceta
La mina de Camuñas, un Katyn republicano en plena Mancha
En la vieja mina de plata romana de la localidad toledana de Camuñas reposan desde hace más de tres cuartos de siglo los restos de centenares de víctimas de la represión comunista, socialista y anarquista. Situada en la retaguardia profunda, la boca y el pozo de la vieja explotación fueron testigos de los asesinatos y la crueldad de uno de los bandos enfrentados en la Guerra Civil. Bando cuyos herederos hoy reclaman una memoria histórica selectiva que destape unas fosas mientras pretende que se eche tierra sobre las que llenaron de inocentes sus ídolos.
Quien esto escribe pudo participar junto al afamado forense Francisco Etxeberría en los trabajos de individualización y búsqueda de restos. Un trabajo acometido por un equipo de forenses y espeleólogos de la sociedad Aranzadi que tuvieron que trabajar a casi 30 metros de profundidad sobre una sima formada por restos humanos.
Durante los días que permanecí allí pude hablar con los más ancianos del lugar que recordaban perfectamente los hechos. En la mina de Camuñas se asesinaba casi a diario. Primero se aprovechó para llevar a los vecinos, considerados como contrarrevolucionarios, de los pueblos del entorno –Camuñas, Madridejos, Villafranca, Consuegra, Turleque o Villacañas- pero pronto empezaron a llegar camiones conducidos por milicianos de las provincias de alrededor.
En Camuñas, como asegura uno de los vecinos que tenía 12 años cuando empezó la guerra y que a los 86 (era 2010) mantenía intacta la memoria, “se mató durante toda la guerra, a veces venían camiones con gente viva y las fusilaban en la boca del pozo, otras veces los traían ya muertos y los tiraban dentro”. Y eso duró los tres años de guerra ya que la zona se mantuvo hasta el final bajo el control de los revolucionarios del Frente Popular.
Los estudios y las catas realizadas por el equipo dirigido por Etxeberría calcularon que en la sima del interior de la mina no habría menos de 350 cuerpos, pero que podrían ser muchos más. Tras una semana de trabajo se lograron individualizar 40 cuerpos, entre ellos los de tres sacerdotes que la diócesis de Toledo buscaba en el marco de los procesos de beatificación de mártires de la Guerra Civil.
El resto se dejó tal cual estaba ya que la forma en la que se procedió con el exterminio en la mina de Camuñas dificultaba el trabajo que no recibió ningún tipo de financiación como ocurre con las exhumaciones promovidas por las asociaciones de la memoria histórica.
En Camuñas se fusilaba en la boca de la mina para aprovechar la caída de las víctimas hacia el fondo del pozo de casi 30 metros de profundidad. Cuando los cuerpos habían caído, evidentemente sin recibir el tiro de gracia que acortase su agonía, en el mejor de los casos se lanzaba una granada al interior, pero la mayoría de las veces se les dejaba morir lentamente. Algunos de los vecinos con los que se puso en contacto La Gaceta aseguraban que por la mañana, cuando los familiares de las víctimas acudían a buscar información, eran frecuentes los gritos y lamentos desde el fondo de la mina.
Finalmente, cuando la guerra tocaba a su fin, los milicianos incendiaron el interior de la mina lanzando gasolina y prendiendo fuego desde arriba. Después arrojaron toneladas de piedras sobre los restos para evitar que fueran descubiertos. Era inútil, ningún vecino de los pueblos de alrededor podía olvidar el terror que se vivió durante los tres años de guerra en la mina de Camuñas.
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La mina de Camuñas, un Katyn republicano en plena Mancha | La Gaceta
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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